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Antón Castro

MANOLO JIMÉNEZ: UN DIÁLOGO

 

[El domingo, antes de la victoria en Getafe, Mercedes ’Picos’ Laguna, responsable de Heraldo Domingo publicada una humana y entrañable entrevista con Manolo Jiménez. La traigo aquí.]

 

«PASE LO QUE PASE, EL ZARAGOZA

SIEMPRE ESTARÁ EN MI CORAZÓN»



Es el hombre del momento, la persona que ha sido capaz de volver a dar sentido al zaragocismo. Porque, pase lo que pase hoy, se ha ganado el respeto y la admiración de la afición

«Mi padre era mi ídolo, mi amigo, me enseñó todos los valores»

«Siento haberme perdido momentos importantes de mis hijos por mi trabajo»

«Soy costalero desde los 15 años y saldré la ’madrugá’ de Arahal esté donde esté»



PICOS LAGUNA. Heraldo de Aragón. Doingo 13. 05.2012

Tiene a Sevilla metida en el alma y en el corazón, una Sevilla que le ha dado todo, la gloria deportiva, la esencia de sus raíces; una Sevilla que llegó a ahogarle y que le impuso el reto de buscarse fuera a sí mismo, ver si también lejos de ella podía encontrarse con ese Manolo Jiménez (Arahal, Sevilla, 1964) capaz de triunfar. Y lo ha hecho. Hoy, este andaluz sensato, reflexivo y metódico, marcado por un padre que le enseñó todos los valores importantes para un hombre, lleva también en el alma prendida a esa Grecia que dejó en medio del caos y la pobreza, y a una Zaragoza, a un Zaragoza que le adora y que se ha rendido a sus pies.

Impresionaba su rostro en el autobús que le llevó a la Romareda, antes del encuentro frente al Racing.

¡Uf! Es que se acumula mucha tensión. Dese cuenta que no es solo cumplir con tu trabajo, sino la responsabilidad de los sentimientos que hay detrás de ti, de tanta gente. Si eres una persona responsable, todo se te refleja.

Era emocionante ver cómo le animaban tantos seguidores, más que a los jugadores.

Bueno, me he erigido un poco como el buque insignia, pero, y lo digo de corazón, me contrataron para intentar salvar al Zaragoza y lo que hago es cumplir con mi deber y llegar a mi objetivo. Todos valoran las dificultades que había, pero los protagonistas son quienes hacen el gran esfuerzo físico de ganar, los futbolistas; y el gran esfuerzo de desgaste sentimental y emocional de la afición. Por supuesto, algo que tengo que ver, porque soy quien diseña el trabajo.

¿Cómo aguanta la presión?

Sufro, sufro, pero intento disimular ante los jugadores y la afición, aunque mi cara la refleja muchas veces, refleja el miedo de fallarle a la gente a la que te debes y creo que ese miedo se llama responsabilidad. Desde pequeñito siempre me ha dicho mi madre que he sido muy responsable en todo.

Además de reflexivo y metódico, y esto se ve en su trabajo.

Hay que saber diferenciar los momentos que tiene el ritmo de la competición. A veces que hay que ser un poco vehemente, y lo soy; ser un poco padre o hermano mayor para los más jóvenes, y lo intento; o tirar de autoridad. Me ayuda mucho haber sido futbolista tantos años, haber sido capitán de un equipo histórico, el Sevilla, como es el Zaragoza. También, y en el plano personal, ser el segundo de cinco hermanos, porque por mi carácter siempre he intentado ser un poco líder, también en el colegio, lo que me ha servido para involucrarme mucho en los problemas de los demás. Me gusta ayudar, por eso me hice entrenador, en principio para ser formador, para ayudar a los niños, porque yo cumplí mi sueño y sé lo mucho que me costó. Empecé en el Sevilla más que de entrenador de formador deportivo, hasta que me llegó el reto de entrenar al primer equipo.

Usted es canterano, ha estado años en el mismo equipo y eso genera un gran sentimiento hacia una camiseta.

Soy canterano cien por cien. Por eso tengo aquí chavales de la cantera, aunque los utilizo poco, pero quiero que ganen confianza y experiencia que puedan aportar al Real Zaragoza. Soy un canterano porque creo en los sentimientos y está claro que un chico que viene desde la base, aparte de ser tan profesional por condiciones como cualquiera, tiene un plus, que es saber cómo se vive y se respira el fútbol en Zaragoza, qué siente el zaragocismo.

Un sentimiento no muy habitual.

Es que la sociedad ha cambiado. Recuerdo que cuando comencé todos éramos canteranos, 2-3 de otra región y como máximo tres extranjeros. Ahora la libre circulación de ciudadanos en la Unión Europea, y que pueden venir tres extracomunitarios, ha abierto un abanico de posibilidades que es bueno, aunque tiene su lado negativo. No se tiene que perder al jugador de las ’vacas flacas’, de cuando todo mal, cuando todo son problemas y se tira de la cantera. Quienes estamos encargados de dirigir los equipos deberíamos tener mucho tacto con ella; de hecho, grandes equipos como el Barcelona o el Bilbao lo hacen y es algo muy grato para mí.

Jugó en 15 ocasiones con la selección absoluta.

En total fueron 21, con la olímpica y la B.

Y era lateral izquierdo, una posición no muy habitual.

Tuve que sustituir a jugadores como Camacho o Gordillo; después estábamos Sánchez Flores, López Recarte, luego llegó Sergi... Ha habido grandes laterales izquierdos y tuve el honor de representar a mi país en un Mundial, en una Eurocopa Sub-21, en un preolímpico. Al salir de un pueblo, pasar por todas las categorías y llegar a lo más alto que es un Mundial, fue un premio al trabajo que quise compartir con mis compañeros, porque en el fútbol todos dependemos de todos y si llegué fue también por lo bien que lo hicieron para que yo destacase.

¿Por qué se hizo entrenador?

Me retiré por una lesión y me hice porque me gusta mucho la formación del jugador. Empecé porque casualmente en la barriada Sevilla Este de Sevilla jugaba mi hijo y se quedaron sin entrenador; coincidió que ya no era jugador y decidí coger a ese equipo. Yo disfrutaba más que los niños con su ilusión; ellos me respetaban mucho, claro, un ex futbolista del Sevilla... Ahí empezó esa vocación y fui sacando todos los títulos de entrenador. También empecé desde abajo: Preferente, Tercera, Segunda B, Segunda A y Primera División. Me ha gustado seguir los pasos y no utilizar mi nombre, empezar desde abajo porque es como más se aprende.

Y le fue muy bien.

Sí, sí, cogí al filial del Sevilla que estaba en Tercera División y lo ascendimos a Segunda B y Segunda, algo histórico porque se tenía un equipo en Primera y otro en Segunda; me necesitaron en el primer equipo y di el salto: dos competiciones en Champions, semifinal de Copa, final de Copa, tercer clasificado con 71 puntos... Todo muy bonito, pero me tuve que ir al extranjero porque necesitaba salir de todo lo que había sido siempre el Sevilla; el Sevilla era todo lo que yo veía y me fui al AEK de Atenas.

Precisamente cuando se produjeron graves revueltas, en 2010-11.

Me acogieron fenomenal, guardo un gran recuerdo y cariño por todo y por todos. El equipo ganó la Copa, después de nueve años de sequía de títulos y para un grande como el AEK era algo imperdonable. Me exigían ganar un título en un corto periodo y en apenas cuatro-cinco meses lo conseguimos.

¡Es usted un apafuegos!

Bueno, ¡parece que me estoy definiendo por eso! Al poco tiempo surgieron las revueltas, la crisis azotó fuerte y la vida se hizo muy difícil. Grecia fue dura, un idioma que no puedes ni leer, que no sabes si estás comprando leche o aceite porque no entiendes nada. La gente es muy pasional, muy fanática de su equipo, pero le cogí un cariño muy especial porque son muy de verdad.

Se mueve solo, sin su familia.

Voy con mi equipo, pero no con mi familia porque los dos últimos años me he movido cuando ya estaba todo comenzado y llegaba de una forma improvisada.

¿Sus hijos?

Tengo tres, dos mayores de 23 y 21 años, y uno muy pequeño de 2 y medio; y claro, uno trabajaba, otra estudiaba, el pequeñito en la guardería. Llegar con el curso empezado es una locura, se hace muy difícil pero lo sobrellevas. No cambio ninguna de las tres paternidades porque todas han sido muy especiales y lo que siento es haberme perdido momentos importantes de su vida por mi trabajo, pero es lo que tiene esta profesión.

¿Cómo lleva la separación en momentos de presión, como ahora?

Echas de menos a la familia, porque tus hijos te cambian el chip, y a los amigos. Cuando llegué aquí estaba todo el mundo abatido, no solo jugadores, sino la gente por la calle que no creía en nada. Al no tenerles cerca te encariñas más con los jugadores, con la gente del club y te vas involucrando en su vida; al llegar más fresco que ellos -llevaban unas vueltas para olvidar, de sacrificio y penalidad-, crees que tienes que ayudarles y para eso creo que estoy preparado, porque me gusta y vengo de abajo en todos los aspectos.

Veo que lleva una pulsera de nazareno.

Es de mi hermandad, Jesús Nazareno de Arahal y Santísima Virgen de los Dolores. Soy costalero desde los 15 años y tuve que mentir porque solo puedes ser con 18. Es algo que me trasmitió mi padre y que he trasmitido a mi hijos. Yo creo mucho en Dios, pero también en la unión que en torno a una hermandad se crea; me gusta esa forma de vida y me gusta que la sociedad se lleve bien.

Exigió por contrato tener libre Viernes Santo para procesionar.

Es cierto, yo les dije que tenía que tener libre la madrugada del Jueves Santo al Viernes Santo. Lo hice en Atenas, lo hice aquí y lo haré allí donde vaya, es una condición, porque perdí a mi padre en 1994, que era el que me llevaba de la mano a ver mi cofradía, el que me acompañaba cuando era nazareno y el que me llevaba un dulce, un bocadillo, un batido debajo del paso. Siempre he tenido a mi padre muy cerca. Porque las cosas no se hacen por dinero, sino por sentimiento, aunque, por supuesto, quiero el bienestar de mi familia y eso lo da el dinero.

Su padre le ha marcado mucho.

Era mi amigo y me enseñó todos los valores que hay que tener en la vida. Mire, él era bético, muy bético y se interesó por mí el Sevilla, el Betis y me seguía el Real Madrid. El primero que le llamó fue el Betis y lo que le propusieron fue un dinero para Arahal y un dinerito para mí, para que pudiera ir a entrenar con ellos varios días a la semana. Pepe Alfaro, que era el coordinador de la cantera del Sevilla, se reunió con mi padre y le dijo que él iba a cuidar de que viviese junto a otros chavales de la cantera para que no estuviera continuamente viajando, que se encargaría de que estudiara, me matriculaba en la Universidad Laboral y me iba hacer un seguimiento como si de un padre se tratase. Y eso le llegó, y mi padre, bético, le dio la mano y dijo: «Mi hijo va a firmar por el Sevilla». Gracias a él yo estudié Maestría Industrial, no una carrera como hubiese querido, porque decidí dedicarme más al fútbol.

Era difícil entonces compaginar ambas cosas.

Muy, muy complicado, ahora no. Empecé a destacar muy pronto, con 17 años firmé por el Sevilla, con 18-19 debuté en el primer equipo y con 19 entré en la plantilla. Mi padre ha sido la única persona allegada a mí que nunca me ha pedido una entrada, nunca supe que iba a verme, eran los porteros del Sánchez Pizjuan quienes me lo decían. Nunca me dijo si había jugado bien o mal, simplemente al comienzo, cuando firmé con el Sevilla, me dijo que no quería que fuera el mejor, sino que intentara ser el mejor en todo lo que me propusiera. Era mi amigo, mi ídolo. Era mi padre.

¿Por qué le llamaban Macario?

¡Ja, ja, ja! Hubo una época en el Sevilla donde coincidimos casi todos de la cantera y todos teníamos motes. Yo era ’el cateto’ por ser de pueblo y como José Luis Moreno sacaba un muñeco que se llamaba Macario, que iba vestido de bruto, pasaron a llamarme así. Todos teníamos motes y ahí estaba ’Trabuque’, ’el cara cabra’, ’el reverendo’... le puedo dar un recital de ellos..

¿Con qué se evade? Porque no estará todo el día viendo fútbol.

Desgraciadamente, y lo digo por quienes me quieren, estoy enganchado al fútbol. No soy un fanático, porque me gusta el cine quizá más que un partido, pero le tengo tanto respeto a la profesión que entiendo que tengo que ver partidos para mejorar. El día que me canse o que vea que ya no me motiva lo dejaré y disfrutaré de lo que me gusta, de mi campo, mi caballo. Tengo pensado comprarme una parcela, un cortijito cuando me retire en Arahal.

No le pregunto sobre su futuro, ya lo harán esta noche o mañana.

Mi futuro es que en mis sentimientos, que son determinantes en mi vida, el Zaragoza siempre va a estar en mi corazón, esté dentro o fuera de él. Como tengo un trocito del AEK, el Arahal y el Sevilla Este.

Sevilla, Sevilla. Estuvo vinculado al Sevilla durante 32 años, primero como jugador y después como entrenador en sus distintas categorías, «pero tenía un desgaste tremendo, era una persona demasiado vista y tuve que irme».

«La afición me pedía que no arrastrara la camiseta»

Es un idealista al que le gusta la gente sencilla. Dice que como jugador tuvo muchos fallos, aunque uno de ellos «fue una virtud, porque era muy temperamental, muy ansioso, aunque me trasformaba. Soy nervioso, pero cuando salto al terreno de juego tengo una gran lucidez, tengo claro lo que quiero. Mire, en toda mi vida como jugador solo me expulsaron del campo una vez». Ojito derecho del seleccionador Luis Suárez, recuerda que le hizo debutar en un amistoso, «donde me rompí el glúteo mayor. Quiso cambiarme pero le pedí que no lo hiciera, que era la ilusión de mi vida y me dejó terminar el partido. Me fue bien y siempre fui titular con él».

Nadie ha hecho tanto en tan poco tiempo en el Zaragoza: «Lo hemos hecho entre muchos y sobre todo hubiera sido imposible sin la afición. Porque salir a un campo sin sentir que creen en ti es muy difícil, trabajar sin reconocimiento es imposible y la afición, a la mínima que le hemos dado, nos ha llevado en volandas, por eso creo que en Getafe solo podemos ganar con ellos. Va a ser un partido con muchos miedos y ansiedad». Por eso, ahora, reconoce sus dudas de si iba a poder ser capaz de levantar a un equipo hundido, con una afición hundida que le pedía en sus cartas que no arrastrara la camiseta: por eso estalló cuando dijo, allá por febrero, sentir vergüenza por sus jugadores. E insiste una y otra vez que la clave está en la cantera, en cuidar a esos chavales que dan sentido a un sentimiento llamado zaragocismo.

 

CARLOS FUENTES HA MUERTO

CARLOS FUENTES HA MUERTO

Ha fallecido Carlos Fuentes, el narrador mexicano que descubrió con emoción ‘Pedro Páramo’ de su paisano Juan Rulfo. Había escrito novela, relato (alguno tan magistral como ‘Aura), ensayo, guiones de cine, libretos de ópera y muchos artículos periodísticos. Era Premio Rómulo Gallegos, Premio Cervantes y Premio Príncipe de Asturias. Hijo de diplomático, había nacido en Panamá en 1928, y había vivido en muchos países de niño. Dijo que había visto en un restaurante a otro de sus maestros: Thomas Mann. El principal maestro, sin embargo, fue Cervantes. Escribió libros como ‘La región más transparente’, ‘La muerte de Artemio Cruz’, ‘Terra Nostra’, ‘Gringo viejo’ o ‘Diana o la cazadora solitaria’, donde narró su historia de amor con Jean Seberg.  Estuvo casado, en los años 50, con la actriz Rita Macedo, la actriz de ‘Nazarín’ de Buñuel. Fue un escritor comprometido, partidario de la libertad y de los buenos dirigentes, que contó las revoluciones e injusticias y procesos políticos de su país y de Latinoamérica, pero a la vez próximo a la Cuba de Castro.  Sentía una gran atracción por el poder: era amigo de Chirac y de Clinton, entre otros. Era uno de los protagonistas del ‘boom’: Sábato, Onetti, Carpentier, Borges, Lezama, Cortázar, García Márquez, Rulfo, Carpentier...

 

[Esta foto pertenece a ABC y fue tomada por Inés Baucells.]

DIÁLOGOS CON FÉLIX DE AZÚA

[Esta tarde, en el ciclo Conversaciones en la Aljafería, Félix de Azúa conversa con Ismael Grasa y Juan Antonio Tello. Será a las 20.00 horas. Este es un fragmento de su último libro: ‘Autobiografía sin vida’ (Mondadori), unas memorias quintaesenciadas a través del arte y la literatura.]

 

 

EN EL MAR DE LAS IMÁGENES

                                                             Cet art n'est pas plus séparable de
                                                             l'élan qui l'anime, pas plus «immobi-
                                                             lisable» que l'avion en vol n'est
                                                             séparable de son vol.

                                                                                                A. MALRAUX

 

Por Félix de AZÚA

Para la mayoría de la gente, como también para el periodismo y los medios de masas en general, las artes se ocupan de producir objetos valiosos, bonitos, decorativos, únicos o preciosos. Y así ha sido, en efecto, durante algunos períodos históricos, como cuando los pintores trabajaban para las grandes casas de la nobleza y el clero. Sin embargo, durante períodos mucho más prolongados no se ocuparon de tal cosa, como en los quinientos años que van del siglo VIII al siglo XIII. En ese gran río del arte bizantino, cristiano, medieval, románico, feudal y gótico, que de todos estos nombres goza, la belleza, el preciosismo, la originalidad o el coste eran valores secundarios. El principal era la exaltación espiritual, el enigma divino sobre el destino humano.

    Tampoco, desde luego, en otro período, cuyas similitudes con el arte medieval pueden llevar a equívoco, que es el período de las vanguardias y posvanguardias, entre 1890 y 1990. Cien años en los que tampoco la belleza o la exquisitez o el preciosismo contaron apenas para nada, aunque sí (y de qué manera) la originalidad y la actualidad. De hecho, estos méritos suplantaron a todos los demás valores. En cualquier caso, tanto el arte remoto (las culturas llamadas primitivas), como el lejano (el arte románico), coinciden con el arte moderno en no obedecer al tópico del objeto bello, ornamental, precioso o único.

    Visto desde una perspectiva mucho más general, las artes constituyen un conjunto de prácticas notablemente diversas que nacen en el origen mismo de lo humano (es decir, de lo mortal), desde las primeras entalladuras sobre huesos animales hasta los frescos troglodíticos, y nunca nos han abandonado, incluso cuando las condiciones de supervivencia habrían aconsejado dejar esas prácticas para intentar salvar el pellejo. Puede decirse que la producción de esos signos que los modernos llamamos artísticos y cuyo nombre se aplica tanto a un ídolo de terracota azteca como al urinario de Duchamp, es indistinguible de la aparición en el cosmos de un animal consciente de que ha de morir.

    Las artes, desde este punto de vista más general, como las religiones y las ciencias, parecen más bien un desesperado intento por imponer un sentido a nuestra vida, tan efímera como insensata. O más bien, un intento esperanzado de producir sentido con la misma naturalidad con la que cada año se producen manzanas o hijos, como si fuera una génesis inevitable. Si las religiones se proponen mantener y controlar las relaciones de lo divino (lo inmortal) con la Tierra y de ese modo establecer un espacio de seguridad para nuestra muerte, si las ciencias se dedican al análisis y catalogación de lo que hay en la Tierra para su mejor uso y nuestra particular ilustración, las artes, situadas en medio de ambas, pretenden lo uno y lo otro. De una parte quieren dar representación a nuestra vida en el cosmos, ponernos en algún lugar, por encima, por debajo, junto a los inmortales, o a lo mejor fuera de todo, en una exterioridad absoluta similar a la divina. Las artes quieren dar sentido a nuestra inexplicable aparición en el cosmos, pero no por eso renuncian a analizar y dar forma verdadera a las cosas de este mundo, como si de una descripción científica de los objetos y los cuerpos se tratara. En un pantocrátor medieval se encuentra, bajo la forma de un signo unificador, nuestro destino como mortales sometidos a los dioses, pero también una distribución de espacios que explica el orden del cosmos: lo que está arriba y lo que está abajo. Es una perspectiva simbólica, pero no por ello menos perspectiva que la geométrica. Confluyen allí fundidos en una sola figura el símbolo divino de nuestra salvación o condena, y la cosmología científica que ordena la pirámide del universo. Y lo mismo debe decirse de una tela de Rothko o de un paisaje de Cézanne. También en ellos aprendemos a reconocer lo que está arriba y abajo, lo vivo y lo muerto.

 

Esta preciosa foto de juventud de Félix de Azúa la he tomado de aquí

 https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-56c83aaac7beb70340d4071686f1555c.jpg

'EL ENEBRO' DE LOS GRIMM

'EL ENEBRO' DE LOS GRIMM

Hace unos días me encontré con el ilustrador y editor Víctor Gomollón de Jekill&Jill en Los Portadores de Sueños. Llevaba su última y deslumbrante novedad: ‘El enebro’, un relato de terror, familia y antropofagia que recogieron los hermanos Grimm hace ahora dos siglos en una compilación de cuentos populares, de cuentos de hadas. El cuento mezcla la vida familiar (un marido y su esposa y dos hijos: niña y niña), la sombra de un enebro, el odio y la obsesión, el canibalismo y el miedo, el crimen y una curiosa y alada resurrección. El libro, traducido con pulcritud por Jessica Aliaga (que también es editora de este sello), lleva un prólogo del poeta y narrador Francisco Ferrer Lerín, que vincula el enebro y el cuento con su propio mundo de monstruos y de botánica. Está bellamente ilustrado por Alejandra Acosta, una joven chilena que parece realizar una especie de grabado de época, tocado con un detalle de color en rojo. El libro es una auténtica maravilla: el más logrado, artística y artesanalmente, de un sello que se caracteriza por su buen gusto y que trabaja con uno de los grandes impresores de Aragón y de España: Francisco Boisset de Sansueña. Y tiene, como suele ser habitual en la editorial, una sorpresa. O dos, si pensamos que se reproduce el cuento en versión original con una tipografía de época.

*Esta foto está tomada del blog de la editorial.

GRAÑENA EN EL M. JUAN CABRÉ

LUIS GRAÑENA. CARICATURAS

 

 

Museo Juan Cabré. Calaceite (Teruel) del 19 de mayo al 22 de julio de 2012. Inauguración: 19 de mayo a las 20,00 h.

 

La exposición se compone de unas 30 caricaturas realizadas por Luis Grañena a personajes pertenecientes a diferentes ámbitos culturales, políticos o de la actualidad como: Goya, Buñuel, E. Punset, Zapatero, Vargas Llosa o Alaska, entre otras. Todas ellas han sido publicadas en diferentes medios de comunicación escritos, ahora, en esta muestra, se podrán admirar y apreciar como lo que son, obras de arte elaboradas con gran pericia y maestría.

 

Escribe Pedro Zapater sobre el trabajo de Luis Grañena en el catálogo de la exposición: “..Resulta imposible escribir las palabras precisas para describir sus creaciones, algo que sí consigue este autor en su obra. Grañena refleja a sus personajes con certeza, encuentra el trazo preciso, sin ambages, nada se crea al azar en sus caricaturas. Son líneas, colores, texturas, tramas, pequeños rasgos que componen un estilo inconfundible.

El proceso de creación de Luis Grañena es rápido: sus demonios se liberan en cada trazo sin perder por ello el más mínimo detalle. Como un escultor, cincela, convierte las líneas en gestos que evocan y construyen cada uno de sus personajes..”

 

Luis Grañena (Zaragoza, 1968) está considerado como uno de los mejores ilustradores de la prensa escrita y del sector editorial, tanto a nivel nacional como internacional. Junto al también dibujante, Alberto Aragón, montaron su taller hace más de dos años Local Estudio en Zaragoza, actualmente reside en Valderrobres (Teruel), desde donde elabora sus trabajos para diarios y revistas nacionales y de todo el mundo.

 

Inicia su andadura profesional y artística en la revista El Pollo Urbano, más tarde se incorporará al diario Heraldo de Aragón trabajando en su departamento de diseño y colaborando en los suplementos Artes y Letras, Muévete y Hoy Domingo.

Además de en el Heraldo de Aragón, La Vanguardia o Tiempo en España, colabora habitualmente en publicaciones europeas e internacionales como: The New Yorker y Vanity Fair (EE.UU.); Libération (Francia); Sabado y Expresso (Portugal); Financial Times y The Independent (Reino Unido); La Tercera (Chile); Berliner Morgenpost (Alemania), entre otras.

Ha sido premiado en varias ocasiones por la Society of News Desing (SND), organización internacional de profesionales del periodismo y responsables de los galardones de diseño periodístico más importantes del mundo.

En el ámbito editorial ha ilustrado libros como Mercado Central de José Antonio Labordeta o Mujeres del reino  de Alfonso Ussía y portadas de libro como El testamento de amor de Patricio Julve de Antón Castro o ¡Viva Félix Romeo! de varios autores.

 

LA MOV DANZA EN EL PRINCIPAL

LA MOV DANZA EN EL PRINCIPAL

MOV: TALENTO DE DANZA EN EL PRINCIPAL

La Mov presenta su último espectáculo en el Teatro Principal, hasta mañana domingo. La MOV, con Víctor Jiménez a la cabeza de un equipo joven y entusiasta que exhibe un bagaje importante a sus espaldas, es una compañía que trabaja mucho, como recuerda hoy Carmen de la Figuera en la crítica de ‘Heraldo’. Trabaja, ensaya, estrena, colabora con bailarines, coreógrafos, etc., intenta abrir caminos cada día a la creación. Mercedes Penacho me envía esta pieza, entre otras, que pertenece a ‘Momenta’, la coreografía de Víctor Jiménez, en la que él mismo sale a bailar un instante. Es una foto de Arancha Benedi Mas.

FÉLIX DE AZÚA, EN LA ALJAFERÍA

FÉLIX DE AZÚA, EN LA ALJAFERÍA

FÉLIX DE AZÚA: ‘AUTOBIOGRAFÍA SIN VIDA’

“A partir del primer libro que publiqué (en realidad debería decir ‘que me publicaron’), un rectángulo blanco sobre el que figuraba un penitente kirguiz atravesado por innumerables saetas (¡Cuánto sentimentalismo!), lo que había sido juego se convirtió en tarea y lo que en alguna ocasión fue poesía se deslizó inexorablemente hacia la literatura. En el ascenso de la continuada abstracción, el artista adolescente abandona el territorio viviente de las palabras y entra en la escuela de la técnica compositiva y la filosofía del arte. Casi de inmediato, aparece en una antología y, aunque él no lo sepa, es expulsado del paisaje poético al que ahora sólo se aproxima en compañía de algún perro al que trata de imitar. Todo depende ahora de la generosidad de los forasteros. Como un perro, exactamente”.

 

[Este próximo martes, 15 de mayo, el poeta, profesor y traductor Juan Antonio Tello y el escritor y profesor de filosofía Ismael Grasa conversarán, a las 20.00, con Félix de Azúa en la Aljafería. Será a las 20.00. Juan Antonio Tello ha hecho la tesis doctoral sobre el poeta, narrador, ensayista y autor de ‘Diccionario de las artes’. Y esta ‘Autobiografía sin vida’ (Mondadori, 1980), y ha sido él quien ha seleccionado este fragmento. La foto es de Andreu Dalmau.

 

AUGUST STRINDBERG / 1

AUGUST STRINDBERG / 1

El próximo día quince de mayo se cumple el primer centenario de la muerte de August Strindberg (1849-1912), un escritor de vena irónica, crítica y cínica en ocasiones, más bien desdichado, malquistado con el mundo y consigo mismo, que tenía un gran talento. Era dramaturgo, cuentista –Nórdica acaba de publicar ‘Cuentos’, doce fábulas inspiradas lejanamente en Hans Christian Andersen que son en realidad críticas despiadadas de la sociedad aunque las concibió para sus hijos-, fue un notable ensayista y un buen fotógrafo. He aquí un retrato de juventud de un personaje incomodado e incómodo. Recuerda uno de sus de editores, Diego Moreno de Nórdica, que a su entierro acudieron 50.000 personas.