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Antón Castro

FIRMAS HOY EN DÍA DEL LIBRO

FIRMAS HOY EN DÍA DEL LIBRO

Recibo esta carta de Eva Cosculluela
y de Félix González de Los Portadores de Sueños

El lunes 23 de abril celebraremos el Día del Libro como se merece: estaremos todo el día en el Paseo Independencia, a la altura de la esquina con San Miguel, hemos preparado una selección de libros estupendos con lo mejorcito de esta temporada y tendremos grandes autores firmando con nosotros: por la mañana, ANTÓN CASTRO firmará "El testamento de amor de Patricio Julve" (Xordica) y su poemario "Versión original" (isla de Siltolá); SANTIAGO GASCÓN firmará la divertidísima "Una familia normal" (Xordica) e ISMAEL GRASA firmará su ensayo "La flecha en el aire" (Debate). Y por la tarde, FERNANDO SANMARTÍN firmará su novela "Te veo triste" (Xordica) y su poemario "El llanto de los boxeadores"(isla de Siltolá) y SERGIO DEL MOLINO firmará su novela "No habrá más enemigo" (Tropo).
Además, todas vuestras compras tendrán el 10% de descuento. ¡Nos vemos en el Paseo Independencia!
Os esperamos el lunes 23 de abril en el Paseo Independencia (esquina con San Miguel). ¡Nos vemos en la gran fiesta de los libros!

 

*Este cartel es de Miguel Ángel Pérez Arteaga, que trabaja con Teresa de la Cal en Batidora de ideas.

LOREENA McKENNITT EN ZARAGOZA


UNA VOZ PARA SAN JORGE

Hay voces que despliegan todo un mundo, acaso un reino perdido en las nieblas del tiempo: sílaba a sílaba, con los meandros de la melodía, con la compañía del arpa, del piano, de la cuerda. Un ejemplo es Loreena McKennitt: ha dicho que su experiencia inicial de la música está ligada a los villancicos y a los días de nieve. Fue descubierta a principios de los años 80 en las calles de Toronto (Canadá) y a partir de entonces, con Alan Stivell como guía, ha realizado la búsqueda del sustrato más intenso de la música céltica, desde Asia hasta Dublín, con sus propios textos y con poemas de William Blake, W. B. Yeats o Alfred Tennysson. Su primer álbum, ‘Elemental’ (1985), lo grabó en un granero de Ontario, en medio de un campo de girasoles. Ha publicado una docena de álbumes. El último se titula ‘Troubadours on the Rhine’ (2012) y también es algo especial: lo grabó ante veinte personas en una radio de Mainz, y tiene ese aire intenso e íntimo, cálido y acústico, de los discos hechos con todo el corazón y con una voz más exuberante y matizada que nunca. Recupera algunos temas de sus inicios, como el desgarrador ‘Bonny Portmore’ o ‘Lady of Shalott’, ese texto de Tennyson que narra el viaje de una bella joven moribunda en barca hacia Camelot, asunto que inspiró también al pintor Waterhouse. Y también está ‘The Wind that Shakes the Barley’ (El viento que agita la cebada) de Robert Dwyer Joyce, título de una película de Ken Loach. Es uno de esos álbumes que resumen la felicidad creativa: la emoción mística, la belleza, la sencillez, la evocación, la inefable plasticidad, el dolor de vivir y amar. Loreena McKennitt, tan auténtica y tan etérea a la vez, pondrá música mañana al Día de San Jorge.

 

*Este texto aparecìa ayer en mi sección de 'Cuentos de domingo' de Heraldo de Aragón. Loreena ofrece un concierto en el Palacio de Congresos.

HA MUERTO FEDERICO TORRALBA

HA MUERTO FEDERICO TORRALBA

Acaba de fallecer Federico Torralba Soriano (Zaragoza, 1913-2012): profesor emérito, experto en arte contemporáneo, en la obra de Goya y un gran coleccionista y estudioso de arte oriental. De niño se quedó fascinado con la ‘Historia del Arte’ en tres volúmenes (cada uno costaba 50 pesetas) de Josep Pijoán, que le iba a marcar la vida. Hijo único de un matrimonio acomodado que tenía una casa modernista en la calle San Miguel, su padre era catedrático de Matemáticas en un instituto de Granada y era muy amigo de Lorenzo Pardo. Su madre cantaba y le ilustró en los secretos del arte.  Años después, la familia se hizo un chalet en el Barrio de las Delicias, “en una torre del escritor Pamplona Escudero, que era amigo de mi padre; solían encontrarse en el Casino Mercantil. Teníamos el chalé con jardín en la misma calle Delicias. Allí, sentado en el huerto de mi casa, leí el libro de Pijoán”.
Aquel joven, además, era poeta y escribía teatro. Torralba redactó una novela que transcurría en Veruela, una pieza de teatro a cuatro manos con Lázaro Carreter, frecuentaría al grupo Pórtico –su pintor favorito del grupo era Fermín Aguayo-, se apasionó por Egipto, frecuentó a Juan Eduardo Cirlot cuando estaba haciendo servicio militar en Zaragoza, y vivía una historia de amor con la pintora Pilar Aranda, algo que el propio Federico contaba. Antes, conoció en Madrid a Manuel Azaña. Sería alumno de Sancho Seral, de Luis del Valle y de Domingo Miral. Fue director de la Compañía Española de Danza Clásica, y allí conoció a María de Ávila y a su marido Juan Magriñá.

Años después, forjaría su gran carrera como defensor del arte contemporáneo, de viajero veneciano (Venecia era su ciudad predilecta: su paraíso entre nosotros) y de entusiasta del arte oriental. También estuvo detrás de la aventura efímera Azuda-40, y contó con dos galerías: Atenas y Kalos, en compañía de su gran amigo Antonio Fortún. Entre otros muchos libros, se sentía especialmente feliz con la monografía ‘Aragón’ que publicó la Fundación March. Esta foto es de José Miguel Marco de Aragón.

*Federico Torralba Soriano, visto por José Miguel Marco, en 2011.

GARRAPINILLOS, 0- HURACÁN

GARRAPINILLOS, 0- HURACÁN

GARRAPINILLOS, 0 – HURACÁN, 2
El Garrapinillos, que está haciendo un inolvidable segunda parte de la Liga (no nos puede ir peor), ha perdido en casa ante el Huracán de María de Huerva por 0-2. Los dos goles llegaron en la segunda parte: el primer, tras una peligrosa jugada de los rojillos de San Lorenzo, y la segunda en un contragolpe, cuando el equipo buscaba la igualaba. No se le pueden poner pegas a la derrota: solo rematamos dos o tres veces entre los tres palos. Y eso sí notamos las ausencias; por si fuera poco, Jorge Beltrán abandonó el campo a los treinta minutos por un tirón, y el otro zaguero, y capitán, Javier Lacabe tuvo que retirarse al final de la primera parte. El equipo está en ese momento en que todo le sale mal. La mejor noticia, además del trabajo colectivo lleno de entusiasmo, tan honesto como ineficaz, ha sido el regreso de Fran: llevaba diez jornadas sin jugar. Con un poco de suerte, hemos recuperado a nuestro interior izquierda para los cinco partidos que nos quedan.

 

*En la foto de Jorge Buil, de archivo, Diego Rodríguez pugna con un jugador del Movera.

MARTÍNEZ DE PISÓN, UN DIÁLOGO SOBRE 'EL DÍA DE MAÑANA'

Cuando apareció ‘El día de mañana’ (Seix Barral) de Ignacio Martínez de Pisón, una espléndida novela, intensa, muy bien construida, una de esas novelas que exaltan el valor de la narración y de los personajes de carne y hueso, le hice esta larga entrevista a Martínez de Pisón. La reedito de nuevo en el blog con motivo del premio narrativa de la Crítica, concedida esta mañana. Otros buenos amigos como Antón Riveiro Coello, autor de ‘Laura no deserto’ y Jaume Cabré, ‘Jo confesso’, al que presenté en Cálamo, han ganado los galardones en gallego y catalán. En Poesía en castellano el premio fue para Tomás Segovia, por ‘Estuario’ (Pre-Textos), y entre los finalistas figuraron Ángel Guinda con ‘Espectral’ y Antón Castro con ‘El paseo en bicicleta’, ambos títulos de Olifante.

 

¿Cuál ha sido el detonante, el origen, el detalle que te ha llevado a escribir esta novela?

 En "Dientes de leche" traté un tema de nuestra historia reciente que no había llamado la atención de los novelistas: la presencia en España de fascistas italianos que vinieron a luchar en el bando nacional durante la Guerra Civil. En esta nueva novela me propuse escribir sobre otro aspecto poco conocido de nuestra historia, la actividad de la Brigada Social, la policía política del franquismo. No hay mucha literatura sobre ella, y la que hay suelen ser textos de carácter testimonial de antifranquistas que sufrieron torturas. Entre ellos, por ejemplo, algún texto del comunista aragonés Vicente Cazcarra. De todos modos, la época en la que sitúo la acción es algo posterior, y las torturas, quizás porque se empezaba a vislumbrar el final del régimen, habían empezado a suavizarse. Así fue al menos en Barcelona en la comisaría de Vía Layetana, donde el comisario Creix, uno de los torturadores más conocidos, estuvo hasta el año 1968.

¿Querías escribir del franquismo y del paso a la Transición o hacer un retrato de la Barcelona anterior a tu llegada?

 Para la gente de mi generación no ha habido acontecimientos de nuestra historia colectiva tan determinantes como ésos: la muerte de Franco, la Transición, el golpe de estado del 23-F... Al margen de algunas circunstancias de índole local, lo esencial de la época fue igual para todos. Fue una época de cambio, inestabilidad, esperanza... En 1975, España era un país que estaba por hacer. De ahí las tensiones, de ahí la violencia política, que se cobró cientos de vidas. Pero el futuro difícilmente podía ser peor que lo que teníamos.

Defíneme esta Barcelona, este país. Me sorprende que no es un territorio marcado por las pugnas nacionalistas… ¿Es el nacionalismo un fenómeno de la democracia, en realidad?

  La principal fuerza de oposición al régimen fue siempre el comunismo. En Cataluña también ocurrió así. Los nacionalismos son fenómenos de clases medias, que en realidad nunca están dispuestas a arriesgar demasiado. Lo suyo es nadar y guardar la ropa, y durante el franquismo la mayoría de los nacionalistas catalanes se limitó a esto último, a guardar la ropa. Pero es justo reconocer que, a partir de cierto momento, un sector importante de la iglesia catalana tuvo el coraje de denunciar la represión del régimen. En mi novela aparece, aunque de forma marginal, un episodio real que con el tiempo ha adquirido cierto valor simbólico: la manifestación de curas que en mayo de 1966 acudieron a comisaría a protestar por las torturas a estudiantes. La misma institución que había paseado a Franco bajo palio empezaba a mostrar cierta sensibilidad antifranquista.

El libro empieza con la llegada a Barcelona, creo que desde Aragón, de Justo Gil Tello y su madre enferma. ¿Cómo vivían los emigrantes aragoneses en Cataluña?

 La emigración aragonesa, que en gran medida es anterior a la Guerra Civil, se movía en torno a la calle Joaquín Costa. Allí, en la esquina con la Ronda de San Antonio, está el Centro Aragonés de Barcelona, y por esa zona proliferaban los bares con nombres como La Pilarica o Los Maños. Cuando yo me instalé en Barcelona en 1982, todavía esas calles tenían un aire muy aragonés.

Esta es una novela sobre un personaje un tanto siniestro. ¿Por qué querías reconstruir esa vida, qué te interesó, cómo lo defines tú?

 Me interesaba contar la historia de una degradación. Cuando vemos a un mendigo durmiendo en un cajero automático, nos preguntamos si ese hombre siempre fue así. Si no fue niño alguna vez y no tuvo sueños, ilusiones... En el caso de mi personaje, se trata de alguien que llega a una ciudad grande con la idea de prosperar pero comete una serie de errores decisivos que marcarán para siempre su destino y le condenarán a ser una persona sin amigos, sin afectos, habituada a traicionar siempre a los suyos.

Sorprende mucho su aventura, su escalada, su travesía: pasa de ser un superviviente en distintos oficios a estafador. En el primer tramo es un pícaro sin demasiado escrúpulos.

 En realidad, es el retrato de un self-made man imposible. Si en vez de nacer en España hubiera nacido en Estados Unidos, tal vez habría acabado triunfando. Pero, aunque él no lo sepa, lo único a lo que en aquella España podía aspirar era a sobrevivir.

¿Cómo logra convertirse en confidente policial?

 La Brigada Social no era la Stasi de la antigua Alemania del Este, que, como vimos en la película La vida de los otros, te llenaban la casa de micrófonos en un par de minutos. La Brigada Social no tenía micrófonos pero disponía de una vasta red de chivatos, a los que eufemísticamente llamaban "colaboradores". Eran ellos los que mantenían a la policía informada acerca de todo lo que se cocía en la universidad, en las fábricas, etcétera. Algunos de esos colaboradores actuaban coaccionados por la propia policía, pero otros cobraban una retribución por su trabajo. En la época de la que estoy hablando, la policía les pagaba unas cuatro mil pesetas al mes. Mi personaje acaba convirtiéndose en uno de estos confidentes profesionales. Al principio lo hace porque cree que así puede beneficiarse de un trato de favor ante ciertas irregularidades cometidas en el pasado, pero al final acaba delatando a unos y a otros porque no tiene dónde caerse muerto y esas cuatro mil pesetas constituyen sus únicos ingresos.

Por cierto, ¿este personaje está inspirado en alguien concreto o es una creación de tu cabecita loca?

 No está inspirado en ningún personaje concreto, pero la parte de la relación con el policía Mateo Moreno reconstruye la historia de un confidente del que me habló un expolicía de la Brigada Social. Cuando un policía conseguía un confidente, la relación con éste era personal, una especie de amistad basada en el intercambio: yo te cuento lo que sé, tú me ayudas o me das dinero. Era "su" confidente, el confidente de ese policía, no el confidente de la policía, y trataba de mantenerlo protegido para que no se quemara.

Espía en Bocaccio, en el ‘encierro de Montserrat’, en la órbita comunista, y sueña dar un braguetazo con Nita Castellnou. Dice de él otro personaje: “Ese tipo no era nadie, un idiota, un paleto”.

 La tragedia de Justo Gil consiste en ser siempre un impostor: se hace pasar por comunista entre comunistas, intenta comportarse como un burgués cuando está entre burgueses... Y esa impostura permanente le lleva a odiar la sociedad que le rodea, contra la que se irá cargando de resentimiento y afán de venganza.

 

La novela está armada con las voces de los personajes que lo conocieron. ¿Por qué lo has hecho así, has querido hacer como un recuento, una ‘quest’?

 Mi idea era, sí, simular una quest, una investigación en torno a un personaje enigmático al que diferentes personas han conocido y tratado a lo largo de su vida. Al final descubrí que, sin pretenderlo, esa estructura parecía inspirada en una vieja película que aparece citada en las últimas páginas de la novela. Me refiero a Forajidos, de Robert Siodmak, basada en el famoso cuento de Hemingway The Killers. El comienzo de la película es fiel al relato de Hemingway y nos presenta a un personaje, Burt Lancaster, que ha renunciado a huir y está dispuesto a asumir el destino que le persigue. El resto de la película es una investigación sobre el pasado de ese personaje, con testimonios de gente que lo conoció. De forma casual, la estructura de mi novela homenajea la de esa película.

¿Qué dificultades supone una construcción así, con esa polifonía de voces? Recuérdanos algunos y sus ocupaciones tan curiosas…

 En total son una docena de narradores, cada uno con su propia vida, sus propias ideas, su propia voz. Hay un eterno opositor a notarías, una mujer que ha tenido un niño con una grave malformación, un vendedor a domicilio, un profesor de expresión corporal, una chica que trabaja de secretaria de un próspero constructor, un periodista que empezó coqueteando con la ultraderecha... Sólo se representan a sí mismos, pero entre todos ellos pueden darnos una idea aproximada de lo que era la sociedad barcelonesa o española del momento.

 

No se oye nunca la voz de Justo Gil Tello, salvo a través de sus amigos o de quienes lo conocieron. ¿Nunca te planteaste incoporarla o has preferido desdibujarlo?

 Mi idea era que Justo Gil, el protagonista, fuera precisamente el vacío que quedaba entre todos los demás. Si Justo Gil hubiera contado su propia historia, las otras habrían corrido el riesgo de resultar redundantes.

Otro detalle: qué ocurrió con la gente que había sido confidente, traidor sin escrúpulos. ¿Qué fue de ellos, terminaron así como Justo?

 Algunos confidentes empezaron a cobrar en drogas y, como tantos drogadictos, se quedaron por el camino en los años ochenta. Otros siguieron siendo utilizados por la policía de forma extraoficial y, como el propio Justo, colaboraron con las organizaciones de ultraderecha que proliferaron durante unos pocos años.

Hay personajes entrañables. Uno de los más conmovedores es Carme Román, una aragonesa –creo- que encarna la honestidad, la fuerza de voluntad y el deseo de construirse a sí misma a través de la cultura…

  Un protagonista como Justo Gil exigía que a su lado hubiera personajes inequívocamente positivos. Carme Román es uno de ellos, y en realidad no es difícil reconocer en ella a toda esa generación de jóvenes que se consideraban merecedores de una España mejor que la del franquismo.

Uno de los capítulos más bonitos del libro es el dedicado a los escritores de palíndromos. Y a ese encuentro nacional de palindromistas en Sos del Rey Católico. ¿Qué hay de eso?

  Me divertí mucho escribiendo sobre esa asociación de palindromistas, que está inspirada en una que existió de verdad y con la que mantuve alguna relación epistolar en los años noventa, después de publicar un artículo sobre palíndromos. Me acuerdo de que en sus boletines celebraban con alborozo el hecho de que eran muy pocas las generaciones que podrían vivir dos años capicúas, el 1991 y el 2002. No recuerdo dónde celebraban sus congresos, pero parece lógico que lo hicieran en localidades de nombre palindrómico, como Sos, Unanu, Aceca, Salas...

Otro aspecto importante en la novela es el humor. ¿Qué importancia le das?

  El humor forma parte de la vida y, por tanto, tiene que formar parte de las novelas. Y aunque hay muchos momentos de dramatismo, no olvidemos que era aquélla una España muy chapucera y de andar por casa. Cuando Justo empieza a colaborar como chivato de la Social, intenta siempre citar a su amigo policía en sitios como la piscina de los delfines del Zoo o el teleférico de Montjuïc. A lo mejor piensa que tiene que comportarse como si fuera un personaje de El tercer hombre, y el policía, mientras se seca el agua que le salpican los delfines, se cabrea con él y le llama peliculero.

El libro tiene otro tema fundamental: el amor, el deseo sexual, el mundo de las queridas, incluso algún que otro arrebato de liberación sexual, como el caso de Chantal Loreto. Todo el mundo está enamorándose locamente… ¿Era así?

 Con lo del amor te digo lo mismo que con lo del humor: que forma parte de la vida. Creo que en la novela hay alguna bonita historia de amor. Creo también que la historia de amor de Justo no podía ser sino retorcida y siniestra.

Dice el propio Justo: “Me gustan los escritores que saben purificarnos con palabras” ¿Es esa la misión del escritor, del novelista?

  Prefiero pensar que los buenos novelistas son aquellos que saben poner palabras a nuestras vidas, nuestros sentimientos, nuestras reflexiones, los que parece que te hablan al oído y han escrito la novela pensando en ti. Me gusta leer novelas en las que me reconozco como persona, esas novelas que te hacen detenerte un instante y decir: "Esto lo he pensado yo alguna vez, y no hay mejores palabras para expresarlo que las que utiliza este escritor."

Termino: ¿Cómo se logra que todos los personajes parezcan tan reales, tan de carne hueso? ¿Qué tipo de escritor quieres ser?

  De eso se ha tratado siempre, ¿no?, de que tus personajes no sean personajes sino personas, seres a los que el lector cree que algún día podrá cruzárselos por la calle. Si ser un escritor realista consiste en eso, lo confieso: soy un escritor realista.

PISÓN, PREMIO DE LA CRÍTICA

MARTÍNEZ DE PISÓN, PREMIO NACIONAL 

DE LA CRÍTICA POR SU NOVELA ‘EL DÍA DE MAÑANA’

[Ignacio Martínez de Pisón, que recibe el Premio de las Letras Aragonesas el viernes 27, acaba de recibir el premio de la crítica, de narrativa, por ‘El día de mañana’, que publicó el sello Seix Barral. El premio de poesía recayó en Tomás Segovia. Pisón está ahora de gira por Estados Unidos. Desde aquí le mandamos una inmensa felicitación. ‘El día de mañana’ es un libro espléndido. Coloco abajo la crítica que publiqué en ‘Heraldo’ hace más de un año. La primera foto es de Heraldo; la segunda de Josean Melendo: Pisón graba una entrevista para 'Borradores'.]

 

LECTURA DE ‘EL DÍA DE MAÑANA’

El día de mañana. Ignacio Martínez de Pisón. Seix Barral: Biblioteca Breve. Barcelona, 2011. 382 páginas.

 

Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) es un novelista metódico y talentoso. Y de una constancia imperceptible: se aplica a sus libros sigilosamente, con vehemencia, con una lucidez tranquila y con una especial conciencia del oficio. No quiere deslumbrar a nadie: es un novelista de fondo, realista, natural, el forjador de un estilo casi cinematográfico, tan paciente como invisible. Siempre hace muchas cosas: investiga el misterio y la muerte de José Robles Pazos, escribe guiones como ha hecho en ‘Las trece rosas’ o ‘Chico y Rita’, redacta novelas de excelente factura como ‘Dientes de leche’, ‘El tiempo de las mujeres’ o ‘Carreteras secundarias’. O incluso ordena una antología de cuentos sobre la guerra civil española en ‘Partes de guerra’. Pisón es un parsimonioso pugnaz: obsesivo, perfeccionista, discreto. Al quite y sin obsesión alguna por el desquite. Y es, ante todo, un auténtico novelista, heredero de Pío Baroja y de Sender, de John Cheever y de Patrick Modiano, de Mario Vargas Llosa, por citar algunos ejemplos.

Lleva en Barcelona alrededor de 30 años y ahora ha decidido rendirle un homenaje a una de las ciudades más literarias de España con ‘El día de mañana’, una novela que cuenta la vida de un personaje como Justo Gil Tello que será emigrante a la deriva, superviviente, pícaro, delator e iluminado. A través de una especie de casa con muchas ventanas, de un caleidoscopio del recuerdo, a Justo Gil Tello lo irán dibujando quienes lo conocieron, quienes lo ayudaron, quienes sufrieron algunos de sus desmanes y sus muchas deslealtades o aquellos para quienes apenas era un loco, un enamorado que soñaba, como don Quijote, en construirle una mansión o un refugio a una dama que solo era tal en una de sus más extrañas e imprevisibles quimeras.

Ese Justo Gil Tello, de origen aragonés y procedencia rural, llegó a Barcelona a con una madre enferma, a la que cuidará, a la que lavará, a la que sacará a paseo este inicial buen chico. Aquella era una España sórdida: de mentiras y miedos, de delaciones, de amores urgentes y de queridas a las que se conquistaban con perfidia y flores, y de hambre atrasada. Justo, en medio de una selva de hechos, de personajes (como aquella Ju-Ju, mucho más alta que él, tan sensual, tan rebosante de carne y belleza que le hinchaba la falda), intenta encontrar un camino. Va de trabajillo en trabajillo, de afán en afán, de chapuza en chapuza y secreteo, de estafa en estafa, y poco a poco se convierte en confidente de la policía política del régimen. Pisón cuenta todo eso con una fluidez imperceptible: sus criaturas rezuman verdad, verdad literaria y verdad vital, y colaboran en resolver un pequeño enigma: “¿Cuántas cosas se pueden contar de un personaje?”. Un personaje que vivía “en un constante estar alerta”, un personaje que se va haciendo acreedor a epítetos que no honran a nadie: idiota, paleto, “el peor de los confidentes”, que cobrará 4.000 pesetas al mes, capaz de matricularse en Derecho y de zambullirse en círculos nacionalistas, en las noches de Bocaccio o de leer a Jaime Gil de Biedma.

El procedimiento narrativo de Martínez de Pisón es el del ‘quest’: doce seres, con su propio latido y con su propia biografía, recuerdan a Justo. Entran y salen de su vida y de la novela. En cierto modo, Pisón emplea la estética de la mancha de aceite controlada, el mapa de las emociones. Esos doce seres entran y salen en diálogo con el lector, en diálogo con Barcelona y con una época abonada a la marginalidad, a la miseria, a la represión y a la impostura permanente. Justo Gil Tello es un impostor sin escrúpulos, y quizá se corriese el peligro de que la aventura de ese ser repulsivo y antipático pudiera interesarnos algo menos. Sin embargo, ocurre lo contrario: los personajes que cuentan se alzan una y otra vez, como ocurre con Carme Román -que es una mujer noble que se reinventa a sí misma y encarna la capacidad de aprendizaje, de rebeldía y de evolución de muchos españoles-, con Mateo Moreno, con Elvira Solé, con esa Loreto que decide cambiarse el nombre y ser Chantal, casi una diosa cotidiana a la busca del placer y de la libertad, con el periodista Manel Pérez, que escribe de la ultraderecha catalana, con el joven Noel. Esta es una novela de personaje y personajes, de vida y destino, de contexto social, una novela de una ciudad, y es el retrato de un desalmado que se anuda y desanuda a la fatalidad.

Pisón ha manejado mucha documentación y ha desempolvado muchos periódicos y las crónicas de Xavier Vinader. Y traza una paradójica existencia, dibuja numerosas tramas, recrea episodios y personajes –la protesta de los curas, el encierro de Montserrat, el entierro posterior de Carlos Barral, en un viaje al futuro, la evocación de Gil de Biedma…-, mira de frente al pasado (el franquismo y el principio de la Transición), y se permite numerosos detalles de humor (por ejemplo, aquellos “pedos vaginales” de Fina, una novia fugaz de Justo) y da rienda suelta a una vieja obsesión suya: la asociación de escritores de palíndromos, que llegan a reunirse en Sos del Rey Católico y dejan perlas del tipo “Eva usaba rímel y le miraba suave”.

‘El día de mañana’ es una novela compacta, muy bien hilvanada con sus voces y sus elipsis, dotada de una extraordinaria fluidez, una novela que prueba que Ignacio Martínez de Pisón conoce las respuestas más definitivas de los seres humanos, explora el camino del corazón y lo exhibe, sin retórica, en toda su belleza, en todo su dolor y en toda su complejidad.

HISTORIAS DIBUJADAS, EN EL PARANINFO

HISTORIAS DIBUJADAS, EN EL PARANINFO

Historias dibujadas

 III Ciclo de conferencias Vida en ficciones.

 Los relatos en la era audiovisual

Organizan: Departamento de Historia del Arte y Vicerrectorado de Proyección Cultural y Social

 

El ciclo de conferencias para el que se solicita este año una ayuda está planteado como una continuación de los que se programaron en las primaveras de los años 2010 y 2011 y tiene la vocación de constituirse como un ciclo con continuidad en años sucesivos, que sirva como foro en el que la ciudad en general y los estudiantes en particular tengan ocasión de reflexionar y contrastar opiniones acerca de una cuestión tan relevante dentro de la cultura contemporánea como es la función, la génesis y las motivaciones de los distintos tipos de relatos en la era audiovisual en al que estamos inmersos.

En el ciclo de conferencias que hemos programado este año contamos con la participación como ponentes de la pintora Lina Vila, del dibujante Carlos Bribián y del dibujante y creador de animación 3D Cristóbal Vila.

El enunciado genérico del ciclo que se propone para la primavera de 2012 es Historias dibujadas, aludiendo a las razones que nos empujan a contar historias mediante imágenes que no pretenden ser copia fiel de la realidad o “huella de luz”, como la fotografía, sino que nos hablan de esa realidad, a veces incluso de forma más honda y directa, pero mediante la estilización del dibujo y las metáforas o sugerencias que sus cualidades estéticas nos proporcionan.

Se trata de profundizar en los procesos creativos de pintores, dibujantes y cineastas, para entender mejor el modo en el que se plantean la construcción visual del relato mediante imágenes dibujadas en distintos medios y soportes. Y de paso investigar acerca de las novedades que la técnica proporciona en este sentido, subrayando el peso que este tipo de narraciones visuales está adquiriendo en la cultura audiovisual y en la sociedad contemporánea en general.

      Primera conferencia. El primer día, con Relatos pintados y de la mano de Lina Vila, nos centraremos en la forma en que la pintura construye sus tramas narrativas y las propone como un juego de complicidades emocionales al público.

      Segunda conferencia. El título de la segunda conferencia, Relatos dibujados a cargo de Carlos Bribrián ahondará en las fuentes de inspiración narrativas y formales del cómic contemporáneo, en el creciente éxito de la novela gráfica y en las peculiaridades estructurales y estéticas de las historias contadas en forma de dibujos secuenciados.

      Tercera conferencia. Estas dos incursiones previas serán fundamentales para dar pie a la última jornada en la que se  impartirá la conferencia Animación 3D: un proceso, a cargo de Cristóbal Vila. En ella se abordarán las claves del proceso de trabajo en la creación digital que se ha convertido en un medio de comunicación y expresión artística con infinidad posibilidades y potencialidades que van creciendo gracias a las novedades y alternativas visuales que la técnica digital proporciona.

 

DESARROLLO DE LA ACTIVIDAD

Está previsto que este ciclo de conferencias pueda desarrollarse dependiendo de la disponibilidad de los espacios:

      Entre el 24 y el 26 de abril de 2012

      Dichas conferencias tendrán lugar el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza a las 19.30 h.

PINA DE EBRO RECUERDA A F. ROMEO, A LABORDETA Y ANA Mª NAVALES

[Recibo este correo de Ángela Labordeta de un triple homenaje a José Antonio Labordeta, Félix Romeo y Ana María Navales.]

Las IX Jornadas de Creación Literaria en Aragón, organizadas desde el área de Educación de Adultos y Biblioteca del Ayuntamiento de Pina, son un homenaje a tres figuras fundamentales dentro del panorama literario aragonés: José Antonio Labordeta, Félix Romeo Pescador y Ana María Navales.

Marisa Fanlo, concejala responsable del Aula de Educación de Personas Adultas y de la Biblioteca Municipal de Pina, ha señalado que “las jornadas arrancan el día 25 de abril con la inauguración de la exposición ‘Canto a la libertad. Himno de Aragón’, exposición que podrá visitarse hasta el 1 de mayo en la Sala Multiusos”. El mismo 25, dentro de la jornada dedicada a la figura de José Antonio Labordeta, lo recordarán su hija Ángela Labordeta, Antonio Pérez Lasheras, profesor de la Universidad, amigo del escritor y estudioso de su obra y Carlos Serrano, en representación del Rolde de Estudios Aragoneses.

El día 26, en la misma Sala Multiusos, se celebrará una mesa redonda para recordar la figura de Félix Romeo Pescador. En la misma participará su amigo y también escritor José Luis Melero, la escritora Eva Puyo y Eva Cosculluela, de la librería Los Portadores de sueños; se presentará la novela póstuma “Noche de los enamorados” (Mondadori).

El día 27 Juan Domínguez Lasierra hablará de su compañera la escritora Ana María Navales, de la que acaba de aparecer su novela póstuma ‘El fin de una pasión’. Durante la jornada se proyectara un documental, que recorre toda la biografía de Navales, realizado por Paula Labordeta y que se incluye dentro de la serie de televisión “20 del XX”, que proyectó Aragón Televisión.