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Antón Castro

ALBERT LÁZARO-TINAUT ENSAYA UN PROYECTO DE RESISTENCIA CULTURAL

Albert Lázaro-Tinaut es editor, traductor de poesía y hombre de acción cultural. El otro día lo vi fugazmente en el Día del Libro y Día de San Jorge. Siempre está lleno de proyectos. Esta es la carta suya que acabo de recibir.

Rainer María Rilke.

Paul Celan.

Alejandra Pizarnik.

Emily Dickinson.

 

Carmina in minima re
Proyecto de resistencia cultural a través de la poesía


El proceso de paralización al que las instituciones de muchos países (entre ellos, y escandalosamente, el nuestro) están sometiendo a la cultura, proceso que parece por ahora imparable, ya se ha cobrado muchas víctimas: han cerrado numerosas librerías, algunas de sólido prestigio; cantidad de editores medianos se ven abocados a reeditar o a publicar clásicos libres de derechos, o libros que suelen recomendarse en las escuelas, porque no pueden afrontar el coste de novedades, y otros, más pequeños, a duras penas subsisten, dejan de publicar o se proponen hacerlo; son muchas las salas teatrales que echan el cerrojo, y no menos las compañías de teatro que se han quedado sin medios para nuevos montajes; ¿cuántos músicos no consiguen ya lugares para ensayar, por no hablar de contratos? También las artes plásticas y visuales sufren las consecuencias de los recortes. La cultura parece condenada a una muerte lenta por inanición, a la que contribuye el cada vez más el bajo poder adquisitivo de los ciudadanos.

Ante esta situación, mucho más que alarmante, quienes amamos la cultura y hemos trabajado durante años en su divulgación no podemos quedarnos con los brazos cruzados. De poco sirven las quejas y las manifestaciones para denunciar esta situación, porque el poder político y económico se ha acostumbrado a hacer oídos sordos a todo lo que no sea rentable o no convenga a intereses ideológicos o de amiguismo.

Consciente de ello, e incapaz de mantenerme ajeno a esa realidad, decidí emprender un proyecto de resistencia cultural realista al que pudiera hacer frente con mis recursos y aunando voluntades: el lanzamiento de una colección de plaquettes de poesía bilingües que contribuyeran a la circulación de la poesía y, al mismo tiempo, a la creación de una pequeña Babel positiva mediante el intercambio lingüístico a través de traducciones a y desde otras lenguas, siempre con la presencia de por lo menos una de las de uso en el Estado español.

Lo que empezó siendo un intento, y sin apenas divulgarlo, se ha ido expandiendo con entusiasmo mediante el boca-oído y, en parte, gracias también a las redes sociales. Así pues, se han publicado desde el 10 de febrero de 2012 hasta la fecha las plaquettes que se relacionan al final y actualmente hay varias en lista de espera.


Características del proyecto 

El formato de las plaquettes es el DinA5 vertical (14,8 x 21 centímetros) y, por el momento, cada plaquette consta de 16 páginas: 14 de ellas son útiles y las otras dos forman la cubierta o portada y la contraportada. Ello permite la inclusión de siete poemas con sus correspondientes traducciones, encaradas, a otra lengua.

Los poemas, por razones obvias, deben tener unas medidas adecuadas al formato: un máximo de 30 versos (además del título, de no más de una línea) y versos que no superen las 60 pulsaciones (o letras, blancos entre palabras incluidos). Se procurará, además, evitar en lo posible los poemas excesivamente breves (de menos de 8 versos), de los cuales podría haber como máximo uno en cada plaquette. Cuando se trate de composiciones características, como los haikus, por ejemplo, se llegará a un acuerdo en cuanto a su número. Ningún poema, sin embargo, podrá ocupar más de una página.

De las plaquettes se publicarán muy pocos ejemplares. Actualmente las tiradas son de 30 copias (el autor recibe una parte de éstas, alrededor de una docena, y el resto se reparte entre los suscriptores), y se procurará no superar, cuando el número de suscriptores lo requiera, los 60 ejemplares, para que estos cuadernillos mantengan su rareza y su valor sentimental. Eventualmente, y a petición de la persona interesada, se podrán hacer reimpresiones en las que conste que lo son y de cuántos ejemplares, pero el coste íntegro de éstas y los gastos que ocasionen irán a cargo de quien las solicite.

Se prevé en un futuro próximo la creación de un blog o una página web donde aparezcan íntegramente todas las plaquettes publicadas y se vayan añadiendo las que se publiquen, para su difusión universal a través de la red.

El coordinador de las plaquettes se reserva la  prerrogativa de seleccionar los poemas, por lo que cada poeta deberá presentar un cierto número de composiciones (quince, por lo menos) y aceptar la selección que se haga de ellas y el orden en que se dispongan (toda excepción a esta regla podrá ser considerada y debatida).

El poeta puede proponer a una persona de su confianza para traducir sus poemas a la lengua que desee, siempre que ésta garantice la calidad de sus versiones. En la medida de lo posible se creará un equipo de personas dispuestas a traducir algunas plaquettes a su lengua, pero siempre en función de la disponibilidad de cada una, del placer que le produzca hacerlo y, además, en ningún caso se podrá abusar de ellas ni se les deberá imponer plazos de entrega, teniendo en cuenta que su colaboración no estará remunerada (a menos que el poeta, de acuerdo con el traductor o la traductora, esté dispuesto a asumir el coste de la remuneración). El coordinador podrá colaborar en las propuestas. Se  aceptará la traducción a cualquier lengua, incluyendo, por supuesto, las del ámbito del Estado español, estén o no reconocidas oficialmente.

Los traductores de poesía pueden proponer sus versiones de poetas en otras lenguas u ofrecerse a traducir a otros poetas, priorizando a los contemporáneos. Deberán proporcionar digitalmente las versiones originales completas y correctas de los poemas y obtener, si es posible, el permiso de publicación del poeta traducido.

Se ha previsto una suscripción simbólica que da derecho a la publicación de una plaquette, la recepción de unos cuantos ejemplares de ésta y también de todas las plaquettes que se publiquen durante un año. Dicha suscripción es de 12 euros anuales en el territorio español, 15 euros en el resto de Europa y 18 euros en los países extraeuropeos. La cuota de la suscripción, más que una contribución (mínima) a los costes de impresión y envío de las plaquettes (costes que asume personalmente el creador y coordinador del proyecto), supone una implicación efectiva en el proyecto de resistencia cultural. Ni que decir tiene que se aceptarán y agradecerán contribuciones económicas mayores, que han de ser totalmente voluntarias.

A la participación activa en el proyecto están invitados todos los poetas y traductores de poesía que se sientan interesados y acepten las condiciones expuestas. Las plaquettes se publicarán por estricto orden de recepción de las solicitudes, una vez aceptadas por el coordinador. En estos momentos es previsible la publicación de entre diez y doce plaquettes cada año.

La participación estará siempre sometida a un acuerdo previo con el coordinador del proyecto, quien valorará las propuestas y tendrá la facultad de rechazar aquellas que considere inadecuadas.

Dirección electrónica de contacto: carminaplaquettes@gmail.com.


Albert Lázaro-Tinaut
Coordinador

Actualización: abril de 2012.

ELENE USDIN: CASI CUENTOS DE HADAS

Una curiosa fotógrafa francesa, Elene Usdin, apasionada por el mundo femenino, por el autorretrato y por una atmósfera de cuento de hadas con elementos más o menos inquietantes. Empezó como ilustradora, cosa que se percibe, y en 2002, hace ahora una década, se inclinó hacia la fotografía. Compone cuadros y escenas, juega con los interiores y en sus fotos siempre hay un mundo de tinieblas de luz, de asombros, de elegancia. Es una contadora de historias influenciada por el surrealismo.

POEMAS DE BENEDICTO LORENZO

POEMAS DE BENEDICTO LORENZO

Dentro de unos días se presenta una antología de Benedicto Lorenzo de Blancas en el sello Certeza de José Vicente Zalaya. Su hijo Miguel Lorenzo me envía una pequeña selección de textos que integrarán ese libro en el que había trabajando el propio Benedicto.

 

 

 

De libro: ’Fondo de soledad’ 

 

 

MADRE

 

Desde que no te tengo, ni me tienes,

desterrada ternura, madre mía,

te llamo a cada hora y cada día

espero la llegada de los trenes.

 

Pero tú nunca vienes, nunca vienes

a compartir tus penas con las mías,

como hacías entonces, como hacías

antes de que existieran los andenes.

 

No sabes cómo duelen las heridas,

cuando no hay quien las cure por las noches.

 

No sabes cómo animan los reproches,

mezclados con los besos y las manos.

 

Cuando se pide o se llama en vano,

No sabes qué difícil es la vida.

 

 

 

 Del libro: ’VÍSPERA DE TI’

 

CONTACTO

 

Toda la gracia me bautiza cuando

como un agua bendita estoy sintiendo

que una grata pasión me está invadiendo,

que una dulce ilusión me está llenando.

 

Estoy la ciencia entera desvelando,

mientras testigo soy, mientras entiendo

de la ternura que me está prendiendo,

de la hermosura que se está mostrando.

 

Guiado de una estrella estoy viniendo.

Estoy llegando a ti. Estoy llegando,

mientras la expectación te está sintiendo.

 

Mientras la aceptación estás hilando,

ya tu respiración me está envolviendo,

que, de puntillas, se me está acercando.

 

 

Del libro: ’TESTIMONIO’

NIKÉ

 

(A Miguel Labordeta)

 

Niké,

cenáculo insumiso,

oficina prendida de horizonte.

 

Se menciona tu nombre y se establece

una corriente misteriosa de emoción y nostalgia

de algo que fue de todos y pervive

como un sagrado temblor inexplicable.

Del marco que refunde retazos de barahundas

emergen inconfusas las voces incesantes.

Como en una pantalla se dibujan los rasgos

y se recobra un mundo de espléndidas metáforas.

 

Conjunto abigarrado de bultos y rumores

código de consignas inflamando las sombras

alucinado sístole de ritmos y conjuros

secuencia imprevisible de alocadas vivencias.

Inevitable génesis presencia-voz protéica

intemporal vigía Oficina de horizonte

Sibila urgiendo ensalmos profetizando suertes

e insoslayablemente ungidos verbos fértiles.

 

Regocijadamente sumen jaunacos ópicos

archicolmadas copas de surreales vinos.

Sombras espías rondan atónitas y estultas

con un designio oscuro como un túnel de insectos.

Describe la memoria fastos irrepetibles

dibujan los espejos un memorable cuadro.

Adquieren cuerpo rasgos tan sólo con nombrarlos

surgen tiernas figuras de gentes entrañables.

 

Cuando Miguel se dice

ya se sabe se trata de Miguel Labordeta.

También se dice siempre por el nombre:

Guillermo, Rosendo, Luciano, José Antonio, Julio...

Si para algunos hay que decir el apellido,

hay que decir: Pinillos, Gastón, Ferreró, Ciordia...

hay que decir Rey del Corral o Blancas.

En cambio para otros,

hay que decir completo: Raimundo Salas o Miguel Luesma,

ese código observado y nunca escrito.

 

Hay otros muchos nombres de amigos entrañables,

como: Comín Gargallo, Emilio Alfaro, Antonio Artero;

como García-Abrines, u Orús, o Borreguero, o Lizaranzu;

como Tartaj, o Cazcarra, o Rotellar, o Gaviria;

como Pedro Marín, o Anós, o Prat, o Villacampa;

como Santamaría, como Vera, como Alfonso;

como Fernando Alfaro y Donato Labordeta...

que ensanchaban el circulo ritual de la Tertulia

llenándola de luz, de testimonio y de jolgorio.

 

Niké...

guardad estrechamente la densidad del nombre,

guardad su levedad de mágico misterio...

Se sigue revelando cada aurora

su humanidad inmensa llenando los espejos.

 

*Retrato de Benedicto Lorenzo de Blancas, 1960. Abajo, una obra de Catalá Roca. Y retrato de Miguel Labordeta. Abajo: un retrato de Wayne F. Miller.

 

FERNANDO SANMARTÍN, EN CÁLAMO

 

FERNANDO SANMARTÍN: HOY PRESENTA

‘TE VEO TRISTE’ EN CÁLAMO

“He llegado a Dublín. Llueve. Recojo mi maleta y nervioso, como un niño que debe contar hasta veinte sin equivocarse, camino hacia la salida del aeropuerto. Carmen está esperándome. Igual que una aparición. Nos besamos. Parece una modelo de alta costura. Se lo digo y cierra los ojos. Y cuando subimos a un taxi, ella me invade con sus afirmaciones, con su prisa, con su forma de abrir los grifos”.

[Fragmento de ‘Te veo triste’, la novela de Fernando Sanmartín (Zaragoza, 1959), que presentan esta tarde, a las 20.00, Cristina Grande y Almudena Vidorreta en Cálamo. La novela, de viajes y amores, de cuadernos secretos y de búsquedas, narra la historia de Luis Sampiero y de su amor Carmen Cabrera, a través de una investigación que lleva a cabo Marta Sampiero y su compañero Juan. El libro habla mucho de Zaragoza, de la pasión por el arte y los libros, de la enfermedad, de la relación entre un padre y su hija, y es un libro viajado: Luis Sampiero ha vivido en Varsovia, en Dublín o en Bruselas. Fernando, con su prosa miniada, cosida con frases pequeñas y comparaciones, con ese espíritu poético y alado que impregna su obra, acaba escribiendo una novela sobre el amor, la amistad y su círculo de afectos: aquí aparecen Labordeta, Daniel Gascón, escritores como Yeats o Wilde, Milosz o Brosdky, cineastas como Alain Tanner. El libro tiene la suavidad y la gracia de los libros de Fernando Sanmartín.]

 

*La foto es de Patrick Demarchelier. No sé si Carmen Cabrera se parecería a esta mujer...

 

 

RAÚL LAHOZ: UN DIÁLOGO

RAÚL LAHOZ: UN DIÁLOGO

“Me enseñaron que no hay nada más

bonito que hacer de tu pasión tu oficio”

 

 

 

“Con el periodismo me sucedió como

cuando conoces a la chica de tu vida”

 

El redactor de Deportes Raúl Lahoz el Día del Libro ayer en Independencia, en Antígona, su primer libro, ‘Tinta en vena’, centrado en sus columnas, reportajes, crónicas y entrevistas en la contra de HERALDO

 

Tinta en vena. Raúl Lahoz. Edición de autor. Portada: Greg Pappas. Ilustraciones de Julia Serrano. Prólogo de Pablo Ferrer. Gráficas Vela. Zaragoza, 2012. 120 páginas. [Contenido. El libro está dividido en tres apartados: 1. Artículos de Opinión. 2. Reportajes y crónicas. 3. Entrevistas.]

 

 

 

-¿Por qué te hiciste periodista, qué te atraía de este oficio?

Dicen los que me conocen que siempre mostré inquietudes, deseos de observar y la necesidad de transmitir lo observado. Por ahí va el periodismo, ¿no? Ahora mismo me pilla paseando por el puerto de Flensburgo en Alemania, preparando la información sobre la semifinal de la Recopa de Europa con el Caja3 Aragon. Me introduje en el periodismo a través del deporte, que me apasiona. Iba a ver jugar al fútbol al equipo de mi hermano, el Montecarlo. Me telefoneaban desde los periódicos para dar los datos de las crónicas de los partidos. Decían que no lo hacía mal. Un día me llamó José María Ara y me comentó la idea de incorporarme al Heraldo. Me pilló en el Tourmalet. Eran los tiempos de Induráin. A los pocos días, ya en Zaragoza, fui a la redacción. Recuerdo que me presentó a Alejandro Lucea. Yo era un chavalito. Tenía aún flequillo y todo (sonríe). Nada más entrar en Heraldo, sentí la misma sensación que cuando conoces a la chica de tu vida. Como los sueños, como el amor, todo fue inopinado.

 

-Entre sus débitos habla con mucho cariño de dos nombres: Antonio Belío y Alfonso Zapater. ¿Qué les debes, qué te enseñaron?

Me gusta corresponder. Es una acción de reciprocidad. Fueron dos personas que siempre mostraron un extraordinario afecto hacia mí en el tiempo que compartí con ellos en Heraldo. Los dos nos han dejado. Los dos me enseñaron que no hay nada más bonito que hacer de tu pasión tu profesión.

 

-¿Cómo y cuándo decides ser un personaje de tus propios textos? Siempre apareces como un personaje lateral, como un observador, como un decisivo actor de reparto...

Es cierto que me gusta mutar en la perspectiva del narrador. Juego con el narrador omnisciente, el narrador observador, el protagonista, el secundario. Siempre desde el deseo de fijar la atención del lector, que a mi juicio es algo esencial. Además de escribir, es importante que te lean. De lo contrario, vale poco lo escrito.

 

-Pablo Ferrer dice que has encontrado un estilo. ¿Cómo definirías tu estilo, qué buscas en la escritura?

Pablo Ferrer es un pedazo de periodista, pero me quiere demasiado para hablar con objetividad sobre mi persona y los textos que aporreo en los teclados de los ordenadores. En cuanto a por qué escribo, la cuestión aglutina un carácter tan simple y a la vez trascendente como preguntar por qué respiro, por qué veo, por qué como, por qué meo, por qué amo… Porque, al menos en mi caso, representa una actividad vital.

-Vayamos directamente con ‘Tinta en Vena’ ¿Qué es eso, cómo nació ese proyecto? ¿Para quién está pensado?

Hace aproximadamente dos años, un señor me preguntó en el bar Gregorys de la calle Costa si la firma R. Lahoz correspondía con el ser humano que tenía ante sí. Y me dijo luego que seguía las entrevistas y crónicas de tal R. Lahoz y que debería hacer un libro para reunir las más interesantes. La idea gravitaba sobre mi cabeza hasta que en la pasada Noche Vieja decidí llevarla a cabo. Fue una noche especial que pasé en un hospital, una noche muy recomendable para quien quiera discernir lo esencial de lo accesorio de la vida. Esa noche fui a ver a mi tía Pilarín al hospital Miguel Servet. Acababan de diagnosticarle un cáncer de colon, temí lo peor y pensé que tenía que leer mi libro antes de que la dolencia fuera a más. Afortunadamente, todo fue bien. Le arrancaron 37 centímetros de intestino, pero ya se encuentra mucho mejor. El alto cuerpo de letra en que están escritos los textos está pensado para que no se canse su vista cuando lo lea, igual que mi tía Inmaculada. Ellas me educaron cuando quedé huérfano a los seis años. A ellas y a mi madre, Carmen, va dedicado el libro. Lo he hecho con celeridad, pues ante todo quería que estuviera para el Día del Libro y lo pudiera leer mi tía. Tanta prisa me he dado, que hasta voy a firmarlo antes de presentarlo, acto que realizaremos en unos días. Desde estas líneas pido perdón a los bastantes familiares y amigos que no les he dicho nada del libro. Ya nos veremos todos en la fiesta de la presentación.

 

-En la primera parte, de columnas, muestras una vena mordaz y satírica: eres demoledor con Javier Bardem, con Pilar Miró, con Zapatero o con Víctor Manuel. ¿Qué te han hecho, qué te indigna?

No hablaré de Pilar Miró, pues se trata de una persona fallecida. En cuanto al resto, no todos, pero sí un elevado porcentaje de las personas que ha citado usted con anterioridad representan un reflejo fiel de la España que padecemos.

-A la vez resultas muy sentimental. Pareces conmovido con los trabajos y los días de Javier Planas...

Javier es un fenómeno. Está volcado con ASPANOA. Se deja la vida por ayudar a las familias que padecen cáncer infantil. Reconozco que me muestro especialmente sensible con esta enfermedad, pero creo a su vez que soy justo con una persona admirable como Javier Planas.

-¿Cuál es la clave de un reportaje deportivo? Por ejemplo el de Cani... 

 

Alejandro Lucea me dijo el tercer día que pisé Heraldo que era fundamental que entendiera mis crónicas el portero de su casa. Además de redactar en un lenguaje sencillo para el lector (no sé si he conseguido satisfacer el consejo de Alejandro…), resulta esencial la perspectiva y el conocimiento del personaje, equipo o competición de que se trate. El caso de Cani fue punto de convergencia de otras circunstancias. Lo conozco desde que nació. Por tanto, disponía de muchísima información para elaborar su perfil.

 

-Para ti el periodismo está vinculado también a la noche. ¿Qué te ha dado la noche, qué te enseña? La noche de las tabernas, la noche del flamenco...

 

Entiendo que se refiere a las crónicas nocturnas del pasado verano aparecidas en Heraldo. Yo creo que surgieron porque el director, Mikel Iturbe, y los subdirectores, Ángel Gorri y Jesús Frago, querían que no les diera la paliza durante todo el mes, que ya se la doy bastante durante todo el año, y me enviaron a hacer unas crónicas por Zaragoza y Aragón. En serio: fue una experiencia bonita, enriquecedora. De noche también se puede disfrutar en vacaciones sin salir de Aragón. En cuanto a la noche en sí, ya dijo Goethe que la noche es la mitad de la vida, y la mejor mitad. Con lo cortita que es la vida, vamos a vivirla enterita, ¿no?

 

-La última parte del libro está centrada en las entrevistas. ¿Cómo te planteas la entrevista, tienes una estética, una línea, te dejas llevar por la intuición?

Puedes obtener mucho más del personaje si se realiza cara a cara, si te concede el tiempo suficiente, si muestra predisposición, si se sincera. Desde luego, si no dice nada interesante, hay que incitarlo con algo. O seducirla, si se deja… Me gusta estudiar al personaje, saber de sus vivencias, de sus amigos, de sus pasiones. Si el diálogo es extenso, mucho mejor, pues así luego puedes extraer lo esencial, acabar y cerrar la entrevista con ideas que atrapen al lector. Me gustaban mucho las entrevistas que hacía Feliciano Fidalgo en El País. La contraportada de La Vanguardia también me parece excelente.

 

-¿Quién te ha impresionado como entrevistado, quién te ha enamorado por su brillantez, por su ingenio, por su humanidad?

Joaquín Sabina tuvo el detalle de concederme la entrevista tras un año y medio de silencio en los medios. Serrat también se portó sensacional, pues llegué tarde a la cita (las circunstancias las  contaré en el próximo libro) y me regaló una entrevista preciosa. A Mister España le apreté muchísimo y supo responder. Igual diría del arzobispo de Zaragoza. La capacidad intelectual de Eduardo Punset, sin duda, es sobresaliente.

 

-¿Quién ha sido el personaje más silencioso, más difícil?

Paco de Lucía. Con la guitarra en la mano está 25 años por delante del resto de los humanos, pero con las palabras es más bien parco.

-¿Qué lugar ocupa el humor en tus textos?

¡Pero si yo soy más triste que un panteón, hombre! El humor es una cosa muy seria: recuerde que existe para recordarnos que por alto que sea el trono en que uno se sienta, todo el mundo utiliza el culo para sentarse.

-Dices que Belío ni Zapater no están la Facultad. ¿Espera  que lo esté un libro como ‘Tinta en Vena’?

Belío y Zapater están en el cielo para desgracia de los que todavía quedamos en la tierra. En cuanto a ‘Tinta en Vena’, me comentaron que el reportaje ‘Y me diste de beber…’, esto es, la noche religiosa que pasé con Mila, una polaca que quitaba el sentido, fue utilizado en septiembre pasado para un examen de Bachillerato de análisis de texto en un colegio zaragozano. Aunque ya dije que con que mis tías Pilarín e Inmaculada lo puedan leer sin que se les canse demasiado la vista, y que mi madre piense desde allá arriba que la cesárea que le practicaron sirvió para algo, me doy por satisfecho. Si los lectores lo pasan bien conmigo, mucho mejor. Aunque debo confesarle que también lo escribí para que Antón Castro me hiciera algún día una entrevista…

 

*La foto es de Aurelio María Rodrigo Villuendas.

VICKY MÉNDIZ Y SHINO HISANO, EN EL CENTRO DE HISTORIAS

VICKY MÉNDIZ Y SHINO HISANO, EN EL CENTRO DE HISTORIAS

 

Esta tardes, martres 24 de abril, a las 19.00, se inaugura la exposición 'UTSUROI' de la fotógrafa Vicky Méndiz con la con la pintora japonesa Shino Hisano.

Será en el espacio Tránsito del Centro de Historias de Zaragoza.

La exposición podrá verse hasta el 1 de julio de 2012.

 

Este es el dossier de la obra: [UTSUROI es una palabra japonesa que se utiliza para expresar el cambio y el movimiento lento cuando se ocupa un espacio vacío o el fluir de un estado a otro, como el movimiento del agua o las sombras.

Para la instalación que presentan en el Centro de Historias de Zaragoza, las artistas Vicky Méndiz (Zaragoza) y Shino Hisano (Sapporo) han asociado el concepto de UTSUROI con el libro “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo” del escritor japonés Haruki Murakami. Para desarrollar este proyecto de investigación han seleccionado fragmentos del libro relacionados con el proceso de cambio interno, la búsqueda, la esperanza, el dolor y la soledad de unos personajes que conviven en lugares dónde no están definidos los límites entre consciente e inconsciente.

Espacios en los que lo visible y lo invisible están estrechamente unidos.

La instalación UTSUROI representa el diálogo que Méndiz e Hisano plantean con

la obra y pensamiento de Murakami. Este diálogo transcurre a través de diferentes lenguajes: la fotografía, la pintura y finalmente las palabras.

Vicky Méndiz y Shino Hisano].

HOY EN LA FERIA DEL LIBRO

HOY EN LA FERIA DEL LIBRO

HOY, FIRMAS EN PORTADORES Y EN XORDICA...

Hoy, en el Día del Libro, estaré por la mañana, a partir de las once y media en Los Portadores de Sueños, para firmar ‘El testamento de amor de Patricio Julve’ (Xordica), con portada de Luis Grañena, y ‘Versión original’, una antología poética con muchos inéditos en Isla de Siltolá; compartiré caseta con Ismael Grasa y Santiago Gascón. Por la tarde, firmaré ‘El testamento de amor de Patricio Julve’ y ‘Fotografías veladas’, ambos libros en Xordica, a partir de las seis. Si pudiera, a última hora, me pasaría por la caseta de Olifante por si alguien quiere que le firme ‘El paseo en bicicleta’. Si alguien está interesado será un placer. La foto que coloco aquí me la hizo Daniel Mordzinski en París, en la sede del Instituto Cervantes.

ADIÓS A FEDERICO TORRALBA: CARTA EMOTIVA DE PABLO RICO

 ADIÓS A MI MAESTRO FEDERICO TORRALBA

Por Pablo José RICO LACASA

Desde México.

 

Ha muerto D. Federico Torralba, mi Maestro… Siempre lo fue, lo será hasta el final de mi tiempo. A D. Federico le debo buena parte, la principal, de mi devoción y compromisos con el arte, los artistas, la sensibilidad creadora. De él aprendí los fundamentos de este carisma que es la creación artística. Fui su aprendiz en la Universidad de Zaragoza, en sus clases a las que asistía siempre maravillado; su agradecido sustituto cuando tuve el honor de sucederle al frente de la Cátedra Goya y la jefatura de la Sección de Historia del Arte de la Institución Fernando el Católico que él creó e impulsó durante décadas. Y también su humilde colega cuando afrontamos algunas tareas heroicas como organizar la primera exposición antológica de Goya en Venecia en 1989. Qué pena tan grande que mi actividad profesional por esos mundos de dios me privó de estar más cerca de D. Federico la mayor parte de mi vida. Aun con todo siempre me ha acompañado en la distancia y guiado con el recuerdo de su ejemplo y sus palabras (atesoradas) en mi memoria…

 

Desde hace años realizo conferencias-performance en las que intento narrar y desvelar las claves de mi oficio, lo que llaman “curator” internacional, y que he reinventado como “arterapeuta homeópata”… En mis acciones siempre hablo de D. Federico y de qué modo cambió el curso de mi vida y despertó mi vocación por el arte. Cuánto le debía, le debo, dios… ––y él a lo peor sin saberlo––. Es que somos tan pudorosos…

 

Lo que poca gente sabe, sólo mis íntimos, es que algunos de los hitos más grandes y decisivos de mi carrera profesional están ligados a D. Federico. Él fue el “médium” que sin saber hizo posibles los milagros de mis exposiciones sobre Goya o el Settecento Veneciano, por ejemplo. Ahora, en este velatorio de palabras, voy a desvelar una historia mágica en la que D. Federico ofició de Maestro-chamán y dio un vuelco a mi vida…

 16 de agosto de 1978: llego por primera vez a Venecia en un viaje con amigos luego de acabar la carrera; es nuestro tour de estudios a Italia. Reconozco en la primera noche toda la ciudad según había aprendido de D. Federico, un enamorado de Venecia, un veneciano adoptivo. Al día siguiente me empeño en visitar las Galerías de la Academia. Nos separamos en el interior y luego de un buen rato contemplando las maravillas de ese museo me detengo frente a un pequeño cuadro de Pietro Longui… Salgo de mi ensimismamiento cuando percibo una especie de descarga emocional en mi espalda; me giro, y reconozco a D. Federico detrás contemplando La tempestad de Giorgione… Entre asombrado e incapaz de contener mi alegría me dirijo a D. Federico y le espeto una frase absolutamente desmedida: “Pero D. Federico… ¿Qué hace Ud. aquí?”… ––No menos sorprendido por mi aparición insospechada, D. Federico me contesta entre alegre y ofendido: “¡Joven!... qué pregunta tan estúpida, ¡yo soy el veneciano!… ¿Qué hace Ud. en mi ciudad?”... Y de seguido nos saludamos efusivamente y abrazamos en medio de aquellos pasillos museales sin convencionalismo alguno.

 A los minutos aparecieron mis amigos y no daban crédito de nuestro encuentro casual. D. Federico se puso a nuestra entera disposición los siguientes dos días que estuvimos en Venecia. Con él entré a lugares cerrados o prohibidos. D. Federico me contó algunos de los secretos venecianos mejor guardados. Él me enseñó a caminar por la ciudad-laberinto a ojos ciegas, sin cuidado a perderme. D. Federico fue también mi maestro de Venecia, que es decir de la vida… Y de paso comimos y cenamos en algunas de las trattorias y cafés que años después fueron mis lugares comunes en Venecia. Con él visité, por ejemplo, por primera vez el Hotel Monaco & Grand Canal donde siempre se alojaba… y el Harry’s Bar, y tantos otros sitios en un par de días imborrables.

 Entonces deseé ser veneciano como D. Federico. Qué locura, en 1978, recién licenciado, además que dudaba si dedicarme al arte o a la investigación histórica, mi otra especialidad universitaria, inseguro de mi futuro profesional. Pero deseé con el vientre que volvería a Venecia, que haría “cosas” en esa ciudad, que volvería quizás a Venecia otra vez con D. Federico y le haría un gran regalo en agradecimiento por aquellos días tan extraordinarios. Lo deseé con absoluta convicción y abandono al destino…

Desde aquel primer encuentro veneciano no dejé de ir a Venecia al menos un par de veces al año: que si para las bienales o en algunas fiestas señaladas, o viajes de enamorados siempre que se daba la ocasión. Así durante años fui haciendo amigos y conocidos en Venecia, sintiéndome cada vez más veneciano, oficiando también de maestro para otros en sus respectivas “primeras veces”… Hasta que un día, a finales de mayo de 1988, en la inauguración de La Bienal, en un pequeño corro de amigos, el Concejal de Cultura de Venecia me dice en voz alta, con urgencia: “Bueno, Pablo… Ya es hora que nos propongas algo para hacer juntos en Venecia… ¿Qué se te ocurre para el año que viene?”… Y entonces, entre azorado y valiente, improvisando, le contesto orgulloso y retador ante el Alcalde de Venecia, el Embajador español en Italia y mi amiga y cómplice Daniela Ferretti, entre otros: “Por supuesto, Goya”… Imaginen la cara de estupefacción de los presentes, incluso la mía… “¡Goya!”, qué locura… Me estaba comprometiendo a organizar la primera exposición de Goya en Italia, asunto que el mismo Museo del Prado llevaba retrasando hacía años. Además, en aquellos tiempos apenas contábamos con “goyas” exportables en Zaragoza… Pero todos acordaron que sí, que aceptaban mi propuesta y me daban hasta después del verano para que preparara el guión de la exposición, les convenciera de su viabilidad… Aunque entusiasmado por la idea que había expresado espontáneamente (y con extrema temeridad), aquella noche apenas pude dormir por el compromiso que había adquirido.

 

Recuerdo que aquellos tres meses de verano los pasé absolutamente sumergido en Goya y en averiguar el paradero de sus pinturas en colecciones particulares, españolas e internacionales. Conté con numerosísimas y valiosísimas colaboraciones que me aportaron información y contactos directos, entre ellas, quizás la más relevante, la de Soledad Lorenzo que unos años antes había participado en la Europalia española y contaba con un fantástico “catálogo” de coleccionistas de Goya. En septiembre viajé a Venecia y les convencí de mi guión y su viabilidad. En octubre, en las fiestas del Pilar, una delegación italiana vino a Zaragoza y allí se firmó el compromiso de colaboración… ¡Qué locura, qué atrevimiento! Si todavía no teníamos asegurada ni una sola obra… y nos comprometimos a inaugura la exposición antológica para el próximo mayo, apenas siete meses después… De inmediato organicé un pequeño equipo entusiasta con mis “becarios” en el Museo Pablo Gargallo que entonces dirigía. María José, María Jesús, Celia, Ana Isabel y Ricardo formaron mi “equipo de choque”; y aunque bisoños y jovencísimos (unos 25 años de media) trabajaron a mis órdenes con un entusiasmo más que heroico… ––a menudo 12 horas al día, algunas veces hasta la madrugada, que contactábamos por teléfono o fax con los museos y colecciones de América. Tuvimos mucha suerte, a lo mejor demasiada, y aunque hubo más de una “traición” y numerosísimas zancadillas en el camino, logramos nuestro objetivo con algo más que eficacia… Es justo recordar que para ello contamos con el apoyo y total confianza de “nuestros” políticos de referencia: José Manuel Díaz Sancho, mi concejal de cultura entonces, y Antonio Piazuelo, diputado de cultura de la Diputación de Zaragoza. Y aunque el compromiso de colaboración había sido firmado por la Diputación provincial, el Ayuntamiento de Zaragoza y el Comune de Venecia, las gestiones efectivas las llevábamos directamente Daniela Ferretti y yo con nuestros respectivos equipos de trabajo.

 

Por supuesto, en el Comité Científico que me asesoraba figuraba D. Federico Torralba… ¿cómo no?; y D. Julián Gallego, otro de mis maestros ejemplares… En aquellos meses de preparación de la exposición viajaba prácticamente cada dos semanas de Zaragoza a Venecia. ¿A que imaginan dónde me hospedaba siempre que había habitaciones libres? Pues en el Hotel Mónaco & Gran Canal… ¿Y dónde cenaba y tomaba mis cafés? Pues en los que me había “iniciado” D. Federico diez años antes… ¿Y cómo recorría Venecia? Pues a ojos ciegas por los caminos y atajos que D. Federico me había guiado… ¿Quién habría apostado en 1978 que un día todavía lejano e incierto un joven “agitador” artístico zaragozano iba a organizar una exposición antológica de obras de Goya en Venecia, en uno de sus palacios más imponentes, el Ca’Pesaro?... Es la fuerza del deseo, ni más ni menos; las convicciones y los compromisos que aprendí de mi maestro en artes y venecias… De eso se trata, de deseos, de convicciones, de “amor fati”, de “amor al arte” ––estúpido––… no de la lógica ni lo razonable…

 El siete de mayo de 1989 inauguramos nuestra exposición Goya: 1746-1828 en el Ca’Pesaro, a orillas del Gran Canal. La muestra se componía de 48 pinturas, 5 dibujos y 220 grabados y litografía originales. Unos meses antes de la inauguración, el entonces Director del Museo del Prado, Alfonso Pérez Sánchez, se “descolgó” del Comité Científico y anuló el préstamo de obras que se había comprometido con los más peregrinos e injustificados argumentos, entre ellos su negativa a que se expusiera un dudoso cuadro recientemente atribuido a Goya: el presunto boceto del Aníbal cruzando los Alpes que Goya habría pintado en Italia y presentado al concurso de la Academia de Parma en 1771. D. Federico, que había exhibido este cuadrito poco tiempo antes por primera vez en una exposición local me convenció de que era un verdadero Goya desconocido, y yo le creí e hice míos sus argumentos que defendí directamente frente al director del Prado. La consecuencia final fue la negación del museo nacional de las obras apalabradas… Pero el Aníbal cruzando los Alpes se expuso definitivamente en Venecia. Era el único cuadro en la exposición pintado en Italia por Goya… “Goya, ritorna a Italia”, señalaron los medios de comunicación italianos e internacionales convocados a la apertura de la muestra… Lo curioso y significativo es que pocos años después “se encontró” un manuscrito inédito de Goya con dibujos y anotaciones que avalaban ya sin dudas algunas pinturas “cuestionadas” de Goya, sus auténticos puntos de partida. Entre ellos estaba el dibujo preparatorio del Aníbal cruzando los Alpes… Hoy, aquella pintura que exhibimos en Venecia, tan controvertida, forma parte de la colección del Museo del Prado y se presenta como la primera obra exactamente datada y documentada de Goya en el museo nacional… Ay, el valor de las creencias, las convicciones, la confianza y la lealtad en el arte… ¿Cómo hemos perdido tales valores?

Aquel fue mi primer gran regalo a D. Federico…

 El segundo, acaso menos heroico pero más evidente, aconteció un año después, en Zaragoza. Como segunda parte del compromiso veneciano-zaragozano empezamos a organizar una excepcional exposición de arte del settecento veneciano. Contar con la coproducción del Comune veneciano nos permitió reunir una impresionante exposición de pintura, dibujos y grabados venecianos de aquellos tiempos coincidentes con Goya. Settecento Veneciano se inauguró simultáneamente en el Palacio de La Lonja y en el Palacio de Sástago, en Zaragoza, a primeros de octubre de 1990. La muestra estaba formada por 87 pinturas, 29 dibujos y 189 grabados originales de artistas de la importancia de Piazzetta, Carlevarijs, Canaletto, Guardi, los Longhi, los Tiepolos, Ricci, etc., procedentes de más de cincuenta colecciones, museos e iglesias monumentales de Italia y Europa. Seguramente ha sido la exposición más importante de arte histórico en Zaragoza, y una de las más valiosas realizadas en España. Aun con todo no fue tan “heroica” como la antológica de Goya en Venecia, pero sí más decisiva en mi vida…

 

Apenas una semana después de inaugurar, recibí una llamada telefónica con acento mexicano. Me llamaba un alto funcionario de Relaciones Exteriores mexicano… Me contaba que su “jefe” conocía de la existencia de nuestra exposición y que, enamorado de Italia y la pintura veneciana, quería a toda costa intentar prorrogar su itinerancia a México… ¡Pero qué locura ––pensé en mis adentros! Al funcionario le puse en conocimiento de la complejidad de lo que estábamos tratando, su coste, nuestra dependencia con los acuerdos suscritos con todos los museos y colecciones, su temporalidad. Pero él, tenaz, me insistió e insistió y al final no pude por menos que responderle con mi frase favorita, mi frase talismán en la vida y en mi carrera profesional: “¿Por qué no?... venga y hablamos en directo, vemos lo que podemos hacer”…

 

Dos días después el alto funcionario estaba en Zaragoza junto a dos de sus asistentes, a su vez también reconocidas profesionales. De primeras nos caímos bien y reconocí en él semejante entusiasmo que el nuestro en la pasada experiencia de la exposición de Goya. Nos pusimos de acuerdo y durante tres días, nosotros dos y nuestros respectivos equipos nos comunicamos con todas las colecciones de origen para negociar la prolongación del préstamo. Conseguimos en ese escaso tiempo la conformidad para la prórroga y viaje a México del 92% de las obras en Zaragoza. El Settecento Veneciano se inauguró por fin en la Ciudad de México el 17 de enero de 1991, exactamente mientras los aviones bombardeaban Bagdad en el inicio de la primera Guerra del Golfo. Por supuesto que el recorrido junto con el Presidente mexicano fue el más rápido que he hecho en mi carrera profesional, apenas veinte minutos… Y es que tenía que volver a la residencia presidencial a dirigirse al país e informar de los acontecimientos históricos de esas horas…

 

Mi primer viaje a México me fascinó. Empecé a conocer el país, a tener amigos allí, a visitarlo con cierta frecuencia como había hecho en Venecia años antes. El alto funcionario con el que negocié la continuación de la exposición en México fue nombrado meses después Secretario de Cultura de México, es decir, ministro; cargo que ocupó siete años en dos mandatos presidenciales sucesivos. Su nombre, respetadísimo y añorado hoy en día, es Rafael Tovar y de Teresa. Sus asistentes de lujo eran Miriam Molina, entonces directora del Museo Nacional de Bellas Artes, y Miriam Kaiser, seguramente la profesional del arte y la museología más respetada en México, maestra de al menos tres generaciones; amiga y también maestra para mí…

 

Qué maravilla y sorprendente que desde hace tres años mi residencia sea Ciudad de México, ¿no? ¿o no…? Y que deseo firmemente que ésta ciudad y este país sean mis lugares familiares el resto de mi vida. Ciudad de México, la antigua Tenochtitlan, la “Venecia” mexicana… Ay, D. Federico se ha muerto sin saber esta historia que ha trenzado mi vida desde aquel encuentro “necesario” e iniciático en Venecia hace casi treinta y cuatro años… Estoy seguro que se habría reído y comentado entre dientes: “¡Qué cosas tiene Ud., joven! Es un soñador y fabulador incorregible. Qué voy a hacer de Ud.”… ––Ay, Don Federico, me anego en lágrimas sólo con nombrarle––…

 

¿Y si le contara, D. Federico, que también mi relación con el arte contemporáneo está intensamente ligada a Ud.?  D. Federico Torralba fue uno de los promotores del arte contemporáneo en la España de la posguerra. Él fue el organizador de la primera exposición de arte abstracto en la España de entonces, el sustento teórico y “aval” del mítico Grupo Pórtico zaragozano, pioneros de la pintura abstracta española, el “maestro” de artistas tan significativos como Saura, por ejemplo. En su magnífica biblioteca particular vi por primera vez los Mirós que me fascinaron… y años después acabé siendo Director de la Fundación creada por Miró en Mallorca, en su territorio de trabajo y vida familiar más íntimos. Gracias de nuevo, D. Federico…

 

¿Y qué decir de sus enseñanzas sobre el arte oriental y especialmente sobre el arte japonés? D. Federico era uno de los pocos catedráticos con profundos conocimientos de arte oriental en España. Yo asistí a sus clases de arte oriental tan impresionado como entusiasmado por tal belleza extraña a nuestra sensibilidad. Son incontables las cosas que aprendí sobre los temas orientales aquellos años: en sus clases, en su magnífica biblioteca particular especializada, en su importante colección de arte y objetos orientales que atesoraba en su casa… Acaso aquella información previa, mi sensibilidad educada por D. Federico, explique de algún modo mi tropismo por Oriente, por Japón, por los artistas del extremo oriente. Y conecte hechos aparentemente independientes. Por ejemplo, que mi primer viaje “largo” y primeras conferencias internacionales las dicté en Tokyo en 1984, precisamente acerca del “joven Goya”, que un año después organicé la primera exposición de pintura contemporánea japonesa en España, en Zaragoza, y que soy uno de los escasísimos curators internacionales que ha trabajado y realizado algunas de las exposiciones mayores de artistas orientales contemporáneos como Nam June Paik, Yoko Ono (quince exposiciones internacionales en seis años), Hidetoshi Nagasawa, Tadashi Kawamata, Xu Bing… O que mi querido amigo perro actual sea un Akita japonés de nombre Taro (“hijo primogénito”)… Y es que imantamos las cosas del universo, sus acontecimientos, con nuestros más limpios deseos… ¿Por qué no?

 

Gracias, D. Federico por haber sido mi Maestro, mi guía, mi mago-chamán, aun sin saberlo… o yo qué sé… Gracias por haberme enseñado lo que sé en “arterapias homeopáticas”, es decir, el modo de cambiar el mundo por amor al arte y hacer feliz a la humanidad gracias al poder alquímico del arte y la imaginación. A estas horas me siento huérfano en el alma. Pero reconfortado con su recuerdo, sus imágenes, sus consejos, su ejemplo, sus palabras que leo mientras tanto. Descanse en paz en la Venecia de los cielos y transite feliz hasta la isla en la que morará el resto del tiempo por devenir. Le visitaré cuando pueda en Zaragoza y en Venecia y le contaré cómo me va la vida a este lado del mundo, en la “Venecia” mexicana… Aquí me quieren, no se preocupe, D. Federico. “Es un amor de antes de la guerra”…

Pablo J. Rico, Venecia-Tenochtitlan.

 

*Las dos primeras fotos son de Vicente Almazán, ese fotógrafo imprescindible y dulce que recorre Zaragoza y el mundo con paso sigiloso, como si fuera el hombre invisible, y la última pertenece a José Garrido Lapeña, fotógrafo que trabaja en el Museo Provincial desde hace muchos.