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Antón Castro

LA NOVELA PÓSTUMA DE FÉLIX ROMEO EN LA BUENA VIDA DE MADRID

LA NOVELA PÓSTUMA DE FÉLIX ROMEO EN LA BUENA VIDA DE MADRID

[Daniel Gascón firma en ‘El país.com’ una crónica de la presentación de ayer de ‘Noche de los enamorados’ de Félix Romeo en ‘La buena vida’. En la foto, Miguel Aguilar, David Trueba, Aloma Rodríguez y Martín Casariego. El enlace es http://cultura.elpais.com/cultura/2012/03/01/actualidad/1330601949_311028.html]

TODAS LAS CANCIONES DE FÉLIX

 

Por Daniel GASCÓN. 

La muerte del escritor Félix Romeo (Zaragoza, 1968–Madrid, 2011) conmocionó a buena parte del mundo de las letras españolas. La presentación de su novela póstuma, Noche de los enamorados (Mondadori), sirvió para rendir homenaje ayer en la librería madrileña La Buena Vida a una personalidad irrepetible e inclasificable.

Noche de los enamorados –que sale acompañado de ¡Viva Félix Romeo!, un volumen que recoge algunos de los textos que sus amigos escribieron tras la muerte del escritor– cuenta la historia de Santiago Dulong, el compañero de celda de Romeo en la cárcel de Torrero en Zaragoza. Romeo estaba condenado por un delito de insumisión. Dulong, falangista y católico, había matado a su mujer. Unos meses después de su primer encuentro, que se produjo el 14 de febrero 1995, Dulong fue sentenciado a un año y un mes de cárcel por imprudencia temeraria y malos tratos. Noche de los enamorados, que Félix Romeo entregó a su agente poco antes de su muerte, es una indagación en torno a las vidas de Dulong y su esposa, María Isabel Montesinos, y una reflexión sobre la justicia, las palabras y la dignidad. “Un libro perturbador, incómodo, valiente, fascinante”, en palabras de Martín Casariego, que emparentó la novela con Amarillo (Plot, 2008), donde Romeo escribía sobre el suicidio del escritor Chusé Izuel.

Entre los asistentes a la presentación estaban muchos de sus grandes amigos: escritores como Ignacio Martínez de Pisón, la narradora y periodista Lara López, Amaral, Fernando Trueba (que dirigió la película Salida del insumiso Félix Romeo de la cárcel de Torrero), Marcos Giralt, Gabriela Wiener, Ramón González Férriz, o los editores Manuel Borrás, Claudio López de Lamadrid, Andreu Jaume y Miguel Aguilar. Martín Casariego hizo un repaso por la literatura de Romeo, poblada de “personajes desarraigados, periféricos. Con su literatura no buscaba agradar, sino que buscaba remover”. La narradora Aloma Rodríguez –que leyó un texto del escritor, “Por qué escribo”- habló de la influencia de Romeo en varias generaciones de artistas: “nos hizo mejores y más felices: nos recomendó libros, nos habló de escritores, de músicos, de películas, de discos, nos llevó a restaurantes nuevos, a bares, nos compró chucherías, discutimos con él, y, aunque no tuviera razón, siempre consiguió que pensáramos las cosas desde otro punto de vista, nos hizo sentirnos importantes y demostró que casi todo puede ser tema literario si se hace bien y con honestidad”. David Trueba señaló que “todo lo que ha escrito era fruto de una terrible prueba de autocrítica y despojamiento de la literatura entre comillas, hasta llegar a Noche de los enamorados, un libro demoledor y abrasivo donde no sobra ni una sola palabra”. Para Trueba, se trata de una especie de Cara B de la idea del amor de Romeo: “Félix Romeo era un hombre que vivía permanentemente en el día de los enamorados. En este libro estudia lo que sucede ese día cuando llega la noche. A él, que era un enamorado del amor, le intrigaba cómo el sentimiento amoroso puede transformarse en algo miserable y ruin. Como sucede a menudo, al escribir un libro aparentemente muy alejado de él, que trata personajes sórdidos, escribió sobre sí mismo. En Noche de los enamorados Félix está presente en cada análisis y en cada emoción”. El libro refleja también algunas de sus obsesiones: “Recuerdo que, cuando lo condenaron, una de las cosas que más le molestaban era lo mal redactada que estaba la sentencia. En todo, en su propia sentencia o en la telebasura, creía que siempre hay un espacio para hacer las cosas bien. Y Noche de los enamorados es un cuestionamiento del sistema judicial español y de la forma en que los periódicos cuentan los crímenes”. Una de las ideas centrales del libro es que María Isabel Montesinos no solo fue asesinada por su marido, sino que fue condenada por los medios y por los encargados de la investigación: exprostituta, alcohólica y desamparada, parecía que su marido solo hubiera acelerado un inevitable proceso hacia la destrucción. “El libro habla de lo mal que se condena en España, de cómo se escribe de sucesos, y también es un intento de contar las cosas como son, luchando contra las definiciones y las categorizaciones”, explicó David Trueba, que dijo que esperaba que Romeo estuviera oyendo lo que se decía en alguna parte: “No creo en el espiritismo ni en la vida después de la muerte, pero creo en Félix. Y me parece que la muerte es poca cosa para él. Hoy, todos los libros y todas las canciones hablan de Félix Romeo”.

 

* Daniel Gascón (Zaragoza, 1981) es autor de La edad del pavo, La vida cotidiana y El fumador pasivo. Es coguionista de la película de Jonás Trueba Todas las canciones hablan de mí. Colabora en Letras libres y en el suplemento Artes & Letras de Heraldo de Aragón. Ha traducido a autores como William Faulkner, David Vann, Christopher Hitchens y Sherman Alexie.

 

MARIANO GISTAÍN ABRE EL BLOG 'AL ALBA' EN 'HERALDO DE ARAGÓN'

MARIANO GISTAÍN ABRE EL BLOG 'AL ALBA' EN 'HERALDO DE ARAGÓN'

Mariano Gistaín, uno de los columnistas más sobresalientes de la prensa aragonesa de los últimos treinta años, acaba de abrir un blog en Heraldo de Aragón.

http://blogs.heraldo.es/al-alba/

Ayer, publicó este artículo sobre Andy Warhol: ‘Cápsulas de tiempo’.

Por Mariano GISTAÍN

Estrella de Diego dijo en su conferencia de Ibercaja que Andy Warhol era un pintor clásico obsesionado con la muerte. Valerie Solanas le pegó unos cuantos tiros a su adorado Warhol, quien reconvirtió sus cicatrices en un cuadro. Warhol se adelantó (también) a la fiebre de registrarlo todo en fotos, vídeos, sonidos, textos…

Se hizo un youtube interminable y congeló la huella de sus días en 612 cajas de cartón: tickets, notas, lápices, recortes de revistas, fotomatones, polaroids… Y también introdujo bocetos, facturas y cuadernos de apuntes para el futuro. Llamó a esas cajas cápsulas de tiempo. Aún siguen abriéndolas poco a poco y sorprendiéndose en el museo de Pittsburg.

Warhol se dolía de la vida anónima, quería ser rico, guapo y famoso como pasos previos a la inmortalidad. Contra la soledad y la muerte porfiamos hoy en las redes sociales, en un mundo que Andy predijo con sus creaciones, sus frases, sus libros y su vida.

Warhol está en Ibercaja. Las cápsulas de tiempo, en este momento en que todos somos recortables, son un lujo: ocupan demasiado espacio. Por eso las subimos a la nube.

DANIEL GASCÓN: LECTURA DE 'NOCHE DE LOS ENAMORADOS' DE FÉLIX ROMEO

DANIEL GASCÓN: LECTURA DE 'NOCHE DE LOS ENAMORADOS' DE FÉLIX ROMEO

[Daniel Gascón publica en su blog esta extensa nota sobre el libro de Félix Romeo: ‘Noche de los enamorados’ (Mondadori). Esta tarde se presenta en libro en la librería La Buena Vida de Jesús Trueba y cía en Madrid con la presencia de Aloma Rodríguez, Martín Casariego y David Trueba, y el editor Miguel Aguilar.]

 

 

‘NOCHE DE LOS ENAMORADOS’

 

Por Daniel GASCÓN*

Es una gran tragedia que Félix Romeo haya muerto tan joven. Es una gran tragedia sobre todo para él, pero también para la gente que lo quería y que nos hemos beneficiado de su inteligencia infatigable y su entusiasmo contagioso por la cultura, por los afectos y por la vida. Esa personalidad arrolladora a veces puede diluir lo que yo creo que Félix era por encima de todo: un escritor. Y un escritor que, como demuestra este último libro y como demuestran sus colaboraciones en prensa, estaba en plenitud de facultades y tenía todavía muchas cosas que darnos. Sin que sirva para paliar el dolor, es emocionante pensar que Félix Romeo tuvo tiempo de terminar y entregar a su agente un libro tan estremecedor y potente como Noche de los enamorados, un libro en el que creía profundamente y que recoge muchas de las cosas que le preocupaban. He editado bastantes textos de Félix y he estado en contacto directo con muchos de sus editores. Y Félix tenía ese elemento aparentemente caótico y torrencial, pero cualquiera de sus editores reconocerá su profesionalidad, su compromiso con la escritura. Siempre entregaba a tiempo. E incluso al final ha muerto antes de tiempo, pero ha entregado su libro a tiempo.

Como sabéis, Noche de los enamorados habla del compañero de celda de Félix Romeo, Santiago Dulong. Félix lo conoció en la cárcel de Torrero, el 14 de febrero de 1995, donde estaba condenado por un delito de insumisión. Dulong, falangista y católico, había matado a su mujer, María Isabel Montesinos Torroba. Es posible que también hubiera asesinado a su primera mujer. En el juicio, celebrado unos meses después de ese encuentro, Dulong fue condenado “a las penas de treinta días de arresto menor por la falta de malos tratos de obra y un año de prisión menor por el delito de imprudencia temeraria”. Imprudencia temeraria quiere decir aquí estrangularla. Tras ese encuentro azaroso, Félix rumió y convivió, a lo largo de los años, con esa historia y con sus interrogantes: ese crimen y esa convivencia es lo que ha contado en esta novela. La escena del crimen, la primera parte, relata la vida de estos dos personajes y el momento en que Félix conoce a Dulong. La segunda parte, Los hechos probados, se centra en el homicidio y en la sentencia. Noche de los enamorados tiene mucho de investigación, y al leerlo pensaba en los libros de Modiano, uno de los autores preferidos de Félix, o en una de sus series de televisión favoritas, Crímenes imperfectos. Pero sobre todo creo que entronca con la tradición intelectual más noble: la de Voltaire, la de Zola o de Sciascia, donde un escritor detecta una injusticia y la denuncia. También es el relato de cómo se hace esa investigación. Félix entra en los foros de internet de las ciudades donde vivió la familia de María Isabel, pide informes de registro civil, visita la cofradía zaragozana del “Prendimiento del Señor y el Dolor de la Madre de Dios”, a la que Dulong perteneció “devotamente desde su fundación en 1947” y a la que también perteneció María Isabel, repasa el relato de los hechos en los periódicos aragoneses. También aparece otra de las cosas que le interesaban mucho a Félix Romeo: la historia de Zaragoza. Dulong era el bisnieto de Santiago Dulong Serrano, el primer alcalde republicano que tuvo la ciudad, en 1873. Santiago Dulong Serrano estuvo en la cárcel por sus ideas, mientras que su bisnieto fue a prisión por matar a su mujer: ese contraste no se subraya, pero está ahí. Félix Romeo sigue el rastro de Dulong Serrano en los periódicos de la época y en los libros de escritores aragoneses como Juan Moneva y Puyol. En la investigación de la vida de Santiago Dulong y María Isabel Montesinos Félix encuentra muchas cosas, pero también encuentra callejones sin salida, obstáculos burocráticos e incógnitas.

Dice Félix: “Este no es un libro sobre la justicia imposible que se administra sobre los muertos, sino un libro sobre las palabras. Palabras jurídicas. Palabras periodísticas. Palabras médicas. Palabras policiales. Testimonios orales. Palabras al viento, como el que azota ahora las ventanas de la habitación en la que escribo”. Noche de los enamorados es también una forma de levantar las palabras para ver qué hay debajo. Y Félix Romeo, que era un gran aficionado a los diccionarios y escribió muchos, recurre con frecuencia al Diccionario de la Real Academia para buscar las palabras. Arcadi Espada dice que en cuanto detectas lo que oculta un eufemismo, ya lo has desactivado. Ese es uno de procedimientos que emplea Félix, pero no el único. Dice Félix también: “Tengo que agarrar esas palabras que describen lo que sucedió instantes antes de la muerte de María Isabel”. He leído varias veces el libro, y me impresiona su composición: la habilidad con la que Félix juega con los tiempos y con los testimonios, la importancia de los detalles, como la caída del pelo en la cárcel o el pelo que Santiago Dulong le corta a su mujer para dejarla “pelona” y quitarle su atractivo, como el dolor que siente Dulong al orinar y la meada de su mujer en el patio de casa horas antes de morir. Es un libro breve, pero lleno de cosas, donde todo significa mucho y no hay ningún elemento colocado por azar.

Noche de los enamorados también es un libro obsesivo, febril. Félix Romeo tuvo durante mucho tiempo ese caso en la cabeza, y no es difícil imaginarlo escribiendo de madrugada. Pocas lecturas me han transmitido una sensación comparable de intensidad e intimidad. Como en muchos de sus textos, hay un elemento metaliterario, una reflexión sobre lo que está escribiendo y sobre cómo debe leerse. Hablando de un policía que investigó los hechos con el que intenta contactar, dice: “Así que aquí falta su nombre y también falta su versión de la historia, o lo que ahora recuerde de esa historia que sucedió hace dieciséis años y que yo, no sabe por qué motivos, porque yo tampoco los conozco, vengo a remover, y de los que no pueden salir más que moscardas, gusanos y mal olor”. Y este libro, de una manera extraña, es una especie de autobiografía iceberg que casi puede pasar inadvertida porque, quizá al contrario de lo que parecía, Félix Romeo era un hombre muy pudoroso. Aquí Félix habla de su llegada a la cárcel, en unas páginas tremendas sobre el mal olor y la suciedad, que son dos de los temas de Noche de los enamorados. Habla también de su carrera de escritor: ingresa en prisión nada más publicar Dibujos animados. Su segunda novela, Discothéque, aparece también en el libro, porque es una novela que tiene mucho que ver con la violencia y la cárcel y hay un personaje inspirado en Dulong. También aparece Amarillo, el libro donde Félix hablaba del suicidio de su amigo Chusé Izuel. Noche de los enamorados tiene que ver mucho, además, con la escritura esencial y testimonial de Amarillo. Aparece también el programa de televisión La Mandrágora. Y aparece su novia, la pintora Lina Vila, que le ayuda en la investigación y ha hecho una portada en perfecta sintonía con Noche de los enamorados. Ismael Grasa ha dicho que es el libro del hijo de un policía, y creo que es una observación brillante: es una investigación corregida. También creo que Dulong es una especie de retrato en negativo, de opuesto o, como se dice en la Guerra de las Galaxias, de reverso tenebroso de un hombre enamorado del amor, que presumía de que tenía el nombre muy bien puesto: “Feliz Romeo”. Hay un momento en el que Félix se pregunta por qué le atrae esta historia y habla de “asomarse a un espejo oscuro”.

 

Félix Romeo tenía una idea moral de la literatura. La hemos visto en sus libros y en sus críticas. Una vez me dijo, en La Caja de los Hilos, “La literatura se escribe contra el mal”. No creo que este libro sea una manera de ajusticiar a unos difuntos y no me cuesta nada imaginar a Félix huyendo de cualquier interpretación solemne, pero creo que sí que es un libro sobre la justicia, y en cierta manera un intento de reparación. Félix Romeo habla de: “la evidencia de que la víctima se ha convertido en culpable. Ha pasado a ser la responsable de su asesinato. La que va a ser realmente juzgada”. Es un libro humanista, valiente y generoso: es la defensa de una víctima, no solo ante su asesino, sino ante la pereza, el apriorismo, la negligencia y la indiferencia que conspiran para admitir que, más o menos, Dulong solo dio un empujón a su mujer hacia la muerte. Es un libro contra la clasificación y la generalización: contra el psicólogo que, cuando le entrega un test a Félix en la cárcel y él se niega a responderlo, dice que ya se lo esperaba. Contra los policías que dicen que están hartos de tener que ir a casa de Santiago Dulong y que la próxima vez que los avisen sea cuando haya sangre. Es decir: una exprostituta, alcohólica y probablemente infiel, una mujer por cuyo asesinato no protesta nadie, también tiene dignidad. Por supuesto, no merece que la maten; pero, además, no merece que la juzguen por su forma de vida. Creo que esa es una de las cosas que quería decir Félix con este libro. Y quizá parezca una obviedad, porque España ha cambiado en estos dieciséis años, pero el mismo Félix decía a menudo que muchas veces olvidamos cosas obvias que son también esenciales. Noche de los enamorados, en cierta manera, reconstruye esa dignidad violada: lo hace recreando el crimen, desmontando el descuido y la parcialidad de la investigación, pero también especulando sobre la vida de María Isabel o emparentándola con personajes de la historia y la literatura, como Frida Kahlo, Artemisia Gentileschi, Sherezade u Ofelia.

Esas referencias son todo lo contrario de la pedantería: son una forma de reconocer la humanidad de esa persona. Porque creo que Félix pensaba que la literatura sirve precisamente para eso: para revelar nuestras aristas, para mostrar la complejidad de todos, pero también una dignidad y una libertad que son al mismo tiempo individuales y universales. A veces, para mostrarla solo hay que saber mirar, ser capaz de ver. Y por eso Noche de los enamorados es un libro perturbador, obsesivo y profundamente moral: en cada una de sus páginas oigo hablar a nuestro amigo de cosas que le importan a él, y, como tantas otras veces, su voz imprescindible, hermosa y clara me recuerda que nos importan también a todos.

*Texto leído en la presentación de ’Noche de los enamorados’ (Mondadori) en el Teatro Principal de Zaragoza. [En la foto Félix con Lina Vila Vila en mi casa en una foto de José Antonio Melendo.]

 

FÉLIX ROMEO: ¿POR QUÉ ESCRIBO?

FÉLIX ROMEO: ¿POR QUÉ ESCRIBO?

[En la revista ‘Minerva’ del Círculo de Bellas Artes, Félix Romeo Pescador (Zaragoza, 1968-Madrid, 2011) publicó en 2009 este texto sobre las razones de la escritura. Es un texto que rezuma talento, sinceridad, hondura, vocación narrativa. Literatura. Ayer lo rescató Luis Alegre en su intervención –tras las de Eva Puyó, que presentó a Félix como un precursor del facebook,y la de Daniel Gascón, que analizó ‘Noche de los enamorados’-, y lo leyó con un sentido teatral, con sus pausas y silencios, con emoción y con ritmo. Ante textos como éste, es fácil quedarse un poco perplejos de asombro: cuánta vida hay detrás, cuánta pasión por la palabras, por los seres humanos, por la invención, cuánta autobiografía dolorosa y exultante... Esta foto de Félix escribiendo está realizada por Aloma Rodríguez, que montó ayer el vídeo que se proyectó en el Teatro Principal.]

 

¿POR QUÉ ESCRIBO?

 

 


Félix Romeo

Escribo porque soy diferente.



Escribo para ser diferente.



Empecé a escribir porque era diferente. Empecé a escribir porque quería ser diferente. Nadie quería ser escritor cuando yo decidí ser escritor. Recuerdo a un niño que quería ser dentista y a otro que quería ser mecánico. Tenía doce años. No conocía a ningún escritor. Nunca había hablado con un escritor. Había leído a Rimbaud. Había leído una biografía de Rimbaud. Había leído los manifiestos dadaístas y El hombre aproximativo de Tristan Tzara. Siempre había leído. Había leído los libros de Enid Blyton. Había leído los siete secretos y los cinco. Había leído otros libros que no eran de Enid Blyton pero lo parecían, como los de los tres investigadores.

Y, antes de que supiera leer, mi madre me leía cuentos y me contaba historias que yo entendía a medias: historias de su pueblo, Castejón de Tornos, Teruel, junto a la Laguna de Gallocanta, que para mí estaba tan lejano como Tokio; historias de estraperlos; historias sobre la obstinación de los burros, sobre todo cuando hacía un frío del demonio y al parecer lo hacía siempre; de los maquis y sus razias; historias del azafrán y la dificultad de conseguirlo; historias de los carnavales secretos de la posguerra, con ensabanados y rondas; de las cartas de amor que le enviaba mi padre... personajes abandonados en mitad de la nada que trataban de escapar no se sabe de dónde ni cómo. Unas historias que luego leí en Agota Kristof.



Quería ser un escritor porque era diferente y quería ser un escritor de los diferentes. Digo escritor, pero lo que yo quería era ser un poeta diferente. En 8º de EGB fabriqué mis primeras plaquettes fotocopiadas. Las destruí poco después porque me daba vergüenza escribir tan mal. Ahora puedo decir que en esas plaquettes está lo mejor que he escrito.

Aunque quizá leía más solo que escribía solo, porque entonces publiqué mis primeros poemas en una revista. No guardo ni un ejemplar. Me avergonzaba esa revista, sabía que estaba mal hecha, que era cutre... y aunque sabía que la revista estaba mal hecha y que era cutre, me sentía feliz porque publicando en esa revista que me avergonzaba me convertía en escritor. Nadie lo sabía, pero yo había cruzado una línea y ya no podía volver atrás. Recuerdo el nombre de la revista.


Escribo porque tengo miedo: antes cuando tenía miedo me metía debajo de la cama. Escribo para levantarme cuando quiera. Escribo para acostarme cuando quiera. Escribo para imponer mi versión de los hechos. Escribo por envidia. Escribo por fascinación. Escribo para ser feliz. Escribo para ganar dinero. Escribo para saber cómo escribo. Escribo para que se publique lo que escribo. Escribo para seducir. Escribo para ser apreciado. Escribo para existir. Escribo para ser visible. Escribo para despertarme cada día en un lugar del mundo. Escribo para que me insulten. Escribo para seguir vivo. Escribo para no matarme. Escribo para saber lo que pienso. Escribo para mentir. Escribo porque soy feliz. Escribo para pedir perdón. Escribo para no pedir perdón. Escribo porque cuando escribo no vivo. Escribo para vivir más tiempo. Escribo porque me lo piden. Escribo porque no me reconozco en las fotografías. Escribo porque quiero dar mi versión de la historia. Escribo porque en mi escritura sólo mando yo. Escribo porque me gusta escribir. Escribo porque no sé conducir. Escribo porque soy vanidoso. Escribo para perder el sentido. Escribo porque busco el sentido. Escribo como el cultivador de champiñones: con los pies enterrados en mierda y con la certeza de que el producto no es un manjar. Escribo como el pescador de un barco congelador. Escribo para follar. Escribo para respirar. Escribo para no tener que escribir. Escribo para mirar todo y todo el tiempo. Escribo para recordar. Para recordarme. Para volver a alcanzar ese estado febril. Febril y fabril. Escribo por insatisfacción. Escribo por venganza. Escribo por remordimiento. Escribo para confesar mis pecados. Escribo para esconder mi vergüenza. Escribo para reírme. Escribo porque me da miedo el fuego.


Escribo porque tengo algunas historias viejas que contar. Las que me llenan la cabeza ahora sucedieron todas antes de que cumpliera veintiocho años: la de un asesino que mató a su mujer y con el que compartí celda en 1995 en la cárcel de Torrero de Zaragoza, que ya ha desaparecido, demolida por la piqueta; la de una loca, prima de mi padre, a la que visitamos en un manicomio de Valencia en el verano de 1975; la de unos curanderos de Petrel, Paco y Lola, que visitamos cuando mi abuela Rosario había sido desahuciada por los médicos.


Mi padre me cedió su máquina de escribir. Y una vez que se la arrebaté ya no podía cambiar: tenía que escribir y tenía que ser escritor. Ahora, más que diferente, me siento extraño.

 

 

PISÓN EN LA FUNDACIÓN MARCH

PISÓN EN LA FUNDACIÓN MARCH

 [Javier Goñi, un viejo amigo de letras, me envía esta información sobre otro gran amigo: Ignacio Martínez de Pisón, que está pasando un gran momento y que es, con Javier Marías, el candidato al premio de la Crítica. Los dos, de entrada, parecen los grandes favoritos.]

 

 

EL MARTES 28 DE FEBRERO

Y EL JUEVES 1 DE MARZO

EN LA FUNDACIÓN JUAN MARCH

 

IGNACIO MARTÍNEZ DE PISÓN, EN EL CICLO “POÉTICA Y NARRATIVA”

 

El primer día da una conferencia sobre “Regreso al mundo real” y el segundo día mantiene un coloquio con el catedrático de la Universidad de Murcia y crítico literario José María Pozuelo Yvancos

 

 

El martes 28 de febrero y el jueves 1 de marzo, a las 19,30 horas, se celebra en la Fundación Juan March (www.march.es y también en Facebook y Twitter:@fundacionmarch) una nueva sesión de la modalidad Poética y Narrativa, dedicada en esta ocasión al escritor aragonés Ignacio Martínez de Pisón. Esta iniciativa de la Fundación Juan March consta de dos partes: el primer día, el escritor relata su manera de concebir el hecho creador (titula su conferencia Regreso al mundo real) y el segundo día es presentado por José María Pozuelo Yvancos, crítico literario y catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada de la Universidad de Murcia, con quien mantiene un coloquio. Al final el escritor lee un texto inédito.

 

Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) reside en Barcelona desde 1982. Es autor de más de una docena de obras, entre los que destacan el libro de relatos El fin de los buenos tiempos (1994) y las novelas La ternura del dragón (1984), Carreteras secundarias (1996), María bonita (2000), El tiempo de las mujeres (2003) y Dientes de leche (2008), así como el ensayo Enterrar a los muertos (2005). Sus trabajos más recientes son Partes de guerra (2009), volumen en el que treinta y cinco relatos de diferentes autores recrean la Guerra Civil, la antología de cuentos Aeropuerto de Funchal (2009) y la novela El día de mañana (2011). Autor también de guiones cinematográficos (Carreteras secundarias, Las trece rosas), sus libros han sido traducidos a una docena de idiomas.

 

José María Pozuelo Yvancos

UNA NARRATIVIDAD SIN COMPLEJOS

La obra de Ignacio Martínez de Pisón tiene varias características singulares en el panorama de la narrativa española de hoy. La primera es la autoconciencia de un estilo propio, que define una narratividad sin complejos. Por medio del arte de narrar, que él domina como pocos, ha logrado salvar la estética del realismo de un uso meramente conservador o plano. De manera que siendo un narrador de estirpe galdosiana su obra es reconocida por todo lector como muy moderna, sobre todo por su condición perspectivística. Por otra parte, mantiene otro rasgo: ha sabido crear una obra coherente, que muestra sin embargo una evolución interior muy notable. Comenzó la suya siendo una novelística circunscrita a los ámbitos familiares burgueses y de provincias, con personajes femeninos (que suelen tener mucha fuerza en su narrativa) o masculinos en un contexto de crisis y transformación, como fue la sociedad del franquismo. Por circunscribirme a las de los últimos quince años, tras Carreteras secundarias (1996) y María bonita (2001) la obra en que fragua esta manera de combinar la psicología y el cuadro social histórico es El tiempo de las mujeres (2003), en la que considero que Martínez de Pisón cierra su primera etapa como novelista. La que podríamos calificar de segunda etapa se inicia con la narración Enterrar a los muertos (2005), que nació como una investigación sobre el caso Robles, y que terminó siendo un cuadro apasionante sobre las contradicciones internas y miserias de ciertos republicanos, especialmente de los comunistas. Martínez de Pisón cifra además las razones de la amistad rota de Dos Passos y Hemingway en posiciones encontradas frente al caso del asesinato de Robles. Las dos novelas posteriores, Dientes de leche (2008) y El día de mañana (2011) ha unido las dos vetas de su creación anterior, la de las atmosferas familiares de El tiempo de las mujeres y la de la crónica socio-política de Enterrar a los muertos, porque en ambas novelas, ubicadas en la posguerra inmediata y el largo franquismo hasta la transición, urde tramas que permiten una radiografía interiorizada en personajes concretos de lo que ha sido la vida española de una época concreta: desde 1940 a 1978. Mi presentación finalizará analizando su libro de cuentos Aeropuerto de Funchal (2009).

 

José María Pozuelo Yvancos es desde 1981 catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada de la Universidad de Murcia, de cuya Facultad de Letras ha sido Decano. Es desde

1999 crítico literario del suplemento cultural del diario ABC.

Es autor de numerosos libros, entre otros: Ventanas de la ficción. Narrativa hispánica siglos XX y XXI (2004),

De la autobiografía: teoría y estilos (2006),

100 narradores españoles de hoy (2010),

Figuraciones del yo en narrativa.

Javier Marias y E. VilaMatas (2010)

y director y coautor de Las ideas literarias (1200-2010),

volumen 8 de la Historia de la Literatura Española (2011).

 

 

 

 

 

 

 

 

Han participado ya en “Poética y Narrativa”: Álvaro Pombo (con José Antonio Marina); Luis Mateo Díez (con Fernando Valls); Antonio Muñoz Molina (con Manuel Rodríguez Rivero); Andrés Trapiello (con Carlos Pujol); Mario Vargas Llosa (con Juan Cruz); Luis Landero (con Ángel Basanta); Enrique Vila-Matas  (con Mercedes Monmany); Javier Marías (con Manuel Rodríguez Rivero); Rafael Chirbes (con Santos Alonso); Eduardo Mendoza (con Llàtzer Moix); Juan Manuel de Prada (con Juan Ángel Juristo); Gustavo Martín Garzo (con J. Ernesto Ayala-Dip); Jesús Ferrero (con Santos Sanz Villanueva); Almudena Grandes (con Ángel Basanta); Manuel Vicent (con Ángel Sánchez Harguindey); y Soledad Puértolas (con José María Pozuelo Yvancos).

 

 

Una vez celebrado el acto, puede escucharse el audio de las conferencias en el archivo sonoro de la página web de la Fundación, donde están recogidas más de dos mil conferencias pronunciadas desde 1975 en la sede de la Fundación Juan March en Madrid.

FÉLIX ROMEO, VISTO POR LINA VILA

"FÉLIX ROMEO QUERÍA VIVIR EN ABSOLUTA LIBERTAD"

-“Quería entenderlo todo en la vida. Tenía un ansia incansable por saber”

-“Lo que da rabia es que un extasiado constante como él haya tenido tan poca vida”

  

La pintora Lina Vila, seis meses después de la muerte del escritor, recuerda sus cuatro años de convivencia, su personalidad y su pasión por Zaragoza y por el mundo, y cuenta cómo se gestó ‘Noche de los enamorados’ (Mondadori), su novela póstuma.

 

  

Lina Vila trabaja en su estudio de San Mateo de Gállego entre arbustos y flores, el canto de los pájaros y los canales de riego. Allí vivió los últimos cuatro años con el escritor Félix Romeo Pescador (Zaragoza, 1968-Madrid, 2011). Es la primera vez que habla de él, de su carácter, de sus años de convivencia y de la vitalidad de un hombre incansable que, en su finca, se convirtió en un pequeño alquimista de las pequeñas cosas: cocinaba, hacía pan, improvisaba menús, observaba los almendros, las higueras o las distintas luces del cielo. Lina Vila también vivió muy de cerca la redacción de su novela ‘Noche de los enamorados’ (Mondadori), que se presenta mañana en el Teatro Principal. “Félix y yo ya nos conocíamos. Yo admiraba su faceta de discutidor: aquella facilidad y vehemencia que tenía para defender sus ideas. Me fascinaba no el hecho de que discutiera, sino que defendiera con valentía lo que pensaba, sin miedo al qué dirán, con libertad, con pasión y lejos de pudores. Félix siempre estaba aprendiendo. Poseía una gran curiosidad. Le interesaba todo: libros, arte, política cultural, hasta la inseminación de cerdos. Tenemos un gran amigo en Ejea que se dedica a eso, y Félix siempre le preguntaba cosas”.

¿Era fácil asumir su papel de discutidor o no?

Félix podía discutir por todo. Y en ocasiones, cuando las cosas llegaban a un extremo tenso, podía levantarse de la mesa. Lo hizo alguna vez; luego mandaba un correo o un sms de cariño y de cierto sentido de culpa. Fue siempre un ser que defendía con entusiasmo y convicción lo que creía. Él siempre decía que lo más difícil es ser libre y él quería vivir en absoluta libertad. Félix era muy inteligente y eso también le hacía ser exigente con los demás. No siempre estaba dispuesto a hacer concesiones a la estupidez, pero en el fondo, incluso en esos instantes, era un rudo tierno.

Sin embargo, en muchas ocasiones, en él también aparecía la trastienda: el miedo, la inseguridad...

Es cierto. Por ejemplo, Félix tenía pánico a los hospitales, a la enfermedad, a los médicos. No era miedo a la muerte, exactamente. Su madre tuvo que pasar por el hospital, y eso le inquietaba mucho. Tenía pesadillas con los hospitales.

¿Qué le enseñó?

Era una de esas personas que te descubren mil mundos. Aprendías a tirarte a la piscina. Era como un buzo que se zambulle en el agua un poco a ciegas y encuentra tesoros todo el rato. Su teoría era que todo te puede enseñar y abrirte caminos. Un libro le llevaba a muchos libros, un pintor a muchos cuadros y pintores. Ibas con él por cualquier sitio, y te decía, mira ese cielo, mira esa torre iluminaba, fíjate en los árboles, contempla el vuelo de ese pájaro. Y te animaba siempre: a mí y a muchos. Creía en el talento. Desde que empezó a venir a San Mateo de Gállego, le interesaban hasta las nueces. Se aprovechaba del silencio, le gustaba estar ahí solo, cerca del avellano y del almendro.

¿Era un vitalista, entonces?

Sin duda. Últimamente he conocido mejor a su padre, Félix Romeo, también. Y tengo la sensación de que son idénticos: personas con una gran entereza y sensibilidad muy preocupadas por los demás. Ves a su padre y entiendes mejor a Félix: tienen fortaleza, decisión y voluntad. Y hay algo más que les une: casi nunca hablan de sí mismos.

Félix usaba un término para explicar sus bajones: “estoy melancólico”. ¿Qué quería decir exactamente?

Se daba tanto a los demás, generaba tantas ideas y proyectos, ponía tanta pasión en cosas que eran para todos que cuando no salían o caían en un saco roto se ponía melancólico. A veces le costaba entender por qué algunas cosas que desarrollaba no salían. Pero no era quejoso en absoluto, ni triste. Creo que la tristeza y Félix eran incompatibles.

¿Qué le disgustaba?

La cerrazón de algunos responsables políticos. Y la queja. Incluso cuando había una cosa mala, algo que no funcionaba, te daba diez cosas buenas. A él le gustaba mucho este mundo en libertad: decía que no podemos menospreciar nuestras conquistas y privilegios. Aquí podemos hablar, manifestarnos, podemos besarnos por las calles, incluso las mujeres, decía con humor, ja, ja. Siempre encontraba razones que contrarrestasen los malos momentos, y al final casi no te fijabas en ellos.

 

Uno de los descubrimientos de Félix en sus últimos años fue su padre: Pedro Vila.

Cuando Félix vino a casa y vio los materiales de mi padre, que falleció de cáncer, se quedó fascinado. Hizo como solía hacer cuando iba a la casa de alguien: miraba los libros, los cuadros, escudriñaba los rincones, etc. Aquí descubrió sus escritos, sus poemas, su pasión por Aragón y la cerámica, proyectos que había apoyado, como el vídeo ‘La sabina’. Le gustó mucho una idea que tuvo mi padre de plantar sabinas en Villamayor. Félix tenía un ansia incansable por saber y tocarlo todo y tenía una memoria de elefante. No he conocido nada igual.

Hablemos de otra pasión suya que compartieron: los viajes.

Siempre he sido muy viajera. Eso se lo debo a mis padres, que nos llevaban de aquí para allá siempre para conocer mejor Aragón. Félix no conducía y me llamaba “mi choferesa”. Lo que más le gustaba era salir de España: estaba un poco agotado de nuestro país. Le aburría la queja y el victimismo, le aburrían la bipolaridad política, el terrorismo... Le encantaba ir a Francia.

¿Dónde?

A muchas ciudades. Lyon le encantaba, una ciudad europea, burguesa, con un gran poso cultural y mucho dinero. Le encantaba ir de librerías y de galerías, y ver el cine en versión original. Y Niza, que era una ciudad llena de evocaciones literarias y artísticas, porque allí habían vivido Picasso, Matisse y Chagall. Marsella no le gustó tanto. Y también le gustaron Burdeos y París, claro. Recuerdo que en París fuimos a ver una exposición de Louise Bourgeois...

¿Y qué pasó?

Era curioso: siempre me había dicho que no entendía su arte. Félix no era feminista, pero sí era un gran defensor de la mujer: en los últimos años, quizá por un poco de contagio (a mí me interesa mucho el arte de mujer), se apasionó por la creación de las mujeres. Recuerdo que más de una vez me leyó en la cama ‘La ciudad de las mujeres’ de Cristina Pizán. Al final, Bourgeois le interesó mucho y me propuso que fuéramos a verla a Nueva York. Falleció poco antes, en 2010. También hemos ido a Milán, a Roma y a Venecia. Y a Lisboa...

¿No era Lisboa una de sus ciudades favoritas?

Sin duda. Yo tengo allí una prima y hemos ido mucho. A él le encantaba ir de pequeñas galerías, que a veces no tenían más de cuatro metros cuadrados. Con lo que veía, hacía proyectos, pero luego se topaba con las exigencias, en Zaragoza, de una legislación que no trabajaba a favor de los ciudadanos. Su teoría era que no eran necesarios grandes espacios para el arte, sino cosas pequeñas bien cuidadas.

¿Cómo vivía Félix esta ciudad?

Era una de las razones de su vida. Siempre pensaba en proyectos para ella: ahí están La Harinera de San José, el proyecto Noreste, un desarrollo que había hecho para cambiar el MICAZ de Ibercaja y su política e artes plásticas, que pasaba por exponer de otro modo a Goya, invitar grandes artistas e impartir talleres didácticos. Entre los libros en los que trabajaba hay cuentos de animales y de brujas, dos novelas empezadas, un diccionario de Zaragoza, quería crear un cine de versión original. Siempre pensaba cosas para mejorar la cultura de la ciudad.

¿Cómo se gestó su novela póstuma ‘Noche de los enamorados’?

A mí me parece que aquí está el escritor más sólido y más cuajado. El escritor que Félix quería ser. Este libro lo trabajó muchísimo: se documentó, recuerdo que tanto en San Mateo como en su casa de Conde de Aranda recreamos el crimen: yo hacía de María Isabel y él de Dulong. Quería entenderlo todo en la vida.

¿Estaba Félix obsesionado por el crimen?

Le daba pánico la violencia. Había escrito de escritores asesinos y delincuentes, tenía un proyecto de autores suicidas, pero a él le horrorizaba la violencia, y en particular la violencia de género. En ‘Noche de los enamorados’ lo que hace, entre otras cosas, es una investigación policial y se pregunta cómo un crimen tan espantoso había podido tener ese castigo.

¿Cómo han sido estos seis meses de ausencia para usted?

Durísimos. Tengo la sensación de que estoy viviendo una pesadilla y que no salgo de ella, pero eso es la vida: la vida es una pesadilla que hay que ver despierta. ¡Félix tenía tantas cosas por hacer! Lo que da rabia es que un extasiado constante como él haya tenido tan poca vida.

 

 

LA COCINA DE LA CREACIÓN

 

A CUATRO MANOS

 

Lina Vila dice que su pintura es esencialmente autobiográfica, que es una pintora intuitiva, que pinta lo que “le sale de sus tripas”, sus obsesiones, sus animales. Desde la inesperada partida de Félix Romeo –además de ‘Noche de los enamorados’, Mondadori publica el libro de artículo ‘¡Viva Félix Romeo!’ y Anagrama rescata en bolsillo sus dos primeras novelas: ‘Dibujos animados’ y ‘Discothèque’- apenas ha podido pintar: se siente agarrotada, insegura.

Recuerda que Félix no creía en la vida interior; a él le gustaban las personas, los amigos, salir, las tertulias nocturnas, y eso también era el alimento de su trabajo. “Escribía mucho. Demasiadas reseñas. Trabajaba de noche. Impartía muchos talleres y deja muchos proyectos en sus cuadernos de notas. Había barajado una revista de arte, con sus corresponsales en Madrid, Barcelona, Huesca. Y todo está anotado. En los últimos tiempos, además de dos novelas, una inspirada en la torre familiar y una historia de amor, habíamos empezado a trabajar en un proyecto muy bonito: se llama ‘La cocina de los escritores’. Leía libros de distintos escritores, de Colette, de Andrea Camilleri o de Donna Leon, entre otros muchos, buscaba escenas de comida y preparaba él mismo la receta y los platos; cuando los había preparado me pedía que los fotografiara. También quería hacer un libro de viajes por Aragón: íbamos por aquí y por allá, y me pedía que tirase fotos”.

Félix le dejó otro vívido recuerdo: defendía las cosas hechas, los proyectos que se culminaban. Y siempre “estaba animando. Animando. Animando. Decía que un artista debe dar siempre lo mejor de sí mismo: exponga en el Reina Sofía o en un bar de su ciudad. Y él era muy exigente con lo que escribía. Y decía que le habría gustado ser como Fernando Beltrán: nombrar las cosas, suministrar ideas, inventar sueños. Como escritor admiraba especialmente el oficio, el talento y la carrera de Pisón”.

 

 

 

LA NOVELA PÓSTUMA DE FÉLIX ROMEO

 

 

HOY, A LAS 20.30, EN EL TEATRO PRINCIPAL:

‘NOCHE DE LOS ENAMORADOS’ DE FÉLIX ROMEO

Esta tarde, a las 20.30, en el hall del Teatro Principal gran velada: se presenta la novela póstuma de Félix Romeo, ‘Noche de los enamorados’ (Mondadori), la historia de amor y muerte de Santiago Dulong y María Isabel Montesinos, una investigación, la crónica de un crimen y la descripción de un método narrativo. Félix conoció a Dulong en la cárcel de Torrero el día de enamorador de 1995. En el acto, organizado por Félix y Eva de los Portadores de Sueños y por Mondadori, intervendrán Luis Alegre, Eva Puyó y Daniel Gascón; los dos primeros harán un retrato del escritor, del amigo, del viajero, del intelectual, del forjador de proyectos, y el último analizará la novela. E intervendrá, como maestro de ceremonias, Miguel Aguilar, editor de Mondadori y Debate, amigo de Félix y un tipo estupendo: vitalista, divertido y muy afectuoso. También se pasará un vídeo y se hablará de otro libro: ‘¡Viva Félix Romeo!’, que se puede obtener gratuitamente con la novela.

 

*La caricatura es de Luis Grañena.

JUAN MANUEL GASCÓN EVOCA A SU MADRE AURELIA

JUAN MANUEL GASCÓN EVOCA A SU MADRE AURELIA

[Acaba de fallecer Aurelia, la madre del historiador y profesor Juan Manuel Calvo Gascón, uno de los grandes especialistas en la historia de los aragoneses en los campos de concentración. Juan Manuel acaba de escribir este texto que manda a amigos y familiares. Aurelia era familiar de mis suegros Leoncio Gascón e Isabel  Brumós, y de mi familia aragonesa. Aquí está el texto.]

 

RECORDATORIO DEFINITIVO

DE UNA MADRE: AURELIA

 

Por Juan Manuel CALVO GASCÓN

 

Sois muchas personas las que, de una forma u otra, me habéis hecho llegar vuestro calor durante la última semana, en un momento que, desde  hace algunos meses, veíamos próximo. Mi madre en julio, cuando parecía que se estaba acabando, estoy seguro que en su interior pidió un par de meses de prórroga para poder ir a Ejulve a despedirse de su familiares, de los vecinos, de su casa, del paisaje que le acompañó durante tantos años y en todas las circunstancias de su vida, las alegres y las tristes, que de todo hubo a lo largo de sus 90 años de vida. Lo consiguió, estuvimos quince días, pudo ver a todo el mundo e incluso vino a la presentación de mi libro,.. El viaje se le hizo muy largo, ya no era consciente de las distancias y no entendía cómo tardábamos tantas horas en llegar. Dentro de unos días regresará definitivamente a Ejulve, pondremos sus cenizas en la tumba de mi padre que murió en 1976 estando de vacaciones, aquella experiencia fue muy dura,... durísima. Por el contrario la muerte de mi madre nos ha dejado a todos con la tranquilidad de haber hecho todo lo posible para que se sintiese cuidada, acompañada y estimada.


Ella era muy sencilla y austera. Creo que fue una vez al cine, pero era seguidora del "Cine de Barrio" los sábados por la tarde. Y también le llamaba la atención cuando aparecía Labordeta en la tele: siguió el programa "Un país en la mochila" y entendió perfectamente sus palabras cuando envió a la mierda a los diputados del PP que se reían por ir por tierras de Teruel con sus mochila a cuestas; oyó  sus canciones muchas veces en casa, puesto que yo viví con ella hasta los 26 años y en mi tocadiscos sonaba a menudo la voz de José Antonio, por eso nos ha parecido oportuno que en su recordatorio figuren unos versos que escribió tras la muerte de su hermano, el poeta Miguel Labordeta.


Estos días, recuerdo muchos detalles y momentos vividos con ella, concretamente he recordado una tarde del invierno pasado en la que estábamos viendo, los dos, un documental sobre la Caballé, de quien le llamaba la atención su voz y su risa, y lo seguíamos comentando lo que íbamos viendo, pero en los minutos finales callamos los dos y escuchamos (yo totalmente emocionado) el aria "Casta Diva"  de la ópera Norma que cerraba el documental. Desde entonces tengo el vídeo en mi ordenador, lo pongo muchas veces y siempre recuerdo aquella tarde, los dos solos en casa, escuchando a la Caballé. Me apetece compartir con todos vosotros este momento tan sensible para mí y si os apetece disfrutarlo lo podéis seguir en este enlace del yuotube. Fijaros bien en la coincidencia entre la voz, el ritmo y el movimiento que el viento va dando a los velos del coro.


http://www.youtube.com/watch?v=FIQQv39dcNE

Gracias por estar tan cerca.


Juan Manuel Calvo Gascón