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Antón Castro

EL VIAJE AMERICANO DE MARÍA Y SERGIO

EL VIAJE AMERICANO DE MARÍA Y SERGIO

La escritora y periodista Paula Figols publica esta crónica en su estupendo blog: ‘Cuadernos de todo’: la narración del viaje americano, en bicicleta, de su hermana  María y de su compañero. Tomo de su blog esta foto: la foto de la felicidad en bicicleta tras el retorno. Dice Paula: “Su vuelta después de un año pedaleando por América está siendo muy emocionante y con muchas historias que contar.

Hoy escribo de ellos en mi blog:

http://cuadernosdetodo.wordpress.com/2012/02/19/8-317-kilometros-y-un-ano-despues/

Y te mando el suyo:

http://www.slowcicle.com/

 

 

8.317 kilómetros y un año después

Por Paula FIGOLS

Los ciclistas ya han vuelto a casa. María y Sergio acaban de volver, tras recorrer pedaleando 8.317 kilómetros en América (y unos cuantos más en España desde que aterrizaron en Bilbao). Empezaron en marzo de 2011 en Argentina, y siguieron por Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá y Costa Rica. En su blog de slowcicle (muy interesante y con fotos muy bonitas, para los que no lo conozcan) hemos ido siguiendo su pista: desde sus primeras pedaladas por las sierras de Córdoba, los Andes, el desierto, sus pinchazos, su mate, sus jugos, sus compañeros de viaje, el Titicaca, el Machu Picchu, nadando con tortugas en las Galápagos, la guerra del agua en Cajamarca (Perú), la Navidad en Colombia, la aventura en el Independence, el barco ‘pirata’ que les llevó de Colombia a Panamá…

El reencuentro en Zaragoza ha sido muy emocionante. Primero vino un día María a la puerta del Heraldo. “Abajo hay una chica que se parece mucho a ti, más alta y más morena”, me dijo un compañero. Bajé de tres en tres o de cuatro en cuatro los escalones y nos dimos un abrazo que llevaba guardado un año. Después, María y Sergio quisieron dar una ‘pequeña’ sorpresa a la familia. Y aparecieron ayer en la comida familiar del cumple de las mellis. Aún se oyen en nuestra plaza los gritos de emoción de madres y tías y demás familia. “¿Pero no estabais en Costa Rica?”, preguntaban las chicas un poco alucinadas por el alboroto. Han vuelto más altos, más guapos, más morenos, más delgados. Y con muchas historias que contar.

 

Seguro que su proyecto de slowcicle continuará. Me gusta el lema que encabeza su blog:

“La vida es como andar en bicicleta. Para mantener el equilibrio tienes que seguir moviéndote” (Albert Einsten).

 

JESSIE MANN: MODELO Y PINTORA

LEN PRINCE: LA NUEVA JESSIE MANN, LA PINTORA Y MODELO

Hace algunos años, Jessie Mann fue retratada por su madre Sally Mann, una extraordinaria fotógrafa, que hizo un álbum familiar con sus tres hijos desnudos. Fue acusada de pornografía infantil: eran retratos de una delicadeza extraordinaria, en los que se rendía homenaje a la pintura y meditaba sobre la fuerza de los rostros y la ambigüedad de la inocencia. Ahora, Jessie Mann se ha convertido en modelo y una estupenda pintora. Como modelo fotográfico ha posado mucho para el fotógrafo Len Prince, que también ha retratado a Penélope Cruz o Drew Barrymore, por poner ejemplos concretos. Sus trabajos sobre Jessie Mann son muy curiosos: ahí está el desnudo, la fuerza del cuerpo, la insinuación erótica, la provocación, el talento de actriz. He aquí una de las fotos de Jessie Mann, realizada por Len Prince.

Len Prince, a la manera de Man Ray.

Jessie Mann como pintora matérica.

JORGE GAY EXPONE EN BILBAO

JORGE GAY EXPONE EN BILBAO


LA NIEBLA DE LOS SUEÑOS. JORGE GAY EN BILBAO

El pintor Jorge Gay expone en Bilbao, en la galería de Juan Manuel Lumbreras desde el miércoles 23 al 30 de marzo. Jorge me envía tres textos escritos por él sobre la muestra.

1

La exposición consta de 18 pinturas y 17 dibujos al carbón y técnica mixta, con medidas que oscilan entre 255 x 300 cm y 33 x 41.cm
Estas obras son continuación de la exposición realizada en Madrid titulada 'Los ojos del corazón' y dedicada a todos cuantos a lo largo de la historia, emprendieron un largo viaje para ir al encuentro de algo. Una metáfora que expresa la búsqueda que a lo largo del tiempo hicieron los músicos, los pintores o los poetas…Un recuerdo a todos los que llevaban su interior cargado de pasado y soñaban con hacerlo futuro. A cuantos pensaron que la belleza reside en los ojos que la contemplan y se sentían capaces de encontrarla y definirla de nuevo. El fruto recogido en ese viaje eran los peces: si en esa travesía nuestros ojos quedaron agotados, cansados o ciegos, hagamos como Tobías, frotémoslos con la hiel de esos peces para poder volver a ver, recuperar la ilusión y seguir la búsqueda.
'La niebla de los siglos', exposición que se inaugura en Bilbao, muestra la continuación de ese camino, con el deseo de afirmar que más allá del cansancio, más allá de los ojos agotados del corazón, la pintura sigue viva y sirve todavía como gesto expresivo; una actitud con la que siempre podremos explicarnos el mundo.
El pintor se acerca a la realidad entresacando los hilos que la tejen. Con ellos levanta el andamio donde sujetar el anhelo que sueñan sus ojos. La pintura no es una manera de mirar, la pintura construye. Igual que el músico detiene el tiempo, lo ordena y da forma al sonido, el pintor con esa trama de hilos elegidos, armoniza la nueva mirada y vuelve a construir el mundo.
Pintar es andar hacia la luz. La luz que me envolvía y me cegaba el verano de 1959 cuando por primera vez se me descubría la pintura.

2

1959


Nada hay más deslumbrante que el verano ni más fascinante que sus horas y sus días largos. Nada que embelese más que la caída lenta de sus soles.
De entre las brasas de ese incendio salisteis. Veníais de tiempos remotos, con el balanceo musical del pasado, cruzando la niebla de los siglos. Erais cuerpos ganados a la nada y usurpados al caos.
Os construyó Angélico, Cimabué o el Giotto. Crecisteis en Venecia, en París, en la Sevilla ambigua o en el Berlín helado. Sois la pasión, la impávida belleza turbadora, el fruto del origen que vive en la inocencia, la verdad innombrable de la emoción.
Sois seres cincelados en oro. No vivís el momento: os hicieron para la eternidad.
Llegasteis a mí el verano de 1959, cuando se achicharraban los campos y las cigarras cantaban al fuego.
Como fuego de verano invade la pintura.

3

LA NIEBLA DE LOS SIGLOS


Te veo en las ventanas de la luz,
en los párpados negros de los días,
entre la niebla densa de los siglos,
en la ardiente tiniebla
y la sombra del fuego.

Te veo cuando asoman
tus ojos y me llaman
desde el rincón humilde de tu vuelo.
Sigo viva, me dices,
en Lascaux, en Fayun
y en los muros de Arezzo.
Sigo viva también,
como un sueño colgada,
en los museos oxidados del mundo.

Vamos juntos, te digo,
del destello de tus huesos me alimento.
Aún te escucho cuando vienes a mí
y me invade tu brisa inalterada.

Sigue viva, os digo.


Jorge Gay
Zaragoza, enero 2012

JUAN ANTONIO TELLO: 3 POEMAS

 

Juan Antonio Tello y traductor de poesía, de autores franceses, especialmente de Boris Vian, de quien está a punto de publicar su 'Poesía completa' en el sello Renacimiento. Dueño de una lírica personal, de indagación, me envía tres poemas inéditos de su nuevo libro: 'Umbrales de Rimbaud'.

1

Ô sorcières, ô misère, ô haine,

 c’est à vous  que mon trésor a été confié!

  

Soy el monstruo de mí mismo

y no sé cuál es la verdad,

en el parto de los abismos

robo la magia de la vida a puñados,

danzo en el vértigo

como sin alma la ceremonia

de la identidad

que crepita en el umbral

de cada palabra,

camino pájaros y ladro perros

como aquel paseante,

ya sin sus ojos,

que persiguió visiones,

nuevos rumores,

sin duda he muerto

y no hay paisaje que contemplar.

 

 

 

 2

 

Quant au monde, quand tu sortiras, que sera-t-il devenu?

En tout cas, rien des apparences actuelles.

 

 

 

 

Yo es otro,

cuervos rojos

se dispersan y reúnen

en los versos de Rimbaud

y se abaten sobre mí

con sus picos de hueso.

Flores árticas

(no existieron)

en esta fiesta de invierno

donde crecen,

en la danza de mis ojos,

en el baile y el cortejo,

en la obra que devora

de umbrales los vientos fríos.

 

 

 

 3

 

Qu’il vienne qu’il vienne

Le temps dont on s’éprenne.

 

 

 El tiempo fluye en nosotros.

Inútil resguardarnos de tanto olvido.

Vuela y lentamente anida en nuestro interior.

 

 

*Las fotos son de Marcel Bovis.

 

 

 

 

 

 

'LAURA NO DESERTO' DE ANTÓN RIVEIRO COELLO: UN FRAGMENTO

Antón Riveiro Coello, por Simón Balvís.

 

Antón  Riveiro Coello es, desde hai anos, un dos narradores galegos que mais admiro. Non quixo o azar que nos atópasemos nunca. A petición miña, acaba de enviarme un fragmento da súa novela novela, ‘Laura no deserto’ (Galaxia), quizáis a mais longas das letras galegas. Riveiro é un narrador poderoso, de alento, criador de personaxes, de situacións, de atmósferas e dunha mirada de novelista.

 

 

A SEDE

Extracto de 'Laura no deserto'. Galaxia. 2011.

 

Por Antón RIVEIRO COELLO

 

Os ollos de Ivonne foron o primeiro aviso da túa cesión. Apenas un escintileo e deuche arrepío sabéreste carne. A súa inocencia espiu o teu pensamento e puxo ás claras esa fortaleza que crías ter endurecido nos cárceres e na crueldade dos interrogatorios.

Si, o teu máis grande orgullo —e a túa maior sorpresa—, seguía a ser a túa capacidade de resistencia en Saint Michel, o non teres delatado os compañeiros, sobre todo a Lucien, que te quería e che dera todo, mesmo un novo sentido á túa vida. Alguén te avisara de que a tortura da Gestapo era tan atroz que todos, mesmo os guerrilleiros máis afoutos, acababan por cantar; como moito, podían aguantar un chisco máis para que os camaradas tivesen tempo de fuxir antes de pronunciar os seus nomes. Se cadra foi esa confidencia a que te preparou para non defraudares a Lucien e seres quen de pagar co corpo o silencio. Velaí unha dolorosa proba de amor. O teu propio corpo nacendo dentro de ti, facéndose consciente na dor, alí, na escuridade fría daquelas paredes que te esmagaban, cos ouvidos encetados despois de che afundiren a cabeza na auga noxenta da bañeira, sen saberes o que acontecera co grupo. Si, coidabas que pagara a pena. A túa resistencia limpárache a conciencia e axudaba a aturares non só a dor brutal das xunturas escordándose, abandonando as súas cavidades, senón tamén a cobiza untuosa dos dous alemáns que uliscaron o teu nu, coma cans en celo, antes de te violaren sen te soltar do gancho do que te tiñan pendurada pola esposas. Lembras ben os momentos posteriores á tortura, cando te deixaron na cela e sentiches o alivio da cabeza saíndo dese corpo magoado no que os ósos semellaban ferros candentes a te queimaren por dentro.

Ficou gravado no teu cerebro o rastro pracenteiro de perderes o si, fuxindo de ti mesma coa vitoria nos beizos. Mais agora xa non era o mesmo e o vagón acababa de ser un ensaio anticipado do que che agardaría despois. Nas estreituras desa improvisada cela andante, fuches consciente da túa debilidade. E o peor non foi o pudor nin a sucia promiscuidade, nin a fame, nin a pestilencia, nin a descomposición dos corpos dos mortos que non aturaron as condicións da viaxe; foi a sede, esa sede furiosa pola que neses intres desesperados serías quen de matar, a que axiña te reduciu e te converteu en cousa, en animal case espontáneo.

Si, Ivonne, a moza que tanto te admiraba, que era coma unha irmá pequena e aínda non sospeitaba nada do que lle ía acontecer á criatura que levaba dentro, viuno nos teus ollos, eses mesmos que ti viches reflectidos nos seus. Aí estaba o teu desexo violento, un obxectivo que che fixo esquecer a agonía de Isabelle Dupont, a mestra parisiense que che contou a súa vida cunha paixón agonizante e á que lle apañaches as pertenzas: a pulseira de ouro, a sortella que lle regalara o seu noivo e ese par de zapatos cos que despois soñarías cando os pés, envoltos en farrapos, se enchoupaban de pus e do sangue das feridas abertas e podres.

Ivonne procuraba en ti unha explicación, mais de ti xa desertaran todos os afectos e só te guiaba a vontade de beberes. A lingua soldábase ao ceo da boca e un anel candente esganábache a gorxa. Só o deserto, no que nunca estiveras, debuxábase na túa dor: un deserto de fantasía, doméstico e inexplorado, coma o das dunas de Corrubedo, ao que algunha tarde de verán adoitabas ir en bicicleta con Máximo. A morte coma compañeira e ti querendo esquecer a sede, rebozándote na area, tan libre coma as gaivotas que espertaban a túa alegría e che lembraban que detrás desas dunas abandonadas estaba o mar, si, o mar, ruxindo na túa cabeza coma un axóuxere.

Que triste ver así a Ivonne, coma unha cadeliña fiel, resistíndose a crer que xa non eras ti a que tremelicaba de cobiza e rabuñaba as táboas coma un mico acurralado. Querías ser a primeira e non facías caso ás palabras tristes desta amiga que che falaba cun ton que era unha mestura de reproche e desconcerto. Ivonne, coitada, que non era consciente da súa condena e levaba unha faixa ben apertada para agachar o seu estado, que estaba alí máis por un azar amoroso que pola súa participación efectiva na Resistencia, foi quen de te ver por dentro, e colleu un medo insuperable coma se unhas gadoupas xurdisen das cuncas dos teus ollos. E si, cando o tren parou e se abriu a porta, fuches na cabeceira porque a sede seguía a arder en ti dun xeito tan físico que nin sequera pensaches nos mortos amoreados no recanto do vagón, xusto no lugar onde faciades as vosas necesidades, nin colliches a man de Ivonne para non perderes unha referencia. O que che importaba agora era saciar a túa maldita sede.

A mala noticia foi que, ao baixardes do tren, non era precisamente auga o que vos esperaba senón a rabia común de cans policía e soldados alemáns das S.S. que vos fixeron formar e aliñaron os vosos medos nunha selección de xénero que realizaba un home louro e alto coma un fungueiro. Coa fusta na man, a xeito de batuta, mandou os homes a un lado e as mulleres a outro. Endexamais te abandonaron as queixas adoecidas desas familias que se separaban coa sospeita da perda: mans entretecidas, bágoas coma lámpadas, laios, amores rotos... Nese altura mesmo te alegraches de estar soa e non ter que apandares coa carga dolorosa dunha despedida. Todo o que eras ía contigo.

 

Os homes foron diante e as mulleres tivestes que agardar na estación durante media hora, que se fixo eterna, sobre todo, cando vistes como aqueles presos de raias amoreaban nas carretas non só os mortos que ficaran nos vagóns senón tamén todos os enfermos e moribundos que non tiñan forzas para baixar. Despois, en ringleiras de a cinco, metéronvos por un bosque de piñeiros e foi daquela cando te decataches de que Ivonne, que acababa de encetar os dezaoito anos, quedara un nada atrás, arrepiada máis polo teu rexeitamento que pola impresión violenta de ver aqueles alemáns armados que vos empurraban con voces guturais que semellaban metralla. E a pobre deu en chorar mentres ti ías diante porque crías que iso che daría dereito a beberes a primeira. Ollabas cara a atrás e alegrábaste cando vías como as máis vellas e as máis febles caían escadriladas pola dureza da viaxe e porque se resistían a abandonar as pesadas equipaxes nas que traían a agonía das súas pertenzas, unha última e desesperada decisión. Mais ti, que viñas do cárcere, non tiñas nada e non puideches caer no lazo dos alemáns, que, dun xeito renarte e sibilino, animaron a todos a levaren os obxectos de valor porque iso non contraviña as ordenanzas.

Esa sede escrava foi a túa derrota moral e axudou a esqueceres a Ivonne, que, como estaba un chisco grosa, era un lastre que che impedía o avance. Mais o camiño foi longo mesmo para os cans, e a sede apenas che permitiu reparar nesa aldea que, coma unha aparición ostentosa, xurdía nunha calva do bosque, coas súas casiñas axardinadas, as cortinas nas fiestras, a praza e a agulla dun campanario que se empoleiraba por riba dos tellados coma un xoguete de cartón pedra. Aínda tiveches tempo de ver algunhas persoas que ollaban para vós con indiferenza, vestidas con mudas de domingo e gozando dunha vida tan normal... Pero ti esquecíchelas nun ai porque querías chegar canto antes ao destino no que con certeza vos estarían a esperar con baldes derramados de auga fresca. E, de súpeto, a non máis de douscentos metros, diante dos vosos ollos perfilouse aquel lago no que dúas barcas estaban amarradas a un peirao de madeira, si, ese lago en que, moito tempo despois, nunha luminosa mañá de primavera, te bañarías núa, sen che importar a ollada dos soldados americanos que, dende a beira, buscaban no teu corpo a saudade dos seus amores afastados e incertos. Ese lago foi para ti coma a visión inequívoca dun oasis. Case sen seres consciente do pulo do teu desexo brutal, desprendeuse a lingua do ceo da boca e rompiches a fila na procura das súas augas. E foi un golpe enteiro nas costas o que deseguida te debruzou no chan e che fixo crer que xa nunca serías quen de te erguer. Ivonne e mais esa vella miúda tan elegante, que ficaran lixeiramente atrás, foron as que te axudaron a te incorporar e a pores a carne a recado dos cairos asexantes dos cans. Precisamente elas as dúas tendéronche a mesma man que a túa sede lles negara. Si, a pobre Ivonne, que confiara en ti todo o seu futuro e descoñecía o alcance da súa desgraza, e madame Fontaine, unha aristócrata refinada que era das poucas que se desfixera sen trauma da súa equipaxe e das súas alfaias porque sospeitaba que esa opulencia, á parte de inmoral, de nada lle serviría diante da furia dos alemáns.

O lago, pois, ficou atrás coma unha frustración e a dor das costas fixo que esqueceses por un intre a sede adoecida.

Cando por fin chegastes á muralla custodiada por sentinelas, unha porta inmensa abriuse diante de vós e puidestes ver as entrañas do mundo que vos agardaba. Unha pequena orquestra de corda, formada na súa meirande parte por mulleres, estaba a interpretar unha composición de Bach que recoñeciches decontado porque ti tamén a sabías tocar no piano. A música amorteceu a impresión de veres todos aqueles barracóns e aquela outra praza pola que varias mulleres, vestidas con farrapos raiados, empurraban carretas ateigadas de area. E facíano, alleas á vosa presenza, coma se algo lles impedise ollar para outro sitio que non fose o chan e o débil avance dos seus pasos. Mais ti non te facías preguntas por esa extrema delgadeza nin pola órbita desmesurada dos seus ollos nin a vellez prematura; o único que che preocupaba era beber, saciares a sede noxenta que estaba a che secar a alma e a te converter nunha animalia. E non, non vías a Ivonne, que buscaba nos teus ollos a resposta e só achaba neles o fulgor salvaxe de algo descoñecido. E volviches ser das primeiras en te enfrontares á selección que facía un oficial e alegrácheste de que non te puxesen coas vellas nin coas nenas porque ti preferías traballar no que fose con tal de que a sede desaparecese. E, malia os berros esgazados das familias, viches médicos con material cirúrxico e ambulancias. Iso deuche esperanza e deixácheste levar polos empurróns de varios soldados que vos meteron nunha especie de almacén no que había unhas duchas. Si, aí abríuseche o mundo, e a lingua volveu desapegarse do forno da boca. Mais o primeiro que ouviches foi a orde de vos espirdes, algo que provocou un murmurio unánime de protesta que axiña se esvaeceu porque un dos soldados botou man da culata para lle escachar o cranio a unha presa polaca que se arrepuña contra el.

A ti non che importou tanto ficar en porrancho porque precisabas beber e fuches das primeiras. Mesmo che amolaba o xeito teimudo co que moitas se amarraban ás últimas pertenzas xa que iso demoraba o intre de te meteres debaixo das duchas. Un soldado non deixaba de indicar en diferentes idiomas que ese número que vos daban valería para recuperardes todos eses bolsos, xoias, reloxos, roupas e demais obxectos que varias presas amoreaban en carretas. E non, non o memorizaches porque ti xa non tiñas nada. Agora estabas tan concentrada no desexo da auga que case non recoñeces a curva núa e perigosa do ventre de Ivonne nin a pelica enrugada de madame Fontaine. O teu corpo estremecía, non de medo nin de vergoña, senón de cobiza. Mais a espera aínda ía durar un pouco máis.

Primeiro entrastes nun cuarto onde vos deitaron nunha mesa de madeira, e alí, mentres os soldados facían comentarios obscenos, cacheáronvos intimamente nun exame oral, rectal e vaxinal. E si, doeuche un mundo a inxección que che puxo unha rusa na vaxina, e ficaches un bo anaco dobrada no chan sen te poderes pór de pé. Cando o fixeches apareceu un oficial alto, e realizou unha nova escolla entre as que tiñades o pelo louro. Sen saberes aínda por que, deuche no corpo que acababas de ter sorte cando te puxo nun aparte con outras louras que, coma ti, libraban de ser tosquiadas. Nesa altura, mentres varias mulleres enchían co pelo grandes sacas, ti estabas tan fóra de ti que mesmo agoiraches que ese privilexio de non seres rapada estaba relacionado co feito de entrar das primeiras na ducha. Mais non foi así porque os soldados amosaron as ferraduras e deron en meter aos golpes unha primeira remesa de corpos espavorecidos. Iso si, cando che tocou, algo moi semellante ao pracer agromou no fondo de ti. E abriches a boca tanto que mesmo esgazaches os beizos secos, pero fuches das primeiras en probar a auga insalubre que escorregaba por dentro e fóra do teu corpo. O desexo levárache o sentido e nese intre gozoso non te decatabas de que estabas a rabuñar e empurrar compañeiras que che querían disputar a auga e o espazo. Allea aos insultos, aos golpes que te mallaban, ao tremor dos corpos, á angustia da pobre Ivonne, que, grazas á súa gordura, conseguira agachar o seu embarazo, só che importaba ese líquido que entraba en ti coma un aloumiño e anulaba a dor antiga e insoportable da sede. Foi un pouco despois, naquel cuarto no que vos daban zapatos desaparellados e pezas de roupa recia e miserable, cando a ollada inculpadora de Ivonne te volveu carne de novo e che fixo ser consciente de todo o que acontecera. Desta volta tomou conta de ti unha vergoña tan física e dolorosa que nun alustre soubeches que algo dentro de ti morrera para sempre.

ILUSTRAR EN LA ERA DIGITAL

ILUSTRAR EN LA ERA DIGITAL

MAX, ARNAL BALLESTER Y ISIDRO FERRER

DEBATEN EN EL JOAQUÍN RONCAL


Tertulias Gráficas y FADIP lanzan una nueva convocatoria para hoy
jueves, 16 de febrero, en el Centro Joaquín Roncal, Sala 1 a las 19:30.


Os proponemos una mesa de debate a la que no podéis faltar. (Este espléndido retrato del Diseñador Isidro Ferrer es de A Photo Agency y Colectivo Anguila).
FADIP organiza, esta vez en Zaragoza, y con la colaboración de Tertulias Gráficas, la mesa redonda “LOS RETOS DE LA ILUSTRACIÓN EN LA ERA DIGITAL”, mesa de debate centrada en las nuevas perspectivas que se abren ante los ilustradores, con el fin de aclarar, de arrojar un poco de luz sobre el desconocimiento, la incertidumbre, los nuevos problemas que traen consigo los medios y los soportes digitales. Para ello reúne a tres grandes profesionales del sector. Max, Arnal Ballester e Isidro Ferrer nos transmitirán las conclusiones que se redactaron en el último informe del Observatorio de la Ilustración, informe que se editó con el fin de “crear una herramienta para situarnos profesionalmente en el siglo XXI, una base para la reflexión sobre los problemas que tenemos que resolver ante los nuevos retos”.
Max, Arnal Ballester e Isidro Ferrer son tres de los ilustradores más significativos del panorama nacional e internacional. Referencia indiscutible para ilustradores de generaciones posteriores no sólo por la calidad de sus obras sino también por su compromiso con la profesión. Moderará la mesa Carlos Velázquez, profesor de Diseño e Ilustración de la Escuela de Artes de Zaragoza.

 

PEPO PAZ: HECHIZO DE INFANCIA

PEPO PAZ: HECHIZO DE INFANCIA

AMELIE GALUP: RECUERDOS DE UNA

INFANCIA EN CARRETILLA

La infancia es el reino de las maravillas. Cualquier pequeño gesto puede convertirse en una aventura inolvidable. De niño me fascinaban los carretillos, las carretillas. A veces teníamos uno en casa, a veces los traían los albañiles. Y uno de aquellos juegos tan elementales como el viento era cuando un mayor te daba una vuelta. He visto esta foto de Amelie Galup (1856-1943), una fotógrafa francesa clásica, esta estampa enmarcada en la atmósfera de la casa, y me he acordado de la infancia en Santa Mariña de Lañas, en Arteixo, de las obras a las que íbamos a fumar y, muy especialmente, de aquellos viajes en carretilla que tenía el sabor y la leyenda de la primera aventura.

                                                                                      

Publico este pequeño texto en mi facebook, y Pepo Paz, el editor de Bartleby, viajero incansable y experto en gastronomía, cuenta esta bonita historia.

 

LAS CÁRCAVAS

Por Pepo PAZ

Una amiga me ha pedido, con insistencia, que cuelgue una foto mía en el perfil del blog. Acepto el reto: la de la izquierda es una foto que he rescatado esta mañana entre un montón de ajadas y amarillentas imágenes. Esas fotos reconstruyen la memoria de lo que soy y fui. En ella puede verse a mi abuelo paterno transportando en su carretilla a seis niños. El primero por la izquierda soy yo. La niña de la derecha, mi hermana. No reconozco a nadie más. Está tomada en Las Cárcavas, un poblado de chabolas y viviendas inverosímiles que se levantaba hace mucho tiempo más allá del pueblo de Hortaleza (cuando Hortaleza todavía era pueblo y en Madrid tenían cabida los descampados y, por febrero, florecían prematuramente los árboles). Para llegar hasta la casa de mi abuelo, que era carpintero como lo había sido su padre y que, como su padre, también perdió la guerra y la fortuna y nunca quiso que le hicieramos un funeral, se cruzaban las vías del tren por un puente de piedra que había junto a la fábrica de vinos Savin y luego se recorría un camino de tierra que, con las lluvias, se volvía impracticable. Ir desde nuestra casa en Pueblo Nuevo hasta Las Cárcavas era toda una aventura para un pequeño de apenas dos o tres años.

Hoy todavía lo sigue siendo, aunque por razones muy distintas: hay que atravesar la M-40, las vías del tren y adentrarse en un entramado de calles pespunteadas de chalecitos y casas bajas (algunas de la época en que se tomó esta foto). El tiempo transcurrido me impide situar con exactitud dónde se alzaba la casa de mi abuelo, esa casa de hojalata y su terreno vallado que malvendió para comprarse un piso con dos habitaciones en Fuenlabrada a finales de los años setenta y de cuya venta sólo consiguió hacer efectiva una mísera letra. Ignoro a quién pertenecerá ahora el chalet construido sobre el terreno impagado a mi abuelo y a su mujer. Robado en silencio. Primitiva ingeniería financiera.

 

ABELEIRA PUBLICA 'PAN DE ÁNIMAS'

ABELEIRA PUBLICA 'PAN DE ÁNIMAS'

Onte chamoume o poeta e traductor Xoán Abeleira. Ven de publicar en Xerais o libro ‘Pan de ánimas’

[Leo a presentación en clave poética, claro, do volumen en Xerais:Pan de ánimas é unha ofrenda a todos os mortos: aos mortos que seguen vivos e aos vivos que existen mortos. Pan de ánimas é o son da moega que deita o sol da moenda. Pan de ánimas é a fariña do ollo que arela ver o seu ser. Pan de ánimas é o canto da roda que une o gran e a cinza. Pan de ánimas é un cántico á moa que ten a nada por centro. Pan de ánimas é estoutra maquía desa materia escura que chamamos poesía”.]

Xoán ten una columna en ‘La Opinión de A Coruña’: é un dos poucos columnistas que coñezo que publica aí os seus propios textos de criación, os seus poemas. Hai algún tempo daba este avance de ‘Pan de ánimas’. Xoán ven de publicar en Bartleby unha nova traducción de Apollinaire: ‘Zona’. Emocionoume especialmente o seu libro anterior: ‘As nosas sombras no xardín de Serralves’, un dos poemarios de amor máis sólidos –desgarrados, emotivos, de fíos secretos- da lírica galega dos últimos trinta anos. 

 

 

 

 

XOÁN ABELEIRA

 

I. Fitos, periferia
No canto do banal, a perspicacia ó ventimperio. No canto da exuberancia, o fondo abastecemento.

En min ábrese paso unha alegría disidente. Horror a tanto benestar conxénito. Horror a esa caterva de seres amestrados que devastan ó seu paso todo o que fecunda.

Soidade, morada do insubmiso: as túas paredes evitan o cortexo da mao ambigua e o seu frío. A quen non busca hospedaxe confías todas as portas.

Cheo de mascaradas, cheo de sucedáneos insípidos, brutais, tan só desexo sentir ises beizos lañados pola súa sede de Infinito.

Canteiro das miñas doelas, artífice do fulgor que mañá experimentará a bóveda! Saudando o cascallo, nivelando as arestas, emprendamos a tarefa do círculo.



II. El Berrueco

Durante toda a noitada o vento
Estivo a bourar istes tambores,
Durante toda a noitada o vento
A remexer iste osario.

Cánta quietude xena
Arestora nas fraguizas,
Cánta bonanza regada
Polas vetas das rochas.
O ceo é un inmenso can manso,
Unha branca vaca sagrada:
A súa lingua sanda as feridas
Diste espazo diluvial.

Recoñézome nos ídolos,
Recoñézome nistes Prometeos
Cegados polos voitres.
Séculos e séculos de renuncia
Moldearon a súa espera.

Por qué súpeto milagre
Chegaron a convivir
O verdor e maila dureza?
Cómo xurdiu esta tenrura
Flagrante que enfía os canchos?

Eiquí é imposible acubillármonos,
Aparentarmos que somos outros
Distintos ós que petrifica o espello.
Eiquí reina o ventimperio, eiquí
Unha simple lufada íspenos ata os ósos.

 

NOTA DE XOÁN ABELEIRA: Istes poemas pertencen a un libro, titulado ‘Pan de Ánimas’. “El Berrueco” é un “lugar de poder”, “xamánico”, que domina a vila de La Cabrera, na Serra Norte de Madrid, célebre polas formas oníricas, fantásticas que teñen os seus canchos. ‘Pan de Ánimas’ acaba de saír en Xerais. As fotos, de carácter urbano, son de Shane Pérez.