Blogia

Antón Castro

ELÍAS MORO Y SUS 'MORERÍAS'

ELÍAS MORO Y SUS 'MORERÍAS'

Elías Moro Cuéllar es uno de esos seres enfermos de literatura y de palabras, marcado por un especial sentido de la amistad. Residente en Mérida y madrileño de 1959, Zaragoza se ha convertido en su ciudad de los afectos. Aquí tiene ya un montón de amigos, y no hay semana en que no mande algunos de sus mensajes: correos, cartas, portales, libros, folletos o sus publicaciones nuevas. Siempre piensa en los demás, y en eso se parece un poco a Félix Romeo: encuentra en librerías de viejo o en su poblada biblioteca libros que sabe que te van a gustar: a mí me ha mandado cosas de Ramón Acín, de Camilo José Cela (a propósito de su pasión por el fútbol) o de Manuel Rivas. Y de otros autores a Fernando Sanmartín, Pepe Melero, Cristina Grande... Ayer llegó un librito que hizo para los amigos, con colofón del 22 de diciembre de 2011, fecha del nacimiento de Álvaro Cunqueiro Mora. Se titulas ’99 Morerías’ y es su personal homenaje a Ramón Gómez de la Serna y sus greguerías. Dice por ejemplo: “Las pisadas del hipopótamo son un terremoto para las hormigas”; “Los micrófonos están siempre como a punto de ser besados”; “Los grillos siempre tienen la misma conversación”; “El viento no es más que un aire que ha salido de parranda; eso sí, con unas copas de más”; “A la lavadora le gusta comerse un calcetín de vez en cuando”; “Los pájaros son la banda sonora del aire” o “El periódico se ríe de nosotros todos los días con las mentiras que nos cuenta”... Y así hasta 99, en esta entrega que consta de 99 ejemplares y que está dedicada a Isabel Román.

Otras ’Morerías’:

La tristeza es una risa que no encuentra la puerta de salida

El ojo de la cerradura multiplica la belleza de lo prohibido

El pijama es el traje de faena de los sueños

La cicatriz es la memoria de la herida

 

*Dos fotos de Elías Moro Cuéllar, la segunda es de Jorge Armestar, un retrato de Alfonso de Ramón Gómez de la Serna.

CINDY SHERMAN: AUTORRETRATO

CINDY SHERMAN: AUTORRETRATO

Hubo una época en que me gustó mucho Cindy Sherman, la fotógrafa norteamericana que casi siempre se autorretrata. Luego dejó de gustarme tanto. Y ahora vuelve a gustarme por una razón afectuosa: a mi hija Aloma le gusta mucho. Sé que no tiene demasiado sentido lo que digo, pero es así. Y me ha gustado mucho esta foto. Sherman es muy teatral, imaginativa, tiene alma de transformista. ¿Cuántas mujeres, cuántas artistas, cuántas actrices puede ser Cindy Sherman?

ADIÓS A JOSÉ TEROL

[El pasado sábado, José Terol, padre de mi cuñado José Luis Terol, suegro de mi cuñada Mari Ángeles, vino a comer a casa. Y en él me inspiré para escribir este texto que apareció en Heraldo en mi sección ‘Cuentos de domingo’. _José estaba muy emocionado. Decía que lo suscribía todo por entero: que él se sabía el protagonista de la historia. Ayer, tras una mañana agitada de cariño, tras leer algunos de sus libros favoritos, de Punset y de Marina, José fallecía a los 88 años. Había releído el texto de nuevo; su hijo José Luis ha querido que se vaya a la tumba a descansar para siempre, muy cerca de su mujer que yace en Jumilla, con este texto en un bolsillo. Esta foto se la hice el pasado verano en Ejulve.]

 

 

EL ANCIANO PERPLEJO: ADIÓS A JOSÉ TEROL

¿Cuántas navidades creéis que me quedan?, pregunté en el brindis. Los más generosos soltaron una mentira piadosa: diez años. El tiempo necesario para que los tuyos vuelvan al poder, dijeron con ironía. Tengo 86 años. O más. Estoy más delgado que nunca. De vez en cuando me da algún que otro achuchón: me debilito, me mareo, asusto a los míos. Aún leo: libros de política, de historia, con letra grande. Leer es la mejor ventana al mundo: estás contigo y con los demás, te informas y te invitan a reflexionar. Leer ha sido una de las aventuras más bonitas de mi vida: tan grande como el amor, como saberse de una tribu y su tertulia, de una familia, de una ciudad y sus calles. Ahora los periódicos anuncian el fin del mundo, bueno, exagero: anuncian un futuro negro, un vendaval de incertidumbre, constatan un ejército de parados o de desesperados. Jamás lo habría imaginado. En mi casa algunos se han quedado en el paro: mi yerno, un nieto. Los vecinos de aquí y allá. A casi nadie les salen las cuentas. Durante años he pensado que la democracia había traído no solo la libertad, la cultura y la modernidad, sino la esperanza del porvenir. Nadie volvería a vivir como lo habíamos hecho nosotros: un poco a rastras, pugnando con la noche de piedra y contra los emisarios del miedo. Si había escozor y conflictos: toros, fútbol y semana santa de sombra. Ahora hay otras cosas: célebres de la nada, y gritones y reaccionarios en la tele, y fútbol a todas horas, como un castigo o una emboscada. Esto parece lo anecdótico. Y no lo es tanto: la democracia y la política palidecen. Ha perdido lo público: retrocedemos en conquistas sociales básicas minuto a minuto. Y eso sí podría parecerse al fin del mundo.

 

DIÁLOGO CON MANUEL VILAS: PUBLICA 'LOS INMORTALES'

El escritor Manuel Vilas (Barbastro, 1962) acaba de publicar en Alfaguara su nueva novela: ‘Los inmortales’, un libro que incorpora fotografías y que sigue la estética de su novela anterior ‘Aire nuestro’. Es un libro inequívocamente culturalista, pero con esa mirada deformadora, grotesca y libre que usa Manuel. Aquí el protagonista se llama Saavedra. Alfaguara me hace llegar esta entrevista con el autor, que presenta su libro el viernes de la semana que viene en Zaragoza.

 

 

“NO PUEDO ACEPTAR LA MUERTE, ME

PARECE UN ERROR DE LA NATURALEZA”

 

Entrevista de ALFAGUARA.

Pregunta. Es Aristo Willas, en el futuro más lejano posible (22011) quien nos abre la puerta a la historia, tras el hallazgo del manuscrito que vuelve innobles a sus antepasados, los primeros inmortales, ¿por qué decidiste utilizar ese marco narrativo?

 

Respuesta. Utilicé de una forma paródica el viejo recurso del manuscrito encontrado. Toda la novela de Los inmortales es un manuscrito encontrado en el año 22.011 por un personaje llamado Aristo Willas. En el año 22.011 la inmortalidad es un bien espiritual del que gozan todos los seres humanos. Es un bien noble y elevado, una conquista espiritual y material. En cambio, en ese manuscrito, que pertenece al siglo XXI, es decir, a nuestra época, la inmortalidad es una aspiración cómica. Con ese contraste entre lo trágico y lo cómico arranca la novela.

 

P. Si en Aire Nuestro se deformaba hasta la carcajada histérica (y maravillosa) una cadena de televisión, aquí se hace lo propio con una novela, que en este caso parece, como dice el propio Aristo Willas, una novela de caballerías invertida, siniestra, innoble para con los futuros inmortales. ¿Dirías que es una novela cervatina deconstruida?

 

R. Hay muchas cosas de Cervantes en Los Inmortales. Cervantes para mí es un misterio. Pero ese personaje de mi novela, llamado Aristo Willas, habla desde un punto de vista shakesperiano. Aristo Willas condena Los Inmortales, porque es una obra cómica. Tragedia y comedia se enfrentan en las primeras páginas de la novela, la galaxia Shakespeare frente a la galaxia Cervantes. Pero, efectivamente, esta es una novela cervantina. Mi cervantismo reside en que no consigo ver la realidad, eso me hace tolerante, y también compasivo. Los Inmortales nace de mi experiencia de ver morir a gente a la que quería. No puedo aceptar la muerte, me parece un error de la naturaleza. Corrijo ese error con la literatura. Me he inventado una inmortalidad made in Vilas. La muerte ya no existe para mí. He escrito esta novela contra la muerte.

 

P. El homenaje a Cervantes está servido desde el arranque (Saavedra). Y vuelven a aparecer algunos de tus ya clásicos: Johnny Cash (aunque esta vez sólo se le mencione), Juan Carlos I, Lorca, Picasso, ¿quién dirías que es el protagonista de esta historia?

 

R. El protagonista es Saavedra, un tipo que da la sensación de que es la reencarnación  de Cervantes; sin embargo, él nunca llega a afirmar tal cosa. Aunque no preside todos los capítulos de la novela, Saavedra es el personaje que más aparece y el que más protagonismo concentra.

 

P. El humor (negro, bizarro) es el motor de cada una de las escenas (encarnado en misiones delirantes que incluyen degustar miles de hamburguesas del McDonald’s y cortar cabezas de directivos de Movistar.), ¿es una suerte de botón que desactiva la realidad o dirías que la hace aún más real?

 

R. Pensé en las misiones de la caballería andante del siglo XV y he intentado buscar el equivalente de esas misiones en el siglo XXI. A un personaje de la novela, Corman Martínez, se le pide que visite todos los McDonald´s de la tierra. Es una prueba heroica. Hay crítica social posmoderna en la novela. Un personaje recibe el encargo de cortar cabezas de directivos de telefonía móvil. Los personajes de mi novela piden justicia, pero no saben cómo lograrla. No saben dónde está la justicia.

 

P. Vuelves a aparecer como personaje, esta vez, camino de la Luna. ¿Hay algo de crítica al delirio de las lecturas poéticas en lugares de lo más insospechado?

 

R. No lo había pensado, pero imagino que sí, que hay una crítica lúdica a ciertos excesos del “estado cultural”. No sé si crítica o celebración. Puede que haya una exaltación enloquecida de la cultura. El último grado al que hemos llegado como civilización es a la creación de estados culturales, creo que eso es de lo que trato en ese capítulo, en el que un poeta llamado Manuel Vilas, en el año 2040, viaja a la luna junto con otros seis poetas, con el encargo de componer un poema sobre la luna a pie de luna. Veremos cosas así en el futuro. La cultura ya no tiene poder transformador, es un espectáculo más, eso he querido decir allí.

 

P. En un momento determinado, Corman Martínez, el personaje que habla con Stalin, ve de forma simultánea El Día de la Bestia y Los Lunes al Sol porque considera que cada una de ellas resume una de las dos Españas, la del esperpento la primera, la de la reflexión la segunda, ¿dirías que tu narrativa hace algo parecido?

 

R. Ese es un capítulo muy bestia. Trata de España a través de dos películas recientes. En las dos se dibuja una visión de España. Sí, yo creo que mi narrativa también busca reflejar la sociedad española, representar el país en el que vivimos. No es una tarea fácil. También se invoca a Larra en ese capítulo, en la medida en que fue uno de los pioneros en tratar el tema de España desde la modernidad. Valle-Inclán y Luis Buñuel también están presentes. Ya nadie sabe quién fue Mariano José de Larra, eso me parece divertido. Pronto no sabremos quién fue Galdós. Y pronto no sabremos quién fue Felipe II. No critico esto, me parece gracioso. Además, todo esto acaba confirmando mi teoría de que la Historia está mutando.

 

P. Ponti (Juan Pablo II) está fascinado por la sección de electrodomésticos de El Corte Inglés y por el tacto de los neumáticos nuevos, ¿hasta qué punto el consumismo nos está consumiendo?

 

R. Ponti exalta la materia. Ponti es una abreviatura de Pontífice. En la novela hay una exaltación de lo material. Una fascinación por tocar frigoríficos, televisores, microondas, ruedas de automóvil. Ponti entiende que toda esa materia lleva oculto un significado trascendental. Es como si bendijera el avance de la industria. Piensa que los seres humanos están acercándose a Dios. Es una sacralización del consumo, es otra vuelta de tuerca a la crítica del consumismo. Es la divinización del consumismo. Ya casi no hay crítica, sino gozo. Para Ponti la riqueza material de este siglo XXI es un misterio tan grande como el de la Eucaristía.

 

P. La fascinación que sienten todos los viejos inmortales por los avances de la técnica (los ordenadores portátiles, el aire acondicionado, ese tipo de cosas) deshonra la inmortalidad en sí y la convierte en una inmortalidad de saldo (sólo en algunos casos), ¿es el ser humano hoy menos noble de lo que lo era antes (y sitúa ese antes donde lo creas oportuno)?

 

R. No, yo creo que el ser humano está mejor ahora –desde cualquier punto de vista, político, económico, social-- que en cualquier otro momento de la Historia. El problema es que mi novela niega la Historia. Se dice todo el rato que sólo existe el Presente. La muerte es solo un lugar del estadio evolutivo del ser humano. El ser humano acabará siendo inmortal. Tal vez ya lo sea. La muerte es inadmisible. Por eso me interesa la Ciencia Ficción, y mucho. Porque en el futuro nadie morirá. Lo veo clarísimo. A los ojos de los que vendrán, nosotros seremos pobres neardentales. Inspiraremos mucha lástima. Eso ya lo dice Aristo Willas al principio de Los Inmortales. Haber nacido en esta época significa que, desde un punto de vista tecnológico, aún tendrás que morir. Es mejor nacer dentro de 20.000 años. Nos confundimos naciendo ahora. Por la maldita prisa en nacer. Morirse es patético, es como seguir viajando en mula en vez de  viajar en un avión supersónico. Un retraso. Yo lo veo así. Dentro de un par de siglos, la gente vivirá ya 140 años. Nosotros seguimos con la expectativa de vida de 80 años como mucho, que es ridícula. Amo la vida, por eso digo todo esto. Imagínate, poder vivir ya 140 años, eso sí es fuerza y grandeza. Yo no pienso morirme, y en cualquier caso volveré.

 

P. Si Manuel Vilas, el único personaje de la novela que le teme a la muerte, fuese inmortal, ¿a cuál de los escenarios que describes (las playas de Cambrils, Santa Cruz de Tenerife, Zaragoza, la Luna, etc.) se desplazaría y qué demonios haría una vez allí?

 

R. Yo creo que la luna. Intentaría comprender desde allí qué es la vida humana, qué demonios hacemos mientras vivimos. Intentaría ser feliz en la luna, pero buscaría saciar mi curiosidad. En realidad, la novela toca el tema del conocimiento humano. Como no podemos llegar a conocer la verdad, los personajes se refugian en el amor. El amor es la única alternativa siempre. Al final, Los Inmortales se convierte en una novela de amor.

ESTA NOCHE, PENÚLTIMO BORRADORES

[El próximo día 17 de enero desaparece 'Borradores' de Aragón Televisión, tras más de cinco años y medio en pantalla y 280 programas. Por supuesto que a todo el equipo del programa nos habría encantado seguir. La cadena ya estrena el programa de música 'La Comunidad Sonora' y a partir de febrero habrá un nuevo magazine cultural dirigido por Adriano Oliveros y producido por el Grupo Zeta. Mil gracias a todos por la corriente de cariño y de complicidad que nos ha llegado desde todos los sitios de España y de Aragón. Estabamos agradecidos y emocionados. Ha sido el mejor regalo de Reyes.]

 

[En las fotos: ilustración de Fernando Vicente, Isaac Rosa, Andrés Pascual, una foto de Aránzazu Peyrotau del libro de Margarita Barbáchano y Kim Fasticks  (Jorge Berges).]

PENÚLTIMO ‘BORRADORES’ CON D. ALBIAC, ISAAC ROSA, GAMONEDA, F, VICENTE

La profesora e historiadora de literatura española Lola Albiac, especializada en la ilustración, es una de los invitados al penúltimo programa de ‘Borradores’, que se emite esta medianoche por Aragón Televisión. Hablará del cuarto volumen de la ‘Historia de la Literatura Española’ que dirige José-Carlos Mainer, titulado ‘Razón y Sentimiento. El siglo XVIII’ (Crítica), que tiene una importante presencia aragonesa de personalidades tan diferentes como Pignatelli, el Conde Aranda, Manuel Roda, Luzán o Goya, pero también habla de otros autores como Jovellanos o José Cadalso. El otro invitado al plató es el músico Kim Fasticks, el nombre del proyecto musical de Jorge Berges, un actor y compositor que reside desde hace algún tiempo en Berlín, donde prepara una versión en varias lenguas del ‘Finnegans wake’ de James Joyce. Berges explicará las claves de su disco ‘The holy place of love’ e interpreta dos temas.

El programa, por otra parte, ofrece un reportaje con el escritor Isaac Rosa, autor de ‘La mano invisible’ (Seix Barral), una novela de estirpe realista que aborda el mundo del trabajo y de diversas profesiones a veces invisibles. Muestra el trabajo del pintor e ilustrador Fernando Vicente, que colabora asiduamente con ‘ Babelia’, que ha ilustrado ‘El juego de las nubes’ de Goethe y ‘La saga de Erik el rojo’ para la editorial Nórdica. ‘Borradores’ se traslada a la sala Spectrum Sotos y allí conversa con Margarita Barbáchano, autora del libro ‘Mujeres de Edad invisible’ (Mira), ilustrado por una foto de una docena de fotógrafas aragonesas, que explican sus fotos. Se ofrece un reportaje con el premio Cervantes Antonio Gamoneda, con motivo de un recital que ofreció en el Museo Pablo Gargallo, acompañado de poetas aragoneses como Almudena Vidorreta, Manuel Forega, Nacho Escuín, Emilio Pedro Gómez o Brenda Ascoz, entre otros. ‘Borradores’ se cierra con un reportaje con el novelista Andrés Pascual, autor de ‘El haiku de las palabras perdidas’, donde habla de una historia de amor de dos jóvenes que desean resumir y encerrar su pasión en un haiku y a la vez también cuenta una historia vinculada con la bomba atómica y la II Guerra Mundial.

LICHFIELD RETRATA A KATE BUSH

LICHFIELD RETRATA A KATE BUSH

 

Siempre me han gustado las voces femeninas. Me han gustado especialmente: cuando llegué a Zaragoza, impresionado por María del Mar Bonet, llegué a comprar casi todos sus discos. Y a la vez, gracias a un buen amigo como Alberto Torró, que fue mi maestro de grupos y de voces, descubrí a una mujer que me encantaba con dos álbumes en concreto: ‘Lionheart’ y ‘The kick inside’. Hablo de Kate Bush, de la que han remasterizado varios de sus álbumes en 2011. Ya he oído dos o tres veces su último álbum: ’50 words for snow’ (50 palabras para la nieve), muy delicado y misterioso, evanescente, con algo de aroma de leyenda glacial. Estos días he estado repasando la obra de Patrick Lichfield, un gran fotógrafo británico: él le hizo esta estupenda foto a Kate Bush.

RAÚL ARIZA: UN CUENTO CORTO

El escritor de Castellón Raúl Ariza, especialista en narrativa breve y autor de ’Elefantiasis’, me ha manda un cuento corto casi a modo de bienvenida en este blog al nuevo año.

 

 

LA VIEJA CASA DEL PUEBLO

Por Raúl ARIZA


Todo comenzó hará un mes, cuando descubrí un ligero desconche en una de las paredes del salón. Una pequeña calva en la pintura que tan solo reflejaba la edad de la edificación, el desgaste por el uso y el descuido en estos últimos años, en los que ya no servía ni como vivienda de temporada.

La casa del pueblo era de la robustez y la envergadura que le recuerdo a mi padre. De paredes gruesas y techos altos. Tras mi separación, mis padres me la dejaron en uso porque no podía pagarme una de alquiler. Realmente fue mi madre quien terció por mí, porque con mi padre hacía varios años que no me hablaba y apenas nos veíamos. Siempre nos quisimos pero, o bien dos caracteres encontrados o bien una cabezonería compartida, lo cierto es que el distanciamiento, agravado desde que hace un par de años me casé con quien hoy ya es mi ex, era un hecho.

Lo de la casa comenzó, como he dicho, con una cuestión estética sin mayor trascendencia, sin embargo, en poco menos de un par de semanas el problema se agravó de repente, apareciendo, inesperadamente, enormes e inquietantes fracturas por todas partes. Primero fue en el largo pasillo, que tiene la grisura del carácter que he heredado de mi padre, donde una mañana encontré una grieta que, como una gran falla, cruzaba de este a oeste una extensión de casi seis metros de largo. Después fueron la cocina, en la que cayeron varios azulejos y se descompensaron los armarios, y los dos baños, que acabaron inundados tras la rotura de sus cañerías. Por último, el dormitorio conyugal presentó de un día para otro un estado ruinoso, amenazando desplome en cualquier momento. Su techo amaneció rajado en sentido longitudinal, la pared maestra sucumbió un par de centímetros al menos, y parte de la moldura que circundaba la estancia cedió, llenándolo todo de cascotes. Por miedo a quedar soterrado bajo una pila de escombros, tuve que cambiar de habitación y volver a la que ocupaba de crío cuando veraneábamos aquí. Anoche, mientras trataba de dormir entre tanto crujido amenazante, pensé y luego soñé con el viejo.

Esta mañana no me ha dado tiempo ni a desayunar. Tras un extraño ruido, algo así como el sordo crujido de una rama al partirse, la casa se ha escorado hacia la derecha como el casco viejo de un barco que hace aguas. Ha sido tan brusco el azote, que apenas me ha dado tiempo de coger las cuatro pertenencias que he podido y de salir medio desnudo a la calle. Un par de minutos después, la casa se ha desplomado frente mí.

Al conectar el móvil para llamar a la familia y contar lo sucedido, he comprobado que tenía varias llamadas perdidas de mi hermano mayor. Papá ha fallecido. Me ha dicho. Por lo visto, andaba desde hace más o menos un mes con algún que otro achaque sin demasiada importancia, pero no ha sido hasta estas dos últimas semanas cuando su progresivo deterioro se ha hecho manifiesto y alarmante, hasta que, después de estar un par de días hospitalizado, hoy, con el primer sol de la mañana, su corazón se ha derrumbado.

 

*Arriba, retrato de Raúl Ariza. Y luegos dos retratos de León Riesener: Una de su mujer, otra de Delacroix.

SUFRIDA Y MÍNIMA VICTORIA DEL GARRAPINILLOS ANTE EL SILOS 1-0

SUFRIDA Y MÍNIMA VICTORIA DEL GARRAPINILLOS ANTE EL SILOS 1-0

GARRAPINILLOS 1- SILOS 0

Las fiestas navideñas trajeron la dispersión entre los jugadores del Garrapinillos. Tuvimos cena para despedir el año, tras la victoria ante el Marianistas, donde nos quedamos sin Óscar Cambra para toda la temporada a consecuencia de una lesión de ligamento cruzado. Entrenamos tres días, pero no siempre todos: sabíamos por tanto que el partido de hoy ante el Silos en el campo de San Lorenzo, en un día luminoso, ventoso y casi primaveral, iba a ser difícil. Queríamos, además, dedicarle la victoria a Óscar y también a Néstor: ambos no volverán a jugar, probablemente, esta temporada. Por eso los chicos habían preparado una camiseta blanca de ánimo para ambos: Néstor no pudo venir, pero el exterior Óscar estaba allí. Como siempre. Como si fuera a lucir la camisola del 20, que hoy lució Alberto Sancho. Y que lucirá lo que resta de campaña.

Arrancamos con bajas y lesionados: a las suspensiones para Jesús Ángel y Fran, se sumaba la lesión de Javier Lacabe y la de Jorge Blasco, que se sentó en el banquillo. Jugamos así: Sergio Calvo; David Mateo, Jorge Beltrán, Eduardo García ‘Pirri’, Dani Pequerul; Diego Rodríguez, Kike Alcubierre, Alberto Luna; Jorge Rodríguez, Eloy Mateo y José Antonio ‘Pitu’. En el banco se sentaron el arquero Luis, Alberto Sancho, Quique Romero, Alberto Rubio y Jorge Blasco. El partido empezó sin brillo. El viento jugaba contra los rojillos de San Lorenzo; con todo, la jugada mejor elaborada, e iba a ser casi la única, fue por la derecha, trenzada entre Jorge y Diego Rodríguez que acabó en un centro hacia Eloy y ‘Pitu’, que no encontró rematador. El Garrapinillos no encontró su sitio: ni administraba el balón, ni lograba profundizar ni generaba ocasiones; aún así, Eloy pudo marcar en un par ocasiones, en ambas partes. Por desgracia, no marcó: recibió dos tarjetas amarillas y dejó al equipo con diez y con un alarmante 0-0 hacia el minuto 20 de la segunda parte. Jorge Blasco sustituyó ya en la primera parte a Kike, con una lesión en el empeine; y nuestros jugadores, en lances claros, otros pueriles y algunos más que dudosos, recibirían tarjetas sin conocimiento: prácticamente hubo tarjetas para casi todos. Para David Mateo, Jorge Beltrán, Eduardo Pirri, Dani Pequerul, Jorge Rodríguez, Alberto Luna, Jorge Blasco...

Con diez sobre el campo, Jorge Blasco recibió un centro limpio desde la izquierda y se elevó sobre su marcador, y marcó en un testarazo limpio hacia atrás. El Garrapinillos mejoró un poco en la segunda parte, pero también el Silos se estiró y generó ocasiones claras que salieron fuera o que marró por poco. Hacia el final, Jorge Blasco recibió un terrible cabezazo, pareció fortuito, de una rival en el hueso maxilofacial, y aún no sabemos qué le ocurre. Otra baja importante. Al final, con mucho trabajo y mucha pelea, y la fortuna necesaria que se necesita cuando juegas con diez y has ido perdiendo jugadores claves, el Garrapinillos resistió y venció por uno a cero. Un resultado que premia no la brillantez de juego, ni el dominio, sino el pundonor, la intensidad, la búsqueda de la victoria, y que premia también algo que los jugadores querían hacer antes de empezar el choque: dedicarle la victoria a Óscar y a Néstor. Y también a Rafa, el lateral zurdo lesionado, y a Jaime, que deja el equipo porque se marcha para ingresar en el ejército, donde aspira a hacer carrera.

El equipo se ha quedado diezmado. Ha perdido a Jorge Blasco para algunos partidos, tal vez, a Eloy y a Jorge Rodríguez por acumulación de tarjetas, y quizá recupere al capitán Lacabe el próximo día.

Pese a todo hay que felicitar a los jugadores: no han brillado como otras tardes, pero han logrado el objetivo: jugar, aguantar el cierzo, marcar y vencer al Silos, que no dio mala impresión en ningún momento. Por ahora, seguimos líderes. Costó, costó, costó lo que no está escrito; el Garrapinillos esta vez acusó el relax navideño, las bajas y le faltó pegada. La pegada que había tenido en otros momentos. Con todo, seguimos ahí, en lo más alto, con los tres puntos de ventaja que teníamos sobre A Mesa Puesta-Anento, y con 35 puntos en 15 partidos, dos más que el año pasado en 34.

*En la foto de archivo, Diego Rodríguez. Hoy ha estado por debajo de sus posibilidades.