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Antón Castro

JESÚS RUBIO HABLA DE 'LA HERENCIA DE ANTONIO MACHADO'

JESÚS RUBIO HABLA DE 'LA HERENCIA DE ANTONIO MACHADO'

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2019/02/12/jesus-rubio-jimenez-antonio-machado-antitesis-del-poeta-engreido-1292083-1361024.html

"La herencia de un poeta son sus versos". ¿Por qué llegan tanto los de Antonio Machado?

Seguramente porque inciden en las grandes preocupaciones humanas y lo hacen con una cercanía que solo los grandes poetas tienen. Pero también porque se convirtió para unos y otros en modelo –de eso trata el libro– con lecturas interesadas por unas u otras razones. Es indudable, además, que para los ciudadanos medios tuvo enorme importancia la labor de los cantautores.

Aunque el libro abarca de 1939 a 1970. ¿Qué significaron en su vida Leonor y Guiomar?

Machado llega a Soria después de una juventud complicada. Encuentra más que una pensión, una familia acogedora. Y allí, una adolescente que lo conmovió: Leonor. Se le abrió un proyecto de vida fascinante, que se truncó y que le afectó profundamente de por vida. El caso de Guiomar es distinto. Era una mujer con experiencia, pero indecisa, y una interlocutora interesada en la literatura. Y él, un Machado maduro a quien le debió de tentar aquello.

¿Cómo y por qué se produjo la santificación del poeta?

Una parte del libro trata sobre la creación de la imagen modélica de Machado en distintos aspectos. Construida sobre lo más cotidiano, a diferencia de otros casos en que se construye sobre lo excepcional. Cercano, inteligible (al menos en apariencia), no desligado de los problemas más cotidianos. Tuvo sensibilidad para los desfavorecidos y fue crítico con instituciones anquilosadas.

Antonio Machado influyó en muchos artistas... ¿Por qué?

Es la antítesis del poeta engreído; era "cercano, silencioso y misterioso a la vez" (Rubén Darío ‘dixit’); a su alrededor se desarrolló una imagen de hombre bueno, algo que, además, sus circunstancias acentuaron y en especial su destino último.

Reproduce el retrato de Pablo Serrano. ¿Le parece una de las mejores obras que le dedicaron?

Sin duda, por su propia potencia estética y por las circunstancias que rodearon su creación y, sobre todo, su difusión con el fallido homenaje de 1966. La prohibición hizo que internacionalmente se interesaran mucho por la obra desde Rusia o Estados Unidos y que se hicieran diferentes copias.

Trabaja sobre José María Palacio, al que cita Machado. ¿Qué le llevó hasta él y qué ha descubierto?

Preparando un comentario sobre el célebre poema-carta que le envió, empezaron a llamarme la atención su parentesco por parte de sus esposas; su coincidencia en algunas ideas y, sobre todo, que fueron "hermanos en el dolor". Así se refiere José María Palacio a Machado más de una vez: a él se le murieron dos niñas pequeñas, Carmen y Rosario, una antes y otra después que Leonor; tuvo cerca a Marco al igual que él lo estuvo al morir Leonor; había unos lazos fortísimos entre ellos.

¿Qué ocurrió luego?

De ahí pasé a intentar saber más de Palacio. Era aragonés (nacido en Rasal, Huesca), llegó en 1901 a Soria como funcionario de Montes y vivió allí hasta 1922 en que se trasladó a Valladolid. Murió en noviembre de 1936, de muerte natural. Su obra como periodista es enorme; he censado ya unos 1.200 artículos de temática amplia, desde el intimismo más estricto, a la crónica social o a una preocupación constante por asuntos regeneracionistas y agrarios.

¿Cómo ve esa confrontación que algunos han querido hacer entre Manuel y Antonio Machado?

Forma parte de la discutida herencia con bandos enfrentados, familia escindida (unos hermanos en el exilio, otros en España). Son dos buenos poetas, aunque Manuel, más interesante al principio, después perdió impulso.

Importan a las nuevas generaciones poetas como Machado?

Quiero pensar que sí, pero sin duda menos que a generaciones anteriores como la mía, la nuestra.

¿En qué le invita a pensar su muerte en 1939 en el exilio?

En lo difícil que es la convivencia en nuestro país, donde la tolerancia no acaba de enraizar. Hay quienes se reservan el derecho a decir qué es ser español y qué no. E invita a pensar en la facilidad con que están dispuestos a cambiar las palabras por pistolas.

 

*La foto es de Guillermo Mestre.

 

DIÁLOGO CON SANTIAGO LORENZO

DIÁLOGO CON SANTIAGO LORENZO

Santiago Lorenzo: "Uno tiene que aspirar a
pasárselo bien en el cielo y en el infierno"

El escritor (Portugalete, Vizcaya, 1964) autor de una de las novelas del año, ‘Los asquerosos’, recibió el viernes, en el Teatro Principal, uno de los premijos Cálamo.

 

 

Dice usted que no sufre, que es un escritor del placer y la diversión…

¿Eso ha leído de mí? En ocasiones, en mi vida personal, me han pasado muchas cosas… Cada vez menos dramáticas. Y cada vez que las recuerdo se me hace gracioso ese tío que está sufriendo ahí. Por eso me salen las novelas así. Yo me lo paso fenomenal escribiendo, en efecto, me cuesta trabajo no hacerlo. Pero sí, en mi vida pasada me han pasado cosas muy chungas y se me hace divertido recordarlas.

¿Se le hace divertido, se ríe de usted mismo?

Sí, me pasa que me acuerdo de cafradas que me han pasado, que me hecho yo o que me han hecho y que, cuando ya han pasado, me provocan grandes carcajadas. 

¿Usted tiene referencias, escritores que le ayuden?

A mí me gusta mucho leer a Benito Pérez Galdós y a Ramón Pérez de Ayala. Mucho. No sé por qué. Me parecen muy graciosos, grandísimos cómicos los dos, con esa cara tan seria que tenían…

¿Le divierten sus textos, de verdad?

Me parece que hay textos de ambos que son mucho más graciosos que el programa de Alfonso Arús, que no tiene ninguna gracia.

Ahora que dice eso, ¿cuando se está en un pueblo importa la televisión?

Yo no tengo tele. Veo un poco la tele en el ordenador pero de forma muy restringida. Todo te parece como si no consiguieras darle visos de realidad. Como si fuera una gran mentira.

¿Por qué se fue al pueblo? ¿Para encontrarse a sí mismo, por tranquilidad?

Por todo un poco. Me fui el 1 de agosto de 2012. Llevo seis años.

¿En qué se parece usted a Manuel, el protagonista de ‘Los asquerosos’?

En el afecto por la austeridad y en poco más. Él es un valiente y yo no lo soy. Él es mucho más joven que yo, le doblo la edad, y él está empeñando en investigar cómo es la soledad. A mí la soledad no me preocupa y me parece una gozada. Cuando voy a una ciudad, Valladolid, Bilbao o Zaragoza, llamo a mis amigos y me lo paso muy bien, claro, pero en realidad paso más tiempo solo que acompañado. Y soy feliz. Uno tiene que aspirar a pasárselo bien en el cielo y en el infierno.

Su libro, al margen de sus elementos satíricos y de esa propuesta de una vida extrema, también  parece que tenga algo de vuelta a la Arcadia…

En el libro se dice que no hace falta vegetación ni vida animal para construir la Arcadia de la que se habla en el libro. Se llega incluso a decir que el páramo de Chernobil, donde ya no hay nadie, también valdría. Hay un bucolismo de la soledad, pero creo que no hay un bucolismo de la naturaleza. Para disfrutar del placer de la naturaleza, mucho mejor que leerlo en un libro, es meterse en ella de cabeza. No hay una reivindicación sobre la naturaleza. No hay que ser bobos leyendo sobre ella, cuando la tienes ahí al lado y te está esperando. Es fabuloso ir a no mancharla y a disfrutarla.

Vamos a ver, usted en el libro cuenta la historia de un hombre, Manuel, que se despoja de cosas y cosas, y que hace un canto a la sobriedad, y a la vez surge algo y tampoco es tan feliz.

A la mitad exacta de la novela todo esto se quiebra por varias razones. ‘Los asquerosos’ no es un manual de supervivencia, es una novela de ficción donde, a un sujeto que está muy a gusto, le rompen el escaparate, le cagan los pájaros en la cabeza, todo se le tuerce. A mí me gustan las novelas en las que pasan cosas, en las que hay cambiazos y giros, y en efecto, en la mitad exacta de la novela, todos los logros del protagonista se van a ir por el sumidero. Pero va a tener suficiente corazón para responder a ello y hacer frente a la situación nueva.

Su libro, que es muy divertido y desternillante, es difícil de leer, hasta que se le coge el tranquillo. Hace usted creación de lenguaje, recupera palabras, fuerza la sintaxis… ¿Por qué hace todo eso?

Creo que tiene algo de razón, sí. Y la respuesta es que uno acepta su repipismo (de repipi) de la mejor manera posible.

Pero un repipi es como un afectado sin sustancia, ¿no?

Ese soy yo. Yo soy de lenguaje barroco y me tengo que dejar llevar. Intenté leer a Mújica Láinez y lo tuve que dejar. No podía con él. Yo he sido muy feliz leyendo ‘El Buscón’ de Quevedo, por ejemplo. El lenguaje me sale así de manera espontánea, lo fundamental para mí es no forzar absolutamente nada. No busco palabras en desuso, están en mi cabeza y salen. Si mi lenguaje distancia al lector, qué le voy a hacer. Las novelas están ahí para quien las quiera coger. Siempre vendo más de lo que pensaba.

¡Hombre!

A veces tengo la sensación de que el editor me paga más de lo que me debe.

Explíquenos que quiere decir ‘mochufa’, esa palabra que acuña.

La ‘mochufa’ sería como una celebración, sería como la sacramentalización de la horterada. Es la gente que grita y la gente que se cuela. Los caseros cabrones que están ahí intentando chuparte la sangre. La ‘mochufa’ es esa especie de dominguero al cubo.

Veo en su libro observación sobre la sociedad en la que se percibe la mirada de alguien que desconfía…

Eso está muy bien. Más que crítica de la sociedad, yo tengo desconfianza de la sociedad. Con la dosis de miedo que significa la desconfianza. Sí, ese es Manuel, alguien que desconfía de la sociedad.

 

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2018/12/30/santiago-lorenzo-uno-tiene-que-aspirar-pasarselo-bien-cielo-infierno-1285034-1361024.html

*La foto es de Guillermo Mestre.

EL CUARTETO QUIROGA ESTRENA 'JOYCE'

EL CUARTETO QUIROGA ESTRENA 'JOYCE'

El Cuarteto Quiroga se une a Jörg Widmann

para el estreno mundial de ‘Joyce’, lo último de Peter Eötvös

 

El Cuarto Quiroga, Premio Nacional de Música de 2018, estrena el próximo 9 de febrero Joyce, última obra del profesor, compositor y director de orquesta húngaro Peter Eötvös. Es un encargo del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) y la Sociedad Filarmónica de Badajoz que contará con la participación del prestigioso clarinetista Jörg Widmann, uno de los artistas más solicitados de la escena musical contemporánea.

Joyce sonará por primera vez en el Auditorio Nacional de Música de Madrid (9 de febrero) y, un día más tarde, en Badajoz, dentro del X Ciclo de Música Actual que se celebra en la capital pacense. Además del esperado estreno de Joyce, el programa se completará con el Cuarteto de cuerda nº 2 de Bartók – obra incluida en Terra, último disco del Cuarteto Quiroga – y el Quinteto, op. 34 de Carl Maria von Weber.

La agrupación integrada por Aitor Hevia (violín), Cibrán Sierra (violín), Josep Puchades (viola) y Helena Poggio (violonchelo) acaba de iniciar una gira junto a la artista argentina Martha Argerich, que continuarán en abril por varias ciudades de Italia. En estos primeros meses del año, su agenda incluye actuaciones en numerosas ciudades españolas y europeas, una gira por Estados Unidos y la publicación de su sexto álbum, una antología de música de su género creada en el entorno del Madrid de Goya. El disco, que incluye primeras grabaciones de obras inéditas de artistas como Boccherini o Brunetti, fue grabado a mediados del mes de diciembre en Flandes y saldrá a la venta en el sello Cobra Records.

 

ÁNGEL AZPEITIA: UNA ENTREVISTA

ÁNGEL AZPEITIA: UNA ENTREVISTA

[El pasado sábado por la mañana fallecía el crítico e historiador de arte Ángel Azpeitia Burgos (Zaragoza, 1933-2019), que trabajó durante 50 años ininterrumpidamente en 'Heraldo'. Hace algunos años, le hice esta entrevista, se publicó en la sección 'Clásicos y modernos' del dominical de Heraldo. La recuperó aquí; el funeral por el profesor de la Escuela de Artes y de la Universidad de Zaragoza tendrá lugar mañana a las 11 de la mañana.]

Ángel Azpeitia Burgos vive en museo particular de pinturas, esculturas, recuerdos, y muchos libros: habitaciones enteras repletas de catálogos, monografías de arte, volúmenes de narrativa y ensayo. Esos objetos que conforman una pasión, una forma de vivir y de estar en el mundo con curiosidad. En todas las paredes hay cuadros de pintores con los que ha conformado una sinfonía de amistad: Juanjo Vera, Daniel Sahún, Pascual Blanco, Martín Ruizanglada, Torcal, Manuel Viola, Julia Dorado, Eugenio Estrada, Virgilio Albiac o, entre otros, su amado Vicente Paricio, tan determinante en su vida. Él, antes de que apareciese en su vida HERALDO o la galería Libros de Víctor Bailo, fue uno de sus primeros estímulos. “Soy el quinto hijo de un médico de pueblo que no tenía ningún sentido práctico. Era un pequeño desastre con el dinero, yo creo que no cobraba a nadie. Había estado en Tauste y también en Calatayud”, dice el crítico e historiador del arte, que se recupera poco a poco de un infarto: en un rincón de su estudio reposa la silla de ruedas y de un lugar del techo penden unas anillas para sus ejercicios de rehabilitación. Dirá: “Cuando se ha sido tan activo, la dependencia es algo terrible. Es una experiencia dolorosa, de esas que te ponen a prueba en todos los terrenos”.

-Imagino que habrá tenido una infancia cómoda y culta...

-Cómoda no, pero culta sí. Mi padre se murió demasiado pronto y tuve que ayudar en casa. Mi madre era una mujer muy especial: había leído mucho, poseía un alto nivel de lenguaje y poseíamos una buena biblioteca. Aún conservo títulos de aquel fondo familiar. Estudié en Jesuitas y el arte empezó a interesarme un poco en el colegio. Con todo, mi primera escuela de arte fue el Casino Mercantil.

¿Por qué?

Allí veía las exposiciones de Vicente Paricio y nos hicimos muy amigos. Era un pintor social: hacía retratos elegantes y serios. A las damas las pintaba en traje de noche. También hacía paisaje y bodegón. Era una pintura fácil de entender.

-He visto que los pintó a usted y a su mujer María Luisa en torno a 1972.

-A María Luisa un poco antes. Decía que él solo pintaba lo que veía. Tuvimos que posar varios días para sus retratos al pastel. Fue muy curioso: él se preparaba varias conversaciones y temas para todos los días, y te daba conversación. Hablaba sin cesar de política, de arte, y tenía mucho sentido del humor y de la ironía. Veía un caballo que había un pintor famoso y decía: “Yo pinto mucho mejor los caballos”, y se reía. Recuerdo que me decía que cuando se hace un retrato el cliente se queda convencido del todo cuando sale guapo. Y él embellecía a las mujeres pintándoles los ojos más grandes y el cuello más largo. “A los hombres no se les pinta guapos: se les pinta importantes”, me decía.

-Por cierto, en el Casino Mercantil se presentó ‘Pórtico’ a finales de los 50.

No voy a mentir. No estuve en las primeras exposiciones de Pórtico, de Lagunas, Aguayo y Laguardia, aunque sí asistí a otra posterior donde solo estaban dos artistas, ahora no recuerdo con precisión: creo recordar un cuadro abstracto que me evocó una semana santa, vista desde arriba, con sus desfiles y sus capirotes.

¿Cómo se divertía en aquella Zaragoza amarilla?

Como podíamos. No teníamos casi dinero, y ahorrábamos varios días para poder salir de copas y de tascas de cuando en cuando. Pese a todo, salíamos: a mí me interesaba mucho la poesía y ofrecía recitales con amigos y en algunos salones. Teníamos entonces como pequeños mecenas que nos cedían un salón con piano. Yo escribía: gané un par concursos de poesía en Maristas y en la Facultad de Filosofía y Letras. No recuerdo las fechas, he perdido mucha memoria: soy un hombre de documentos y todo, todo lo tengo registrado en carpetas, fichas y ficheros y archivos. Era muy lector: de novela contemporánea o de ‘El paraíso perdido’ de John Milton. Antes de los veinte me había leído prácticamente toda la literatura clásica.

¿Quiénes eran sus amigos?

Alejandro García Anadón, José María Valdivia, que era pianista y hermano del escritor Eduardo Valdivia, venía de vez en cuando a nuestras reuniones. Recuerdo que íbamos a bares baratos como Casa Félix: allí tomábamos bocatas, vino y cacahuetes, muchos cacahuetes, y se permitía cantar.

¿Ya había entrado en la Universidad?

Yo soy un universitario muy tardío. Trabajé algunos años de comerciante de Ultramarinos y coloniales, pero al final entré en la Universidad. Me matriculé en Filosofía y Derecho, y dejé esta carrera en tercero. Antes de inclinarme definitivamente por Historia del Arte dudé mucho: quiso estudiar arqueología, entre otras cosas porque Antonio Beltrán Martínez era un profesor muy estimulante y activo y me había conseguido una beca para Francia y también estuve a punto de realizar una excavación en Nubia. También quiso ser geógrafo, pero finalmente opté por el mundo de la cultura. La universidad solo tenía un catedrático de historia del arte: Francisco Abad, era un clasicista que nunca se atrevió a pasar de Francisco de Goya. Hasta ahí podíamos llegar. Para entonces ya teníamos otra tertulia en el café Baviera.

¿Qué ocurría allí?

Hicimos una tertulia en el café Baviera. Yo no he sido de la Peña Niké, aunque estuve alguna vez. Nosotros también teníamos un grupo muy activo, tanto que fundamos un teatro de cámara, La Cigarra. Por allí andaban el cineasta Antonio Artero, el poeta Daniel Almárcegui, Alberto Castilla. Hacíamos piezas al aire libre: entremeses cortos y humorísticos. Recuerdo que en el Baviera había una escultura preciosa de Honorio García Condoy.

-Una de sus pasiones es el fútbol, en concreto el Real Zaragoza.

Me ocurrió una cosa muy curiosa. Cuando era representante de comercio visitaba muchos mercados, entre ellos el Mercado Central. Recuerdo que un día llegué por allí y dos vendedores discutían sobre el Real Madrid y el Barcelona. Y yo hice una observación sobre un jugador con un fatídico error: dije que jugaba en el Real Madrid  cuando lo hacía en el Barcelona. Hubo protestas a mi jefe, o por lo menos llegó a sus oídos mi metedura de pata, y él me sacó mi primer abono de socio del Real Zaragoza. Y estuve yendo, primero a Torrero y luego a La Romareda, muchos, muchos años.

-Cómo dio el salto a la crítica de arte.

Es casi un misterio. Fue en 1962 y yo era alumno todavía. El crítico de arte era Joaquín Aranda, se fue a Madrid a realizar unos cursos, y tenían que buscar un sustituto. Y un día me llamó Antonio Bruned y le dije que sí. Yo creo que le sugirió mi nombre una hermana de Andrés Galdeano, que era compañera mía de curso. Más tarde, regresó Aranda, pero no quiso hacer arte: se dedicó al teatro, al cine y a la literatura. Y aquí sigo: entonces la crítica de arte era diaria. O casi diaria.

Ha dicho usted que Francisco Abad no era un profesor avanzado. ¿Quién era su referencia?

Federico Torralba. No se puede decir que fuese mi maestro exactamente, entonces estaba en la Escuela de Artes, pero sí fue el gran defensor del arte contemporáneo en Zaragoza. Ese es uno de sus méritos. Esta ciudad le debe muchísimo. Lo difundía a través de su presencia en la Institución Fernando el Católico y de la Diputación de Zaragoza, estuvo muy cerca de muchos grupos y artistas, y más tarde fundaría galería. Yo empecé mi tesis sobre Marcelino de Unceta con Francisco Abad y la acabé con él.

¿Qué significó el periodismo para usted?

Yo he sabido mucho más cuál es la realidad artística a través de la crítica que de mis años como profesor.  El periodismo me conectó con la vida, con la calle, con el quehacer cotidiano de los artistas. Empecé a ver arte contemporáneo cuando empecé a ser crítico, no antes. El crítico de arte tiene una realidad inmediata con el arte. Y, en ese sentido, también fue más importante la Escuela de Artes que la Facultad: el hecho de que no hayamos tenido una Facultad de Bellas Artes ha sido un fallo terrible, esa ha sido una ausencia terrorífica sobre todo en un tiempo donde habría sido una lugar decisivo de formación. Pienso por un momento en la Escuela de Artes...

¿Por qué lo dice?

Hay varias generaciones de artistas que han sido, o son, profesores ahí o que se han formado entre sus paredes: Cano, Natalio Bayo, Pedro Giralt, Rubén Enciso, Vicente Villarocha o Pascual Blanco, que me ayudó en el tiempo en que yo estuve de profesor.

¿Qué crítico ha querido ser?

He cambiado mucho. Al principio, analizabas la obra en función de sus valores de ruptura o de novedad, qué elementos de modernidad y de vanguardia significa un proyecto. Más tarde, he intentado reflexionar sobre el binomio: lo que quiere hacer y lo que consigue el artista. A veces, hay artistas que te quieren hacer reír, y te hacen llorar. Y viceversa. Y poco a poco he acabado por desvincularme de problemas teóricos: mis críticas acompañan, sugieren, ayudan a ver. Y solo soy auténticamente crítico con las instituciones y con las políticas culturales. Me he vuelto más condescendiente.

¿Para que sirve el arte?

Es una manera de vivir. El arte es como el oxígeno: es imprescindible, al menos para mí. Imprescindible. Está en todo. Es compañía, es consuelo, es un latigazo de lucidez, es emoción. Y para mí también está ligado a la amistad y a un montón de amigos. A veces pienso que soy dadaísta. Los objetos de mi vida son mi arte y son un hilo de comunicación con un montón de artistas a los que  quiero y a los he seguido durante medio siglo.

 

JESÚS PEDRO LORENTE RETRATA A ÁNGEL AZPEITIA BURGOS

JESÚS PEDRO LORENTE RETRATA A ÁNGEL AZPEITIA BURGOS

ÁNGEL AZPEITIA: UNA VIDA EN EL ARTE

 

JESÚS PEDRO LORENTE. *CATEDRÁTICO DE HISTORIA DEL ARTE

Para mí, Ángel Azpeitia Burgos (Zaragoza, 1933-2019) ha sido mi maestro y mentor tanto en el Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza como en la Asociación de Críticos de Arte. De su labor como profesor e investigador yo destacaría su monografía sobre Marcelino de Unceta, publicada por Ibercaja en 1989 y su ‘Diccionario de Arte Contemporáneo y Terminología de la Crítica Actual’, publicado en Madrid por la Compañía General de Bellas Artes en 2002.

De su intensa labor como crítico de arte, tanto a través de reseñas de exposiciones en HERALDO DE ARAGÓN o revistas especializadas, como a través del comisariado de exposiciones, yo mismo seleccioné (con su ayuda) unas cuantas críticas para el volumen que PUZ publicó en 2013 (con financiación de la AACA, AECA, el grupo OAAEP, IEA e IFC) bajo el título ‘Exposiciones de arte actual en Zaragoza: reseñas escogidas, 1962-2012’. Tuve el honor de compartir con él el comisariado de una de sus exposiciones con más éxito: ‘Libertad e Independencia: Aragón en la pintura de Historia’, organizada por la DPZ en el Palacio de Sástago entre el 6 de octubre y el 12 de noviembre de 1989, que recibió más de 132.000 visitantes marcando un record de público en esa sala.

Pero él se sentía especialmente orgulloso de las muestras dedicadas a artistas contemporáneos en la sala Luzán de la CAI y otros centros expositivos, especialmente las monográficas sobre artistas aragoneses, pues entre ellos contaba algunos de sus mejores amigos y admiradores. Muchos de ellos, y también de sus compañeros universitarios y críticos, colaboramos en un libro en su homenaje coordinado por Manuel Pérez-Lizano Forns, ‘Ángel Azpeitia: Historiador y Crítico de Arte. Intensidad radial, 1933-2012’ ( Zaragoza, Aladrada ediciones, 2012).

 

*La foto como se ve es de Carlos Barboza y Teresa Grasa.

MUERE EL CRÍTICO DE ARTE ÁNGEL AZPEITIA

MUERE EL CRÍTICO DE ARTE ÁNGEL AZPEITIA

 

HA FALLECIDO EL CRÍTICO DE ARTE ÁNGEL AZPEITIA
[Esta mañana ha fallecido en Zaragoza, la ciudad donde había nacido, Ángel Azpeitia Burgos (1933), que fue crítico de arte de Heraldo de Aragón durante medio siglo, desde 1962 a 2012. Dedicó su tesis doctoral a la obra de Marcelino de Unceta, comisarió muchas exposiciones, coordinó varios libros y redactó cientos de catálogos de arte, fue amigo de diversas generaciones de artistas en Zaragoza y Aragón. y el catedrático Jesús Pedro Lorente recogió una selección de sus críticas en ’Exposiciones de arte actual en Zaragoza. Reseñas escogidas, 1962-2012’ (PUZ). El crítico e historiador de arte, Manuel Pérez-Lizano le dedicó el libro: ’Ángel Azpeitia: historiador y crítico de arte’, que coordinó para Aladrada Paco Rallo. Fue fundador de la Asaciación Aragonesa de Críticos de Arte y era presidente honorario de la Asociación Española de Críticos de Arte.
Desirée Orús, presidenta de la AACA, señala: "Ángel Azpeitia, fue uno de los fundadores de la Asociación Aragonesa de Críticos de Arte, un espejo en el que se han mirado generaciones posteriores. Riguroso en sus textos, siempre estuvo al lado de las tendencia más vanguardistas, en tiempos en los que no siempre eran entendidas. Ángel Azpeitía abrió las puertas a la plástica contemporánea y dio visibilidad a la crítica de arte, a través de las páginas de 'Heraldo de Aragón'. En sus textos siempre encontraba una perspectiva positiva y animaba a cada lector a juzgar de manera personal la exposición, visitándola. En 2013 la Asociación Aragonesa de Críticos de Arte, el rindió un homenaje y se publico el libro 'Exposiciones de arte actual en Zaragoza, reseñas escogidas (1962-2012)', que recogía su labor de 50 años como crítico en Heraldo de Aragón".
El velatorio será mañana domingo en la sala 22 del cementerio municipal de Torrero a partir de las 11h, y el funeral el lunes 21 a las 11h en la capilla 1 del mismo complejo funerario zaragozano.

En este periódico ’Heraldo de Aragón’, para la sección dominical ’Clásicos y modernos’, explicaba su trayectoria. 
-¿Cómo dio el salto a la crítica de arte?
Es casi un misterio. Fue en 1962 y yo era alumno todavía. El crítico de arte era Joaquín Aranda, se fue a Madrid a realizar unos cursos, y tenían que buscar un sustituto. Y un día me llamó Antonio Bruned y le dije que sí. Yo creo que le sugirió mi nombre una hermana de Andrés Galdeano, que era compañera mía de curso. Más tarde, regresó Aranda, pero no quiso hacer arte: se dedicó al teatro, al cine y a la literatura. Y aquí sigo: entonces la crítica de arte era diaria. O casi diaria.
-¿Quién era su referencia?
Federico Torralba. No se puede decir que fuese mi maestro exactamente, entonces estaba en la Escuela de Artes, pero sí fue el gran defensor del arte contemporáneo en Zaragoza. Ese es uno de sus méritos. Esta ciudad le debe muchísimo. Lo difundía a través de su presencia en la Institución Fernando el Católico y de la Diputación de Zaragoza, estuvo muy cerca de muchos grupos y artistas, y más tarde fundaría galería. Yo empecé mi tesis sobre Marcelino de Unceta con Francisco Abad y la acabé con él.
-¿Qué significó el periodismo para usted?
Yo he sabido mucho más cuál es la realidad artística a través de la crítica que de mis años como profesor. El periodismo me conectó con la vida, con la calle, con el quehacer cotidiano de los artistas. Empecé a ver arte contemporáneo cuando empecé a ser crítico, no antes. El crítico de arte tiene una realidad inmediata con el arte. Y, en ese sentido, también fue más importante la Escuela de Artes que la Facultad: el hecho de que no hayamos tenido una Facultad de Bellas Artes ha sido un fallo terrible, esa ha sido una ausencia terrorífica sobre todo en un tiempo donde habría sido una lugar decisivo de formación.

ALGUNAS REFERENCIAS:
-Autorretrato: «Por encima de tiempos o edades los artistas con los que he convivido me han aportado mucho. Casi me sorprende pensar que, con cincuenta años en el difícil ejercicio de la crítica, tantos me demuestran su aprecio».


-«Ángel Azpeitia comienza a plantearse conscientemente la articulación de los escritos en tres niveles que se entretejen: informativo, analítico y reflexivo o conclusivo, este último con alguna nota –como hemos dicho, muy abierta– que refleja una valoración. Esta retícula invisible se completaría con algunos pilares relevantes en su oficio de escritor, tales como la construcción en períodos largos (con párrafos interconectados), la variedad sintáctica, la precisión terminológica y, desde luego, la corrección extrema».
Pedro Pablo Azpeitia.


-«En el caso de Ángel Azpeitia vemos evidente su periplo vital con diferentes etapas, que demuestran una excepcional fuerza de voluntad, rasgada vía inteligencia sensible, hasta captar su auténtica vocación. Hombre abierto a la vida, con empuje, destruyendo inútiles barreras».
Manuel Pérez-Lizano Forns.

*Notas aparecidas que coinciden con la publicación del libro ’Ángel Azpeitia: historiador y crítico de arte’ de Manuel Pérez-Lizano Forns, que coordinó para Aladrada Paco Rallo.
*Las fotos de Angel Azpeitia pertenecen a la Real Academia de Bellas Artes de San Luis y al archivo de Carlos Barboza y Teresa Grasa.

JAVIER CALVO HABLA DE 'SIN COBERTURA', SERIE DE ARAGÓN TV

JAVIER CALVO HABLA DE 'SIN COBERTURA', SERIE DE ARAGÓN TV

[El jueves, a las 21.35, se estrena la serie ‘Sin cobertura’, de seis capítulos sobre la despoblación, la memoria, la soledad del mundo rural y las nuevas iniciativas. Javier Calvo Torrecilla es director y productor del proyecto, y coguionista con Antón Castro, que explora con distintos personajes las razones del aislamiento, los recuerdos y la aventura del retorno. La periodista madrileña, vinculada con Aragón, ha escrito en varios medios, entre ellos en ‘Artes & Letras’ de ‘Heraldo’ de Arte y literatura y de cine, Alondra Ramos, conversa con Javier Calvo.]

 

Por Alondra RAMOS

-¿Cómo surgió ‘Sin cobertura’ ¿Qué pasó por tu cabeza, qué hechos, qué detalles perfilaron la idea?

Siempre he llegado a mis proyectos personales por una motivación que está pegada a mi vida. Una preocupación, una pérdida, una ilusión…se han traducido en historias e imágenes.

Hace tres años comencé a preguntarme si la sociedad en la que vivo y sobre todo, la sociedad en la que van a vivir mis hijos, va a ser como debiera. Es decir, una sociedad donde el eje central no sea el consumismo y la rapidez. No quiero ser agorero, pero pinta que la generación de mis hijos va a ser la primera generación después de la guerra civil que viva peor que la anterior.

Ante esas inquietudes o preocupaciones comencé a pensar en la idea de buscar un pueblo y lo que encontré fue desolador. Pero recuerdo sobre todo una foto que es el germen de la serie. Un pueblito deshabitado de Teruel, El Campo, y la pizarra de su colegio. Comencé a imaginar la vida pasada en ese pueblo, las risas de los niños, los padres que venían a recogerlos; los ecos de ese pueblo se escuchaban a través de esa foto.

A partir de ahí, decidí que había que hacer algo, que quería contar la historia de estos pueblos.

-¿Cómo la fuiste desarrollando, cómo creció?

Me documenté muchísimo sobre las diferentes tipologías de pueblos que abarca la serie, despoblados, en vías o con un peligro claro de despoblación e incluso pueblos que están teniendo una segunda oportunidad por el turismo o por iniciativas curiosas.

Sin darme cuenta la sombra de La Lluvia Amarilla planeaba sobre el proyecto. Es un libro capital en la literatura en general y en el tema de la despoblación en particular. Al comienzo del proyecto no pensé en rodearme de caras conocidas, pensaba hacer un documental o una serie pero de un modo tradicional, acercándome a esos pueblos, a las calles y campos vacíos. Pero me di cuenta de que estaba entrando en un terreno excesivamente dramático. A mí me apetecía contar los pueblos desde otra mirada no exenta de realidad, pero poniendo en valor la vida rural, la pasada y la actual; y aquí es donde pensé en personajes que nos contaran sus vivencias en pueblos.

-¿Fue siempre una serie documental?

Sí, pero con un formato diferente. Al principio nació siendo un documental tradicional, después pensé en la serie y en los personajes que nos acompañarían.

 

-¿Tenías alguna idea en la cabeza, algún modelo, español, europeo, norteamericano?

No, he de decir que casi nunca he trabajado siguiendo un modelo o influencia clara para ninguno de mis proyectos. Lo que soy y lo que hago es el fruto de décadas viendo cine, leyendo, escuchando música, en definitiva, viviendo, que es de donde se nutren mis proyectos.

De hecho, cuando estoy trabajando en un proyecto no me gusta ver nada que pueda tener que ver con lo que estoy haciendo en ese momento. Siento que, en el momento en el que está naciendo algo, debes hacerlo con el impulso y las ideas que tienes y en esos momentos te sientes quebradizo, hipersensible a todo lo que te rodea; ver algo que pueda perturbar tu idea no es un buen negocio.

-El hecho que de apenas hubieras trabajado en Aragón y en particular en Aragón TV, ¿fue otro estímulo o un desafío?

Aunque mi familia procede de La Rioja, yo nací en Zaragoza. Con el paso del tiempo los vínculos con este territorio se han hecho más fuertes y estaba deseando desarrollar un proyecto aquí, ya que siempre había trabajado fuera.

Cuando comencé a documentarme sobre los pueblos aragoneses entendí que era una realidad que había que contar, y pronto, porque la despoblación y las ruinas nos acechan peligrosamente. Es necesario reivindicar y guardar la memoria de estos lugares.

Presenté el proyecto a Aragón TV y mostraron mucho interés. Les encantó la idea y la propuesta de la serie y me apoyaron desde el comienzo.

-Has hecho cortos, documentales de música, publicidad… ¿Cómo ves tu trabajo, qué tipo de cineasta serías?

Creo que hay que dividir entre las obras personales y las de encargo. Aunque en cualquier obra siempre asoma tu personalidad, en publicidad por ejemplo es bastante difícil dejar tu patente ya que todo el proceso es muy encorsetado.

Mi manera de mirar es natural, me gusta que la cámara sea invisible, que no sea mecanizada, que los planos tengan el vigor y la sorpresa que tiene la mirada humana. Me gusta que la cámara siempre vaya detrás de la acción, que nunca la anuncie.

Mis proyectos personales tienen que ver por un lado con el cine y las historias que me han hechizado desde pequeño y por otro lado, con los paisajes que han modelado quien soy.

En toda mi trayectoria, la naturaleza es un elemento clave, esa idea de permanencia me sobrecoge, me hace sentir pequeño y me fascina su misterio.

Es muy fácil ver cualquier plano mío y ver el detalle por la naturaleza y cómo el personaje se relaciona con ella.

-Desde un punto de vista de contenido, de mirada, de enfoque social y sociológico, ¿qué sería ‘Sin cobertura’?

Sobre todo una mirada a la vida rural desde el respeto y el elogio, además una loa a un pasado muy cercano en el calendario pero no en la forma de vida, que ha cambiado radicalmente en las últimas décadas. Pero también es una puerta abierta a una vuelta a esa vida para las generaciones futuras.

-¿En qué momento apareció Antón Castro, por qué pensaste en él, qué querías que hiciera?

Desde el comienzo. Conocía y admiraba la obra de Antón pero apenas nos conocíamos personalmente. Pero algo me decía que transitábamos por universos parecidos.

Antón posee una sensibilidad extraordinaria, le gusta escuchar y aprender, quiere a todo el mundo y a todas las cosas y es capaz de ver poesía en cualquier detalle.

La serie tenía que tener esa poesía y Antón lo logra de un modo natural, nada forzado.

-¿Cómo se eligieron los pueblos y los protagonistas?

Ha sido muy complejo, era un auténtico sudoku. Por un lado quería mostrar las tres provincias aragonesas, por otro lado había que buscar personajes que tuvieran vinculación con pueblos y que éstos vivieran el tema de la despoblación. Había que combinar estas variantes con las agendas de los personajes que hemos tenido, como digo un auténtico desafío.

 

-¿Quiénes fueron las primeras personas receptivas a un proyecto así?

Luis Alegre y Llamazares fueron los primeros que vinieron sin dudar. Después Itziar Miranda, Gervasio Sánchez, Lucia Camón y Jesús Vallejo; todos acogieron la propuesta con mucho cariño, lo difícil fue encontrar días libres para rodar.

La serie se comenzó a rodar en abril y hemos terminado en diciembre y ello se ha debido a la dificultad de las agendas de los invitados.

-¿Cómo podrías resumir cada capítulo, son iguales, ofrecen perfiles semejantes?

El nexo común de toda la serie es la despoblación pero cada episodio tiene acentos o matices diferentes.

Ainielle es el episodio más dramático, la ausencia total, la nada. Estadilla es la reivindicación de la infancia en un pueblo y cómo eso moldea la personalidad de la gente, en este caso de Itziar Miranda. Lechago, con Luis Alegre, es el emocionante  repaso a la memoria personal y por ende a la memoria colectiva de un pueblo. Torralba de Ribota es la ilusión por ofrecer un tipo de vida diferente y la oportunidad de una segunda vida para estos pueblos de la mano del arte. Belchite habla de como la guerra civil y otras guerras provocan migraciones, además de mostrar la dureza de una tierra desolada por la despoblación. Loscos se centra en el orgullo y el amor por un pueblo y cómo afrontar de un modo optimista y creativo un problema real.

-¿Cómo se han portado los personajes principales, qué destacarías de cada uno?

De todos destaco su bondad y cercanía. Si tengo que definir en pocas palabras a cada uno de ellos…Luis Alegre sería la memoria, el cariño conmigo  y el amor a todo lo que significa su pueblo y su gente. Llamazares es la hondura de pensamiento sin barroquismos y, también, el humor. Itziar Miranda es la inteligencia y la sensibilidad a flor de piel.  Gervasio Sánchez, la experiencia y contundencia fruto de todo lo que ha vivido. Lucia Camón, la ilusión por demostrar que hay otras vidas posibles, y Jesús Vallejo, la cercanía y una maravillosa y cautivadora ingenuidad.

-¿Qué aportan las otras voces, cómo te las has planteado? ¿Qué crees que dan?

Nos dan legitimidad en nuestro discurso. Yo no soy sociólogo ni especialista en la despoblación y me daba miedo y pudor proclamarme el adalid de la causa.

Contar con expertos en despoblación o con personas que viven el problema a diario, legitima y da seriedad a la serie.

-¿Cabría hablar, de algún modo, en una corriente de retorno a la vida rural?

Me encantaría, creo que de hecho que es la única opción viable para el futuro. Volver a las cosas pequeñas, a una vida en la que la clave sea necesitar poco para vivir feliz.

Hay experiencias aisladas que nos están enseñando que es posible, pero existe mucho miedo a salirse de una vida tradicional y ordenada.

-En el capítulo de conclusiones, ¿ha sido todo cómo te esperabas? ¿Te has llevado sorpresas?

Ha sido mejor, mucho mejor. He aprendido mucho de mucha gente y conocido lugares maravillosos. Existe mucha más belleza en nuestra tierra que los núcleos clásicos de turismo, por ejemplo, los pueblos de la sierra de Oriche me cautivaron.

-¿Se desmitifica algo aquí?

Sí, dos cosas que nos dicen nuestros personajes. Llamazares dice en su episodio algo que yo siempre había pensado. Que la naturaleza es mucho mas fuerte y más grande que nosotros y que ha estado y estará después de nosotros. Así pues el problema de la despoblación mirado desde una perspectiva humana es muy grave, pero si lo miramos con una mirada más amplia, desde la naturaleza, no deja de ser una pequeña mota de polvo.

Y por otro lado, una visión diferente de la despoblación que aporta Luis Antonio Sáez, Catedrático de Despoblación de la Universidad de Zaragoza. Él nos decía que hablar de despoblación y pensar en términos aritméticos tal vez sea un error y que en un pueblo hoy con 100 habitantes se puede vivir mejor que en uno con 500 hace 50 años y que la gente puede ser feliz.

 -¿Cómo debe ver la gente una serie así?

Con calma y con atención a lo que se dice y se muestra. El espectador se tiene que sentar como cuando ve una película, no tener la tele encendida de fondo y mirarla de vez en cuando. Por otro lado, vivimos en unos tiempos en los que habitualmente se grita. Se grita en la calle, en las redes, en la tele, en la radio…y nadie escucha. La serie es una apuesta por el placer de escuchar a personas que tienen algo interesante que contar y, por momentos, de escuchar incluso el silencio.

-¿Querrías decir algo del equipo?

Que la serie es de todos, siempre he entendido este trabajo como un trabajo de equipo y nuestro proyecto es un ejemplo claro de ello. Todos me han seguido, creído y remado en la misma dirección. Casi todas las personas que han trabajado son amigos míos hace décadas, hemos compartido trabajo y vida y existe una complicidad en la forma de trabajar natural.

José Carlos Ruiz, el director de foto es y, él no lo sabe, una de las mejores miradas que existe, tiene una sensibilidad innata. Jon Arteagabeitia sigue su estela y es alguien que siempre quieres que juegue en tu equipo. Javier Estella es la sensatez y la armonía, Teresa Adame la experiencia y la emoción.

En el equipo también ha habido personas con las que no había trabajado nunca y ha sido una grata sorpresa. Los Parpadeo son chicos jóvenes, con muchas ganas de escuchar y aprender. Ana Bruned es una gran profesional y una maravilla para unir equipos. Y mi descubrimiento, Ernesto Tejedor, es la juventud, el comerse el mundo y creer con decisión en el proyecto.

Y capitulo aparte, Antón Castro. Solo puedo hablar bien de todo lo que ha dado al proyecto en general y a mí en lo particular. Es un hombre bueno en el amplio sentido de la palabra. Con humildad y profesionalidad, se ha puesto al servicio del proyecto, poniendo siempre en primer término la historia que estábamos contando, el pueblo que visitábamos y los personajes que nos acompañaban.

 

*La serie 'Sin Cobertura' se estrena el jueves 10, a las 21.35 en Aragón Televisión y arranca con el capítulo de Ainielle y Julio Llamazares, el lugar donde transcurre 'La lluvia amarilla', novela que acaba de cumplir 30 años. Este proyecto lo apoyó, desde el primer instante, el director anterior de la CARTV, Pepe Quílez, y lo han asumido con entusiasmo y cariño los nuevos responsables: Teresa Azcona y Carmen Ruiz Fleta.

JESÚS VALLEJO VUELVE A LOSCOS

JESÚS VALLEJO VUELVE A LOSCOS

Jesús Vallejo regresa a Loscos, el pueblo de sus abuelos y de su madre:

https://www.heraldo.es/noticias/deportes/futbol/2019/01/06/el-heroe-loscos-vuelve-casa-1285872-1101028.html?utm_source=facebook.com&utm_medium=socialshare&utm_campaign=desktop

 

 

 

El héroe de Loscos vuelve a casa

 

Jesús Vallejo, central del Real Madrid y excapitán del Real Zaragoza, rodó la serie ‘Sin cobertura’ para Aragón TV

 

PIE DE FOTO. Javier Calvo

Jesús Vallejo durante el rodaje juega con Martín, en un campo de las afueras, como si recordase al niño que fue.

 

Jesús Vallejo (Zaragoza, 1996), defensa central de la plantilla del Real Madrid y excapitán del Real Zaragoza, siempre vuelve a Loscos (Teruel). A la menor oportunidad, allí aparece para celebrar fiestas con sus compañeros de la peña La Quinta Dimensión, para recorrer los campos de cereal, los caminos que llevan a las nogueras y las carrascas y las callejas. Allí Jesús Vallejo es el héroe local y a la vez uno más: la gente lo saluda por la calle o en el bar El Cazador, que llevan Juan, trufero, y su mujer Loli, una espléndida cocinera con narcolepsia que ha sido objeto de reportajes de la BBC inglesa.

Una de las más señoras del pueblo, lo ve, se para ante él, lo besa y le pregunta por todos: por su madre Josefina o por sus abuelos. Y Jesús, sin arrebato alguno de divismo, con una sencillez inverosímil en alguien que ya posee la Champions y acaba de ganar la Intercontinental en Abu Dabi, contesta a todo. Parece saber incluso si un vecino ha cambiado de noche o de qué le gusta hablar al anciano Eulogio ante la iglesia parroquial.

Jesús Vallejo regresó Loscos, en vísperas de fin de año, para protagonizar un capítulo de una serie de Aragón TV sobre la despoblación, la memoria y el futuro de la vida rural, ‘Sin cobertura’, que dirige Javier Calvo Torrecilla (Zaragoza, 1971). Este es el primer sorprendido de su sensatez: “De Jesús Vallejo me conmovió su sencillez y una maravillosa ingenuidad. Es inquieto, deseoso de aprender, amante de las cosas sencillas, le gusta escuchar y es muy, muy cariñoso”, dice.

Javier Calvo fue testigo de cómo está pendiente la gente de Loscos de él: lo ha visto en la televisión y en algunas fotos de prensa, y sigue sus evoluciones. Insiste Calvo: “Dos días atrás estaba en Abu Dhabi, acaba de proclamarse campeón del mundo de clubes, pertenece a un equipo con millones de fans a lo largo del mundo, le rodea prensa, ruido, fama… Y  48 horas después, mientras estábamos rodando un paseo, se cruzó con un tractor en su pueblo, lo reconoció, sabía a quién pertenecía. Lo sabía todo de su pueblo, Loscos”. No hay exageración en las palabras del autor de cortometraje ‘Bocetos’ y de la serie documental, de música, ‘Entre2aguas’. “Me encantó que tuviera los pies tan pegados a la tierra y no al césped de un campo de fútbol, y que nos dijera que si no hubiese sido futbolista tal vez hubiera sido agricultor allí, en su pueblo”, agrega.

A Jesús Vallejo le encanta recordar cuándo fue al pueblo por primera vez; le gustaba correr y montar en bicicleta, descubrir las ermitas y las colinas. Antes que futbolista, fue atleta, y llegó a ganar una carrera de pollos. Descubrió el fútbol sala, y jugó de ala. “Con mis compañeros de Loscos hicimos un equipo que jugaba muy bien y ganamos varios torneos. Yo no era el mejor”. Fichó por Barrio Oliver, donde solía jugar de mediocentro. Lo demás ya es conocido: dio el salto al Real Zaragoza, debutó en Huelva y lució el brazalete por elección de sus compañeros. “Soy feliz en el Madrid. Trabajo a diario para estar dispuesto. Pero al Zaragoza lo llevo muy dentro. Es mi club y le tengo una gratitud inmensa. Lo sigo, y me ilusiona la llegada de Víctor Fernández”, dijo.

En las dehesas o el un campo que enfrenta a las piscinas, donde jugó con el niño Martín, Jesús se sinceró: “No estoy alarmado ni preocupado por las lesiones. Tengo que aprender a ser menos intenso y no ir a todos los balones siempre. He sido muy bien acogido y me gustaría alcanzar el nivel de centrales como Sergio Ramos y Puyol, que son dos espejos”.

El equipo de rodaje –el citado Javier Calvo, los cámaras José Carlos Ruiz y Jon Arteagabeitia, los sonidistas Noelia, Ricardo y Luna, la maquilladora Ana, los productores Javier Estella y Ernesto Tejedor, el geógrafo Luis Alberto…- quería comer con él en El Cazador. Jesús dijo: “Lo haría muy a gusto, pero hoy nos reunimos todos en la casa familiar. Me matarían si no acudo”. Antes de irse con su primo Miguel, reveló: “Soy un chico urbano, sí, pero aquí tengo toda la calma que deseo. En Loscos empiezo siempre mi pretemporada y soy muy feliz”.