Blogia

Antón Castro

GIRALT TORRENTE, EN PORTADORES

“Me lancé sobre la escritura de este libro de manera irreflexiva y automática. Lo del amor vino después”, dijo Marcos Giralt Torrente a propósito de su nuevo libro, ‘El final del mar’, compuesto por cuatro relatos de formato medio, casi ‘nouvelles’; el volumen ha ganado el II Premio de Narrativa Ribera del Duero, que publica Páginas de Espuma.

Esta tarde, a las 20 horas, en Los Portadores de Sueños presenta el libro. Los relatos se titulan ‘Nos rodean palmeras’, ‘Cautivos’, ‘Joanna’ y ‘Última gota fría’. El primer texto narra el viaje emocional de una pareja por África; el segundo es una historia de amor convencional; el tercero se centra en los amores adolescentes y el último opta por el rescoldo de la pasión en una pareja separada. Marcos Giralt, tras el gran éxito que tuvo con ‘Tiempo de vida’ (Anagrama, donde contaba la historia de su padre y la relación recuperada entre ambos al final de la vida del pintor), vuelve a la ficción y al género en el que siempre se ha encontrado muy cómodo. En la presentación, Marcos Giralt estará acompañado por Félix Romeo (uno de sus mejores amigos zaragozanos con Ismael Grasa) y por su editor Juan Casamayor, responsable de Páginas de Espuma.

BELÉN GOPEGUI, HOY, EN CÁLAMO

Esta tarde, a las 20.00 horas, en Cálamo, Belén Gopegui (Madrid, 1963) presenta su nueva novela: ‘Acceso no autorizado’, una reflexión sobre el mundo de la política, el poder, el mundo de internet y los ‘hackers’. La protagonista es una mujer que hace pensar en María Teresa Fernández de la Vega; la autora de ‘Lo real’, ‘La conquista del aire’ o ‘Deseo de ser punk’ también aborda la traición de la izquierda, los fracasos y la falta de foco en sus objetivos. La posee la brillantez, la fluidez y la mirada personal de Belén Gopegui, que debutó en la ficción con ‘La escala de los mapas’. Acompañaré a Belén, a quien conozco desde ese libro, en la presentación. Esta novela ha supuesto su paso de Anagrama a Mondadori.

CARLOS DE ABUIN: TRES POEMAS

 

 

ICH BIN NICHT GROSS

 

Como la aleta dorsal de un gran pez

La montaña-horizonte de Ginebra

Enfrente de mi ventana enhebra

Hilachas de nubes con tozudez.

 

Pasados los laberintos de Fez

Las palmeras que el aire seco quiebra

Trazamos más mapas, pieles de cebra

Sobre este mundo creado en estrechez.

 

Somos viajeros, olas de un lago

Reclusos de una vida atrapada

En los barrotes de un monte alpino.

 

¿Quién será me pregunto el hábil mago

Que urdió esta aventura que cada

Cual ha de vivir como su destino?

  

 

CUATRO RUEDAS

 

Cuando en el silencio mi voz te nombra

Fluyes como un río infinito

Apenas puedo verte en la sombra

Y cada beso a la noche es un grito.

 

Los astros brillan en su oscura alfombra

Tu frente exuda un veneno exquisito

Es un honor que aún ahora me asombra

Ver en tus ojos el Amor escrito.

 

Huele a rosas ácidas, gasolina…

Un cercado juega a ser muralla

Un coche es castillo en la colina

 

El Destino es el campo de batalla.

Sin armas, la Muerte se adivina.

Temible es, cuando nos mira y calla.

 

A Beatriz

 

 

TRASMOZ

 

Una begada estié en Trasmoz.

En ixe mon cobalto e solenco,

D’o desierto parezía un troz:

Suenio chelau de bel alunadenco.

 

Sentié d’un mago arabe a boz;

O infinito d’un zielo azulenco.

Carreras buedas, un calor atroz,

Un sudor, como augua de mayenco.

 

A mía memoria ye un río, ye ebidén.

No quiero ir-me-ne d’astí, luén…

Fuyir d’o esdebenidero destín.

 

No. Beberé a ambista totalmén.

Os míos labios conoxen o camín;

As bruxerías d’o zierzo sin fin.

 

*Las fotos son de Wayne F. Miller.

INGRES Y LADY MONTAGU: AMOR Y ARTE

Una pasión imposible con Oriente al fondo

 

Cuatro cuadros de Ingres: 'La gran odalisca', 'El baño turco', 'La pequeña bañista' y 'Rafael y La Fornarina'

[Patricia Almarcegui, la orientalista zaragozana, publica la novela ‘El pintor y la viajera’ (Ediciones B), donde reúne a Ingres y a Lady Montagu]

Mary Wortley Montagu, vista por Jonathan Richardson. 

Patricia Almarcegui fue bailarina antes que profesora, fue orientalista antes que narradora. El ballet la llevó a Roma y Florencia; regresó a Zaragoza y aquí se licenció en Filología Hispánica. Más tarde, la lectura de Edward W. Said fue como una revelación: le descubrió el mundo oriental, y se zambulló en ese universo en el que aparecen figuras como Alí Bey, Richard Burton, traductor de ‘Las mil y una noches’, Gustave Flaubert, Bruce Chatwin, y otras figuras fundamentales. Vivió en distintos países de Asia y de África, y ha publicado artículos y monografías sobre los viajeros a Oriente. Por eso no sorprenderá a casi nadie que su debut como narradora sea con un libro como ‘El pintor y la viajera’, que acaba de aparecer en Ediciones B y que presentaba el pasado lunes en Ámbito Cultural, en compañía de Rafael Argullol.

Ella define esta narración de corte intelectual, ajustada y fluida, como el “fruto de un deseo imposible. El deseo de que el pintor Jean Auguste Dominique Ingres y la viajera lady Mary Wortley Montagu se hubieran conocido”. Eso, como recuerda Patricia Almarcegui, no llegó a suceder: habían nacido con un siglo de diferencia. Se le ocurrió la idea durante la observación en el Louvre del cuadro ‘La pequeña banista’ de Ingres (1780-1867), de inequívoco influjo oriental. Lady Montagu (1689-1762) fue una viajera muy especial: estuvo en Turquía, conoció los baños y los harenes, y envío una intensa correspondencia desde Estambul. Ingres, romántico y realista, acusó el impacto oriental, como lo acusaron Delacroix, su gran rival, o Matisse, muchos años después.

La novela comienza con Ingres en crisis. “Por primera, se había dado cuenta de que había dejado de desear. Habían desaparecido las mujeres, los cuerpos y la piel”, se dice. Tenía la sensación de que había perdido su mejor sentido, el de la vista, y estaba desencantado con su propia trayectoria de pintor. Hasta que su mejor amigo lo rescata y lo lleva a la representación de la ópera ‘Orfeo’ de Glück, que le conmueve. Y allí se encuentra con Gerard de Nerval, con Baudelaire, “elegante y estirado”, y, por magia de la escritura, con Lady Montagu. Hablan vagamente y se emplazan a otra cita. Ingres se traslada al campo y allí recibirá, con bastante indolencia, a Delacroix, con el que estaba enemistado. Saltan chispas en un diálogo muy interesante sobre la pintura francesa del siglo XIX, sobre el color, el dibujo, la forma, la mirada hacia Oriente.

Más tarde, Lady Montagu e Ingres se reencuentran y ahí empieza un diálogo intelectual sobre arte, sobre el viaje, sobre Oriente, sobre las mujeres y sobre el amor. Por ejemplo, Lady Montagu le dice que a veces le irritan sus cuadros, y que el mejor de los suyos es ‘Rafael y la Fornarina’, mejor que ‘La gran odalisca’ o ‘El baño turco’. Ingres explica que ella es Madeleine, el amor de su vida. Hay amagos de erotismo, de pasión, pero sobre todo la novela, muy entretenida, de gozosa lectura, es casi un retrato de dos personajes muy diferentes: el más acomodado Ingres, uno de los pintores protegidos por el poder durante años, y la aventurera Lady Montagu. Los diarios de él, las cartas de ella, los sueños y la imaginación de Patricia Almarcegui alimentan esta novela que pertenece a la literatura histórica y a la literatura fantástica. Una novela que tiene otra virtud: es breve, rápida y está escrita con naturalidad a pesar del anacronismo del que parte.

 

El pintor y la viajera. Patricia Almarcegui. Ediciones B. Barcelona, 2011. 200 páginas.

'BOTÁNICA. AFTER HUMBOLDT', CON RAFAEL NAVARRO, LLEGA A MADRID

 

El artista aragonés Rafael Navarro en la exposición Botánica. After Humboldt

 

La muestra reúne fotografías de seis autores contemporáneos

REAL ACADEMIA DE BELLAS ARTES DE SAN FERNANDO

(Sala Guitarte, 3ª planta. Alcalá, 13 – Madrid.)

 

Acción Cultural Española (AC/E) se complace en coorganizar con el Centro de Arte y Naturaleza (CDAN). Fundación Beulas de Huesca y la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, la exposición Botánica. After Humboldt, una muestra que ofrece un conjunto de fotografías de seis autores contemporáneos con una mirada creativa y muy novedosa sobre la ciencia de la botánica. Se busca de este modo la confluencia, en un mismo plano de arte y ciencia.

Junto a las imágenes, se mostrará una selección de grabados del siglo XVIII procedentes de los archivos y colecciones de Calcografía Nacional que contrastan con la rigurosidad de la perspectiva fotográfica.

La exposición estará abierta al público del 17 de junio al 16 de septiembre.

De martes a sábado de 10 a 14 y de 17 a 20 horas.

Domingos y festivos de 10 a 14 horas.

Lunes cerrado

Los artistas presentes en la exposición son:

Manel Armengol (Badalona 1949)

De la serie “Herbarium”, (2004) un conjunto de 188 imágenes en blanco y negro, se muestran 24 fotografías que plantean la individualidad de cada planta, de cada flor. Con un metódico análisis de la realidad vegetal, el interés del artista se centra en la belleza y diferenciación de cada una de las plantas retratadas, con absoluto respeto y fidelidad a una realidad subjetivada por el ojo de la cámara.

 

Alberto Baraya (Bogotá, 1968)

La reconstrucción de las históricas expediciones científicas es la forma en que el artista agrupa sus trabajos, un estudio sistemático y dentro de las más exigentes leyes de la botánica clásica, del mundo artificial de la vegetación actual. “Herbario de plantas artificiales” es la serie principal que se expone, junto con algunos trabajos de sus Expedición Nova Brasiliensis y Expedición Nueva Zelandia.

 

Joan Fontcuberta (Barcelona, 1955)

“Herbarium” (1982-1985) es un trabajo esencial en la historia de la fotografía actual y una pieza clave en la posmodernidad. La creación de un mundo vegetal ficticio en el que se analizan y se muestran, de acuerdo con la mas estricta terminología botánica cada uno de sus elementos, marca una derivación de la fotografía tradicional, un guiño a la realidad y un homenaje a los maestros históricos de la fotografía en blanco y negro.

 

Juan Carlos Martínez (Campanario, Badajoz, 1978)

“Expedición Spermopsida” (2007-2008) es el nombre de la serie de ocho fotografías en color y de gran tamaño, que se reúnen en esta exposición. Todas ella forman parte de una serie de expediciones a lugares en jardines y parques en los que tienen lugar encuentros sexuales furtivos. El intento de a través del estudio de la botánica de analizar los lugares y sus vinculaciones con el deseo, la naturaleza y el cuerpo, siempre jugando con la referencia a las históricas expediciones científicas y a las asociaciones de los términos latinos para nombrar a las plantas.

 

 

Rafael Navarro (Zaragoza, 1940)

La relación vital con nuestro entorno cotidiano define la serie “Testigos” (2010), en la que la representación de las plantas se aleja de cualquier intento analítico y clasificador. Simplemente están, ahí, con sus cuerpos, es su presencia la que se nos ofrece de una forma esencial, con primeros planos que nos hablan más de  sensaciones y sentimientos que de análisis botánico. Ellas, las plantas, son testigos de nuestras experiencias y desasosiegos. Permanecen con sus formas, cercanas a la

abstracción, silenciosas presencias de nuestro mundo.

 

Juan Urrios (Barcelona, 1962)

“Verdes” (1997), sintetiza la esencia de las plantas en una sola palabra que nos remite a su frescor, a su apariencia, a su interior, al jugo que corre por sus cuerpos: verde. En esta ocasión son fotografías con luz, en la que el verde es aun más fuerte, más central, más protagonista. A la idea de verde no solo responden las plantas pero aquí se juega con la definición, con el cliché y nuevamente con la ironía de lo que es y de lo que parecer ser. Texturas en primer plano, superficies vegetales, artificiales que todas remiten al mundo vegetal.

 

*Nota de prensa del gabinete de comunicación de la muestra que se presentó hace no demasiado tiempo en el CDAN de Huesca.

SOPEÑA, CHOOS, BLANCA BK, ROMÁN, C. FALLARÁS Y CLAUDEL: BORRADORES

Gabriel Sopeña visto por Esther Casas.

Gabriel Sopeña, profesor, poeta y cantautor, presenta su nuevo poemario ‘Máquina fósil’ (Olifante) en Borradores, que se emite esta noche a las 0.35 horas. Interpreta dos temas, uno de los poemas del libro, ‘Como antorchas’, y ‘Políticamente incorrecto’ de Luis Alberto de Cuenca, a quien acaba de musicalizar para un disco en el que cantará Loquillo.

Los otros dos invitados al plató son dos artistas aragoneses: Blanca BK, una ilustradora que tiene varios proyectos recientes y que acaba de ser reclamada para trabajar en Estados Unidos, y el fotógrafo Gustaff Choos (Jesús Royo), que se ha especializado en el mundo de la música y en diversos festivales y en campañas publicitarias que le han llevado a retratar, entre otros, al futbolista Lionel Messi.

Philippe Claudel con su hija Lys. Foto de Aloma Rodríguez.

Borradores, entre otros reportajes, ofrece una entrevista con la escritora Cristina Fallarás, que acaba de ganar el Premio Barbastro de novela. Fallarás habla de su última novela, ‘Las niñas perdidas’ (Roca), donde una detective de vida complicada debe investigar el secuestro y asesinato de dos niñas. Olga Román recorre su trayectoria, sus años con Aute y Sabina, con motivo de su tercer disco: ‘Seguir caminando’. Se ha especializado en música latina y en jazz. Y el narrador y cineasta francés Philipe Claudel analiza sus novelas, su estética, y sus películas. El autor de ‘Almas grises’ o ‘La nieta del señor Lihn’ es un escritor muy meticuloso e intenso, uno de los valores más sólidos de las letras francesas y europeas. Es el autor de la película ‘Hace mucho que te quiero’ (2008), con Kristin Scott Thomas, en la que actúa su hija, que también aparece en la entrevista.

 

 

POETAS DE LA VIDA Y DEL LOCO AMOR

POETAS DE LA VIDA Y DEL LOCO AMOR

Las maletas de poesía de cinco mujeres

 

[Nuevos poemarios de Magdalena Lasala, Carmen Ruiz, Marta Fuembuena, Maribel Hernández y Milagros Martín que exploran la pasión, el cuerpo y sus heridas, el viaje y la memoria]

Algo pasa con la poesía en Aragón. Con la poesía en general y con la poesía de mujer en particular. El libro ‘Yin. Poetas aragonesas, 1960-2010’ (Olifante) está siendo un pequeño acontecimiento: no sabemos si de ventas, pero al menos de promoción, de recitales, de viajes, de presentaciones aquí y allá. De exaltación de la palabra de mujer. La idea de Ángel Guinda, tan generoso él, tan alucinado hacia la poesía, mueve montañas, agita públicos, concentra espectadores y oyentes. Ya sea en Tauste, en Zaragoza, en Soria, en Teruel, en Tarazona o el Calatayud.

Estos días, han aparecido nuevos poemarios de mujeres. Elegimos hoy cinco. Hace unos días, Magdalena Lasala presentaba ‘Arderé en el exilio de tu cuerpo’ (Endymion), un nuevo volumen de amor (“amor loco” lo llama, que “domina, aturde, esclaviza, somete”) donde explora la intensidad de las relaciones, el dolor de la ausencia, la energía de la entrega, ese estado permanente de éxtasis que viven los amantes. Lasala había recorrido antes este territorio, con más ironía y sentido del humor tal vez: aquí recupera la pasión volcánica, la excitación febril (“dejo su boca /apresando con su fiebre la mía”), la urgencia de la consumación del deseo, los pequeños detalles del vivir con ese lenguaje característico suyo, tan voluptuoso y dado al arrebato. Dice Magdalena Lasala, por ejemplo: “…ven, bebe este exceso a sorbos, / floréceme con tu saliva plena / de tu deseo, de tu nombre en mí pleno/de ti/sáciama saciándote de las corrientes que fluyen / en tu paraíso”.

Carmen Ruiz Fleta es una poeta del amor, del cuerpo y de la identidad. En ‘Polaroid (Todos parecemos más fuertes en la fotografías)’ (Olifante) se acerca a la poética de la inquietud y de la fragilidad, parece próxima a Sylvia Plath, a Elizabeth Bishop y, entre las poetas aragonesas y españolas, se acerca a Miriam Reyes. Su poesía habla de un cierto desamparo, del extrañamiento que se produce entre los amantes, de la difícil relación con los padres, de un frío ambiental y anímico, y de esos enigmas de familia que te dejen un tanto perplejo, como asomado al umbral del abismo: “Hablas de mi padre, / de mi madre joven, / de los suicidas del álbum. / Eres un desconocido / que habla de mis recuerdos (…)/ Esta noche pronuncias / todos los nombres de mi prehistoria”. Quizá la poética de la autora podría concentrarse en este verso: “Voy desnuda, pero todos alabáis mis vestidos”. Es, hasta ahora, su mejor libro: ensancha los temas que ya había tocado antes y crea, además, nuevos espacios de ficción.

Marta Fuembuena es la autora de ‘La excusa de los días’ (Comuniter. Colección Resurrección), una plaquette que, ante todo, intenta construir una voz. Una voz que habla de la paradoja, de la fugacidad de las cosas y del amor, de la espera y de la esperanza, una voz que habla de esos desencuentros cotidianos, atravesados por el silencio o el malentendido, que cercenan la alegría, que casi excluyen la felicidad. La poesía de Fuembuena tiene una ironía propia, un punto de humor, un acento a menudo teatral: “Hay muchas maneras de decirte que sin ti, / es difícil planear las aves que seríamos. / En la caída un cielo incierto, /la única que se me ocurre es la mía”. Y dice también: “De tu casa a la mía / hay un desfiladero de fantasmas, / aparcados en fila de a uno. / Por las noches, / si se asustan, / corren a meterse en mi cama”.

Maribel Hernández firma ‘Extraños con paraguas’ (Bubok), un libro que alterna la prosa y el verso. El poemario podría ser algo así como un diario de viaje: la prosa es la acotación, el acta del tránsito (en el espacio, en el tiempo y en la historia), y los poemas son meditaciones acerca de la soledad, del cuerpo y sus heridas, del amado que se esfuma y reaparece (“…mi cuerpo en línea recta / gotea una ausencia tuya, / pusilánime, / avergonzada de existir / aún…”, dice), y reflejan también la mirada sobre el paisaje y las ciudades.

Y desde Barcelona llega ‘Descubriendo mi tiempo’ (Ediciones Carena) de la oscense Milagros Martín Carreras, una “poesía que brota, humilde, de los humildes rincones de la vida. Una poesía sutil, interna: ‘Oigo voces que pronuncian mi nombre’. El misterio del amor, del dolor del amor…”, escribe José Membrive de esta mujer de 80 años, que utiliza el copla, la canción y otras composiciones breves al servicio de sus recuerdos, de las pequeñas cosas de cada día, de lo que ve y siente, o de algunos homenajes, como el que le dedica a José Antonio Labordeta: “Y llorarán por ti las aguas de los ríos. /Recordarán las cumbres el eco de tu voz…”

 

*La primera foto, tan refrescante, es de Guy Bourdain. La segunda de Ellen Kooi.

ENRIQUE BUNBURY, EL ARAGONÉS UNIVERSAL DE LA MÚSICA

ENRIQUE BUNBURY, EL ARAGONÉS UNIVERSAL DE LA MÚSICA

Bunbury: el artista, el aprendiz, el curioso, el cantor errante

 

[Javier Alvero le dedica un documental al cantante: ‘Porque las cosas cambian’, que analiza su trayectoria desde Héroes del Silencio hasta su último álbum, ’Las consecuencias’]

 

Esta foto es de Anna Moshi y la tomo del blog de Marisa Lanca.

 

Enrique Bunbury (Zaragoza, 1967) tomó su apellido musical, que se ha convertido ya en Bunbury a secas, de una joven amiga norteamericana. Ya desde pequeño, Enrique era especial: “nunca me gustó el fútbol”, dice, y con ocho o nueve años escribía canciones para cantar el colegio. En los 80, tras haber sido expulsado de varios centros escolares, tuvo infinidad de bandas: siempre fue un aprendiz, un incomodado, alguien que está una y otra dispuesto a empezar de cero, a cargar las maletas y el corazón con sonidos, con ritmos, con poemas, con sensaciones, con amigos.

Javier Alvero es el autor de un documental sobre el músico: ‘Bunbury. Porque las cosas cambian’. De vez en cuando, casi como un elemento que le da unidad al conjunto, Bunbury le habla a la cámara y da pequeños apuntes de sí mismo, apuntes, recuerdos, anécdotas o reflexiones que apuntalan su autobiografía. Dice, por ejemplo, en su primera aparición: “Todos los discos acaban hablando de las cosas que realmente te tocan”. Y, ya inmerso en ese viaje en el tiempo que es el documental, en ese viaje hacia el futuro, evoca sus inicios y asegura: “Yo fui un niño prodigio sin tener ningún tipo de prodigio”. Paso a paso, sin acritud alguna, con la presencia amable y lúcida de Pedro Andreu y Joaquín Cardiel, se reconstruye la historia de ese fenómeno llamado Héroes del Silencio, ese grupo que desplegó un sonido espectacular, como se volverá a ver y a oír con motivo de la gira de reencuentro de 2007.

A lo largo del documental, músicos, compañeros de viaje, técnicos de producción y sonido, amigos cercanos y distintos colaboradores nos acercan el personaje, mientras suenan las canciones, vemos las giras y una evocadora iconografía. Calamaro dice que “Bunbury escucha con los ojos abiertos”, y Phil Manzanera, de los primeros deslumbrados por la fuerza avasalladora de Héroes, dice que Burbury “es como una fuerza de la naturaleza y sigue siéndolo”. El artista. Se realiza un recorrido por los discos y las giras del grupo, con la ayuda del fino análisis de Pito, el manager que los catapultó desde Madrid, se habla de ‘El mar que no cesa’, ‘El espíritu del vino’, de ‘Senderos de traición’ y de ‘Avalancha’, y es el propio Bunbury quien resume ese período así: “La música nos unió y la música nos separó. Era lo que teníamos en común”.

A partir de ahí, Bunbury empezará a hacer algo que, en realidad, luego hará sistemáticamente en cada disco: se reinventa. Ariel Rot indica su espíritu de solista: dice que posee mucha personalidad y que siempre le ha gustado ir por libre. Y a la par, testimonio a testimonio, vamos viendo el complejo perfil del músico: posee una inmensa capacidad de trabajo, es muy receptivo y curioso, es un buscador de estilos diferentes y siempre está abierto a la experimentación y a la colaboración. Cada disco es la aventura de un viajero y de un explorador de los sonidos al que le gusta la playa en invierno, cocinar arroces e indagar en un sinfín de músicas: la música árabe o balcánica, la música italiana y francesa, el eco de Aerosmith o Gun and Roses, pero también se interesa por la música popular latinoamericana y la antropología; cuenta Lila Downs como Bunbury no hacía más que preguntarle cosas y cosas a su madre con auténtico embeleso.

Esa atracción por lo nuevo ya se ve en ‘Radical sonora’, que opta por la música electrónica e intenta escaparse de Bowie y U2, que también flirteaban con esa estética. Y se seguirá viendo, con otros matices, en sus nuevos discos: ‘Pequeño’, -“un disco que se salvó por América” y por el cual debía responder a la cuestión: ¿dónde está Bunbury, el cantante eléctrico?-, ‘Flamingo’s’, de exquisita factura, donde rinde homenaje a su pasión por el boxeo como metáfora de la vida y a Perico Fernández, ‘El viaje a ninguna parte’, ‘Freak Show’. Y luego vendrían otras experiencias, no siempre fáciles ni lineales, y nuevos discos como el que hizo con Nacho Vegas, ‘El tiempo de las cerezas’, la gira con Héroes de 2007, nuevos álbumes como ‘Helville de luxe’ y ‘Las consecuencias’. Dice Bunbury que se ha pasado horas y horas a la búsqueda de diferentes formas de sonar y confiesa que “tengo una pasión por el sonido. Mis discos dicen mucho de mí por cómo suenan”. Loquillo recuerda que un artista debe crearse un personaje y trabajarlo y consolidarlo. Y eso es lo que ha hecho Bunbury, disco a disco, que sale muy bien parado de este “carrusel emocional” que le dedica Javier Alvero. Y sale bien parado porque es un investigador, un explorador, un seguidor de Errol Flynn, un enamorado del trabajo de los otros (y los otros son sus colaboradores, Copi o Ramón Gacías, por ejemplo, pero también son las músicas del mundo y los intérpretes anónimos), alguien dice que “las maquetas y los discos ajenos son su gasolina”, y es un artista que sube a cantar y tiemblan las tablas, sucede algo que no sucede todos los días, como señalan Quique González y Loquillo.

‘Bunbury. Porque las cosas cambian’ es, con su talento, con su voz y con sus melodías, Bunbury en estado puro. Bunbury entre amigos. Bunbury en el camino: como el zaragozano errante e incansable.

*Me había anunciado Javier Alvero que el documental iba a salir con la revista 'Rolling Stone': esta mañana la he visto en el quiosco a tres euros.