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Antón Castro

'MÚSICA EN DANZA' DE CARMELO PUEYO

PRESENTACIÓN DEL LIBRO ‘MÚSICA EN DANZA’

Hoy martes, 21 de junio, a las 20 horas, en el Centro Cívico Universidad de Zaragoza (Violante de Hungría, 4 -entre el Auditorio y el Conservatorio de Danza de Zaragoza-), se presenta el libro MÚSICA EN DANZA: MANUAL DE MÚSICA APLICADA A LA DANZA ACADÉMICA.

 

En esta obra, Carmelo Pueyo Benedicto dibuja una cartografía musical de la danza, recapitulando y categorizando aquellos elementos que intervienen en el espacio coreográfico, regulando las interacciones que ambas disciplinas ejercen entre sí, tanto en su componente creativo como educativo. Da a conocer algunas nociones básicas del mundo de la danza y del ballet, su historia, terminología y dinámica interna. La intención de este libro es recapitular aquellos aspectos de la música más útiles a los profesionales y alumnos de danza, exponer una serie de nociones teóricas  y prácticas que les ayuden a interrelacionar ambos lenguajes y, en consecuencia, poder aplicar estos conocimientos en sus tareas respectivas, dar mayor eficiencia a su labor formativa y mejorar la coordinación pedagógica entre quienes intervienen en este proceso. En el prólogo intervienen Antón Castro, Enrique Gastón y Álvaro Zaldívar. Las ilustraciones son obra de Álvaro Ortiz. El libro consta de veintiún capítulos ordenados en tres apartados: Notas para una clase de danza; Teoría y práctica; y Apuntes históricos. Incluye partituras y un CD para clase de danza.

 

En el acto de presentación se realizará también un debate en torno a la danza y la música, protagonizado por maestros, coreógrafos y profesionales del mundo de la danza y la música. Una coreografía de Elia Lozano, con música del autor del libro, dará por finalizado el acto.

 

*La foto es de Elia Lozano y ha sido realizada por Alberto Rodrigálvarez, uno de los grandes fotógrafos de danza de nuestra comunidad. 

HOY, EL BORRADORES 250

‘BORRADORES’ LLEGA A LOS 250 PROGRAMAS

[Menú para esta noche a las 0.45: Actuación musical Jahsta. Plató: Félix Teira y Joaquín Berges. Reportajes y entrevistas: Rosa Montero, escritora y periodista; Inka Martí y Jacobo Siruela, editores de Atalanta y escritores, y Félix Anaut, pintor, Gonzalo Alonso, músico, y Marta Almajano, autores del proyecto ‘Zaragoza: Visual Simphony’]

 

El magazine cultural ‘Borradores’ alcanza mañana sus primeros 250 programas: lleva en la parrilla desde mayo de 2006. Ha contado con más de 240 actuaciones en directo, más de mil invitados en plató y ha realizado en torno a mil reportajes. Por el programa, entre otros, han pasado Zubin Metha, Montserrat Caballé, Chucho y  Bebo Valdés, Joaquín Achúcarro, Jorge Edwards, Philippe Claudel, Eleftheria Arvanitaki, Lila Downs, Julieta Benegas, Víctor Erice,  Fernando Trueba, Joan Manuel Serrat, Violadores del Verso, Carmen París, Soledad Puértolas, Rafael Azcona, los hermanos Taviani, Javier Tomeo, Luis del Val, Agustín Sánchez Vidal, Juan Luis Buñuel, Aurora Egido, José-Carlos Mainer, Martínez de Pisón, Ángel Guinda, José Antonio Labordeta, y una buena parte de los creadores aragoneses de todas las disciplinas: nuevos, conocidos y consolidados.

En la emisión de mañana cuenta con dos novelistas aragoneses de proyección: Joaquín Berges, que acaba de publicar en Tusquets su segunda novela, ‘Vive como puedas’, la historia de un hombre casado que añora a su primera mujer y que vive peligrosamente entre su madre, su nueva esposa, sus hijos y alguna de sus maestras, y un amigo complicado. Y Félix Teira, autor de ‘laciega.com’ (Funambulista), donde cuenta lo que le ocurre a una pareja cuando él pierde el trabajo y ella decide sumergirse en el mundo del porno por internet. La novela realiza un viaje a los infiernos y a la vez utiliza, y exalta, Zaragoza como escenario de la ficción.

‘Borradores’ ofrecerá, además, una entrevista con Rosa Montero, que hablará de ‘Lágrimas en la lluvia’, una novela policíaca y de ciencia ficción, y de su libro de artículos literarios ‘El amor de mi vida’. Jacobo Siruela hablará de su editorial Atalanta, que cumple cinco años, de sus colecciones y de su concepto de edición artesanal, y de su libro ‘El mundo bajo los párpados’, un texto literario sobre el mundo de los sueños. Inka Martí publica ‘Cuaderno de noche’ (Atalanta), donde ha recogido los sueños que ha ido recordando y anotando a lo largo de diez años: sueños con monstruos y selvas, sueños arquitectónicos y eróticos, pesadillas y premoniciones, viajes a regiones inquietantes, sueños turbadores.

 Y ‘Borradores’ se cierra con un proyecto muy especial: ‘Zaragoza: Visual Simphony’, donde se mezcla la pintura, la música y el canto. El pintor Félix Anaut ha querido poner color y forma a la pintura; Gonzalo Alonso ha compuesto una pieza musical inspirada en sus cuadros y la soprano Marta Almajano, acompañado de un cuarteto de cuerda y del propio Alonso al piano, interpreta un aria.

La actuación musical corre a cargo del grupo de reggae Jastha, que se presenta en ‘Borradores’ con cinco componentes. Dos de ellos, Suizo y Karty, analizan la trayectoria del grupo, y la banda interpreta dos temas: ‘Escúchalo’ y ‘María’.

ROSENDO TELLO: POESÍA Y VIDA

Rosendo Tello busca el origen de la poesía

 

[El escritor, Premio de las Letras Aragonesas 2005, publica ‘El regreso a la fuente’ (Prames), un viaje de las tinieblas a la luz y “a la vida auténtica”, que supone su retorno editorial tras el ictus cerebral que sufrió en 2009. “Ahora me siento como alguien encerrado en mi habitación con el silencio”, confiesa]

 

 “La vida siempre tiene razón”, dijo una vez Rainer María Rilke. Y a esa frase acudió, un tanto enigmáticamente, hace pocos meses Rosendo Tello Aína (Letux, Zaragoza, 1931) en una de sus últimas cartas, redactada en letra grande y vacilante con la mano izquierda, para explicar su situación. Su nueva situación. El 29 de agosto de 2009, el Premio de las Letras Aragonesas de 2005, profesor, ensayista y esencialmente poeta “de la luz, de las imágenes y de la música”, sufrió un ictus que le dejó inmovilizada la mano derecha, una leve cojera y con dificultades para hablar. Rosendo emite sonidos, más o menos pausados, a veces reconocibles, se le entiende casi a la perfección el golpe de voz “¿Dónde?”, pero resulta difícil seguirle. Ha perdido la palabra, aquella fluidez y aquella elocuencia casi barroca que tenía una correspondencia inmediata en sus versos.

Maribel, su esposa, le hace de intérprete, pero a menudo los sonidos de Rosendo resultan incomprensibles incluso para ella: entonces, el poeta toma el bolígrafo y escribe. “Ha tenido que aprender a escribir con la mano izquierda”, dice su esposa. Más que escribir, parece dibujar las palabras, como a vista de pájaro. Rosendo siempre había tenido una letra armoniosa y ceñida; la poesía, y la mayoría de los textos, los escribía a mano. Al llegar al salón de su casa, vemos uno de sus últimos versos, que ha corregido varias veces, y vemos su último poemario: ‘El regreso a la fuente’, que ha publicado Prames. Un libro que puede resumirse como “una travesía personal, interior y exterior, desde la tiniebla hacia la luz. Es eso, sí”, dirá. El poeta piensa como siempre: con rapidez, con exuberancia de ideas y de metáforas, con ese fulgor en los ojos de quien está vivo para la poesía, para la amistad y las emociones cotidianas.

Premonición y misterio

Rosendo Tello abre el libro por el primer poema. Y dice, con ayuda de traductor y del folio en blanco: “Este poema, ‘La lengua de los hombres’, ha sido un poema premonitorio, es como si yo barruntase la enfermedad, el ataque. Mira: ‘Fascinante y terrible es la lengua del hombre, / oscura y balbuciente a un mismo tiempo. (…) Mil lenguas no podrían expresar el enigma / del sueño del amor o el sentido del sueño’. Mi poesía, y quizá toda la poesía, nace del misterio”.

Rosendo Tello había publicado últimamente ‘El vigilante y su fábula. Obra poética reunida (1955-2005)’ en 2006 y el primer volumen de sus memorias ‘Naturaleza y Poesía’ (Prames, 2008). Dice: “La fuente del título es la vida auténtica. El título podría entenderse así: el regreso del poeta a la vida auténtica, y también hablo del retorno a los orígenes”. El libro propone un itinerario simbólico a los paisajes, a la memoria, a la intuición, a la música, a la sensibilidad, a la mitología (en ‘El final de una época’ llora el cadáver de Héctor, vencido por Aquiles) y a la noche, aquellos lugares en que brota la poesía y sus gestos: “Atento estaré a los rumores, a las palabras libres que no mienten, / a las dulces tormentas de la sangre, / a los graves avisos que me llegan de allá, / del lugar del que vuelven los amores perdidos, / de la tierra en que cesa de golpear el mundo”, anota en ‘Serena plenitud’, un texto de exaltación que dedica a su gran amigo José-Carlos Mainer.

Las imágenes de lo sagrado

‘El regreso a la fuente’ también es un viaje en el tiempo y una pregunta acerca del sueño y del desvelo, del más allá, de lo inefable. Escribe Tello: “Quien sabe unir dos tiempos, / con la fuente cantando su canción, /consagra su futuro”. El poeta anota en el folio: “La prosa no es el verso; cuando empleamos el verso hablamos de lo ceremonial. El verso se convierte en canto, en lo sagrado. Este libro habla de lo divino, de lo numinoso: de la inspiración”. Intenta acudir a las palabras y dice, con esfuerzo: “El verso parte siempre de la imagen, no del concepto. Yo soy un poeta de imágenes y sigo haciendo esa poesía. Antes del ataque y ahora. La primera visión que utilizo siempre es la de la metáfora, no es la de idea”.

Más que nunca, observador de las estaciones y de los fantasmas de su intimidad, Rosendo Tello se siente un poeta de la noche y del día. Un poeta que navega hacia las sombras de la oscuridad y del plenilunio. Dice: “El día es lo superfluo. La naturaleza profunda del hombre está en la noche y en silencio. La luna siempre ha sido esencial en mi poesía y en mi existencia: posee una luz especial que lo matiza todo. Ahora me siento como alguien encerrado en mi habitación con el silencio”. Rosendo pelea día tras día, con lentitud y hondura, con un nuevo libro que va a titular ‘El silencio’.

Maribel interviene y lo retrata así: “Ha sido muy solitario y su nueva situación lo hace aún más solitario”. No obstante, todos los días sale a pasear y a contemplar “las estancias del sol” por los alrededores de la plaza del Portillo, acude al fisioterapeuta, recibe la visita semanal de su amigo Tomás Ortiz, y de vez en cuando araña el piano con la izquierda. Antes de poner fin a la entrevista, Rosendo Tello busca el poema o monólogo dramático ‘Confesiones de Bartolomé Leonardo Argensola’ y dice: “Aquí también estoy yo”. Y señala estos versos: “Cansado, ya no quiero / ni persigo más gloria que pasar en silencio / los días que aún me quedan por vivir”. En ese instante, su gato Titín, negro y elegante, se acerca y se le sube al regazo. El felino, como la imaginación y la poesía, también está con él.

 

 

FICHA: El regreso a la fuente. Rosendo Tello. Prames. Colección: As tres serols / Las tres sórores / Las tres sorors. Zaragoza, 2011. 62 páginas. Poemario en cuatro partes, y un prefacio, de más de 1100 versos que contiene un viaje desde el dolor y la oscuridad a la luz y la alegría.

LIA-ME: UNA PROPUESTA ATRACTIVA

LIA-ME: UNA PROPUESTA ATRACTIVA

 

LIA-me: Callejero. LABORATORIO DE INVESTIGACIÓN ARTÍSTICA. III Edición.

 

Fechas: Del 27 de junio al 1 de julio. (Curso de  14 horas)

Lugar: Casco Urbano de Zaragoza.

Horario: De 17.30 a 20.30 (del 27 al 30 de Junio)

            De 18.00 a 20.00 (1 de Julio)

Precio: 60 euros. 50 euros (Afiliados al Sindicato de Actores y Actrices de Aragón)

 

La calle, y más concretamente la urbe, las plazas y lugares más céntricos de Zaragoza,  pasan  a ser aula y escenario en este LIA-me Callejero 2011. Es un LIA que transforma a la calle en probeta para mezclar en ella distintos lenguajes artísticos y supone para el alumno un aprendizaje eminentemente práctico, en el que de la mano de un profesorado especializado se le acercará a la interpretación, pintura, canto y danza. Cuatro lenguajes artísticos que se entrecruzan en la ciudad, bajo un hilo conductor común: la calle como aliada en el proceso de creación artística. El último día se preparará una performance, en la que los alumnos integrarán todo lo aprendido. Se explorarán los límites, dificultades y posibilidades de las acciones escénicas en la calle. Este Laboratorio se nutre de un lenguaje contemporáneo, que alberga la performance y la instalación, y da recursos al participante de cara a crear en el exterior, a reutilizar espacios públicos para puestas en escena teatrales,  artísticas y culturales. La calle es protagonista, contenido y continente de LIA. A lo largo de la semana el alumno irá integrando la calle como una herramienta más que da posibilidades a su trabajo, a su creatividad, a ser determinante para la construcción plástica y para la exposición del trabajo. La prisa, la soledad, la comunicación, el encuentro, el ruido, la luz, la noche, el tránsito… ¿qué es la calle para ti?

 

¿A quién va dirigido? El Laboratorio de Investigación Artística está abierto a todos aquellos que tengan un interés previo y formación en alguno de estos campos artísticos: el teatro, el canto, el musical… etc. Para actores, bailarines, y profesionales o estudiantes del mundo de las artes escénicas.

Más info en www.laventana cultural.com ó en el 976 444 256

Blanca Resano. Dirección Pedagógica. 

Rosa Escuin (La ventana Cultural). Producción y Gestión. 

 

Profesorado:

Laura Plano: Teatro e Interpretación.  

Alizia Romero: Canto

Lina Vila: Pintura 

Elia Lozano: Danza

 

 

 

Plazas Limitadas, Reserva o más información:

La ventana cultural

976 444 256

www.laventanacultural.com

 

*Blanca Resano, actriz y dramaturga, es la directora pedagógica de este proyecto. Esta foto es de Gabriel Latorre.

FERNANDO LALANA: DOS SONETOS DE AMOR

En la exposición ‘Visión emocional de una ciudad’, Ricardo Marco y Carlos Buil seleccionaron  a un conjunto de autores para que hablasen de Zaragoza. Entre ellos Fernando Lalana que, siempre tan original e inesperado, le dedica dos sonetos a su ciudad, a la capital del Cierzo, a novial del viento surcada por el Ebro.

 

 

ZARAGOZA EN SETECIENTOS

 

Por Fernando LALANA

 

La Harta en setecientos caracteres

resulta ser empeño complicado

y aun presumiendo de ser un desalmado

es difícil negar cuánto la quieres.

Y ello a pesar de los atardeceres

ateridos de cierzo despiadado,

del implacable estío que ha llegado

para fundir la cal de las paredes

después de que se ausente primavera

sin apenas haber dado un mal paso

y anunciando un otoño tan escaso

que dura lo que dura la carrera

del actor al que nadie le hace caso.

Por mi foro hace mutis la ribera.

 

Esa es la Zaragoza de mi vida:

un paseo a la orilla del canal;

saberse del desierto capital,

un tranvía, una fiesta desmedida;

el mar Mediterráneo como huida

hacia un nuevo horizonte; y al final,

cabezudos corriendo la avenida,

puente piedra, muy noble y muy leal;

por la Gran Vía paseando inquieto

tras mi primer amor de adolescencia

el mismo que derriba sin respeto

mi Torre Nueva; mi mayor secreto,

el Ebro en que naufraga mi conciencia

ocho puertas, cien torres... y un soneto.

 

FERNANDO LALANA

PÉREZ AZAÚSTRE: DIRECCIÓN PARAÍSO

PÉREZ AZAÚSTRE: DIRECCIÓN PARAÍSO

 

[Joaquín Pérez Azaústre publica su poemario ‘Las Ollerías’ (Visor, 2011), que tiene algo de cuaderno de ruta de la memoria con ciudades, amores, viajes y personajes]

 

 

El premio Loewe de poesía es uno de los más prestigiosos de la lírica en España. Entre sus ganadores figuran Luis García Montero, Juan Luis Panero, José María Álvarez, Carlos Marzal, Jaime Siles, Guilermo Carnero y Cristina Peri Rossi, entre otros. Joaquín Pérez Azaústre había ganado el premio a la Creación Joven, que también concede la Fundación Loewe, con ‘El jersey rojo’ (Visor, 2006) y ahora ha obtenido el premio absoluto con ‘Las Ollerías’ (Visor, 2011. 76 páginas), un libro de poemas de amor y viaje, un itinerario de la memoria, que este joven escritor cordobés define así: “Las Ollerías’ es una avenida de Córdoba, transformada en un espacio simbólico de la memoria: un territorio en el que es posible la reconstrucción personal a través del poema, convertido en fortaleza del ser”.

Nacido en Córdoba en 1976, Pérez Azaústre es un joven autor con experiencia. Ha publicado novelas como ‘América’ (Seix Barral, 2004) o ‘La suite de Manolete’ (Alianza, 2008. Premio Fernando Quiñones), y como poeta también está en posesión del siempre prestigioso premio Adonais. Hace algunas semanas, Pérez Azaústre presentaba su nuevo poemario en la librería Antígona de Zaragoza, acompañado de dos poetas: José Luis Rodríguez y David Mayor, con quien coincidió en la Residencia de Estudiantes de la calle Pinar. Por cierto, uno de los mejores poemas de este libro es ‘Residencia de Estudiantes’, donde se hizo escritor, allí “había una cortina / de chopos derramados en la lluvia caliente / junto al sendero antiguo del canal”.

‘Las Ollerías’ podría leerse como un “cuaderno de ruta”: un viaje hacia la memoria que contiene un poema nuclear como ‘Una figuración del paraíso’, que hace pensar en el libro ‘Sombra del paraíso’ de Vicente Aleixandre, y un viaje hacia el misterio. El escritor, que se acerca en ocasiones al poema narrativo e incorpora una parte de textos en prosa en el apartado ‘La aguadora’, sugiere, evoca, rescata imágenes y fotografías que recompone como un puzzle, recuerda historias legendarias como sucede con la composición ‘La Malmuerta’ y exhuma desde el fondo de su imaginación instantes, visiones, como sucede en ‘La siesta’, personajes como ‘El indiano’ o ‘Vida de Antonio Amaro’ (“Antonio Amaro tiene los dedos como espigas / que hicieron germinar el pan del desayuno, / levadura social, destello de un jazmín / en la nuca morena de su hija más alta…”); merece una mención especial ‘Una actriz contempla su retrato en Manila’, que se cierra así: “Nada puede acabar con la belleza / si no es una plenitud del corazón”. Con una mirada elíptica que selecciona hechos y atmósferas a su antojo, Joaquín Pérez Azaústre recrea algunos viajes: a Lisboa, a Barcelona. También hay algunos homenajes al padre en ‘Los nadadores’, donde, muy cerca de su progenitor, el protagonista percibe que “Nadar era crecer. Nadar para empezar a ser un hombre”.

En un poemario que admite muchas lecturas, muchos trayectos para la emoción, tampoco faltan las reflexiones sobre la escritura poética. Dice Joaquín Pérez Azaústre: “La poesía ha de ser honesta, la poesía es un artificio, / la poesía ha de ser mentira en su verdad objetiva”, y algo más adelante añade: “Se escribe contra todo y contra todos.  (…) Escribo como recuerdo, / escribo para acordarme de mí mismo”. Aquí está una de las claves y acaso la poética más nítida de un poeta que ha dado un paso decisivo hacia la madurez literaria y vital.

ROSENDO TELLO: ACTA DE UNA CITA

ROSENDO TELLO: ACTA DE UNA CITA

Esta mañana he visitado, con el fotógrafo José Miguel Marco, al poeta Rosendo Tello. Hace ahora dos años, sufrió un ictus que le ha dejado inválida la mano derecha y una leve cojera, y sobre todo le ha dejado sin la posibilidad de hablar con nitidez. Rosendo ordena bien su pensamiento, sigue pensando en imágenes, lee como siempre, a veces araña el piano con la mano izquierda, pero no es fácil entender lo que dice. Ni siquiera para su mujer Maribel. Pese a ello, está sereno, sigue escribiendo con la mano izquierda, con lentitud y mucha aplicación, y ahora trabaja en un nuevo poemario: ‘El silencio’, un libro que aborda, en clave personal, lo que le ha ocurrido: lo que él llama “estoy encerrado en el silencio de mi habitación”. En la foto, le leo a Rosendo el poema ‘Serena plenitud’, que dedica a José-Carlos Mainer. Lo más impresionante era ver cómo Rosendo recordaba cada imagen, como intentaba enfatizar donde había una idea, una imagen recurrente, y de vez en cuando sonreía. Por cierto, Rosendo Tello acaba de publicar un nuevo poemario: ‘El regreso a la fuente’ en la editorial Prames. Esta foto es de José Miguel Marco.

DENNIS HOPPER, FOTÓGRAFO

El fotógrafo indomable Dennis Hopper

 

Taschen publica un volumen de gran formato con las fotos que realizó el actor y director de ‘Easy rider’ fechadas entre 1961 y 1967, y con las fotos de su propia vida

 

 

Dennis Hopper (1936-2010) ha sido una de las personas más fascinantes del mundo del cine de Hollywood. Lo fue casi todo: actor, guionista, productor y director de una película de culto, ‘Easy rider’ (Busca tu destino, 1969), una obra personalísima que tenía el sabor de una culminación de unos años muy intensos de creación –en la pintura, en el cine y en la fotografía-, de amistad, de sueños más o menos y de una existencia peligrosa, casi al límite.

En el cine, Hopper debutó en obras como ‘Rebelde sin causa’ o ‘Gigante’, donde coincidió con el espíritu atormentado de James Dean. Gran amigo suyo, algunos biógrafos han dicho que “la muerte de Dean salvó a Hopper”, le llevó a buscar su lugar en el mundo y reflexionar acerca de su propio sino. En aquellos días, Hopper era un joven rubio y atractivo que era retratado una y otra por un fotógrafo como William Claxton, el cronista visual del jazz. Hopper siguió con pie en firme en el cine: actuó en ‘Duelo de titanes’. Poco después, inició una aventura intensa y apasionante: una labor como fotógrafo que lo llevó a realizar varias exposiciones, a ser objeto de retrospectivas y catálogos. Esa tarea, gigantesca y variada, acaba de ser publicada en un libro de gran formato de Taschen: ‘Dennis Hopper. Photographs, 1961-1967’ (Madrid, 2011. 546 páginas), que aparece en España, paradojas de la edición, inicialmente en inglés, alemán y francés.

Hopper nació en un ambiente artístico, creció rodeado de jardines, de pintores, artistas y escritores, y uno de sus primeros sueños fue el de ser pintor. También recordaría con mucho cariño sus estancias en la granja de sus abuelos cerca de Dogde City. Años más tarde, recuperaría su vocación plástica con la fotografía. Poco después de su boda, su mujer Brooke Hayward le regaló una cámara Nikkon de 35 mm. que ya no dejaría. Con ella lo captaba todo con tanto fervor como curiosidad. Con clara voluntad artística, dentro de un estilo que a veces podría clasificarse documental, otras veces bruto, otras veces próximo a la abstracción.

Hopper era un fotógrafo intuitivo: inicialmente captó el mundo de la pintura y del expresionismo abstracto: las texturas, las masas, los detalles abruptos, los cristales rotos, el volumen, el arabesco de las alambradas. Da la sensación de que sus fotos descubrían en la calle o en las paredes aquello que pintaban Jaspers John’s o Ruscha. Posteriormente, en una serie que el editor Tony Shafrazi titula ‘En el camino’, con claro parentesco con Keroauc y los ‘beats’ (Hopper retrató a Timothy O’Leary, uno deellos), lo vemos en una línea distinta: próximo a fotógrafos como Elliot Erwitt, Robert Frank o Walker Evans, o incluso a Helen Levitt, cuando se pone a retratar niños en las calles. En ese período le interesan las autopistas, las calles, las valles publicitarias, la gente que camina, los escaparates y sus tipografías, y a veces podría decirse que compone con un desaliño buscado, con una estética feísta, aunque casi a la par muestra fotografías rotundas, de gran belleza. Le interesan muchos los fondos, las pintadas, los reflejos.

Pero también estuvo en los toros en México, en Durango o Tijuana. Como era de esperar se zambulló en Hollywood, en diversas películas. Y captó a numerosos actores, entre ellos a Dean Martin o John Wayne. Esa serie se completa con otra, ‘El ojo subjetivo’, donde captó a David McCallun, a Jane Fonda, a su adorada Tuesday Weld (a la que había amado siempre, confiesa), a Paul Newman, con quien coincidiría años después en ‘La leyenda del indomable’.

Hopper vivió aquellos años con intensidad. Era un maravilloso anfitrión en una casa que parecía un museo. Estaba llena de cuadros de Warhol y de arte pop. También le interesó la moda y ese mundo tan psicodélico y rebelde, de excesos y muchas chicas bonitas, el mundo de Warhol y de David Hockney, los ‘beatniks’, los expresionistas abstractos; captó las masas, los desnudos o algunas de las manifestaciones que perturbaron el país e inflamaron el verbo reivindicativo de Martin Luther King, a quien retrató. Entonces, “Nueva York era realmente el centro del arte en el mundo”. El libro se completa con entrevistas a Hopper, un extenso catálogo final de todas las obras, son más de 400, y una fotobiografía que recorre cada una de sus películas, entre ellas, ‘Apocalipsis Now’, donde hacía de fotógrafo, ‘Terciopelo azul’ o ‘Elegía’ de Isabel Coixet, en 2008.