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Antón Castro

DIEZ CÓMICS DE VIDAS DIBUJADAS

Diez cómics de biografías pintadas

 

Una selección de diez tebeos o novelas gráficas que hablan de Boix, Buñuel, Bowie, Labordeta, Dalí o Céline

 

Vivimos una época febril de tebeos, historietas y novelas gráficas. Aragón tiene verdaderos expertos en este género –Antonio AltarribaJosé María Conget, Juan Royo, Óscar Senar, entre otros- y crea acontecimientos, ferias y festivales. Con el inicio de las vacaciones de verano, sugerimos diez títulos de un subgénero que da mucho que hablar: el biopic gráfico, la biografía en imágenes. He aquí diez títulos posibles.

 

EL FOTÓGRAFO DE MAUTHAUSEN. Salva Rubio, Pedro J. Colombo y Aintzane Landa. Norma.

Francesc Boix estuvo prisionero en el campo de Mauthausen, con el aragonés Mariano Constante, entre muchos otros. Él reveló al mundo el horror y la barbarie que allí se vio, y sus fotos, clandestinas, fueron un documento impresionante. El libro emociona casi tanto como su destino y su grandeza. Un excelente y oportuno trabajo.

 

BOWIE. UNA BIOGRAFÍA. María Hesse y Fran Ruiz. Lumen.

María Hesse deslumbró a los lectores con su obra anterior sobre Frida Kahlo. Allí dibujaba y escribía el texto. Ahora, en este cómic, rebosante de color, ingenio y fantasía, cuenta con los textos de Fran Ruiz, que crea un artificio creíble: el propio David Bowie, un músico capital del siglo XX y XXI, el rey del 'glam' y del mestizaje, narra en primera persona su vida y la adorna de hechos que aparentan ser soñados o fantásticos.

 

LA NOCHE PERDIDA DE LUIS BUÑUEL. Guión: Queco Ágreda. Dibujo: Javier Ortiz. Color: Guillermo Montañés. GP/DGA. Zaragoza, 2018.

Después del gran impacto de ‘Un perro andaluz’, ‘La edad de Oro’ y ‘Las Hurdes. Tierra sin pan’ se exilió en Estados Unidos. Estuvo casi tres lustros sin hacer cine, desde 1933 a 1946. Eso le condujo a la inseguridad y a cuestionarse su vocación, pero finalmente logró salir adelante con ‘Gran Casino’ y sus espléndidas películas mexicanas. Todo ese proceso se narra en este cómic lleno de matices, de documentación y de respeto, donde todos han trabajado a un gran nivel: el guionista Ágreda, el ilustrador Javier Ortiz, en su primer libro, y el colorista Guillermo Montañés. 

 

UN PERRO DE DIOS. Texto de Jean Dufaux. Dibujos de Jacques Terpant. Ponent Mon.

Louis-Ferdinand Céline (1894-1961) es uno de los grandes escritores del siglo XX, con títulos como ‘Viaje al fin de la noche’ o ‘De un castillo a otro’. Su actitud ante el nazismo ha contaminado la apreciación de su genialidad indiscutible. Aquí se cuenta la vida de un hombre paradójico, detestable en algunos extremos, y a la vez apasionado en el amor, capaz del odio, generoso con sus pacientes y sus perros, con aspecto de bohemio piojoso. Irreductible. 

 

EL SUEÑO DE DALÍ. Carlos Hernández. Norma editorial.

Casi resulta difícil pensar que se puedan contar cosas nuevas sobre uno de los grandes surrealistas españoles, y pionero de la publicidad y del márquetin, Salvador Dalí. Aquí, Carlos Hernández, el autor de ‘La huella de Lorca’, recrea su obra con sus desvíos, sus delirios y sus obsesiones, entre ellas el arte y su compañera Gala, su esposa, su compañera, su mejor cómplice y su musa.

 

IGUANA LADY, LA VIDA DE GRACIELA ITURBIDE. Texto: Isabel Quintero. Dibujos: Zeke Peña. La Fábrica.

Graciela Iturbide es una gran fotógrafa mexicana. Dice que “ve la realidad en blanco y negro”. Esta biografía, con texto de Isabel Quintero e ilustraciones de Zeke Peña, es un viaje a lo largo de medio siglo por su vida, sus obras y algunos hitos dolorosos, como la muerte de su hija, que la empujó hacia la fotografía. Su producción abraza el mundo primitivo y ritual, el paganismo y el cristianismo, y el diálogo con los animales. El cómic integra sus fotos más conocidas.

 

TEBEO LABORDETA. Guión: Daniel Viñuales. Dibujo: Carlos Azagra. Color: Encarna Revuelta. GP/ DGA.

No era fácil hacer un buen cómic de José Antonio Labordeta, el hombre llano que reconocía la dignidad de los desfavorecidos. Lo vemos en su contexto familiar, en sus vínculos con su hermano Miguel, sus años en Teruel, ‘Andalán’, el mundo de la canción, de las amistades (no están todas, desde luego), la escritura, la televisión, la política, la inolvidable despedida que le tributó el pueblo de Aragón en la Aljafería. El libro empieza con humor y algo de fantasía: Labordeta anda por el cielo con San Lamberto, un héroe de sus canciones y de su ciudad, a la que amaba y odiaba.

 

LA LEVEDAD. Texto y dibujos: Catherine Meurisse. Impedimenta.

La mañana del 7 de enero de 2015 la dibujante francesa Catherine Meurisse no acudió a trabajar, no le sonó la alarma, y esquivó la muerte en el atentado a la revista de humor ‘Charlie Hebdo’, una barbarie de la que se ha redimido gracias a ‘La levedad’. Este cómic, de 2017, tiene algo de curación, de exorcismo, de isla de supervivencia, de nuevo, para una mujer herida por la muerte de doce de sus compañeros y por el golpe del azar. Esa ‘levedad’ del título pesa y duele mucho.

 

SARTRE. Mathilde Ramadier y Anaïs Depommier. Oberón (Grupo Anaya).

“Para algunos, el filósofo por excelencia del existencialismo, para otros, el eterno provocador, el escritor implicado, el militante incierto, el burgués repentino, el compañero de ruta de Simone de Beauvoir”. Así presenta Oberón a este prócer de la izquierda, autor de libros como ‘Los subterráneos de la libertad’ o ‘A puerta cerrada’. El libro, de línea clara, está montando a partir de una prolija documentación que no excluye los testimonios autobiográficos.

 

MUJERES. VALEROSAS / 1 y 2. Pénélope Bagieu. Dib-buks.

Dos libros que se suman a la defensa y divulgación de las mujeres científicas de los últimos tiempos. Son retratos de mujeres conocidas (Nelly Bly o Hedy Lamarr, por ejemplo) y no tan conocidas que aparecieron en la edición digital de ‘Le monde’. Por aquí andan Wu Zetian, una emperatriz china que anticipó el actual derecho laboral; Agnodice, ginecóloga griega que se disfrazó de hombre para poder trabajar y ayudó a que las mujeres ejerciesen la medicina. Y así hasta 30 en los dos volúmenes.

 

 

LUIS ALEGRE: NIÑA MAMÁ. EN EL ADIÓS DE FELICITAS SAZ

LUIS ALEGRE: NIÑA MAMÁ.  EN EL ADIÓS DE FELICITAS SAZ

Ayer, en el Hospital Nuestra Señora de Gracia, fallecía Felicitas Saz, viuda de Luis Alberto Alegre y madre de Luis Alegre y de sus hermanos Carmen y Salvador. Luis le ha dedicado algunos de sus mejores textos, que es mucho decir, entre varios miles desde sus años de ’Andalán’, hasta ahora con colaboraciones en ’Heraldo’, ’Marca’, antes ’As’, ’The Huffington Post’ o ’El País’, por citar algunos. Este artículo lo publicó en hace cinco años, cuando su madre cumplió 88. Ha fallecido con 93.

 

[Luis Alegre le dedica hoy su extenso y elaborado artículo de la contraportada a su madre Felicitas Saz. Una mujer de una increíble humanidad, capaz de decirle costas tan atinadas como, en medio de la crisis de Bárcenas, esta: "¿Será verdad tanta mentira?". O, tras leer un libro: "Qué rápido pasa el tiempo aquí dentro". Escribe todos los días una o dos páginas, lee varios periódicos, tiene 88 años y parece que no se haya aburrido jamás. Entenderla a ella es también entender un poco mejor a su hijo: profesor, cineasta, cinéfilo empedernido, conductor de programas de televisión, periodista...]

HASTA LOS 14 AÑOS MI MADRE VIVIÓ LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA, EL REINADO DE ALFONSO XIII, LA II REPÚBLICA, LA GUERRA CIVIL Y UN POQUITO DE FRANCO Y LA POSGUERRA. MENUDA GENERACIÓN LA SUYA.

 

 

NIÑA MAMÁ

 

Por Luis ALEGRE. De Heraldo.es

 

 

Tengo un amigo que, en las biografías y libros de memorias, se salta la parte de la infancia y la adolescencia. Él sostiene que todas las infancias y adolescencias se parecen demasiado y le aburre leer los mismos traumas, complejos, conflictos y amores contrariados. A mí, en cambio, me sucede al revés. En esos años en los que uno se abre al mundo, recibe los primeros estímulos, crece y se empapa de toda clase de vivencias y personas suelen residir las claves más decisivas para conocer a alguien. Y si comparo mi infancia con la que vivieron mis padres o con la que acaban de vivir mis sobrinos, veo tres mundos que no se parecen en casi nada.

 

La niñez de mi madre Felicitas, por ejemplo, quedó muy lejos de la niñez soñada. Nació en Lechago, nuestro pueblecito de Teruel, en 1925. El 18 de junio de 1939 cumplió 14 años. Hasta ese momento vivió la dictadura de Primo de Rivera, el reinado de Alfonso XIII, la II República, la Guerra Civil y un poquito de Franco y la posguerra. Menuda generación la suya.

 

Los padres de mi mamá, Pedro y Carmen, tuvieron cinco hijas y dos hijos. Mi mamá era la más joven de las chicas. La mayor, Francisca, murió a los siete años y el pequeño de los hijos, Salvador, murió a los 23. Eso fue algo muy común en la España de mis abuelos: tener muchos hijos y sufrir la pérdida de alguno de ellos. Entonces, la ropa negra que señalaba el luto se llevaba durante años. En las fotos de mi familia de aquel tiempo, siempre hay alguien que viste de negro. Mi madre era una de las niñas más queridas de Lechago. Cada vez que había un funeral, iba a la Iglesia y lideraba el rezo del rosario. Eso lo agradecían mucho las familias de los difuntos.

 

En Lechago los más pudientes tenían un pastor en exclusiva para sus ovejas. Pero los de medio pelo se tenían que asociar con otros para permitirse un pastor. Mi abuelo Pedro llegó a un acuerdo con otros dos amigos para que un pastor cuidara de las ovejas de los tres. Así hizo mi madre sus dos primeras amigas, María y Josefina, las hijas de esos dos amigos de mi abuelo. Las tres niñas se dijeron que mientras sus ovejas siguieran juntas, ellas serían amigas. Las ovejas se separaron pero María, Josefina y mi madre continuaron su relación toda la vida. Mi madre se distingue por su espectacular facilidad para la amistad. Después de María y Josefina, sus siguientes amigas íntimas fueron Rosario y Agustina. María murió hace unos años pero Josefina y Rosario y Agustina –que son hermanas-, siguen ahí. Todo el rato están pendientes unas de otras. Uno de los grandes momentos del verano en Lechago es cuando ahora se reencuentran esas amigas eternas. Al verlas juntas las visualizo, juntas también, en el Lechago de los primeros años 30 y me sacude una alegría inmediata. Mi madre me ha enseñado que la amistad es un sentimiento capaz de resistir los golpes del paso del tiempo durante 80, 90 o los años que haga falta. Mamá nunca ha dejado de hacer amigas. Paquita, Gonzalina y Pilar son otros de sus imprescindibles apoyos cotidianos. A algunas amigas las encuentra en las iglesias o en las habitaciones de los hospitales. Un día, en el hospital Miguel Servet, me presentó a su compañera de cuarto, otra Paquita. Se habían conocido esa misma mañana pero ya la consideraba su amiga. Han pasado diez años y aún se llaman. Mi madre, si se cruza con alguien por la calle, siempre sonríe, mira a los ojos y saluda, aunque no le conozca.

 

A mamá le gustaba tanto fregar los platos que, si sus hermanas mayores no le dejaban, se echaba a llorar. También le encantaba ir a la escuela. Los maestros pegaban duro a los chicos y chicas de Lechago pero mi madre asegura que a ella jamás le ha pegado nadie. Otra cosa que le perdía era cantar jotas. Mi abuelo Pedro tocaba la guitarra y ella le acompañaba. Cantaba mientras fregaba o en la era, durante la trilla. Aún hay gente de Lechago que recuerda cómo, al salir a la calle, escuchaban a mi madre cantar.

 

Mi madre tenía once años cuando estalló la Guerra Civil y, desde entonces, ya fue muy poco a la escuela. Lechago fue un lugar de retaguardia. En la casa de mamá se alojaron soldados gallegos y, también, algunos italianos, que le descubrieron el café y los macarrones. Uno de esos chicos, el zapatero, cantaba tonadas italianas y le escribía una carta diaria a su mujer. Mi madre cuenta, orgullosa, cómo su padre, alcalde de Lechago durante la guerra, se negó a delatar a los rojos del pueblo cuando los franquistas le presionaron para que lo hiciera. “En Lechago no hay nadie malo”, dijo mi abuelo. Mi madre recuerda muy bien el frío del invierno de 1938: los burros se caían al resbalar en el hielo que cubría las calles. Y, sobre todo, mi madre recuerda el miedo de cada uno de aquellos días y cómo ella temblaba cuando se oía el ruido de los aviones y alguien gritaba “¡Que vienen los rojos”¡. Un día mi mamá tropezó con una mula mientras corría hacia el campo de su padre para avisar de eso, de que venían los rojos. Su hermano mayor, Cristóbal, estaba en el frente y, hasta que no regresó al final de la guerra, en su casa no respiraron tranquilos. Mamá odia la palabra “guerra”.

 

Mi abuela Carmen y otras madres con hijos en el frente hicieron una promesa: si al acabar la guerra sus hijos habían salvado el pellejo, ellas caminarían desde Lechago hasta la Basílica del Pilar para darle las gracias a la Virgen. Poco después del uno de abril de 1939 se organizó la expedición. Pero mi abuela se puso enferma y, en su lugar, fue mi madre, con 13 años. El grupo lo formaban unas 20 personas, de Lechago y Navarrete. Tardaron tres días en recorrer los 112 kilómetros, más o menos, que hay entre Lechago y la Plaza del Pilar. La primera noche durmieron en Daroca, la segunda en Longares y la tercera en María de Huerva. La gente salía a recibirles y les ofrecían sus casas para dormir y sus botijos para beber. Mamá evoca esa experiencia –una road movie- como una gran aventura.

 

A menudo me preguntan cómo es que tengo tantos amigos, cómo es que me gusta tanto cantar, por qué doy tantos besos. Mamá es la que me ha pegado todos esos vicios. Cuando su padre ya había salido de casa para ir al campo, mi madre corría tras él, para darle dos besos más, una costumbre que han heredado mis sobrinos Pablo y María. Ahora, a sus casi 88 años, al despertar, lo primero que hace es besar las fotos de los seres queridos y las estampas de sus santos favoritos que tiene colocadas por toda la casa. Somos besucones hasta más allá del empalago. Si alguien me demostrara que mi madre y yo, de momento, nos hemos dado un millón de besos no me extrañaría nada. Felicidades, mamá.

 

*Felicitas es la segunda por la izquierda, a su lado está Salvador, hermano de Luis y Carmen. Y con ellos familiares.

EL MÚSICO RAMÓN SENDER BARAYÓN

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2018/06/18/el-cineasta-luis-olano-dedica-documentalal-hijo-del-escritor-oscense-ramon-sender-1249884-1361024.html

 

El cineasta Luis Olano dedica un documental a Ramón Sender Barayón

El hijo del escritor, nacido en 1934, es un gurú de la música electrónica y del movimiento hippie de los años 60 y 70 en Estados Unidos

Antón CastroZaragozaActualizada 18/06/2018 a las 19:16
  
  
  
 
Sender Barayón: el hijo de Sender es hippy y gurú de la música electrónica

Luis Olano (San Petersburgo, 1986) es nieto de un niño de la guerra que se marchó a Rusia con 11 años y que falleció hace algunos años en Vitoria. Residente en Madrid, es licenciado en Filología árabe y autor de «algunas aproximaciones al cine árabe reciente en el contexto de la revolución/revuelta egipcia o de la guerra en Siria», dice. En 2014 dirigió el documental ‘Busking Life’ sobre una compañía de músicos de calle. Quizá por ello, fue su padrastro Germán Sánchez Pérez, que ha trabajado en RNE y Radio Exterior de España, quien lo puso tras la pista de Ramón Sender Barayón (Madrid, 1934), hijo del gran escritor aragonés de Chalamera y de Amparo Barayón, fusilada en Zamora cuando él tenía dos años. Ramón Sender Barayón, que estuvo tres veces en España, es el autor de un libro-exorcismo, ‘Muerte en Zamora’, que se acaba de reeditar con prólogo de Paul Preston y Helena Graham.

«Si la historia y la obra de Ramón J. Sender es impresionante, me pareció muy interesante la figura de su hijo. En la biografía de Sender de Jesús Vived Mairal, que publicó Páginas de Espuma, da algunas pinceladas sobre él. Entre lo que allí se dice y algunos programas que había hecho mi padrastro, decidí ponerme en contacto con él». Luis Olano dice que hubo algunos otros estímulos: Sender Barayón era un niño de la guerra como su abuelo y era, en cierto modo, la antítesis de su padre, con quien nunca se entendió demasiado bien. «El hijo es un gurú de la música electrónica y del movimiento hippie de mediados de los años 60 en California. Comencé a trabajar en el documental ‘Sender Barayón. Un viaje hacia la luz’, partiendo del deseo de saber cómo la vida de Ramón hijo pudo transitar por los caminos más opuestos a los de un padre, novelista ibérico al cien por cien».

Luis Olano entró en contacto con Sender hijo en 2014 a través de su página web. Lo invitó a su casa de San Francisco y con una modesta cámara le hizo una entrevista de una hora. Durante aquel viaje sucedió algo curioso: «Al día siguiente le acompañé a él y a su amigo Bill Maginnis a un festival de música electro-acústica donde se homenajeaba su labor con el San Francisco Tape Music Center, fundado en 1962, en una pequeña mesa expositiva en la que había fotos y algunos de los primeros sintetizadores Buchla. A él le construyeron uno a mediados de los años 60. Al regresar a España con estas imágenes comprendí que el relato de la vida de Ramón Sender Barayón era muy particular y podía fácilmente convertirse en una película documental», cuenta el joven realizador.

Dos años de correspondencia

Luis Olano estuvo carteándose con Ramón durante casi dos años y, en ese lapso, presentó su proyecto al Instituto de Estudios Altoaragoneses. Le concedieron una ayuda de 3.600 euros. Eso le permitió trasladarse a San Francisco, en concreto al barrio Noe Valley, «el ventrículo izquierdo del corazón de San Francisco, donde también vive un vecino tan ilustre como Mark Zuckerberg»; le cedieron una casa y lo visitó durante más de dos semanas para grabarle. Solían trabajar de tres a seis horas cada día. «Al principio, Ramón Sender Barayón pensaba que queríamos hablar de su padre o de sus padres. Cuando se percató de mis intenciones, tuvo que hacer un esfuerzo mayor, claro». Dejó de ponerse el automático.

Luis Olano explica que Ramón Sender Barayón empezó haciendo música clásica, más o menos convencional, pero luego abrazó la música contemporánea en la línea de Alban Berg y Stockhausen, primero, y posteriormente se zambulló en Ligetti, Berio o John Cage, con quien presenta afinidad en algún momento. Luis Olano cuenta que su primer maestro fue George Copeland, compositor y pianista que dominaba muy bien la obra de Albéniz, Granados y Debussy; luego se forjó con Eliot Carter. "Más tarde, en 1953,  asistió a una conferencia-concierto en Nueva York de Bebe y Louis Barron, pioneros de la banda sonora electrónica en el cine,  y quedó impresionado por su presentación y sobre todo por otra conferencia-concierto de Stockhausen. Fue su primer contacto con la música electrónica".

Explica Luis Olano: «Alicia Bay Laurel, que fue su pareja y compañera de viajes de los años 70, y Ramón Sender Barayón nos han cedido su música para la película. Ahora vive con Judit. Hemos podido contar con los másters originales de las grabaciones de de los años 60 gracias a Maggi Payne del Center for Contemporary Music del Mills College. Para el montaje partíamos de más de 20 horas de grabación y elaboramos una primera versión de 5 horas, de la cual salió la versión definitiva de 90 minutos. Salvo algunas excepciones, en las que hemos llegado a pagar 1.300 dólares por fragmentos de 20 segundos de metraje, casi todos los materiales que hay en la película han sido amablemente cedidos por sus autores o propietarios. Entre unas cosas y otras, el coste del documental se ha elevado más allá de los 10.000 euros».

La historia con su padre

Luis Olano ha descubierto muchas cosas del autor de ‘Réquiem por un campesino y su familia’, sus veleidades, la historia de Amparo Barayón, que era pianista y llegó a dar un concierto en Salamanca, y del hijo. «Si tengo que rescatar dos momentos del rodaje que me impresionaron –dice Olano–, mencionaría cuando Ramón olvida el nombre de la ciudad donde nació su madre, Zamora, como si fuera una herida en la psique; y también cuando Ramón, emocionado, nos relataba que la única vez que interrogó a su padre de forma directa sobre la verdad respecto al destino de su madre, fusilada, no pudo entender nada porque Ramón J. Sender estaba demasiado borracho. Hablaba entre lágrimas y además hablaban en diferentes idiomas».

Ramón Sender Barayón se ha olvidado del poco español que sabía. Vino a España y a Aragón en 1982, en 1995 y en 2001. «Él ya ha visto la película y su sueño es que se vea aquí. Y el mío también, claro», dice Luis. En Huesca y en Zaragoza. Y, por supuesto, en Aragón Televisión.

 

JULIO IGLESIAS EN BARBASTRO, 1970

JULIO IGLESIAS EN BARBASTRO, 1970

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2018/06/16/julio-iglesias-balada-dos-conciertos-con-noche-romantica-barbastro-1249681-1361024.html

Julio Iglesias (Madrid, 1943), que iba para portero de fútbol y militó en las categorías inferiores del Real Madrid (jugó con Velázquez, Grosso, De Felipe), ganó en 1968 el Festival de Benidorm con una de sus canciones más conocidas: ‘La vida sigue igual’. Dos años después participó en el Festival de Eurovisión de 1970, en Ámsterdam, y quedó cuarto con su canción ‘Gwendoline’. Unos meses más tarde actuaría en la Sociedad Mercantil y Artesana (SMA) de Barbastro, en sesión de tarde y noche, un domingo 6 de septiembre. Lo habían contratado, entre otros, José María Ballabriga y Enrique Gómez, ‘Harry’, y lo hicieron ya antes de su actuación en Eurovisión.

El contrato y la cena

El cinéfilo José María Gómez ‘Cuchi’ sospecha que su tío Harry accedía "a muchos cantantes con antelación gracias a la complicidad de su amigo cineasta y escritor Alfredo Castellón Molina, que era realizador en TVE", dice. Julio Iglesias, en un principio, se mostró reticente en acudir a la capital del Somontano. Según recuerda el escritor y periodista Mariano Gistaín, su padre, sastre de idéntico nombre, y otros miembros de la SMA le recordaron que había firmado un contrato y que debía cumplirlo. Lo hizo en el recinto de La Floresta, donde tenía su sede la SMA, y cobró 125.000 pesetas (unos 750 euros de hoy).

Julio Iglesias debió llegar por la mañana o a primera hora de la tarde, y se hospedó en la habitación 107 del Hotel Europa, sito en la calle Romero. Cantó varios temas, en sesión de tarde y noche, acompañado por Los 5 Magníficos, que tenían de vocalista a Esperanza Valero, y por el grupo IV Dimensión de Barbastro. Eran las fiestas de la villa y hubo un lleno absoluto. Las hermanas Tere y Elena Zabau se habían citado con el anfitrión Harry en el hotel porque querían conocer al cantante.

Tras la actuación vespertina, Julio se dirigió en su deportivo desde el hotel al restaurante El Chopo, situado en las afueras. Harry le indicó el camino, con las jóvenes a bordo, en su Seat 850 blanco. Los acompañó, en su propio coche, el secretario de la SMA: José María Ballabriga. Tantos años después, Ballabriga no recuerda ni el menú ni los temas de conversación pero sí el carisma del intérprete; después de firmar algunos autógrafos, regresaron todos a Barbastro. Harry dejó a Tere y Elena a la entrada del pueblo. Hacia las once, Julio volvió a subirse al único escenario de La Floresta, y cantó y tocó sus temas más conocidos. Para entonces ya había publicado dos discos: ‘Yo canto’ (1969) y ‘Gwendoline’ (1970).

Lo más curioso es que, "al terminar su actuación en nuestra terraza de verano", atiborrada, Julio Iglesias ofreció "una entrevista en plena calle, en medio de un corro de fans y curiosos que rodearon al divo", según escribiría el periodista local Ramón Martí, de ‘El cruzado aragonés’, para el ‘Boletín’ de la SMA. Martí, con galantería y oficio, permitió que la reina de las fiestas, Cristina Aznar, y dos de sus damas de honor, Manolita Masgrau y Mari Cruz Landa, le hiciesen algunas preguntas, "ya de madrugada". Julio dijo que si "pensase en el dinero que gano, no cantaría", que con la canción quería "coger experiencia humana", y anunciaba que "yo dentro de muy poco tiempo daré una sorpresa, voy a hacer el doctorado en los Estados Unidos, y dejaré de cantar". Añadía que cantaba porque le gustaba y, a la vez, precisaba que "yo como, ceno y duermo con lo que gano cantando –no pido dinero a mi familia para vivir– pero al día, no tengo ninguna cuenta bancaria, ni nada de eso".

Cristina Aznar, perspicaz, quiso saber cuándo se retiraría de la canción: "Voy a hacer el doctorado de política y económica (sic), soy abogado y voy a vivir de mi carrera", dijo con absoluta seriedad. Mari Cruz Landa se extrañó de que no hubiese cantado ‘Gwendoline’. "Creo que ‘Gwendoline’ ha quedado muy atrás", le contestó.

Alguien golpea a la puerta...

Afirmaba que no tenía novia. Se casaría con Isabel Preysler el 29 de enero de 1971. De la segunda actuación, Daniel Ribera de IV Dimensión recuerda un detalle: "Compartimos camerino y en un determinado momento, como me vio enredar un poco en la camisa, me dijo: “Ya te ajusto yo la pajarita". Se dejó la guitarra en la SMA y se la llevaron a la mañana siguiente al hotel. "O quizá la fuese a buscar su representante", ha dicho Daniel Ribera.

Julio Iglesias, de madrugada, se retiró al Hotel Europa. La familia Arilla, sus propietarios, nos envían una foto de la habitación 107. Allí sucedió algo que se ha comentado en Barbastro en muchas ocasiones: una joven, "guapa y bastante liberal", según varios informantes que prefieren preservar el anonimato, ganó el hotel y llamó a la puerta del cuarto del cantante. Entró y se quedó. Pasó la noche, o parte de la noche, con él. Empezaba la leyenda del seductor. "Me suena el hecho, pero ha pasado tanto tiempo que ya no me acuerdo", dice Ballabriga.

Lolo Sampedro, directora de ‘El Cruzado Aragonés’, ha rastreado "con sorpresa" en su diario, y ha constatado que "pasó olímpicamente de Julio Iglesias en 1970". Ella sí escribió con profusión cuando Julio volvió y actuó en el Festival del Somontano de 2001.

PILAR FRAILE: 'LAS VENTAJAS DE LA VIDA EN EL CAMPO'

PILAR FRAILE: 'LAS VENTAJAS DE LA VIDA EN EL CAMPO'

LAS VENTAJAS DE LA VIDA EN EL CAMPO

Pilar Fraile Amador

SINOPSIS

En una fría mañana de invierno Alicia conduce hacia el pueblo al que se ha mudado con su marido y su hija cuando choca con algo salido de la nada. Aterrorizada, se baja del coche, creyendo haber atropellado a una persona, para descubrir que es un perro. Su momentáneo alivio desaparece cuando se da cuenta de que el perro es el de su vecino, un viejo con el que llevan meses teniendo una relación cada vez más tensa.

A partir de este momento el enfrentamiento con el viejo se recrudecerá y se irá desvaneciendo la posibilidad de construir la vida que Alicia y su marido habían soñado cuando decidieron abandonar la ciudad. Asistiremos entonces al descenso a los infiernos de la pareja, que verá cómo se desmoronan tanto sus expectativas sociales, como la imagen que cada uno se había construido del otro y de sí mismo.

Las ventajas de la vida en el campo funciona desde lo más epidérmico: el suspense, la pregunta abierta al lector, que hace que quiera seguir leyendo, a lo más profundo: la crítica social, el ruido de fondo, el desencuentro entre el lenguaje que cuenta lo que nos pasa y lo que realmente pasa.

La obra logra este doble juego con un estilo que sugiere más que muestra. Un estilo que la autora ha madurado en su obra poética y sus relatos y con el que consigue crear una atmósfera de inminente colapso que no decae a lo largo del libro. No estamos, no obstante, frente a una novela de suspense típico sino que se hace uso del esquema clásico del thriller para acabar dándole la vuelta por completo.

Las ventajas de la vida en el campo es, en su lectura más profunda, una cruda radiografía de los miedos propios de la condición contemporánea: el miedo a quedarse fuera, a no pertenecer, a perder la propia identidad, y las terribles consecuencias de los mismos para nuestra vida

 

AVANCE EDITORIAL

 

LAS VENTAJAS DE LA VIDA EN EL CAMPO

Pilar Fraile

Título original: Las ventajas de la vida en el campo

© Pilar Fraile, 2018

 

 

El golpe fue seco, como un disparo.

Se aferró al volante, los ojos fijos en el asfalto. Frente a ella se extendía la carretera que unía el pueblo con la estación de servicio, un tramo de la antigua nacional.

Miró hacia delante intentando moverse, pero no pudo. El paisaje apareció en toda su crudeza a través de la luna del coche: había escarcha sobre la planicie que se extendía hasta donde alcanzaba la vista, su manto blanco solo se veía interrumpido por la mancha de algunos arbustos y a lo lejos, casi a la altura del pueblo, una encina solitaria. Hacía tanto frío como uno podía esperar de mediados de diciembre.

Intentó mover la cabeza de nuevo, aterrorizada, atisbando el abismo que se extendería ante ella si no era capaz de hacerlo. Esta vez el cuello respondió. No le dolía. Parecía estar intacto. Aún sin mucha confianza estiró un poco las piernas, movió los dedos de los pies dentro de las botas. No estaba herida. Se miró en el espejo retrovisor y repitió su nombre mentalmente, como para infundirse ánimo. «Alicia, tienes que salir —se dijo—, tienes que ver qué ha sucedido».

Por la magnitud del impacto sabía que había chocado con algo enorme, pero con qué. La nacional estaba muy poco transitada, apenas algunos del pueblo circulaban por allí, más por nostalgia que por otra cosa.

Quizá había sido por la escarcha, había oído que podía producir ese efecto. En los días de intenso frío se daban en el campo fenómenos extraños, espejismos, como en el desierto. En el pueblo contaban la historia de una anciana que había salido a buscar leña en un día de invierno. Al parecer, mientras caminaba sobre el suelo helado creyó ver a lo lejos a su difunto marido, corrió hacia él y acabó en una poza congelada. La encontraron horas más tarde y la sacaron, pero el hielo había hecho mella en el cuerpo y murió a los pocos días jurando que su esposo estaba allí, que había tocado su mano.

Tendido delante de las ruedas delanteras del coche había un cuerpo inmenso y peludo. Al principio, por los nervios y el aturdimiento, le costó reconocer la forma, pero enseguida comprendió: era un perro. Soltó un suspiro de alivio, no era un ser humano.

La cabeza del animal estaba ladeada de una forma extraña, seguramente, porque tenía el cuello fracturado. Los ojos, abiertos, eran oscuros, sin expresión alguna, como si fueran dos canicas de cristal negro. Así, extendido como estaba, paralelo al vehículo, era casi tan largo como el parachoques del coche.

Se separó de él. El alivio que acababa de sentir dejó paso a una nueva inquietud. Salió de la carretera y caminó unos metros, tratando de retomar el ritmo de su respiración entrecortada. La escarcha crujía bajo sus botas y el agua, atrapada debajo, salía a la superficie.

Mientras contemplaba cómo el hielo se quebraba y los reflejos del sol sobre los pedazos, la golpeó una certeza: era el perro del viejo. Tenía su mismo pelo negro con mechones rubios, típico de los pastores alemanes, el morro negro, la cola larga y peluda.

«Maldito animal», pensó. Si el viejo se enteraba iba a enloquecer. Tenía que hacer algo y rápido. A pesar de que era mediodía y no se oía un alma, era posible que alguien del pueblo pasara y entonces, se dijo, si la encontraban allí, sí que no habría manera de arreglarlo.

Cabía la posibilidad de sortearlo y huir. Pero dejarlo ahí, en medio de la carretera, podía provocar otro accidente.

Se aseguró de que nadie se aproximara, volvió donde estaba el perro e intentó arrastrarlo fuera de la calzada. Era muy pesado, casi tanto como ella. Iba a tardar mucho en moverlo, pero había que hacerlo. Estaba convencida de que si llamaba a la policía para que lo retiraran el viejo se iba a enterar y, además, le pondrían una multa, o incluso tendría que ir a juicio por haberlo atropellado. Las leyes eran estrictas respecto de los animales. Andrés estaba en el trabajo y aún iba a tardar una hora en llegar, así que no había nadie a quien acudir.

Por su mente pasó la escena de un juicio, se vio excusándose, explicando que el perro había salido de la nada, que ella no había tenido tiempo de reaccionar, que nadie lo habría tenido, que iba a la velocidad reglamentaria. El juicio, de todos modos, iba a

ser lo de menos, no creía que el viejo fuera a denunciarla. Si se enteraba, iba a ser peor, mucho peor que una denuncia. De eso estaba segura.

No quedaba otra opción que apartarlo. Miró en torno, comprobando que no la viera nadie, y se dedicó al empeño con todas sus fuerzas. Al segundo intento estaba empapada en sudor. Se sacó el anorak, se lo había enfundado al salir de casa y no se había molestado en quitárselo porque solo pensaba ir a la estación de servicio. Lo tiró dentro del coche. ¿Por qué se le habría metido en la cabeza ir a la gasolinera a por el pan? Podría haber ido a la tienda del pueblo y se hubiera ahorrado el disgusto.

Después de varios tirones consiguió sacar por completo el cuerpo del animal de la calzada. Delante del coche, por donde lo había arrastrado, se veía una mancha oscura y reluciente, con irisaciones verdes y azules.

Ahora que casi había conseguido lo que quería, sus músculos se relajaron un tanto y el olor del animal muerto la golpeó: era un olor acre, no solo por la sangre, sino porque el abdomen se le había reventado y algunas de las vísceras habían quedado a la intemperie. Formaban una amalgama de color amarillento y rojizo.

Aguantando las arcadas hizo un último esfuerzo y empujó al animal hacia la cuneta. El cuerpo se quedó un segundo en el borde, pero acabó cayendo al hueco y sonó como un chasquido, seguramente, de algún hueso que se había quebrado.

Alicia intentó recomponerse para salir de allí lo antes posible.

Antes de arrancar volvió a mirar en derredor. Parecía que había tenido suerte. Nadie la había visto.

Aceleró con el cuerpo aún temblando, la boca pastosa, como si se le hubiera llenado de la sangre del animal, y una sensación de desasosiego. «La sensación que debían sentir los criminales», pensó.

 

*Retrato de la escritora Pilar Fraile Amador.

 

'TURIA' VIAJARÁ A LA FIL DE LIMA

 LA REVISTA TURIA PRESENTARÁ EN LA FIL DE LIMA

UN NÚMERO ESPECIAL DEDICADO A “LETRAS DE ESPAÑA Y PERÚ”

 

MARIO VARGAS LLOSA, ENRIQUE VILA-MATAS, PERE GIMFERRER Y

FERNANDO ARAMBURU FORMAN PARTE DE UN ESPECTACULAR SUMARIO

DE MÁS DE 100 AUTORES 

 

 

El próximo mes de julio, la revista TURIA presentará en Feria Internacional del Libro de Lima (FIL LIMA) un número especial denominado “Letras de España y Perú”. Este espectacular sumario contiene textos inéditos de más de 100 autores españoles y peruanos y ocupa 500 páginas. Esta iniciativa cultural se enmarca en el conjunto de actividades que protagonizará España como país invitado de la FIL de Lima en 2018 y ha sido posible gracias al apoyo económico del Ministerio de Cultura. Sin duda, supone una magnífica oportunidad de fomentar la colaboración cultural entre ambos países.

 

El Parque de los Próceres de la Independencia en Lima, será el lugar donde se ubique la FIL y en dicho recinto ferial será donde el día 25 de julio se presente el nuevo número de TURIA. Previamente, el 27 de junio se realizará una presentación en la sede central del Instituto Cervantes en Madrid.

 

Con dicho acto promocional en Perú,  TURIA confirma su condición de revista cultural hecha en Teruel pero de dimensión nacional e internacional. Una difusión que comenzó en 1999 en Nueva York y que luego la ha llevado dar a conocer su trabajo intelectual en Brasil, Francia, Portugal y México. En España, además de su presentación anual en Teruel, TURIA ha protagonizado presentaciones en Madrid, Barcelona, Zaragoza, Valencia, Huesca, Sevilla, Córdoba, Soria, Badajoz  y Salamanca.

 

A partir de ahora la revista TURIA tendrá mayor visibilidad y difusión en Perú y dará a conocer allí una labor de fomento de la lectura que viene desarrollando desde hace más de tres décadas. Como elemento central de este nuevo número de TURIA sobresale, en primer lugar, una atractiva  aproximación a las letras españolas contemporáneas. Destacados autores de nuestros días aportan material inédito, tanto en el ámbito de la narrativa, como en el de la poesía y el ensayo. No falta una amplia sección de crítica literaria, en la que se analizan las novedades editoriales españolas más notables.

 

TURIA abre este número especial concediendo un singular protagonismo a Enrique Vila-Matas y a Jaime Gil  de Biedma, autores a los que se dedican amplios artículos sobre su trayectoria creativa elaborados, respectivamente, por Mercedes Monmany y Luis Antonio de Villena.

 

En narrativa, la revista ofrece textos inéditos de Fernando Aramburu, Eloy Tizón, Sara Mesa, Carlos Pardo y Patricia Esteban Erlés.

 

En poesía, TURIA rescata del olvido la figura y la obra de un valioso poeta español radicado en Perú como Julio Garcés. Además, la revista publica poemas inéditos de diez autores. Entre ellos, citaremos a Juan Manuel Bonet, José Carlos Llop, Ben Clark, Aurora Luque, Álvaro Valverde, Almudena Guzmán y Fernando Sanmartín.

 

En el ámbito del ensayo, Valentí Puig analiza lúcidamente la problemática cuestión de las migraciones en un artículo que titula “Sociedades abiertas o guettos”. Por su parte, uno de los nombres propios de la poesia española del siglo XX y XXI, Pere Gimferrer, es protagonista de una conversación a fondo que permite conocer su recorrido intelectual y su creatividad poética.

 

Otro de los contenidos destacados de la revista es un monográfico dedicado a “Literatura peruana actual” de más de 100 páginas con el que TURIA estudia y da a conocer, de manera rigurosa pero con un tono divulgativo, las principales características y protagonistas de la rica y diversa literatura peruana de nuestros días. Una aproximación que permitirá fomentar la lectura en España de los autores más destacados del Perú en el siglo XXI y que brinda textos inéditos de todos ellos. Este monográfico se abre con un artículo elaborado por el especialista peruano Félix Terrones; doctor en literatura, escritor y crítico radicado en Francia.

 

Entre los autores peruanos no hay que olvidar que TURIA publica artículos inéditos sobre Mario Vargas Llosa, César Vallejo, Eduardo Chirinos, Blanca Varela o Julio Ramón Ribeyro. Se entrevista al gran crítico y estudioso peruano Julio Ortega, profesor de literatura en la Universidad de Brown (USA). Y se publican textos inéditos de entre otros: Santiago Roncagliolo, Alonso Cueto, Jorge Eduardo Benavides, Carmen Ollé, Marco Martos, Ricardo Silva-Santisteban, Patricia de Souza, Diego Trelles Paz, Sergio Galarza y Martín Rodríguez Gaona.

 

 

“TURIA”, 35 AÑOS DE TRAYECTORIA

 

TURIA, que este 2018 celebra sus 35 años de trayectoria,  ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia en español. Fundada y dirigida por el escritor y periodista Raúl Carlos Maícas, tiene periodicidad cuatrimestral en papel y cuenta también con una versión digital (web y Facebook) que ha incrementado notablemente su difusión entre el público lector: su página en Facebook cuenta con cerca de 10.000 seguidores y más de 5.000 usuarios al mes acceden a los contenidos de la web. TURIA está publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputación de Teruel y su edición cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Aragón. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura otorgado por el Gobierno de España en 2002.

 

LA FIL LIMA 2018

 

La   Feria  Internacional  del  Libro  de  Lima  (FIL LIMA)  es  el  evento  cultural  y  editorial, de periodicidad anual, más grande e importante del Perú, cuya organización está a cargo de la Cámara Peruana del Libro. Este año se desarrollará del 20 de julio al 5 de agosto.

Desde 1995, la FIL LIMA ofrece lo mejor y más reciente de la producción editorial. Además es el espacio donde los lectores de todas las edades pueden conocer a sus autores favoritos, tanto nacionales como internacionales. En su edición del pasado año, la feria obtuvo 547.300 visitantes

Todos los años, la FIL LIMA ofrece un conjunto de jornadas profesionales, en donde escritores, editores, libreros, agentes literarios, distribuidores, maestros y otros profesionales del libro, encuentran espacios de discusión y aprendizaje, así como un clima favorable para los negocios.

En cada edición, la FIL LIMA rinde homenaje a un País Invitado de Honor, el cual presenta una muestra de su producción editorial, una comitiva de autores representativos del país y profesionales del libro, así como también un programa artístico, cultural y profesional que trasciende el espacio ferial. El País Invitado de Honor de la FIL LIMA 2018 será el Reino de España. Entre los autores españoles que han confirmado su presencia destacan: Rosa Montero, Luis García Montero, Marta Sanz, Luisgé Martín y Sergio del Molino. (Nota de prensa de 'Turia').

 

'CARRASCA', ESTRENO EN HUESCA

'CARRASCA', ESTRENO EN HUESCA

Carrasca es una roadmovie personal y el testamento en vida de una veterana pintora, Teresa Ramón, que vuelve de la muerte para luchar por su arte en un mundo de hombres. 

Recientemente la película ha recibido la Mención Especialmente Recomendada para el Fomento de la Igualdad de Género por el Instituto de la Cinematografía y de las Artes audiovisuales de España (ICAA).
La proyección de Carrasca será hoy lunes 11 de junio a las 22h. en el Teatro Olimpia de Huesca. Ese mismo día  a las 11 de la mañana tendrá lugar la rueda de prensa en el al Diputación Provincial de Huesca. Entre las 11.30 y las 13 h. se llevarán a cabo entrevistas personalizadas junto con la protagonista, Teresa Ramón, y el director, Alejandro Cortés
Adjunto el cartel de la película diseñado por Iñaki Villuendas (Premio Feroz por el póster de Handia), fotogramas del largometraje, pressbook, biofilmografía y foto del director.

Link tráiler: https://vimeo.com/237102224
Catálogo de la nueva exposición de Teresa Ramón, un mural de 80 metros que se podrá visitar durante el festival en el museo de la capital altoaragonesa:
https://drive.google.com/file/d/1hENWz8xM5RsZm8VHBurbX-dpYWybVMgC/view?usp=sharing

MÓNICA OJEDA: DE 'MANDÍBULA'

MÓNICA OJEDA: DE 'MANDÍBULA'

Mónica Ojeda “La escritura me viene de

las zonas más incómodas de mi cabeza”

 

La escritora ecuatoriana, de 30 años, tras el éxito de ‘Nefando’, presentó su novela ‘Mandíbula’ (Candaya) en Antígona

 

Después de leer su novela aterradora y turbulenta, le preguntaría si es usted una mujer desdichada…

Ja, ja, ja. Es una pregunta pertinente, sí. Soy una persona bastante alegre, pero soy hiperconsciente de mis desdichas. 

¿Qué desdichas?

Creo que desde niña soy muy sensible a mi entorno. Tengo una sensibilidad muy despierta, para lo bueno y para lo malo. Siento mucho todo el tiempo. Siento la felicidad y la alegría con mucha intensidad, como también las situaciones duras…

¿Entonces?

Que para mí lo más difícil es gestionar mis emociones. La escritura es el espacio para tratar de hacerlo. Es un catalizador.

Es decir, que sus novelas nacen de rincones sombríos, de convulsiones íntimas.

La escritura es algo que me viene de las zonas más incómodas de mi cabeza. Para mí es una zona de supervivencia. Trabajo con la palabra, a la que trato de darle un sentido, para generarme una especie de asidero. Y las palabras me abisman pero también, paradójicamente, me generan la estabilidad de poder generar una narrativa y de darle vía de escape a las cosas que son inenarrables. La escritura es una zona de conflicto entre el abismo y el lugar estable donde puedo estar, y es un acto de supervivencia psicológica.

¿Qué extrae de adentro?

Cosas que me intoxican. Es como un vómito.

¿Cómo se gesta una novela como ‘Mandíbula’ (Candaya), que tiene amor y desamor, pasiones lésbicas, secuestros, desgarros, horror, violencia…?

En realidad, tiene que ver con mi propia poética. Para mí la escritura tiene que ser un lugar de revelaciones. Trabajo mucho con el inconsciente, y me gusta mucho que el proceso sea un descubrimiento también para mí. La escritura deviene de las zonas más oscuras de mi cabeza, pero no pienso que mi cabeza sea especialmente oscura. Todos tenemos zonas opacas. Y la única diferencia es que yo las escribo. Me gusta mirar lo que puede haber de perverso en mí.

La perversidad, el sexo, el deseo… ¿No hay también muchas zonas oscuras del cuerpo?

Sí, por supuesto. La mente es cuerpo y el cuerpo es mente. No creo que vayan por separado.

Hablemos de sexo, tan presente en ‘Nefando’, su novela anterior, y en ‘Mandíbula’…

El sexo es uno de los temas primordiales de la vida y de la psiquis humana. Regreso al sexo porque es una zona donde está la experiencia física, la emotiva, la mental. El sexo es una especie de resumen de la vida. Es un espacio donde confluyen las emociones humanas: dolores, problemas y alegrías. Está todo allí, y es una zona muy fértil para hablar de lo humano. Vuelvo al sexo como lugar de tabú, pero también de placer, de amor, de rechazo, de no reconocimiento.

Hay una vinculación con la crueldad y la insatisfacción. ¿Ha conocido mucha gente que viva las vidas extremas de sus protagonistas?

Sí. He estado rodeada de un ambiente familiar bastante turbulento. Y yo misma he vivido situaciones extremas, pero no tan radicales como las que expreso en el libro. Es más un trabajo de observación de la vida de otros. Todos podemos ser crueles y lo hemos sido en algún momento de nuestra existencia con alguien. También me interesa mucho donde se revela lo animal de nosotros. Me interesan los personajes que están un poco desbocados y se asoman al delirio para encontrarse.

¿Quiso hacer una novela de terror?

Creo que ahí sí tiene algo autobiográfico. Soy una persona de contrastes, igual que lo que trabajo. Mi escritura es un espejo de una parte muy íntima mía. Me considero una persona fuerte y también una persona que tiene mucho miedo, e intento analizarlo, desmembrarlo en la novela. El miedo nos ayuda a sobrevivir, nos aleja de los peligros y puede llegar a ser paralizante; parece que fuera literatura de género o subgénero. Y no, no, no. Es una de las emociones más básicas del ser humano también.

¿Cómo son sus personajes?

La mayoría son femeninos. Clara, la profesora de Lengua y Literatura; Fernanda Montero, la alumna secuestrada por ella, ‘Mandíbula’ empieza con un secuestro. Y Annelise, que es la mejor amiga de Fernanda y su posible primer amor. A su alrededor también hay otros personajes fantasmáticos que deambulan y ayudan a forjar el carácter de las protagonistas. Clara sufre estrés postraumático, tras una mala experiencia en un colegio anterior, y empieza a tener terror a las adolescentes.

Y a pesar de ello, secuestra a Fernanda…

Sí, lo hace. Quizá deberíamos quedarnos ahí. ¿No le parece?