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Antón Castro

CALERO, VISTO POR VICENTE ALMAZÁN

CALERO, VISTO POR VICENTE ALMAZÁN

Escribió hace unos días Vicente Almazán:

Retrato de Ricardo Calero, 24 horas antes de iniciar "Los pasos...", un grabado excepcional de 114 metros de largo por 1,15 de ancho, en una sola pieza sobre papel fabricado especialmente por la casa Hahnemühle de Alemania, mediante la técnica clásica del gofrado y con una tinta especial, agualluvia pigmentada de piedra caracoleña del lugar. Esta intervención artística contará con la participación de todos los vecinos de Fuendetodos y artistas invitados, que así celebrarán el 264 aniversario del nacimiento de Goya.

 

LA NOCHE DEL PRINCIPAL / 2

LA NOCHE DEL PRINCIPAL / 2

Manuel Arribas, fotógrafo y diseñador, estuvo en el Principal con su cámara de fotos y me tomó este retrato mientras firmaba ejemplares.

LA NOCHE DEL PRINCIPAL

LA NOCHE DEL PRINCIPAL

Escribe Vicente Almazán:

Antón Castro ha presentado su poemario "Vivir del aire" en compañía de su musa Carmen Gascón, la editora Trinidad Ruiz Marcellán, la profesora Amparo Martínez, el escritor Daniel Nesquens y de un montón de amigos que no cabían en el hall del Teatro Principal.
Lo hemos pasado muy bien porque los afectos eran sentidos, los comentarios autorizados y no ha faltado el buen humor.

*La foto es de Vicente Almazán.

NACHO FORTÚN EN HUESCA

NACHO FORTÚN EN HUESCA

 

EL CUADRO MUDABLE. PAISAJES

 

EL PINTOR IGNACIO FORTÚN EXPONE

EN EL PALACIO DE VILLAHERMOSA DE HUECA

 

LUZ Y METAMORFOSIS

Por Roberto SÁNCHEZ

En el devenir de la obra  de Ignacio Fortún hay un empeño, un esfuerzo constante por el cambio, por la metamorfosis. Los personajes que poblaban sus obras hasta 1987 han desaparecido, o bien se han ocultado en los paisajes urbanos, en los recovecos de los espacios invisibles (fuera de campo) llamados “paisajes límite”. Ahora, casi siempre, los personajes somos nosotros (y él) que miran, que rebuscan en las imágenes de sus obras ensalmos ocultos que nos desvelen las mil y una metamorfosis que la luz produce en sus plásticas ensoñaciones sobre zinc o aluminio.

Ignacio Fortún  es un alquimista tranquilo, pero constante. La luz y el espacio, incluso el que está fuera del limitado cuadro, son sus elementos primordiales y los combina con sabiduría. Pero su afán no es el de controlar nuestra experiencia. Todo lo contrario. Pretende abrirnos caminos y puertas. Sus paisajes ofrecen tesoros que no permanecen ocultos por mucho tiempo, ya que sus metamorfosis se producen –las producimos- nosotros mismos. No quiere Fortún limitarse a colgar unos cuadros en espacios, hasta ese momento, vacios de sentido. Quiere ofrecernos una ruta abierta, pero previamente escenificada mediante la luz y el color. Nos ofrece sucesivamente en un orden abierto tres ambientes. El primero tiene como protagonistas imágenes de Zaragoza y una panorámica oscense. El segundo, prefiere paisajes entreverados de naturaleza y urbe, pero abiertos al mar. Y el tercero, imágenes con referencias al mundo rural, que inciden en la más reciente línea de trabajo del pintor. Además, en función de los recovecos del lugar expositivo, Sus pinturas y serigrafías sobre zinc y aluminio, tienen frente a la luz y el movimiento del que las observa, una cualidad especular que también reacciona ante los filtros cromáticos (esos tonos fríos o calientes que impone la iluminación). Y aquí, volvemos a la metamorfosis, a la reinvención del paisaje. Aunque, en muchos casos, el punto de partida fue una toma fotográfica (como si fuera un casting de imágenes y los cuadros personajes a los que se les buscó la escenografía más adecuada), intuimos y luego comprobamos que los territorios oníricos terminaron por imponerse. Eso le pasa a Bajo la lona, en la que de modo inesperado aparecen personajes, pero cuyos rostros desvaídos, fantasmales, confieren a la imagen un tono de pesadilla contemplativa, si esto es posible.

La última cabina, El huerto y la laguna, Paisaje que mira o Sombra de Monegros también ofrecen visiones que partiendo de lo real, son inquietantes reinvenciones, variantes de la realidad que se disponen a descubrirnos sus misterios.

Escenografías, puesta en escena y configuración de espacios que nos conducen al punto de vista cinematográfico. Nunca negó Ignacio Fortún, hijo reconocido del siglo XX, su pasión por el arte cinematográfico,  fue uno más de los que sucumbió al poderoso influjo hipnótico de la vibrante imagen proyectada. No era de extrañar que un cineasta se interesara por su quehacer, tan próximo, en muchos casos, a la mirada de un creador de imágenes en movimiento, ya que desde la incorporación de los soportes metálicos (desde 1997), ha ido creciendo su preocupación por la “puesta en escena” de sus paisajes, y por los juegos dramáticos y variantes expresivas que facilita la iluminación. Así, muy pronto, Domingo Moreno un cineasta aragonés (nacido en La Almunia en 1965) siempre preocupado por las artes plásticas y el mejor modo de reflejarlas en el audiovisual (de complementarlas y complementarse) le propone un trabajo que terminará por titularse: “Vislumbre. Miradas latentes en la obra de Ignacio Fortún” (2006). En él, los escritores Adolfo Ayuso, Fernando Sanmartín y Soledad Puértolas, conviven con uno de los cuadros del pintor. En un espacio íntimo narran su experiencia, en torno a la cualidad especular del metal y la memoria de los paisajes urbanos representados. Esta estupenda y concienzuda película de 30 minutos se detiene también en el proceso creativo de Ignacio Fortún, en su estudiada “puesta en escena”, en los intercambios de opiniones y perspectivas,  en las interacciones con la música que acompaña sus exposiciones, en definitiva con sus “intervenciones artísticas”, tan complejas como un montaje cinematográfico. Estamos ante una “colisión” de modos artísticos muy fructífera (en una sinergia próxima a la de Víctor Erice y Antonio López en “El sol del membrillo”, filme de 1992). Domingo Moreno ha sabido captar, en buena parte, el espíritu creativo de Ignacio Fortún, y ha sido capaz de traducirlo a imágenes empapadas de ese espíritu de alquimista tranquilo.

En la representación de esa Sombra de Monegros parece ocultarse algo tremendo, pero que descansa, oculto…Y nosotros, plácidamente nos dejamos seducir. Miramos y nos adentramos con decidida inocencia en universos, sin embargo, inquietantes y oscuros como los de David Lynch en “Carretera perdida” (1997) o los de “Paris, Texas” (1984) de Win Wenders,  algo más luminosos, pero no menos inquietantes. Dos cineastas muy diferentes que conectaron y se sirvieron de los paisajes vitales de Edward Hopper (1882-1967), ese pintor de origen neoyorquino, también capaz de trascender su obra pictórica. Admirador de creaciones artísticas de primer orden, concebidas por cineastas como Marcel Carné, Robert Siodmak o John Huston, fue admirado y “reutilizado”, a su vez, por cineastas como Alfred Hitchcock, Robert Altman y los dispares Lynch y Wenders. Sombras y luces que también admira nuestro creador aragonés.

La propuesta de “El cuadro mudable” es un juego, entre la introversión más reflexiva e inquietante y los aspectos más lúdicos de la luz expresiva interactuando con la visión paisajística. Un juego en el que Ignacio Fortún nos invita a introducirnos y a participar, mediante un recorrido, en unos paisajes que nos llevan más allá de los límites meramente físicos de la obra plástica. Nosotros, guiados por su escenografía, seremos los personajes de esas historias que surgen entre las luces y las sombras.

 

Texto de Roberto Sánchez para el catálogo de Nacho Fortún

Roberto es profesor de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza. Crítico de Cine, colaborador de Radio Zaragoza (Cadena Ser). Experto en carteles de cine y en bandas sonoras.

Queridos Amigos:

 

Os adjunto invitación para la inauguración de la exposición citada donde participamos mi hijo Héctor y yo junto a  Esteban Anía, un profundo conocedor  del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.  Héctor y yo llevamos algunas fotos grandes de los Pinares de Rodeno y de las Saladas de Chiprana, en particular una panorámica 360º, retroiluminada de 125 x 1027cm

 

Nos gustaría veros por allí.

Inauguración: Viernes 9 de abril a las 20 horas. Aula de Medio Ambiente Urbano (Calle César Augusto). Inauguración exposición biodiversidad -Vida: origen, adaptación y diversidad, a través de la Red Natural de Aragón

.

 

Un saludo. Antonio Ceruelo.

 

*Esta es una de las fotos de los pinares de Rodeno, que se expone en la Expo.

TRES ARTISTAS Y UNA FOTO

TRES ARTISTAS Y UNA FOTO

Son dos de mis artistas más queridos. José Luis Cano juega a retratar al fotógrafo Vicente Almazán durante la presentación de ‘Vivir del aire’, anoche, rodeados de amigos, en el Teatro Principal (Mil gracias a Ángel Anadón y a Rafa Campos, a Trinidad y Esperanza. Mil gracias a todos.)

Son tres de mis artistas favoritos: el que los capta es José Antonio Melendo. El ojo incesante. Una mirada insomne también, como Cano y Vicente, que lo capta todo.

CARDIEL Y SUS CRIATURAS

CARDIEL Y SUS CRIATURAS

Francisco Antonio Cuadrado Balenciaga

Por Antonio CARDIEL

Aventurero y tratante de esclavos madrileño nacido en 1803 y muerto en Galapagar en 1870. En 1831 embarcó como marinero en el bergantín negrero Tercer Cid, del que poco después se hizo contramaestre. Con los productos de la venta de los esclavos en Cuba, fletó un barco con el que apresó un bergantín portugués que llevaba más de 400 negros a bordo, pasando a cuchillo a la tripulación y haciéndose con el botín. Dedicóse a partir de entonces a ese lucrativo negocio entre La Habana y África. Hacia 1835 desembarcó en Gallinas, lugar de la costa occidental situado entre Sierra Leona y Monrovia, en busca de nuevos esclavos, habiendo entablado conversaciones con los jefes de las tribus antropófagas indígenas, intimando con ellos y casándose con una hija del más poderoso de los clanes. Estableció entonces diversas factorías en dicha costa para el tráfico de esclavos y para la venta de material de guerra, llegando a armar a un pequeño ejército de nativos con el que obligó a todos los reyes vecinos a rendirle vasallaje. Una vez aseguradas sus factorías, regresó a La Habana en 1841, momento que aprovecharon los ingleses al mando de Spencer para hacerse con las colonias y pasar a cuchillo a los comerciantes españoles allí asentados. Hacia 1849 abandonó la isla de Cuba para regresar a España, instalándose en Galapagar, después de haber residido un tiempo en Sicilia, ciudad en donde murió en 1854 víctima de locura furiosa, dejando una hija llamada Cecilia y un hijo mulato que residía en Gallinas de cuyo nombre no hay constancia.

*Me escribe Antonio Cardiel y le pido uno de sus trabajos de sus 'Fotorrelatos'. Ahora ha llegado a cien, cien historias apócrifas, deliciosas y variadas, rebosantes de imaginación, que formarían un espléndido y espectacular libro de literatura y fotografía.

 

 

 

 

HOY, 'VIVIR DEL AIRE', EN EL PRINCIPAL

HOY, 'VIVIR DEL AIRE', EN EL PRINCIPAL

Hoy martes, día 6, a las 19.00 horas, en el Teatro Principal se presenta mi primer poemario, ‘Vivir del aire’ (Olifante: Papeles de Trasmoz), un libro de 18 poemas sobre la naturaleza, el acto de escribir poesía, la belleza y el miedo, algunos crímenes, varias historias de amor y algunos recuerdos. ‘Vivir del aire’ mezcla el verso con el poema en prosa, y efectúa un recorrido por mis territorios habituales: Zaragoza y Garrapinillos, Teruel y Galicia.

 

Presentarán el acto la profesora Amparo Martínez, biógrafa del Teatro Principal y profesora de cine de la Universidad de Zaragoza, y Daniel Nesquens, escritor galardonado días atrás con el Premio Anaya de Literatura Infantil y Juvenil 2010.

 

Me encantaría que pudierais pasaros. La entrada es libre, por supuesto.

 

Este es uno de los textos que integran el libro. Un homenaje a José Ruiz Borau, José Ramón Arana, al que le derribaron la casa donde nació en Garrapinillos, la vieja escuela.

 

EL FANTASMA DE JOSÉ RAMÓN ARANA

 

Aquí nací, aquí vivieron mis padres, aquí jugaba en las eras, cerca del Canal y entre las huertas. No tardé mucho en irme, pero jamás pude olvidar las casas desperdigadas, las alamedas y los canales de riego con sus tajaderas. Los ponientes de fragua se extendían sobre los prados y los jardines agrestes. Algunas tardes, venía con la bicicleta de paseo. Apenas era un adolescente que empezaba a escribir sus primeros versos y cuentos. Luego la vida me llevó por mil y un sitios: me casé, me descasé, me volví a casar, partí al exilio, tuve una librería que era un espacio de libertad en México D. F., un refugio de desterrados, ese lugar donde las palabras son fuego y memoria, y convocan toda la luz de la patria perdida. Redacté una breve novela y muchos relatos. De vez en cuando, preso de la nostalgia, abría el álbum de recuerdos. Y en él, siempre me detenía en una instantánea: la casa de la escuela, la casa donde me nacieron, la casa de todos que estaba en la plaza de atmósfera francesa, ante el torreón de la iglesia, el primer edificio que realizó el joven arquitecto Ricardo Magdalena. Aquella foto era la huella de una felicidad antigua. Después de muerto, convertido ya en fantasma, he vuelto a merodear y a contemplar las ventanas y el balcón de la escuela. He entrado en la nueva biblioteca que lleva mi nombre: José Ramón Arana. Hace unas semanas, han derribado el edificio. Y siento que Garrapinillos ha perdido algo que nos pertenecía a todos y siento que yo he perdido el paraíso de mi niñez. Menos mal que, transformado en polvo y silencio para siempre, de vez en cuando miro aquella fotografía…