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Antón Castro

ENTREVISTAS: ÁNGEL GARI

ENTREVISTAS: ÁNGEL GARI

“El demonio es una metáfora

del mal que el poder

usa según le conviene”

 

Ángel Gari, antropólogo y estudioso de la brujería y religiosidad popular en el Altoaragón, recibe el próximo sábado la Mención Especial del Festival ‘Espiello’

 

EL CURIOSO SIN COMPLEJOS. Ángel Gari vivió unos días a la intemperie en París, subió la torre Eiffel a pie y acarició las esculturas egipcias del Louvre y estuvo en la base norteamericana para oír y tocar los B-52.

 

 

Ángel Gari Lacruz (Huesca, 1944) adivina, presiente, ingresa en la trastienda de las cosas, en el ánima oculta del mundo. Posee desde muy niño una curiosidad inagotable, un afán de conocimiento absoluto. Dice que desde los siete años no ve nada; en días especiales de luz y solo a veces atisba un fragmento de claridad. La ceguera no le ha impedido ser un sabio de historia, de brujería, de religiosidad popular y de fotografía, de pintura y de narraciones orales, y de cine. Con él se puede hablar de un sinfín de películas, e incluso suele usarlas para sus charlas en distintos cursos. Conoce los objetos con minuciosidad: siempre le pide a diversas personas, “muy diferentes entre sí”, que le describan lo que ven, lo que le interesa, en una minuciosa tardea de convertir la imagen en palabra y de convertir también la palabra en imagen. Dice: “Yo he estado en los estudios de los pintores José Beulas o de Pepe Orús, por ejemplo. No puedo ver sus cuadros, pero me cuentan lo que han pintado, lo que se ve, y lo que han querido representar, lo que a menudo no se ve. Algunos cineastas como Jesús Bosque o Eugenio Monesma hacen lo mismo. Siempre he contado con maravillosos lazarillos. Soy y he sido muy afortunado”. Lo dice ante Pilar García Guatas, su mujer desde 1972, que ruega: “De mí no diga nada. Soy transparente”. Lo esencial es invisible a los ojos.

-¿Qué recuerda de su niñez con vista?

Vi hasta los siete años. Sufrí un ataque de meningitis y la cosa era tan dramática que la vista era lo de menos. Se trataba de sobrevivir. Me quedé paralizado por completo y varios médicos dijeron que eran imposible que viviera. Sin embargo, mi padre empezó a buscar medicinas en Alemania y en Estados Unidos, y también en la Gran Vía de Madrid, y poco a podo fui saliendo adelante.

-¿De qué visiones se acuerda?

Yo vivía en la plaza de la catedral, y recuerdo muy bien ese espacio, el enjambre de tejados, y unas vistas que dominaban el horizonte que se abría hacia el paisaje del norte, el Pirineo. Además, recuerdo la salida de Monflorite de los aviones-cigüeñas que se utilizaban para remolcar los aparatos de vuelos sin motor. Recuerdo especialmente una imagen: un día cayó un rayo al pie de una torreta y produjo un impacto increíble muy cerca de mí. Hasta entonces iba mucho al cine con mis amigos y con mis familiares, al Olimpia y al Principal.

-¿Cómo evolucionó, mejor dicho, cómo sobrevivió?

Viví una época de continuas visitas médicas, de análisis, de tratamientos. En Huesca vivía Ramón Solinis, que había sido boxeador, preolímpico y masajista; entonces no había fisioterapeutas. Empezó a darme masajes en las piernas y en la espalda y recuperé un poco de movilidad. Tuve que readaptarme a todo. Mi padre me llevó a dos médicos de Barcelona: Vilardell, que nos recomendó que debían hacerme un hueso artificial del fémur en París y operarme cada cuatro o cinco años, y Bastos, que había combatido en la guerra civil en Huesca.

-¿Le fue mejor con él?

-Sin duda. Me lo explicaba todo, aunque yo era muy niño, y eso es muy de agradecer. Me dijo: “Mira, Ángel, la naturaleza es sabia. Cortamos aquí y allí, colocamos el fémur en su sitio, y cuando haya que tocarlo habrá evolucionado mucho la tecnología. Ya decidiremos”. Aún no me lo han vuelto a tocar. Fue como un preceptor para mí. Incluso recuerdo que quien me llevó al taxi en brazos de regreso a casa fue él. Querría hablarle de otra persona importante.

-Adelante.

Por mi estado, íbamos de cuando en cuando a un chalé de unos familiares nuestros (los tíos Gloria y Domingo; su hija Pepita) en Barcelona, en la calle Diagonal. Allí coincidí con una tía, Josefina Jordana, que se había casado con un arquitecto norteamericano que trabajó en Sao Paulo. Ella me enseñó el primer transistor que he visto en mi vida y me enviaba materiales para ciegos: un tablero novedoso para dibujar; una caja de matemáticas con tipos de imprenta; los cubaritmos, que eran hexaedros en braille en los que estaban los diez primeros números y los cuatro signos, un termómetro para ciegos, plastilina… Era una mujer fascinante que tenía contactos hasta con Nixon y que me contaba cosas que se me antojaban increíbles. Ella me animó a leer.

¿Qué papel jugaron sus padres?

Fue fundamental. Ángel Gari y Teresa Lacruz, mis progenitores, eran los dueños de la Academia Gari, por la que han pasado más de 3.000 alumnos. Mi padre, republicano, había sido administrador de la Escuela Normal de Magisterio con Ramón Acín y fue fundamental en mi vida. A consecuencia de la enfermedad, iba retrasado, pero él me leía, me explicaba los temas, me adiestró en los cálculos rápidos de matemáticas. Estudié por libre hasta tercero de bachillerato… Aprendí braille con el delegado de la ONCE y me planteé si entraba en un colegio especial o en uno de enseñanzas integradas. Con mi padre, optamos por el Instituto Ramón y Cajal. Fue una experiencia estupenda.

Luego se matriculó en la Universidad de Zaragoza y residió en el colegio Mayor Cerbuna. ¿Cómo le fue?

Muy bien. Fue una auténtica revelación vital, como una apertura a un nuevo mundo. Fui responsable de Actividades Culturales desde 1964 a 1969, y estuve hasta 1971, cuando hice mi tesina. El Cerbuna era uno de los cuatro mejores colegios mayores de España, con el Pignatelli, también de Zaragoza, el San Juan Evangelista de Madrid y el Raimundo Lulio de Barcelona. Aquí dieron conferencias Jordi Solé Tura, Manuel Jiménez de Parga, cantaron Labordeta y Carbonell. En Huesca, a Labordeta lo rechazaron hasta en ocho ocasiones porque “sus letras eran inhumanas y antisociales”, según el delegado de Turismo. Qué bárbaro. También estuvieron, entre otros muchos, Julio Caro Baroja o el cantante portugués Luis Cilia, al que sacó de aquí a toda prisa en coche un compañero en dirección a Bilbao. El Cerbuna me abrió un mundo de libertad impensable en el franquismo.

-En esa época usted hizo papiroflexia.

Sí, puede verse ahora en la biblioteca María Moliner. Me enseñó a hacer trabajos en papel Eduardo Gálvez. La papiroflexia me era muy útil para conocer y dominar las estructuras geométricas, luego pasé a otros empeños más estéticos, a los animales, etc. En 1969 realicé un ‘cristo’ y un caballo de carreras…

-¿Cuándo empezó a interesarse por la brujería?

-Hay dos precedentes importantes. En 1961 se publicó el libro ‘El retorno de los brujos’ de Pauwels y Bergier, que me fascinó, y la vez empecé a leer la revista ‘Planet’, escribían premios Nobel, había textos de Lovecraft. La revista estaba en francés y mi padre me la leía y me la traducía de corrido. Ya en la Universidad, hice Historia. Un profesor me recomendó que investigase la producción de trigo en el norte de Huesca en el siglo XVIII.

No parece lo más excitante. ¿Qué hizo?

Fui a ver a Rafael Olaechea, el biógrafo de Conde de Aranda, y le dije que me gustaría trabajar sobre brujería. Le pareció estupendo. Me recomendó la lectura de ‘Patrocinio de ángeles y de combate de demonios’, escrito por Blasco Lanuza, abad de San Juan de la Peña. Allí encontré la pista del brujo Pedro de Arruebo. Me puse en contacto con Henry Kamen, a quien conocí en los archivos de Zaragoza, con Caro Baroja, al visité en Madrid, y con Gustav Henningsen, autor de ‘El abogado de las brujas’. Me fui a investigar al Archivo Histórico Nacional, que dirigía mi paisano José Martínez Vara. Él me acogió muy bien y nos habilitó, a mis acompañantes Herminio Lafoz y Carmen Romeo y a mí, un pequeño espacio para que pudiéramos trabajar sin molestar a nadie.

-También ha hecho mucho trabajo de campo.

-Sin duda. Ha sido fundamental. En 1971 presenté la tesina de la historia resumida de Pedro de Arruebo, que era el brujo principal perseguido por la Inquisición aragonesa. Era el dueño de la finca La Artosa, en el valle de Tena. Era inteligente, astuto, audaz. La inquisición lo acusó de delitos de magia y brujería, y huyó. En 1637 volvió de incógnito al valle y amenazó a las hijas de sus enemigos. Les pedía relaciones sexuales a cambio de que no fueran embrujadas. Y entonces se produjo una auténtica epidemia de posesión colectiva en Tramacastilla y Sandiniés, que afectó a más de sesenta personas en los pueblos y a más de 1.600 en las montañas. Ese trabajo ha ido creciendo.

Ha estudiado ampliamente procesos de brujería. ¿Existe el demonio?

El demonio es una metáfora del mal que el poder usa como quiere, según le conviene. La percepción del diablo depende del contexto cultural en que se mueva y de quien lo manipule. Hay muchos casos parecidos de posesión: piense en las ‘enfatuadas’, que quiere decir poseídas por las hadas, en los aquelarres, en las ‘espiritadas’ de Orosia. En el propio Archivo Nacional nos encontramos, entre unos folios, un hechizo procedente del valle de Tena que contenía, entre otras cosas, pelo largo y rubio de mujer.

¿Cómo lo recibían por allá arriba?

Recuerdo que una señora me dijo: “¿No será usted algún ‘remenador’ (revolvedor / indagador) de Zaragoza? Aquí somos buenos cristianos. Damos de comer al que tiene hambre y de dormir al que no tiene dónde”. Felizmente, los tabús sobre la brujería han ido desapareciendo.

EN RECUERDO DE MANOLO BENITO

EN RECUERDO DE MANOLO BENITO

PROGRAMA

 

Día 12, lunes, 19 horas:

 

Inauguración de la exposición de la Comarca  Hoya de Huesca / Plana de Uesca “Regiones Devastadas” y de  las IV Jornadas Culturales Republicanas.

 

Homenaje a la enseñanza de la II República y la Guerra Civil.

   Intervienen:

    Juan Manuel Fernández Soria, catedrático de la Universidad de Valencia: “Muros de soledad. Depuración y exilio interior del Magisterio”

    Sebastián Gertrudix, maestro de Lérida: “Simeón Omella y sus mujeres”.

    Víctor Juan, director del Museo Pedagógico de Aragón: “Maestras: las luces de la República”.

 

Presenta Carlos Escartín Otín, presidente del Círculo Republicano Manolín Abad de Huesca.

 

Día 13, martes, 19 horas:

 

Presentación de los libros “Des Aragonais. Testimonios del  exilio aragonés en el sur de Francia” de Sergio Sánchez Lanaspa y  “Sois Leyenda. Brigadas Internacionales y el frente de Aragón” de Salvador Trallero. Con la presencia de los editores y de los veteranos antifascistas  Martín Arnal y Mariano Viñuales. 

 

Moderan Raúl Mateo y Jesús Inglada.

     

Día 14, miércoles, 16.30 horas:

 

Cementerio civil de Huesca. Ofrenda floral, musical y poética a los defensores de la libertad y colocación de una placa conmemorativa a Manolo Benito. Actuarán os Gaiters d´a Tierra Plana.

 

19 horas: Concierto de ADEBAN, cantautores aragoneses, en el Salón de Actos de la Diputación Provincial de Huesca.

 

20 horas: Semblanzas de Manolo Benito a cargo de J. Mª  Azpiroz, Eugenio Monesma y Jesús Inglada, Consejeros del  IEA.

 

22 horas: Cena de hermandad Republicana en la cafetería del Palacio de Congresos de Huesca. 

 

Día 15, jueves, 19.45 horas:

 

Homenaje en  Sariñena a Mariano Constante, nacido en Capdesaso y recientemente fallecido, que sobrevivió al campo de exterminio nazi de Mauthausen.

 

Antes de este acto, y en el Parque Municipal, se descubrirá una placa a la memoria de todos los Monegrinos que fueron deportados a Austria personalizada en los trece vecinos de Sariñena.

 

Posteriormente se celebrará el homenaje a Mariano  Constante en el salón multiusos del ayuntamiento  y lo mantendrá Cruz Ullod, concejala de cultura de Sariñena. Asistirán los hijos del homenajeado y Jesús Inglada, autor de su biografía.

 

A las 19 horas saldrá un autobús hacia Sariñena desde la Estación Intermodal de Huesca y regresará al concluir los actos, hacia las 22 horas.

 

 

Día 16, viernes, 20 horas:

 

Proyección del documental “Memoria de los Campos”. Seguidamente conferencia de Virgilio Peña, compañero de Jorge Semprún y superviviente del campo de exterminio nazi de Buchenwald.  Presentará Jesús Inglada.

 

Pequeño concierto de música popular a cargo de la soprano del Conservatorio de Valencia Quiteria Muñoz.

 

            Clausura de las IV Jornadas

 

 

NOTAS: Los actos de los días 12, 13, 14 y 16 salvo, obviamente, el homenaje del cementerio y la cena del día 14, se celebrarán en el Salón de Actos de la Diputación Provincial de Huesca. El resto de actos según las horas y lugares indicados en el programa.

 

A la cena del día 14, cuyo precio será 20 €, es necesario apuntarse con anterioridad al día 12 de abril en el local provisional del Círculo, los miércoles de 20 a 22 horas, C/ Zaragoza, nº 12, principal izda. (IU) o en:

      republicahuesca@yahoo.es   ó

       www.republicahuesca.org

    haciendo constar  “cena 2010”

 

 

Durante toda la semana y hasta el día 25 de abril podrá visitarse en la Sala Saura de la Diputación Provincial la exposición itinerante de la Comarca Hoya de Huesca / Plana de Uesca “Regiones Devastadas”

 

*Tomo esta información de los Cuadernos de Cazarabet que dirige Javier Díaz desde Mas de las Matas. Un proyecto cultural de trabajo constante. Las fotos corresponden, respectivamente, a Diario del Altoraragón, al libro 'Huesca. Álbum de adioses', el personaje se llama Toribio, y el último retrato de Manuel Benito lo he tomado del blog de Manuel Trujillo Berges.

TRES POEMAS DE B. L. DE BLANCAS

LLORO

 

 

Lloro

por cuanto he sentido;

nada hay más hermoso

que llorar de gozo.

 

                (de Clepsidra del destino)

 

LLEGADA A LA META

 

 

Cuando casi en la meta, sintiendo cerca el mar,

cumplida la esperanza y el proyecto cumplido.

Superados los sueños, dueños de haber vivido,

templados de armonía, sólo queda esperar.

 

Cuando un día cualquiera, elegido al azar,

llegue a tu corazón solo y desprevenido,

revestido de sombras, burlando algún descuido,

el momento temido que tiene que llegar.

 

Tú, camina segura, serena y animosa,

que nada te detenga, que estás en tu camino,

de tus copiosos frutos ungida y coronada.

 

En nuestros corazones te quedarás fundada.

por ti trascenderá lo humano a lo divino

y quedará en nosotros tu eternidad gozosa.

 

                (de Las cuatro estaciones)

  

 

DESPUÉS

 

 

Después será la sombra;

un grito fósil en la noche prehistórica

perforando los tímpanos ausentes

del amor congelado;

sólo un nombre en la piedra.

 

Después será el silencio,

tras el largo desierto de las dudas

y la esperanza núbil.

Un temblor de nostalgia

recorrerá las jóvenes riberas.

 

Luego será el olvido.

Una lluvia de siglos de ceniza

sepultará las ruinas arrogantes.

Ganar la eternidad sólo habrá sido

un vano intento de la nada.

 

           (de la revista de poesía Malvis nº II)

 

*El pasado día 20 de marzo fallecía el escritor turolense Benedicto Lorenzo de Blancas. Su hijo Miguel me ha mandado estos poemas y esta foto. La foto es de 1960.

 

UNA FOTO DE RAMÓN ZARAGOZANO

UNA FOTO DE RAMÓN ZARAGOZANO

Ramón Zaragozano es poeta y fotógrafo, y viaja alrededor del mundo en moto. Esta pieza se llama ‘Oto’. Me manda esta nota-poema.

 

es solo un juego
moviendo el agua de cada día
hasta que salga espuma

y dibujar algo
con el dedo
o soplarla
para ver
hacia donde va el viento

o tomar un poco
con las dos manos
y frotarte la cara ...
con los ojos cerrados

DIÁLOGO SOBRE 'VIVIR DEL AIRE'

DIÁLOGO SOBRE 'VIVIR DEL AIRE'

Antón Castro (Santa Mariña de Lañas, Arteixo, A Coruña, 1959). Gallego, afincado en Aragón desde hace décadas, acaba de publicar un poemario, 'Vivir del aire' (Olifante: La Casa del Poeta), que presentaba el pasado martes en el Teatro Principal, junto a Amparo Martínez y Daniel Nesquens.

 

Por Esperanza PAMPLONA

Llegó a Zaragoza huyendo de la mili. "Tenía 18 años; poco después me encerré en una buhardilla: quería ser poeta. Poeta gallego. Aprendí a escribir a máquina cuando trabajaba de camarero y un día descubrí la narrativa".

¿Es usted poeta, novelista, periodista?

La poesía forma parte de mi vida desde la adolescencia, cuando estudiaba Electrónica. Soy lo que soy porque descubrí a Neruda, a Bécquer y a Lorca. Escribí tres o cuatro libros de poemas en gallego. Solo publiqué un poema: 'Biografía del ahogado', se titulaba. El poemario tenía un título prometedor: 'La playa de los ahogados' (‘O praial dos afogados’), y era una crónica del mar, de naufragios, de amores imposibles, de noches de plenilunio. Entonces compraba todos los libros de poesía del mar que encontraba. Era coleccionista de poemarios marinos. Luego estuve mucho tiempo sin escribir poemas. Publiqué algunas cosas en una antología de 1990: 'Penúltimos poetas de Aragón' (DPZ). Y metí la poesía en mis relatos, novelas o textos de otro tipo. Incluso en el periodismo. Para algunos soy un narrador impregnado de poesía, para otros un poeta metido a narrador. Con 'Vivir del aire' he recibido más e-mails que con ninguno de los libros, y esta idea se repite mucho en ellos.

'Vivir del aire' es el título de su poemario, ¿es también una declaración de intenciones?

Sí que lo es. A mí me sugiere ir conduciendo y escuchando la radio. Y veo el cielo y los paisajes, eso me vuelve loco. Es como si recuperase algo que está en mi raíz. También me ocurre al caminar, trato de atrapar ese mundo que está lleno de sensaciones y de otros textos de otras gentes, textos que he leído, que recuerdo, que evoco. A veces uno está agobiado, pero al final lo importante es el deseo de vivir. Y el aire encarna la exaltación de la vida. Otro móvil decisivo del libro es el amor: el sueño de amor, la locura de amor, el deseo. ‘Vivir del aire’ también es una declaración de amor a la escritura y a los lugares donde ahora vivo: Zaragoza y sus calles, como Pabostría, el Canal Imperial o Garrapinillos, con esos depósitos que son como faros o palomares abiertos a los vientos. Y a otros lugares donde he vivido, como Teruel y provincia.

Este no es un libro de poesía al uso, abunda la prosa.

Siempre me ha gustado mucho el poema en prosa. O la narración enmascarada con imágenes poéticas. Sucede en varios relatos: en esa vindicación del fantasma de Arana, en la historia de amor del fotógrafo Cepero. Ahí tenía en la cabeza, en estas formas, a Vicente Aleixandre y su 'Pasión de la tierra', a 'Ocnos' de Luis Cernuda, a 'Las cosas del campo' de Muñoz Rojas y la lírica de Juan Ramón Jiménez, a quien se le rinde un homenaje. El libro es como un álbum del camino del paseante. Se confunde con la naturaleza, evoca, denuncia, se estremece, y termina casi igual, con un tratado de intenciones. Es un libro muy narrativo: te invita a entrar en él y a quedarte.

Escribe, lee, hace televisión, presenta libros, entrena al fútbol, ¿cuántas horas tiene su día?

No lo sé. No tengo agenda. Soy un organizado en el desorden. Creo mucho en la cabeza, aunque a veces tengo despistes. Me dicen que mi cabeza es como un Google. Soy muy entusiasta y obsesivo. Pero nunca me cuestiono si me va a dar tiempo o no. No pienso mucho en el tiempo, y hay días que voy a ver los partidos de fútbol de mis hijos, aunque ya no entreno a su equipo. Siempre busco momentos para mí. El tiempo es un don que está ahí, es como el aire. Si lo pienso, me agobio. Y, en caso de apuro, se puede trampear un poco.

Por sus manos pasa prácticamente todo lo que se publica en Aragón, ¿cómo ve el panorama literario en estos momentos?

Yo no lo leo todo, pero sí hago una ojeada o le encargo a gente que lo haga. Creo que estamos en un momento muy bueno. Hay un montón de autores en todos los géneros -novela negra, otras formas de la narración y del relato, poesía- y a lo mejor no hay muchos libros maravillosos, pero sí una corriente muy interesante y plural. Creo que ha pasado algo importante. Esta es una comunidad pequeña pero muy activa y muy vital. Este es un momento que ha sido tan poderoso y arrollador que ha superado la capacidad de reacción de las instituciones.

¿Ya está trabajando en algún título nuevo?

Después de haber hecho este libro, se me ha colado un hilo, que es el del relato corto y los poemas en prosa con un nexo: el amor. Son historias de distintos personajes, la mayoría existen. En una conversación surge un tema y yo soy un poco vampiro de la realidad. Es un diálogo entre el hombre y la mujer, que se produce a través de historias breves de amor. Pero de repente me he estancado.

¿Y qué hace cuando eso ocurre?

Pues tienes que insistir. El escritor es una persona que se sienta todos los días a escribir. Pero es verdad que hay momentos de especial luminosidad. Yo soy muy intuitivo y con una pequeña idea salgo como un cazador a desarrollarla.

 

*El pasado martes, la jefa de cultura de Heraldo de Aragón Esperanza Pamplona publicaba esta entrevista en el diario con motivo de la aparición de ‘Vivir del aire’ (Olifante: Papeles de Trasmoz / La Casa del Poeta). Le agradezco mucho su generosidad y también a Rafael Campos y Ángel Anadón, responsables del Teatro Principal, y a Amparo Martínez y a Daniel Nesquens su presentación, y a todos los amigos, compañeros de prensa y de la escritura y curiosos que quisieron pasarse por allí en un día tan importante para mí: la aparición de un primer poemario modesto. Y muchas gracias también a Helga Martínez que firmó esta crónica del acto.

LA INTENSIDAD EN PROSA Y VERSO DE ‘VIVIR DEL AIRE’

 

Por Helga MARTÍNEZ

Dispuestos a demostrar que ‘Vivir del aire’ no equivale para nada a hacerlo del cuento, el mundo de las letras aragonesas se dio cita ayer en un escenario tan mágico como la antesala del Teatro Principal para arropar a Antón Castro en la presentación de su primer libro de poesía. "Es una obra muy especial para mí, porque mi sueño cuando vine de Galicia a Zaragoza era haber sido poeta, lo que ocurre es que me fui por otros derroteros", reveló Castro, escritor y periodista en HERALDO DE ARAGÓN y de Aragón Televisión.

"Se puede decir que es el libro por el mayor número de felicitaciones cariñosas he recibido desde su puesta en circulación, y confieso que es con el que más miedo he tenido a la reacción de la gente", añadió Castro, autor de una veintena de títulos.

 ‘Vivir del aire’ es, en palabras de su artífice, "un poemario con 18 textos cortitos, algunos en verso y otros en prosa, cercanos al microrrelato, por el que yo siempre he sentido mucha debilidad" [desde mi primer libro ‘Los pasajeros del estío’, publicado por Olifante hace ahora 20 años]. Y, como destacó una de las presentadoras, Amparo Martínez, es un libro dotado de una intensidad vital que abruma: "En él vamos a encontrar parte de nuestra historia colectiva, desde la realidad de la emigración de los españoles comparada con la inmigración de hoy hasta el aprendizaje del amor, pasando por la crónica del dolor de la España más negra o los mitos personales, materializados en este caso en lugares como Dublín o en la figura de los Amantes de Teruel".

Martínez, profesora de Historia del Cine en la Universidad de Zaragoza, estudiosa de Luis Buñuel y comisaria de la exposición Un perro andaluz que se muestra actualmente en La Lonja, destacó que, sobre todo, "es un trabajo hecho de retazos de Antón, que siempre se muestra entre místico, misterioso y, a la vez, nostálgico, y con una capacidad brutal para disfrutar de cada cosa que ofrece la vida".

Trinidad Ruiz Marcellán, editora de esta creación a través de la colección Papeles de Trasmoz de Olifante, agradeció al escritor su estrecho vínculo con La Casa del Poeta y el hecho de haberles elegido para publicarlo: "Supone una alegría enorme", matizó.

En el acto también intervino el escritor zaragozano Daniel Nesquens, reciente VII Premio Anaya de Literatura Infantil y Juvenil, que bromeó sobre el hecho de que ‘Vivir del aire’ tendría que haber sido presentado en La Muela... Este "novelista y cuentista", como lo presentó Ruiz Marcellán, se metió al público en el bolsillo con un divertido relato inventado sobre la vida de Antón Castro y una conversación ficticia con su abuelo muerto para explicarle de qué va el libro... Vamos, que no faltó el humor en un foro en el que también se pudo ver a José Luis Corral, Miguel Mena, Miguel Ángel Yusta, Dolán Mor, Pilar Navarrete, Gabriel Sopeña, Antonio Pérez, Fernando Sarría, Luisa Miñana y la gente de la tertulia Fuentes de la mentira [y muchos más…]. Y, por supuesto, la familia del protagonista, encabezada por su mujer, Carmen Gascón: "Hace treinta años que me fui a vivir con ella, es la madre de mis cinco hijos y, por supuesto, está presente en todo el libro", enfatizó Castro antes de leer el poema ‘Los dos que duermen’.

El escritor también tuvo palabras de recuerdo para el fallecido pintor Vicente Pascual, al que dedica uno de los poemas, y para dos "ausentes por enfermedad, a los que hoy echo de menos: Rosendo Tello y José Antonio Labordeta".

*La fotografía es de José Miguel Marco.

 

AMOR Y MUERTE: UN MURAL DE LUIS DÍEZ

El limbo de nieve que precede al fin

 

 

Luis Díez inauguraba el pasado martes un gran mural de 60 metros cuadrados, ‘Vida y muerte son lesbianas’, en el Espacio Tránsito del Centro de Historia

 

Luis Díez (Zaragoza, 1978) es un artista de inspiración hiperrealista que ha realizado varias exposiciones, ha pintado a personajes vinculados con el mundo de la música, ha diseñado portadas de Bronski o Nacho Vegas, entre otros, y ha desarrollado el atrezzo de la gira de ‘El viaje a ninguna parte’ de Enrique Bunbury de 2004. Desde hace unos días se enfrenta a uno de los proyectos más ambiciosos de su trayectoria: un mural de 60 metros cuadrados en el Espacio Tránsito del Centro de Historia de Zaragoza. La obra, cuya ejecución ha grabado en vídeo y ha capturado con su cámara fotográfica Gustaff Choos, se inauguró el pasado martes y responde a un título tan atractivo como insólito: ‘Vida y muerte son lesbianas’.

“Acababa de redactar un proyecto para el IV Espacio de la Diputación de Zaragoza en torno a ‘Moby Dick’, la novela de Herman Melville, un libro sobre el frío, el mar, la aventura y el gran pez, un libro repleto de experiencias, de filosofía, un libro de máxima actualidad sobre el bien y el mal, la vida y la muerte. Empecé a pensar en la muerte, y decidí enfrentarme a ella en un proyecto artístico”, recuerda Luis Díez. De golpe le invitaron a hacer el mural, y comprobó que la muerte se había convertido en una obsesión y en un desafío.

Aceptó  el encargo, “es la primera vez que hago un mural así; yo estoy acostumbrado a realizar cuadros y he colaborado activamente en la muestra sobre Grabaciones en el mar”, y creyó que era “el momento de profundizar en este asunto. A mí siempre me han interesado los temas morbosos: la homosexualidad, el terror, las drogas, lo inquietante, la obra de autores como Dennis Cooper, J. T. Leroy, Kathy Acker, que también tienen un halo de ingenuidad y a la vez entroncan con ‘el lado más salvaje de la vida’ que cantaba Lou Reed”. Señala Luis Díez que, por otra parte, le atraen el mundo de los autores de la ‘beat generation’ (Allen Ginsberg, Kerouac, Burroughs), la novela negra de autores como Jim Thompson, películas como ‘Drugstore cowboy”. “Me confieso un enamorado de la belleza, que es una auténtica religión para mí”, apostilla.

Con todo este bagaje de incitaciones, Luis Díez ha querido pintar una obra que explora ese instante decisivo que te sitúa en el túnel de la luz, donde “el ser humano no sabe bien si está muerto o está vivo, si debe asumirlo o evitarlo y huir, esa milésima de segundo en que todo se agolpa y no sabes con certeza dónde estás y si hay retroceso. Ese instante que se parece al coma y que, en mi caso, dado que soy vitalista y quiero vivir, tiene mucho que ver con aferrarse a la luz de la vida”. Para representar ese asunto, Luis Díez ha elegido una figura central, una mujer de rojo, semidesnuda, con un seno al aire, y la ha rodeado de distintas criaturas, figurativas y metafóricas, que sirven para contar historias complementarias, casi a modo de coro.

Añade el artista: “Yo he elegido una pintura realista porque me siento muy identificada con ella. Por sus miradas, por sus gestos, por la capacidad de trazar manos intensas, cuerpos tensos, etc. Ese mundo me resulta más cercano que la abstracción. Esta obra es también una defensa de la pintura”.

Alude a Velázquez para explicar sus intenciones. Dice que cuando alguien se acerca a los cuadros del pintor sevillano ve las manchas, las texturas, las imperfecciones, los minuciosos trazos, y que cuando se aleja de la pieza se ve una obra casi fotográfica que se aproxima al hiperrealismo. “Yo quería que esta obra fuese pintura. Pintura, con acrílico y carboncillo. Auténtica pintura, con sus gotas, con sus manchas, con la fuerza y el nervio de la pintura, al servicio de una historia y de una trama dramática que siempre completa el espectador”. Además de la figura central, hay otras que añaden detalles: una joven con una bola de luz entre las manos, un joven que muestra su torso estremecido, dos muchachos que meditan sobre la voluntad y la capacidad de elegir y de decidir. A esas figuras, les añade golondrinas, celajes de rojizas sombras, otras criaturas apenas bosquejadas, y frases del tipo: “Como un lobo él sólo puede gruñir’ o “No dejes que la nieve entre en tus venas”.

El conjunto se completa con una escultura-bodegón, una ‘vanitas’ barroca, con una calavera y un pájaro. Varios espejos colgados forman parte del escenario y a la vez, con sutiles movimientos, sirven para que el espectador pueda leer mejor las frases. El fotógrafo Gustaff Choos dice: “He asistido al proceso durante varios días, y me ha sorprendido mucho la minuciosidad, la paciencia, los esfuerzos para conseguir un volumen. Pinta y repinta una y otra vez hasta conseguir el efecto que quiere”. Ese proceso también forma parte del proyecto mediante una pantalla de vídeo.

Luis Díez explica el título: “Arranca de una canción de Javier Corcobado. En esa milésima de segundo, o limbo de nieve en que todo se decide, vivir o morir, la vida y la muerte tienen una relación de amor que dura poco; se aman, se odian, se poseen, se repelen. Una relación lésbica. El mural propone una historia entera, impresa sobre una pared efímera”.

*Estas fotos son del zaragozano Gustaff Choos.

'LOS NUTRIEROS' DE RODOLFO WALSH

 

LOS NUTRIEROS

 

Por Rodolfo WALSH

Renato oyó los tiros. Volaron patos y garzas, y en la lejanía una nubecilla de humo azul se desguedejó lentamente en la quietud infinita de la tarde.

   Al filo de la noche volvió Chino Pérez, ceñudo y silencioso. Traía a remolque un bote pintado de rojo, con las letras blancas en el costado de babor: «San Felipe».
   ­Lo encontré –explicó, sin mirar a Renato–­. Creo que es de la estancia. –Y añadió al cabo de una pausa–­: Se habrá cortado el amarre.

   Renato se incorporó lentamente, fumando su pipa, y acercóse a la orilla. Renato era bajo y escuálido. Sus ojos azules tenían una fijeza de alucinado, que desmentía el diseño casi pueril de la boca.

   La cadena del bote era nueva, Renato vio que estaba intacta, pero no dijo nada. En el fondo había flamantes aparejos de pesca y un rifle calibre 22; en uno de los bancos, un sweater de lana a rayas multicolores.

   ­–¿Cazaste algo?­ –preguntó Renato en voz baja.

   –­No –­replicó su compañero. Y agregó con una sonrisa torva–­: Gallaretas.

­–Oí los tiros­ –dijo Renato. Chino Pérez no contestó. Ensimismado y remoto sentose en la orilla de la isleta; se sacó las alpargatas y hundió los pies en el agua fría con la mirada clavada en la distancia.

   Aquella noche hubo desvelo de perros en la costa de la laguna; pisadas y linternas; voces apagadas, que el viento traía y llevaba. Renato dormía. Chino Pérez estuvo fumando, absorto y lejano, hasta que el cielo empezó a clarear.

 

Chino Pérez terminó de cuerear las nutrias y estaqueó los cueros. Renato lo observaba con sus ojos azules e impávidos.

   Chino Pérez tapó con tierra el fogón, y luego tendió la mirada a lo lejos. El agua había tomado un color plomizo, y en el oro verde de los juncos se alargaban las primeras sombras. Por los confines de la laguna, ensimismada en la quietud vesperal, entre las últimas barreras de juncos, flotaban a ras del agua nubecillas de vapor.

  ­–Está bien, hermanito; esta noche es la vencida ­ dijo Chino Pérez sin volverse.

   Los dos botes balanceábanse en la orilla de la isleta. Las líneas de pesca se sacudían a intervalos con breves convulsiones eléctricas. «Dientudos», pensó Chino Pérez de mal humor. Todavía no era la hora de las tarariras. Las tarariras se llevaban la línea de un golpe, dejándola tensa y vibrante como una cuerda de violín.

   ­–Ya sé que querés irte­ –dijo Chino Pérez.

   Renato no contestó. Dejó que el silencio flotara entre ellos, separándolos, restituyéndolos a sus mundos distintos, suavemente, sin violencias.

   Chino Pérez era de baja estatura, fornido, cetrina la faz, tallado a cuchillo el entrecejo, hirsuto el pelambre, pétrea y estólida la expresión.

   A lo lejos, en el campo, encendiose una luz. Ladraron perros. Gorgoteaba el agua.
   «Ya sé que querés irte­ –pensó Chino Pérez–. Yo también quiero irme» –­meditó mirando el bote de la estancia. Las rayas coloridas del sweater se destacaban en la oscuridad. Chino Pérez no había querido tocar nada. Un temor recóndito le impedía poner la mano sobre cualquiera de esas cosas. «Ya te vendrán a buscar», pensó con saña.

   Luna llena: pila de monedas amarillas y temblonas sobre el paño gris del agua.

   En el fondo del juncal gritó la nutria; era un grito quejumbroso, como el gemido de un ser humano. Chino Pérez se levantó el cuello del saco, como si tuviera frío.
   ­–Ya puse las trampas­ –dijo. Renato pensó que no hacía falta decirlo. Lo había visto salir temprano, en el bote, con las trampas, preparadas para ponerlas en los nidos y comederos.

   Chino Pérez acercose al fogón y se acuclilló, frotándose las manos. Entonces advirtió que él mismo había apagado el fuego y lamentó haberlo hecho. «Mañana nos vamos­ –pensó­–. Para siempre.» Tres meses durmiendo en cualquier parte, sobre la tierra húmeda y podrida, sin encender fuego de noche, sin mostrar el bulto de día. Tenía el gusto del pescado pegado a la garganta. Escupió con asco.

   –­¿Y qué vas a hacer, gringo, con la plata?

   –­¿La plata?­ –Renato parpadeó­–. Volveré a la chacra­ –dijo a la vuelta de un largo rato. Su padre había querido tener un tractor. Toda su vida había querido eso. Ahora estaba muerto, en medio del campo, y los tractores pasaban por encima de sus huesos. Muerto, para siempre, y sin estrellas. El espejismo había renacido en el hijo, más torturado y violento: para hacerlo realidad a la fuerza, se había metido a nutriero. En la estancia vecina a la chacra de su padre había visto una vez un tractor de oruga, un Caterpillar pintado de rojo… Renato, acaso sin saberlo, tenía la tierra metida en todo el cuerpo, como sus padres y sus abuelos. Salió de su ensoñación con algo parecido a un escalofrío.­ –Si la cobramos… –­agregó en voz baja.

   Chino Pérez, cabizbajo, pateó el suelo húmedo. Oyóse un chapoteo en el agua, y una de las líneas quedó bruscamente tirante. Empezó a retirarla, despacio, con acompasados movimientos de ambas manos. Cabresteaba la tararira, veloz y frenética al extremo de la línea, mordiendo el hilo reforzado con alambre. Con un último tirón la sacó a la orilla. Brillaban en la boca del pescado los dientes amarillos y fuertes, y sus ojos tenían una fijeza azulina y viscosa. Chino Pérez la sujetó con el pulgar y el índice por las agallas y la golpeó dos veces en la cabeza con el mango de un rebenque. Después le sacó el anzuelo. Silbó en el aire la plomada de tuercas y hundióse en el agua.

Renato apagó la pipa y se puso en pie.

   ­–Voy a recorrer las trampas­ –dijo.

   ­–Dejá; voy yo­ –replicó Chino Pérez. Su acento se dulcificó–­. Mejor que duermas un poco, hermano. Mañana hay que caminar mucho.

   Renato obedeció. Acostose sobre unas lonas, con la ropa puesta; y antes de quedarse dormido, vio por última vez la silueta de su compañero, erguido sobre el bote, remando a la luz de la luna.

 

 

Chino Pérez hundía el remo silencioso y el bote quebraba el espejo terso y pulido del agua. Dormía la laguna profunda de ecos y rumores. Las cejas de los juncales se destacaban nítidas y oscuras.

   Chino Pérez no siguió el camino de costumbre. Un miedo supersticioso y agudo le aleteaba en la sangre. No estaba acostumbrado al miedo. Pugnaba por sacudírselo, como un perro a un tábano. Al llegar frente a la isleta de espadañas, dejó de remar.
   En el recodo de la isleta, la tarde anterior se le había aparecido el hijo del mayordomo en el bote de la estancia. Chino Pérez lo había visto una sola vez, de lejos, recorriendo el campo, pero lo reconoció en seguida. Al ver al nutriero, un gesto de hombría le había curvado los dedos en torno al rifle. No mediaron palabras, ni hacían falta. Con ese mismo gesto viril en el rostro adolescente se había doblado y había caído por la borda –­un tiro en la garganta­–, entre las ásperas ortigas de agua.

   Chino Pérez no quiso pasar por allí. En la isleta dejaba dos buenas trampas. «Que se quede con ellas el mayordomo», pensó torvamente.

   El viento soplaba de la costa, peinando los juncos. Un cencerro trasudaba gotas de sonido en las manos heladas del aire.

   Y se hizo de pronto, a lo lejos, la noche de los perros, de los tiros, del odio desatado como una llamarada. Chino Pérez oyó las voces sordas que el encono aceraba. Se las traía el viento, acres y feroces como mordeduras.

   Después fue el silencio, más súbito, más grande y terrible que antes. El silencio de la laguna, preñado de misterio.

 

 

De lejos lo ventearon los perros. Chino Pérez arrastrábase por el pajonal, sigiloso como un gato, en dirección al Molino Grande, en desuso desde que las aguas del cuadro se tornaron salobres.
   Al pie del molino los peones de la estancia habían encendido una fogata. A su cárdeno resplandor se destacaba en silueta la figura del mayordomo, sombrío como la noche, los brazos cruzados, separadas las piernas, desafiando a la noche a que le quitara su venganza.
   A la luz de la luna giraba la rueda del Molino Grande, como una enorme flor blanca. Giraba lentamente, deteniéndose a ratos; y amarrado a las aspas chorreando sangre, con los ojos vidriados de dolor y espanto, giraba el cuerpo torturado de Renato. El viento traía y llevaba sus gemidos, y la rueda giraba lentamente bajo el cielo tachonado de estrellas.
   A doscientos pasos del molino se detuvo Chino Pérez para tomar aliento. Quemábanle en las manos las pinchaduras de los abrojos. Los perros se revolvieron, inquietos, recrudeciendo el coro exasperado de ladridos. Siguió avanzando. A intervalos le llegaba el quejido estertoroso de Renato.

   ­«Paciencia, hermanito. Paciencia.»

   Se detuvo a cien pasos del molino.

   Chino Pérez no erraba nunca un tiro. A veinte metros de distancia mataba una nutria con un tiro en el ojo, para no perforar el cuero.

   ­«Paciencia, hermano.»

   Alzó el winchester, despacio, muy despacio. Las miras se clavaron en el semblante taciturno del mayordomo, vacilaron un instante, después siguieron subiendo por el bruñido esqueleto del molino. La rueda dio media vuelta más y se detuvo chirriando, dejando a Renato vertical, de pie en lo alto, suspendido y solo, con los ojos azules extraviados.
Chino Pérez apretó el gatillo.

 

La editorial Veintisiete Letras acaba de publicar los ‘Cuentos completos’ de Rodolfo Walsh (1927-1977). La editora María Moreno me ha mandado este estupendo relato, ‘Los nutrieros’.

 

COMIENZA 'ESPIELLO'

COMIENZA 'ESPIELLO'

Espiello encara su edición más internacional

 

ü  La Sección Panorama está dedicada por primera vez a un país, Argentina

ü  Mañana por la noche se estrenará en sala el documental “Maderadas en el Pirineo”, de Eugenio Monesma

 

Boltaña.-El director general de Cultura del Gobierno de Aragón, Ramón Miranda, inaugurará mañana en Boltaña Espiello, VIII Muestra de Documental Etnográfico en su edición más internacional, con participación de documentales de los 5 continentes, de los que 26 de los 111 recibidos optarán a los premios Espiello.

 

El acto de inauguración dará paso a la presentación del jurado y a la Sección Panorama, dedicada por primera vez a un país, Argentina y en la que se proyectará una selección de cortometrajes argentinos que introducirá la responsable del Área de Medios Audiovisuales del Instituto Nacional de Antropología de Argentina (INALP). Por la noche, a las 23:00 horas, y en el apartado Trabajos Invitados se estrenará por primera vez en sala el documental de Eugenio Monesma “Maderadas en el Pirineo”, una coproducción de Pyrene, P.V. y Aragón TV que ha servido a Monesma de discurso de ingreso en la Real Academia de las Artes y las Letras de San Luis.

 

Las secciones Nuevas Promesas, Pirineos y Celuloide protagonizarán la segunda jornada de la muestra. La mañana estará dedicada al público infantil y juvenil y por la tarde se estrenará el documental “Plan 25” de Antonio Cadierno, un trabajo que aborda la temática universal de la despoblación rural en España durante las décadas de los años 50 y 60, centrándose este proyecto de investigación en el caso del valle de Chistau, que en 1985 saltó a la fama por la organización de la Caravana de mujeres de Plan. El estreno coincide con el 25º aniversario de este acontecimiento. La película dará paso a la mesa redonda “La caravana que cambió nuestras vidas: una respuesta creativa a la despoblación rural en Sobrarbe”, moderada por el vicedecano de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), José Carmelo Lisón y que contará con la participación del director de “Plan 25”, Antonio Cadierno; el profesor del departamento de Sociología de la UCM, Alberto San Gimeno; el alcalde de Plan y uno de los promotores de la caravana de mujeres, José María Fantova, y de la vecina de plan y miembro de la Comisión organizadora de los actos conmemorativos del 25º aniversario, Angelines Ferrer.

 

 

 

Espiello estrenará el sábado por la noche la Sección Celuloide con la que la muestra se abre al cine de ficción. La película “La clase” de Laurent, Cantet, inaugurará Celuloide, sección que contará con la presencia del crítico cinematográfico Hilario J. Rodríguez.

 

No será hasta el domingo cuando arranque la Sección Concurso, a las 11:00 horas con el documental “Cien metros más allá”, de Juan Luis de No, y que se prolongará hasta el sábado día 17. Del lunes 12 al viernes 16 se pasarán las películas en horario de noche, a partir de las 22:00 horas.

 

Más de 800 personas

 

            Más de 800 personas han disfrutado de las actividades previas organizadas por el área de Cultura de la Comarca de Sobrarbe y el Centro de Estudios de Sobrarbe, organizadores de Espiello.

*En la foto, Eugenio Monesma, director de más de un millar de documentales y responsable de 'Plaza Mayor'.