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Antón Castro

CALVOMOÑACO / 22: KIKI DEL MONCAYO

CALVOMOÑACO / 22: KIKI DEL MONCAYO

Hoy Martín Mormeneo ha recibido un nuevo dibujo de Alberto Calvo: la ‘Kiki del Moncayo’. La nota que la acompaña es tan escueta como misteriosa: “No la busques en la cumbre del monte ni en un sendero de nieve. La tengo en casa, tendida en mi cama. Cuando me despisto, se escapa al monte. Y luego debo ir a buscarla: peregrino días y noches, duermo a la intemperie, oigo la melodía del viento y del miedo, me enveneno de amor y desesperación mientras camino. Por eso estoy tan fatigado”.

*La ilustración es de Alberto Calvo.

INGE MORATH Y ERNST HAAS

INGE MORATH Y ERNST HAAS

Inge Morath era una gran fotógrafa. A Magnum, su agencia, pertenece esta estupenda foto con otro gran maestro: Ernst Haas. Están en Capri en 1949.

Parece una hermosa instantánea de amor, alegría y mar. Me ha gustado por eso.

ASUN VALET EN EL TORREÓN FORTEA

ASUN VALET EN EL TORREÓN FORTEA

ASUN VALET ROMPE EL MAR

Me atrajo la pintura de Asun Valet antes de verla en la sala de A del Arte por primera vez. La contemplé en el catálogo y esa primera visión me hizo pensar en Manuel Mompó, en Vassily Kandinski, en Paul Klee, tal vez en Fernando Zóbel, por el rasgo de sutileza y sugerencia, por la estructura entre musical y desprendida de sus lienzos, por su seguridad, por su configuración etérea. Uno siempre instala sus emociones dentro de un vasto de campo de afinidades, hasta situar al artista que acaba de conocer en su propio mundo, personal e intransferible, modulado con sus gestos, con su sentido de la composición y del color.

Asun Valet es, de entrada, una artista apacible: una mujer de suavidades, de luz y de lentitud que se deleita en el diálogo del control y el azar. Lo mide todo –la estructura de sus cuadros, el arabesco del color, el matiz sutil de una emoción incierta, el cosido que puede irrumpir en un lateral-, y a la vez también se somete al albur del desorden, al arrebato mismo del trabajo, al encuentro con el numen que cabalga en sus dedos, en su cerebro o en la música que puebla y adensa de calma su estudio. Es una pintora marcada por el eco de Zóbel, sí, de Guerrero tal vez, de Mark Rothko y, sobre todo, de la pintura japonesa. Hay en ella una vocación oriental, una inclinación hacia el silencio y sus vacilaciones. Cree en la imagen, en la superficie trabajada de cromatismo y adivinación. Rechaza una y otra vez cualquier atisbo de figuración. Si la hay, si aparecen una silla o un conjunto de sillas, también habrá un subrayado o un desmán que nos invita a pensar que estamos ante una obra abstracta. Lo dice: “No me interesa la naturaleza”. Al menos, no le interesa la naturaleza como una totalidad que trasvasar a sus lienzos. Aparecen láminas o tiras de un color blanco o crudo, círculos, vuelos, espirales, escaleras, pájaros e incluso sillas como sucede en ‘Silla experimental’ (que es un homenaje al lugar del observador: a la propia pintora ante la obra tal vez, y quizá a la trepidante relación del arte y el diseño), pero son fragmentos de un universo muy elaborado donde importa ante todo la pintura: la masa, la penetración de la mancha, las veladuras obstinadas, el centelleo de trazos y sesgos que invitan a soñar. Lo que le importa a ella es el conjunto desfigurado y armonioso que responde a un afán y a una certeza: Asun Valet intenta hacer visible la ausencia. Intenta sugerir el iceberg que crece hacia el fondo del mar. Intenta despojarse, con espacios y sedimentos del fuego interior, de sus sombras y componer una emotividad remansada, instantes íntimos, contrastes, horizontes abiertos por los que, si fuéramos ave o brisa, querríamos salir volando.

Cuando se le quieren poner sustantivos o narratividad a su pintura –del tipo: “aquí hay un mar de atardecida”, o “ahí, en ese díptico alargado, podría verse la estela de un barco en el mar”, o “veo el rastro de un pájaro que sobrevuela el cielo sobre el mar”-, Asun Valet interviene y señala: “He roto el mar”. Es cierto. Rompe el mar a cualquier hora. Rompe y rasga. Vacila y encuentra. Extiende el celaje y lo acota. Disuelve la atmósfera hasta crear un estado de ánimo, una sensación inmediata de gozo y de tranquilidad, y una reverberación interior: el pintor se ha buscado en la materia y el espectador, ante el desenlace, se hace preguntas y se conmueve. Asun Valet escribe con la claridad, con el temblor, esparce leves motivos de alerta, convoca músicas. Insiste: “He roto el mar desde una idea: el color no cansa. Y yo le dejo que haga sus apariciones”. Como un fantasma. Como un diamante caído entre flores de escarcha.

Esta exposición se titula Márgenes activos y en, el fondo, es una meditación de la pintora sobre sí misma y su lugar en la pintura. ¿Quién soy, dónde estoy, qué expongo de mí mientras trabajo en el estudio, a solas, transformada en delirio y vértigo y vulnerabilidad, disuelta en creación y desconcierto? ¿Cuál es mi sitio en el paisaje coral del arte? La artista se define sobre el lienzo; de cada obra puede extraerse un autorretrato, los perfiles de una búsqueda, una pelea casi incansable y sigilosa consigo misma desde la forma. El otro asunto que le obsesiona es una sensación no de aislamiento sino de independencia, de no estar en ninguna corriente ni en ningún grupo, un poco al margen, lejos del centro y de lo obvio, en esa especie de periferia que alude a lo desubicado, a lo inconcreto, al vagabundeo a la intemperie en los arrabales del crepúsculo. Asun dice que su verdadera apuesta es plástica, expresiva, que lo que más valora es la imagen y su significado, su capacidad de conmoción. De ahí sus márgenes: ella está en los bordes, trabajando, con sus propias huellas, con una trayectoria no demasiado convencional. Está: más concentrada que rabiosa, más radical que iconoclasta, con una intuición incesante que se desparrama. Realiza una pintura lírica, sin duda, pero no blanda, es armoniosa e intensa por la vía de la introspección, es en cierto modo minimalista. Aspira a transmitir lo máximo con lo mínimo y se plantea este oficio de vivir como una manera de reinventarse desde el arte contemporáneo. “Me siento esencialmente contemporánea –dice-. Intento renovar y renovarme. En esta profesión tienes la sensación de que siempre se empieza de cero”.

Márgenes activos es una exposición reposada y a la vez espontánea que muestra espacios abiertos, que vuelve a hacer evidente el interés que siente la artista por la arquitectura, su atracción por la geometría, y que reivindica su libertad en el tratamiento de la pintura. Hay en sus cuadros como un afán de fuga, de ensoñación, un camino abierto al infinito. En la muestra establece un diálogo entre los trípticos y los dípticos y las piezas sueltas. Asun Valet ha querido realizar un pequeño guiño al propio espacio del Torreón Fortea. Sobre sus planos ha creado un desarrollo especial y espacial, fragmentos de un todo, fogonazos de un tapiz, un puzle que el espectador reordena en su cabeza e intenta completarlo, aunque seguramente no valga la pena ni tengo sentida. Al fin y al cabo, cuadro a cuadro, Asun Valet se afirma en una idea: la firme voluntad de romper el mar.

 

Márgenes activos. Asun Valet. Torreón Fortea. Ayuntamiento de Zaragoza. Hasta principios de marzo. Este texto figura en el catálogo de la muestra.

PÉREZ MORTE SE TOMA UN RESPIRO

PÉREZ MORTE SE TOMA UN RESPIRO

Recibo una carta de Antonio Pérez Morte, que dice que se toma un respiro. Ha sido uno de los pioneros y uno de los grandes avanzados del blog. No hay más que acercarse al suyo, tan repleto de amigos, de propuestas, de temas, de confidencias, de curiosidad. Antonio Pérez Morte, desde Sabiñánigo, es esencialmente un hombre bueno, un trabajador, un soñador de la palabra y de la cultura. Y yo sospecho que este adiós solo es un hasta luego. Abrazos. Se despide con este texto:

HASTA SIEMPRE

Por Antonio PÉREZ MORTE

Cuatro meses con un pie en el aire y otro en el alambre dan para mucho:  Amplían el campo de visión, ayudándote a calcular distancias y a mirar las cosas desapasionadamente, de forma más objetiva. Cuatro meses con un pie en el aire invitan a volar por libre, a buscar las alas de la verdad en nuevos sitios, aunque para ello estés obligado a abandonar las otras alas, ortopédicas y falsas como tantas otras cosas, como tantas palabras.  

La poesía quizá, nada más, concebida como terapia o  válvula de escape dormirá en los cajones del escritorio de mi estudio, junto a los objetos de meditación o relajación, como los libros de Castilla del Pino o los discos de Lair Ribeiro.

Voy a dejarlo aquí. No tengo ánimo ni ganas y me niego  a continuar  forzando más republicaciones. ¡Nunca supe hacer trampas! No habrá más artículos, estudios ni reseñas.  ¡Quizá así evite su desfase y su pérdida por estudios, salas de redacción o gruesas carpetas!   

Voy a quedarme a solas sin trazarme objetivos, sin metas. Voy a quedarme con los de siempre y con los de afuera: Aquellos que desde lejos,  y a cambio de nada, te brindan la posibilidad de poner en pie los viejos sueños.  

Voy a encerrarme con mis poemarios por un tiempo  y voy a trabajar con la paciencia y la precisión de los viejos orfebres, por si un día, en esta lotería cotidiana y absurda de la vida me cae, como premio a mi constancia y tesón, un cáncer de colon, de pulmón o de próstata y alguien (como siempre)  se acuerda de mi o de mi viudita, para brindar por mí y sacar a  la luz un tomo inmenso...        

¡Gracias por vuestra fidelidad durante estos años!  ¡Gracias por acompañarme hasta aquí!  ¡Hasta siempre!   

*La fotografía es de Luminosity.

RETRATOS DE FÉLIX DE LA CONCHA

Félix de la Concha es un pintor leonés, nacido en 1962, que vive entre Iowa City y Madrid. Posee una obra importante, y forman parte de ella numerosos cuadros de escritores. Aquí selecciono algunos:

Manuel Gutiérrez Aragón, que se ha retirado del cine para centrarse en la literatura.

Juan Cruz, que ganó el premio Comillas de ensayo y es un trabajador incansable de la literatura y del periodismo. Un prosista que tiene algo de viajero curioso y ubicuo, de conversador infatigable.

Juanjo Millás, que ameniza los viernes de ‘La Ventana’, junto a Gemma Nierga, con un estilo muy peculiar y su curiosa manera de pronunciar-no pronunciar las eles.

Julio Llamazares, el hombre que estuvo en Ainielle y que recorrió las catedrales españolas. Un tipo estupendo.

Y Almudena Grandes, autora de 'El corazón helado'. Una escritora apasionada por su oficio.

DIÁLOGOS: MANUEL GUTIÉRREZ ARAGÓN

DIÁLOGOS: MANUEL GUTIÉRREZ ARAGÓN

MANUEL GUTIÉRREZ ARAGÓN

"Aquí quiero ser un narrador puro y duro, con el ritmo narrativo de la oralidad"

 

Hace unos días, en la librería Los Portadores en compañía del catedrático José-Carlos Mainer, el cineasta Manuel Gutiérrez Aragón presentó 'La vida antes de marzo' (Premio Herralde de Novela), su primera novela donde se aproxima al radicalismo islámico y al 11-M. Este es un resumen de la conversación que mantuvimos para ‘Heraldo’ y para ‘Borradores’.

Pero, hombre, ¡a quién se le ocurre: dejar el cine por la literatura!

Me lo he pasado realmente bien. En el fondo, he recuperado mi primera vocación.

¿Por qué lo dice?

Mi primera vocación fue la de ser escritor, pero esa vocación quedó subsumida bajo mi ocupación de director de cine. Cuando era joven tenía un profesor, Samuel Gil i Gaya, que me estimulaba mucho. Era represaliado de la República, un filólogo con una gran sensibilidad. Él me animaba a escribir. De hecho, en 1961 me trasladé a Madrid con la idea de matricularme en la Escuela de Periodismo, lo más próximo a las letras, pero como estaba cerrada me apunté al cine. Y el escritor quedó debajo…

¿Y no se sintió tentado a escribir entre película y película?

No porque yo me cargo las pilas del cine mientras hago las películas y las preparo. Y ahora, con 'La vida antes de marzo', tengo la sensación de que retorno a la juventud, de que recupero el tiempo perdido donde lo había dejado. O sea, que me he sentido muy joven.

¿Se había imaginado que iba a ganar un premio tan importante con una primera novela?

En absoluto. Aborrezco tener que competir, pero al final acepté presentarme. Es muy estimulante obtener un galardón que antes obtuvieron autores como Enrique Vila-Matas, Javier Marías, Félix de Azúa, Roberto Bolaño, etc., y editar en el sello Anagrama.

¿Por qué le interesó el 11-M?

Quizá porque es una tragedia distinta, un atentado terrorista brutal que nos ha cambiado la vida un poco a todos. El terrorismo me repugna, y creo que lo demostré en mi última película: 'Todos estamos invitados' (2008), aquello fue como un deber cívico. Pero en realidad, creo que la novela no va exactamente ni sobre el terrorismo ni sobre el 11-M…

Usted, dirá, entonces…

Creo que 'La vida antes de marzo' [se presentó ayer en Los Portadores de Sueños] narra un encontronazo entre un mundo ajeno, el islamista, y el nuestro. En el libro se habla del rechazo y de la fascinación que ejerce. Hubo un momento que pensé que me metía en un peligroso jardín. Y también aborda el límite de la inocencia.

¿A qué se refiere?

La novela cuenta dos historias: la de Martín, que se enamora -en un medio rural como el de la mayoría de mis películas, próximo a Santander y a Asturias-, de una joven musulmana. Y la de Ángel, que vive en un ambiente urbano y convulso, y tiene un amigo íntimo que es un islamista radical.

Esos dos hombres, Martín y Ángel, se reúnen en un tren circular que da la vuelta al mundo, que no se detiene nunca, y comienzan a contarse cosas…

Sí, cuentan sus vidas, recrean su intimidad. Yo aquí quiero ser un narrador puro y duro, próximo a la inspiración oral, con ese ritmo narrativo. Y más aquí. El tren es como una gran metáfora…

¿Una metáfora de un mundo siempre en marcha, de un viaje a la memoria que no se detiene?

No sé si tanto, aunque la idea es bonita. Esos dos hombres se emborrachan en el interior de un tren moderno, futurista, y se lo cuentan todo sin tapujos. El alcohol aquí es decisivo para que los dos hablen de su intimidad y de sus secretos.

La primera historia especialmente parece más rápida, y más deudora del cine, de su propio cine. ¿O no?

En mi cine también había claros ejemplos de una narración desnuda y directa. Le digo una cosa: antes que los guionistas existían los narradores. Piense en Galdós, en Dickens: ellos eran anteriores al cine y contaban maravillosamente, con dinamismo, sin parar, con hechos y personajes todos el rato. En 'La vida antes de marzo' escribo con esa atmósfera oral, rápida y descarnada. Y me he divertido mucho porque soy primerizo.

*Esta foto pertenece a Terra.es.

MAX SAUCO: IMÁGENES DEL SUEÑO

MAX SAUCO: IMÁGENES DEL SUEÑO

Max Sauco es un fotógrafo ruso que manipula constantemente las imágenes y crea un mundo erótico, surrealista y onírico muy personal.

Selecciono aquí una muestra de su trabajo, marcado también por el glamour, el extrañamiento y un claro sentido poético.

Una de sus obsesiones es explorar el mundo interior.

Crea imágenes de gran impacto visual, siempre muy elaboradas.

INSTANTÁNEA INVERNAL DE BLANCA BK

INSTANTÁNEA INVERNAL DE BLANCA BK

Se ha quedado una tarde hostil y ventosa.

El cierzo corre enloquecido y agita los árboles. Parecía uno de esos días del fin del mundo. En esas andaba yo, pensando si íbamos o no al cine, cuando recibí un correo de Blanca BK, Blanca BK Gimeno, ilustradora entusiasta, en el que me anuncia que ha iniciado un nuevo proyecto con su escritor favorito, Jesús Aznar, al que además llama “mi chico”. Y para muestra un botón: esta ilustración tan invernal. Tan navideña.