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Antón Castro

EL CINE Y LA FURGONETA

EL CINE Y LA FURGONETA

Por Aloma RODRÍGUEZ

Cuando la Nissan Serena granate de mi padre era demasiado vieja para seguir haciendo viajes de Garrapinillos a Zaragoza, o de Zaragoza a Ejulve, cargada de muebles y personas, nos deshicimos de ella. Mis padres compraron la furgoneta cuando vivíamos en el Maestrazgo, después de que el motor del Seat Ibiza rojo se incendiara espontáneamente unos días después de la última revisión. Habíamos viajado los cuatro hermanos que éramos entonces, mis padres y Pluto, el perro al que tuvimos que sacrificar tiempo después. La Nissan murió de manera menos trágica. Nos había llevado a Galicia en los viajes familiares en verano. La habían abierto una Nochebuena y se habían llevado los regalos que nos había traído Papá Noel en la esquina de la avenida Goya esquina con la calle del Carmen.

Después mis padres cambiaron de coche varias veces: era como si no encontraran el sustituto ideal. Eran demasiado pequeños, se rompían o acababan en el desguace tras un accidente del que mi madre salió ilesa de pura casualidad. Al final se decidieron por un modelo de Peugeot de siete plazas: los cinco hermanos y mis padres. Al principio la llevaba mi padre, tenía que hacer muchas maniobras para meterla en el garaje. Tiene el freno de mano a la izquierda. Una de las pocas veces que la he conducido la dejé cruzada en medio de la carretera, frente al campo de fútbol de Garrapinillos. Uno de los conductores a los que bloqueaba el paso, quitó el freno de mano. Mi hermano iba de copiloto, había girado la cabeza para que no le reconocieran. Ahora la lleva mi madre y dice que le gusta mucho, que es más alta y tiene mejor visibilidad.

Aunque la tenemos hace dos o tres años, creo que nunca habíamos ido los siete juntos en el coche hasta hace unos días. Coincidió con el día de Navidad. Mi hermano mayor y yo habíamos dormido en casa de mis padres esa noche. Mi padre quería ir al cine. Mi hermano pequeño quiso venir esta vez. Subimos al coche: Sara y yo entramos por el maletero, mis hermanos iban en la fila de en medio y mi padre conducía con mi madre al lado. Por un momento pensé que me gustaría que fuéramos a hacer un viaje largo, a Galicia, aunque ninguno de nosotros lo pasara bien allí. Me sentía segura y feliz. Discutimos por la película que queríamos ver y nos decidimos por la uruguaya que pasaban en los Renoir. Ocupábamos toda la fila seis.

 

*Este texto es de la escritora y fotógrafa Aloma Simpé, que acaba de fundar el grupo El Apartamento con Ana Fernández, y ya han preparado las primeras maquetas. Hace unos días Miguel Mena pinchó el tema ‘El gol de Pirri’, dedicado al delantero centro del Garrapinillos juvenil del pasado año, que marcó más de 25 goles. En la foto, la estupenda actriz Antonella Costa, determinante en el curso de la acción de 'Mal día para pescar', la película uruguaya a la que alude Aloma Rodríguez.

'CASO GOYA' DE SOTO & MARTÍNEZ

'CASO GOYA' DE SOTO & MARTÍNEZ

Dato primitivo 4 _ 1781: CASO GOYA
Hasta el 28 de febrero de 2010
Fundación Lázaro Galdiano

Con motivo de la celebración del primer centenario del palacio que sirve de sede tanto a la Fundación Lázaro Galdiano como al Museo, el Ministerio de Cultura ha querido sumarse a este evento realizando un encargo excepcional. Montserrat Soto y Áurea Martínez han sido las responsables de su creación: una video-instalación en la que Francisco de Goya se convierte en protagonista y reivindica al pintor creativo frente al pintor de encargo. 


Dato primitivo 4: CASO GOYA es una video-instalación, con unas características de lenguaje entre el teatro, el cine y el video, que rememora un episodio que tiene lugar en el número 11 de la calle del Coso de Zaragoza el 12 de abril de 1781, es decir, en un lugar preciso y en una fecha concreta.

El espectador observa desde la habitación contigua cómo Francisco de Goya, furioso y agraviado, valora la evolución de su acto creativo y rechaza todo tipo de intromisión en la obra que ejecuta por encargo de la Junta de Fábrica de la Basílica del Pilar de Zaragoza: la pintura de la cúpula Regina Martirum. Goya reclama la libertad en el desarrollo de su trabajo porque de otra manera entiende que renunciaría a la dignidad de artista y se expondría «a no poder hacer uso de su talento» [Fragmento tachado en el borrador del Memorial que se encuentra en Cartas y papeles de Goya, manuscrito de la Biblioteca de la Fundación Lázaro Galdiano de Madrid]

En Dato primitivo 4, Goya conversa con su amigo Martín Zapater, que le asesora en la redacción de una carta destinada a Matías Allué, Administrador de Fábrica del Pilar. Tras la discusión que mantiene con Zapater, en la que no cesa de reivindicar al pintor creativo frente al pintor de encargo, Goya, siguiendo los consejos de su fiel amigo, se doblega y acepta los cambios que le exige la Junta....

 

Autoras_ Montserrat Soto y Áurea Martínez
Producción_ Ministerio de Cultura
Documentación_ Montserrat Soto
Guión y dirección_ Áurea Martínez
Reparto_ Jorge Asín como Francisco de Goya 
              Gabriel Moreno como Martín Zapater
Director de Fotografía_ José Carlos Ruiz
Montaje_ Áurea Martín ez y Montserrat Soto
Edición y posproducción_ José Carlos Ruiz Cantarero y Montserrat Soto
Duración_ 10minutos y 25 segundos


Pases cada 15 minutos
Sala de Exposiciones de la Fundación Lázaro Galdiano


Fundación Lázaro Galdiano
Serrano, 122
28006 Madrid
Tel: 91 561 60 84
Fax: 91 561 77 93
biblioteca@flg.es
http://www.flg.es

*Esta información corresponde al Ministerio de Cultura y a la Fundación Lázaro Galdiano. La participación aragonesa en el proyecto es obvia: va desde las directoras hasta los actores. En la foto, vemos un autorretrato de Francisco de Goya.

CRÓNICA DE TRES ENCUENTROS

CRÓNICA DE TRES ENCUENTROS

La bella rotonda del Gran Hotel es como el segundo plató de Borradores. Ayer grabamos (este plural encierra también a Diego, un activo operador de cámara, y a Yolanda Liesa, nuestra ayudante de realización, una mujer dulce, trabajadora y talentosa) allí dos entrevistas: a Mercedes Yusta, profesora zaragozana de Historia en la Universidad de París y autora de ‘Madres coraje contra Franco’ (Cátedra), libro que presentó ayer en Cálamo, y a Eva Armisén y a Marc Parrot, que acaban de publicar un álbum ilustrado, ‘¿Qué me está pasando?’ (Lumen), que se presentó en Ámbito Cultural.

 

Mercedes Yusta recordó la importancia de la Unión de Mujeres Españolas en su doble lucha desde el exilio: en ese contexto, sobre todo en Francia, a partir de 1945, con todas sus vinculaciones con las organizaciones antifascistas y comunistas, antes de convertirse en un satélite del comunismo en la órbita de la Guerra Fría, y recordó a mujeres como Neus Catalá o a la guerrillera Margarita Sánchez. Mercedes Yusta también habló de su colaboración clandestina sobre todo en las cárceles y en la esfera de la guerrilla. Dijo que le gustaría seguir trabajando sobre los maquis, tras el libro ‘La guerra de los vencidos’ y la publicación de su tesis doctoral, y reveló que ahora no escribe poesía sino relatos cortos. Mercdedes Yusta, madre de Maya (que cumplía cuatro años el lunes, y lo celebró en tres ciudades: Valladolid, de donde es su padre Javier Martín, en Madrid y en Zaragoza), está muy feliz con su trabajo, acaba de cambiar de distrito universitario, y con su residencia en París.

 

Eva Armisén y Marc Parrot son una pareja muy simpática. E hiperactiva. Marc hace sus propios discos, escribe canciones para otros, produce (ha colaborado con Facunda, un personalísimo grupo que tiene una bonita voz: la de Nieves Arilla) y además realiza una gira que conmemora los 50 años de la nova cançó. Eva siempre anda de aquí para allá con su pintura expresionista y naïf, claramente narrativa, sobre las cosas cotidianas. Marc cantó tres temas de su álbum, que incluye un cedé. Y uno de los temas lo cantó en catalán. Se dio la feliz casualidad de que en ese momento no entró nadie en el gran salón de espejos.

 

Durante muchos años, nuestra embajadora en el hotel fue Clara Lorén, hija del escritor y médico Santiago Lorén, que llegó a cedernos una suite para grabar una entrevista: recuerdo especialmente las que hicimos con Jean-Claude Carriere, el escritor y cineasta de Buñuel, y con el filósofo Gustavo Bueno. Ahora, nuestra embajadora, también encantadora y afectuosa es la bilbilitana Arancha Moliner. Gracias a ambas y gracias a todo el equipo del Gran Hotel, ese espacio para la leyenda donde otro guionista de Luis Buñuel, Julio Alejandro, se sentía como en casa: como en una habitación de espumas donde por la noche se oía el rumor del mar.

 

*Por la mañana, me cité con Agustín Sánchez Vidal, que prepara su tercera novela, saldrá en febrero en Espasa Calpe, y que acaba de jubilarse de la enseñanza a los 61 años, que no aparenta, tras 38 años ininterrumpidos dando clases. Agustín, me decía, ha sido muy feliz en la enseñanza, ha aprendido mucho de los alumnos, percibe que tienen un agudeza audiovisual estupenda. Y lo ha dejado porque como a otros se lo han ofrecido (cuando se llevan 35 años en la enseñanza y se han alcanzado los 60 años), y porque tienen en mente algo que le apasiona: contar historias. Seguir contando historias. Me trajo dos bellos regalos: un libro del fotógrafo Alfonso y las crónicas culturales del poeta Gerardo Diego, acaso el gran virtuoso del 27. El domingo saldrá una entrevista extensa con Agustín en ‘Heraldo domingo’. [Esta foto de Agustín Sánchez vidal es de Esther Casas, a la que el escritor admira mucho. Ayer conoció a otro fotógrafo especial: José Miguel Marco].

 

UN ÁLBUM DE SENTIMIENTOS

UN ÁLBUM DE SENTIMIENTOS

El álbum ilustrado es un libro muy especial. Por sus características formales, suele tratarse de un volumen donde tanto el texto como la ilustración son igual de importantes: son autónomos, se complementan y además se completan. Así nace un libro equilibrado, armonioso, donde nada está ahí por estar, donde nada es aleatorio. O puede ser aleatorio como cualquier dibujo o cualquier texto, pero unidos, amasados con cierta elegancia o belleza, texto y dibujo forman una unidad rotunda.

En el caso de ‘¿Que me está pasando?’ (Lumen, 2009), de Marc Parrot y Eva Armisén, esa unidad es indisoluble: no sé si fueron antes los textos, transformados en canción, o los dibujos, pero encajan y cuajan una idea, una propuesta, un libro sin duda de iniciación, de aprendizaje sentimental, a través de seis ideas o palabras: la vergüenza, el miedo, el amor, la rabia, el egoísmo y la añoranza, aunque aquí los autores utilizan la expresión ‘echar de menos’. Todos son términos ligados a la identidad del niño, a los sentimientos, a la configuración de un carácter, al crecimiento. Y a la vez son impulsos espontáneos: la vergüenza se experimenta en muchas ocasiones, cuando uno tiene amor propio y lo pillan en un renuncio o en una mentira, ahí la cara se le puede poner como roja como un tomate… El miedo ayuda a crecer, y es algo que se te impone no sabes por qué, pero ahí está, con sus ganzúas, con sus estrépitos, con su vendaval de sombras. El amor es un sentimiento especial y maravilloso, es un milagro constante, una pulsión perenne que nos ennoblece y que, además, según la óptica de Marc y Eva, está vinculada a la pureza, al candor, a lo irremisible: uno se enamora casi por real decreto, porque lo ha querido el viento, o nos han atrapado y excitado unos ojos, un movimiento de caderas, una forma de reír, la manera de modular las palabras o de contar chistes.

La rabia forma parte de nuestras reacciones y, generalmente, no dignifica a casi nadie. Tampoco aquí: la rabia es un vómito, una descarga, un ejercicio de rudeza imparable, y su campo semántico no admite benévolas florituras. Igual que el egoísmo, que aquí es pariente del narcisismo, de la soberbia, de la intolerancia y de la ausencia de solidaridad. Nos hablan de un niño voraz cuya palabra favorita es mío, un mío tan posesivo que resuena como el eco en los confines: mío, mío, míoooooooo… El egoísmo denota incapacidad para saber vivir con los otros: en el fondo tiene algo de forma de hostilidad que no cesa.

Y si el amor era estimulante y se movía entre la timidez, el pudor y la exaltación, la añoranza –o nostalgia, o melancolía- es la apología del cariño. La afección por las pequeñas cosas. Aquí, Marc y Eva no exageran con su carga negativa, con el dolor que acarrea, aluden a ese lírico y delicado “echar de menos”. Esta pieza, este relato, esta canción es particularmente emotiva dentro de un conjunto que emociona todo el rato, que es instructivo sin ser moralista y sin buscar la moraleja, que usa el ingenio, la candidez, la alusión más que velada, la felicidad propia de la escritura.

Si lo anterior, en buena parte se lo podría atribuir a Marc Parrot, el trabajo de Eva Armisén merece un subrayado especial. Sin querer resultar anecdótico, a Eva podríamos definirla como la artista de la sonrisa permanente. Sus personajes, casi siempre niñas que no se precipitan mucho más allá de la adolescencia (no tienen prisa en envejecer), son felices. Juegan. Crean. Asimilan con frescura el mundo cotidiano. Se afanan en la felicidad. Tienen un hilo luminoso de complicidad con la vida. Su estética está entre la búsqueda del rasgo esencial, primitivo y esquemático del niño (y ahí se aproxima mucho al arte contemporáneo), y cierta brutalidad natural y un aire naïf siempre trascendido. Y aquí, en este universo y en este álbum ilustrado, Eva Armisén ha logrado que todo funcione a las mil maravillas: las niñas y los niños, los árboles, los perros, las coletas, la pícara caída de ojos, esa boca llena de serpientes o víboras de ira, esa playa con sombrillas y barcos que se construye en una larga melena de arenas y espumas… Una de las piezas más sugerentes es la última: esa niña tendida, con una margarita o una rosa en el pelo, que sueña con el beso nocturno de sus padres, que casi la emparedan entre sus labios.

He leído en algún lugar que a Eva Armisén le ha marcado en su infancia Gloria Fuertes y Guillermo Brown. Sin duda: en sus dibujos atrevidos, expresionistas, se perciben ecos de aquel mundo de rabiosa sinceridad y casi de divertido atolondramiento. Los personajes de Eva y Marc pueden ser patéticos, desaforados, incluso ridículos, pero lo son con sinceridad, de un modo visceral, sin falsa teatralidad.

El libro se completa con un disco de Marc Parrot de las seis canciones. Es un disco suyo: experimental, juguetón, serio y divertido a la vez, de varios estilos, incluso hay un toque de rock clarísimo. Las seis canciones nos devuelven al gran músico que es, al gran productor, al heterónimo  y padre de ‘El chaval de la peca’.

Termino: he hablado de varias parcelas de este estupendo álbum ilustrado. Pero hay otra muy valiosa: este es un libro con mucho humor. Cuando lo lees te sientes pariente de los protagonistas. Cuando lo lees no puedes reprimir una sonrisa e incluso alguna carcajada. Y, lo que aún es mejor, tienes la certeza de que alguien con talento, alguien que ha medido sus intenciones ha pensado en ti, tenga uno la edad que tenga, para contagiarte su ternura, su alegría, su defensa de los sentimientos y el camino hacia la felicidad. Y eso siempre es impagable.

‘¿Qué me está pasando?’, que también tiene edición en catalán, en un hermoso ejemplo de inspiración, de simbiosis y de divertimento.

 

¿Qué me está pasando? Textos y canciones de Marc Parrot. Ilustraciones de Eva Armisén. Lumen. Barcelona, 2009.

[Este libro se presentaba esta tarde en Ámbito Cultural de El Corte Inglés con la sala llena de público y de niños. Presa de la emoción, Eva Armisén orilló las lágrimas y dijo que este libro le había permitido tender puentes entre sus hijos Berta y Bruno y sus padres. Marc Parrot, que está realizando una gira de 50 años de la nova cançó, interpretó cuatro canciones. La gente les aplaudió a rabiar y disfrutó de lo lindo. Al final, Eva Armisén sacó su caja de rotuladores y empezó a firmar. Sus dibujos, sus niñas y sus niños, con vergüenza o con miedo, o tal vez enamorados, la miraban con auténtico embeleso desde su lugar en las paredes. En la foto, vemos a Marc Parrot y a Eva Armisén con su libro en la mano.]

 

 

SCHEREZADE, VISTA POR JOSEMA CARRASCO

SCHEREZADE, VISTA POR JOSEMA CARRASCO

Josema Carrasco es un ilustrador incansable. Acabo de recibir un dibujo de uno de Scherezade, la esposa del rey Schariar. Ella es una formidable narradora de historias: aguanta mil noches y una noche, y deja desvelado a un monarca que había decidido vengarse de todas las mujeres tras haber sido traicionado por una de sus esposas.

 

Me encanta la ilustración y me encanta esta mujer, que simboliza la pasión de contar, la estrategia de la seducción a través de los relatos.

SUSANA VACAS, SEGÚN VICENTE ALMAZÁN

SUSANA VACAS, SEGÚN VICENTE ALMAZÁN

Vicente Almazán también tomó fotos en color de la nueva aventura artística de Susana Vacas en los cristales del Babel.

ALMAZÁN Y VACAS / 2

Una foto en color de Vicente Almazán: Susana Vacas en acción con sus dibujos y diseños en los cristales del Babel de Marta Navarro y Sergio Abraín.