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Antón Castro

NOCHES DE JUGLARES EN PARQUE DELICIAS

NOCHES DE JUGLARES EN PARQUE DELICIAS

NOCHES DE JUGLARES 09

 

En el Parque Delicias de Zaragoza.

Día 4 de junio, 22 horas

TomaTeatro666 presenta a Gabriel Caballero en La Tabaquería, sobre poemas de Fernando Pessoa.

Franco Deterioro y Jaime Lapeña, con las canciones de su espectáculo Lo cortés no quita lo indecente.

Essauira, danzas orientales.

 

Día 11 de junio, 22 horas

Luis Felipe Alegre recuerda a José Agustín Goytisolo

Iñaqui Fernández: Mi versión de tu canción

 

Día 18 de junio, 22 horas

Antón Castro: Poemas y Relatos

Daniel Rabanaque, Don Nadie y Zombra: Poesía-Música-Imagen

*

El ciclo Noches de Juglares está organizado por la Junta Municipal Delicias, el CC Terminillo.

Coordinación artística y presentación: El Silbo Vulnerado.

*Sarah Bernhard, retratada por Félix Nadar.

'AFINIDADES': FÉLIX ROMEO EVOCA A PEDRO VILA

'AFINIDADES': FÉLIX ROMEO EVOCA A PEDRO VILA

Esta tarde, a las 20 horas, en la galería Aragonesa del Arte, que dirigen Montse y Mariano, se inaugura la exposición ‘Afinidades’, que coordina Chus Tudelilla. En ella un artista y un escritor colaboran. Las parejas se han formado así: María Buil-Ismael Grasa; Gonzalo Tena-Alejandro Ratia; Enrique Larroy-Manuel Vilas; Fernando Sinaga-Jesús Jiménez Domínguez, y Lina Vila-Félix Romeo. Ambos, Félix y Lina le rinden homenaje a Pedro Vila, padre de Lina, a quien Félix no llegó a conocer, o quizá lo viera fugazmente en Albarracín, pero sí lo ha adivinado a través de sus sueños, de sus poemas y de sus secretos. Y de lo que le han contado. Este es un hermoso texto. Yo he conocido mucho a Pedro Vila: siempre me pareció un hombre estupendo, apasionado por Aragón, por la cerámica, por la cultura. Un hombre sin pereza que admiraba profundamente a un maravilloso hombre del tiempo: Eduardo Lolumo. Siempre me lo decía. Insisto: he aquí el texto de Félix Romeo para ‘Afinidades’. La imagen, un poco pequeña, corresponde al instante en que Lina pintaba un árbol lleno de objetos e imágenes en honor de su padre.

 

 

OCULTO EN EL BOSQUE

 

    Todo lo que sé de él me lo han contado.

    Sé que le gustaba la sabina de Villamayor.

    Sé que quería plantar un sabinar en Villamayor.

    Sé que le gustaba la flor del azafrán, y que en la guerra y en la posguerra, en Plenas, ocultaban el azafrán mientras les requisaban el tocino y el pan.

    Sé que le gustaba el alabastro. Lo consideraba una piedra preciosa y lo llamaba flor de magnolia.

    Sé que le gustaban los almeces. Y a mí me gusta la definición de “almez” del Diccionario: “árbol de unos doce a catorce metros de altura, tronco derecho de corteza lisa y parda, copa ancha, hojas lanceoladas y dentadas de color verde oscuro, flores solitarias”.

    Sé que le gustaban los olivos.

    Y los laureles.

    Y las vides.

    Y las higueras.

    Y los almendros. Y la flor del almendro.

    Y el piracanto.

    Y los sauces.

    Sé que le gustaban las películas del Oeste: El hombre que mató a Liberty Valance y La diligencia. Y puedo imaginar que le habría gustado ser John Wayne.

    Sé que le gustaba conducir su furgoneta, y que prefería viajar por carreteras secundarias que por autopistas.

    Sé que en los viajes largos no le importaba dormir en el coche.

    Se que le gustaban el pan y las nueces.

    Sé que sólo usaba colonia Pino Silvestre. En julio de 2008 recorrimos todas las perfumerías de París buscando Pino Silvestre, con su envase de cristal verde, sin encontrarla. Sí la encontramos en Pau, poco más tarde: botes grandes y botes enanos en un guariche lleno de perros de porcelana. Se llama Pino Silvestre pero huele a albahaca.

    Sé que le gustaban las aliagas, con flores amarillas.

    Sé que le gustaba la alfarería, y que coleccionaba cántaros y cantaricos: barro cocido.

    Sé que le gustaban los cántaros del alfarero Alfonso Gayán y también su huerto en Fuentes de Ebro: con higueras y con cerezos.

    Sé que le gustaban las mujeres.

    Y las monjas, como a Juan Ramón Jiménez. Pero no sé si le gustaba Juan Ramón Jiménez.

    Sé que le gustaban las pinturas de Goya.

    Sé que al garaje donde escribía le llamaba La Cueva.

    Sé que decía que le habría gustado ser pastor.

    Sé que le gustaba hurgar en los motores.

    Sé que le gustaban los lápices de carpintero de dos colores: a mí también, y ahora me gustaría tener uno para escribir este texto en rojo y en azul.

    Sé que le gustaba navegar en barco, e ir en la proa.

    Sé que le gustaban las margaritas.

    Y las caléndulas.

    Todo lo que sé de él me lo han contado.

    Sé que le gustaban las cigüeñas.

    Que le gustaba observar a los pájaros, y que los distinguía por su canto.

    Que le gustaban las rosas.

    Y los cipreses.

    Y el romero.

    Y el tomillo.

    Y la lavanda.

    Sé que le gustaba el espliego.

    Sé que le gustaba Lisboa y Volterra y Venecia y Albarracín.

    Sé que, de pequeño, había trabajado en un cine, vendiendo caramelos: pero no sé si eso le gustaba. No sé si fue entonces cuando se apasionó por La diligencia y por John Wayne y por las demás películas del Oeste. Tampoco sé en qué cine trabajó.

    Sé que no pudo producir películas del Oeste pero produjo documentales.

    Sé que le gustaba esta jota:

    “La niña cuando va a misa, y ole, ay, va delante de su madre y ole, ole, carretero qué jaleo lleva el tren. Parece un ramico albahaca y ole, ay, que lo bandolea el aire y ole, ole, carretero qué jaleo lleva el tren”. Pero no sé si la aprendió en el cine donde trabajaba cuando vio Nobleza Baturra.

    Sé que le gustaba Pedro Saputo, la novela de Braulio Foz. Pero no sé si le gustaba porque a Pedro Saputo también le gustaban mucho las monjas.

    Sé que le gustaba el vino, y prefería el vino joven.

    Sé que decía a menudo:

    “Dale limosna, mujer, que no hay en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada”.

    Sé que le gustaba la montaña negra de Carcassone.

 

    He mentido. Hay cosas que sé de él que no me han contado. Las he leído en los poemas que escribía en La Cueva. Ahora, mientras escribo con la mano derecha, toco con la mano izquierda uno de sus cuadernos de poemas. En la cubierta, escribió: “Los Viajes”. Y lo firmó: Pedro Vila Solanas.

    Sé que le gustaba escribir a mano.

    Y que le gustaba corregir obsesivamente: ajustar el metro y la rima, buscar variantes, cambiar palabras.

    Sé que le gustaba emplear las mayúsculas en las palabras que él creía importantes. Escribía:

    “de Lavanda y de Laurel.

    Del Laurel y del Olivo,

    de la Altea y el Almez,

    de la prolífica Higuera

    y el arrogante Ciprés”.

    Sé que le gustaban las listas. Escribía:

    “encinas, sauces llorones.

    cascajas y zarzamoras,

    lentisco, sabina y roble”.

    No sé casi nada de él, pero sé que su cuerpo de ceniza se ha mezclado con las raíces de la sabina de Villamayor.

    El primer verso de uno de sus poemas inacabados dice: “Te oculta un Bosque entero”.

 

    FÉLIX ROMEO

 

SCIANNA & ANSÓN: ALIANZAS DE FOTOGRAFÍA Y LITERATURA

SCIANNA & ANSÓN: ALIANZAS DE FOTOGRAFÍA Y LITERATURA

Encuentros PHE traerá en los próximos días 4, 5 y 6 de junio Debates en torno a la fotografía y su relación con la literatura en el Auditorio del Ministerio de Cultura

Dirigidos por Antonio Ansón y Ferdinando Scianna, se celebrarán en el Auditorio del Ministerio de Cultura.

En esta edición el programa de conferencias analizará cómo las imágenes y los textos interaccionan desde un punto de vista creativo, incidiendo sobre el papel decisivo de la fotografía en la formación de las voces de la literatura moderna

Participarán en el simposio expertos internacionales como Claude Ambroise, Roberto Andò, Federico Campbell, Paul Edwards, Alberto García-Alix, Marianne Hirsch, Gérard Macé, Philippe Ortel, Jane M. Rabb y Silvana Turzio. (Me ha encantado esta foto de Ferdinando Scianna).

CERDÁ PIENSA Y TRABAJA PARA EXPONER EN LA LONJA

CERDÁ PIENSA Y TRABAJA PARA EXPONER EN LA LONJA

 

 

Ya no veo a Pepe Cerdá, como antes. Éramos cómplices en muchas cosas. Uno no sabe nunca como se diluyen poco a poco las tertulias, los encuentros, cómo nos inundamos de quehaceres y perdemos el hilo de la complicidad o de las citas, que no del cariño. Pepe, a su manera displicente por decirlo de algún modo, es un hiperactivo: siempre trabaja, siempre anda enfangando, siempre se enfurruña un poco, teatralmente, siempre sueña, aunque este verbo no se ajuste bien a un hombre de apariencia tan pragmática. Siempre alimenta y fecunda proyectos: hace poco apadrinaba a María Buil para una exposición con otros artistas en París.

 

Pepe Cerdá, defensor a ultranza de Sorolla (¿quién puede cuestionar su mano maravillosa de pintor, su condición de alquimista de la luz?), está preparando una de las exposiciones de su vida: un gran proyecto de cuadros grandes para el Palacio de la Lonja, que se inaugurará el próximo mes de octubre durante las fiestas del Pilar de este año. Pepe se afana, casi sigilosamente, en cuadros grandes, clasicistas, cuadros de luz y de paisajes, en una gran nave industrial. De vez en cuando se asoma a su blog y escribe sus reflexiones y así, a la chita callando, medita y toma resuello. Esto es lo último que acaba de publicar:

 

En París,  hace años, trabajaba a menudo codo con codo con mi amigo chino Xiao Fan. Ambos exponíamos con la misma galería holandesa y las vísperas de las ferias y las exposiciones nos pegábamos las noches en blanco enmarcando y embalando lo que fuésemos a exponer. Él trabajaba con la misma cadencia de una máquina; yo no. Era normal. Xiao fan había salido de la china comunista al principio de los ochenta casándose con una agregada de embajada a la que daba clase de caligrafía. Hasta entonces había trabajado como sastre en jornadas interminables en una fábrica de su país. Estaba entrenado.

Yo mientras trabajaba en la noche, resoplaba, maldecía mi suerte, me paraba a fumar un cigarrillo e intentaba iniciar alguna conversación.

 Él, muy serio, me clavaba la mirada inquisitivo y me decía:

 -No pienses. ¡Trabaja!

 Desde hace meses trabajo en una solitaria nave industrial. Estoy preparando una exposición para un lugar enorme y pienso muy a menudo en la frase de Xiao Fan.

Cuando se trabaja, si se quiere ser eficaz no se debe cavilar. Se debe de pensar antes y luego ponerse a ejecutar lo pensado. Por esto no escribo tan a menudo como antes. Ahora no pienso, no cavilo, sólo trabajo.

*Este cuadro de Joaquín Sorolla, tan amado por Pepe Cerdá, se titula ’Niña’ y está fechado en 1904.

KÁROLY ESCHER: EL BAÑO DEL DIRECTOR DE BANCO

KÁROLY ESCHER: EL BAÑO DEL DIRECTOR DE BANCO

Esta refrescante foto de Károly Escher, un fotógrafo húngaro nacido en 1890 y fallecido en 1966, se llama ‘El baño del director de banco’. La encontré buscando otra cosa y me ha parecido simpática y apropiada para estos tiempos de crisis.

DAVID GUIRAO ILUSTRA A PEDRO ALFONSO

DAVID GUIRAO ILUSTRA A PEDRO ALFONSO

Recibo esta bella nota de un estupendo ilustrador y diseñador, a quien admiro muy sinceramente: David Guirao, que estrena un delicioso proyecto y lo presenta en la Feria del Libro de Huesca.

 

 

Soy David Guirao, ¿como estás?


Te escribo para comentarte que se acaba de publicar un nuevo libro de la colección Larumbe chicos de Prensas universitarias, este en 
concreto es Cuentos de la Disciplina Clericalis, de Pedro Alfonso de Huesca. Un autor tan importante como desconocido en nuestra cultura aragonesa Esta  es una obra medieval, que se conserva en su versión en latín, y que es un buen ejemplo de la encrucijada de culturas y religiones que se vivió en Aragón y en Huesca a principios del siglo XII.


Es una versión adaptada por Magdalena Lasala y lleva ilustraciones 
mías y un estudio preliminar de la profesora de la Universidad de 
Zaragoza María Jesús Lacarra, una de las mayores especialistas en 
Pedro Alfonso. La edición ha quedado francamente bien.

 

*La ilustración corresponde, lógicamente, a David Guirao.

 

DEMIPAGE PUBLICA LAS CANCIONES DE ANTONIO VEGA

DEMIPAGE PUBLICA LAS CANCIONES DE ANTONIO VEGA

(Prólogo)

Sigue a Antonio Vega y sabrás

qué ha encontrado en sus canciones

 

A Antonio Vega se le perdió algo y tuvo que hacerse compositor para ir a buscarlo dentro de sus canciones. Sus discos cuentan la historia de esa búsqueda, y aunque todo el mundo sabe que escribir es mentir, él escribe tan bien que cuando los escuchas tienes la impresión de que te cuentan la verdad, que es exactamente lo que ocurre con todos los poetas en quienes merece la pena confiar. Verdad y poeta son palabras tal vez demasiado solemnes, de manera que quizá sería mejor matizarlas: donde decía verdad podemos poner su verdad, y poeta lo podemos cambiar por poesía, porque Antonio Vega no escribe poemas, sino canciones, pero sus canciones están llenas de versos memorables y, sobre todo, tienen el ambiente de la buena poesía, están hechas de palabras esenciales y no están construidas para flotar en la superficie de las cosas sino para descender hasta su fondo. Son canciones que existen porque tienen algo que decir. Lo cual puede ser obvio, pero no es tan habitual, y no hay más que poner la radio para darse cuenta.

Antonio Vega es compositor y cantante, y a la mano del primero le viene muy bien la voz del segundo, ese brillo oscuro que tiene su tono y que él multiplica con su manera de interpretar las canciones, gracias a esa especie de emoción hacia dentro que las hace a menudo estremecedoras. De entre todos sus discos, el que prefiero es 3000 noches con Marga, porque es el que más dolor me ha hecho sentir, y el arte consiste en eso, en transformar a quien lee, escucha o mira en quien escribió, compuso o pintó, o al menos en repetir en él sus emociones.

 

El sentimiento que Antonio Vega suele dejar más a menudo en nosotros es el de la desolación, o como mínimo el de una de sus hermanas gemelas, la melancolía. A algunos, ser melancólicos los vuelve cobardes, a otros, como Antonio Vega, los vuelve unos aventureros capaces de abrir las famosas puertas de la percepción, de llegar hasta donde sea necesario para darse alcance: hay cosas que no se pueden descifrar si antes no se derriban, viene a decir en uno de sus temas más antiguos, y creo que esa idea explicaba ya en qué iba a consistir esa búsqueda vital y artística de la que hablamos y que podría definirse como un descenso hacia la luz más intensa, que es la luz del conocimiento.

Me arriesgaría a decir que todas las canciones que ha escrito Antonio Vega debieron de empezar con una pregunta, nunca con una respuesta: ¿por qué ocurren las cosas, para qué sirven?

Escribir es enfrentarse al tiempo, y él ha descrito esa lucha de una manera brillante:

 

«camino sin ver el final,

y el paso que aún no he dado ya está atrás».

 

Las mejores canciones de Antonio Vega tienen algo de himno, por mucho que él no parezca tener alma de abanderado. Más bien, parece un hombre tímido, al que le gusta esconderse en público; pero en eso no ha tenido mucho éxito, porque por más que uno lo intente, no puede esconderse en su talento. Al contrario, el talento no es un escondite sino una lupa.

 

Leyendo ahora las canciones de este libro, el tamaño de Antonio Vega como letrista aumenta, y para el lector habitual de poesía es sencillo ver el trabajo minu-

cioso que hay detrás de muchos de sus textos; su batalla por la palabra justa o la asociación inesperada, por desordenar las cosas que se oyen, agrupar los silencios y ver cada cosa a su escala real, como él dice; su capacidad para construir metáforas como el químico que elabora un perfume, logrando como por arte de magia que lo más grande quepa en lo más pequeño y la historia de muchos se pueda resumir en una línea; o, finalmente, su empeño en encontrarle otro lenguaje a las canciones, más allá de los caminos conocidos, los ecos fáciles y las rimas cómodas. La inspiración es el último recurso de los malos escritores, los buenos le ganan sus versos al diccionario, combatiéndolo página a página. Dicho eso, ya se puede decir todo lo contrario y que las dos cosas sean verdad: cuánta inspiración parece haber en sus temas más brillantes, qué momento de gracia parecen haber captado a veces sus discos.

 

Siempre me ha gustado Antonio Vega porque siempre he visto honestidad y brillantez en su trabajo. Ahora, al comprobar que quitarle el sonido a sus canciones no es quitarles su música, me doy la razón al recordarme hace casi treinta años oyendo en la radio una canción suya por primera vez y pensando: ese tipo tiene algo que no tienen los demás, y lo que escribe es especial, está lleno de poesía. Porque necesitaba oír esa poesía, no he dejado de comprar ninguno de sus discos y aunque algunos han ido cambiando de cáscara, del elepé al compacto y de ahí al mp3, su sabor es el mismo. He seguido a Antonio Vega con curiosidad, para saber qué iba a encontrar en las canciones que escribía como si cavara en él mismo. Un buen poema es siempre el mapa de un tesoro, la crónica de la aventura que sirvió para descubrirlo. Este libro es una buena noticia para los lectores de poesía, y eso no es algo que se pueda decir de demasiada gente.

 

 

 

Benjamín Prado

Madrid, marzo 2009


la chica de ayer

Un día cualquiera,

no sabes qué hora es,

te acuestas a mi lado sin saber por qué.

 

Las calles mojadas te han visto crecer

y tú en tu corazón estás llorando otra vez.

 

Me asomo a la ventana,

eres la chica de ayer

jugando con las flores en mi jardín,

demasiado tarde para comprender,

chica, vete a tu casa, no podemos jugar.

 

La luz de la mañana entra en la habitación,

tus cabellos dorados parecen el sol.

Luego por la noche al Penta a escuchar

canciones que consiguen que te pueda amar.

 

Me asomo a la ventana,

eres la chica de ayer

jugando con las flores en mi jardín,

demasiado tarde para comprender,

mi cabeza da vueltas persiguiéndote.


lucha de gigantes

 

Lucha de gigantes convierte el aire en gas natural.

Un duelo salvaje advierte lo cerca que ando de entrar

en un mundo descomunal.

 

Siento mi fragilidad.

 

 

Vaya pesadilla corriendo con una bestia detrás.

Dime que es mentira todo, un sueño tonto y no más.

Me da miedo la enormidad

 

donde nadie oye mi voz.

 

 

Deja de engañar,

no quieras ocultar

que has pasado sin tropezar.

 

Monstruo de papel,

no sé contra quién voy,

¿o es que acaso hay alguien más aquí?

Creo en los fantasmas terribles de algún extraño lugar,

y en mis tonterías para hacer tu risa estallar.

En un mundo descomunal,

 

siento tu fragilidad.

 

 

Deja de engañar,

no quieras ocultar

que has pasado sin tropezar.

 

Monstruo de papel,

no sé contra quién voy,

¿o es que acaso hay alguien más aquí?

 

Deja que pasemos sin miedo…


el sitio de mi recreo

Donde nos llevó la imaginación,

donde con los ojos cerrados

se divisan infinitos campos.

Donde se creó la primera luz,

germinó la semilla del cielo azul.

Volveré a ese lugar donde nací.

 

De sol, espiga y deseo son sus manos en mi pelo.

De nieve, huracán y abismos el sitio de mi recreo.

 

Viento que en su murmullo parece hablar,

mueve el mundo y con gracia le ves bailar,

y con él el escenario de mi hogar.

Mar bandeja de plata, mar infernal,

es un temperamento natural,

poco o nada cuesta ser uno más.

 

De sol, espiga y deseo son sus manos en mi pelo.

De nieve huracán y abismos el sitio de mi recreo.

 

Silencio, brisa y cordura dan aliento a mi locura.

Hay nieve, hay fuego, hay deseos, allí donde me recreo.


pueblos blancos

Pueblos blancos, calles empedradas,

en el cielo una explosión dorada,

a esta hora.

 

Aparentemente inofensivo

es el árbol que cuida su nido,

a esta hora.

 

A la hora de las sombras largas,

cuando nacen los hechizos,

en el campo de batalla

poco a poco se quedó dormido.

 

Negro es el perfil de la montaña,

la última gaviota surca el cielo,

a esta hora.

 

A la hora de las sombras largas,

cuando nacen los hechizos,

se confunden vencedores y vencidos.

 

Pueblos blancos, calles escarpadas,

acuarela, luz aguada,

a esta hora.

 

Pueblos blancos, calles empedradas,

en tu pelo una explosión dorada.

*La editorial de David Villanueva, Demipage, acaba de publicas las canciones y poemas de Antonio Vega, con prólogo del narrador y poeta Benjamín Prado. Publico aquí estas líneas por gentileza de la editorial. Tomo la foto de aquí: http://guillermoamoros.files.wordpress.com/2009/05/42.jpg. La foto es de Jorge Ontalba.

 

ÁNGELES PRIETO BARBA: CUATRO CUENTOS DESDE CÁDIZ

ÁNGELES PRIETO BARBA: CUATRO CUENTOS DESDE CÁDIZ

LA ASIGNATURA

 

Ha sido suspendido. Le tenía por un alumno receptivo y elocuente, pero tras preguntarle en el examen por la casuística del universo, usted me respondió con un único pronombre, femenino y singular. Así pues, coja la tiza, suba a la pizarra y escriba cien, mil veces: “No existe el amor eterno, las almas gemelas, las medias naranjas ni los polvos mágicos”.

Y esto último, subrayado.

 

ESCRITORES ACTUALES

Hacia las tres de la tarde en aquella triste ciudad de opereta no hubo escritor alguno que pudiera levantarse de la cama. Y aunque ya me olía yo que la sonrisa taimada de Urganda, tan bruja como ellos, presagiaba algún suceso excepcional, jamás hubiera pensando que, al no haber publicado nada allí,  antes de marcharse culminara su venganza con alegría e ingenio. Que se hubiera conchabado con Sigmundo el científico, bisnieto del gran psiquiatra, para convertir en sangre ardorosa lo que conocíamos como ego y que lo hubiera agolpado allí, en ese centro vital de sus cuerpos. Y que también hacia las tres de la tarde, en aquella ciudad triste, ningún escritor lamentara no poder levantarse, exhibirse ni volver a yacer con hembra alguna a tenor de sus miradas, bobaliconas y felices, dirigidas por fin al verdadero objeto de sus despliegues verbales. Porque bajo las sábanas se erguían ya sus penes portentosos, titánicos, elefantiásicos, bestiales.  

 

 MAILS DE LAZO ROJO

Al forzar el oxidado cierre, abrir el cajón, tomar aquel paquete de cartas y desembarazarlas del lazo rojo que las unía, Noelia tomó constancia de lo mucho que se parecía a su abuela. Pues asimismo ella había conservado siempre, en carpeta de nombre chusco y lejos de la papelera de reciclaje, sus correos, aquellos hermosísimos correos íntimos que desde hacía años le enviaba Juan con esperanza y pasión, desnudando el alma, bálsamo para la atroz distancia entre sus cuerpos, una distancia insalvable pues ambos estaban casados y ambos eran cobardes. Por lo que también lamentó, como había ocurrido tras la muerte de su abuela, que en vida nadie los descubriera.

 

LA PATRIA DURMIENTE O HISTORIA DE ESPAÑA

 Al bautizo de aquella Península hermosa acudieron las hadas Flora, Fauna y Primavera para colmarla de bosques, minerales, radiante sol y mieses por siempre jamás. Pero Maléfica, al no haber sido invitada al evento, le negó el amor y la condenó de por vida a liarse, cada cierto tiempo, con impresentables que la vejaran, maltrataran y despojaran de sus aderezos, radiantes bienes, asombro del Orbe. Desde entonces, la Princesa sólo es feliz cuando duerme, despreocupada por completo de que venga a despertarla algún apuesto príncipe dispuesto a chulearla. Y no digamos nada si el heredero se presenta con uniforme y aire marcial, enviado por Maléfica, para tras el beso, convertir en medallas sus joyas.

*Estos cuatro microrrelatos pertenecen a la escritora gaditana Ángeles Prieto Barba. Acaba de concluir un libro de cuentos que aparecerá en breve.