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Antón Castro

RETRATO DE POETAS

RETRATO DE POETAS

Hace unos días, el pasado viernes, Juan Marqués presentaba su poemario Un tiempo libre (La Veleta). Posó luego con algunos poetas (Almudena Vidorreta, David Mayor, Fernando Sanmartín y Jesús Jiménez Domínguez) para Aloma Rodríguez.

J. L. CINTORA PRESENTA AL CABALLERO INGLÉS VAUGHAN

J. L. CINTORA PRESENTA AL CABALLERO INGLÉS VAUGHAN

Esta tarde, a las 19.30, en Ámbito Cultural de El Corte Inglés,  la editorial Comuniter de Manuel Baile  y el estudioso y especialistade Los Sitios José Luis Cintora presentan ‘La narración de Charles Richard Vaughan del Primer Sitio de Zaragoza’. El breve e intenso volumen fue el primero que dio cuenta de la resistencia y de las espeluznantes jornadas de asedio y horror vividos en la ciudad. En cierto modo, ese libro fue uno de los que inició el mito heroico de la ciudad: tuvo tal éxito que se publicaron varias ediciones. Rescatar este tesoro, en un formato elegante, con el texto en inglés y en español, costó mucho dinero y varios viajes, uno particularmente azaroso a Nueva York, donde los promotores del bello proyecto compraron la quinta edición.

José Luis Cintora es un sabio de la Guerra de la Independencia. Posee colecciones formidables de libros, revistas, documentos y, sobre todo, de grabados, de postales y de iconografía de Los Sitios. Por su parte, Comuniter está llevando a cabo la publicación de diferentes libros de ese período, entre ellos los diarios de Casamayor.

 

Hace unos días, publicaba en el blog esta nota muy interesante de José Luis Cintora sobre este caballero inglés:

[Los zaragozanos le conocieron como “El Caballero Inglés”. Sir Charles Richard Vaughan.

En 1808 acompañó a Charles Stuart, Barón de Rothesay, como Secretario de la Delegación Británica ante la Junta Central Española durante la Guerra de la Independencia.

Vino Zaragoza el 18 de octubre de 1808 junto al coronel Carlos G. Doyle, permaneciendo en nuestra ciudad hasta el día 30 de ese mismo mes, luego acompaño a Palafox cuando salió este hacia Navarra.

A su regreso a Madrid, fue enviado a Salamanca portador de despachos relacionados con la Batalla de Tudela (23 de noviembre) y destinados a Sir John Moore.

En diciembre de 1808 regresó a Inglaterra y, una vez allí, Charles R. Vaughan, publicó la Narrative of the Siege of Saragossa”. Era tal la admiración de las gentes de Europa sobre la gesta llevada a cabo por los defensores de Zaragoza en su lucha contra el poderoso ejército de Napoleón, que en poco más de un año se llegaron a realizar hasta nueve ediciones de este pequeño libro.

En las fechas de su publicación, Zaragoza estaba soportando el terrorífico segundo asedio del ejército francés, (del 21 de diciembre de 1808 al 20 de febrero de 1809).

Justamente ese día, 25 de enero de 1809, fecha de la primera edición de este libro, en la ciudad se da la orden de: “para evitar el hedor de tanto muerto, pues se hallaban hacinados en los atrios de las iglesias y otros parajes, se enterrasen prontamente sin caja y en sepulturas comunes de nueve palmos de hondas (F. Casamayor)”. Se están produciendo de 200 a 300 muertos diarios. La situación en Zaragoza es dantesca, los brutales bombardeos desde todas las baterías que rodeaban la ciudad causan innumerables incendios que los defensores son incapaces de sofocar. Especialmente doloroso y trágico es el del Palacio de la Diputación General del Reino. En estos mismos días, el serrablés Pedro Villacampa, teniente coronel del 2º Batallón Ligero de Voluntarios de Aragón, defiende con singular arrojo el convento de Las Mónicas;  se produce la  heroica defensa del pulpito de San Agustín; se pierde la Puerta del Carmen y el Convento de Trinitarios; y,  entre otros avatares, comienza la horrible guerra de  minas y contraminas.

Tanto Doyle como su lugarteniente Cavendish y el mismo Vaughan traían una misión informativa: hacer un exhaustivo acopio de datos que debían de servir al Gobierno Británico para medir y meditar su ayuda. Estos caballeros ingleses miraron con enorme simpatía al pueblo zaragozano, quedando perplejos ante su imponderable valor. Charles R. Vaughan tenía un amplio conocimiento de España, siempre tuvo una visceral relación con nuestro país. Más adelante pasaría estancias prolongadas de las que escribiría sus diarios.

 Vaughan buscó en el entorno de Palafox,  y de otros personajes de influencia social de la ciudad, la información necesaria para transmitir al Gobierno Británico lo acontecido en el Sitio de Zaragoza, recabando preferencias y opiniones.

Hizo gran amistad con Dª Consolación de Azlor, Condesa de Bureta, mujer muy inteligente, inquieta y tremendamente activa que en las tertulias de sus salones, se preocupó de explicar a los ojos extranjeros toda la grandeza heroica del asedio sufrido. Para Vaughan, el personaje más interesante después de Palafox sería la Condesa. En ella simbolizó el heroísmo zaragozano, mereciéndole auténtica admiración.

En el prefacio de esta Narrative”, solicitó: “la indulgencia que la ejecución precipitada de este trabajo requiere, será concedida más fácilmente, ya que el poco beneficio que pueda generarse con su venta, irá destinado al alivio de los habitantes de Zaragoza”. El 14 de septiembre de 1813, Charles Vaughan escribía a la Condesa de Bureta, enviándole junto a la carta los quinientos pesos fuertes que obtiene de la publicación, rogando que sea ella, “que en medio de los mayores peligros ha dado a sus paisanos un ejemplo nada equivoco del mas distinguido valor y patriotismo”, se ocupe en repartir, según su criterio, entre las víctimas de la guerra.

Solamente nos han llegado los nombres de unos pocos, el resto están totalmente olvidados, pero estos miles de héroes anónimos, lograron para Zaragoza los títulos de Nobleza, Heroísmo y Lealtad que la ciudad ostenta en su escudo.

Esta pequeña narración de apenas 40 páginas, fue la primera publicación que hizo saber al mundo los heroicos y horribles días vividos en el Sitio de Zaragoza. Hoy por fin, al cabo de 200 años, lo presentamos por vez primera, traducido al español.]

Esta obra, con el mariscal Lannes como gran protagonista, pertenece a la colección de José Luis Cintora.

 

 

PABLO NERUDA: UN POEMA DESDE AURORAINE

PABLO NERUDA: UN POEMA DESDE AURORAINE

Desde Argentina, Auroraines pone un enlace con mi blog. Entro -http://auroraine.blogspot.com- y veo, entre otras muchas cosas, este poema de Pablo Neruda. Lo ilustro con el hermoso rostro de la joven Anne Hathaway, la gran actriz que se llama igual que la mujer de William Shakespeare, madre de sus dos hijos.

 

 

Quiero que sepas

una cosa.

 

Tú sabes cómo es esto: si miro

la luna de cristal, la rama roja

del lento otoño en mi ventana,

si toco

junto al fuego

la impalpable ceniza

o el arrugado cuerpo de la leña,

todo me lleva a ti,

como si todo lo que existe:

aromas, luz, metales,

fueran pequeños barcos que navegan

hacia las islas tuyas que me aguardan.

 

Ahora bien,si poco a poco dejas de quererme

dejaré de quererte poco a poco.

 

Si de pronto me olvidas

no me busques,

que ya te habré olvidado.

 

Si consideras largo y loco

el viento de banderas

que pasa por mi vida

y te decides

a dejarme a la orilla

del corazón en que tengo raíces,

piensa

que en ese día,

a esa hora

levantaré los brazos

y saldrán mis raíces

a buscar otra tierra.

 

Pero

si cada día,

cada hora,

sientes que a mí estás destinada

con dulzura implacable,

si cada día sube

una flor a tus labios a buscarme,

ay amor mío, ay mía,

en mí todo ese fuego se repite,

en mí nada se apaga ni se olvida,

mi amor se nutre de tu amor, amada,

y mientras vivas estará en tus brazos

sin salir de los míos.

 

Poema: Pablo Neruda

 

ENRIQUE VILA MATAS: EN BUSCA DEL CATÁLOGO PERDIDO

ENRIQUE VILA MATAS: EN BUSCA DEL CATÁLOGO PERDIDO

[En la edición de El País de Cataluña, Enrique Vila-Matas publica este interesante artículo ‘En busca del catálogo perdido’. Habla de que le molesta la expresión ‘Velocidad de crucero’, una expresión que yo he utilizado mucho para referirme a los corredores de 1.500 capaces de llevar un buen ritmo de carrera y a los que les solía faltar un buen esprint final. El ejemplo español de los 80 era el cántabro José Manuel Abascal, que solía podía ganar una carrera llevado una elevada velocidad de crucero y haciendo un ataque desde lejos, desde los 500 últimos metros en su caso. El artículo de Enrique, desde luego, no habla de eso, habla de libros, de formas de leer, de títulos, de autores, de curiosidades, de felices anecdotarios que Enrique transforma a su antojo, con esa maestría que le ha dado el destino. No estoy seguro del todo que este desnudo sea, de veras, el de Rita Malú.]

 

EN BUSCA DEL CATÁLOGO PERDIDO

Por Enrique VILA-MATAS

1. No sé quién dijo que la cultura comienza con la lectura de catálogos de libros. Es muy posible. Es más, conocí una vez a alguien muy culto que era un experto en inventarios de todo tipo y los coleccionaba con una pasión tan desbordante que siempre sospeché que únicamente leía eso. Llevo años construyendo un catálogo de lo que me gusta y lo que no me gusta. Es un extenso y meticuloso inventario de amores y repulsiones, que algún día creo que publicaré: habrá sorpresas.Me acuerdo de la lista que hizo Barthes en su libro autobiográfico: "Me gusta: la lechuga, la canela, el queso, los pimientos, Haendel, los paseos mesurados, la sal cruda, las novelas realistas, el piano, el café (...) No me gustan: los perros falderos blancos, las mujeres en pantalones, los geranios, las fresas, el clavicordio, Joan Miró, las tautologías, los dibujos animados, los mediodías, la fidelidad, las veladas con gente que no conozco...". Es verdad que la lista de lo que nos gusta carece de importancia para la mayoría de la gente y aparentemente, además, no tiene sentido. Y sin embargo, decía Barthes, ese me gusta y ese no me gusta significa algo; quiere decir que nuestro cuerpo no es igual a los otros cuerpos y que podría hablarse de una especie de intimidación del cuerpo, que obliga al otro a soportarnos liberalmente, a permanecer silencioso y cortés ante goces o rechazos que no comparte. No podemos matar al otro porque nos moleste su forma displicente de mirar al mar, por ejemplo. Y en cambio, sí matamos tranquilamente a una mosca si nos fastidia. Y si no la matamos, dice Barthes, es por puro liberalismo. Total: que somos liberales para no ser asesinos. Eso me recuerda que ayer, en la sesión televisada del Parlament, oí a un orador que, a propósito del problema universitario, recurrió a la expresión "velocidad de crucero" para decir no sé qué sobre el plan de Bolonia. Lo hubiera matado. Me saca de quicio que se utilice esa expresión, "velocidad de crucero", para cualquier cosa. Me parece una horterada y no sé bien por qué.

Lo cierto es que no soporto oír a alguien decir "velocidad de crucero" y he incluido esa expresión en mi lista de cosas que no me gustan, esa lista que me impide ser un asesino. Digo en ella que no me gustan los cínicos, los regalos navideños, Esperanza Aguirre, los sobacos, la gente interesada, los que emplean la expresión "velocidad de crucero"... Y que me gustan, en cambio, Bob Dylan, la curiosidad intelectual, la música de Nouvelle Vague, las rosas, el libro Veinte cosas que nos convierten la vida en un infierno, publicado en Francia por Dominique Noguez, un antiguo compañero de juergas. Noguez ha hecho un catálogo razonado de todo aquello que le produce leves malestares graves y dice que no le gustan los atascos, los dentistas, los corsos, los perros agresivos, las huelgas de transportes, las encuestas, las endoscopias...

2 - Me gustan -Barthes pudo inspirarse en ellas- las siempre geniales listas que Perec llevó a cabo, pero también los que tenía proyectado realizar, como por ejemplo aquel inventario de todas las camas en las que había dormido fuera de su casa a lo largo de toda su vida. Hay en la obra de Perec, gran hacedor de catálogos, una reiteración obsesiva de descripciones de objetos y creo que nos bastaría con las que podemos encontrar en su extraordinario La vida, instrucciones de uso para poder fabricar un libro que podría ser un animado gran inventario de objetos de todo tipo acumulados en un solo inmueble de París. La propia obra de Perec tiene la vocación del catálogo, que es muchas veces una forma de imponer un orden arbitrario al mundo. Y creo que Perec, además, veía ese mundo como un catálogo perdido.Si nos convertimos en hacedores de un catálogo, veremos que éste siempre nos sobrepasa y que, además, es recomendable no agotarlo y permitir que los lectores te reprochen haber dejado de lado muchos nombres o datos. Que alguien te avise muy ufano de que te olvidaste del coleccionista Walter Benjamin, por ejemplo. Sospecho que esta norma de no completar los inventarios la han seguido a la perfección los creadores de este sorprendente Catálogo ragionato di libri introvabili (Catálogo razonado de libros inencontrables) que he vuelto a leer estos días; un libro que Jordi Llovet calificó en su momento de "fabuloso, incomparable, una de las cimas de la literatura burlesca de los últimos cien años".

A Perec también le habría encantado todo lo que contiene ese libro: referencias bibliófilas al Quijote de Pierre Menard; Quadern verd, de Jusep Torres Campalans; todos y cada uno de los libros inventados por Bolaño en La literatura nazi en América; una perla titulada Retrato del autor visto como un mueble, siempre, de Georges Perec; Enciclopedia de las ciencias inexactas, de Henri Chambernac; Eclipses littéraires, de Robert Derain (París. M. Maniere, 2000, 13,50 euros); bromas cargadas de malicia como Le facteur chouette et la derridance, de Jacques Derrida, o el libro de Roberto Benigni Los espárragos y la inmortalidad del alma (6,20 euros); un tratado sobre las narices, escrito por Hafen Slawkenbergius (Londres, Letters, Yorick 1761)... Todos estos libros y 300 más son clasificados en este volumen sobre textos que sencillamente no existen, pero que están ahí perfectamente catalogados. El libro incluso contiene una foto de la bella Rita Malú, un personaje que me es muy familiar, pero que creía que no existía. Lo que sí ya puedo asegurar que existe es Catálogo ragionato di libri introvabili, volumen publicado por Zanichelli, editores de Bolonia. Contiene un apéndice magnífico que comenta las bibliotecas imaginarias de Laurence Sterne, del capitán Nemo, de Edgar Allan Poe, del enigmático Vilém Vok y de Giorgio Manganelli, entre otros.

 

LOS ESCRITORES ESPÍAS. Por JESÚS MARCHAMALO

LOS ESCRITORES ESPÍAS. Por JESÚS MARCHAMALO

(Jesús Marchamalo es uno de mis escritores-periodistas favoritos, como ya he contado aquí en varias ocasiones. Disfruto mucho con todo lo que hace. Me encanta su sentido de la actualidad, su ausencia de pereza, su desenfadada imaginación, su ingenio y su erudición llena de gracia y de humor. Hoy me ha escrito y me habla de este artículo que publicó hace unos días en ABCD Cultural sobre los escritores espías, un tema que siempre me ha interesado. En una ocasión conté la historia de Philby, que volvió herido de Teruel y se recluyó en el Gran Hotel de Zaragoza en los brazos de alguna mujer y así pasó un par de meses o tres de la contienda.)

ESCRITORES EN LA SOMBRA

Jesús Marchamalo

Todo ocurrió casi como en una novela. El manuscrito de Doctor Zhivago fue sustraído de un avión y microfilmado página a página por agentes de la CIA, que después lo imprimieron clandestinamente en una imprenta de la agencia en Ámsterdam. Era la primera edición en ruso, con la que se cumplía un requisito imprescindible para que a su autor, Borís Pasternak, le fuera concedido el Premio Nobel, al que se vio obligado a renunciar debido a las presiones que recibió por parte de Nikita Jruschov.

Las rocambolescas circunstancias que rodearon ese año el premio han sido conocidas recientemente gracias a la investigación de Iván Tolstói, quien afirma que Pasternak fue ajeno en todo momento a las maniobras de gobiernos y agentes secretos que se tejían en la sombra.

Ha habido muchos otros escritores que han mantenido relaciones no tan inocentes con el mundo del espionaje. Es sabido que Ian Fleming y John Le Carré fueron espías, un mundo que reflejaron, cada uno a su manera, en el ambiente opresivo y a veces burocrático de sus novelas. Pero también autores tan inesperados como J. D. Salinger o Roald Dahl tuvieron que ver con ese oscuro mundo de la inteligencia. El primero realizó labores de contraespionaje durante la Segunda Guerra Mundial, y Dahl pasó parte de la guerra trabajando para el espionaje militar en el norte de África. “La relación entre los escritores y el espionaje es algo que viene de lejos”, afirma Fernando Martínez Laínez, autor del libro Escritores y espías (Temas de hoy, 2004), en el que se habla de cómo Garcilaso, Quevedo o Cervantes, entre otras muchas glorias literarias, se dedicaron a actividades de información encubierta. “Hay dos rasgos comunes al escritor y al espía: uno es la duplicidad, el ser capaz de vivir una doble vida, de enmascarar e idear historias, y el otro es la facultad de observación, la capacidad de fijarse en las cosas, incluso en las que aparentemente carecen de importancia”.

Tuvieron relación con el espionaje el dramaturgo Christopher Marlowe, Voltaire y Daniel Defoe, el inmortal autor de Robinson Crusoe, al que muchos consideran el creador del servicio secreto británico, ya que propuso al Gobierno utilizar su trabajo como periodista y sus frecuentes viajes por el país para crear una red de informadores.

ESPAÑA 1936

Uno de los momentos en que espionaje y literatura se cruzaron de forma más insistente, también novelesca, fue en España durante los primeros meses de la Guerra Civil.

A finales de octubre de 1936 llegó a Madrid el escritor Arthur Koestler. Probablemente se hospedara en el hotel Florida, en la Plaza del Callao, donde también lo harían, durante sus estancias en la capital, Antoine de Saint-Exupéry, John Dos Passos y André Malraux, entre otros. Todos se conocían, y era fácil verlos pasear por la Gran Vía, en dirección a Chicote, o comiendo en el Hotel Gran Vía, enfrente de la Telefónica.

El otro hotel imprescindible era el Gaylord’s, situado cerca de la Plaza de la Independencia, que acogía al Estado Mayor de las fuerzas soviéticas en Madrid. Un ejército invisible –nunca se reconoció que estuviera en España- de aviadores, tanquistas, asesores militares y espías, decenas de ellos, que trabajaban a las órdenes de Alexander Orlov, el jefe de la NKVD, el antecedente del KGB, en España.

En el bar del Gaylord’s, donde se bebía la mejor cerveza de Madrid, era fácil ver a Ernest Hemingway buscando siempre la información más fiable, y al escritor Illia Ehrenburg, que trabajaba para la revista Izvestia y que al tiempo realizaba informes confidenciales para el embajador Rosenberg, el hombre de Stalin en España.

En 2003, el artista Carlos García-Alix, apasionado investigador de esa época, publicó Madrid-Moscú (T ediciones), donde retrata el Madrid de la guerra. “Hay una mujer que es Margarita Nelken, escritora, crítica de arte, diputada que dio nombre a un batallón, y que acaba de confirmarse, tras la desclasificación del Informe Venona, un documento interceptado por la CIA a mediados de los años 40 y ahora hecho publico, que fue agente del KGB, como se sospechaba. Y es probable que ya trabajara para los rusos durante la guerra, con el nombre en clave de Amor; la camarada Amor”.

Hubo otro escritor, Mijaíl Kolstov, que se movía como pez en el agua en aquellos primeros meses de guerra. Corresponsal del diario Pravda y autor del Diario de la guerra española, fue uno de los organizadores del Congreso de Escritores Antifascistas. Tuvo siempre línea directa con Stalin, y fue quien inspiró a Hemingway el personaje de Karkov de Por quién doblan las campanas. Terminada la guerra, fue acusado de haber actuado como agente doble al servicio de los aliados y de haber colaborado con una red para la que también recabaron información Koestler y Sant-Exupéry. Nunca se sabrá si había algo de verdad en las acusaciones. Kolstov fue juzgado, condenado, y fusilado, al parecer, en febrero de 1940 junto al dramaturgo Vsevolod Meyerhold.

LOS CINCO DE CAMBRIDGE

Otro personaje que cubrió la Guerra Civil española, aunque en este caso desde el bando franquista, fue un británico que trabajaba para el London Times, el atildado y escurridizo Kim Philby, al que Franco concedió la Cruz Roja al mérito militar, tras ser herido cerca de Teruel por una granada de obús. Philby sería el jefe, en la sombra, de una de las redes más exitosas de la historia del espionaje, conocida como “los cinco de Cambridge”. Un grupo de agentes que trabajó para el KGB hasta los primeros años cincuenta, responsable de la caída de más de medio centenar de espías al otro lado del telón de acero. Philby llegó a ser el responsable del departamento de operaciones antisoviéticas del MI6, y reclutó agentes, entre ellos a dos jóvenes de prometedora carrera: Graham Greene, y John Le Carré.

“Durante la guerra fría se vivió una paranoia absoluta de sospechas y purgas”, es de nuevo Martínez Laínez. “Pero ése fue el caldo de cultivo que permitió a los soviéticos poner en pie una maquinaria de espionaje única en la historia en la que, según la concepción socialista, los escritores, el mundo de la cultura, eran trabajadores al servicio de la causa”.

En ese ambiente opresivo donde todo el mundo vigilaba y se sentía vigilado, era difícil mantener el compromiso ético y probablemente hubo quien se viera tentado, u obligado, a colaborar. Hace unos meses el escritor checo Milan Kundera fue acusado de haber delatado a un disidente político en los años 50. Aunque Kundera lo negó, el fantasma de la sospecha volvió de nuevo a cernirse sobre los escritores que vivieron tras el telón de acero.

Tal vez nunca sea posible conocer la verdad. Queda, eso sí, el consuelo de la literatura.

[En la foto vemos a Kim Philby tras sufrir un accidente en la guerra civil española, concretamente en Teruel.]

POESÍA PARA CADA DÍA: MARÍA ANTONIA ORTEGA / 1

POESÍA PARA CADA DÍA: MARÍA ANTONIA ORTEGA / 1

 

 

Hace algunos años, coincidí con María Antonia Ortega en una presentación en Madrid, en el Círculo de Bellas Artes. Ella ejercía de anfitriona de Conocimiento del medio de Ángel Guinda, creo recordar, y yo de editor pasajero de Olifante (estuve algo así como cinco años por lo menos). Estos días, me acaba de llegar un libro suyo: Digresiones y rarezas. Postales, recuerdos y souvenirs, que publica el sello Devenir. Es un libro que nace de los pequeños instantes de la vida, un libro de postales, de incidentes, que la escritora transforma en notas, en fragmentos de un diario poético, en prosa poética y en confidencias y aforismos, sobre el oficio de la poesía, sobre la vocación de pensar para sentir más. Esta foto de amor es de Walo Thoenen.

 

Copio algunos textos:

 

EL EXTRAÑO PARLAMENTARIO

 

El deseo abarca e incluye el impulso sexual, pero llega más lejos porque supera y sobrepasa la realidad, incluso el propio deseo de realidad como una diana en el agua. En definitiva el sexo es de derechas. El deseo de izquierdas.

 

RECUERDO DE OTOÑO

 

Aquella anciana con las mejillas maceradas como los pétalos de una rosa entre las páginas de un libro en aquella librería de viejo.

 

LA MUJER DE CALIFORNIA

 

Era hermosa y original: me confesó que se había dado cuenta de lo importante que era para ella la vida interior pues había gastado mucho en chinelas y zapatillas.

Era bella y misteriosa, oh sí, como el destino en los posos del té, el tono mate de las dalias amarillas del jardín de los poetas y la luz al final del verano que es el umbral de su misterio.

 

MINIMALISMO ERÓTICO

 

Aquellos amantes decidieron hacerse una radiografía durante el acto sexual. Así pudieron contemplar sus huesos entrelazados que se asemejaban al alabastro.

La escena recordaba un misterioso astillero de seres humanos invadido por la bruma.

Ninguna noción previa relacionada con sexo, edad o posición social podría separar ya a aquellos dos seres tan bellamente descanados.

 

ANTE LA EFIGIE DEL POETA

 

Poeta es aquel que consigue llevar la condición humana a la categoría de heroísmo.

FÉLIX LAFUENTE RETRATA A FLORENTINO BALLESTEROS

FÉLIX LAFUENTE RETRATA A FLORENTINO BALLESTEROS

Carmen Ara Báguena me envía “la foto de una acuarela que le compró mi abuelo a Félix Lafuente del torero Florentino Ballesteros posando en el Coso de la Misericordia de Zaragoza”. Félix Lafuente residió en Huesca y Zaragoza, y Florentino Ballesteros, ‘el niño de las monjas’, murió prematuramente tras una cogida en Madrid. Era un torero artista, justo de valor y largo de elegancia.

Le pido más datos a Carmen Ara, y me envía la siguiente nota:

 

“Mi abuelo se llamaba Mariano Ara Burges, era humorista, caricaturista, pintor y restaurador. Alcanzó gran popularidad en los medios artísticos durante la cuarta década del siglo XX. Inició su carrera en el terreno del arte en la Escuela de Artes y Oficios de Zaragoza y perfeccionó sus estudios en la clase de modelo vivo del Ateneo junto con González Rocasolano, Félix Lafuente y otros artistas. Fue también crítico de arte. Fue colaborador gráfico  de la prensa local. Acádemico correspondiente de la Academia de Bellas Artes de San Luis desde 1922, también fue restaurador del Museo Provincial de Zaragoza donde manifestó sus profundos conocimientos técnicos y su respeto a la obra de arte. (La nota está extraída de la Enciclopedia Aragonesa, de un artículo redactado por la profesora de la Universidad de Zaragoza Elena Barlés).

Mariano Ara  Burges nació en Zaragoza en 1890 y murió también en Zaragoza en 1938, atropellado por un camión en el Coso, precisamente cuándo se dirigía a trabajar al Museo. Seguro que antes hubiera pasado por el estudio de sus queridos amigos los hermanos Albareda.

 

El cuadro está casa de mis padres, lo he visto desde que nací. Un abrazo. Carmen”.

EL GARRAPINILLOS PERDIÓ 3-2 TRAS EL ÚLTIMO SEGUNDO

EL GARRAPINILLOS PERDIÓ 3-2 TRAS EL ÚLTIMO SEGUNDO

 

Miguel Ángel Gayoso, con una fisura en el dedo meñique, buscó un titular para el partido de esta mañana en el campo de Marianistas: “Victoria con sufrimiento y suerte del Marianistas”. Nosotros dimos la cara hasta varios segundos después del último: el árbitro, un muchacho joven, muy joven, prolongó el tiempo y el Marianistas, líder en solitario, marcó un gol inesperado. Era el 3-2 definitivo; unos segundos antes, el colegiado había anunciado la última jugada: el equipo local sacó una falta al borde de la medialuna que no rebasó la barrera, iniciamos el contrapolge, con Diego y Jorge y Alfredo, que perdió el balón. Y así, cuando todo estaba concluido prácticamente, los blancos ganaron con un gol de zurda que nuestro arquero Juan –que se estrenaba y había estado espléndido- no logró atajar.

El Marianistas, que había sufrido muchísimo, tanto como nosotros sin duda, se encontró ahí con el golpe del líder que se escapa en solitario para ser campeón.

Hasta ahí el partido fue intenso, vibrante, jugado de poder a poder, con mucho trabajo por ambas partes, y con un tiempo para cada equipo. El primero tiempo fue para nosotros: vencíamos por 1-2 en el descanso, tras los goles de Alex Velilla y de Pirri, que ya lleva 15 tantos en la liga; y luego, empataron de penalti, para mi gusto muy riguroso: Aitor llegó justo al balón y lo tocó, y en ese contacto también intervino el extremo derecho del rival que cayó el suelo. Juan nada pudo hacer. Y desde ese instante se cruzaron las alternativas: Eduardo Pirri tuvo tres remates nítidos, especialmente un cabezazo a saque de Mario Calvera, y ellos también tuvieron varias jugadas claras, más claras aún. Pero hay que decir que ellos estuvieron mejor en la segunda parte, especialmente con más fondo físico en los últimos minutos.

Formamos de partida así: Juan; Alex Velilla, Marcos, Alfredo, Aitor; Diego Rodríguez, Mario; Diego Cali, Jorge Rodríguez, Alex Fernández; y Pirri. Luego intervinieron en el juego, Jorge (peruano), recién incorporado; Jaime y Alex. El arquero Stalin no llegó a debutar, y el interior Miguel Garcés, que había jugado un estupendo partido el pasado sábado con dos tantos, no compareció.

Marianistas es un equipo correoso, compacto, que no pierde el sitio ni se pone nervioso cuando va con el marcador en contra. Es un conjunto físicamente imponente, bien estructurado, y con buenas individualidades en todas las líneas. Destacan sus centrales, sus dos medios centros, que intentaron apagar a Diego Rodríguez y mitigar los culebreos de Jorge, y uno de sus delanteros, el siete, pero todo el conjunto es bueno. Son trabajadores, se asocian, pelean hasta el último instante y tienen conciencia de equipo: bregan, pasan, cambian el juego constantemente y son conscientes de su poderío físico.

Sin embargo, hoy se encontrarán con la horma de su zapato. El Garrapinillos jugó con seriedad y sin complejos: quiso el balón, buscó la portería contraria y no se desencajó en ningún instante. Y así, poco a poco, fue haciéndose con el partido: marcó el 0-1, volvió adelantase con 1-2, y finalmente, cuando había cedido un poco más al empuje del rival aunque sin naufragar, sucumbió, tras haber hecho una defensa numantina, con el tiempo vencido ampliamente, aunque el árbitro dijese lo contrario. Nos perjudicó en tres lances específicos, sin duda, pero pese a todo el arbitraje ha sido más o menos correcto.

El Marianistas puede ser un justo vencedor, como lo habríamos sido nosotros, como habría sido justo, más justo tal vez, el empate. Con el empate para nosotros aún habría Liga y posibilidad de alcanzar el liderato; ahora, a ocho puntos, parece que lo más sensato es pensar que tendremos que luchar sin descanso por la segunda plaza y por lograr los puntos que dan acceso al ascenso directo. Ahora, a falta de saber que ha ocurrido hoy, ya nos habrá igualado Pina de Ebro en la segunda plaza, en caso de que haya ganado. O de que ganase ayer, que no lo sé todavía.

 

El Garrapinillos regresó dolido. Desespera perder cuando ya sabes que todo ha concluido. El partido fue excepcional: de batalla, de pura épica de domingo calmo y luminoso, de una bella y trabada intensidad. Un padre del equipo rival dijo: “Así da gusto. El Garrapinillos es el primer equipo que le planta cara seriamente. Si no es así hasta resulta aburrido venir al campo”. Con todo, Marianistas había perdido aquí un partido en los últimos instantes.

 

*Escena que veo desde la ventana, mientas escribo la nota: Sale Diego Rodríguez, el ocho, de casa con la cabeza gacha, con una especie de melancolía, con una sensación de pérdida. Quiero pensar que le ha dolido profundamente perder así. Ha jugado bien, con menos brillo que otras veces, hasta desfondarse, pero hoy se ha enfrentado a los dos mejores medios centros, con él, creo, de su serie. Y ellos tienen más envergadura física. Entre los dos, lograron minar su resistencia, sus avances y sus cambios de ritmo. Hoy el partido, incluso a él, se le ha hecho largo. 

[Foto de archivo del choque Garrapinillos-Juventud. Vaselina de Jorge]