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Antón Castro

ESCUELA DE NOCHE (¿QUE FUE DE CANO CORCERELLOS?)

ESCUELA DE NOCHE (¿QUE FUE DE CANO CORCERELLOS?)

ESCUELA DE NOCHE

 

Meruca tenía un genio de perro rabioso dentro de un cuerpo minúsculo, un cuerpo de alfiler con joroba. Sus chispeantes ojos se encendían de ira cuando era necesario, cuando alguien gastaba una broma pesada a los hijos de sus señores --Jano, Pitusa y José Manuel-- o exageraba en la convención de las ironías. Sus señores eran César Fontenla, el dueño de la ferretería, más tarde banquero. Y Leonor das Airas, que en otro tiempo o en otra vida debía llamarse Ángeles de Amor, al menos eso era lo que ponía en el cartel de la farmacia que regentaba: "Ángeles de Amor. Licenciada en Farmacia". Si él era severo, poco dado a las chanzas, lo cual no le impedía ser frecuentador de bares y de mujeres, si reía lo hacía con displicencia y con aires de superioridad, ella también era un misterio: apenas salía de casa. Meruca, en las pocas veces que revelaba detalles de su intimidad, decía que era remilgada y que la farmacia era su mundo. La farmacia, los sótanos donde se almacenaban los medicamentos y las dietas. Jamás había cogido a sus hijos en brazos --una fragilidad congénita la caracterizaba; incluso su modo de andar, a saltitos suaves de canguro sobre un terreno sembrado de huevos, llamaba la atención-- y los destetó de inmediato, antes del mes, pero cuidaba hasta límites desproporcionados su alimentación. Confeccionaba unas minuciosas tablas y allí lo apuntaba todo: Jano, Pitusa, José Manuel, las verduras, los frutos secos molidos, la incorporación paulatina de danones, los zumos, la frecuencia de las heces, la pesadez o levedad de las digestiones, las horas ininterrumpidas de sueño, el número de veces que sonreían, era importante que llegasen a las 300 al día. La risa es el mejor indicio de buena salud. Y también le gustaba la novela de la televisión en blanco y negro: seguía tarde tras tarde los capítulos de El conde de Montecristo, Crimen y castigo y Papá Goriot, una serie que le impresionó por la sentida interpretación de Carlos Lemos. "Y porque --le confesó Meruca a mi madre-- hace años que no sabe nada de su padre: se fue a Barcelona con una camarera joven y desde entonces su nombre ha sido borrado de la memoria familiar". En un insólito rasgo de humanidad, le explicaba luego a la asistenta quién era el autor, Alejandro Dumas, un ruso de nombre imposible, Honorato de Balzac; en qué hechos básicos debía reparar y en qué partes y personajes se había escapado la adaptación del original, que poseía en su biblioteca de clásicos francesces y autores de folletín.

         Meruca era uno de esos personajes que imponía pese a la chepa. Durante algún tiempo creímos que tenía dos corazones y un nido de alacranes en la espalda. Todos sabíamos que ocupaba un lugar que no le correspondía y que tantos años de sirvienta con derecho a habitación propia le habían conferido una gran seguridad en sí misma. Aparentaba no tener complejos y ser capaz de cualquier cosa. De ahí sus malas pulgas. Vivía en el cruce del Balneario, justo al lado del río y del lavadero, la ventana de su alcoba comunicaba con el gran puente de las anguilas, y durante años nos resultó antipática y violenta. A Anide lo persiguió hasta los jardines del Balneario con el furor de un jabalí malherido; una vez que se resignó a no alcanzarlo, desde las escaleras que dan acceso a la pista de baile hexagonal del recinto, lo insultó a sus anchas: de su boca salieron profecías nefastas, excomuniones y recuerdos para todos sus muertos. Doña Alicia, la dama benefactora del lugar y de Baladouro en general, una santera sin hábito pero sí con modales de monja, se quedó estupefacta: "Nunca había oído tantas maldiciones de ateo", dijo. Los gemelos Dubra eran su debilidad: los atendía en la farmacia, les daba prospectos a todo color y cuadernillos de propaganda para que dibujasen aquellos lagartos que tanto le gustaban a su padre: el lagarto común, el lagarto de San Antonio, la iguana, etc. Pero un día, Ovidio le pegó a Jano, el benjamín de la familia. Meruca lo acorraló detrás del cuartelillo y le cruzó la cara varias veces con insania, con un encono bestial. Esa misma noche fue a la vivienda del joven y pidió disculpas en el gran dormitorio que hacía a la vez de comedor de los domingos y de salita de estar, ante la abuela centenaria, el padre carpintero, la madre y los tres hijos. La Nena manifestó --entre lágrimas porque veneraba a su hermano gordo, al cual se parecía como una gota de agua a otra-- que sólo le concedería su perdón tras haberle estampado idéntico número de bofetadas. En medio de una gran tensión, Meruca le regaló a Ovidio una caja de galletas de nata.

         Su sobrino Cano Corcerellos había heredado demasiadas cosas de ella: la inteligencia, la ira, la determinación y la joroba. La historia reciente de Baladouro Alto no se explicaría sin su presencia. Sin su magisterio. No se sabe cómo empezó a convertirse en alguien tan importante en nuestras vidas. O en las de Juanín, Santiago Verde, Paco el Pecas, el mismo Anide, Perillón, etc. Oí por primera vez su nombre en la hora de pasantía por boca de don José. Lo criticó con toda severidad y dijo que un hombre sin título, un hombre incompleto como él, un enano sin ilustración, no podía impartir clases en la trastienda de un bar de carretera, un bar de mala muerte. O algo así.

         Nunca había sido un buen estudiante, pero ese epíteto no debía hacer referencia a su sabiduría y a su rendimiento sino a su actitud. Muy pronto abandonó los estudios y pasó por talleres de mecánica, clases particulares, cursillos de formación acelerada, fábricas y andamios. De la noche a la mañana, se convirtió en un experto en casi todo: lo mismo arreglaba un futbolín rebelde que desmontaba una moto, él llevaba una derby trucada y ruidosa de 49 centímetros cúbicos. Lo mismo confeccionaba los planos de una casa --con las zapatas para las columnas, el alzado, la planta y el perfil, y el correspondiente cálculo de sección para las vigas y viguetas-- que daba clases de Matemáticas con una eficacia asombrosa.

El acontecimiento principal de los sábados por la mañana en Baladouro alto eran sus lecciones. Esa sensación teníamos cada vez que nuestros amigos hablaban de ello; sentíamos una punción de nostalgia. Muchas veces me he ido a la cama y me he despertado a medianoche pensando en él. Sólo lo había visto fugazmente en su motocicleta: menudo, soturno, de rostro encanallado, pero me imaginaba su destreza con las bielas y las bujías, su caligrafía en el encerado, el modo en que les enseñaba a mejorar la resolución de las cuentas, a comprobar que todo estaba bien, y luego a aplicar esa práctica fluida en problemas de sentido común. Era duro y no le importaba reclamar la atención del ocioso y del desatento con un golpe de nudillos a traición o con el envío envenenado de un prisma de madera. Su método lo perfeccionaba en las numerosas visitas que hacía con sus alumnos a las serrerías, la fábrica de bloques de La Revuelta del Lobo, las conserveras de O Rañal, los montes desde los cuales se veía la perspectiva de los tejados de Baladouro y el trazado de las callejas, los campos infinitos cuarteados de surcos. Iban siempre en bicicleta y él dirigía al pelotón a lomos de su estruendosa moto. Inicialmente, a los padres les resultaba una extravagancia difícil de justificar, pero a Cano Corcerellos le daba lo mismo. Afirmaba: "Yo no he ido a buscar a su hijo. Que no venga si no quiere".

         Se convirtió en un mito. Y en un enemigo para nuestro maestro, especialmente cuando a Juanín o a Santiago Verde se les escapaba un nuevo sistema para la resolución de ecuaciones de primer y segundo grado que habían desarrollado con el intruso. Por eso tanto don José como Gaspar decidieron que en la Semana de conocimientos con derecho a premios --una botella de jerez, enciclopedias Álvarez y fotos de Franco durante su visita en los años 50 a Baladouro y Caión, que se conservaban repetidas en los archivos de la escuela--, que se celebraba en mayo, se suprimirían los ejercicios de Matemáticas porque estaba claro que iban a ganar los alumnos del tenaz Cano Corcerellos.

         El paso siguiente fue fundar la Escuela de Noche. El profesor realizó una criba y admitió tan sólo a alumnos cuyos padres le hubiesen testimoniado previamente su confianza. En su nueva orientación académica, Cano Corcerellos transformó la trastienda de su bar casi en un gabinete de alquimia. Sus alumnos aprendieron mecánica, electrónica, fontanería y todo un sinfín de asuntos, que a menudo rozaban con las técnicas del robo y del crimen. Durante dos semanas impartió una materia titulada El homicidio en la vida diaria, y rescató para los perplejos y voraces oídos de sus alumnos relatos acerca de Billy El Niño, Luis Candelas, El Jarabo, el mafioso Scarface y nuestro delincuente más afamado, el carterista gitano de Santa Mariña de Lañas Adolfo Boiro, que solía atracar las oficinas de bancos y estafetas con una pistola de agua.

         Juanín, el hijo de Restituta, la encargada de una de las fábricas de salazón, se quedó con la mosca detrás de la oreja cuando leyó en el periódico O ideal galego que un hombre había dejado a su mujer y a su hijo en el interior de un coche, sin el freno de mano, y que se habían despeñado en el embarcadero de Malpica de Bergantiños, sobre un barco de pesca. Curiosamente, tres días antes, Cano Corcerellos les había explicado que ése era un gran método criminal. Poco después supimos una nueva faceta del insólito profesor: Juanín y Santiago Verde nos dijeron que toda aquella casuística de delitos y muertes aparecía transcrita al cabo de unas semanas, con hechos y protagonistas concretos, en las cuartillas de color rojo y verde que se vendían al precio de una peseta en el autobús de Transportes Finisterre bajo el título de Crímenes famosos.

         Cuando salimos de la vieja escuela de A Baiuca --unos nos fuimos a la Universidad Laboral Crucero Baleares, otros a las empresas de Sabón de salazones, textiles y construcción, otros al nuevo Centro Escolar--, perdimos la pista de Cano Corcerellos. Pareció apagarse su figura durante algunos meses e incluso se contó que había pasado algún tiempo en la cárcel. Al cabo de un año, más o menos, reabrió su bar Pase y quédese. Lo tenía casi todo: futbolines, máquinas recreativas, dos mesas de ping pong y un cuarto reservado que empezó a hacerse famoso. Durante el día el local acogía a todo el mundo: camioneros, albañiles, muchachos que deseaban divertirse, pandillas que iban a ver las series de televisión al arrimo de los refrescos y los cacahuetes y de aquel ambiente tan particular de carteles, tabaco y perdición.

         Cano Corcerellos ya no se dejaba ver como antes. En realidad, comenzaba a vivir a partir de las nueve de la noche, justo en el momento en que la clientela del local se renovaba. Por allí lo mismo aparecían César Fontenla que el constructor Filgueira o el secretario y alcalde en la sombra Morón Sagredo. O jóvenes como nosotros que empezábamos a despertar a la vida y a la noche junto a Saturnino, el dependiente de Ferretería Baladouro, los gemelos Balay o el salvaje lateral Cendón. Y junto a Flora Candonga, una mujer inesperada que empezó a beber de café en café con su cabello corto y su mirada de señora frágil y abandonada que solicita amantes. O compañía para una mala noche.

         Fue durante mucho tiempo la moderna, la ninfa imperturbable entre hombres solos: se cortó el pelo a lo chico y fumaba en los bares con la naturalidad de un varón. Siempre cigarrillos rubios Craven--A. Decía tacos y resistía el acoso sin perder la compostura, tenía andares de potranca, cadera alzada y armoniosa, y avanzaba un instante pegada a un pretendiente obstinado. Si luego quería desaparecer con un galán ocasional lo hacía como si nada, y al cabo de una hora volvía al Bar Batán o a Cafetería Sanchís con altivez, con su media sonrisa de complicidad y satisfacción, con la melancolía de quien ha gozado mucho. Flora era una asidua de nuestro barrio, la conocíamos de sobra y despertaba en nosotros --en Santiago Verde, en Anide, en el mismo Fausto, que nunca quiso decirnos que se había estrenado con ella, en Sanjurjo Sietecabezas, el experto en navegación y álgebra-- una atracción irrresistible: iba con hombres y no despreciaba a los adolescentes. De hecho, una de sus frases favoritas ante los novatos era: "Tranquilo, tranquilo, que pronto se te enderazará".

         A veces no daba abasto. Algunos querían apartarla de aquella disoluta vida, le ofrecían un piso y unos cuantos encuentros clandestinos por semana a cambio de lealtad. Eso se dijo de Morón Sagredo o del pirotécnico Taboada. Y del propio Fontenla, del cual se sabía que no tenía bastante con su enfermiza esposa Leonor das Airas, también llamada Ángeles de Amor. Flora se negó. Cano Corcerellos nos lo explicó: "Le gusta el dinero, pero mucho más lo otro: que la deseen". Y nos sugirió que ambos, a su manera, también se entendían. Fue la única vez que estuve en Pase y quédese. Santiago Verde entró hacia las tres de la madrugada y se quedó hasta casi las cuatro. Anide fue más breve; regresó con la cara colorada como un tomate y temblando a los quince minutos. Cuando me llegó a mí el turno no me atreví a pasar. Me acerqué a la cortina, vi el camastro no demasiado grande y a Flora entre las sábanas, con su pelo de chico, los pechos algo caídos y una espalda larga y muy blanca. Vi sus ojos que brillaban como soles apagados en penumbra y una inmensa mano con las uñas pintadas que sujetaba un cigarrillo y una espesa nube de humo.

         Dos o tres años después, se quedó embarazada. Nunca supimos de quién era el crío, Diego Jesús, aunque se parecía al propio Cano Corcerellos.

 

 

*Este texto pertenece mi libro El álbum del solitario (Destino, 1999). La obra es de Alphonse Mucha.

RAMÓN ACÍN PEDAGOGO. EVOCACIÓN EN SEPTIEMBRE

RAMÓN ACÍN PEDAGOGO. EVOCACIÓN EN SEPTIEMBRE

[Nos escribe la Fundación Ramón y Katia Acín:

 

 

Dado que estamos en septiembre, y que en todos los ámbitos se inicia el nuevo año escolar, os invitamos a leer unos fragmentos sobre Ramón Acín Pedagogo, incluidos en “La línea sentida”.

Un cordial saludo.

 

www.fundacionacin.org]

 

 

Ramón Acín pedagogo

 

La preocupación de Ramón Acín por renovar el sistema pedagógico vigente ocupó todos sus empeños. Ejerció el magisterio con estricta fidelidad a la actitud que había aprendido de su “amado maestro” –como él mismo definió a Félix Lafuente-. Los testimonios y referencias que constan de su labor docente son unánimes. Acín abrió una academia ubicada en una estancia de su casa, adonde acudían principiantes de la pintura, escolares y aprendices para formarse en dibujo artístico o técnico y, como es de suponer, aprehender del mismo Acín, de su concepción del mundo y de las cosas. Sobran también las manifestaciones de admiración y agradecimiento de quienes pasaron por esa casa, algunos de ellos de forma gratuita.

Consideraba Acín nefasta la educación impartida en las escuelas y colegios de aquellos años. La escuela oscurantista, discriminadora, memorística y cruel en sus injustos correctivos era el polo opuesto de la aspiración por una educación iluminadora, integradora, capaz de imprimir un espíritu cultivado y libre mediante la exposición razonada y cercana al alumno y en la que primara el contacto directo con las materias estudiadas.

Se ha hablado muy poco por ejemplo, de sus relevantes dotes pedagógicas, cuando en realidad, su posición a este respecto se sitúa a la vanguardia de las innovaciones de su época. Habiendo captado muy pronto que en materia de educación la libertad juega un papel decisivo, tuvo el acierto y la valentía de romper viejos moldes dando la palabra a sus alumnos y ofreciéndoles la oportunidad de practicar la participación responsable y la cooperación solidaria. (Félix Carrasquer. “Recordando a un oscense ejemplar”. Catálogo Exposición de Ramón Acín (1888-1936), pgs. 33-39, 1988)

Así traducía nuestro profesor algunos ejemplos de lo que debía ser la renovación pedagógica.

Ramón Acín pedagogo, 1

... El que dijo que al niño con el juguete debía entregársele el martillo para destrozarlo, estaba bien lejos de ser tonto. Un martillo en manos infantiles es algo más noble que un martillo: es reactivo, escalpelo, piedra de toque, balanza. Los padres muchas veces, santa simplicitas, castigan el ansia de saber. Los niños, no saben por qué canta y corre un gallo de carne y plumas y por qué no corre ni canta un gallo de plumas y cartón, mientras no rajan los dos y ven arrastrar al primero el tirabuzón de las tripas y contemplan la panza vacía del segundo. Miguel Servet, sabiondo, buscó en la sangre la vida: un niño, ingenuamente, la adivina en los intestinos. (Ramón Acín. “Juguetes y martillos”. El Diario de Huesca, 6-1-1917)

Repite incansablemente las consignas “alegría, educación, salud y limpieza”, como tablas de la ley de la nueva escuela. No es publicidad gratuita. Hablamos de los años en que ciudadanos puros de los que hablábamos al principio, y en este caso arquitectos, confeccionaban planos para que los obreros pudiesen construirse una vivienda: una toma de luz, una de agua...

En sus colaboraciones para el periódico de la CNT, “Solidaridad Obrera”, tituladas genéricamente “Florecicas”, deja estos pensamientos sobre la enseñanza:

Cuando busquéis un maestro, camaradas, no busquéis un título; buscad un cerebro pleno, buscad un corazón bueno y una voluntad firme.

*

A la máxima de la vieja escuela clerical de la letra con sangre entra, hay que oponer esta otra máxima de nuestra escuela nueva y laica: “no pegarás al niño ni con una flor”.

*

Ha dicho un escritor francés que el canto de la libertad no es la Marsellesa; es lo que cantan los niños al salir de la escuela. Hay que sacar la escuela al bosque, al jardín, al huerto. Hay que pegar fuego a esas escuelas pocilgas memoristas y rutinarias de los mapas con sus océanos colgados en la pared y su Cristo difunto. Hay que llevar a la escuela belleza, alegría y salud.

*

Dicen que Aristóteles dijo: “Verdad no existe en la inteligencia que antes no haya pasado por los sentidos”. Por eso, el niño no es humano antes de conocer la naturaleza, ponerle un dios en la cabeza como se le ponen un par de zapatos en los pies. Que conozca la vida; que viva la vida y luego, allá él, escogiendo entre la Santa Trinidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo o la Santísima Trinidad de la eterna materia, la eterna energía y el eterno tiempo.

No creemos pedagógico enseñar al niño una ristra de misterios sin haber aprendido antes una cadena de verdades. (Ramón Acín. “Florecicas (de colaboración)”. Solidaridad Obrera, Barcelona. 20-4-1923)

Ramón Acín, ateo, no prohíbe la comunicación de los humanos con los dioses. Abomina de la esclavización del niño a creencias que no puede juzgar.

Ramón Acín pedagogo, 2

Promueve el deporte-ejercicio frente al deporte-espectáculo. Denuncia la situación de inhumano abandono que padecen las inclusas. Realiza propuestas urbanas como la colocación de empalizadas en los parques para seguridad de los niños, diseña espacios infantiles. Proyecta juegos pedagógicos, pergeña y construye un mueble de dibujo…

Abraza con entusiasmo las novedosas técnicas del francés Célestin Freinet que le transmite, en 1932, su amigo Herminio Almendros y que tan buen resultado van a obtener en las manos de otro colega comprometido con la renovación pedagógica, Simeón Omella, maestro en el municipio oscense de Plasencia del Monte. Acín aplaudirá la implantación de la imprenta en la escuela como motor educativo eficaz y creativo. En 1935 se celebra en Huesca el II Congreso de la Técnica de la Imprenta en la Escuela.

...Porque, ¡oh, paradoja de la civilización! estas máquinas de imprimir que trae esta gente con tanta algazara y que recibimos todos con tanta algarabía, tienen la misma sencillez y son tan por igual ingenuas y calmosas —en estos tiempos de las trafagosas rotativas— como el tórculo de la primera imprenta que el citado impresor Larumbe estableció aneja a nuestra añeja Universidad.

Y en verdad que estos trabajos de niños salidos de estas máquinas como de juguete, tienen un poco la emoción de los incunables.

Y este Freinet, creador y animador de la imprenta escolar, tiene un mucho como de reencarnación del Gutemberg de cinco siglos atrás.

(Freinet es Mahoma en esto de la imprenta escolar, y Almendros, capitán de esta expedición, es su profeta aquí en España.)

...

...las escuelas, esas escuelas con imprentilla a lo Freinet, sin libros de texto, caros y pretenciosos, donde se dibujará en las paredes como antes en las cuevas y se contará con piedrecitas y se intuirá en los deditos el sistema decimal; en esas escuelas, cuando las gentes todas se desplacen en aviones a quinientos por hora, se dará como premio a la aplicación las viejas cometas fabricadas con dos palmos de percalina y cuatro cañas; dos cañas en forma de aspa y dos en forma de cruz.

Porque la civilización es una complejidad al servicio de una simplificación.

Decía Francisco Giner que nunca se había podido explicar cómo siendo los niños tan inteligentes son los hombres tan necios.

Ramón Acín pedagogo, 3

Ante estos maestros congresistas y los métodos de estos maestros, he llegado a concebir alguna esperanza de que algún día la inteligencia de los niños no tenga que perderse por caminos de necedad; día llegará, en que no se juzgue el valer de un niño por h más o menos, por una coma en decimales, a la altura del último tendero en ocho días de práctica o por un pretérito pluscuamperfecto que toda la gente de alto saber ha tenido pronto el buen gusto de olvidar. (Ramón Acín. “Un Congreso y unos congresistas”. El Diario de Huesca, 21-07-1935)

“Porque la civilización es una complejidad al servicio de una simplificación”.

Ese Acín que abogaba por la nueva escuela y censuraba el sistema vigente, optó por una vía educativa para sus dos hijas, Katia y Sol, que debió escandalizar a no pocos y provocar la envidia de otros tantos. La escuela de las dos niñas transcurrió, en los primeros años, en casa de los Acín. Conchita Monrás, mujer culta, deportista, con buenas dotes para el piano, esperantista y madre que compartía los planteamientos de su esposo hasta sus últimas consecuencias, daba clases a las niñas junto a su marido y otros profesores amigos que acudían periódicamente a ese oasis, remedo doméstico de Institución Libre de Enseñanza, cuyos resultados educativos no pudieron resultar más óptimos.

EL MUNDO DE LOS PIRINEOS. VIAJEROS (1).

EL MUNDO DE LOS PIRINEOS. VIAJEROS (1).

[Juan Gavasa Rapún es periodista, escritor, editor y viajero. Conoce el Pirineo como la palma de su mano. En su excelente y variado blog –de periodismo, de historia, del mundo pirenaico, de sus viajes- ha iniciado una serie de artículos sobre los viajeros de los Pirineos, un tema que siempre me ha gustado mucho. Traslado aquí la primera entrega, que lleva una ilustración muy simpática: la del músico y folclorista y curioso insaciable Alan Lomax con un paisano. Ayer domingo, el escritor y periodista Sergio del Molino publicaba ayer en Heraldo un reportaje sobre la película de la que acaba ser objeto; hace unos años, Plácido Serrano y Prames recuperaron y editaron los materiales que había grabado en Aragón. Sinceramente, me gusta mucho el trabajo pulcro, riguroso e intenso de Juan Gavasa, editor del sello Pirineum, que acaba de reeditar El mito del Canfranc.]

 VIAJEROS. 1

Por Juan GAVASA

Los pioneros del pirineísmo dejaron escritos los más hermosos testimonios sobre la cordillera. Sus descripciones abundaban en la exuberante belleza de las montañas y en el misterioso magnetismo de unos paisajes que azuzaban todos los instintos vitales. Henry Russell escribió que “hay mañanas en las que los ángeles tienen nostalgia de la tierra”. Pero en las faldas de esas montañas, en los fondos de los valles habitaban hombres y mujeres que pertenecían a una cultura milenaria, de la que casi nadie se había interesado durante siglos.

Tuvieron que llegar los primeros fotógrafos para que la geografía humana adquiriera protagonismo. El viajero francés Lucien Briet fue el más popular e influyente de todos. Recorrió desde 1889 a 1911 en sucesivas campañas todo el Pirineo aragonés y dejó el mejor documento visual de la cordillera, un legado gráfico que es un auténtico almacén de la memoria. Otros reforzarían el valor estético y humano de estas montañas, como el maestro del pictorialismo José Ortiz Echagüe, los catalanes Adolf Más y Juli Soler I Santaló o los locales Francisco De las Heras, Ricardo Compairé, Aurelio Grasa, Andrés Burrel y Alfonso Foradada. Para ellos era más importante la esencia del hombre que el paisaje que le rodeaba. Unos se detuvieron en el tipismo de unas tradiciones ancestrales y otros optaron por ejercer de notarios de un tiempo que se consumía en las llamas fatuas del progreso. Pero todos compartieron la misma fascinación por unas gentes y unos pueblos que habían permanecido secularmente aislados. Allí encontraron la pureza de su inspiración creativa. La misma que condujo a Joaquín Sorolla a Ansó para elaborar el mural dedicado a Aragón en la monumental obra sobre las regiones de España encargada por la Hispanic Society.

El alemán Fritz Krüger publicó en 1935 “Los Altos Pirineos”, el mayor compendio jamás escrito sobre la tradición y las formas de vida del Pirineo español. Veinte años después el catalán Ramón Violant I Simorra editó el mítico “El Pirineo Español”, un clásico de la etnografía pirenaica que sigue siendo considerado un referente para entender la cultura y antropología pirenaicas. En ambos casos, sus autores acudieron al rescate de los restos de una civilización que intuían cercana a su desaparición. Otros, como el jaqués De las Heras, contribuyeron de manera inconsciente a dejar testimonio eterno de ese epílogo sociológico. El fotógrafo captó con su cámara el “triste desfile de muerte en vida” de las espirituadas en la procesión de Santa Orosia de Jaca en los años 20 del pasado siglo. Hoy es el único documento gráfico completo que se conserva de aquel tenebroso espectáculo.

Fue el tiempo también de los etnógrafos, antropólogos y folcloristas. Superado el impacto perturbador del paisaje, era necesario interpretar y comprender el origen de las tradiciones de los pirenaicos y el dédalo de sus creencias. Dos de los más destacados fueron la inglesa Violet Alford y el norteamericano Alan Lomax. En la primera mitad del siglo XX viajaron asiduamente a la cordillera y se detuvieron en la música y las tradiciones religiosas y festivas, imprescindibles para alcanzar a entender la dimensión antropológica de la cultura pirenaica.


En el siglo XIX los viajeros románticos exploraron con fortuna diversas manifestaciones artísticas para expresar las sensaciones que les provocaba la montaña. Los pintores Gustave Doré, Gavarní, Albert Tissander o Victor Petit fueron algunos de los más significados evocadores del paisaje pirenaico. En los primeros escarceos del siglo XX la vanguardia artística europea derivó en el Pirineo para poner en práctica su revolución conceptual. En 1906 un joven Picasso se preparaba en Gosol para transformar para siempre la visión del arte. Chagall, Dalí, Gris o Duchamp vibraron con la riqueza cromática que desprendían las montañas. Pero quizá la ejemplificación de todo ese caudal inspirador corresponde a Joaquín Sorolla con la gran pintura de los ansotanos que realizó para su monumental “Las regiones de España”.

El 24 de agosto de 1912 viajó desde el Valle de Roncal hasta Ansó para documentarse. Sorolla tenía claro desde del principio que “la encarnación máxima y más universal del espíritu aragonés se manifestaba en la jota”. Al regresar de la localidad ansotana escribió a su mujer Clotilde García: “Ansó es admirable para pintar figuras; así es que cuando tenga que hacer estudios para el cuadro de Aragón volveré aquí”.


Sorolla volvió en 1914 y se instaló en Jaca durante los tres meses de verano. Allí creó el mural definitivo que representaría a Aragón en el inmenso mural destinado a decorar la biblioteca de la Hispanic Society de Nueva York. En su estancia en Jaca pintó numerosos cuadros y bocetos de los paisajes y las montañas del entorno. El 7 de septiembre su hija María Clotilde se casa en la Catedral de Jaca obligada por su padre, que no quiere desplazarse a Madrid para la ceremonia. Está absolutamente inmerso en su trabajo y quiere plena dedicación. El padre regala a la hija un apunte de un paisaje jacetano.

 

*Nota: Mucho de los libros que cita aquí Juan Gavasa han sido publicados en Aragón y en otros lugares. Y también los fotógrafos han sido ampliamente difundidos. Entre otros, Francisco de las Heras fue objeto de una inolvidable monografía con sus fotos y su peripecia que apareció en Pirineum.

 

LA REALIDAD Y LA ESCRITURA, SEGÚN D. F. WALLACE

LA REALIDAD Y LA ESCRITURA, SEGÚN D. F. WALLACE

El escritor, crítico, traductor y director del Instituto Cervantes de Nueva York Eduardo Lago escribe hoy en El País una ajustada y emotiva crónica sobre la muerte de David Foster Wallace, al que traduce en España un novelista tan intenso como Javier Calvo para el sello Mondadori. Recuerda Lago que lo entrevistó en dos ocasiones al autor de La broma infinita. Cita dos declaraciones:

 

-"Nuestra relación con la realidad está violentamente mediatizada por el impacto de los medios visuales y la tecnología, sobre todo la televisión. Creo que la literatura seria mantiene una relación sumamente compleja y ambivalente con la industria del entretenimiento en general".

-"Lo esencial es la emoción. La escritura tiene que estar viva, y aunque no sé cómo explicarlo, se trata de algo muy sencillo: desde los griegos, la buena literatura te hace sentir un nudo en la boca del estómago. Lo demás no sirve para nada".

*David Foster Wallace en su foto más famosa y evocadora.

 

LUIS ALBERTO DE CUENCA. UN POEMA DE AMOR

LUIS ALBERTO DE CUENCA. UN POEMA DE AMOR

El desayuno

Me gustas cuando dices tonterías,
cuando metes la pata, cuando mientes,
cuando te vas de compras con tu madre
y llego tarde al cine por tu culpa.
Me gustas más cuando es mi cumpleaños
y me cubres de besos y de tartas,
o cuando eres feliz y se te nota,
o cuando eres genial con una frase
que lo resume todo, o cuando ríes
(tu risa es una ducha en el infierno),
o cuando me perdonas un olvido.
Pero aún me gustas más, tanto que casi
no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
"Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno."

                                           De La rosa y el hacha (1993) 

*La foto es de Zuan.
 

 

CD DE LOS IX PREMIOS DE MÚSICA ARAGONESA

CD DE LOS IX PREMIOS DE MÚSICA ARAGONESA

PRESENTACIÓN DEL RECOPILATORIO

IX PREMIOS DE LA MÚSICA ARAGONESA

Este año, con una edición de 1.000 copias

  

Por tercer año consecutivo, Aragón Musical como organizadora de los Premios de la Música Aragonesa que se celebran cada año en Aragón, presenta en esta ocasión y con el patrocinio de CAI, el cedé recopilatorio y resumen de lo sucedido en la entrega de los IX Premios de la Música Aragonesa. Una gala de entrega que se celebró en el Teatro Principal de Zaragoza el pasado 21 de enero del presente año.

 

Este recopilatorio que incluye dos temas inéditos, incluye temas entre otros de Héroes del Silencio, Cuti o Niños del Brasil. Para la presentación este año, se quiso hacer de una forma distinta y se realizará en dos partes. Este, se presentará en un bus turístico de la ciudad y en recorrido por algúnas de las salas de conciertos de la capital. De esta forma, conoceremos algúnos de los puntos de música en directo de Zaragoza, tan necesarios para la música en Aragón. El final de la "fiesta" será en la sala El Zorro (Centro comercial Independencia), donde se servirá un ágape y se podrá disfrutar del acústico de uno de los premiados en la última edición de los premios, Mister Hyde.

 

El contenido completo del cedé recopilatorio se conocerá el mismo día de la presentación el próximo miércoles 17 de septiembre. El reparto de los cedés se realizarán como siempre de forma gratuita durante el recorrido del autobús (máximo 1 por persona y hasta fin de existencias y límite de aforo del autobús). CAI además y durante los próximas semanas anunciará el reparto de otra cantidad de recopilatorios, sumando así un total de 1.000 copias que servirán para la difusión gratuita de la cultura musical aragonesa.

 

El recorrido por la ciudad de unos treinta minutos, tendrá su salida a las 20 horas este miércoles 17 de septiembre desde el Teatro Principal de Zaragoza. A las 20.30 horas, seguirá la presentación en el El Zorro.

 

PRESENTACIÓN:

 

Día: miércoles 17 de septiembre

Hora de salida: 20.00 horas (puntualidad a los medios informativos)

Lugar: Teatro Principal de Zaragoza

 

Aragón Musical, agradece la colaboración de Turismo Zaragoza.

*Esta foto de Bigott es del Colectivo Anguila, que han realizado un fantástico trabajo con los artistas de la Expo. Esta nota está remitida por Aragón Musical.

 

CESARE PAVESE, por JUAN LUIS PANERO

CESARE PAVESE, por JUAN LUIS PANERO

A LA MAÑANA SIGUIENTE CESARE PAVESE

NO PIDIÓ EL DESAYUNO
..
Solo bajó del tren,
atravesó solo la ciudad desierta,
solo entró en el hotel vacío,
abrió su solitaria habitación
y escuchó con asombro el silencio.
Dicen que descolgó el teléfono
para llamar a alguien,
pero es falso, completamente falso.
No había nadie a quien llamar,
nadie vivía en la ciudad, nadie en el mundo.
Bebió el vaso, las pequeñas pastillas,
y esperó la llegada del sueño.
Con cierto miedo a su valor
-por primera vez había afirmado su existencia-,
tal vez curioso, con cansado gesto,
sintió el peso de sus párpados caer.
Horas después –una extraña sonrisa dibujaba sus labios-
se anunció a sí mismo, tercamente,
la única certidumbre que al fin había adquirido:
jamás volvería a dormir solo en un cuarto de hotel.

..
JUAN LUIS PANERO, Los trucos de la muerte, 1975

 

[No me ha dado tiempo a escribir nada sobre Cesare Pavese, un escritor que me ha marcado mucho: por sus poemas, por su diario, por sus novelas y por su condición de traductor y teórico de la literatura norteamericana. En los años 80 sobre todo leía cuanto caía en mis manos sobre él, era una debilidad. Leí la biografía de María de la Luz Uribe y las más raras ediciones. Uno de mis blogs favoritos es el de Fernando Valls, tan cuidado, tan lleno de homenajes y de fotos excelentes, tan oportuno siempre en el recuerdo y tan erudito. En él encuentro este poema de otro poeta al que leí mucho: Juan Luis Panero. Nunca me apasionó Leopoldo y sí en cambio Juan Luis. Lo copio porque me gustan el poeta, el gran escritor piamontés, y esta pieza de su suicidio, que anuncia en su estremecedor diario. Fernando Valls ha retornado a Berlín con Gemma Pellicer, inagotable narradora.]

 

 

DAVID FOSTER WALLACE SE HA SUICIDADO

DAVID FOSTER WALLACE SE HA SUICIDADO

El escritor se colgó el pasado viernes en su domicilio de Claremont, Los Ángeles. Su mujer encontró el cadáver

 [En distintos medios latinoamericanos y norteamericanos apareció la noticia del suicidio, por ahorcamiento, de David Foster Wallace. En España, Marta Peirano, de ADN, redactó así la noticia hace algo más de una hora. En una ocasión, dijo Wallace: “Yo tuve un profesor que me caía muy bien y que aseguraba que la tarea de la buena escritura era la de darles calma a los perturbados y perturbar a los que están calmos”.]

 

Encontraron el cadáver de David Foster Wallace, el niño milagro de las letras norteamericanas, el pasado viernes por la noche en su casa de Claremont, Los Ángeles. El escritor, de 46 años, estaba de baja de su taller de escritura creativa en la Universidad de Pomona. Lo encontró su mujer, cuando volvió a casa sobre las nueve de la noche. Según revela el parte policial, se había ahorcado.

Foster Wallace ha sido un escritor precoz, un ironista triste y extremo en sus planteamientos, tanto lingüísticos y literarios como vitales. Publicó su primera novela, The Broom of the System (1987) a los 24 años y funcionó en un mercado donde triunfaban Bret Easton Ellis y Paul Auster. Según el New York Times, Foster Wallace "intentaba darnos un retrato, mediante una combinación de juegos de palabras propios de Joyce, parodias literarias y una aventura cómica picaresca, sobre un Estados Unidos contemporáneo que ha enloquecido". 

Infinite Jest (Una broma infinita), publicada en 1996, terminó de configurar su nombre entre los grandes hechos de la literatura norteamericana actual. Representante quizá de un nuevo gótico americano donde, cambiando la dulzura aparente de Flannery O’Connor por el humor esperpéntico, nada también Thomas Pynchon, su "broma" fue un libraco de 1092 páginas y otras 115 páginas de notas, fragmentado y sin embargo coherente, de estructura más circular que lineal y referencias shakespearianas. Y decididamente milagroso: contra todo pronóstico, escaló rápidamente las listas de ventas y apareció en la lista de la revista Time entre las 100 novelas inglesas del siglo. 

Gracias a estas novelas y a su colección de extraños relatos La niña del pelo raro, Wallace recibió la beca Genius de la fundación Mac Arthur. Después llegarían las Entrevistas breves con hombres repulsivos (1999) y Extinción (2004), obras menores aunque cuidadas, además de colaboraciones más o menos regulares en las revistas más prestigiosas del género -Esquire, GQ, Harper’s, The New Yorker y Paris Review y una colección de ensayos y opiniones, Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer.

Su editor, David Ulin, habló de él este sábado en una reunión de críticos literarios de Nueva York. "David fue de los principales escritores que devolvió la ambición, el sentido lúdico, el amor por contar historias y un experimentalismo exuberante a la novela a finales de los 80".