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Antón Castro

SENDER Y MARCHAMALO: ALFONSO REYES Y SUS VIAJES

SENDER Y MARCHAMALO: ALFONSO REYES Y SUS VIAJES

 

 

En la inolvidable cita improvisada de ayer con Isidro Ferrer y Jesús Marchamalo, sobre todo por mi culpa, apareció una y otra vez en la conversación el libro Álbum de radiografías secretas de Ramón J. Sender, que acaba de reeditar Tropo, la empresa editorial de Óscar Sipán y Mario de los Santos. Esta medianoche, seguí releyendo el libro de Jesús, entre ellos este capítulo sobre Alfonso Reyes, un autor del que habla mucho Sender en sus memorias intelectuales publicadas por Destino en 1982 y cuya escritura le sugirió el editor Joseph Vergés hacia 1976, tal como recuerda José Domingo Dueñas en su prólogo. Sender recuerda que Alfonso Reyes estuvo en Jaca hacia 1929:

 

“En estos días de afluencia de veraneantes a los Pirineos, recuerdo un incidente que vale la pena referir y que me contó el mismo protagonista en el año 29. Ese protagonista era un distinguido hombre de letras mexicano que desempeñaba el cargo de embajador de México en Madrid. Se llamaba Alfonso Reyes. Murió en 1959.

En 1929,y en Madrid, me dijo que había estado pasando algunas semanas en Jaca y que, queriendo aprovechar la proximidad de Francia y hacer una escapada a París, pidió por telégrafo un coche patrulla a Pau, y como el telegrama lo firmaba Alfonso Reyes entendieron Alfonso Rey y le organizaron un tren especial. Condándolo, Alfonso Reyes, pequeño, gordo y jovial, reía a mandíbula batiente.

 

La mayor virtud de Reyes era la simpatía personal. Aunque poseía una vasta cultura, de la que usaba y a veces abusaba, no fue capaz de escribir nada original.  (…) Trató de llevar a México náyades, tritones y nereidas y los puso en los arroyos, pero a todos se los comió Talco, dios mexicano de las aguas. (…) Yo creo que Alfonso Reyes ignoraba el odio, el resentimiento y la inquina. Era ante todo un hombre bueno”.

 

Y éste es el texto sobre Alfonso Reyes que escribe Jesús Marchamalo y que glosa uno de sus viajes. Hablábamos y hablábamos y nos salían aragoneses, y sobre todo zaragozanos, por todas partes. Jesús se tronchaba, claro.

 

ALFONSO REYES, EL CAPITÁN DEL BARCO

 

Ocurrió en 1920. Viajaba en tren, hasta Milán, y en Burdeos cursó un telegrama al jefe de la estación de Lyon, solicitándole una plaza en el coche cama. Uno de aquellos compartimentos decimonónicos de la Wagon-Lits forrados de madera y terciopelo marrón, con espejos biselados y una bacinilla dorada, para males menores, oculta en un discreto mueble bajo el lavabo, que desembocaba en la vía.

Allí llegó el joven Reyes, de madrugada, ancho y soñoliento con su baúl,  para encontrarse con los empleados del ferrocarril formados en el andén, marciales como un destacamento de húsares, ante una alfombra roja que señalaba el camino al vagón. Cuando preguntó por aquel inesperado recibimiento le comentaron que estaban esperando al Rey. “¿A qué rey?”, alcanzó a decir. Y el jefe de estación, blandiendo un  telegrama que firmaba Alfonso Rey, exclamó con la misma voz que un barítono de opereta: “Al rey Alfonso XIII, mire”. Deshecho el equívoco, aquella improvisada compañía de honores se retiró mirándole mal, de arriba abajo –no demasiado arriba, como veremos-, porque ya entonces no abundaban los reyes en Europa, ni los cortejos, ni las alfombras rojas. 

Y es que no ocultaba, Alfonso Reyes, una involuntaria tendencia para provocar  malentendidos. Como esa vez en que le confundieron con un rejoneador del mismo nombre, lo que motivó la llegada a la legación consular en la que trabajaba de misivas a nombre de Monsieur Reyes, Ministre et Toreador. También de paso por La Habana, en otro de sus viajes como embajador, fue recibido en el puerto por los corresponsales de los principales diarios –fotos, entrevistas, autógrafos-, quienes saludaron al día siguiente en las portadas al inmortal autor de Los humildes senderos, libro que nunca había escrito, y que era obra de… Antonio Reyes, que también es ya casualidad.

Otra historia que contaba a menudo fue cuando le tomaron por un fantasma, en Roma. Estuvo un par de días hospedado en el Palazzo di Spagna, donde existía la superstición popular de que estaba habitado por el espectro del cura piccolo, de modo que cuando la servidumbre lo entrevió caminando, de noche, bajito y regordete (con perdón) por los corredores, medio borroso, empezaron a hacerse cruces y ristras de ajos. Siempre le pesó, eso sí, su falta de estatura, no la intelectual, por supuesto, sino de la de llegar a las estanterías de arriba, así que la única cosa que hizo prometer a la que sería su esposa fue que le daría un hijo más alto que él.

Y nada, de vuelta a México, jubilado del asunto plenipotenciario, se construyó una casa con biblioteca que acabó siendo una biblioteca con casa, tanto que sus amigos comenzaron a llamarla La capilla Alfonsina. Allí pasaba los días, como un capitán en el puente de mando; la mirada perdida en aquel horizonte de libros, un estante tras otro, ordenados y limpios, impasibles como los empleados de la estación de Lyon.

*Alfonso Reyes en su despacho con su instrumento favorito: un libro. Entonces tenía un perfil atusado de poeta romántico.
 

 

LINA VILA: RETRATO DE UNA MUJER CON BESTIAS

LINA VILA: RETRATO DE UNA MUJER CON BESTIAS

Lina Vila tuvo una certeza inmediata tras recibir su primera caja de colores. En la cocina, alguien le oyó decir: “De mayor querré estudiar Bellas Artes”. Así lo hizo. Con ese ímpetu que la caracteriza, con una determinación de seda y hierro. Así es Lina casi siempre: seda y hierro. Frágil, acaso de agua y temblores, modelada por dentro y por fuera con tierra sedimentada por la luz y la mudanza de las estaciones, y fuerte e indomable como el hierro: tenacidad, piedra pura, determinación de ser contra viento o marea, o mejor aún, en el centro mismo de la tempestad.

Desde aquella intuición infantil, Lina Vila no ha parado: estudió tal como había soñado en Barcelona, asistió a las clases del acuarelista José Luis Cano Peñarroya, realizó cursos de grabado con Alicia Vela, en un tiempo en que sus artistas preferidos bien podrían ser Toulouse-Lautrec y Goya, en un tiempo en que el arte y las imágenes fluían como un arroyo incesante de ideas, de conceptos, de técnicas, de estremecimientos. En esa travesía de formación, Lina acudió a un curso de postgrado, y las prácticas consistían en ir al zoo de Barcelona a dibujar animales, a copiar contornos, ojos, la atmósfera de reclusión y, sobre todo, la potencia casi sobrecogedora del animal. Quizá entonces también aprendió algo más: aquellos seres salvajes y prisioneros, observados a diario por la mirada estupefacta de tantos visitantes, estaban tan desvalidos como aparentaban. Estaban desvalidos como cualquier ser humano.

La evolución de Lina Vila la llevó a la Casa de Velázquez y a otras experiencias. Siempre ha sido una pintora en el camino, una dibujante en el estudio. Uno de los proyectos que definía ya su personalidad fue La vida y sus sombras, una muestra variada y amplia que era una meditación sobre la memoria, la vejez, su propia abuela Juana, y la conquista de un espacio de intimidad. En una ocasión, me dijo Lina: “Crecí con mi abuela materna, Juana, la vi envejecer, la vi morir. Fue una persona muy especial para mí. Creo que todas las obsesiones de esa muestra venían de ahí. Era ciega. La dibujaba constantemente, cientos de veces incluso. Era mi modelo más constante. Y la conciencia de la finitud me ha llevado a reflexionar sobre el paso del tiempo, la vejez, las herencias inmateriales, los lazos de la memoria”.

Otra muestra que expandía la gran sinfonía del cuerpo doliente, por decirlo así, fue Me llamo rojo, que era la síntesis de sus dos años en la Casa de Velázquez y que se exhibió en 2004 en el monasterio de Veruela. Tenía algo de mirada al frenesí del propio cuerpo con la artesanía de una criatura que exhibe sus cicatrices y que borda, puntada a puntada, su propio corazón. En una ocasión, dijo: “El cuerpo es un gran laboratorio de miedos”. Y en 2006, en el Museo de Albarracín, Lina Vila dio un paso más: encaminó sus pesquisas sobre la relación entre el cuerpo y la naturaleza, el cuerpo y la flora arborescente, el cuerpo y la tierra, y así tejía, como Frida Kahlo tal vez, su propio mapa de los sentimientos, el torbellino orgánico de sus emociones. Aquella muestra de Albarracín tenía un apéndice fundamental: unas piezas minúsculas, rebosantes de color, que se alzaban sobre una maleta de madera y que representaban algo que le obsesiona a Lina Vila: el dolor. Que le obsesiona, o que se le escapa como una sierpe o una corriente de aire, y llega al centro nuclear de su producción. El dolor explícito, el dolor sugerido, el dolor que envuelve la existencia y se pega al cuerpo, el dolor que zarandea una y otra vez con la furia del escorpión.

         Quizá hasta entonces los animales habían tenido una presencia particular en la obra de Lina Vila. Y de golpe, como quien se zambulle en los bestiarios mediales, como quien redescubre aquellas alimañas en cautividad del zoo, la artista empezó a pintar animales: animales con ella, animales junto a un cuerpo que era el suyo, animales en plena naturaleza, una veces invernal y casi metafísica, otras veces de exuberante primavera. Todo ese trabajo, ese gran ejercicio plástico de variaciones sobre un tema o de oscilaciones del rojo carmín y sus heridas, cristalizó en dos muestras: Animales conmigo, que se vio este mismo año en la galería de Mario Campos, y en Consejos de madre, más amplia aún, que se colgó poco después en el Espaciovalverde de Madrid. De entrada, hay que decir algo: el universo de Lina Vila se ensanchó con una fuerza enorme y con una espléndida y variada iconografía que tenía en el dominio del dibujo uno de sus repentinos destellos. De esa copiosa e intensa labor derivó otra pequeña colección de piezas para una colectiva en Aragonesa del Arte. Lina Vila ha dicho una y otra vez que esa obra había nacido de un período convulso, de una etapa de crisis: crisis consigo mismo en primer lugar, crisis de amor y creación, crisis con el otro, crisis con el mundo, crisis con los padres, Pedro Vila y María García, que tanto le han influido, y que siempre han estado ahí, literalmente fascinados por su quehacer en continuo crecimiento.

Los animales son los otros. La bestia es el otro: el adversario, el cómplice, el amigo que se aleja, el amante del que una se aleja. Aunque Lina ha dicho que los animales no deben verse en una clave simbólica, es obvio que ella es la criatura vulnerable, la sacerdotisa, que se reúne con ellos en el corazón del bosque. Que indaga en sí misma y en ellos, que busca respuestas, que persigue sombras en la nieve, que halla sombras en la enramada. Los animales, por lo regular, bellamente dibujados, están coloreados con ese característico rojo carmín de Lina, y ella, su cuerpo menos nítido, como contorneado tras un ademán de veladura, se ha representado en blanco, gris o levemente pintada de rosa. Los animales se arriman al precipicio, contemplan un paisaje casi desolado, esperan en la fronda, acechan, miran a esa mujer –ángel, sacerdotisa, amazona de tinieblas o desolada ninfa del valle- que parece ejecutar una rara terapia del alma. Lina Vila, más que nunca tal vez, hace arte del cuerpo y de su desnudo más integral, hace arte de la vida y sus puñales, y se muestra como lo que es: vulnerable, indefensa, diana cazadora en la selva de la sangre y la luz, como un animal salvaje que olisquea la tarde, la espesura, el refugio matricial. Como un animal salvaje, inyectado de ternuras, que convive con los cuervos, las águilas y los buitres, con los alces y los ciervos, los lobos y los zorros, los guepardos y los simios, la cabra…

Animales conmigo también era, y es aquí, en Cariñena, tierra legendaria de vinos, la narración de los animales que Lina lleva dentro. El ciervo alude, y cito el Diccionario de símbolos de Juan Eduardo Cirlot, “al Árbol de la Vida, por la semejanza de la cornamenta con sus ramas arbóreas. También es símbolo de la renovación y crecimiento cíclicos”. Cirlot resalta su aspecto físico por “su belleza, su gracia, su agilidad”, y además es un animal claramente místico. Lina bien podría haber leído esta cita sobre el buitre: “…en la India, (…) el buitre aparece como símbolo de las fuerzas espirituales protectoras que sustituyen a los padres, siendo emblema de abnegación y consejo espiritual”.

Encuentro en el Diccionario de zoología en el mundo clásico, que preparó Fulgencio Martínez Saura, esta glosa de Plinio a propósito del zorro: “Según Plinio, en los países extranjeros dicen que el zorro interviene en los presagios, siendo un animal de tal sagacidad que en Tracia, durante el invierno, solo se cruzan los ríos helados por los lugares en que lo hacen estos animales, para ello, ponen su oreja sobre la superficie helada y detectan si la corriente está muy cerca o por el contrario está bajo una espesa capa de hielo, en cuyo caso se atreven a cruzar el río”. Y la traigo aquí por connivencia o proximidad con algo que presiento que está en estas obras: un aura glacial, una gelidez emotiva, un extrañamiento constante, una pugna por ser contra la escarcha de los elementos, contra los carámbanos del desamparo.

         Lina Vila habla de sus asuntos más permanentes: el sufrimiento, el dolor, la vecindad de la muerte, la imaginación y la fantasía, el cuerpo, el amor y la vida, la vida, sobre todo, que se derrama incontenible, intensa y misteriosa como una huella de felino. Si existe una pintura de sentimientos, está aquí y es ésta: la de Lina Vila, esa mujer a la intemperie de seda y hierro que se atreve a cruzar, entre bestias, el fuego y la nieve.

         Como un animal salvaje. Lina Vila. Museo del vino de Cariñena. Desde el 31 de agosto al 5 de octubre. La muestra y el catálogo rinden homenaje a Pedro Vila, padre de la artista que ha fallecido recientemente de cáncer. Pedro, empresario, poeta secreto y mecenas de mil y un proyectos, era un enamorado del Museo del Vino de Cariñena, era el que más le gustaba porque ahí, con sus piezas, veía la historia de un vida junto a los viñedos, a una vida entre sarmientos.

 

MARIBEL VERDÚ, MEDALLA DE ORO DEL CINE

MARIBEL VERDÚ, MEDALLA DE ORO DEL CINE

La actriz Maribel Verdú ha sido galardonada hoy con la Medalla de Oro de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España "por su contribución a la mejora del cine español", ha anunciado dicha institución en un comunicado.

"Estoy emocionada, tengo los pelos de punta, cómo siendo tan joven pueden concederme un premio tan importante cuando sé que se lo han dado a los más grandes del cine español. Si yo he contribuido en un poquito en el apoyo al cine español y en hacer feliz a algunas personas, ya me doy por contenta y me enorgullece", asegura Maribel Verdú en el comunicado de la Academia.

La actriz, nacida en 1970 y que comenzó su carrera en el cine a la edad de quince años con El sueño de Tánger de Ricardo Franco, recibió el pasado mes de febrero el Goya a la mejor intérprete femenina por su papel en "Siete mesas de billar francés", de Gracia Querejeta.

Un premio al que había optado anteriormente en otras cuatro ocasiones por sus interpretaciones en Amantes, de Vicente Aranda; La Celestina, de Gerardo Vera; La buena estrella, de Ricardo Franco, y El laberinto del Fauno, de Guillermo del Toro.

La presencia de Verdú en el cine español ha ido incrementándose en los últimos años con cintas como El niño de barro, La zona, Oviedo Express -el regreso del cineasta Gonzalo Suárez-, además de la de Gracia Querejeta y Guillermo del Toro.

Y tu mamá también, del mexicano Alfonso Cuarón, supuso su salto al cine internacional, que le ha permitido protagonizar la próxima película de Francis Ford Coppola, Tetro, junto a Carmen Maura y ser invitada a formar parte de la Academia de Hollywood.

Un premio Ondas y un Ariel mexicano son otros de los galardones que Verdú acumula a lo largo de más de 20 años de trayectoria profesional. La Academia de Cine viene concediendo anualmente este galardón

honorífico desde 1991 a personalidades del mundo del cine como Fernando Rey, Francisco Rabal, Gil Parrondo, José Luis Borau, Fernando Fernán Gómez, Concha Velasco, y Basilio Martín Patino, entre otros.

 

*Esta es la crónica que ha difundido la agencia EFE. Soy un admirador absoluto de Maribel Verdú: es una mujer que ha ganado como actriz día a día, película a película, papel a papel. Y me encanta y me alegra que ya sean muy pocos los que discuten su talento, su entrega, la variada y hermosa pujanza de su oficio. La foto corresponde al premio Goya.

EL LOCO DE EJULVE. MINICUENTO DE SARA

EL LOCO DE EJULVE. MINICUENTO DE SARA

[Son las fiestas de Garrapinillos. Anoche, hacia las cuatro de la madrugada, fui a buscar a los trasnochadores Jorge y Diego, 15 y 17 años todavía. Diego me dijo que le había llamado la atención un cuento que había escrito su hermana Sara. Esta mañana lo he encontrado en la memoria del ordenador, y lo traigo aquí.]

 

CUENTO DEDICADO AL LOCO DE EJULVE

 

Érase una vez en un pueblo llamado Ejulve, en el que residía un señor al que conocían como el loco. Había matado a su propio padre y a su mujer. Estuvo días, meses, años en la cárcel.

Lo metieron en un manicomio. Allí conoció a su media naranja, bueno, a su otra media naranja, que también estaba muy loca. Después de algunos años de relaciones, se casaron en el manicomio y ya no podían tener hijos por la menopausia. Como ya habían estado muchos años, al final les dieron el alta. Y se fueron a Ejulve,  donde el loco votó a mi primo en las elecciones. Y ahora, mi primo Chema es el alcalde gracias a el. El loco murió hace pocos días y donó todo su dinero al ayuntamiento de Ejulve.

 

Esta historia está basada en hechos reales.

*La fotografía pertenece a Gerald Bloncourt.

 

LA COLECCIÓN DE ARTE DE ANTÓN CASTRO, A MUXÍA

LA COLECCIÓN DE ARTE DE ANTÓN CASTRO, A MUXÍA

[Uno de mis dobles favoritos es Antón Castro, Antón Castro Fernández (mi verdadero nombre, según el Libro de familia de mis padres, es Antonio Rodríguez Castro), profesor, crítico, investigador y coleccionista de arte. El 24 de agosto, en vísperas de mi 49 cumpleaños, el periódico de mi niñez y adolescencia La Voz de Galicia publicaba esta noticia, que ahora ha recogido el completísimo portal www.arteinformado.com. Nunca he visto a Antón Castro, mi homónimo, hablamos dos o tres veces por teléfono, fuimos confundidos por vez primera en Venecia en el año 1989 o 1990, y estuvimos a punto de conocernos en Milán. Me habría hecho mucha ilusión presentar allí Golpes de mar (Destino, 2006), un libro de relatos que contiene algunas piezas que suceden en su pueblo, en su villa marinera de Muxía, entre ellos uno de mis favoritos del conjunto: “Una lección de fotografía”. Habría sido bonito y desconcertante haber vivido nuestra duplicidad en Italia de nuevo… Felizmente, varios aragoneses sí estuvieron en el Cervantes de Milán, cuando Antón Castro ejercía de director: Ismael Grasa y Félix Romeo. Hace poco, cuando Demetrio Peperoni organizó la exposición de Arte Español en Palermo, de la que mi paisano debió ser un asesor muy directo, vi que él a veces nos confundía. Copio este texto sobre la colección de Antón Castro y su generosidad. ]

 

LA COLECCIÓN DE ARTE DE ANTÓN CASTRO

SE EXHIBIRÁ PERMANENTEMENTE EN MUXÍA

 

 

A partir de la colección de arte donada por el crítico y comisario de exposiciones Antón Castro Fernández (Muxía, 1952) al Concello de Muxía (A Coruña), este municipio de la Costa de la Muerte con 6.000 residentes, ha anunciado que, en un plazo de un año -se habla de ponerlo en marcha en el segundo semestre de 2009- contará con un Centro de Cultura Contemporánea, un edificio en el que se ubicarán los fondos no precisados de la colección donada, además de organizarse exposiciones temporales y actividades relacionadas con el arte contemporáneo. Un centro que será financiado por Turismo, organismo dependiente de la Consellería de Industria, que correrá con los gastos de construcción del nuevo edificio, que ascenderán a algo más de 300.000 Euros.

Antón Castro, autor de una veintena de libros, es actualmente subdirector general de Patrimonio del Ministerio de Cultura y antes fue director del Instituto Cervantes en Milán. Doctor en Historia del Arte, ha ejercido la crítica de arte y la docencia en la Universidad de Vigo, además de haber comisariado más de 60 exposiciones.

Hace ahora cuatro años, la Casa da Cultura de Muxía ofreció una exposición de artistas gallegos del siglo XX propiedad del coleccionista, entre los que podían verse obras de artistas como Laxeiro, Colmeiro, Ana de Matos o Freixanes. Señalaba entonces a La Voz de Galicia que coleccionaba obras "desde hace más de 25 años, pero no todas son compradas. Algunas son regalos de los propios pintores. También tengo una colección de autores internacionales". A la pregunta de por qué eligió Muxía para exponer su colección, Castro contestó: "Nací allí, y espero que algún día se construya un Instituto de Arte".

Cuenta ahora La Voz de Galicia que "entre las obras donadas destacan las de la generación gallega de los años 80, conocida como Atlántica. También habrá artistas españoles como Antonio Saura y Luis Gordillo, entre otros, pero el muxián destaca sobre todo el espacio destinado a la realización de exposiciones temporales y actividades, que espera que cuente con programación como mínimo cuatro o cinco meses al año".

*Esta foto de Antón Castro pertenece a los archivos de La Voz de Galicia y es de 2004.

 

MARÍA ZAMBRANO: RAZONES DE LA ESCRITURA

MARÍA ZAMBRANO: RAZONES DE LA ESCRITURA

“Escribir es defender la soledad en que se está; es una acción que sólo brota desde un aislamiento efectivo, pero desde un aislamiento comunicable, en que, precisamente, por la lejanía de toda cosa concreta se hace posible un descubrimiento de relaciones entre ellas.”

“Mas las palabras dicen algo. ¿Qué es lo que quiere decir el escritor y para qué? ¿Para qué y para quién?


Quiere decir el secreto; lo que no puede decirse con la voz por ser demasiado verdad; y las grandes verdades no suelen decirse hablando. La verdad de lo que pasa en el secreto seno del tiempo, en el silencio de las vidas, y que no puede decirse. “Hay cosas que no pueden decirse”, y es cierto. Pero esto que no puede decirse, es lo que se tiene que escribir.


Descubrir el secreto y comunicarlo, son los dos acicates que mueven al escritor.”

“El que escribe, mientras lo hace necesita acallar sus pasiones, y, sobre todo, su vanidad. La vanidad es una hinchazón de algo que no ha logrado ser y se hincha para recubrir su interior vacío."

“Lo que se publica es para que algo, para que alguien, uno o muchos, al saberlo, vivan sabiéndolo, para que vivan de otro modo después de haberlo sabido, para librar a alguien de la cárcel de la mentira, o de las nieblas del tedio, que es la mentira vital.“

    MARÍA ZAMBRANO (Del artículo Por qué se escribe, Revista de Occidente, junio de 1934).

*Aquí vemos a María Zambrano con Luis Cernuda y otro amigo.

 

LECTURA DE "LAS EXCELENCIAS DEL AGUA"

LECTURA DE "LAS EXCELENCIAS DEL AGUA"

[El próximo jueves regresa a Aragón Televisión Borradores. Uno de los invitados es el profesor y crítico literario José Domingo Dueñas, y otro, además del grupo de rumba fusión China Chana, es la investigadora Pilar Bernad, coordinadora del volumen La cultura del agua en Aragón. Usos tradicionales (Rolde / Expoagua / BIE), un volumen en el que participan 14 autores que analizan la cultura material e inmaterial del agua. Hay piezas estupendas: una de mis favoritas es la de Pilar Biel acerca de la iconografía del Ebro. Pilar Bernad publica este artículo sobre el romance “Las excelencias del agua”. Durante muchos años fui lector de romances y coleccionista de libros de romances de todos los territorios.]

 

LAS EXCELENCIAS DEL AGUA.

LITERATURA ORAL EN LOS MONEGROS

 

 

Los Monegros fueron objeto de un excelente trabajo de encuesta realizado por Luis Miguel Bajén y Mario Gros que ha visto la luz en varias publicaciones[1]. Entre los romances recogidos destacan algunas versiones muy interesantes, como el corpus que acompañaba la representación del “dance”, evolución del antiguo auto sacramental muy frecuente en todas las localidades de la zona y en Aragón, que se caracteriza por la lucha que mantienen el bien y el mal, encarnado por el diablo, el ángel, los cristianos y los “moros” como se denominan a los musulmanes en estas representaciones.

 

Dentro de este especial y bien conservado corpus romancístico, destacan por su originalidad “Las excelencias del agua”, objeto de comentario y análisis por José Manuel Fraile Gil, máximo conocedor del romancero panhispánico. El tema constituye un endemismo aragonés de la zona monegrina, elogia las propiedades del agua, fuente de vida y destrucción, del que hasta la fecha solo conocemos los ejemplos mencionados en este artículo.

 

Son muestra de la rica literatura oral que atesoraban las generaciones  precedentes sobre el agua de lluvia y de los manantiales, y especialmente en los Monegros  por tratarse de una zona muy árida en la que “llover a tiempo” suponía la supervivencia familiar y económica. Fórmulas de protección, rogativas, romances, oraciones, devociones a santos y vírgenes vinculadas con el preciado bien son algunos de los eslabones de la cadena que compone la tradición oral de esta zona.

 

“Las excelencias del agua” ensalzan las virtudes materiales e inmateriales del líquido elemento. Como ha señalado José Manuel Fraile, es probable que su origen se remonte a disputas medievales que a menudo enfrentaban conceptos opuestos, antagónicos o complementarios, como el cuerpo y el alma, el dos y el tres o el agua y el vino.

El agua está impregnada de un poder divino, no es casual que el sacramento del bautismo se instituyese en el rito en que Jesucristo sumergió su cuerpo en las aguas del Jordán, o que lavarse los pies a sus discípulos antes de celebrar su última Cena, o su presencia en el sacramento de la eucaristía consagrando el vino con agua. En todos ellos se produce, en cierta medida, una transferencia de su personalidad divina.

Del mismo modo, y ahondando en el poder divino o sanatorio que puede conferírsele, se inscribe la invocación de fórmulas de protección contra las enfermedades que el agua portaba, y así se hacía para beber en fuentes, pozos,  riachuelos, manantiales o balsas cuando no se contaba con agua potable.

 

Dentro del Romancero tradicional el agua representa la simbiosis entre el sustrato mitológico Precristiano y las creencias del Cristianismo, como lo ejemplifica la fiesta de San Juan, festividad que se celebra el 24 de junio coincidiendo con el solsticio de verano. Es la noche más indicada para la renovación de rituales en torno al fuego y al agua, mediante ritos adivinatorios o purificadores como sumergirse en agua ya sea corriente o en una determinada fuente. En muchas localidades del Pirineo y Prepirineo llaman “sanjuanarse”, es decir, lavarse la cara con agua recogida esa noche para conservar la belleza, prevenir enfermedades del sueño; también “se cogen las flores buenas” (rosas, romero, lavanda…) cocerlas y lavarse la cara con el mismo fin descrito. En otro romance frecuente en la zona titulado “La Flor del Agua” la Virgen tiene capacidad para bendecir manantiales y fuentes al contacto de sus pies, manos o rostro, de forma que este romance se convirtió en oración o plegaria usada como fórmula para rezar.

 

De “las excelencias del agua” conocemos tres versiones que a continuación se transcriben, recopiladas en las localidades de Sariñena y Castejón de Monegros.

 

Las excelencias del agua (áa) recogida en Sariñena, fue publicada en el Cancionero Popular de la Provincia de Huesca[2] por Juan José Mur Bernad:

 

         Noche de San Antolino,     noche torrencial de agua,

2       de relámpagos y truenos,      que al pueblo atemorizaban,

         Yo me arrimé a una alta reja      vi dentro una hermosa dama.

4       -¿Qué haces ahí, galán discreto,  que te está  mojando el agua?

- Si me mojo es por mi gusto;     si vengo, tú eres la causa,

6       baja niña y te diré                   la virtud que tiene el agua.

         Con agua muelen molinos    con agua el harina masan,

8       y el hortelano en la huerta    con agua riega sus plantas.

El pepino y el melón             la perita y la manzana,

10     y el sacerdote en la misa       con agua el vino consagra

         Con ésta quédate, adiós        lucero de la mañana

12     hasta mañana a las ocho       que volveré a tu ventana.

         Adiós, hermosa princesa      adiós lucero del alba

14     se despide este galán             que está bajo tu ventana

 

 

 

Las excelencias del agua (áa). Versión de Castejón de Monegros (Huesca) cantada por Simeón Serrate Mayoral (2 de julio de 1913) cuando contaba con 83 años, que puede escucharse en “Romances de ronda”[3].  

 

       La noche de la Ascensión,     noche muy tremenda de agua,

2     de relámpagos y truenos,      que al mundo atemorizaba,

       yo me arrimé a una alta reja      donde mi morena estaba.

4     Sin duda me conoció,      y se asomó a la ventana.

      -¿Qué haces ahí, galán,      (y) aguantando todo el agua?

6     -Me mojo porque es mi gusto;     si rondo, tú eres la causa.

       Bajarte, niña, y verás     la virtú que tiene el agua:

8     con agua se lavó Cristo,      se lavó Cristo con agua;

       con agua lo bautizaron,     lo bautizaron con agua;

10   con agua se cría el trigo,     se cría el trigo con agua;

       con agua muele el molino,      muele el molino con agua;

12   y el jardinero bonito     riega su jardín con agua,

       donde se cría la ruda,     la perita y la manzana.-

       Con esto y quedarte, adiós,      lucero de la mañana.

 

 

Las excelencias del agua (áa). Fragmento. Recogida en Sariñena (Huesca). Cantada por un hombre de unos 70 años, grabada por Arcadio Larrea Palacín el 24 de mayo de 1974. Grabación del Archivo ARNE, bobina CT 26/53

 

Noche de San Antolino[4],     noche muy tremenda de agua,

2     de relámpagos y truenos,      que el mundo atemorizaba,

       yo me arrimé a una alta reja      que había una hermosa dama.

4     -¿Qué haces ahí, galán discreto,   que te estás mojando de agua?-

 

 

 

El romance tiene una estructura que puede dividirse en 4 partes; la primera se desarrolla en una noche de tormenta cuando el galán se acerca mojado a la verja de su amada. A ella le da relación de las virtudes que el agua tiene, pues la usó Cristo en su aseo y en el bautismo confiriéndole además una serie de virtudes. Entre éstas el crecimiento del trigo, que con la fuerza del agua será molido en harina; harina que convertida en hostia consagrada será cuerpo de cristo, cuerpo y sangre pues “el sacerdote en la misa con agua el vino consagra”. En la tercera despliega otras atribuciones como regar el jardín donde se cría la ruda, el pepino, el melón, la perita y la manzana, una curiosa combinación de plantas y frutas puesto que la ruda es la “hierba de la gracia” por antonomasia. Para finalizar despidiéndose de su dama hasta el día siguiente en que vuelva a rondarla

 

 

En el riquísimo y extinto romancero de la Península Ibérica falta todavía hoy una compilación y edición del aragonés, que a buen seguro nos brindaría perlas tan refinadas como las expuestas en estas breves líneas.

 

 

 

 



[1] - BAJÉN GARCÍA, L. M. & GROS HERRERO, M.: Monegros. Música Tradicional de Aragón. La Tradición Musical en España. Vol. 8 (WKPD-10/2020). Ed. S.A.G.A. S.A. Madrid, 1997.

- BAJÉN GARCÍA, L. M. & GROS HERRERO, M.: La Gaita en los Monegros. Archivo de Tradición Oral. LCD- PRAMES 10,  Zaragoza, 2001.

[2] MUR BERNAD, Juan José: Cancionero Popular de la Provincia de Huesca. Edición a cargo de Joseph Crivillé i Bargalló. Ed. del Gobierno de Aragón- Dpto de Educación y Cultura. Zaragoza, 1998. Número 84, tonada 85. pág 444-445

 

[3] Romances de Ronda en Castejón de Monegros (Huesca). Simeón Serrate Mayoral. Transcritos y anotados por José Manuel Fraile Gil, Archivo de Tradición Oral de Aragón y Delicias Discográficas, DCD 86, 2007. Corte número 5. Fue grabada en Castejón de Monegros el día 25 de agosto de 1996 por Mario Gros Herrero y Luis Miguel Bajén García.

[4] Patrón de Sariñena, abreviatura local de San Antolín

SALDUIE: CAMPANAS Y TAMBORES DE BARBER

SALDUIE: CAMPANAS Y TAMBORES DE BARBER

EL PABELLÓN DE ESPAÑA PRESENTA “SALDUIE”

 

• El alcalde de Zaragoza, Juan Alberto Belloch; el presidente de la Sociedad Estatal para Exposiciones Internacionales, Javier Code de Saro; el arzobispo de Zaragoza, Manuel Ureña Pastor; y el músico Llorenç Barber presentan hoy viernes 5, a las 11h, en el Ayuntamiento de Zaragoza, el concierto ‘Salduie’.

 

• Se trata de un concierto de campanas y tambores, en el que intervendrán alrededor de 200 músicos del Conservatorio Profesional de Zaragoza y de la Hermandad de Tambores de la Cofradía de la Dolorosa, todos ellos dirigidos por el musicólogo y campanero Llorenç Barber.

 

• En este concierto, una producción del Pabellón de España para la ciudad de Zaragoza con el que el pabellón del país anfitrión cierra su programa cultural del en Expo Zaragoza 2008, repicarán, entre otras, las iglesias del Portillo, de San Pablo, de San Felipe, de Santa Cruz, de San Carlos Borromeo, de San Miguel de los Navarros, de San Gil, de San Juan de los Panetes, las Escuelas Pías, la basílica del Pilar, la Seo, y el Monasterio del Santo Sepulcro.

 

• Llorenç Barber, compositor, instrumentista y musicólogo, hará sonar al unísono los campanarios de Zaragoza en un acontecimiento único y conmovedor: un original concierto de campanas y tambores, que convertirá la ciudad entera en escenario de conmemoración. Barber, ya ha trabajado con las campanas de más de 150 ciudades en todo el mundo, entre ellas Berlín, Roma, Buenos Aires, Wroclaw, Yokohama, Colonia, Salzburgo y Liverpool.

 

[La nota corresponde al gabinete de prensa de la Expo 2008. Esta foto del músico valenciano Llorenç Barber corresponde a Asier Gogortza y está tomada en 2006].