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Antón Castro

ANA IVANOVIC: BELLA, TALENTOSA Y MODELO

ANA IVANOVIC: BELLA, TALENTOSA Y MODELO

 

Ana Ivanovic ha ocupado numerosas páginas en revistas importantes de moda. El pasado 2007 posó así de atractiva para la revista Vogue. En la revista FHM, la han situado por delante de Sharapova y Anna Kournikova, e incluso de hermosas actrices como Selma Hayek o Natalie Portman, que ya es decir. En los blogs ya ha sido saludada así: “Ana: eres la tenista más bella y talentosa del mundo”.

ANA IVANOVIC GANA EL ROLAND GARROS

ANA IVANOVIC GANA EL ROLAND GARROS

 

Hubo partido en algunos momentos, hubo emoción e intensidad, pero al final la serbia Ana Ivanovic se impuso en la final de Roland Garros a la rusa Dinara Safina por 6-4, 6-3 en algo más de hora y media de partido. Así conquistó su primer título de Grand Slam en la tercera final de su carrera. Y parece que va a haber algunos más: joven, desenvuelta, agresiva, tiene un gran porvenir en su horizonte.

"Todavía no me creo esto", dijo Ana Ivanovic antes de recibir el trofeo Suzanne Lenglen de manos de la belga Justine Henin, que la derrotó en la final del año pasado antes de retirarse, misteriosamente, esta temporada. La cabeza de serie número dos tenía ya asegurado antes del inicio de la final el número uno del mundo, un puesto que será efectivo a partir del próximo lunes.

Con lágrimas en los ojos, Ana Ivanovic, de 20 años, escuchó el himno de Serbia que, por primera vez, sonó en la pista Philippe Chatrier, la central de Roland Garros. Ayer, su compatriota Novak Djokovic perdió en tres sets ante Rafael Nadal. "Algunos han atravesado toda Europa para llegar a esta final, se lo quiero agradecer. Ha sido increíble para mí. Cuando iba en bicicleta a mis entrenamientos soñaba con este momento y con este ambiente ha sido todavía más maravilloso", dijo en una pista central llena a reventar. Ana Ivanovic ha ganado, por fin, la tercera de sus finales: perdió el Abierto de Australia ante Maria Sharapova y el pasado año fue derrotada en Roland Garros por Justine Henin, a la que acaba de suceder como número uno.

Dinara Safina, contra todo pronóstico, alcanzó la final antes que su hermano Marat Safin (ambos entrenan en Valencia) como recordaban una y otra vez los comentaristas. No pareció sentirse nunca cómoda en la pista, y Ana Ivanovic, probablemente la tenista más bella entre las grandes, jugó mejor y con menos nervios.

 

EN LA MUERTE DE EUGENIO MONTEJO

EN LA MUERTE DE EUGENIO MONTEJO

 

Me escribe el joven residente Juan Marqués y me dice sobre la muerte de Eugenio Montejo:

 

 

[Esta madrugada un infarto se ha llevado a Eugenio Montejo, seguramente el mejor poeta hispanoamericano vivo hasta ayer y un entrañable amigo con el que compartí todo noviembre en la Residencia de Estudiantes] Y me copia este poema suyo.

 

 

LO NUESTRO


Tuyo es el tiempo cuando tu cuerpo pasa
con el temblor del mundo,
                          el tiempo, no tu cuerpo.
Tu cuerpo estaba aquí, tendido al sol, soñando;
se despertó contigo una mañana
                          cuando quiso la tierra.

Tuyo es el tacto de las manos, no las manos;
la luz llenándote los ojos, no los ojos;
acaso un árbol, un pájaro que mires,
                          lo demás es ajeno.
Cuanto la tierra presta aquí se queda,
                          es de la tierra.

Sólo trajimos el tiempo de estar vivos
                          entre el relámpago y el viento;
el tiempo en que tu cuerpo gira con el mundo,
el hoy, el grito delante del milagro;
la llama que arde con la vela, no la vela,
la nada de donde todo se suspende
                         –eso es lo nuestro.

 

 

*Retrado del gran poeta Eugenio Montejo, realizado por Enrique Hernand.

 

 

ACASO UN DICCIONARIO DE INQUIETOS

ACASO UN DICCIONARIO DE INQUIETOS

 

Casi un diccionario de inquietos

 

Se acerca el verano, se expande la creación, se aproxima la Expo, culmina una ambiciosa Feria del Libro de Huesca y comienza la de Zaragoza, y muchos creadores oscenses toman posiciones. Así, casi a vuela pluma, en un mariposeo de nombres y de hechos, trazamos este diccionario urgente.

Acín Fanlo, Ramón. Lo mismo viaja alrededor del mundo hablando de las letras españolas, que hace de anfitrión de escritores del ciclo Invitación a la lectura. De nuevo, escribe historias para jóvenes: “Misterio en el Collado” (Anaya): fantasía y realidad, aventuras con un poco de pavor e intriga.

Arranz, Santiago. Ha tenido una agitada primavera en Francia, donde expuso en dos lugares a la vez sus lienzos y sus vocabularios de espectros y letras. Hace algo más de una semana, nada menos, inauguraba tres esculturas de gran formato, gigantescas, al lado del World Trade Center de Zaragoza. Arranz ocupa los espacios con su poesía y sus signos y sus manufacturas del alma.

Bello, Pepín. La leyenda continúa: Javier Rioyo prepara una película sobre él y José Antonio Martín Otín, biógrafo y estudio de Primo de Rivera y Ponce de León, narrador oral como nadie de los secretos del fútbol, le acaba de dedicar una monografía: “La desesperación del té. 27 veces Pepín Bello” (Pre-Yextos), “sobre las historias que vivió y que surgieron alrededor de Pepín". Feliciano Llanas, ese embajador en Madrid al frente de la Asociación Conde de Aranda, presentó una entrevista grabada con el inmortal don José.

Castán, Carlos. Ha sido seleccionado en el volumen Cuentos fantásticos del siglo XX (Menoscuarto, 2008), ha publicado un excelente libro de relatos, “Sólo de lo perdido” (Destino) y ha reeditado “Museo de la soledad” (Tropo). Hace unas semanas, Óscar López le hacía una preciosa entrevista para “Página 2”. Fue el pregonero de la Feria del Libro de Huesca, la ciudad que ha transformado en su apacible paraíso.

Cerda, Pepe. El artista de Buñales está realizando un inmenso mural gastronómico para el hotel Iberus de la Expo. Es como un bodegón naturalista de más de 20 metros. En 2009 expondrá en la Lonja de Zaragoza. Lamenta no haber podido asistir a la fiesta de cumpleaños del entrañable Quico Rivas: celebró sus 55 años y un par de días después, sigilosamente, se despidió del mundo.

Escriche, Pepe. Es imposible no percibir su ausencia. Porque duele su silencio, se le rinden distintos homenajes: uno, con la muestra del Olimpia; otro, en el Festival de Cine que amamantó como si fuera un lobezno extraviado en las noches de galerna. Escriche probablemente ha sido el ilustre, ilustrado e iluminado y el ciudadano de a pie más decisivo en la Huesca de los últimos treinta años. Esta noche, en el Olimpia, con la presencia del presidente Marcelino Iglesias, será objeto de un gran homenaje.

Ferrer, Isidro. Es un sembrador de prodigios. Se puede ver en San Juan de la Peña, en los carteles que ha confeccionado con Nicolás Sánchez y en solitario, se puede ver en la Expo, donde vuelve a ser el mago del diseño, el artífice de la belleza y el ingenio con el arabesco de un trazo.

Grande, Cristina. La escritora de moda, la prosista de íntimas turbulencias, de núcleos familiares marcados por el secreto, el desgarro y el pudor. “Naturaleza infiel” (RBA) está haciendo correr ríos, casi mares, de tinta. También participa en el volumen colectivo “La España que te cuento” (Funambulista) con su relato “Temperaturas”, con ecos pirenaicos, un volumen que ha coordinado José Ovejero, en el que los autores han grabado en audio su propio texto.

Pallaruelo, Severino. Peregrino, escritor, soñador. Amplía y publica “Los navateros” (Prames), un libro épico y a la vez familiar. A finales de 2007 reeditó “Pirineos, tristes montes” (Xordica).

Rivera, Mapi. Expone cinco obras de la serie “La anunciación” en Aragonesa del Arte con seis artistas más, entre ellas Teresa Salcedo. Si Mapi es un artista de la desnudez, de la luz y de pureza, Teresa viaja a Japón con una obra refinada, de caligrafía oriental, repleta de paisajes, pájaros y agua, de una indecible hermosura. [Coloco aquí una de las piezas de Teresa Salcedo]

Sipán, Óscar. Su libro “Leyendario. Criaturas de agua”, ilustrado y diseñado por Óscar Sanmartín, ha sido distinguido con el Premio al Libro Mejor Editado en 2007. En Huesca, su editorial Tropo presentará dos nuevos títulos: el colectivo “Vivo o muerto: cuentos del espagueti western” y “Álbum de radiografías secretas” de Ramón J. Sender: una maravilla.

Vilas, Manuel. Tras “España”, que ha convocado a críticos y lectores y polemistas a reflexionar, publica el poemario “Calor” (Visor), que explora sus temas habituales: la crónica irónica, la autobiografía y la meditación sobre la modernidad y sus excesos.

 

*Este texto, con algunas correcciones, apareció en Heraldo de Huesca. La ilustración es un cuadro de Teresa Salcedo, que tiene su taller en Noeno. Teresa es una pintora de inspiración oriental, minuciosa y lírica, que sugiere un mundo oculto o neblinoso tras lo que vemos.

LOS ESCRITORES: A PROPÓSITO DE RUIZ ZAFÓN

LOS ESCRITORES: A PROPÓSITO DE RUIZ ZAFÓN

[Hace unos días, El País publicaba una entrevista de Carles Geli con Carlos Ruiz Zafón a doble página. Las declaraciones de Ruiz Zafón, aquejado del mal de la vanidad y del menosprecio general hacia los demás escritores, han suscitado este artículo de Daniel Gascón en su blog.]

Algunos escritores dicen que no tienen amigos escritores y que viven al margen del mundo literario. Los periodistas culturales copian sus declaraciones con entusiasmo, y en los perfiles destacan esa soledad como si tuviera algún valor. Si no existiera el mundo literario -o el "circo literario" y a veces directamente "cenáculos", que suena todavía peor por su final escatológico- esos periodistas tendrían que dedicarse a vender cds piratas.

Ese aislamiento casi nunca es cierto, y por otra parte no constituye ninguna virtud: que un autor lo reivindique suele ser un indicador negativo. He pasado con escritores muchos de los momentos más felices de mí vida y me parece bastante normal que un escritor tenga amigos que se dediquen al mismo oficio. Todas las profesiones generan afinidades, y además la literatura es una gran conversación. Uno siempre escribe solo, pero con los demás descubre cosas de libros que ha leído y conoce otros que no ha leído, aprende cómo escriben los otros y en qué cosas se fijan, se ríe y tiene más ideas para escribir otras cosas. Además, los escritores no compiten entre sí: que otro autor sea leído beneficia a todos. Estar solo conduce a la amargura, al egocentrismo y a la locura, y en cambio los amores, las amistades y las enemistades literarias han ayudado a que existan obras maravillosas.

Hay millones de ejemplos. Uno de los más famosos es el de Ezra Pound, que pulió La tierra baldía de T. S. Eliot. Vargas Llosa se peleó con García Márquez, pero antes le dedicó una tesis doctoral. La amistad de Borges y Bioy Casares enriqueció los libros que escribieron juntos y por separado. En el entierro de Saul Bellow Philip Roth empezó a pensar en Elegía, y años antes una chica de la que él había estado enamorado se había terminado casando con el autor de Las aventuras de Augie March. Me encantan las cartas que recoge Italo Calvino en Los libros de los otros. Me gusta estar con escritores, y que los escritores que me gustan tengan amigos escritores: me gusta que Christopher Hitchens le haya dedicado Dios no es bueno a Ian McEwan, o que defendiera a Salman Rushdie cuando los integristas islámicos lo condenaron a muerte, y los católicos y los relativistas culturales exigían respeto para los fanáticos. O que Ignacio Martínez de Pisón utilice en Dientes de leche una historia que le contó Félix Romeo. E incluso me gustan los encuentros frustrados de escritores. Por ejemplo, a Chéjov le impresionó la defensa de Dreyfuss que hizo Émile Zola, e inició una campaña contra el antisemitismo que le trajo muchos problemas, pero cuando se conocieron apenas pudieron cruzar unas palabras porque no tenían un idioma común.

Esos escritores que se aíslan se presentan como una especie en extinción. Algunos, como Goytisolo, se siguen considerando marginales (aunque cada dos semanas el diario más vendido les deje que exhiban su supuesto ostracismo en página impar) y exiliados (aunque curiosamente se refugien de una democracia en un país con muchas menos libertades). Otros, como el otro día Carlos Ruiz Zafón, dicen que no hay "nada en ese mundo" que pueda interesarles, y que el talento está en otra parte:

"El 99% de la mejor narrativa que se hace hoy, de la literatura de calidad, de la gente profesional sin pretensiones ni pedantería ni pose, de la que de verdad sabe construir personajes e historias, o sea, de los que de verdad saben escribir, está en la televisión o en el cine, pero sobre todo en la primera. Gente con ambición, oficio y talento ya prácticamente no está trabajando en literatura. Ésta se ha convertido en un gueto de mediocridad, de aburrimiento, de pretensión y de pose. (...) La televisión es hoy el equivalente a las cuadras de Shakespeare"

No sé si no consigo interpretar la última frase, si hay un error de transcripción del periodista -a lo mejor pensando en "corrala", que habría sido incorrecto en cualquier caso- o si es una de las pocas frases verdaderamente originales que ha acuñado el novelista. Pero el párrafo que he citado es triste por varias razones: es falso, porque en la literatura, en el cine y en la televisión se hacen muchas cosas horribles y algunas maravillosas, todas distintas entre sí; porque esas formas de exclusión no son excluyentes, y, aunque los medios audiovisuales tengan un poder narrativo impresionante, también hay muchos lugares a los que llegan mejor las palabras.

También es un comentario demagógico que busca halagar a algunos lectores de Zafón que no consumen habitualmente literatura: que no se preocupen, no se pierden nada. No sólo prácticamente toda la literatura es mala y aburrida, sino que también es pretenciosa, y se aleja de las buenas gentes. Según el autor de La sombra del viento, ha conquistado el aprecio de los lectores porque "están muy por delante del comentario oficial de la crítica, ese búnker de los años setenta que se ha quedado clavado y al que la gente le ha pasado por encima. Cualquier lector tiene ahora una cultura cinematográfica, televisiva, del cómic o de la fotografía". Puede que me equivoque, pero me parece que la mayoría de los críticos literarios en activo comparten esa cultura y pueden interpretar esas referencias y ese modo de contar. El cine tiene más de cien años. No hay muchos críticos en activo que superen su edad y la literatura asume elementos de la forma de narrar del cine desde hace décadas.

Pero lo peor es que, leyendo la entrevista (donde el novelista habla bien de un colega estadounidense), uno tiene la sensación de que ni siquiera un éxito tan extraordinario como el de Zafón anula el resentimiento o la amargura. Un hombre que ha vendido 12 millones de ejemplares se alegra de que desaparezcan las librerías pequeñas y "esnobs" (que enlaza en el imaginario con pretensión y pose), y gasta mucha energía en intentar eliminar a sus posibles competidores.

Si Zafón siguiera siendo guionista, quizás diría que el talento está en la novela o los videojuegos. Los escritores que afirman que el 99% de la literatura es basura siempre se incluyen a sí mismos en el 1% restante. Al leer lo que dice Zafón sobre 40 años de dictadura y 30 de democracia en su ciudad, con todas sus vidas y comedias y conflictos y tragedias ("Desde la Guerra Civil, en Barcelona no ha pasado nada particularmente interesante en ningún aspecto, y desde hace unos años, cero absoluto"), uno tiene la sensación de que cuando algunos autores afirman que no les interesa relacionarse con otros escritores, tampoco les interesa mucho todo lo demás: lo único que les importa es lo que hacen ellos.

 

*La fotografía de Carlos Ruiz Zafón pertenece al archivo de El país que se halla en internet.

"RAZON Y SED": CINCO FOTÓGRAFOS DEL AGUA

"RAZON Y SED": CINCO FOTÓGRAFOS DEL AGUA

 

Me llamó ayer Charo Martínez (a sugerencia del gran historiador de la fotografía Publio López Mondéjar), la comisaria de la exposición Razón y Sed, que se expone en el Palacio de Sástago. Fui a verla tras la rueda de prensa: antes le di un buen golpe al coche contra un muro al bajar al garaje y estuve un instante en Bodegas Almau con Corita Viamonte, con Rafael Castillejo (que me reprochó amistosamente lo mal que había sonado su actuación en Borradores: los dos temas que cantó, “Don Guido” y “Anda”) y con el rapsoda y detective Fernando González. Andaba por allí Alfredo Longares, que nos cantó dos o tres canciones de ópera y de jota. Longares me regaló una de sus grabaciones.

Luego fui a ver la exposición en la que participan con alrededor de 75 fotos cinco espléndidos fotógrafos: Juan Manuel Díaz Burgos, un prodigioso retratista del que tengo un excepcional catálogo; Juan Manuel Castro Prieto, uno de mis fotógrafos más queridos (vi anteayer sus fotos de CajaMadrid), por su mundo y por ser el embajador en España de Martín Chambi; Ana Müller, la hija de Nicolás Müller (empleé una foto del gran maestro húngaro de portada de Golpes de mar, Destino, 2006); Martí Llorens y Paco Gómez, a quienes conocía mucho menos. La muestra está repartida en cinco salas y cada tema lleva un subrayado, un poema o una cita de Andrés Trapiello. Vi a Andrés por allí, entre los ingenieros, paladeando el que de lejos me pareció un catálogo espectacular editado por Brizzoli, pero no me atreví a saludarlo. Recorrí toda la exposición, repartida según diferentes perspectivas: la histórica, la técnica, la humana, la poética, la pictórica…

La calidad de las fotos es impresionante: todas son en blanco y negro, con un revelado minucioso, con una reproducción espléndida, y son fotos sugerentes, complejas, totalizadoras, en todos los temas. Fotos que dialogan entre sí. Hay fotos misteriosas en torno al enigma del agua, fotos del trabajo, de los ríos, de los pantanos, de los canales, de los saltos hidráulicos, de los fangos y "nenúfares", de las construcciones hidrográficas, de los azudes, fotos de Zaragoza y de Aragón, fotos de toda España.

Ana Müller es quien más ha trabajado en Aragón, aunque sus tomas abarcan otros lugares de España. También Marti Llorens tiene algunas de aquí. Hay algo que llama la atención por encima de todo: lo fundamental que es el agua, cómo está asociada a la vida, al paisaje, a la construcción y a la ingeniería, como es el maná sencillo y cotidiano que nos impulsa. Eso ya era sabido, claro, pero aquí está remarcado porque el trabajo de los fotógrafos es de una calidad incuestionable: son documentalistas y poetas, son intérpretes de una realidad y la trascienden, la convierten en arte. Han mirado para ver, y hay una homogeneidad visual y cromática en todas las fotos, que son de diferentes tamaños. Hay tomas enormes, apaisadas o verticales, hay fotos pequeñasde una inefable poesía: todo el sistema de zonas se concentra en cada pieza. La exposición refleja también el virtuosismo, la belleza, la variedad, la hondura y la perfección de la fotografía española que empezó a fraguarse en los años 80 y primeros años 90 y que muestra aquí una calidad indiscutible. Igual ocurre con la muestra Diez miradas que ha coordinado Publio López Mondéjar en CajaMadrid.

No vi a Charo Martínez. Le mandé un mensaje que no acertó a reconocer: “Extraordinaria exposición. Emocionante, bella y muy humana”. Salí discretamente –tuve un ataque de timidez y de pudor- mientras algunos compañeros esperaban a Eva Amaral y Juan Aguirre, que llegaban con más de media hora de retraso.

A Eva la vi anoche en Aquí un amigo (Aragón Televisión), el programa de entrevistas de Luis del Val, que la emocionó con su daguerrotipo final. La dibujó con el cincel de sus palabras como una mujer cercana, afable, con el corazón palpitante, como la mujer de al lado o la vecina, y a la vez vio en ella a una mujer bella (bella en el exterior y en el interior, le dijo) que está de viaje hacía sí misma con una inmensa porción de timidez. Eva ya le había dicho antes a Luis del Val que se sentía muy cómoda y muy relajada ante él. Se ve que es una criatura que ama las cosas sencillas y que intenta no ser devorada por el éxito, que posee un gato negro, y que considera que su mejor disco quizá sea “Pájaros en la cabeza”, aunque el que refleja todo lo que son y quieren ser Juan y ella es el nuevo, de 19 canciones: Gato negro, dragón rojo, ese que mi hija y Sara y yo ya empezamos a poner a las ocho de la mañana. Mi tema favorito está en el segundo disco, es el segundo corte, “Alerta”, una canción que tiene mucho de autorretrato de mujer. Me gustó mucho el reportaje sobre lugares de grabación, técnicos de sonidos y grupos como Atland, Dani Ro o Copiloto (Javier Almazán) que colocó Luis del Val en medio de la entrevista para ilustrar otros tiempos de Eva y Juan.

 

 

Charo Martínez y David Fernández Ordóñez, Comisarios:

"De la mano de los cinco fotógrafos partimos de la RAZÓN, es decir, de las actuaciones para retener el agua, almacenarla, conducirla, distribuirla, mejorar las condiciones o los ingenios del hombre para sacarle distintas utilidades. Un recorrido sinuoso que nos conduce hasta la SED, representada en primer lugar por las imágenes del subsistir. Del agua necesaria para nuestro cuerpo llegamos al agua para nuestro espíritu: para disfrutar, hacer hermoso nuestro entorno y alimentar nuestra alma. En este último bloque de imágenes pasamos a contemplar cómo las actuaciones hidráulicas transforman sus entornos y generan paisajes del agua, alimento de nuestro espíritu e impulsan creatividades, sensaciones y estados de ánimo".

 

*La foto es de Martin Llorens.

EVOCACIÓN DEL TENIS JUNTO AL HUERVA

EVOCACIÓN DEL TENIS JUNTO AL HUERVA

 

AQUELLOS MARAVILLOSOS DÍAS DEL TENIS

Me ha gustado el tenis desde la adolescencia, desde los tiempos en que estudiaba Eletctrónica en la Universidad Laboral de A Coruña. Mi rival y maravilloso amigo era Lito Villar Gantes. Jugábamos siempre que podíamos, por la tarde, en aquello que se llamaba sesiones de estudio. Y lo que más nos complacía era vencer a un militar veterano, y además profesor nuestro de Taller y Tecnología, que corría lo justo pero se movía con exactitud y golpeaba con impactos casi definitivos. Nos recordaba a Andrés Gimeno.

Entonces yo seguía a los grandes: Ilie Nastase, Jan Kodes, Stan Smith, John Newcombe, un furioso Jimmy Connors, al que vencería Manuel Orantes contra pronóstico en Forest Hills. En aquellos días, “Jumbo” era el novio de América e intentaba seducir, y lo lograba, a la maravillosa Chris Evert, que acabaría casándose con un tenista más bien regular llamado John Lloyd. Jimmy Connors caería rendido en los brazos de la guapísima Marjorie Wallace. Eran también los tiempos de Billie Jean King, que ganaba más títulos que nadie, de la fugaz Tracy Austin o de una explosiva pero vulnerable Martina Navratilova. Más tarde, me fascinaba “el joven fenómeno sueco de 18 años Bjorn Borg”, tal como lo llamaba Juan José Castillo, el periodista de Luna, el director de “Sobre el terreno”, aquel caballero que se había hecho inmortal con aquello de “Entró, entró”. Diré que de Bjorn Borg lo que más me gustaba era su mujer, la tenista –número ocho del mundo- Mariana Simonescu, que murió demasiado joven, cuando ya se habían separado. No era bella exactamente, no era deslumbrante, pero pertenecía a ese tipo de mujeres que a mí me fascinan, tipo Dominique Sanda o la escritora Ingeborg Bachmann, aunque no era tan hermosa como aquélla ni siquiera tanto como “la bella Dominique” con la que se había casado Ilie Nastase.


Pero mi verdadero ídolo era John McEnroe. En solitario, sobre todo. Era como la reedición de Nastase: poseía un golpe de muñeca asombroso, sacaba de espaldas a la pista, jugaba siempre al ataque y voleaba como nadie. Y sabía lo que era la enigmática ciencia de la inspiración. Durante tres años, ya vivía yo en Zaragoza, deslumbró, pero antes ya había ganado a Borg en Wimbledon y en el Open USA en choques memorables, que vi en la televisión de un peluquero vecino en Toledo, 20, Ángel. Viéndolo jugar, le perdonaba su mal genio, que –bien se veía- era una estrategia para atemorizar al contrario, para tomar impulso y leer de nuevo el partido. Recuerdo aquella final excepcional en Roland Garros contra Ivan Lendl. Seguí el partido mientras servía copas en el bingo de Reina Fabiola. Venció los dos primeros sets con un juego de pista rápida, demoledor, de saque y volea; estuvo en un tris de vencer en el tercero, pero luego empezó un calvario de vómitos y calambres para ambos y el triunfo, aromado de épica y de dolor para mí, se inclinó para el lado del antipático checo. Aquellos también eran los días de la espléndida escuadra sueca: Mats Vilander, Andres Jarryd o Stefan Edberg, que al principio me parecía aburrido y frío y acabó pareciéndome el jugador más señor de las pistas, la pura elocuencia, el garbo conquistado en tres impactos de precisión y belleza. También irrumpió Boris Becker y un fugaz Yannick Noah, o el zurdo excepcional Henri Leconte (hubo otro tan genial como él, el checo Miroslav Mecir, a quien llamaban el tigre porque no se lavaba casi nunca, y menos después de los partidos. Se metía en la cama del hotel impregnado de sudor). Otro zurzo intratable fue Thomas Muster, míster zurriagazo.


Y además, yo jugaba todos los días, de una a dos, o de dos a tres, en el antiguo Club de Tenis (hoy, Centro de la III Edad: Pedro Laín Entralgo) con un comerciante. Eran partidos estupendos, y siempre había un momento en que alguien venía a saludarnos y nos recordaba que allí había jugado Jan Kodes. Aquel comerciante tenía además una característica muy curiosa: era un seductor. Las mujeres que visitaban su frutería, su establecimiento de ultramarinos y coloniales, caían subyugadas ante él, y accedía en hacerles recados a su propia casa. Me di cuenta de su poder de conquista cuando un día apareció una mujer, treintañera, bonita, de media melena, casada con un viajante de libros y enciclopedias, y le dijo: “A mí también me gustaría que me trajeses cosas a casa. Me harías un gran favor”. El favor no sólo fue ese, tal vez, y ella que conducía un Ford Escort naranja lo venía a buscar a las ocho los martes y los jueves. Lo sé porque entonces teníamos que cambiar de día nuestros partidos de dobles con dos amigos suyos que trabajaban en la Balay. En nuestros individuales, casi siempre ganaba él. O si no ganaba, lo buscaba afanosamente, y pugnaba en la red como un jabato. Y un día, tras un punto heroico de volea, me dijo: “Me estoy metiendo en la boca del lobo”.

EL ILUSTRADOR JESÚS CISNEROS

EL ILUSTRADOR JESÚS CISNEROS

Poco a poco, sigilosamente, como quien no quiere llamar la atención, se agiganta la personalidad y el talento del ilustrador aragonés Jesús Cisneros (Zaragoza, 1968). Hace muy poco ganaba el premio Lazarillo de Ilustración por su libro “Ramón”, un prodigio poético en torno a un hombre melancólico y estilizado, casi una criatura de Giacometti, que salía de paseo como si fuera el narrador Robert Walser, que acabó sus días loco y apareció muerto sobre un montón de nieve. Y estos días vuelve a las librerías con dos estupendos proyectos: “Y yo qué puedo hacer?” (OQO), donde Cisneros, tan elegante y sutil, intenta crear una historia paralela a la del perplejo señor Equis, lector de periódicos, y lo hace bellamente, con variedad de recursos, con el uso del collage, con una gran inventiva y una habilidad especial en el dibujo y en la creación de una dimensión onírica. Casi a la vez, el biógrafo de Maruja Mallo y Miguel Hernández y poeta, José Luis Ferris, publica un narración fantástica, en torno a un libro que contiene otro libro y que recibe una niña enferma llamada Jana: “Las palabras del agua” (Anaya: Sopa de Libros). Jesús Cisneros lo ilustra con dibujos a la acuarela, o eso parece, de un tono verdoso y de una gran sencillez, que poseen capacidad de evocación, lirismo, y una virtud constante del artista: hace convivir lo cotidiano con lo fantástico con absoluta belleza y, como suele ocurrir en él, crea una nueva historia, complementaria, diferente, arrolladora. Jesús Cisneros es un artista de la estirpe de Meléndez y Cano, de Ferrer y Elisa Arguilé, con facilidad, buen gusto, que siembra el puro embelesamiento en cuanto toca.

 

*Esta ilustración corresponde a su proyecto "Ramón", que publicará la editorial Los libros del Zorro Rojo.