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Antón Castro

NIMOY (Y 2) Y SUS MUJERES GORDAS. PARODIA DE NEWTON

NIMOY (Y 2) Y SUS MUJERES GORDAS. PARODIA DE NEWTON

 

NIMOY Y SUS MUJERES GORDAS, PARODIA DE RITTS

NIMOY Y SUS MUJERES GORDAS, PARODIA DE RITTS

EL ACTOR, POETA Y FOTÓGRAFO LEONARD NIMOY

EL ACTOR, POETA Y FOTÓGRAFO LEONARD NIMOY

 

[Hace unos días El Periódico de Cataluña publica este estupendo trabajo de NOELIA SASTRE sobre el actor, poeta y fotógrafo Leonard Nimoy, que se hizo muy famoso con su personaje Mr. Spock de la serie Star Trek. El artículo está firmado en Nueva Cork.]

 



Los fans de Star Trek seguramente sabrán que Leonard Nimoy, el actor que encarnó al personaje más reconocible de la serie --Mr. Spock-- ha actuado, producido y dirigido en cine, teatro y televisión desde los años 60. Conocerán también su faceta como fotógrafo y poeta desde que en 1973 organizó la primera exposición y publicó el primer poemario. Pero puede que a algunos se les escape que a sus 76 años es un artista que ha renovado su interés por las fotos y la pluma con la publicación de trabajos como The full body project, libro de fotografía que saldrá a la venta en noviembre.


Ahora su fijación son las mujeres obesas. Nimoy las ha fotografiado desnudas y en blanco y negro en una colección de imágenes clásicas. "Estas mujeres están interesadas en la liberación de la gordura y actúan en una presentación burlesca", escribe Nimoy sobre su trabajo en la exposición Belleza máxima, que estará entre el 25 de octubre y el 15 de diciembre en la galería R. Michelson de Northampton (Massachusetts), y que coincidirá con el simposio Mujeres y sus problemas con el cuerpo.

Nimoy conoció la magia de la fotografía cuando era adolescente. "A los 13 años descubrí la cámara familiar, una Kodak Autographic", recuerda. Su laboratorio era el cuarto de baño del pequeño apartamento donde vivía con sus padres en Boston. Y los protagonistas de sus imágenes, familia y amigos. Después estudió en la Universidad de California en Los Ángeles y publicó dos libros "de fotos románticas, paisajes sentimentales, naturalezas muertas y parejas".


Y ahora centra su mirada en la obesidad, mostrando "una exquisita sensibilidad", según el crítico Donald Kuspit. "Su fascinación por el cuerpo femenino incluye un elemento de tentación, pero también de trascendencia. Lo inusual de sus figuras es que representan a la vez lo profano y lo sagrado del amor".


Para Nimoy, la autoestima de estas mujeres con sobrepeso es muy poderosa. "Mucha gente sufre porque los cuerpos en los que viven no son los que vemos en las revistas", apunta Mr. Spock, el fotógrafo, explicando que este proyecto nació cuando se propuso revisitar dos trabajos de los célebres Herb Ritts y Helmut Newton.

IMÁGENES PARODIADAS

Concretamente la imagen de Ritts donde un grupo de topmodels posan desnudas en el suelo. Y las dos fotos idénticas de Newton, que solo se diferencian en que las maniquís aparecen con y sin ropa. "Le enseñé a mis modelos esas imágenes. Les pedí que se mostraran orgullosas de sus cuerpos y que bailaran en círculos. Desde el principio quedó claro que se sentían cómodas, que se divertían", asegura el intérprete.


Nimoy sostiene que la palabra que más escucha cuando el público ve sus fotos es "hermoso". "Oigo comentarios que llevan a preguntas sobre la belleza, la aceptación social, la cirugía estética, la cultura, la salud". Están orgullosas de su propia piel. "Se respetan a sí mismas y espero que mis imágenes expresen precisamente eso a los demás", sentencia el actor y fotógrafo.

*Autorretrato de Leonard Nimoy.

UN POEMA DE PABLO NERUDA Y UN ABRAZO

UN POEMA DE PABLO NERUDA Y UN ABRAZO

Un envío del dinamizador cultural y poeta Ricardo Fernández.

NADAL GANA POR CUARTA VEZ ROLAND GARROS

NADAL GANA POR CUARTA VEZ ROLAND GARROS

 

Rafael Nadal gana por cuarta vez consecutiva, como Bjorn Borg (que ganó seis títulos alternos), la final de Roland Garros en un partido increíble ante Roger Federer. El gran campeón suizo, uno de los mejores jugadores de la historia, fracasó por tercera vez ante el manacorí: salvo en los tres o cuatro juegos del segundo set, Federer estuvo a merced de Nadal. Éste le venció por 6-1, 6-3 y un infrecuente 6-0. José Higueras, entrenador ahora de Federer, no se lo podía creer: habían preparado el partido, tenían una estrategia a priori, pero Nadal, más seguro, veloz y dueño absoluto de las bolas altas, no le dejó entrar nunca en la final. No dio lugar a las armas secretas. Pese a ello, Federer realizó prodigiosos golpes y voleó bien, apoyado en su primer saque, pero con escasa continuidad y sin la ambición intensa de alguien que se prepara a sufrir para vencer.

 

No hubo la tensión de otras veces ni la resistencia del suizo fue tan pertinaz. Éste ha sido el título más fácil que ha conquistado Rafael Nadal en París. No cedió ni un set en todo el torneo y perdió solo cuatro juegos en la final ante el número uno del mundo. Elegante y respetuoso, Nadal tuvo palabras de elogio para su rival. Saben los dos que volverán a encontrarse, quizá en Wimbledon, donde ya disputaron dos finales favorables a Federer.

EVOCACIÓN: VISITA AL PINTOR SANTIAGO LAGUNAS

EVOCACIÓN: VISITA AL PINTOR SANTIAGO LAGUNAS

 

El joven periodista apareció, casi sin avisar, con Manuel García Guatas, que acababa de encontrar y estudiar minuciosamente los bocetos de la decoración del cine El Dorado, un trabajo que duró 109 días en el verano de 1949 y que llevaron a cabo Santiago Lagunas y sus dos compañeros y amigos Fermín Aguayo y Eloy Laguardia. Allí estaba el maestro, Lagunas, en su casa llena de cuadros por todas partes: suyos, de sus compañeros de generación, de sus discípulos, pero también había esculturas, cristos, arte religioso. Estuvo sumamente amable, dispuesto a desandar –a través de una memoria aún oceánica- los días del pasado, dispuesto a avanzar por la senda del presente. Santiago Lagunas seguía pintando. Había recobrado su pulso de artista y le resultaba fácil teorizar sobre su vida y su obra. Su vida se convirtió en un cuento: el cuento del rebelde que se sacó de la manga, a golpe de intuición y ciencia artística, la abstracción en España.

Un pintor nace, se hace y se expande. Y él había nacido de una inclinación especial, desde muy joven, hacia la creación. Evocó sus primeros colegios, las visitas que realizó al estudio de su primo el pintor Salvador Martínez Blasco, las clases en el estudio-academia del profesor Boví y sus visitas a los bajos del Museo de Bellas Artes de Zaragoza y al taller de Joaquín Pallarés. ¿Cómo iba a olvidarse de aquellos muñecos de marquetería, que permitieron a su familia huir de la ruina, que él diseñaba y que pintaban sus hermanos Manuel y Pilar? Evocó la huella imborrable de su padre y la presencia tutelar de su esposa y musa Marichu Alberdi. Los dos estaban allí, en la casa, en dos cuadros espléndidos: él, filoso, con su severidad tranquila de pájaro; ella, rotunda y segura, miraba desde un lienzo que rezumaba vida, intensidad, potencia de ángel doméstico que a todo llega.

Recordó –confiado ya ante la grabadora- su traslado a Madrid en 1930, adonde había ido a realizar la carrera de Arquitectura, y algunos encuentros con Martínez de Ubago, Pío Baroja (“tan huraño conmigo como lo ha pintado la historia”, dijo) y con los grandes artistas del Museo del Prado, que fue una incitación esencial. Allí, ante los lienzos de Goya, Velázquez, Brueghel el viejo o El Bosco, intuyó sus posibilidades. En él, pareció decidirlo entonces, iban a convivir la pintura y la arquitectura. Terminó su carrera, que hubo de interrumpir durante la Guerra Civil, y volvió a Zaragoza. Regresó a las tertulias, a los encuentros con amigos, a las salidas al campo y a los paisajes de Euskadi, a los viajes. Frecuentaba los cafés Ambos Mundos y el Niké, y conversaba con un hombre esencial en su biografía: el librero José Alcrudo. Alcrudo había trabajado en el balneario Panticosa y en el Gran Hotel, y llevaba un estigma de dolor del que no debía hacerse ostentación alguna en la Zaragoza de posguerra: su padre y su tío, anarquistas, habían sido fusilados en los primeros días de 1936 en Valdespartera. En ese instante, era un librero inusual: se arriesgaba con libros insólitos que llegaban de Sudamérica o de Europa y había convertido el sótano de su kiosco del Paseo de la Independencia en un jardín clandestino de textos prohibidos, de catálogos inesperados, en una casa de citas de intelectuales incomodados. Allí se alimentaba Lagunas de las nuevas corrientes del arte europeo, y se quedaba fascinado con Picasso (lo estuvo desde que vio una muestra del artista malagueño en la Carrera de San Jerónimo), con Miró, con Braque, con Matisse o con Paul Klee, a quien admiraría mucho Lagunas por sus signos, su sentido musical de la partitura, cada uno de sus cuadros es como un pentagrama a color de una melodía que sólo suena en el oído interior, y su misterio. Santiago Lagunas le dijo entonces al joven periodista: “Toda la obra de Paul Klee es un absoluto misterio”.

En medio de esa travesía sentimental en los vendavales del tiempo, en el abanico de la memoria, añadió el maestro: “Llevaba ya algún tiempo pintando, haciendo pintura figurativa, retratos y paisajes con una atmósfera propia. Durante una estancia en Jaraba, mientras diseñaba un almacén de dos plantas, pensaba yo sobre el paisaje y mi propio trabajo, deseaba atrapar algo que se saliese de un natural vulgar, y de golpe se me abrió la luz del cubismo y ahí empezó todo”. Y ese todo quería decir la abstracción, el primer grupo Pórtico de nueve pintores (entre ellos su hermano Manuel) que presentó en abril de 1974 la librería con cuidado catálogo, decorado con el anagrama de Antonio Ángel Mingote, en el Casino Mercantil. Se detuvo un momento en sus dos compañeros esenciales: Eloy Laguardia, que acabaría siendo su cuñado, tras una apasionada historia de amor, y Fermín Aguayo. A ambos los había conocido como soldados, luego como delineantes, y finalmente se habían convertido en sus ayudantes y en dos pintores con personalidad propia, con un contundente “y atormentado” sentido de la pintura. Con ellos expondría en Madrid, en Santander, haría el proyecto “más moderno de decoración arquitectónica de Europa” que fue El Dorado y desarrollaría una pintura pionera, incomprendida y criticada en Zaragoza, donde eran conocidos como “el tercio extranjero”. Dijo Lagunas al joven periodista: “Nos perdíamos en la mancha, en el trazo, en los signos, en la geometría. Queríamos hacer un arte que se refiriese al inconsciente, pero a la vez yo siempre me he considerado un artista muy reflexivo, intelectual, como podía serlo Picasso. Teníamos derecho a decir lo que pensábamos, teníamos derecho a pintar lo que pintábamos”.

         ¿Cómo no iba a evocar la ruptura del trío? No dijo ruptura, exactamente. “Éramos íntimos amigos para siempre”, matizó. Santiago Lagunas habló de las dificultades, de que tuvo que decidirse entre su trabajo de arquitecto, su propia familia o la apuesta por un arte radical que sólo le traía hostilidades e incomprensión. Dijo que había dibujado mucho, que había tomado muchas fotos con sus dos Leicas –su hermano Manolo era su mejor cómplice en las tomas y en el trabajo de laboratorio, instalado en el baño de su casa de Coso 92-, que había escrito bastante, incluso algunos sonetos perdidos para siempre. Eloy Laguardia se enamoró y se fue a Madrid; Fermín Aguayo, reclamado por el médico José Uriel, se fue a París a cumplir un viejo sueño. Para los tres empezaba una nueva vida.

         Lector constante de San Juan de la Cruz, lector constante de otros místicos como Santa Teresa de Jesús o Fray Luis de León, pero también de Fïodor Dostoievski y James Joyce, Santiago Lagunas desembocó en una crisis religiosa que se prolongó durante 20 años, 20 años en los que no dejó de trabajar en innumerables edificios. Participó en la revista “Ansí”, con José María Aguirre, J. B. Uriel, A. Lamana, Miguel Labordeta o Manuel Derqui, diseñó sus portadas y dirigió sus tres últimos números: 6, 7 y 8; colaboró con “Despacho literario” de Miguel Labordeta, hizo portadas de libros... En 1974 volvió paulatinamente a la pintura, “en realidad no de he dejado nunca de pintar ni de hablar de pintura con los amigos; volví renovado, pero hundido igual que antes en las raíces de la abstracción”, subrayó, y en los 80 expuso en el Mixto-4. Luego le llovieron los premios y se produjo una reivindicación de Pórtico, de su obra, de la abstracción, en exposiciones, en historias del arte, en consideración social. Le explicó al intruso –que repetiría esas visitas, junto a Manuel Val, a Úrsula Heredia, con sus hijas Ana María y María Pilar como testigos-: “La abstracción es la capacidad de trascender la realidad. Es un proceso complejo, no cabe duda, y laborioso. La realidad se puede percibir, como el esplendor y la gloria, como la huella del ala del ángel, y nos puede llegar en forma de palabras, de sonidos y de formas que nos permiten hacer algo analógico. Eso es el arte: una realidad interior, una luz que se enciende, algo que está fuera de lo humano. San Juan de la Cruz lo percibe con claridad y su ‘Cántico espiritual’ es fruto de esa adivinación, de un diálogo del inconsciente. El arte requiere una abstracción total. Nosotros teníamos la clara conciencia de que el arte era una cosa propia del corazón y también de la cabeza”.

         Habían pasado varias horas de una mañana inolvidable. El joven periodista salió a la calle con una carpeta de dibujos del maestro. Junto a la firma, había una especie de estrella de cinco puntas, un insecto que parecía enroscarse en un gran ojo y una leyenda: “La vida se le presentó al pintor y al hombre que soy con sus caracteres verdaderos: el dolor y la fe. Santiago Lagunas”.

"NUNCA", DE ÁNGEL GONZÁLEZ

"NUNCA", DE ÁNGEL GONZÁLEZ

 

NUNCA

¿Hemos de sacrificar a la doncella

en el altar del dios que reclama su sangre

para confirmar su poder sobre nosotros,

y comprobar que su grandeza

no sufre menoscabo con el paso del tiempo?

Rómpase la grandeza del dios en mil pedazos,

que la lepra corroa la púrpura que cubre su soberbia figura,

y que su eternidad se reduzca a ceniza.

Y prevalezca la sencilla gracia

de la doncella viva, fugaz, irrepetible,

su sonrisa tan clara,

su alegría

que ella no sabe efímera, y por tanto

es en su ser presente inmortal un instante.

 

 

De Nada grave. Ángel González. Visor. 2008. La foto es de Jerry Uelsmann.

 

 

OTRO POEMA

 

Tanto la he llamado, tanto
he suplicado su asistencia,
que ahora,
cuando apenas tengo ya voz para llamarla,
casi lo que más temo es que al fin venga.
No me vuelva a dar la vida.

ÁNGEL GONZÁLEZ: "NADA GRAVE", LIBRO PÓSTUMO*

ÁNGEL GONZÁLEZ: "NADA GRAVE", LIBRO PÓSTUMO*

 

Dos actos tuvieron como protagonista en la tarde de ayer, en la Feria del Libro de Madrid, al poeta asturiano, fallecido el pasado enero, Ángel González. Primero fueron sus lectores los que le han rendido un emotivo homenaje leyendo sus poemas y a continuación se presentó  Nada grave, su obra póstuma. Nada grave la ha publicado Visor en una colección especial, muy cuidada en tipografía y diseño. Año tras año, el llamado “poeta del compromiso” era un asiduo de la Feria del Libro, donde acudía a reunirse con sus lectores.

 Durante una hora, admiradores y lectores del poeta asturiano han leído sus poemas en un sentido homenaje en la Feria del Libro de Madrid. Entre los que han participado en este acto, se encontraban su viuda, Susana Rivera, que ha leído tres poemas y ha sido la encargada de cerrar este acto, la escritora Almudena Grandes, que estuvo acompañada de su hija Elisa García, quien leyó el poema Mientras tú existas, los poetas Javier Lostalé, Fernando Beltrán y Javier Cellino, el periodista y escritor Jesús Ruiz Mantilla y el delegado del Principado de Asturias en Madrid, Miguel Munárriz. Sus voces, junto a la de lectores anónimos de Ángel, han dado voz a las palabras de un poeta que nunca faltó a la cita con los libros en el Parque del Retiro.

 Tras la lectura de poemas, Susana Rivera y el poeta Luis García Montero, acompañados por Chus García, de la editorial Visor, presentaron el libro póstumo de Ángel González, Nada Grave

“Yo había leído ya muchos de estos poemas, pero nunca todos juntos en forma de libro, hasta enero, pocos días después de la muerte de Ángel, y he de confesar que esa lectura fue muy difícil y dolorosa, tanto que no pude volver a leerlo entero hasta hoy”. Con estas palabras inició su intervención Susana Rivera, quien añadió que el tono de desolación y pesimismo de los poemas que se recogen en su último libro aún le producen tristeza. De ellos dijo que a pesar de que Ángel se enfrentaba a ese “mañana que es nunca ya” pudo mantener en ellos su estilo irónico y distanciador, conseguir desmitificar esa inmensidad que es la muerte, “a pesar de que él se viera prácticamente envuelto en ella”. 

La que fuera musa de Ángel González, destacó la serenidad y lucidez con la que recibe y acepta ese acercamiento hacia el final sin perder su inmenso amor a la vida, “aunque él era consciente de que se le adelgazaba el futuro, como le dijo en una ocasión a su amigo Juan Cruz”. “Pero él -terminó diciendo Rivera-, nunca desistió, nunca se rindió del todo, su deseo de vivir nunca se apagó aunque ya le faltaran las fuerzas físicas”. 

Ángel nunca faltaba a su cita con los lectores y los amigos en la Feria del Libro de Madrid. Así lo recordaron dos de sus amigos más cercanos, Chus García, su editor, y Luis García Montero. “Chus, si hoy estás por ahí, me paso por la Feria y nos tomamos unas copas”, recuerda Chus que le decía. “Yo le respondía, pues vente, firmas unos libros y nos tomamos la copa en la caseta”. Y así lo hacía. En la caseta de Visor se encontraba con sus lectores, “ese contacto con la gente era lo que más le gustaba, era, decía, lo que daba sentido a su trabajo. Le encantaba escuchar a sus lectores diciéndole lo que sus poemas les habían influido”, ha recordado Luis Garía Montero, para quien Nada Grave “es un libro triste pero que continúa la tónica de los libros de Ángel, puesto que dialoga con el vitalismo a través de la ironía”.  

Los amigos de Ángel González han dicho tener la sensación de que él no se ha ido del todo. “Desde que murió Ángel tengo la impresión –ha terminado diciendo García Montero- de pertenecer a tres mundos: el de la realidad, la literatura y la muerte”.

 

*[Nota de Palmira. Gabinete de Prensa. Feria del Libro de Madrid]