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Antón Castro

NUNCA SEREMOS DE SEGUNDA, por PEPE MELERO

NUNCA SEREMOS DE SEGUNDA, por PEPE MELERO

[José Luis Melero Rivas vivía hace algo más de un año el sueño de su vida: Agapito Iglesias lo invitó a ser consejero del único equipo de su vida: el Real Zaragoza, al que ha seguido prácticamente desde antes de nacer. Debutó con gran éxito: el equipo se clasificó in extremis para la UEFA. Seguramente su padre, un forofo apacible, le contase los goles que vio en Torrero de los Alicantes, de Antón, de Avelino Chaves y de tantos otros goleadores como Mauro, Wilson, Baila o Parés. Hoy, en las páginas de opinión de Heraldo, escribía este artículo apasionado y sincero sobre la nefasta temporada, los directivos, el infortunio evidente y el descenso. Y lo cierra con esa emocionante confesión final que ya conocíamos de él. Pepe Melero siempre ha sido un zaragocista intenso y sin complejos. ]

 

Para cualquier zaragocista este descenso ha significado un durísimo golpe. Imagínense para mí, que llevo acudiendo a La Romareda casi desde que nací, que soy nieto, hijo y padre de zaragocistas, que lo son todos mis amigos sin excepción y que para una vez en la vida que me ofrecen estar en el Consejo tengo que vivir un descenso a Segunda. En mis 51 años sólo había conocido tres descensos de mi equipo y ahora me va a tocar sufrir uno en los dos años que llevo en el club. Como para pegarse un tiro. Y lo peor de todo es que no estoy seguro de poder precisar las razones por las que esto se ha producido.

Estamos en Segunda y por tanto las cosas se han hecho mal. Pero ¿cuáles exactamente? Porque es indispensable que acertemos con el diagnóstico para poner el tratamiento conveniente. Se ha esgrimido por ejemplo como posible causa del descenso el hecho de que Agapito Iglesias y Eduardo Bandrés fueran inexpertos en el mundo del fútbol. Pero en cambio el año pasado, en el que su falta de experiencia sería todavía mayor, hicimos una temporada más que notable. No creo que Fernando Roig, que está haciendo historia en el Villarreal, fuera mucho más experto que Bandrés cuando tomó las riendas de su club. Ni que lo fueran en su momento José Ángel Zalba -que debutó como presidente sin haber cumplido aún los 30 años- o Armando Sisqués, por poner sólo algunos ejemplos. Y recordemos que el presidente del Racing de Santander, que ha sido el equipo revelación de la liga, ha declarado públicamente que apenas había visto un partido de fútbol hasta su llegada al club hace un par de temporadas. 

Hemos oído que se hizo mal en crear expectativas e ilusiones y en decir que se quería luchar por llegar lo más alto posible. Pero si no se hubiera dicho nada quizá entonces la acusación hubiera sido de conformismo y de falta de compromiso y motivación. No se hablaba sin embargo a humo de pajas: este año el Zaragoza, después de la buena temporada pasada, había obtenido más recursos que nunca y había invertido en jugadores más dinero que nunca. El resultado en cambio ha sido peor que nunca. ¿Quién lo entiende? Se dirá que la dirección deportiva erró en los fichajes. Pero esa misma dirección deportiva tenía ya demostrada su capacidad sobradamente. Recordemos que fue ella la que fichó a David Villa, a los dos Milito, a Savio, a Sergio García... ¿Había razones para pensar que se había olvidado de fichar buenos jugadores? Apenas nadie contestó en verano el fichaje de Ayala (que venía de ser el capitán de la selección argentina en la Copa América y que a todos nos pareció un contundente golpe de efecto a la marcha de G. Milito), ni el de Matuzalem, ni el de Oliveira, ni siquiera el de Paredes o Pavón. Muy al contrario: casi todos ellos fueron fervorosamente aplaudidos. Algunos de estos y otros fichajes no han respondido a las expectativas creadas, pero ¿quién lo previó entonces? ¿Puede hacerse a alguien responsable de que un jugador del Barcelona con nombre y apellidos lesionara para toda la temporada a Matuzalem en una entrada criminal en el centro del campo? Históricamente todos los jugadores que el Zaragoza fichó del Madrid (desde el “magnífico” Juan Manuel Villa hasta Pardeza, Fraile, Esteban, Solana, Pineda, Aragón, García-Cortés, Esnaider o el propio Diogo el pasado año) siempre nos dieron excelentes resultados. ¿Alguien pensó que Pavón fuera a ofrecer un rendimiento tan bajo? Nadie lo sospechó. Como nadie intuyó que Diego Milito, Juanfran o Diogo fueran a ser apenas una sombra de los del pasado año. ¿Quién contaba con ello tras su gran campaña anterior?  El fútbol es irracional y de ahí la dificultad en encontrar los remedios infalibles.

En cualquier caso uno no elige a su equipo, igual que no se elige a la madre ni al país en el que se nace: simplemente se les quiere y se les defiende. Así ocurre con el Zaragoza. Se es del Zaragoza desde niño, sin saber por qué. Tal vez porque lo fueron nuestros padres y nuestros abuelos y porque es lo natural en un aragonés. Ser del Zaragoza, a diferencia de ser del Madrid o del Barcelona, supone estar al lado de un equipo históricamente irregular, que nos ha dado muchas alegrías y a veces grandes disgustos. Este año todo ha salido mal y a lo mejor el año que viene todo nos sale bien. Pero nos salga bien o mal, esté quien esté en el Zaragoza, lo dirija quien lo dirija y juegue quien juegue, yo estaré siempre al lado de mi equipo. En la salud y en la enfermedad. Todos los días de mi vida. Hasta que la muerte nos separe.

                                                       

José Luis Melero (Consejero del Real Zaragoza)

 

*Instantánea del Real Zaragoza la tarde que venció al Villareal por 4-1, tras un excelente partido. El blog se ha vuelto rebelde y no me deja ajustar el interlineado del primer párrafo.

 

 

 

FERNANDO SARRÍA: EL ERROR DE LAS HORMIGAS

FERNANDO SARRÍA: EL ERROR DE LAS HORMIGAS

Fernando Sarría presenta este jueves en la FNAC El error de las hormigas (Eclipsados: Colección de Poesía).

 

Copio algunos poemas breves:

 

1

Me llamas y voy.

Así hace el relámpago a la lluvia

y gira alrededor de su luz.

 

 

2

No sé por qué

mis manos cometen el error de las hormigas

y buscan alrededor de tu cuerpo su supervivencia.

 

 

3

Nunca me has de amar

como en este instante en que te sueño.

 

 

4

Me recojo en tus manos.

Allí, olvidado del mundo y su silencio,

oigo respirar el mar.

 

 

5

(Fragmento)

¿Cuántas hembras caminan por tu cuerpo?

*La foto, y cierro aquí su serie, es de Laure Greenfield y se titula "Sara en el Soho".

 

ASÍ PIENSA Y FOTOGRAFÍA LAUREN GREENFIELD

ASÍ PIENSA Y FOTOGRAFÍA LAUREN GREENFIELD

Espejito, espejito…


por Lauren Greenfield

La cultura de las chicas (Girl Culture) ha sido mi diario como fotógrafa, como observadora de la cultura, como parte de los medios de comunicación, como crítica de los medios, como mujer y como una chica.

Estas fotografías son a la vez personales y publicas. Reflejan lo privado y lo público y dónde radica la línea que divide estos ámbitos, cuando ésta existe. Muestran la cultura popular que compartimos y la forma en que esta cultura marca a los individuos tanto en sus momentos más públicos como en los más privados. Las fotografías hablan de las chicas a quienes fotografié. También hablan de mí. Estaba inmersa en la cultura de las chicas antes de ser fotógrafa y estaba haciendo fotografías sobre la cultura de las chicas antes de darme cuenta de que estaba trabajando en La cultura de las chicas (Girl Culture).

En este trabajo fui arrastrada hacia lo patológico en la vida diaria. Estoy interesada en la tiranía de las chicas delgadas y populares sobre aquellas que no entran en el mismo molde. Estoy interesada en la competencia que existe entre las chicas populares y su sensación de que ser popular no es tan satisfactorio como parecía. Estoy interesada en los rituales de belleza, costosos en términos de tiempo y dinero, que forman parte integral de la vida diaria. Estoy interesada en el hecho de que aquellas que no poseen un cuerpo ideal son las parias de la vida moderna. Me interesa también saber cómo los sentimientos de frustración, enojo y tristeza son expresados en forma física y autodestructiva como por ejemplo: controlando la comida que ingieren, haciéndose cortadas en el cuerpo, siendo sexualmente promiscuas. Y lo que más me interesa son los elementos de interpretación y exhibicionismo que parecen definir la experiencia contemporánea de ser una joven.

Estos intereses, mis propios recuerdos y un amor genuino por las jóvenes, el chisme, los lazos afectivos que unen a las mujeres y la idiosincrasia de los rituales que forman la cultura de las chicas, han motivado este viaje fotográfico a lo largo de cinco años.

Hay jovencitas y mujeres en mis fotografías que pueden ser consideradas marginales o cuyas vidas pueden parecer extremas a los ojos de quienes las miren. En efecto, la cultura popular ha ocasionado que lo común se halle inextricablemente entretejido con lo que, para muchos parece ser extraordinario. Muchas jóvenes están familiarizadas con experiencias “marginales” que ven o escuchan en la televisión, las revistas y la música. Una adolescente de un suburbio comenta que le gustaría convertirse en bailarina exótica. Una niña pre-púber imita los movimientos sexuales y el uso de ropa atrevida que ve en MTV. Entender la dialéctica entre el extremo y lo normal—la anoréxica y la que hace dieta, la stripper (desnudista) o la adolescente que desnuda su torso o usa tanga—es esencial para entender la identidad femenina actual.

El cuerpo se ha convertido en el lienzo principal en el cual las chicas expresan sus identidades, inseguridades, ambiciones y luchas. Se ha convertido en el palimpsesto en dónde muchos de los mensajes culturales contradictorios acerca de la feminidad son escritos y re-escritos.

La fotografía es el medio ideal con el cual explorar el rol de la imagen en nuestra cultura. La cámara ofrece la ilusión de la representación objetiva, justo como lo hace un espejo. Pero como toda mujer sabe, un espejo proporciona información que, al ser filtrada por nuestra mente y nuestro estado de ánimo está sujeta a interpretaciones muy variadas. Este proyecto ha sido mi espejo y mi intento por de-construir las ilusiones creadas por nuestra realidad.

Lauren Greenfield

*Sheena, de quince años, se mira al espejo mientras la observa su amiga Ambler. Foto de Lauren Greenfield.

 

GRANDES FOTÓGRAFAS: LAUREN GREENFIELD. 1

GRANDES FOTÓGRAFAS: LAUREN GREENFIELD. 1

Lauren Greenfield, nacida en Boston en 1966 y criada en Venice (California), ha sido calificada como una de las cinco fotógrafas más rompedoras del mundo. Es, básicamente, fotógrafa del mundo de las mujeres y de las adolescentes. Su proyecto más conocido es Cultura de las chicas, y está fechado en torno a 2002, aunque supone la consolidación de una labor de varios años. A Lauren le interesan mucho la búsqueda de la popularidad, los campamentos de adelgazamiento, las jóvenes precoces que engrandecen sus pechos ante el espejo, la retahíla de frustraciones y de aislamiento en el que viven algunos sectores de muchachas jóvenes. Sus fotos, intensas de color y de subjetividad, poseen gran fuerza y algo semejante a la desolación, a la amargura, a la derrota prematura… Ha sido fotógrafa de la National Geographic, desde  1990, y ha publicado, entre otras series, el libro Viviendo deprisa: creciendo bajo la sombra de Hollywood (1993).

EL AMOR IMAGINARIO: JUAN RAMÓN Y GEORGINA HÜBNER

EL AMOR IMAGINARIO: JUAN RAMÓN Y GEORGINA HÜBNER

50 AÑOS DE LA MUERTE DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ / 1

Epístolas a una diosa en Lima

 

(Georgina Hübner y Juan Ramón Jiménez)

 

Georgina Hübner fue una mujer imaginaria, auqnue sí existió en Lima una muchacha morena, de cara redonda, que se llamó así. Juan Ramón Jiménez hacia 1904, cuando vivía la fiebre del Modernismo y acababa de publicar un bello libro titulado Arias tristes, amó a una presencia lejana de poco más de veinte años que firmaba Georgina Hübner. Expertos en Juan Ramón como Ricardo Gullón, Antonio Campoamor, Aurora de Albornoz, Melchor Fernández Almagro, Juan Guerrero Ruiz o Antonio Oliver  Belmás abordaron esta delirante peripecia de amor e invención.

         Tampoco es extraña esta fascinación, sufriéndola quien la sufrió: aquel muchacho despatriado --tal como bautizó Ignacio Prat al poeta de Moguer en su libro El muchacho despatriado. Juan Ramón Jiménez en Francia (1901)-- que tendía a enamorarse irremediablemente de un modo platónico de muchas mujeres: Marthe y Denise Lalanne, Francina, una novicia. También él fue objeto de deseo: la joven escultora Marga Gil Röesset se mató de amores contrariados en Las Rozas, en 1932, cuando ella contaba 22 años y él 50. Antes de suicidarse, la desdichada dejó una carta, rescatada por Blanca Berasátegui, donde pedía disculpas a Zenobia Camprubí Aymar y le confesaba: «En fin me he enamorado de Juan Ramón y siendo tu amiga aquí ya está mi culpa. Le he dicho que le quiero y le he pedido que se case conmigo; ¡estaré loca! Pero como él te quiere, ¡te quiere!, pues me ha dicho que no, que nunca.»

         Arias tristes, el libro que desencadenará el episodio Hübner, estaba dedicado a diversas damas: la sombra de una novia de Moguer como Blanca Hernández Pinzón, algunas monjas, amantes soñadas. La historia comenzó en 1904 cuando los integrantes de La Sociedad de Beneficiencia Pública de Lima (dos especialmente: José Gálvez Barrenechea y Carlos Rodríguez Hübner, primo precisamente de la muchacha real) leyeron una crítica del poemario en el diario Abc. Juan Ramón, además, era asiduo colaborador de la revista Blanco y Negro. Al cabo de un tiempo decidieron urdir una estratagema para conseguir el libro, que no se podía adquirir en la ciudad. Hablaron entre ellos y determinaron tomar prestado el nombre de una prima de Carlos Rodríguez Hübner, Georgina, para dirigirse al poeta. Le cursaron una carta púdica y afectada, idónea para la sensibilidad enfermiza de Juan Ramón, que acababa de quedar huérfano de padre y vestía de negro únicamente, con el objeto de que les remitiese la obra. En el fondo, José Gálvez y Carlos eran unos mitómanos, mitómanos y perversos, y esperaban amontonar autógrafos, cartas, fotos firmadas, envíos gratuitos de un creador al que admiraban.

         La primera carta de Georgina decía así:

        

         Señor: por el bisemanario español Abc me he impuesto de la publicación de un libro de poesías de usted, titulado Arias tristes. He buscado inútilmente el referido libro en los centros libreros de esta capital, y en la imposibilidad de conseguirlo, me permito sugerirle tenga la bondad de enviármelo, dispensando la molestia que este le ocasione. No le remito a usted el valor del ejemplar (tres pesetas), pues no hay giro por esa cantidad. Reciba usted mis agradecimientos anticipados por este favor y mande en la voluntad de su atta. y s. s. Georgina Hübner. Lima, 8 de marzo de 1904. Mi dirección: Georgina Hübner, calle de Belaochaga,número 142. Lima.

 

         A Juan Ramón esa carta le conmovió, a pesar de que recibió el mensaje con casi dos meses de retrato. El 6 de mayo le responde con el primer vendaval amoroso de su corazón.

 

         A Georgina Hübner en Lima: He recibido esta mañana su carta tan bella para mí, y me apresuro a enviarle mi libro Arias tristes, sintiendo que sólo mis versos no han de llegar a lo que usted habrá pensado de ellos. La carta de usted es del 8 de marzó, a mí no me ha venido hasta hoy, 6 de mayo. No me culpe de la tardanza. Si usted me envía siempre su dirección   --en el caso de que vaya a cambiar de domicilio--, yo mandaré a usted los libros que vaya publicando, siempre --claro está-- con el mayor placer. Gracias por su fineza. Y créame muy suyo, que le besa los pies. Juan Ramón Jiménez.

 

         La segunda carta de Georgina Hübner aparentaba ser de arrepentimiento, como si reconociese que había cometido un desliz o una imprudencia, aunque luego agrega que se siente mejor al haber leído el libro, ése parecía otro ardid muy bien estudiado para minar el frágil corazón y la vanidad del escritor.

 

         ¡Mas felizmente todos mis desasosiegos se han calmado, todas mis dudas han desaparecido, al recibir su atenta carta y su hermoso libro! Sus versos llenos de tristeza hablan del corazón y al cadencioso vibrar de las notas melancólicas de Schubert, recordaré esas estrofas en las que vaga el perfume delicado y suave del alma de su autor. Si le dijese a usted que una parte de su libro me gustaba más que la otra, mentiría. Cada una tiene su encanto, su nota gris, su lágrima y su sombra. Que esas vistas que le mando le agraden es el deseo de su amiga y admiradora. Georgina Hübner. Lima, 23 de junio de 1904.

 

         Los impostores lo hacían muy bien. Parece ser que la caligrafía, preciosa, era de otra mujer, pero la verdadera Georgina Hübner no sabía nada. Las epístolas empezaron a cruzarse con mucha frecuencia y la mujer imaginaria que escribía fue cediendo en su pudor, en su timidez, para entrar en el juego de Juan Ramón: éste, hechizado, empezó a responder con idéntica pasión y lirismo a unas cartas de enamorada que se ofrece espiritualmente desde la distancia. El vate incluso le ofreció dedicarle su nuevo libro Jardines lejanos, en el pórtico iba a ir esta leyenda: A Georgina, este libro que debió ser todo para ella», pero la dama le disuadió. Las mejores palabras de ternura inflamaban la correspondencia del poeta. Como Juan Ramón conocía muy bien a San Juan de la Cruz y los versos «la dolencia de amor sólo se cura con la presencia y la figura», creyó que era el momento en que debían conocerse personalmente. En un principio le pidió a ella que viniese a España, pero tal vez de inmediato le hizo saber que en caso de que eso fuese imposible, iría él a verla.

         El curso de los acontecimientos empezaba a preocupar a aquellos traficantes de sentimientos. Juan Ramón era un filón: construía desde lejos, carta a carta, el sueño de la amada ideal, y ésta se agigantaba mensaje tras mensaje. Decidieron, para apaciguar su ardor romántico, recluir a Georgina en un balneario porque «está muy enferma.» La nueva travesura no surtió efecto. Además, la espectral Georgina Hübner le escribió una nota que no podía dejar indiferente a Juan Ramón.

 

         Recibí su última carta, aún no del todo repuesta de una enfermedad que me tuvo en cama por unas semanas. Mi familia, asustada, me llevo al Barranco, un pintoresco balneario, y después a La Punta, lugar de veraneo también, muy solo y muy triste (...) ¡cuánto he pensado en usted, amigo mío! Un primo mío me llevó Ninfeas, y con él he sentido mucho. Sus versos dulces y suaves me sirvieron de compañía y de consuelo. Recuerdo mucho el día que leía El alma de la luna, tiene un fondo melancólico que me encanta y que me hizo pensar --yo no sé por qué-- en el alma de las cosas. ¿Me pregunta usted si me he enojado porque me pide mi retrato? ¡No! No me crea usted tan pequeña de espíritu. Espere, ya irá: pero antes justo es que me mande el suyo. Ya casi puedo decir que estoy bien; sólo de cuando en cuando una tosecilla seca me desgarra el pecho, ¡Y hay días en que amanezco tan triste!

 

         La broma era perfecta y totalmente seductora, y estaba elaborada con refinamiento, con la estética propia del momento. Los poetas peruanos conocían la vulnerabilidad de Juan Ramón y en ocasiones parecían ir hasta el recochineo. Ella le indica su nueva dirección en esta misiva y dice que vive en Amargura, 275, principal.

         El poeta enaltecía a la joven, soñaba que era una diosa taciturna que asomaba a su vida, y se sabía protagonista y dueño de una embriagadora aventura de amor. Tuvo un arrebato de coraje o de frenesí voluptuoso. Se ofreció para casarse con ella. Es verdad que Juan Ramón Jiménez había estado internado en Francia en 1901 por desequilibrios, es cierto que mostraba un temperamento enfermizo y soñador, capaz de cometer locuras sentimentales, ¿pero no demuestra su intención y esta respuesta una firme creencia en su amada ilusoria, una sincera desesperación de amor?

 

         ¿Para qué esperar más? Tomaré el primer barco, el más rápido, el que me lleve a su lado. No me escriba más. Me lo dirá usted personalmente, sentados, los dos frente al mar, o entre el aroma de su jardín con pájaros y luna.

 

         Esta nueva epístola creó una gran zozobra en el grupo peruano, que debió asustarse. La historia se le iba de las manos. Y buscó una solución rápida y cruel. Antes de nada, al parecer, los embaucadores hicieron saber la historia al completo a la auténtica Georgina Hübner, quien dejó muy claro que deseaba cortar por lo sano con aquella travesura. Se reunieron y determinaron matar a la joven de una tisis galopante, y se lo hicieron saber al poeta antes de pudiese embarcar mediante un telegrama que cursaron al cónsul de Sevilla. La misiva de los integrantes de la Sociedad de Beneficencia Pública de Lima decía:

 

         Georgina Hübner ha muerto. Rogámosle comunicar la noticia a Juan Ramón Jiménez. Nuestro pésame.

 

         Ahí pareció acabarse el infausto idilio, aunque Juan Ramón Jiménez dejó testimonio de la sinceridad de sus afectos en un poema magnífico y sentido que incluyó en Laberinto, en 1913, justo el año en que iba a conocer a la mujer de su vida Zenobia Camprubí. Años más tarde, Antonio Oliver Belmás, poeta del 27 y biógrafo de uno de los impostores en José Gálvez y el modernismo, intercedió por el grupo. Juan Ramón les perdonó, y la mejor prueba de su clemencia fue que habló del asunto en varias ocasiones --Juan Guerrero Ruiz lo recoge en varias citas en su Juan Ramón de viva voz. Cotejamos la edición de Ínsula de 1961, Pre--Textos reeditó el volumen-- y permitió a Ricardo Gullón rescatar alguna carta cuando él vivía, aunque el epistolario completo no apareció hasta 1960, en Ínsula. El poeta nunca llegó a conocer a la verdadera Georgina Hübner, quien murió en 1958 en Colombia, seis meses después de la propia muerte del poeta. Para entonces, sin saberlo tal vez, ya era inmortal merced a este largo poema de Laberinto, del que ofrecemos el fragmento final:

 

Ahora, el barco en que irá, una tarde, a buscarte,

no saldrá de este puerto, ni surcará los mares;

irá por lo infinito, con la proa hacia arriba,

buscando, como un ángel, una celeste isla...

¡Oh, Georgina, Georgina!¡qué cosas!..., mis libros

los tendrás en el cielo, y ya le habrás leído

a Dios algunos versos...; tú hollarás el poniente

en que mis pensamientos dramáticos se mueren...;

desde ahí, tú sabrás que esto no vale nada,

que, salvando el amor, lo demás son palabras...

¡El amor!, ¡el amor! ¿Tú sentiste en tus noches

el encanto lejano de mis ardientes voces,

cuando yo, en las estrellas, en la sombra, en la brisa,

sollozando hacia el Sur, te llamaba: Georgina? (...)

 

El cónsul de Perú me lo dice: «Georgina

Hübner ha muerto...»  Has muerto. Estás sin alma en Lima,

abriendo rosas blancas debajo de la tierra...

Y si en ninguna parte nuestros brazos se encuentran,

¿qué niño idiota, hijo del odio y del dolor,

hizo el mundo, jugando con pompas de jabón?

 

         El enigma no se cierra aquí del todo. Existió otra mujer que cedía su hermosa caligrafía para el engaño. Y de sus verdaderos sentimientos nada se sabe ni nadie ha escrito ni una palabra: acaso ella sí estuviese con su alma entera en las páginas apasionadas y hondas de la impostura. Seguro que con el paso de los años, el forjador de leyendas que fue Juan Ramón Jiménez debió imaginarse algo así y fantasear de nuevo con aquel rostro, con las manos níveas y con su delicioso e incógnito abatimiento.

*Hace algunos años, en la revista La Expedición, que dirigían Fernando Sanmartín y Adolfo Ayuso, publiqué este artículo. Es una de las historias de amor imaginario más poéticas y terribles que he leído nunca. Aparecerá en un libro que estoy preparando de artículos literarios.

 

BOLAÑO EN VÍDEO Y EN BLANES, DE NUEVO...

BOLAÑO EN VÍDEO Y EN BLANES, DE NUEVO...

El martes 27 de mayo, en Blanes (el pueblo de la Costa Brava donde Roberto Bolaño vivió desde 1986 hasta su muerte en 2003 y donde recibía a multitud de amigos)  tendrá lugar la presentación de Bolaño salvaje (Candaya, 2008) y la primera proyección pública de Bolaño cercano, el documental, rodado en buena parte en Blanes, que acompaña al libro.

 

Intervendrán:

 

Edmundo Paz Soldán (novelista, profesor de la  universidad de Cornell y coordinador de la obra)

Erik Haasnoot (director del documental)

Joan Planells (Fundació Àngel Planells)

Olga Martínez Dasi  (codirectora de la Editorial Candaya)

 

Participarán también algunos autores del libro, como Juan Antonio Masoliver Ródenas (escritor y crítico literario de La Vanguardia, acaba de publicar el poemario Sònia en Acantilado) o Sonia Hernández (escritora y periodista).

 

Lugar: Fundació Àngel Planells (carrer l’Or, 2)

Día: Martes, 27 de mayo, a las 20 horas

 

El encuentro, organizado conjuntamente por La Fundació Àngel Planells, Ball de lletres y la  Editorial Candaya, contará con la presencia de la familia de Roberto Bolaño, un autor afincado en la Costa Brava, donde escribió sus mejores libros: Los detectives salvajes o 2666, su obra inacabada. Para muchos, Bolaño es un autor de referencia de las nuevas generaciones de autores latinoamericanos. Tenía grandes seguidores: Enrique Vila-Matas fue uno de ellos. Dijo que tras su muerte "empezaba la leyenda".

 

Bolaño salvaje es el segundo título de la colección Candaya Ensayo, que incluye siempre un entrevista-documental que se inició hace un año con Vila-Matas portátil (del que ya se han hecho 2 ediciones. El autor de Suicidios ejemplares conversaba con Juan Villoro) y que ha continuado con El lugar de Piglia (recientemente aparecido). Un cuarto volumen, sobre Juan Marsé, se publicará en octubre.

 

La editorial Candaya, que ha publicado libros de Quim Aranda, Nuevo Talento FNAC, entre otros, está dirigida por Francisco Robles Ortega y Olga Martínez Dasi.

*Foto de Roberto Bolaño (1953-2003) con su sempiterno cigarrillo en la mano.

LA FICCIÓN DE BUENA LEY, POR J. E. AYALA DIP

LA FICCIÓN DE BUENA LEY, POR J. E. AYALA DIP

[Esa estupenda escritora que es Mónica Gutiérrez Sancho estaba hoy especialmente feliz. El crítico argentino José Ernesto Ayala Dip, un crítico profesional que se reparte en distintos medios y halla su mejor eco en Babelia, hace una especie de balance y acopio crítico de los últimos libros de narrativa española y valora muy positivamente su novela sobre el jazz, sobre una calle, sobre un local concretos, sobre varias mujeres, Si vuelves te contaré el secreto (Caballo de Troya), igual que valora a Carlos Castán, a Ignacio Martínez de Pisón y a Cristina Grande, entre otros muchos, y no puedo olvidar a David Trueba. Me ha resultado casi conmovedor que un buen lector se fije en la calidad de las propuestas de Xordica y en concreto en un libro tan particular como Dirección noche de Cristina Grande. )

 

Señalaba Alessandro Baricco recientemente en La Vanguardia que hoy se escribe mejor. No aclaraba el autor italiano el calado de esa mejoría ni argumentaba su comentario. Su afirmación no hilaba más allá de lo que a mí me pareció una intuición a voleo. Y sin embargo, creo que tiene razón. Se escribe mejor. Tampoco aclaraba Baricco en qué ámbito lingüístico se escribe mejor. Pero en el español, trátese de aquí o de allá, es rigurosamente cierto. Y otra cosa. Independientemente de que se lea más o menos (que es evidente que se lee más, otra cosa son los que no leen nunca y que no hay ni habrá campañas institucionales de invitación a la lectura que pueda con ellos), yo también creo que se lee mejor. Y se decodifica mejor. Y esa mejoría la da esa saludable promiscuidad en que cohabitan ofertas estético-narrativas de distinto cuando no antagónico tenor. Evidentemente en esta dinámica de excelencia literaria, tanto en la emisión como en la recepción, no es ajena la profusión industrial. Ni la proliferación de bibliotecas públicas, ni los clubes de lectura. Ni el consumo cultural (a rebufo a veces del consumismo general) al que se suman nuevas capas de la sociedad. Pues bien, este es el paisaje en que me gustaría enmarcar a los autores a los que sería bueno que el lector no dejara de leer. Algunos de ellos son novelistas y autores de cuentos de reconocido prestigio. Otros se incorporan con una breve pero sólida validez estética. Todos ellos conforman casi simultáneamente un tejido amplísimo de propuestas. Y a todos ellos, los espera el lector de ahora mismo, un lector sin prejuicios, ávido de historias de nuestro tiempo, pero también de sutileza, degustador de estrategias sofisticadas y dispuesto a participar en esta gran fiesta del intelecto y la sensibilidad que siempre es y será la ficción de buena ley.

En el panorama español, en primer término tres nombres se imponen con meridiana claridad: Rafael Chirbes, Javier Marías y Luis Mateo Díez. Tres clásicos contemporáneos que con sus respectivas obras: Crematorio (Anagrama); Veneno y sombra y adiós, último volumen de la trilogía Tu rostro mañana (Alfaguara), y La gloria de los niños (Alfaguara), han vuelto a dar una lección de coherencia narrativa desde la conciencia de sus estilos irrenunciables y la exigencia de rigurosa historicidad y universalidad. El Premio Nadal de este año se ha saldado con la novela que se esperaba de Francisco Casavella, Lo que sé de los vampiros (Destino). Una novela de ideas disimulada detrás de una tupida red de peripecias que nunca dejan de ser las peripecias de la lucidez en tiempos difíciles. También en su línea de no transigir con las soluciones fáciles, ni caer en los tópicos habituales en una novela sobre la Guerra Civil española, vuelve Ignacio Martínez de Pisón con Dientes de leche (Seix Barral), una historia de gran eficacia emocional y claridad compositiva. Clara Sánchez ha escrito una novela impecable: Presentimientos (Alfaguara), invención y juego compositivo al servicio de una historia sugerente. David Trueba ha dado un paso de gigante respecto a Cuatro amigos: Saber perder, una extensa novela que no pierde nunca interés y que juega con los recursos más genuinos de la novela a la hora de enfrentarse a los tiempos actuales.

Voy a citar ahora un puñado de novelas que obedecen a poéticas narrativas muy diferentes. Algunos de ellos se estrenan como novelistas, otros confirman la alta calidad literaria que prefiguraron en libros anteriores: La trama de los desórdenes (Bruguera), de Francisco Solano; Derrumbe (Seix Barral), de Ricardo Menéndez Salmón; Nocilla Experience (Alfaguara), de Agustín Fernández Mallo; Cultivos (Mondadori), de Julián Rodríguez; Campo de amapolas blancas (Tusquets), de Gonzalo Hidalgo Bayal; Naturaleza infiel (RBA), de Cristina Grande, y Si vuelves te contaré un secreto (Caballo de Troya), de Mónica Gutiérrez Sancho. Aquí tenemos ese reservado y conmovido "realismo limpio", que se adjudicó a John Berger, de Julián Rodríguez; el experimentalismo argumentado en la vida y en la ficción transgresora de Fernández Mallo; los dos ejercicios irónicos y sentidos de fabuladas autobiografías con que se aproximan al meollo de la memoria Hidalgo Bayal y Grande (sugiero la lectura de su libro de cuentos Dirección noche, Xordica, 2006); la representación del mal más insoportable y la escritura que lo hace imprescindible como artefacto de ficción de Menéndez Salmón (sugiero la lectura de su libro de cuentos Gritar, Lengua de Trapo, 2007); la grata sorpresa formal y arriesgada de Gutiérrez Sancho y el Giorgio Manganelli y Cortázar que Solano digiere y nos lo devuelve con su criterio de los homenajes literarios con sentido humano.

De las novelas latinoamericanas, citemos en primer lugar la edición póstuma de La Grande (El Aleph), del escritor argentino fallecido en 2005 Juan José Saer. Del linaje de los Piglia y Aira, Saer es uno de los nombres mayores de la literatura argentina contemporánea. Inacabada, La Grande refleja meridianamente el arte compositivo y la filosofía estilística de Saer. Muy buena impresión deja Bosque quemado (Mondadori), del chileno Roberto Brodsky, que junto al argentino Martín Kohan (ganador del Premio Herralde de narrativa, con Ciencias morales, Anagrama) encuentran el lugar exacto en su búsqueda de unir reflexión política crítica y el método preciso de ficcionalización. El mexicano Elmer Mendoza da una lección en Balas de plata (Tusquets) de impostación de una voz narradora neutra en una novela negra sin concesiones estilísticas. El boliviano Edmundo Paz Soldán deja una grata impresión con Palacio quemado (Alfaguara), una reflexión desde el vientre mismo del poder político. Y termino con Help a él (Periférica), del argentino Fogwill, volumen que reúne dos novelas cortas que hacen honor a la mejor tradición del género con una sabiduría estilística imposible de ignorar; y con La última hora del último día (RBA), del mexicano radicado actualmente en Barcelona Jordi Soler, un cruce de historias del exilio de republicanos españoles en su mejor y más conmovedora versión de escritura y simulación narrativa. Y una última debilidad: La muerte lenta de Luciana B (Destino), del matemático y novelista argentino Guillermo Martínez. La tensión de un enigma humano antes que policiaco, y la arquitectura rigurosa de la invención.

Apunto cuatro cuentistas, entre españoles y latinoamericanos: Temporada de huracanes (MenosCuarto), de Gonzalo Calcedo Juanes; Sólo de lo perdido (Destino), de Carlos Castán; Pétalos y otras historias incómodas (Anagrama), de la mexicana Guadalupe Nettel, y Los amantes de Todos los Santos (Alfaguara), del colombiano Juan Gabriel Vásquez. Cuatro maneras de entender el arte del cuento y de plasmar en ellos las vicisitudes de esas criaturas humanas que somos y que a veces merecemos, muy a pesar nuestro, que nos retraten o nos reinventen con la delicadeza de trazo narrativo, temperatura imaginativa e inspiración poética con que lo hacen estos autores citados. Y, ya que estamos, no olvidemos la sentencia de Henry Fielding: "Sólo se puede conocer a los hombres a través de los libros".

*La foto corresponde a una de las grandes fotógrafas de los últimos años: Desiree Dolron.

**Había puesto al principio que José Ernesto Ayala Dip era uruguayo: ese ángel protector deeste blog que es Fernando Valls me dice que es argentino y lo corrijo.

 

PREMIO PARA LEYENDARIO. CRIATURAS DE AGUA

PREMIO PARA LEYENDARIO. CRIATURAS DE AGUA

El Gobierno de Aragón ha concedido el Premio al Mejor Libro Editado en Aragón 2007 a Leyendario. Criaturas de agua, de Tropo Editores, escrito por el oscense Óscar Sipán e ilustrado por el zaragozano Óscar Sanmartín. En 2004, Óscar y Óscar, que tienen algo de factoría de trabajo e imaginación constantes, firmaron Leyendario. Monstruos de agua, un volumen publicado por el Instituto Aragonés del Agua. Y en 2006, Guía de hoteles inventados (Diputación de Badajoz).

 

El director del Centro Aragonés del Libro, José Luis Acín, explicó que el jurado ha valorado “que han combinado los valores clásicos de cómo tiene que ser un libro bien hecho (cuidado de los márgenes, cuidado de la tipografía, los interlineados, la reproducción) con las nuevas tecnologías”.

 

Además, se tuvo en cuenta que es una editorial joven, que está trabajando muy bien y se entiende también el premio como un incentivo. En suma, se entendió que “es un libro perfectamente trabajado, diseñado y cuidado”.

 

El pasado año, este premio lo recibió el libro Alas rojas de Salvador Trallero, publicado en su propia editorial: Trallero editor. Óscar Sanmartín y Óscar Sipán son dos de los invitados esta semana de Borradores, donde ya habían estado.