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Antón Castro

UN ENVÍO DESDE SUECIA: LA IMPOTENCIA

UN ENVÍO DESDE SUECIA: LA IMPOTENCIA

[Francisco J. Uriz, el poeta español de Olof Pälme, como le bautizó alguien alguna vez, es un zaragozano muy especial. Seguidor acérrimo del Zaragoza, es un gran apasionado del fútbol. Ha escrito mucho sobre él e incluso le ha dedicado un poemario al completo: Un rectángulo de hierba, donde escribía: “Carlos Lapetra no fue menos importante // que Ramón Sender”. Hoy ha visto al equipo caer a Segunda en directo en Suecia. El gobierno de ese país va a darle, a él y Ana Laguna, una importante distinción por su contribución a la cultura del país. Uriz, fundador de la Casa del Traductor de Tarazona, va a leer este poema de Harry Martinson.]

 

 

La impotencia



Una vez encontré en un bosque un hacha clavada en la tierra hasta el ojo.



Era como si alguien hubiese querido hender el mundo entero en dos trozos de un solo hachazo.



La voluntad no había faltado, pero se había partido el mango.

 

*Foto de Joao Roberto Ripper.

 

MAQUIS: LOS ÚLTIMOS QUE SE ECHARON AL MONTE*

MAQUIS: LOS ÚLTIMOS QUE SE ECHARON AL MONTE*

[Esta mañana, muy temprano, algunos integrantes del colectivo  los_del_monte@yahoo.es (Cloux) me remitieron este espléndido artículo que aparece hoy en el suplemento El País Semanal. Es un artículo que firma Jesús Ruiz Mantilla, un periodista de amplio recorrido que igual entrevista a Philip Roth o habla del estreno en Berlín del documental de Martin Scorsese sobre Los Rolling Stones, que conversa la tarde de los viernes en La ventana, de placeres de todo tipo (gastronómicos, sensoriales, sexuales, líricos…) con Gemma Nierga. Estoy seguro que todos lo habréis leído, pero si no aquí queda colgado. ]

 

LOS ÚLTIMOS QUE SE ECHARON AL MONTE

Se mueven entre el mito y la leyenda negra. Juanín y Bedoya, los últimos guerrilleros que resistieron al franquismo en los montes de Cantabria, fueron héroes populares entre el silencio de la represión. Un libro clarifica su historia.

Los niños de todas las comarcas que circundan el recóndito y hermoso valle de Liébana, en Cantabria, han jugado desde hace décadas a Juanín y Bedoya. Se mofaban de los cercos que les tendían los supuestos guardias, y quedaban para el arrastre después de un pillo que te pillo en los bosques y los prados donde correteaban tiroteándose de mentira. Pero la bárbara resistencia de estos dos guerrilleros que se echaron al monte para luchar contra el franquismo –los últimos en la Península– fue de todo menos una broma.

A Juan Fernández Ayala, la vida le dio cuatro cosas: un instinto casi animal para la supervivencia, su proverbial tozudez, el idealismo de los irredentos y muchos palos. En cambio, a Francisco Bedoya Gutiérrez le tocaron en gracia otros atributos: un corpachón de gigante homérico, un corazón sensible, una habilidad extrema para tallar juguetes de madera y algunos palos más que a su compañero Juanín.

El destino tuvo la mala idea de unirles para echarse al monte en plena dictadura. Su vida como fugitivos fue tan grandiosa que al convertirse España en un país normal acabaron colgándose la medalla de las leyendas. Pero llevaban también encima muchas manchas, muchos interrogantes sin resolver. La sombra que más ha ensuciado su aventura ha quedado ahora despejada.

Hasta la fecha, muchos fueron los que creyeron la historia oficial: que Juanín acabó acribillado en una cuneta por disparos de Bedoya. Por la espalda. Incluso la familia Fernández Ayala llegó a sostenerlo tras la muerte de Franco. Pero la jugarreta de la traición ha quedado enterrada gracias a un libro que reconstruye la vida de ambos: Juanín y Bedoya. Los últimos guerrilleros (Cloux Editores), de Antonio Brevers.

Tirando del hilo durante ocho años de su vida, Brevers ha despejado muchos interrogantes. De paso, este psicólogo metido a escritor, que era de los niños que mataban las horas con el juego de los guerrilleros en Torrelavega, ha ejercido toda una justicia histórica: “Quería que el libro tuviera una dignidad, incluso en su formato, con tapa dura. Son personas que han sufrido mucho, familias que han vivido la vergüenza como norma. Que ahora se reivindique la figura de ambos y su historia como una de las atrocidades del franquismo es muy importante para todos ellos”.

El interés por esta tragedia, que ha ido acrecentando su mito en la memoria popular, ha saltado de inmediato. El libro, sólo en Cantabria, ha vendido 10.000 ejemplares. Allí se ha editado con la colaboración del gobierno regional, pero ahora se está distribuyendo por toda España. La gente desea saber. Desde los familiares de los guerrilleros hasta quienes sufrieron sus secuestros o atracos por supervivencia. Desde los vecinos próximos hasta los niños que crecieron viendo cómo a sus mayores se les metía en el cuartel y se les zurraba por la mera sospecha de que les hubiesen proporcionado comida.

Pero la necesidad más justificada de indagar en los hechos es, para Brevers, la de Ismael Gómez San Honorio, Maelín, el hijo de Francisco Bedoya, con quien el fugitivo no logró volver a unirse en vida nunca más desde que se echó al monte. La historia de Maelín es de las que de por sí merecen ya un libro. Cuando éste era un niño, en Argentina, encontró una caja que guardaba el secreto que su madre le ocultó: la identidad de su verdadero padre.

Ismael llegó a visitarle en la cárcel cuando era muy pequeño, pero tenía un recuerdo demasiado borroso de aquel hombre que le regaló un camión de madera tallado por él. El futuro de su padre era demasiado incierto como para que su abuela no decidiera embarcar al niño hacia Argentina junto a su madre, Mercedes San Honorio Pérez, Leles. Ella había rehecho su vida en América.

Todo el pequeño pasado de Maelín quedó también extirpado hasta que descubrió aquel cofre. En él, Leles guardaba las cartas de Paco Bedoya desde la cárcel, escritas antes de echarse al monte, y un recorte de prensa en el que se contaba su caída. Ese mismo cofre con los secretos le fue entregado a Brevers para que escribiera su libro. Pero la historia comienza antes. Con Juanín...

Cuando Franco ganó la guerra, a los derrotados les cabían tres opciones: aguantar y agachar la cabeza, huir al extranjero o liarse para resistir en el monte. Juan Fernández Ayala nunca fue de buen conformar. Más si, además, junto a la desesperación de ver cómo su país se pondría bajo las botas de los vencedores, tenía que aguantar palizas a diestro y siniestro. Así que decidió resistir. Atrás habían quedado los tiempos más dulces, pocos, como recuerda en un testimonio del libro Virginia Sierra, que le conoció: “Corrían malos tiempos y no teníamos prácticamente nada. Las muñecas eran de trapo, y las pelotas, de corteza de abedul. Pero éramos felices”. La guerra, en la que él combatió junto a los republicanos, lo echó todo a perder. Pero aún más dura fue la derrota, la represión que llegó de sopetón.

Juanín cumplió cárcel, fue uno más de los prisioneros que abarrotaban la plaza de toros de Santander o la prisión improvisada de Tabacalera. Pocos hubiesen dicho entonces que años después iba a volver loca a la Guardia Civil, a los servicios secretos y a los jerifaltes del régimen. Al salir, en 1942, fue incapaz de adaptarse a los nuevos tiempos, y meses después había decidido enrolarse en la Brigada Machado, la desperdigada por los Picos de Europa.

Mientras Juanín iba marcándose de cicatrices, nada apuntaba a que Paco Bedoya acabaría como él. Era más joven que Juanín, ni siquiera había combatido en la guerra por la sencilla razón de que entonces no era más que un niño. Había nacido en Serdio el 26 de mayo de 1929. Iba para carpintero, aunque tenía más bien dotes de ebanista. Eso, unido a que cantaba como un Caruso, daba prueba de que bajo su corpachón se escondía un alma sensible.

A Juanín le conoció Bedoya de casualidad. Cuando se presentó un día en su casa para recabar apoyos. Tampoco era raro verle de medio incógnito por el pueblo, y el líder guerrillero acabó fijándose en el chico. Estaba hecho un lío, sin saber qué hacer con la que se le venía encima personalmente. Había tenido un hijo con su novia, Leles, y debía espabilar.

En la figura de Juanín, Bedoya encontró a un padre. Congeniaron pronto. Al más joven le hacían gracia las imitaciones que improvisaba Juanín, y a éste le caía bien el aspirante a estrella de la canción. Soñar ha sido siempre gratis, y Bedoya no se perdía jamás la emisión por radio de Fiesta en el aire, el Operación triunfo de la época, que escuchaba con los amigos por el aparato Telefunken de la taberna de Alfredo.

Mientras España escapaba de ese presente mísero como podía, los guerrilleros de los Picos de Europa andaban a otras cosas. Su dilema era matar a Franco o no matarle. El caudillo se paseaba por la zona a menudo para pescar a poder ser el campanu, como se conoce al primer salmón de la temporada. Varios querían dar el golpe, pero entre los que se opusieron estaba Juanín. Para él, cometer el atentado poco cambiaría las cosas. Los suyos, sin embargo, lo pagarían como ratas. Entre tanto, los guardias aplicaban con celo varias detenciones preventivas e interrogatorios contra todos aquellos que no se sabe muy bien a qué se dedicaban por la comarca. En una de esas inspecciones, llevadas a cabo para que no hubiese problemas con el dictador, alguien delató a Bedoya. Estaba claro que el chico tenía contactos con la guerrilla y lo pagó.

Personalmente, aquello fue la gota que colmó el vaso a ojos de la familia de su novia. No les costó mucho convencerla para que se fuera a Argentina. El niño se quedaría con su abuela materna, pero poco después le enviaron allá. Bedoya, que era un tipo callado y taciturno, mataba el tiempo en la cárcel tallando juguetes de madera para Maelín y escribiendo a Leles. También leía. De todo menos novelas de Lafuente Estefanía y El Coyote. “¡Para leer eso, mejor sería que leyeseis el catecismo, mecagüen!”, escuchó él mismo decir a Juanín tantas veces.

Corría ya el año 1952 y Bedoya seguía en la cárcel. Le habían denegado alguna rebaja y empezaba a desesperarse. Pero hubo otro suceso que le afectó aún más. Le llegaron noticias de que su casa familiar había sido arrasada por las llamas con todo el ganado en el interior. Eso precipitó su fuga. Era el mayor desastre para los suyos.

El cerco se estrechaba. Las detenciones de familiares como anzuelo para la rendición eran la norma. Así que la madre y una hermana de Juanín, Avelina, acabaron entre rejas. “En lugar de que aquella medida le convenciera para mandarlo todo al traste, el guerrillero decidió quedarse e ir a por todas; era la única forma que tenía de proteger a su familia”, según Brevers. Fue entonces cuando comenzó la leyenda de Juanín y Bedoya como pareja. Cuando tuvo que organizarse un cerco que fue de los más impresionantes del franquismo: “Existía un subsector específico que comprendía Asturias, León, Cantabria, Palencia y Burgos, con un coronel al mando”, comenta Brevers. Aun así, costó cazarles.

La vida en el monte fue dura. Construían refugios en varios lugares, aunque se perdían principalmente en Monte Corona. “Los chamizos estaban construidos con papel brea, una especie de tela asfáltica. Todo parecía ordenado, saneado, con sistemas de drenaje. Se convirtieron en auténticos ingenieros”, asegura el autor del libro.

¿Y quién pagaba todo aquello? Los robos, los secuestros, los rescates… Bajaban a los pueblos y recaudaban con quienes sabían que no iban a tener muchos problemas económicos. Eran una especie de mezcla entre Robin Hood y el bandido Fendetestas, el personaje de El bosque animado, incapaz de hacer daño. De aquí cogían unos panes y unos chorizos, de las tiendas; un pedido con comida para unos días. Disparaban si se veían acosados. Y se vieron, pero 14 veces burlaron el cerco. “Incluso invitaban a los guardias de incógnito a café y les dejaban una nota”. Descaradas, como ésta. “Yo, Juanín, tengo el honor de invitar a café al capitán de la Guardia Civil de Potes, y que le aproveche, como a los pajaritos los perdigones”. Se les tenía respeto, admiración y miedo entre los guardias. “Cuando subían a vigilar por el monte iban fumando o silbando para que se dieran por aludidos y no les hicieran nada”, dice Antonio Brevers.

Pero tanto tiempo haciéndole jugarretas al destino no podía durar mucho. La prensa internacional se hacía eco de sus hazañas, y se negoció incluso, por medio de don Desiderio, párroco de la zona, la salida de Juanín a Francia. Finalmente, el cura no se fió de las autoridades. Sabía que le matarían, como ocurrió después. Fue fortuitamente, durante una guardia. Uno de los vigilantes vio moverse algo, disparó y alcanzó al guerrillero. “No supo ni que había matado a Juanín, se dio cuenta más tarde”, comenta el autor. Bedoya iba detrás, pero no hizo nada, aunque todo se reconstruyera después para alimentar una mentira oficial que Brevers desmonta ahora.

Su compañero no tardó en caer. Fue siete meses después, en diciembre de 1957, tras una vida furtiva que duró, junto a Juanín, cinco años. Le emboscaron en la carretera cercana a Castro Urdiales, cuando escapaba a Francia, se supone. Un soplo propició su captura, y acabó tiroteado, como su amigo del alma, al borde de un arcén.

 

*Los últimos que se echaron al monte. Artículo de Jesús Ruiz Mantilla en El País Semanal de hoy, este desgraciado domingo para los zaragocistas. Lo copio porque soy muy torpe, como siempre, linkando noticias. La foto representa a Juanín, a la derecha, en Peña Ventosa con dos compañeros.

ZARAGOZA: ADIÓS, CON LÁGRIMAS, A PRIMERA DIVISIÓN...

ZARAGOZA: ADIÓS, CON LÁGRIMAS, A PRIMERA DIVISIÓN...

19.58. Domingo

Mallorca-Zaragoza 1-0. Gol de Güiza.

 

Acaba de terminar la primera parte del Mallorca-Zaragoza. En este instante, estamos en Segunda: Güiza, ayudado de un golpe de suerte, marcó el gol que campea en el marcador. El Real Zaragoza ha generado ocasiones, ha tenido momentos (sobre todo al final) de buen juego, ha provocado algunas ocasiones y estamos viendo al mejor y al más sacrificado Aimar de la temporada. Pero hay que anticiparse más, dominar el centro del campo, jugar con un pcoo más de afán y disparar: cada disparo bajo los tres palos es, hoy más que nunca, bajo la lluvia, una ocasión manifiesta de gol. Tal como están las cosas, en el descanso, hasta un empate le sería útil al Real Zaragoza, pero no valen las buenas intenciones. Hay que marcar hasta con el culo.

 

La desesperación de Manolo Villanova y su cabreo lo dicen todo. Se pregunta una y otra vez por qué ni siquiera se sabe lanzar bien las faltas en busca de una cabeza. En este instante, la desesperación es obvia, aunque también hay espacio para la esperanza: el equipo posee el balón, lo mantiene, se va hacia arriba y busca el gol. Pongamos la mano en el corazón para que no nos estalle…

Domingo, 21.10

Mallorca 3- Zaragoza 2

(Goleadores de la segunda mitad: Webó, Tuni, y Oliveira de nuevo)

Y al final no pudo ser,  a pesar de que igualó Ricardo Oliveira tras una jugada bien hilvanada y un preciso centro de Gabi. Poco después, César tomó una decisión precipitada e intentó sacar el balón jugado: lo envió a los pies, poco habilidosos, de Sergio Fernández, y éste acabó perdiendo el balón en un segundo envite con Varela. Éste centró y Webó mandó el balón a la escuadra. El Real Zaragoza siguió peleando sin demasiadas ideas y sin mucha fuerza, todo hay que decirlo. Cuando empezaba a morir el partido, Óscar, en una jugada de ataque, tomó una decisión desdichada (o desdichado fue su pase), y le arrebataron un balón idóneo para el contragolpe. Marcó Tuni. Ahora, las lágrimas, la rabia y la tristeza se adueñaron de todos, de toda la afición –en Mallorca, en Zaragoza, en Aragón, en cualquier- que pensaba y voceaba, con un rictus de desolación, “el Zaragoza no se rinde”. Ricardo Oliveira volvió a marcar pero sólo faltaban 50 segundos. Y ya no hubo tiempo para más.

 

El Real Zaragoza había caído en Segunda, en el año en que celebró su 75 aniversario, en el año que Zaragoza y Aragón celebran la Expo y el bicentenario de Los Sitios, en el año en que tenía un equipo espléndido, en el año en que no se dio ni una a derechas, en el año en que tuvimos una defensa de frambuesa ( y un equipo global sin arrestos), en el año en que no nos servía D’Alessandro (ese tipo arisco y de mal genio que siempre quería el balón y que siempre quería ganar), en el año turbulento en que no se acertó con los entrenadores…

 

Ahora, llega lo más duro: asimilar este varapalo terrible, y organizar un equipo con sensatez, con visión de futuro, un equipo que devuelva al Real Zaragoza, y a su inmensa y abatida afición, a donde tienen que estar: en Primera Divisón, donde han conquistado sus nueve títulos oficiales.

 

*Foto de archivo de Diego Milito. Bien podría aplaudir a lo único que de veras se ha salvado este año del naufragio: la entereza de la afición, su esperanza en un equipo enfermo de tristeza y de indecisión...

 

ARTE ESPAÑOL EN PALERMO-1957-2007

ARTE ESPAÑOL EN PALERMO-1957-2007

[Acaba de inaugurarse en Palermo la muestra España. Arte español, 1957-2007, en la que participan numerosos artistas, entre ellos Fermín Aguayo. Y Antonio López, Ramón Masats y Eduardo Arroyo, de quienes he redactado una nota. Me entero por esta nota que mi homónimo Antón Castro, el profesor y experto en arte nacido en Muxía que antes fue X. Antón Castro (el autor de As mazás de Yoko Ono), ha dejado el Instituto Cervantes de Milán. Siempre había soñado un encuentro de dobles en la ciudad, pero yo creo que es mejor así: quizá nunca nos encontremos, y siempre se producirán esos equívocos sin importancia que vivimos a menudo. Me habría encantado verlo en Milán, tan lejos de casa, para decirle que en mi último libro Golpes de mar un cuento sucedía en su Muxía natal. Durante la confección de esa exposición, el comisario Demetrio Paparoni me enviaba todos los emails con los agobios, las tensiones, los desencuentros. Nunca dije nada: siempre me quedó la duda si iban dirigidos a él o a mí. Y cuando se iban a firmar los textos me pidió mi nombre completo para que no se confundiera con el de Antón Castro de Milán. Le dije que yo era Antón Rodríguez Castro (cuando empezaba a escribir en gallego fui Antón R. Castro) y que así sólo me conocía mi madre, Camilo José Cela y Guillermo Fatás, el director de Heraldo de Aragón. ]

 

 

CRÓNICA DE SUSANA GAVIÑA / ABC

 

La ciudad de Palermo fue ayer el frío escenario, no precisamente por las temperaturas, que superaban los 25 grados, del primer encuentro oficial entre el ministro de Cultura, César Antonio Molina, y la directora del Instituto Cervantes, Carmen Caffarel, después de que ésta destituyera, hace varias semanas, a algunos de los hombres de confianza nombrados por Molina durante su etapa al frente del Cervantes. La cita era importante: la inauguración de la exposición «España. Arte español 1957-2007», que reúne un centenar obras de setenta artistas (Picasso, Dalí, Miró, Barceló, Millares, Tàpies, Saura, Calvo, Iglesias, y Muñoz , entre otros), de los últimos cincuenta años.

Organizada por el Instituto Cervantes, en colaboración con el gobierno de la Provincia Regionale di Palermo, la muestra, que ha contado con un presupuesto de más de 400.000 euros y que sirve para reabrir el Palazzo Sant’elia, está distribuida en cinco apartados: Quijotismo trágico, Misticismo pagano, Existencialismo barroco, Tenebrismo hispánico y Abstracción simbólico formal. «Nada mejor que el arte para expresar la civilización de un país y de un pueblo», afirmó el comisario de la exposición, Demetrio Paparoni, que considera que estos apartados reflejan «los matices comunes que hacen de este pueblo una unidad indivisible». Entre los agradecimientos, se refirió al hasta hace unos días director del Cervantes de Milán, Antón Castro, de quien partió la idea de este proyecto, y a Xosé Luis García Canido (presente ayer en la inauguración), que la puso en marcha. Canido fue el director de Cultura del Cervantes hasta hace poco más de un mes, cuando fue destituido por Caffarel.

Ésta, por su parte, mostró su satisfacción al «ser la promotora de esta exposición, la más grande y con mayor representación que se ha hecho sobre el arte español del último medio siglo en el exterior». Para Caffarel, actos como éste contribuyen «al fortalecimiento del papel institucional del Cervantes respecto de la difusión de la cultura y la lengua española». Subrayó, además, que lecturas como la realizada por Paparoni «evidencian una sociedad española moderna, en la vanguardia, tanto desde el punto de vista sociológico como cultural».

Por su parte, César Antonio Molina destacó que, «observando las obras de esta exposición se puede ver cómo España mira al futuro sin olvidarse del pasado. No sólo del siglo XVII y el barroco, sino de los albores del XVIII. Es un retrato de reflejos y semejanzas entre Sicilia y España España. Es un deber de los artistas y la política revitalizar la memoria de lo que somos».

*La foto de Ramón Masats que se expone en Palermo.

RETRATO DE POETA CON DONA

RETRATO DE POETA CON DONA

Retrato do poeta Xosé María Álvarez Blázquez coa súa María Luisa Caccamo Freibén, de paseo. Tiveron seis fillos: María Luisa, coñecida por Colorín, morta noviña, Xosé María, Alfonso, Celso, Helena y Berta. Todos artistas: escritores como Celso, Xosé María e Alfonso; actrices como Helena; pintoras como  Berta.

DIEGO Y JORGE: ADIÓS A LA LIGA

DIEGO Y JORGE: ADIÓS A LA LIGA

Diego Rodríguez, el mediocampista del Garrapinillos de juveniles, ha jugado esta mañana el último partido de esta Liga. Los locales vencieron a Pina de Ebro por 3-2, a los que les faltaba uno. Ese partido fue la despedida de Rodrigo, de Mario Martín, de Luisito Salas (no ha tenido suerte en todo el año: hoy le han mandado al banco antes de que se iniciase la segunda parte). El partido fue  vibrante, con un juego irregular, y un marcador incierto. Se adelantó el Garrapinillos, empató cuando finalizaba la primera parte el Pina, se adelantó luego, y finalmente remontó, con más empuje que juego, el Garrapinillos. Diego hizo un buen partido y disparó un balón al larguero.

 

Jorge celebró ayer la despedida de la temporada con su equipo. El Utebo de Rafael Blasco ganó la Liga en su categoría, en cadetes. Tenía un espléndido equipo. Jorge no pudo jugar los últimos partidos debido a una lesión en la planta del pie izquierdo. Pese a esas ausencias, fue una de sus mejores temporadas: marcó trece tantos. Diego, que juega en una posición distinta, sólo marcó uno, aunque se hartó de chutar y de realizar asistencias.

 

A ver si el Real Zaragoza nos sorprende esta tarde, y cumple con su deber: vence.

ANA LÓBEZ, EN SINS ENTIDO

ANA LÓBEZ, EN SINS ENTIDO

Desde el pasado ocho de mayo, la artista aragonesa Ana Lóbez, pintora e ilustradora, expone en la sala Sins Entido del oscense Jesús Moreno, responsable del montaje de muchas exposiciones como las de Lastanosa o, dentro de unos días, la de Goya e Italia, que comisaria Joan Sureda.

 

Ana Lóbez (Zaragoza, 1977) posee una magia especial: tiene a veces un aire naïf, un acusado sentido del color y una facilidad increíble para crear figuras. Son famosos sus estuches de tiras, esas cajitas con sus dibujos, con o sin texto, que resultan muy sugerentes, de una gran belleza plástica. El último se titula Dichos chinos, que también tiene algo de marcador de páginas apaisados. Ana Lóbez ha ilustrado dos libros con narraciones de Daniel Nesquens: Noel, el león que no sabía rugir y Un regalo de cumpleaños.

 

Junto a ella exponen importantes ilustradores del país: Pablo Auladell, Eneko, Chiara Fiatti, Max, Das Pastoras, Santiago Sequeiros y Ángel Sesma.

 

La exposición, que quiere festejar el III aniversario de la librería y galería de la calle Válgame Dios, 6 (y no es broma), permanecerá abierta hasta el 28 de junio.

HOY, A LAS 12, ESTRENO DE PAULA ORTIZ

HOY, A LAS 12, ESTRENO DE PAULA ORTIZ

Escribe Paula Ortiz a sus amigos:


[Os envío invitación para el ESTRENO DEL CORTOMETRAJE ’EL HUECO DE TRISTÁN BOJ’, nuestra última producción.  Tendrá lugar el hoy sábado 17 de Mayo, a las 12 horas en el Cine Cervantes.


Nos gustaría mucho contar con vuestra presencia.]

 

El corto, de exquisita factura técnica y una cuidadísima fotografía, cuenta una mágica historia de amor con títeres, que acciona la gran Helena Millán. Entre otros, intervienen Alex Angulo y el niño, ahora adolescente, Jorge Rodríguez, que además es mi cuarto hijo, hermano de Daniel, Aloma, Diego y Sara. Es su segunda colaboración con Paula Ortiz. Había intervenido en Fotos de familia.