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Antón Castro

ADIÓS A ZÉLIA GATTAI, EL AMOR DE JORGE AMADO

ADIÓS A ZÉLIA GATTAI, EL AMOR DE JORGE AMADO

Durante algunos años, en mis casas de alquiler de Urrea de Gaén y de La Iglesuela del Cid, tuve recortada una foto de Jorge Amado y de su mujer, la dulce Zélia Gattai, que acaba de fallecer a los 91 años. El escritor, con quien vivió casi 60 años de ininterrumpido e incesante amor, le dijo siempre que escribiera las cosas sencillas que había vivido, especialmente en su infancia. Y así Zélia se convirtió en una estupenda memorialista, se inició en la escritura con Anarquistas, gracias a Dios (1979), y luego publicó novelas, cuentos infantiles, recuerdos de su marido y de sus años de fértil convivencia.

 

Colgué aquella foto porque era la foto de dos seres felices. Sonrientes, cómplices, apasionados, que amaban la vida y que amaban su lugar en el mundo: Bahía.

 

Contaba cosas muy bonitas, que recordaba ayer Juan Arias en El País. “Jorge Amado siempre me decía: ‘Al posar por primera vez los ojos sobre ti, mi corazón disparó”.

 

Cuando el autor de Gabriela murió, ella colgó una foto gigante de Jorge Amado,  y dijo: “Es como si estuviese guiñando un ojo”.

 

Con aquella foto, la de Zélia y Jorge Amado, me ocurría como con la reproducción de un cuadro de Rembrandt, La novia judía, que tuve algunos años en una buhardilla de la calle Las Armas 138: me conmovían, me intrigaban, me hacían husmear con insistencia en el enigma de las relaciones humanas. Zélia, en apariencia, a primera vista, era una mujer extraordinaria. Sus cenizas han sido esparcidas en el jardín de la casa en la que vivió con Jorge Amado.

DÍA DE AGOBIOS Y PRISA, NOCHE DEL MANCHESTER

DÍA DE AGOBIOS Y PRISA, NOCHE DEL MANCHESTER

He llevado un día especialmente ajetreado. Por la mañana, tomé algunas notas sobre un libro de Lorenzo Silva, El Derecho en la obra de Kafka (Rey Lear), y otro de Mariano de Cavia, seleccioné algunas citas, y luego me fui a la Universidad San Jorge a participar en un seminario sobre Periodismo y Literatura, en el que intervenían Jorge Rodríguez Rodríguez, un colombiano sabio, que igual cita a periodistas olvidados de Latinoamérica que a Jon Lee Anderson, Gabriel García Márquez, Hemingway o Truman Capote. Narró deliciosas historias de los cuenteros de Colombia, refirió algunas anécdotas de El amor en los tiempos del cólera; María Angulo ha preparado, con María del Rosario Leal Bonmatí, la edición crítica de Azotes y Galeras de Mariano de Cavia con alrededor de 500 notas. Llegué tarde a su ponencia, pero comparó –invitada por los alumnos- a Cavia con Larra, y salió ganando el aragonés por su filosofía, por su vitalidad y por su ironía exenta de amargura, amén de otros valores literarios. Larra, por otra parte, se borró de la vida demasiado joven por sus pugnas de amor y desamor con Dolores Armijo.

 

Luego hablé yo un rato. Más de media hora. De mis recortes de As Color y Mundo Deportivo (tenía que haber dicho el diario Dicen y glosar al maestro Juan José Castillo de Luna, aquel de “Entró, entró…”, que tanto me marcó de adolescente), hablé del descubrimiento de los artículos de García Márquez, que publicaba los miércoles en El País, recogidos luego en Notas de prensa y Textos costeños, y hablé de otros autores capitales para mí como Manuel Vicent (soy periodista porque leí y seguí su Inventario de otoño, un proyecto maravilloso que yo repetí años después en Memorias de otoño: jamás olvidaré sus entrevistas a Marija Mallo, Pedro Sáinz Rodríguez, Luis Calvo, Gabriel Celaya, Juan Mordó, Gil Albert o la impresionante de Laxeiro, que fue barbero de feria en su juventud, mi doble Antón Castro de Muxía tiene un excelente libro sobre él), de Umbral, de González Ruano, y hablé por supuesto de este blog. Lo más bello fue que los chavales me preguntaron sin parar de todo. Y fue emocionante. Al final, tras una preciosa entrevista de tres muchachas, un alumno me preguntó por el intrusismo en la profesión y otro grupo de chicas me dijeron que tenían un blog informativo y muy cuidado sobre sexo. En la Universidad San Jorge trabaja ahora la estupenda y apasionada periodista Nerea Vadillo, que prepara un libro sobre los 25 años del ITA y trabajó durante algunos años intensamente en El Siete de Aragón.

 

Había quedado a comer con Jesús Egido, el espléndido editor de Rey Lear, con Antonio Ibáñez (un excelente periodista, biógrafo además de Miguel Labordeta), y con algunos amigos más, pero me fue imposible: faltaban por cerrar algunas páginas de Artes & Letras. Luego tuve que salir a una cita para la Expo y me encontré con Susana Vacas y fui a ver su preciosa tienda-galería La Libreta de los dibujos. Me encantó el sitio, las obras de arte, el mimo, la variedad de contenidos, el cuidado de los pequeños formatos de Lina Vila, Paco García Barcos, Isidro Ferrer, Pilar Martínez Carnicer, Miguel Ángel Ortiz Albero (algunas piezas, por cierto, son estupendas), ella y Carlos Yagüe me enseñaron la bodega, la mesa donde se conserva al calor de buenos caldos aragoneses y del mundo, y de un puñado de figuras que allí, en ese contexto, resultan entre evocadoras, kistch o inverosímiles: esculturas, bustos y rostros de Lenin, Mao Tse Tung, Mussolini. Son piezas de un coleccionista en distintos materiales y les han encontrado allí un acomodo pintoresco. Allí, gracias a la gentileza de Pilar Manrique y Vicki Calavia, grabé un poema de Fernando Sanmartín.

 

Me encontré un instante con Ángela Labordeta y Santiago del Campo. Ángela acaba de publicar una nueva novela en Xordica, Sin hablar con nadie (esta noche habla de ella en Borradores) donde narra la historia de una amistad entre dos mujeres, Catalina y Matilde, en un lugar más o menos imaginario que se llama Alto de Aranda. Y me vine a casa. Era casi la hora del partido. Yo iba con el Manchester. El choque estuvo muy igualado: en la primera parte, a medida que avanzaban los minutos, el Manchester se mostraba superior y más imaginativo: mandaba por la derecha Hargreaves y por la izquierda la chulesca calidad, el vertiginoso ritmo y la capacidad de desborde de Cristiano Ronaldo, que es un futbolista de una clase increíble. Marcó Ronaldo, tras una jugada muy elaborada entre el titán Paul Scholes, ensangrentado ayer como los héroes del fútbol primitivo, y West Brown: este centró de rosca, a contrapié y con la izquierda, y Ronaldo se alzó por los aires, exhibió el canon del remate de cabeza y batió a Cech. El Manchester se hizo acreedor a más goles, pero al final, en una de esos golpes de suerte del Chelsea, marcó Lampard, que había estado casi fuera de combate. O desaparecido. Los mejores de la primera parte fueron Hargreaves y Ronaldo, muy superior al resto en control, regate, crédito e imaginación; por los azules, seguramente Essien, al que desplazan a la banda derecha, cuando en el medio tiene algo de ciclón incontenible, de gladiador furioso que arrasa con casi todo. Y así nació el gol y algunas de las mejores ocasiones del Chelsea.

 

En la segunda parte empezó dominando el Chelsea. Se adueñó del choque, fabricó algunas buenas jugadas; a medida que avanzaba el partido, el Manchester se vino arriba. La prórroga fue emocionante, y al final ganó a los penaltis el equipo de Sir Alex Ferguson. El árbitro no favoreció a los azules en absoluto, expulsó sin demasiado fundamento a Drogba, que solo tuvo un gesto casi letal de los suyos. En los penaltis, Van der Sar detuvo el séptimo disparó a Anelka y ahí se dirimió el choque; antes había marcado mi idolatrado Ryan Giggs. Y antes, con todo a favor, el capitán John Terry (que me recueda mucho al actor Ricardo Joven) falló el disparo que les habría dato el título Fue un partido de poder a poder, de equipos un poco romos, mal construidos en el fondo o construidos como tanques, sin director de juego, con poca imaginación (el Chelsea es un equipo que apabulla sin inteligencia; el Manchester carece de un cerebro y se entrega a la genialidad y a la constancia de sus puntas, por cierto ayer Rooney ni estuvo ni se le esperaba), pero el choque fue apasionante, intenso, de estupendos momentos.

 

En el Manchester, se echa en falta a un creador de juego como el inolvidable Roy Keane.

*Cristiano Ronaldo falló su penalti y eso estuvo a punto de costarle el título a su equipo. Así celebró su espléndido gol. La foto es de Adrien Dennis.

COSAS QUE NO SE VEN, POR CRISTINA GRANDE

COSAS QUE NO SE VEN, POR CRISTINA GRANDE

“La letra con sangre entra”, el boceto de Goya adquirido por el Gobierno de Aragón, se presenta en sociedad coincidiendo con el segundo aniversario del Museo Pedagógico de Aragón. No hay dos formas más opuestas de entender la educación. He visitado varias veces el Museo Pedagógico y no es la nostalgia del pasado lo que me hacen sentir bien allí adentro, sino la percepción de la bondad, entusiasmo y dedicación de aquellos maestros que creían en el ser humano. Víctor Juan Borroy, como heredero de ese espíritu humanista, se pasea con la cabeza muy alta entre pupitres de madera, mapas, libros, encerados, huchas del Domund, cuadernos, estufas de leña y otras piezas que recrean aquella escuela. Leí con alegría, hace un tiempo, la edición facsímil del Libro de los escolares de Plasencia del Monte (publicado en 1936 por el maestro Simeón Omella) con prólogo del mismo Víctor Juan. Se fomentaba la imaginación, el respeto al ser humano y a la Naturaleza, la solidaridad más que la competitividad, una serie de valores (esas “cosas que no se ven” a las que se refiere Victor Juan) que nos se cultivan precisamente con el latiguillo que pintó Goya en su momento. No es que yo quiera hacer con esto un análisis del estado actual de la enseñanza, ni mucho menos, eso corresponde a los pedagogos, pero sí me gusta pensar que algo de ese espíritu permanece, que el esfuerzo de aquellos maestros no fue en balde. Cuando ayudo a mi sobrineta con las multiplicaciones, o cuando leemos su libro preferido, “Valentina en París”, deseo que ella nunca tenga que conocer látigos ni humillaciones. Me pide que le cante algo que yo aprendí de pequeña: “Cuando tú me das tu amor, una estufita es mi corazón”.

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*Cristina Grande presentó ayer su novela Naturaleza infiel en la FNAC: ha sido designada Nuevo Talento. Grababa a esa hora y no pude ir. Y acaba de publicar este bello artículo sbre la educación y los museos en su columna de Heraldo de Huesca, donde rinde homenaje al pertinaz y sigiloso trabajo de ese titán inadvertido que es Víctor Juan Borroy, director del Museo Pedagógico de Aragón, coordinador de Rolde, novelista que está a punto de darnos una sorpresa con su segunda novela y jinete a caballo al atardecer en Garrapinillos. También doliente seguidor del Real Zaragoza. La foto es de Willy Ronis.

TRES MICROCUENTOS "PULGA" DE BEATRIZ OSÉS

TRES MICROCUENTOS "PULGA" DE BEATRIZ OSÉS

EL LOBO VERDE

Había una vez un lobo verde que balaba las noches de luna llena. El resto de la manada se desternillaba de risa pero las ovejas lo adoraban.

 

LAS LAGARTIJAS

Las lagartijas habían hecho un curso de papiroflexia porque querían volar y llegar hasta el sol… Aquella mañana todas se habían montado entusiasmadas en el avión de papel que habían fabricado en los últimos meses. Antes de despegar, una de ellas había activado el ventilador de la mesa de la cocina y el avión se deslizó a toda velocidad sobre la superficie de madera. Con la emoción, ninguna se había acordado de abrir los cristales de la ventana…

 

EL ELEFANTE

Uno a uno los niños se fueron arremolinando en torno al tobogán del parque al tiempo que miraban hacia arriba. Luego inventaron toda clase de gritos de ánimo y agitaron los brazos para que se tirase. Pero él no se movía. Al verle allí sentado, una pequeña se acercó a la escalera y decidió subir poco a poco los peldaños hasta llegar a su altura. ¿Puedes bajar ya?, le preguntó conmovida. Él negó con la cabeza lanzando al aire un pequeño suspiro azul. ¡¡Nosotros también queremos subir!!, exclamaron a coro los niños desde la arena. Pero él se limitó a encoger los hombros con resignación. Fue entonces cuando comprendieron que se había quedado atascado otra vez y decidieron subir en tropel para darle un último empujón… El elefante pudo sentir, como cada tarde, la brisa en las orejas mientras descendía por la rampa del tobogán.

 

De Cuentos como pulgas. Beatriz Osés. Ilustraciones de Carmen Día., IBERSAF Editores, Colección Frasquito de cristal, 2007, Madrid. [Retrato de la autora que nos envía el librero Octavio Serret.]

 

PRESENTACIÓN DE LA REVISTA BLOC EN CÁLAMO

PRESENTACIÓN DE LA REVISTA BLOC EN CÁLAMO

Hoy martes, 20 de mayo, a las 20'30 h. presentación de la revista BLOC, una nueva publicación dedicada a la literatura infantil y al álbum ilustrado. Participarán Inmaculada Vellosillo (miembro de BLOC y profesora en la Escuela de Biblioteconomía y Documentación, Universidad Complutense), Begoña Oro (especialista en Literatura Infantil y Juvenil), Daniel Nesquens (escritor) y Samuel Alonso (miembro de BLOC, escritor y especialista en literatura Infantil y Juvenil).

Editorial de BLOC:

"BLOC abre sus páginas con la intención de realizar un largo recorrido en el que pretendemos que usted nos acompañe. Las personas que componemos este consejo de redacción procedemos de distintos ámbitos -escritores, bibliotecarios, editores, ilustradores, críticos...-, pero todos participamos del interés y el gusto por el texto y la ilustración, especialmente en ese género conocido como álbum ilustrado, uno de los territorios más dinámicos de experimentación estética en los últimos años.

Pretendemos con BLOC propiciar un espacio de análisis y reflexión en torno a la imagen y la palabra, proyectando una mirada especial a la construcción de mundos imaginarios en los que el texto y la ilustración aparecen de la mano. A sus páginas se asomarán profesionales interesados en el género y en sus aspectos complementarios, ya sean éstos el diseño, la traducción, la fotografía o la literatura infantil o canónica.

Por ello, en sus páginas estarán presentes creadores bien distintos, que nos ofrecerán sus reflexiones sobre cualquier suce so literario o gráfico, y se presentarán obras que, a nuestro juicio, ofrezcan componentes de calidad, cuando no de excelencia. Aspiramos a que BLOC se convierta en ese espacio de referencia en el que cualquier profesional pueda encontrar visiones, comentarios y análisis a la altura de sus inquietudes y preocupaciones.

Creemos que BLOC, que acudirá a la cita con los lectores con una periodicidad semestral, es una publicación necesaria que viene a cubrir un hueco en el panorama de las publicaciones profesionales."

*La ilustración es de Elisa Arguilé.

 

 

 

PILAR BAYONA: PILI, CON O SIN MILI (EVOCACIÓN)

PILAR BAYONA: PILI, CON O SIN MILI (EVOCACIÓN)

 

PILAR BAYONA: “EL TEATRO ES MI PASIÓN”

[Hace un instante, por puro azar, buscando a la pianista Pilar Bayona, he encontrado a la actriz Pilar Bayona, un integrante del dúo Pili y Mili, ambas de Zaragoza. La entrevisté hace unos años, este texto se incorporó a mi libro Vidas de cine (2004), pero me apetece refrescar el mito y recordar a esta mujer que siempre ha defendido el trabajo y el teatro.]

 

 

Pilar Bayona (Zaragoza 1947), la Pili del dúo de gemelas Pili y Mili, se define como una luchadora en solitario que recuperó la paz mediante el teatro, y dice que aprendió a mirar el pasado sin ira ni nostalgia.

Tiene los ojos pardos, terrosos, chispeantes, como si tuviesen vida propia al margen del rostro redondo y de la fragilidad que envuelve a Pilar Bayona. Dicen de ella que es fuerte, incluso dura; sin embargo, estamos ante una mujer con secretos, con abundantes dudas, poco habladora, malquistada con su pasado, llevada y traída por la furia del vendaval. Un detalle que parece denunciar su nerviosismo o su poca afición a las entrevistas, el cigarrillo se le caerá un par de veces de las manos, reflejadas en el espejo, el primer espectador de una intérprete que está a punto de salir al escenario para encarnar a Carviana, la amiga suicida de Cleopatra.

Viste de marrón, es fácil distinguir aún sus armoniosas facciones de antaño y reconocer su cuerpo menudo. Confiesa que no siente melancolía alguna de haber sido rica y famosa, un mito en la España de los 60: la simpática y jovial Pili del dúo PiIi y Mili. Se sobrepuso a todo aquello. a la gloria fugaz, al acoso constante, a la separación de su hermana Aurora, la gemela Mili, al duro retorno desde el anonimato, una vez que dejó de ser Pili sin Mili. Se sobrepuso a la incertidumbre de empezar de nuevo, desde cero, contra la leyenda que habían creado Nicol Blanchery, primero, y luego Benito Perojo. En el fondo, nos mira una mujer que conoce la tiniebla y el silencio, los vaivenes de una carrera de actriz no prestigiada como se merece, como lo han sido en los últimos tiempos Pilar Bardem, Terele Pávez o su admirada Berta Riaza.

 

-Nací en Zaragoza, pero estuve aquí solo tres años, y suelo venir de vez en cuando porque tengo una tía y primos. Apenas tengo recuerdos de la ciudad. A mí me bautizaron en la parroquia del Gancho, pero pronto nos fuimos a Barcelona, a Sevilla, etc. Mi padre, Antonio Bayona, era navarro y había estado en Cariñena como juez. Mi madre, Alicia Sarría, zaragozana, era hija del diputado a Cortes en tiempos de la República, Venancio Sarría, que fue uno de los primeros en caer, fusilado por el régimen franquista en el 36. Y fue en Barcelona -tuvimos una infancia normal, íbamos a estudiar a las monjas-, donde nos descubrió a mi hermana Aurora ya mí el empresario de revista Nicol Blanchery. Un día nos vio por la calle, nos paró, le parecimos graciosas y nos dijo si nos gustaría trabajar en un espectáculo. Teníamos catorce años...

 

-¿Se lo dijo así, por las buenas?

-Más o menos. Mi padre entonces había fallecido, y a mi madre siempre le había gustado este mundo. Hablaron con ella y al poco tiempo debutamos en un espectáculo de revista en el Teatro Victoria. Creo que se llamaba Ha llegado el twist. Íbamos al teatro con mi abuela y no nos dejaban quedarnos a saludar para que no nos mezclásemos con los artistas. Cuando se enteraron los compañeros de mi padre, quisieron arrebatarle a mi madre la potestad sobre nosotras, qué era eso de ver a las hijas del magistrado Bayona en un teatro de revista, no podía ser. No lo consiguieron, claro. Trabajábamos un tiempo allí, hasta que nos vio Benito Perojo, no me acuerdo bien si fue en el espectáculo mismo o en una entrevista por televisión, y nos contrató en exclusiva por seis películas.

Aún no habían cumplido los 16 años cuando las hermanas Bayona rodaron su primera cinta. Como dos gotas de agua (1963) con Amadori; luego vendrían otras como Dos chicas locas (1964) con Pedro Lazaga y Whisky y vodka (1965), la que iba a ser la última realización del aragonés Fernando Palacios. Y así hasta completar un total de nueve filmes con títulos como éstos: Dos pistolas gemelas, Un novio para dos gemelas, Dos gemelas estupendas, etc.

-A nosotras nos encantaba. Éramos el centro, las reinas. Mi madre siempre había pensado que teníamos madera para trabajar en el espectáculo; a ella le apetecía esa historia.

 

-Se convirtieron casi en un mito nacional...

-Sí, fuimos bastante populares. Aquello era estupendo. Todo estaba en función nuestra. Era como un juego apasionante. Aprendíamos a bailar sobre la marcha, teníamos alguna noción de baile, pero más bien poca. Trabajamos mucho, eso sí, porque en cuanto acabábamos el rodaje había que ensayar y montar los números musicales que hacía el coreógrafo Alfredo Alaria. Conservo muy buen recuerdo de todos, aunque tengo una memoria horrible para nombres y fechas. A pesar del contrato en exclusiva, no se metían en nuestra vida. Ahí estaba nuestra madre para controlarlo todo. Le pagaban a ella: mi madre cobraba y ahorraba. Tengo la casa que tengo gracias a ella.

 

-A todo esto, les vino encima un torrente de fama.

-Cuando salió la primera película, Como dos gotas de agua, me di cuenta de que no me gustaba nada la popularidad que teníamos, aquello me horrorizaba. Salíamos a la calle y todo el mundo nos conocía. No podíamos tener una vida al margen de Pili y Mili. Perdíamos la intimidad. Como éramos iguales, enseguida nos veían en todos lados. Hubo una época en que no queríamos salir a la calle. Aquello era bastante agresivo.

 

Su madre las acompañaba a todas partes. Era su ángel tutelar. Mientras, la abuela cuidaba las gemelas mayores, Lupe y Alicia. Estaba claro que antes o después iban a saltar el charco: se trasladaron a México ya Buenos Aires, donde siguieron haciendo películas y presentaron sendos programas de televisión, "una emisión semanal con sketches". Y sería allí donde se produciría la separación.

-En Latinoamérica éramos más conocidas todavía que aquí. Éramos auténticas estrellas. Hicimos varias películas y nos despedimos en 1970, a los 22 años, con Princesa y vagabunda. Profesionalmente era una historia que se repetía demasiado, siempre se estaba jugando con el equívoco y ya empezaba a ser aburrido o demasiado previsible. Teníamos ganas de cambiar de trabajo, pero yo quedé muy afectada con la separación. Mi hermana Aurora se enamoró en México y ahí se cortó bruscamente toda nuestra colaboración. Fue ella quien tomó la decisión. Para mí fue muy fuerte separarme de mi hermana. Estábamos siempre juntas para todo.

 

-¿Habrían tenido sus romances, sus aventuras amorosas? Imagino que su vida estaría rodeada de moscardones.

-En absoluto. Resultábamos dos chicas muy normales, sin novietes apenas, volcadas en el trabajo. Habíamos actuado para La Franca en el Teatro Monumental, aunque no comulgábamos nada con el franquismo. Viajábamos casi siempre con mi madre. Después de la separación, yo no quería hablar con nadie, estuve varios días sin hacerlo. Y de pronto, me planteo qué voy a hacer con mi vida. Recuerdo que íbamos de México a España con frecuencia, y que tras la disolución aparecí en una obra de Jaime Salom, en cuyo cartel fui presentada como Pili sin Mili. En México seguí haciendo cine y me decanté por el teatro. En cine participé en El club de los suicidas de Robert Louis Stevenson y en La hija de Morgan, creo recordar, una película que se hizo en Isla Contadora.

 

-Salvo una intervención hacia 1980 en Los fieles sirvientes de Francesco Betriu, toda su trayectoria se centró en el teatro.

-Estando ya en México y en Buenos Aires, comencé a trabajar en el teatro. Actué con Alejandro Jodorowsky en su montaje de El juego que todos jugamos, pieza que fue escribiendo durante los ensayos con los actores. Hacía un teatro de ruptura, muy innovador y arriesgado, de ideas muy modernas. Creo que fue ahí cuando empecé a interesarme por lo que supone crear un personaje, por un método concreto de interpretación. Comencé a valorar otras cosas, aprendí a tener claves y a incorporar un personaje, hasta ese momento yo todo lo había hecho por pura intuición. Y volví a España para empezar de cero. ¿Los fieles sirvientes? ¿Cómo puede saber usted eso? Fue una experiencia estupenda, que rodamos en la Costa Brava, con Paco Algora, entre otros. Era una película coral donde se contaba la rebelión de los criados. Betriu quiso que luego yo fuese la intérprete de La plaza del Diamante, pero no pudo ser porque no era catalana. También participé en una película en homenaje a Benito Perojo, El taxi de los conflictos, pero ya no me llamaron más.

 

-Recuerdo su famoso desnudo en Interviu, que la devolvió a la actualidad. Era un desnudo desafiante, como si anunciase que seguía viva.

-Eso fue en la época del destape, algo que hicimos casi todas. No tiene importancia.

 

-También fue un poco escandaloso un trabajo que dirigió Alfredo Castellón, Judit, creo que de Giraudoux, en el que usted vivía una relación lésbica con Victoria Vera, y donde ella salía desnuda...

-Quizá fuese un poco atrevido para la época, pero no era tan escandaloso. Victoria no estaba desnuda ni mucho menos. Con Castellón también hice La pechuga de la sardina, y también intervine con Gerardo Malla en La murga. La vida no era tan fácil: las cosas, a diferencia de los tiempos de Pili y Mili, ya no me venían regaladas. Pero también es cierto que era otra persona, y en mi evolución como actriz fue esencial José Carlos Plaza. Creo que fue en Las bicicletas son para el verano de Fernando Fernán Gómez, donde se me reconoció ya como una buena profesional, como una actriz seria. Con él volví a trabajar en La casa de Bernarda Alba de Lorca, encarné a Amelia, que cobraba un mayor protagonismo en el montaje; en Eloísa está debajo de un almendro de Jardiel Poncela  y en Las Comedias Bárbaras de Valle-lnclán, donde me sentí muy a gusto. También hice Combate de negro y de perro con Miguel Narros. Tanto con Narros como con José Carlos Plaza me he entendido a la perfección.

 

-He oído por ahí que usted había pasado por un período de crisis, de depresiones...

-¿Quién le ha dicho eso? ¿Depresiones? En absoluto. La carrera de una actriz presenta altibajos, hay veces que te llaman para trabajar, y otras no, pero nada más. He pasado por momentos peores y mejores, he sido siempre una luchadora en solitario. Vivir no me ha sido fácil, pero llevo en esta profesión toda la vida y el teatro es mi pasión, me encanta.

 

-Se habrá dado cuenta de que no hemos hablado de amor, de que no ha aparecido ningún hombre en su vida.

-Los hubo, claro, pero yo nunca me casé. Mi hermana se casó a los 22 años y se quedó tan amarrada que yo inconscientemente he debido tender hacia el lado opuesto. Nunca he querido ligarme a ningún hombre, aunque puedo decirle que tengo una hija, Alba, de 16 años, que es bailarina clásica, lo que yo quise ser a su edad.

 

-No sé, por instantes tengo la sensación de que usted nunca ha superado del todo la ruptura, la disolución del dúo.

-En absoluto. No siento nostalgia de aquella época. Todo me queda muy lejano. Tengo todas las películas que hicimos porque me las han regalado pero yo no las veo jamás. No las veo: a mí no me gustan. Eran horribles. Me siento muy despegada de mi pasado. De veras.

 

-¿Podría definirse como actriz?

-A mí me gusta no trabajar sola, no. Yo odio a los actores que trabajan como pavos reales y sólo miran su lucimiento personal. Trabajar es intentar meterse en la piel de un personaje y hacer toda la historia de la criatura con lo que te da el autor. Cuando trabajo, procuro tener los pensamientos del personaje, y no dejo entrar pensamientos personales. Busco la verdad, la relación de ese personaje con los otros, lo que piensa, lo que siente, no es sólo lo que dice y el aspecto que tiene, sino el porqué, la raíz última de las cosas que piensa. Y así.

 

-¿Y cómo prepara sus creaciones?

-Más que nada pensando mucho. Yo me acuesto pensando en quién es mi personaje, lo que ha sido su vida, lo que le ha pasado, lo que quieren saber los otros personajes. Sí, más que poner codos, estoy dándole vueltas, me enamoro de mis personajes. Me gustan, los quiero, y bueno, disfruto. Más que dar un resultado, me preocupa el placer, la credibilidad, nadar dentro de una situación imaginaria como si fuera real.

 

-Me llama la atención esta especie de obstinación que tiene usted hacia el teatro, máxime cuando ahora parece verse más claro que nunca que el teatro está en crisis, que atrae a un público escaso a las salas...

-Todo ello obedece a que los espectáculos no conectan con el público actual, las funciones están fuera de tiempo y de lugar, no están bien hechas. Que no... y entonces el público no va. Ahora hay una función, Trainspotting, que están representando en Madrid, y ha conectado con un público de 15 ó 16 años que llena todos los días el teatro.

 

-Entonces, el teatro actual le parece un poco evasivo...

-(Eleva la voz, como si se enojase. Asoma su supuesta dureza.) Que es malo, que no conecta... Usted va al teatro, paga un dinero por una entrada, mucho dinero, dicho sea de paso, y luego se aburre como una ostra, pues ya no vuelve, salvo que tenga la costumbre de ir al teatro o la necesidad de ver los espectáculos. Pero si no...

 

-Sin embargo, siempre se habla de una emoción directa incomparable. Le estoy invitando a que haga una defensa del teatro.

-El teatro es algo que está vivo ahí, que se hace en el momento y que se transmite directamente del ejecutante al público. En un buen teatro se produce un sentimiento que el actor consigue traspasar al público. Yo todos los días me justifico en el escenario. Hay días en que no sé por qué razón las cosas no salen igual, pero contra eso se lucha. Normalmente cuando consigues creerte que eres un personaje y se lo haces creer al público, eso ya lo justifica todo, la vida de un intérprete.

"LOS AMERICANOS" DE ROBERT FRANK EN ESPAÑA

"LOS AMERICANOS" DE ROBERT FRANK EN ESPAÑA

Uno de los grandes libros de fotografía, libros casi iniciáticos, fue Los americanos del suizo Robert Frank (1924), que llevaba un prólogo de Jack Kerouac. Hijo de una acomodada familia judía, Robert Frank se trasladó a Estados Unidos hacia 1947. Llevaba una cámara Rolleiflex y tenía el sueño de atrapar las luces, las sombras y los seres humanos de Nueva York. Tras entrar en contacto con los autores de la beat generation decidió realizar un proyecto especialmente sugestivo que tenía algo de equivalente a En el camino de Kerouac. Recorrió las carreteras de 48 estados norteamericanos, con una Leica manejable y discreta, y realizó una espléndida colección de fotos de desfiles, funerales, motoristas, coches, enjambres de la ciudad, marineros, automóviles, picnics y cóctels, entre otros muchos asuntos. El resultado fue extraordinario, acaso “un triste poema de América plasmado en fotografía”, como dijo Kerouac. Y Robert Frank, un extraordinario fotógrafo autodidacta, logró que muchos compañeros y artesanos de aquel momento vieran que la fotografía podía convertirse en un excepcional oficio.

 

La Fábrica publica por vez primera este libro de poco más de 50 inolvidables fotos, realizadas entre 1955 y 1956.

*Esta foto está tomada en 1956 en San Francisco.

 

DEL ZARAGOZA

DEL ZARAGOZA

El Zaragoza deberá volver a empezar. En Segunda División, no debe rendirse: deberá correr más que nadie y jugar seriamente a ser el mejor y el que primero ascienda. Desde la primera jornada…

*Me ha gustado esta foto: alude a la raíz, a los orígenes...