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Antón Castro

LIBRO DE CAVIA, MAÑANA EN EL PATIO DE LA INFANTA

LIBRO DE CAVIA, MAÑANA EN EL PATIO DE LA INFANTA

 

         "SOBAQUILLO" O EL CRONISTA ILUSTRADO

 

 

Mariano de Cavia fue comparado con Mariano José de Larra, "Fígaro", y elogiado con absoluta sinceridad por Azorín, Vicente Blasco Ibáñez, que "llegó a definirse como su mejor amigo", Leopoldo Alas "Clarín" y Miguel de Unamuno. El autor de Del sentimiento trágico de la vida, resaltó en más de una ocasión su dignidad y su independencia, la pureza de su empeño de periodista, su inteligente desdén de las glorias humanas. Mariano de Cavia fue un tipo bastante pintoresco por su audacia y su comportamiento, por su calculada toma de distancia de las vanidades literarias y por el uso casi humorístico de seudónimos. Cuando impartía lecciones de gramática firmaba como "Un Chico del Instituto"; desde la barrera, en los toros, era "Sobaquillo", pero otros nombres suyos fueron "Hababuc Humbugman", "Patricio Buenafé", "Armando Avivecia", "Isidro Abroñigal" o "Lope Egusquiza".

         Nació en Zaragoza, en la calle Manifestación, en 1865 y se educó en Carrión de los Condes (Palencia). Regresó a su ciudad con 15 años e inició la carrera de Derecho. El periodismo debía llevarlo en la sangre: colaboró en todos los medios de la ciudad ("Revista de Aragón", "Diario Zaragoza", "Diario de Avisos"), llegó a fundar una publicación humorística; cuando había probado su pericia, su buen estilo literario y una incisiva mirada sobre la política, que no abandonó nunca, fue tentado desde Madrid. En diversos medios de la capital --"El liberal" al principio, "El imparcial" durante casi una década y "El sol", desde 1917 hasta su muerte en 1920-- desplegó una intensa actividad como comentarista político, como cronista de urgencia que redactaba a vuela pluma con finura y contundencia, con ese sarcasmo que convivía con la malicia y el candor, y como crítico taurino, oculto bajo el seudónimo "Sobaquillo", como ya se ha dicho. Sus artículos aparecieron en libros como "Azotes y galeras" (1891), "Salpicón" (1892) o en el volumen taurino "De pitón a pitón" (1893). De carácter póstumo son "Grageas" (1921), "Fija y da esplendor" (1922), "Chácharas", (1923). Entre otros trabajos, es autor de "Cuentos de guerrilla" (1897), que definió literalmente como "olla de cuentos". "Mi único deseo, al verlos metidos en faena, es que no se diga de ninguno de ellos que le salió el tiro por la culata", escribió.

         Su lucidez y la enorme capacidad de trabajo que poseía --aplacada un tanto bajo un barniz de escepticismo o atemperada bajo un talante liberal, rebosante siempre de erudición y conocimiento de lenguas-- hicieron de él uno de los periodistas más importantes de Madrid. Quizá el más reconocido. Y una prueba de ello es que algunos trabajos de su sección "Plato del día" fueron trasladados al teatro con enorme éxito. Su perfil también se antojaba atractivo: exhibía un vestuario atildado, casi de dandy, vivía en un hotel, no procuraba la fama (solía comentar con un menosprecio teatral: "Dejen vivir") y había sido uno de los primeros intelectuales que había puesto una casa a su inmensa biblioteca. Dicen de él que poseía una portentosa memoria, que sabía los chismes y las anécdotas de medio mundo y que los contaba como nadie. Lucía una formidable cultura humanística y un ingenio a prueba de bomba, que se mezclaba con la imaginación y la osadía. Una de las mejores pruebas lo fue su artículo de 1891 en "El Liberal": "La catástrofe de anoche. España está de luto. Incendio del Museo de Pinturas", en el cual narraba un incendio imaginario del Museo del Prado, que era una denuncia de sus débiles sistemas de seguridad y que ocasionó un enorme impacto social que obligó a revisar los métocos contra incendio.

         Por otra parte, Mariano de Cavia ocultaba un fracaso de amor: se enamoró de la joven Pilar Alvira, mantuvieron un fogoso noviazgo, hasta que se entrometió la familia de la joven. En la dolorosa separación, dicen los biógrafos, se prometieron lealtad eterna: ambos, presos de melancolía, conservaron la soltería hasta el fin de sus días.

         Tal era su prestigio que en 1916 le llovieron los honores: el rey Alfonso XIII le entregó la gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso XII, Zaragoza se acordó de que era uno de sus hijos más ilustres y la Real Academia Española le concedió el sillón A. En ese momento, apenas rebasado el medio siglo, Mariano de Cavia ya padecía los síntomas de la parálisis que acabaría con su vida. Entre eso, y su individualismo, y quizá su pereza final, eludió el ingreso: no llegó a incorporarse a la docta institución por la que tanto había hecho erigiéndose en defensor del castellano con su buena prosa, con su búsqueda de los matices y de la precisión, y con sus artículos constantes en defensa del idioma. Enrique Pardo Canalís, en el prólogo a su libro "Mariano de Cavia. Antología" (IFC, 1980), señala: "La defensa del idioma por Cavia, casticista de excepción, rebasa estrictamente los límites de una campaña, pues podemos decir que fue constante preocupación de su actividad periodística o, si se quiere mejor, la campaña de toda su vida". Curiosamente, aragonés acérrimo (y a veces instalado en exceso pero con absoluta sinceridad en los tópicos: el Pilar, la jota, los Sitios, los héroes de la Independencia, la Zaragoza baturra), había previsto hablar del "lenguaje aragonés" en su discurso de ingreso, no en vano, sus textos están llenos de usos, giros y palabras de su tierra.

         En 1917, dio otro paso decisivo en su trayectoria. Muchos lo consideraban "la joya exquisita de la prensa española" porque lo mismo escribía de Velázquez, que de Zorrilla, Gayarre, Campoamor, Pablo Sarasate, Rubén Darío, Verdaguer, Marcelino de Unceta, o prologaba con brillantez un libro de Eusebio Blasco. Se incorporó a "El Sol", que sería su última publicación y, en sentido figurado, su tumba. Falleció en 1920, envuelto en un halo de prestigio y de profesionalidad irrefutable, inmóvil y doliente. Una de sus últimas fotos en vida ha dado la vuelta a los libros: se le ve en un evocador vehículo en el balneario de Alhama de Aragón. El alcalde y doctor Ricardo Horno Alcorta -padre de otro futuro alcalde de la ciudad, Mariano Horno Liria, y de dos ilustrados como el médico Ricardo y el periodista Luis Horno Lirica-, trajo su cuerpo a Zaragoza y lo expuso en la Facultad de Medicina para que recibiese el último homenaje de su gente, antes de ser enterrado en Torrero y antes de que Zaragoza, "la siempre adorada Zaragoza", "su madre Zaragoza", le erigiese un busto de José Bueno. Zaragoza siempre estuvo en su corazón y con ella muchos aragoneses como Baltasar Gracián, que tanto le había influido en su estilo y en su socarronería, Joaquín Costa, o Francisco de Goya, al cual le dedicó páginas espléndidas, igual que hizo cuando cerraron el Pilar, tras unos incidentes en julio de 1901, o cuando advierte que "La jota se muere".

         Uno de los aspectos más celebrados de su trayectoria fueron sus crónicas taurinas. En recuerdo de su figura y de su pasión por la fiesta, un grupo de personas muy heterogéneas de Zaragoza -con Ricardo Lafuente a la cabeza- fundó la Asociación Cultural Mariano de Cavia, cuyo empeño es la defensa de la tauromaquia y de la cultura en un sentido amplio del término y la vindicación de la figura del periodista y escritor, para el cual solicitan una calle, la calle que perdió a mediados de los años 80. Pero también proyectan la reedición de sus obras, poco a poco, habida cuenta de que en las bibliotecas públicas aragonesas Cavia brilla más bien por su ausencia, y sus libros están descatalogados o resultan inencontrables. De ahí que ahora inicien esta trayectoria de recuperación del periodista con la edición facsímil de uno de los libros que más amó: "De pitón a pitón", una selección de una treintena de "crónicas cornamentales" de Sobaquillo, que publicó Fernando Fé en 1893.

         ¿Qué es de "Pitón a pitón" exactamente? De entrada, habría que decir que es una maravillosa lección de periodismo taurino, imaginativo e impresionista, vibrante y subjetivo, que se acompaña de bonitas ilustraciones de Ángel Pons. En el jocoso texto, "Mis memorias íntimas" de 1889, dice: "Lo único que me permitiré decir -para aclarar la vista a algunos- es que no soy escritor taurino propiamente dicho, sino un guisandero que da más importancia a la salsa que a los caracoles". Se llamaría a engaño quien pensase que "De pitón a pitón" contiene críticas taurinas; son más bien textos de esto y de aquello, un tanto cosmpolitas casi siempre ("el cosmopolitismo lo invade todo, y hasta en materias toreras se echa de ver su influjo", escribe en el prólogo), en los que Cavia narra desde historias de toreros -su favorito era Lagartijo, e inventó el término taurino "media lagartija", también admiró a Frascuelo-, como la peripecia del diestro español que se bate a espada con un mexicano, redacta cartas burlescas a amigos, o glosa las que recibe. Saluda la aparición de libros como "La escuela de tauromaquia y el toero moderno" de su paisano Pascual Millán, y ofrece visiones tamizadas con su bisturí crítico: "El toreo, como todas las instituciones sociales, está atravesando un período de transición. Nadie sabe adonde vamos a parar... En esto de parar, lo único averiguado es que no hay un solo torero que pare los pies. Y como los pies son tan esenciales y fundamentales en la 'forma poética', de ahí que no sea fácil saber dónde aprieta el zapato a nuestros lidiadores". Y además, "Sobaquillo" bromea una y otra vez con su creador Mariano de Cavia, al que llama "mi inseparable amigo, compañero, y aun creo que pariente". Estamos ante una recopilación muy original que hace honor a un hombre inteligente y lúcido, que nunca renunció ni al desparpajo ni a la ironía, porque pensaba como Luis Buñuel que un día sin risa es un día perdido y que la mejor manera de explicar las cosas y la vida es mediante la socarronería, que es otro manera de llamar al humor en Aragón.

MARCOS ANA, POR SOFÍA MORO

MARCOS ANA, POR SOFÍA MORO

Le tengo un gran cariño a la fotógrafa Sofía Moro, que publicó el deslumbrante libro Ellos y nosotros, sobre los combatientes de la guerra civil de un lado y de otro, y publica ahora Defensores. El testimonio obstinado. 30 historias de activistas por los Derechos Humanos, otra magnífica colección de retratos de gente que se juega la vida y el desvelo por un ideal de solidaridad y justicia. El volumen, que mezcla como el anterior (aunque aquí los textos no son suyos), el perfil y las fotos de Sofía Moro, que lo dice todo. Si en Ellos y nosotros usaba el blanco y negro, aquí ha empleado un color sobrio: impacta la fuerza de los ojos, sobre todo.

 Sofía Moro realizó en Ellos y nosotros un retrato de Marcos Ana. Mañana, el poeta, que se pasó años en la cárcel, presenta sus memorias en el salón del trono del Palacio de Sástago.

 

MIGUEL ÁNGEL YUSTA: DOS POEMAS

MIGUEL ÁNGEL YUSTA: DOS POEMAS

Chimeneas de París

Las chimeneas de París se parecen a órganos de humo.

Se yerguen sobre los tejados musgosos, con su gorrito de chino pobre.

Aparecen en grupos, numerosos, juntas, paralelas, hermanadas

¿Se contarán los chismes de las cocinas?

Siempre me ha intrigado su procedencia

y su manera de trepar por los muros de los viejos, eternos inmuebles

tan antiguos que ya han visto dos guerras mundiales

y alguna más...

(Espero que no vean la tercera y no por caerse de viejos).

Me gustan esas casas con escaleras de madera,

corredores de madera.

Antes de la última reforma tenían váteres en los pasillos,

colectivos,

porteras malhumoradas

como las que inmortalizara aquel Autant-Lara

en su arriesgada Travesía de París

con Bourvil, Gavin y los nazis.

Las chimeneas se tranquilizaron cuando llegaron los americanos

con sus botas de goma.

No podían dormir, acostumbradas al tacón de clavos de los nazis.

A las patrullas de los nazis.

A los gatos que huían de los nazis.

Ahora es el tráfico quien las desvela

y se enmohecen

y algunas mueren abatidas por el viento o por la edad.

Su hueco queda en el muro con una marca negra,

epitafio de la chimenea,

epitafio de un París que yo amé mucho.

Miro las chimeneas y se me ahoga el alma en nostalgia.

("Teoría de luz". 2008)

 

 

 

Cada mañana derramas miradas sobre mi piel.

Es como lluvia que devuelve la vida a mis sentidos

aletargados en la oscuridad de la noche.

Si no estuvieras ahí, te inventaría

como un ángel tendido en el lecho sagrado

donde se funden esperanzas y deseos.

O como un árbol frondoso que cobijase mi soledad

y llenara de sombras de olvido el pasado.

Abro los ojos para llenarlos de luz de los tuyos.

Al instante, los cierro para abrazarte

y contemplar tu alma resplandeciente de amor...

 

 

*Foto de Gerald Bloncourt. París, 1957.

 

GONZALO, SEGUNDO HIJO DE JUAN ROYO

GONZALO, SEGUNDO HIJO DE JUAN ROYO

Escribe el economista y experto en cómics, Juan Royo, que ha sido padre por segunda vez:

 

Queridos amigos:  Os cuento que mi segundo hijo, Gonzalo Royo, que nació este viernes a las 23.12, ya está en casa, se porta fenomenal y come igual de bien. Su mamá, Marta, también está cansada pero muy contenta. Su hermano Miguel, me informan, es futbolista del "Británico".

 

Juan envía un par de fotos de su hijo. He aquí una de ellas: un primer plano. 

 

MARIANO MONREAL: UN POEMA DEL DEBUTANTE

MARIANO MONREAL: UN POEMA DEL DEBUTANTE

Mariano Monreal es un joven poeta aragonés al que no conozco, pero me ha hecho llegar su libro En primavera con nostalgia de ti, que ha publicado en edición de autor. Es un libro que rezuma sensibilidad y buen gusto, placer y dolor, sensualidad y lirismo, y tiene siempre como una ráfaga de realismo mágico o de presencias inesperadas que ayudan a creer un clima personalísimo en sus versos.

 

 

 

Copio aquí un poema del debutante:

 

Nuevamente

el mar. La mar

brava, la mar inmensa

resonaba desde el interior

más profundo de la tierra.

Color canela, esa playa,

la playa de los vientos,

de las visiones claras.

En aquel tiempo,

se oyó un delicioso violín

que volaba. No, no, producía

sonidos, músicas lánguidas,

precisas; cuando ya moría el día

su oscuridad, también inmensa,

cayó en su agua, en sus colores,

las olas claras que ya te conocían.

La noche, sí, la noche del martes,

fue la de la risa,

la del violín

y las olas blancas,

cuando tú ya te ibas.

*La foto es de Eric Kellerman.

EL EBRO, FOREGA, ALFONSO, VILAS, PAULA ORTIZ...

EL EBRO, FOREGA, ALFONSO, VILAS, PAULA ORTIZ...

PEDRO CASES

 

Mañana miércoles, a las 20 horas, en la librería Cálamo, el economista y viajero Pedro Cases (Zaragoza, 1955) presenta su libro El Ebro. Viaje por el camino del agua, que ha publicado Península. Pedro ha trabajado en El País, en Cinco días, en Negocios, y desde hace algunos años se dedica a realizar reportajes de viajes.

 

El libro es como la novela del viajero que recorre todos los núcleos de población y distribuye su viaje en tres partes: “Infancia”, “Frustración” y “Lágrimas”. Por cierto, Lunwerg e Ibercaja publicaban hace poco un libro de “El Ebro”, con fotos de Zurzo Lobato y textos de distintos escritores y periodistas, y Lunwerg, otra vez, publica un estuche con otro libro del Ebro.

 

Pedro Cases selecciona esta frase de Paul Bowles:

“¿Qué es un libro de viajes? Yo diría que es un relato de lo que le ocurre a una persona en determinado lugar, y nada más que eso”.

MARCOS ANA

Este jueves, 15 de mayo, a las 19'30 h. en el Salón del trono del Palacio de Sástago (Coso, 44) presentación del libro Decidme cómo es un árbol. Memoria de la prisión y la vida, de Marcos Ana, editado por Umbriel-Tabla Rasa.

Organizan: Diputación Provincial de Zaragoza, Fundación Progea, Espíritu del Sur y Librería Cálamo.

Fernando Macarro Castillo, Marcos Ana, nació en Alconada (Salamanca) en 1920. Desde la adolescencia, en plena Guerra Civil, se entregó al ideal comunista, lo que le costó pasar toda su juventud en las cárceles franquistas, hasta que salió, en 1961. Marcos Ana ha reflejado en este libro los recuerdos de su vida.

 

 

MANUEL FOREGA

 

Presentación de

 

Ademenos

 

 de Manuel M. Forega

 

 

 

Intervienen: además del autor, Ana Muñoz (poeta y crítico) y Trinidad Ruiz Marcellán (editora)

 

Lectura de textos, con proyección de DVD

 

FNAC Plaza de España

 20,00 horas, 15 de Mayo de 2008

LOS AÑOS CONVULSOS DE ALFONSO

 

Con JUAN JOSÉ OÑA Y JUAN GAVASA

 

 

[Escribe Juan Gavasa en su blog:

El próximo viernes 16 de mayo a las 19.30 horas presentaremos en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Zaragoza (Pº Independencia) el libro "Los años convulsos" del historiador Juan José Oña. Ya os he informado sobradamente de la publicación de este hermoso volumen en el que recuperamos la figura del fotógrafo madrileño Alfonso, que cubrió como enviado especial de los diarios La Voz y El Sol la sublevación republicana de los capitanes Galán y García Hernández en diciembre de 1930 en Jaca. Hace dos semanas Antón Castro dedicó en su programa "Borradores" (Aragón TV), un amplio espacio al libro y abrió la entrevista con un excelente montaje de la realizadora oscense Yolanda Liesa, en el que se recrea con las fotografías de Alfonso y consigue transmitir toda la intensidad y turbulencia de aquellas históricas jornadas. Son dos minutos que resumen a la perfección lo que es el libro, no son necesarias más explicaciones. Nos vemos el viernes. (La entrevista se puede ver en la página de Juan Gavasa. Yo no sé incorporar vídeos).]

 

  

MARIO DE LOS SANTOS

 

Mario de los Santos, escritor y editor de Tropo (con Óscar Sipán, Amadeo Cobas y Óscar Sanmartín Vargas, responsable del diseño, ilustraciones y elección de tipografías) presentará el próximo viernes 16, a las 19.30, en la FNAC, su nueva novela: Cuando tu rostro era niebla, que publican Victoria Pico y Fernando Jiménez Ocaña en su sello Onagro, con portada de Óscar Sanmartín. Lo acompañarán Victoria Pico y Óscar Sipán.

 

RAÚL HERRERO Y FERNÁNDEZ MOLINA

 

El próximo viernes 16 de mayo de 2008 a las 19:30 h., Raúl Herrero realizará el cuarto recital-ceremonia por el 10º aniversario de la editorial Libros del Innombrable. En esta ocasión, el acto , además, rendirá homenaje al poeta Antonio Fernández Molina. El acto se celebrará en Alagón (Zaragoza), en el Centro Cívico que ostenta el nombre Antonio Fernández Molina, en memoria del admirado poeta y pintor, ubicado en C/ Las damas.

El acto lo ha organizado la Librería Texto.

MANUEL VILAS

 

El narrador y poeta Manuel Vilas presenta el viernes, en la librería Cálamo, a las 20.00 horas, su nuevo poemario: Calor, premio Fray Luis de León, que ha publicado Visor. Se trata de un libro muy personal del autor de Resurrección: él mismo se convierte en protagonista y sujeto poético del volumen: él, sus coches, los recuerdos de la mili (y del amigo que se suicidó), las meditaciones sobre la ciudad y la política, los monólogos dramáticos, llenos de ironía y transgresión, especialmente el del falso enamorado. El libro forma un corpus inequívoco con los libros de Manuel Vilas que giran en torno a Zeta: el propio Zeta, Magia, España, todos ellos publicados en DVD, el sello del estupendo poeta Sergio Gaspar (aún recordamos las páginas contenidas de Abn Razin) y el citado Resurrección (Visor).

 

En la presentación, Manuel Vilas estará acompañado por otros dos poetas: Octavio Gómez Milián, que ha seleccionado a las siete poetas de Parque de atracciones, y Jesús Jiménez, que ha cosechado un importante éxito, de exquisitos lectores y de crítica, con Fundido en negro (DVD).

 

 

JULIÁN RODRÍGUEZ

 

El escritor extremeño y editor de Periférica Julián Rodríguez presenta el viernes, a las 20 horas, su nuevo libro en Antígona, la librería de Pepito Fernández y Julia Millán, que están a punto de celebrar dos décadas de su establecimiento: Cautivos (Mondadori) un volumen misceláneo y abierto, de esto y de aquello, de autobiografía, de viajes, de reflexiones sobre la escritura.

 

No os puedo decir mucho más del libro porque aún no lo he recibido.

 

PAULA ORTIZ

 

Escribe Paula Ortiz a sus amigos:


[Os envío invitación para el ESTRENO DEL CORTOMETRAJE ’EL HUECO DE TRISTÁN BOJ’, nuestra última producción.  
Tendrá lugar el próximo sábado 17 de Mayo a las 12 horas en el Cine Cervantes.


Nos gustaría mucho contar con vuestra presencia.]

 

El corto, de exquisita factura técnica y una cuidadísima fotografía, cuenta una mágica historia de amor con títeres, que acciona la gran Helena Millán. Entre otros autores, intervienen Alex Angulo y el niño Jorge Rodríguez.

 

*El Ebro, en 1935, a su paso por Reinosa.

 

 

 

FERNANDO SANMARTÍN: AL AMOR DE YORGOS

FERNANDO SANMARTÍN: AL AMOR DE YORGOS

Fernando Sanmartín (Zaragoza, 1959) es un escritor de libros delgados, emotivos, transidos de metáforas y de una emoción intensa que se disuelve en la boca como un azucarillo o como un bombón de licor. Fernando Sanmartín es un escritor de diarios, un coleccionista de sensaciones, un viajero permanente y, también, un ciclista secreto y un patinador sobre hielo. Autor de libros especiales como Los ojos del domador, Hacia la tormenta , Apuntes de París y La infancia y sus cómplices, acaba de llegar a las librerías otro libro suyo más que particular: un diario del desgarro, del dolor de vivir, de la esperanza, de la perplejidad. Se trata de un libro contenido y doliente que tiene algo de travesía íntima, de cuaderno de la desesperación: un niño Jorge, Yorgos, su hijo de cuatro años (hijo de Fernando y de Mari Mar: "un niño al que le diagnosticaron, antes de cumplir cuatro años, una leucemia"), pugna con una enfermedad terrible y lo hace como quien se pierde en un bosque y busca sombra, solaz y oxígeno y claridad que le devuelvan al campo abierto, bajo un cielo diáfano de porvenir.

 

Fernando cuenta los días del hospital, los juegos, los delirios, lo que imaginaba: todo aquello que le permitía mantenerse en pie contra el destino que se adivinaba fatal. El niño Yorgos era el caballista muy enfermo en el bosque, la materia de la angustia y de la felicidad, y Fernando lo miraba desolado y sonámbulo, lo quería ciegamente, y nos cuenta esta aventura con la ayuda, las llamadas, el cariño de desconocidos y conocidos como sus amigos más íntimos: Félix Romeo, Pepe Melero, Santiago Gascón, Ismael Grasa, Miguel Mena (“…no es hombre de escaparate. Ha conocido el alambre”), José Carlos Llop, que lo llaman, que le escriben, y le ayudan a creer, a labrar el futuro, a abrirse camino a dentelladas entre la incertidumbre. El libros se llama Heridas causadas por tres rinocerontes, lo publica Xordica, y lleva la portada de Yorgos, ya curado, ya hechizado por el fútbol, por el mar de ternuras oceánicas de Mari Mar y por la lánguida belleza de las sirenas.

 

El libro de Fernando es un amasijo de fragmentos: una novela lírica, un diario de noche o de fatigados días  y preguntas, es una colección de cuentos y meditaciones, un breviario de textos en prosa que tienen algo de faro y socavón a la vez.

 

Copio aquí dos fragmentos, la mirada del poeta abierto en canal por lo que más duele: el cuchillo del hijo que llora en la alta noche del insomnio.

 

LAVO LAS MANOS DE YORGOS. Lavo sus manos llenas de arcilla porque esta tarde ha hecho figuras con arcillas. Sus manos son transparentes. El niño enfermo también deslumbra. El niño enfermo se deja lavar las manos. Y yo derramo el jabón para que la arcilla de sus dedos se vaya por el desagüe. Por ese desagüe donde yo no soy arcilla para desaparecer.

 

EL ALMA. Yo no quiero salvar mi alma. Sólo quiero salvar a un niño enfermo. La vida es un tablao flamenco. Pero también es una falsificación. Hay quienes jamás lo descubren. Pero no me importa el alma. Porque el alma es una ventana que puede cerrarse. No me interesa el alma. Sólo me interesa el calendario. Aunque no sepa en qué día me encuentro.

*La foto es de Gerald Bloncourt.

TRES POEMAS DE MARTA LÓPEZ VILAR

TRES POEMAS DE MARTA LÓPEZ VILAR

PARÁPONO

(QUEJA)

 

Me envuelve la voz de lo que nunca dije,

ese destierro fértil de las cosas perdidas

que embadurna mis ojos con la sal de los mares

que nunca navegué para encontrarte.

 

 

 

LA SIBILA

 

                                      ¿Habrá otro nombre para el lugar

                                      donde no hay recuerdo tuyo?

                                               Eugénio de Andrade

 

-¿Habrá otro nombre para un lugar vacío,

para la sombra cayendo en las ciudades,

para el vino derramado, para el corazón

latiendo en mi memoria?

 

-Será un lugar desnudo, cerrado

por el tiempo, donde el invierno

florece anónimo y mezclado

entre tus manos.

 

-¿Habrá otro nombre para su recuerdo,

para la nieve iluminada cada tarde?

 

-Será tu muerte, tu pérdida dormida sobre el frío,

la palabra esperada imitando tu alimento,

el desierto, los surcos de su voz,

su compañía.

 

 

 

MARESIA

 

Me quedo aquí, hermosa y alegre como me hiciste,

esperando que regreses del mar

y con tu olor me traigas tu presencia y tu comienzo,

tu principio sin fin que me conmueve.

 

 

MARTA LÓPEZ VILAR

(LA PALABRA ESPERADA. MADRID, HIPERIÓN)

 

Marta López Vilar (Madrid, 1978) es licenciada en Filología Hispánica, prepara su tesis doctoral y trabaja como profesora en la Universidad de Alcalá de Henares. Por el libro De sombras y sombreros olvidados obtuvo el premio “Blas de Otero” de poesía (Madrid, Amargord, 2007) y con La palabra esperada el premio “Arte Joven de Poesía” (Madrid, Hiperión, 2008). Como traductora de literatura ha realizado la edición del libro Dos viajes al más allá (Madrid, ELR, 2005). Es autora de artículos y reseñas de su especialidad en revistas como “Clarín” o “Cuadernos Cervantes”. Está incluida en varias antologías.

*La foto es de Gerald Bloncourt y está fechada en París en 1955.