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Antón Castro

LA GRAN NOCHE DE CHRISTIAN PERIBÁÑEZ

LA GRAN NOCHE DE CHRISTIAN PERIBÁÑEZ

El pasado sábado, en la Campana de los Perdidos de José Ángel Rodicio, Rodo (el mejor rapsoda que haya existido nunca de Manuel Curros Enríquez), la poeta Carmen Ruiz Fleta recitó algunos de sus últimos poemas. Estuvo acompañada de muchos amigos: su propia hermana, la poeta y clarinetista Ana Muñoz Manzana, el poeta y antólogo Octavio Gómez Milián, y Christian Peribáñez, responsable de las páginas de televisión de Heraldo, editor ocasional del Muévete (que coordina Ana Usieto), magnífico jugador de baloncesto y escritor más o menos secreto. A Christian, que es un tipo encantador, de altura interminable, lo conocen en la redacción de Heraldo como Giacometti.

GRASSA TORO, CAROLINA, LA CALA Y CHODES

GRASSA TORO, CAROLINA, LA CALA Y CHODES

Hace algunos años Carlos Grassa Toro se instaló en la convulsa ciudad de Bogotá. Allí impartía clases, escribía, se carteaba con sus amigos patafísicos y soñaba con un refugio que le recordase al paraíso. Un día encontró una casa en Chodes, cerca de la feraz vega del Jalón, y empezó a repararla: quería crear un espacio de trabajo, de sueño, de encuentro, y así nació la Fundación la Cala, que posee una espléndida biblioteca, una pequeña sala de exposiciones, y vistas hacia un ondulado mar de montañas y de nieblas. Carlos reside allí con la actriz de Medellín Carolina Mejía. En tres años, han convertido Chodes en un foco de creación y de tertulia. Saborean el buen vino, las olivas negras y la fruta, y ya han atraído a artistas como Isidro Ferrer, Pep Carrió, como Nicolás Sánchez, que expone ahora sus máscaras, y a más de 2.500 personas. Carlos y Carolina se han hecho amigos del herrero Jesús, de los naturalistas, de la gente corriente que pasa. El viernes, de la mano de Anabel Langarita, una de esas mujeres que rezuman sensibilidad y pasión por la cultura, en Chodes se iniciaba el proyecto “Valdejalón en torno a un libro”: las bibliotecas adquieren ejemplares de un volumen concreto, los paisanos lo leen y acuden luego, en un autobús que va de sitio en sitio, a una cita con el escritor. El salón de actos de Chodes está entre higueras, olivos y melocotoneros, y mira hacia la fábrica de cementos del padre de Manuel Derqui, autor de “Meterra”. Grassa Toro dice que a veces avanza por la vega hacia ese lugar como quien parte al encuentro de la literatura o penetra en la exuberante y olvidada belleza del paisaje…

*Uno de los libros de Carlos  Grassa Toro, La sequía (Gobierno de Aragón), ilustrado por Diego Fermín. Este texto apareció ayer en Heraldo de Aragón.

FRANK SINATRA, A LOS DIEZ AÑOS DE SU MUERTE

FRANK SINATRA, A LOS DIEZ AÑOS DE SU MUERTE

¿Sabemos de veras quién fue el comunicador por excelencia, aquel italiano más bien bajito y rencoroso que enamoró al mundo con sus canciones y con el magnetismo lírico y belicoso de sus ojos azules? ¿Sabemos en verdad quién fue Frank Sinatra? La respuesta, tras tantas páginas dedicadas a su muerte, debiera ser necesariamente afirmativa: conocemos ya vida y milagros del intérprete de Strangers in the night. J. Randy Taraborrelli conoce aún más vida y milagros del cantante y los ha expuesto en una voluminosa biografía donde está todo: el hombre y su obra, sus múltiples paradojas, una existencia al desnudo, en la que no se obvian los aspectos más escabrosos. Su promiscuidad, su áspero y voluble carácter --una de sus frases favoritas era "no intentes hacerme cambiar"--, su crueldad, su romanticismo constante (quien lo vivió más de cerca parece haber sido Mia Farrow: ella curó al sátiro vencido de sus males de impotencia y eyaculación precoz), su relación con la mafia, que la hubo tanto con Lucky Luciano como con Sam Giancana o con el modesto ex--boxeador de barrio Hank Sanicola, o la conmovedora ternura que era capaz de manifestar hacia una mujer como Marilyn Monroe: le interesó como pasatiempo sexual en ocasiones, pero antes la acogió en su casa y la consoló como un hermano de su separación de Joe di Maggio. Muchos días después, Marilyn solía pasear desnuda por la casa, se encontraron al alba ante la nevera y pasó lo que cabe imaginarse, pero le inspiró buenos sentimientos y barajó casarse con ella para que fuese respetada de una vez por todos, incluso por los Kennedy.

         Nació Frank Sinatra en los bajos fondos de Hoboken (New Jersey) en 1915. Sus padres habían sido engañados por unos impresos que habían llegado a Italia anunciando el paraíso, nada les hizo imaginar que tendrían que luchar duramente por sobrevivir. Marty, su padre, había sido un boxeador profesional, solitario y tímido, que anduvo de aquí para allá arrastrando un tos cargante, que apoyó a los contrabandistas de licores en los tiempos de La ley seca y que abrió una taberna. Igual que su hijo --Sinatra adoraba a su progenitor--, fue un hombre escindido: dulce e irascible a la vez, alcohólico y atrevido. Se fugó con su novia Dolly Geravente, ante la oposición de sus futuros suegros. Se casaron por lo civil y luego, ante la bendición de sus respectivas familias, pasaron por la vicaría. Dolly era una mujer con agallas y siempre mantuvo una relación especial con su hijo. No soportaba que ninguna otra mujer lo maltratase o lo considerase "una basura", y esa sensación la tuvo ante la fuerza y el agrio genio de Ava Gardner. Llegó a ser candidata a alcaldesa, practicó abortos clandestinos que le trajeron algún desprecio y regañó y protegió hasta el fin a su vulnerable hijo.

         ¿Cómo era en realidad el niño Frankie? Taraborrelli anota diversas versiones. Para unos era "el niño más tranquilo del mundo", y otros le aplicaban esta frase: "cuando lo cabreas, jamás olvida". Es cierto, Sinatra fue rencoroso toda su vida, incluso si él había sido el agresor, como han recordado Lana Turner con quien tendría una relación fugaz que se resumiría en "Sexo. Sexo. Sexo", o Lauren Bacall. Tenía su orgullo: lo llamaban Cara marcada porque siempre andaba metido en peleas. No resistía el menor insulto, macarroni por ejemplo, y no le importaba enzarzarse en una gresca, de la que nunca salía bien parado. Era caprichoso y colérico. O estaban con él o contra él. Desde muy joven, sintió una gran afición a la radio, y Bing Crosby y Russ Columbo fueron sus cantantes favoritos.

         Pronto se iba a revelar como un gallito. Abandonó los estudios ante la desaprobación de su padre, que quiso infundirle la idea del sacrificio y lo llamó por primera vez "perdedor". Aquello fue un acicate y un insulto intencionado que hirió al joven, que trabajó sucesivamente en los astilleros, en las cámaras de refrigeración de los cargueros y como camarero. A la vez demostraba una habilidad innata para las conquistas: intimaba con las chicas en el callejón trasero. Aquí el autor no teme ser morboso y no excluye detalles más bien íntimos: el generoso tamaño del pene y su resistencia durante el acto sexual. "Puede hacerlo durante horas y horas", confesó Ava Gardner. Una de sus primeras amantes, Nancy Venturi fue así de explícita: "Estaba muy orgulloso de su miembro. Solía balancearlo en el aire y llamarlo Gran Frankie. No todo se reducía al tamaño de su pene... Era mucho más que eso".

         A la par iniciaba su carrera como músico en la radio, en fiestas o en clubs de carretera, y en 1939 hizo su debut con la banda de Harry James. Ya entonces, cuando era un don nadie, se consideraba el mejor cantante del momento. Algo que empezó a demostrar de veras al ingresar en la orquesta del rudo y genial Tommy Dorsey. Los miembros de la banda cuchicheaban de aquel tipo tan engreído, que tenía verdadera obsesión por la limpieza, hasta el punto de que lo llamaba Lady Macbeth. Sinatra firmó un contrato leonino por el cual debería pagarle por vida a Dorsey el 43% de sus ganancias. El cantante anunciaba "que iba a ser la estrella más grande del país". Su primera mujer Nancy Barbato le ayudaba a su manera, la había seducido a la luz de la luna cantándole canciones con el ukalele. Con Dorsey aprendió muchas cosas y logró convertirse en un número uno: aprendió a respirar disimuladamente por la comisura de los labios y a aprovechar la violenta respiración para transmitir angustia o emoción. Además empezó a manejar el micrófono destilando erotismo y miraba con sus ojos penetrantes y azules a alguien, que parecía caer fulminado de amor. Tenía las mujeres que quería: Toni Francke, la citada Lana Turner, Laura Lee Luango, que le transmitió una gonorrea. Y luego Ava Gardner, que fue su gran amor y su pesadilla constante. La historia de ambos tiene mucho de tragedia: dos caracteres fuertes, egoístas, veleidosos en el amor, crueles e irresistibles. Cuando la vio por primera vez, en 1945, dijo Sinata: "Voy a casarme con este bombón". Lo hizo, se amaron y se odiaron, se engañaron (Ava con John Farrow, padre de Mia, con Mario Cabré y con Dominguín, entre otros), y se reencontraron años después cuando Ava estaba prisionera del alcohol y de un energúmeno insoportable que destrozaba "al animal más bello del mundo" a mamporros. A mediados de los años 50, Sinatra lo padeció todo: adicción al alcohol y las drogas, tentativas de suicidio y un éxito inesperado en medio de una gran crisis musical: la película De aquí a la eternidad.

         El libro registra un poderoso anecdotario que no podemos resumir aquí. Sí querríamos traer otro episodio impresionante: la relación entre Lauren Bacall y Sinatra. Ella llevaba once años de felicidad con Bogart, uno de los hombres que más idolatraba el cantante. La admiración era mutua, pero cuando Bogie contrajo el cáncer, Sinatra y La flaca mantuvieron una romance muy ardoroso y secreto. Bogart estaba incapacitado para el sexo. En 1957 murió Bogart  y un día Lauren Bacall reveló su secreto, cosa que le molestó profundamente a su amante y ya novio oficial y la dejó para siempre. "Me sentí morir. Mi humillación fue indescriptible", confesaría Betty años después.

         Hay muchas más cosas: las orgías con Dean, Sammy Davis y cantidad de mujeres, los contactos con Kennedy --Giancana intentó chantajear al presidente, que yacía hasta con tres mujeres a la vez, y se sirvió de Sinatra--, el encuentro con Mia Farrow, sus películas de cine (El hombre del brazo de oro o Papa Joey, en las que coincidió con otra de sus amantes: Kim Novak) y la paz final con Barbara Marx. En medio, y eso ha sido lo más importante, sus canciones, el modo de interpretarlas, la hermosura de su dicción, el mensaje. Una vez dijo: "Sólo me interesan las letras".

         Un escritor resumió esta existencia envidiable, con luces y sombras, así: "Frank Sinatra es tan imposible de analizar como la electricidad".

*Frank Sinatra y el gran amor de su vida Ava Gardner. Un amor tan real como imposible.

EL MAESTRO QUE SÓLO USA UN ZAPATO

EL MAESTRO QUE SÓLO USA UN ZAPATO

[Pilar Ciutad ha ganado el premio a la mejor noticia que convoca el periódico digital Zaragozame con este precioso texto sobre el muralista nicaragüense Roberto Loaisiga. El galardón, dotado con 600 euros, se entrega esta tarde en el World Trade Center. Con su gentileza habitual, Mariano Gistaín me explica cómo puedo copiar el texto y aquí está.]

 ¿Por qué sólo tienes un zapato? Eso era lo que más sorprendía a los pequeños del Colegio Lucien Briet de Zaragoza la primera vez que vieron a Roberto Loaisiga subido al andamio para transformar la fachada oeste de este colegio en un paraíso de colores, naturaleza y vida. Roberto, pintor y muralista nicaragüense ganó el concurso de pintura mural convocado por este colegio. El objetivo inicial de embellecer esta pared, maltratada por botes anónimos que la llenaban de “firmas” indescifrables, ha sido ampliamente superado. No sólo en lo que toca a la parte artística sino porque la obra se ha convertido en una lección de la vida y el entusiasmo que despliega Roberto a pesar de estar aquejado de una grave enfermedad. Lección también de amistad y de capacidad para convocar al grupo de amigos que en el fin de semana vinieron desde lejos para dar un empujón a la base del dibujo, eso sí, bajo la estricta dirección del artista que ahora debe emplearse a fondo en matizar colores, formas y detalles.

En realidad la realización del mural es también todo un tratado de sociología, para constatarlo basta con apostarse un rato junto a Roberto de paso que le echamos una mano alcanzándole pinceles, colores, … y seremos testigos de cómo no hay vecino de este barrio del Picarral de Zaragoza que no deje de expresar un comentario de admiración ante su obra a la vez que hace votos para que sea respetada. Al final el mural va a reflejar todo aquello en lo que Roberto cree, convirtiéndose en patrimonio de todos, cultura popular total. Por supuesto él es el autor que nos grita sus anhelos de un mundo en armonía para todos los niños y niñas sin distinción pero también esa pintura es de todos los vecinos que le siguen a pie de calle y desde los balcones, de los padres y madres del colegio que hacen turno para relevarse en el apoyo logístico que sus condiciones físicas precisan, de Doña Zoila, su madre, vigilante y temerosa de su salud y, cómo no, de los más pequeños del colegio que no son conscientes de la categoría de las enseñanzas de este maestro que sólo usa un zapato.

GRANDES FOTÓGRAFAS: AMY ARBUS / 1

GRANDES FOTÓGRAFAS: AMY ARBUS / 1

Amy Arbus, hija de Diane Arbus, es una excelente fotógrafa. A veces parece seguir la línea de turbación y escalofrío de su madre. Le interesan las tribus urbanas, los niños, el ballet, la vida en las calles. Una de sus series más célebres es On the street. También ha realizado cuidados retratos como éste.

MONTXO ARMENDÁRIZ, POR JESÚS MACIPE

MONTXO ARMENDÁRIZ, POR JESÚS MACIPE

El pasado sábado, Montxo Armendáriz recibió un homenaje en las XIII Jornadas de Cine de la Almunia. El fotógrafo Jesús Macipe le tomó esta estupenda fotografía. Luego se proyectó su película Obaba, interpretada por Bárbara Lenni, Pilar López de Ayala y Juan Diego Botto, entre otros.

 

VIDA Y PARADOJAS DE SHANGHAI

VIDA Y PARADOJAS DE SHANGHAI

Virginia Tabuenca, responsable del Escaparate Cultural de la DPZ y enamorada absoluta de las publicaciones aragonesas, tiene un hermano que se ha casado en Shanghai. Me envía algunas fotos y me sugiere que suba una al blog.

 

Además, dice esto:

[“Shanghai me tiene fascinada. El año pasado la pateé más a fondo que este, pero aún así me ha vuelto a sorprender. Por mucho que mire, no encuentro nada de esa China misteriosa y ancestral que cautiva a algunos amigos. Lo que percibo yo es una vitalidad desbordante, casi tanto como la actividad económica, la aceleración con la que crecen los rascacielos o cambian las costumbres. Escuece ver las condiciones de trabajo en las obras, por ejemplo, donde familias enteras duermen por turnos en casetas de uralita de las que aquí sirven para poco más que dejar la ropa y el botijo. Y, en cambio, por la calle te topas con grupos de personas mayores practicando ballet clásico o intercambiando entre risas fotos y currículos de los hijos para ver si les encuentran pareja.”]

 

ENTREVISTA CON RAÚL ARTIGOT*

ENTREVISTA CON RAÚL ARTIGOT*

 

RAÚL ARTIGOT (Zaragoza, 1936). Director de cine, guionista, iluminador, productor, autor teatral y fotógrafo. Ha trabajado mucho en TVE, y ha dirigido tres películas: “El monte de las brujas” (1972), “Cabo de vara” (1977) y 1984, “Bajo en nicotina” (1984). Esta tarde, a las 18 horas, con José Antonio Labordeta y otros presenta la película Réquiem por un campesino español en Chodes. 

 

 

-Señor Artigot, no crea que sabemos demasiadas cosas de usted.

-Nací en Zaragoza en febrero de 1936. En realidad, yo tenía que haber nacido en Cantabria. Mi madre era asturiana y mi padre aragonés de pura cepa, y él se empeñó en que yo naciese en Zaragoza. Mi madre tenía una vértebra rota, pues fue igual. Vinieron por aquellas carreteras estrechas, llenas de curvas, y con aquellos coches. O sea que el parto debió ser algo terrible.

 

-¿Y fue un niño de cines como Borau, Castellón o Artero?

-Sí, claro. Fui al cine todo lo que pude. Al Fuenclara, al Frontón Cinema, al Iris Park. Nos daban una peseta y te las arreglabas. Mi infancia transcurrió en Zaragoza, pero luego me fui a Asturias y me decanté por la fotografía porque mi padre tenía un laboratorio fotográfico. Colgué mis estudios de Ciencias Físicas.

 

-No sería por mucho tiempo esa dedicación. En 1960 ingresó en la Escuela de Cine...

-Entonces se llamaba Instituto de Experiencias Cinematográficas. Estaban ya allí José Luis Borau y Saura como profesores. Y Berlanga y José Aguayo, que fue mi profesor de fotografía y me enseñó muchas cosas.

 

-En 1964 acabó y empezó a fotografiar.

-En realidad no acabé entonces, pero yo tenía unas ganas de trabajar enormes. Tras hacer una película de prácticas con Santiago Sanmiguel, me salió un trabajo para un película infantil. Como aún no tenía el título –me lo dieron al año siguiente-, me firmó un policía, Fernando Ruiz del Rio, y pude hacer mi primera película. Ya tenía mucha experiencia en foto fija, me apetecía hacer fotografía en movimiento, que es el cine. Eso era lo que me interesaba.

 

-Le interesaba tanto que hizo usted, entre mil cosas, porno.

-Porno duro y porno blando, con Jesús Franco y con realizadores italianos. Y le diré que me gustaba más el de antes. Estaba mejor hecho: había por lo menos un guión.

 

-Pero también hizo muchas películas del destape español, y en concreto con Mariano Ozores: “El liguero mágico”, “El erótico enamorado”, “Yo inventé a Roque III...”, “Todos al suelo”...

-Hice películas con todo el mundo casi. Ahora estoy escribiendo una revisión sobre ese tipo de cine. Aquí ha ocurrido una cosa verdaderamente trágica: la crítica española. Aquellas eran películas coyunturales. Mariano Ozores, por ejemplo, leía las noticias del periódico y se le ocurrían películas. Y en tres meses las hacía, sin más. Luego venía la crítica y las destrozaba sin compasión. Ferozmente. Incluso a los actores, que eran cojonudos. Los ponían a parir, y luego esa misma crítica se comportaba de modo lacayo con espantosas películas norteamericanas.

 

-¿De qué críticos habla, por ejemplo?

-Pues de Pedro Crespo. Siempre recuerdo una anécdota muy curiosa: a Alfredo Landa, que es el mejor actor español y ya lo era entonces, siempre lo ponía fatal y solía decir: “¿Quién es el crítico ése? En cuanto me lo presentan le voy a dar dos leches bien dadas”. La crítica española me ha parecido siempre nefasta.

 

-También ha trabajado con aragoneses: con Artero, con Alejo Lorén.

-Con Antonio Artero me llevaba estupendamente, estábamos siempre juntos. Y con Alejo Lorén hice en 1979 “Esta tierra”, un documental extenso. Es un buen muchacho, le tengo mucho cariño y lamento que no haya hecho más cine.

 

-También ha participado usted en series de éxito como “La plaza del diamante” (1982) en TVE.

-Esa serie tiene una curiosa historia. Participé en ella casi de milagro. Eran ya los tiempos de las autonomías. Gracias a una estratagema de Francesc Betriu, que hizo creer a todos que yo era catalán, pude hacerla. Fue una serie muy preparada: realicé el “story board”, participé en las localizaciones durante varios meses. Todo estaba muy planificado, Betriu odia las cosas mecánicas, y me encomendó todo ese trabajo mientras él se preocupaba de la puesta en escena y de la dirección de actores. Tuvo una gran intuición con la actriz, Silvia Munt, una bailarina, que lo bordó.

 

-También hizo otra serie que no tuvo tanto éxito: “El mayorazgo de Labraz”.
–Sí, estaba basada en la novela de Pío Baroja y la dirigió su sobrino Pío Caro Baroja. La hicimos a conciencia y elegimos paisajes aragoneses: rodamos durante tres meses en Albarracín; y bastante tiempo en Borja, en Tarazona y en Veruela. Pero era una novela bastante difícil, poco atractiva en el fondo.

 

-Bueno, y volvió a rodar con su amigo Francesc Betriu “Réquien por un campesino español” (1985) de Sender.

-Era una novela que quería hacer todo el mundo. Un día Betriu recibió la llamada de alguien que le dijo que tenía los derechos. Me llamó y le dije que fuese de inmediato a un abogado a ver si era verdad y que le diese una señal. Así la compramos. Yo fui guionista con Betriu y productor. E hice la adaptación a imágenes y me encargué de las localizaciones. Fuimos a Chalamera y Alcolea de Cinca, pero acabamos viendo que se ajustaban mejor los paisajes de Arándiga y Chodes.

 

-¿Cómo valora la película?

-Creo que es una película digna, seria, bien hecha. Pero con ella pasó lo que suele ocurrir en España: los críticos extranjeros la pusieron bien, le dedicaron críticas en Estados Unidos, pero en España nada. Recuerdo que tuvimos un lío con ella. Quisimos titularla tan sólo “Réquiem por un campesino”, pero Pilar Miró se puso hecha una fiera. Nos acusó de catalanistas y hubo que titularla como la había titulado Sender: “Réquiem por un campesino español”. Esa película es de TV-3 y lo que ha hecho con ella es infame. Tenía una luz muy bonita y sale completamente oscura.

 

-¿Cómo nos explicaría su manera de entender la fotografía en el cine?

-La verdad, no lo sé. He intentado hacer las cosas bien...

 

-¿Cómo bien? Manuel Rotellar decía que la suya era “una luz lujuriosa, una luz erótica”, y varias actrices le han dicho: “Artigot: es usted el fotógrafo que siempre saca a las actrices guapas”.

-Rotellar me quería mucho. Desde que él se murió nadie me había entrevistado en Aragón.

 

--Hablemos de las películas que dirigió. Por ejemplo, de la primera: “El monte de las brujas”.

-Tuve muy mala suerte con el productor y con la censura. A raíz de un desagradable incidente por un desnudo no se llegó a estrenar en España, aunque sí se estrenó en Estados Unidos.

 

-¿Y “Cabo de vara” (1977), que acaba de pasarse en la muestra “Travesía”?

-Es una obra basada en la novela homónima de Tomás Salvador. Fui a verlo a Barcelona, hablamos, conducía endiabladamente y estaba sordo. Logramos entendernos y rodé la historia de unos presos en Ceuta a finales del siglo XIX. La cautividad de los hombres es algo que me preocupa mucho. Y conté con un actor estupendo que empezaba, Santiago Ramos, con Ramiro Oliveros y con muchos famosos del cine español.

 

-¿Qué nos dice de “Bajo en nicotina” (1984), a la que algunos han asociado a la nueva comedia madrileña?

-Qué disparate. Es una película trágica basada en la novela de Pérez Marinero. Es una novela despiadada, que carece de moral, una exhibición de cinismo. Yo había pensado para los papeles principales en José Sacristán y Charo López. Sacristán no estaba de acuerdo con el guión, con ese personaje frío, desmedidamente egoísta que acaba matando a los vecinos que le molestan. Yo creo que va por una línea próxima a Fassbinder de cine cruel y despiadado.

 

-¿Qué le parece eso de que repongan sus películas?

-Me parece estupendo. Aragón es la comunidad española con más cineastas, desde los Jimeno y Segundo de Chomón hasta nuestros días. ¿No le parece? Ahora ya estoy retirado: preparo mis memorias y escribo novela negra. Ando a la busca de editor.