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Antón Castro

ELLEN KOOI, DE NUEVO

ELLEN KOOI, DE NUEVO

Ha declarado Ellen Kooi, nacida en 1962: “Inconscientemente siempre doy a mis fotos una dimensión de peligro. Algo que es y está puede perderse para siempre”. 

Esta obra claramente nos hace pensar en los mares helados de Caspar David Friedrich.

 

LA OFELIA DE ELLEN KOOI

LA OFELIA DE ELLEN KOOI

Hace algunos día pegaba aquí una foto de una estupenda y original fotógrafa holandesa: Ellen Kooi, una artista que crea sueños en el paisajes, protagonizados casi siempre por mujeres o niños. La artista tiene un componente pictórico y suele crear atmósferas más o menos surrealistas o mágicas, una suerte de inquietud en sus panorámicas, que refleja canales, zonas húmedas, lagos, bosques, humedales… Sus fotos siempre sugieren una historia, un puñado de sensaciones, un arsenal de emociones y de poesía. Hoy, en El País Semanal, Julia Luzán le dedicaba un artículo porque el próximo 15 de abril, Ellen Kooi expondrá en la Casa Encendida durantes dos meses. 

*Esta pieza evoca el precioso cuadro de Millais, y se titula Ofelia. Está realizado en 2006.

ÁNIMO, ALMA, ALMA, REAL ZARAGOZA

ÁNIMO, ALMA, ALMA, REAL ZARAGOZA

El Real Zaragoza jugó mejor, especialmente en la primera parte, falló sus oportunidades y acabó a merced del Betis, que aprovechó todas sus ocasiones y no dio jamás la sensación de ser nada del otro cielo. Mark González goleó en dos ocasiones y Pavone apuntilló. El equipo de Manolo Villanova se ha colocado en una situación realmente desesperada, a falta de siete jornadas. Lo peor de todo es que ahora ni siquiera marca goles; durante muchas semanas, Oliveira y Diego Milito pugnaban por el Pichichi. Sus delanteros han desaparecido en una nebulosa de desaciertos e infortunio (cuando va todo mal, parece que aún puede ir peor, y hoy no hay coartada arbitral que alivie nada) y la defensa anda una y otra tarde a la deriva, fuera de sitio y blandita. El segundo gol de esta tarde retrata la debilidad y la falta de confianza de todo un bloque: Paredes debió forzar cuando menos una obstrucción o un derribo con un poco de inteligencia, provocando una tarjeta, tal vez, pero impidiendo un gol casi definitivo.  


El equipo tiene que parar esta caída hacia la nada. El equipo no puede descender en el año de la Expo-2008, pocos meses después de celebrar su 75 aniversario. Los aficionados están con él, estuvieron hoy mientras se creía que se podía detener la tormenta y volverán a estarlo hasta que, por los pelos y en el último minuto de la agonía, el Real Zaragoza se quede en Primera División, que es donde tiene que estar.  

Ánimo. Alma. Alma, Real Zaragoza.

*Sergio García combinó buenas jugadas con algunos fallos y fue el mejor del equipo con Matuzalem. Qué lástima que haya jugado tan poco el brasileño y que no tenga algo más de fuelle.

ADIÓS A CHARLTON HESTON

ADIÓS A CHARLTON HESTON

[Semblanza y biografía de Charlton Heston, uno de los actores que más me gustaba de niño, me recordaba mucho a mi padre, que publica Fernando Alonso Barahona, en El Semana Digital. Durante mucho tiempo mi película favorita de él fue Cuando ruge la marabunta con Eleanor Parker, una película de la que se habla en la novela Naturaleza infiel (RBA) de Cristina Grande. Charlton Heston visitó Aragón en 1989 para realizar una serie sobre la ópera, hablaba un poco español, visitó, entre otros lugares, San Juan de la Peña, la Aljafería, en concreto la Torre del Trovador, y el patio de la Infanta. Estuvo muy amable con los periodistas y evocó, entre otras cosas, el rodaje de “El Cid”, la playa de Peñíscola y la belleza deslumbrante de Sofía Loren. Una de las últimas películas suyas que he visto ha sido El tormento y el éxtasis, donde encarnaba a Miguel Ángel Buonarrotti.]  

Es bien sabido que las leyendas nunca mueren, que los artistas perviven en sus obras y que los hombres de fe saben que la esperanza permanece en la vida eterna.
Charlton Heston, nacido en Evanston (Illinois) el 4 de octubre de 1923, ha fallecido en Los Ángeles el 6 de abril de 2008, a los 84 años. Algunas fuentes señalan 1924 como su fecha de nacimiento, pero yo le envié mis dos libros biográficos: Charlton Heston(CILEH, 1992) y Charlton Heston, la épica de un héroe (Eiunsa, 1999) y no corrigió el dato de 1923 en la correspondencia que he tenido el honor de mantener con él desde 1994 hasta la fecha.

Heston es una leyenda del cine con un puñado de obras maestras en su haber que han pasado a la historia del Séptimo Arte: leyenda, icono de varias generaciones y un actor de cine y teatro extraordinario... como bien supo ver su admirado Orson Welles, quien un día le proclamó capacidad para convertirse en el mejor actor norteamericano de la segunda mitad del siglo XX.

Y Charlton Heston era un hombre de fe, y en su despedida pública con ocasión de su anuncio de que padecía la enfermedad de Alzheimer, en agosto de 2002 (aunque su ultima aparición pública data de octubre de 2003 en una entrevista en la televisión), pidió a sus admiradores que le recordáramos con alegría porque su vida había sido larga, plena y fecunda.


De la guerra al Oscar
Charlton Heston se casó con Lydia Clarke, su única mujer, en 1944, con tan sólo veinte años, para partir al Pacífico, donde combatió con el ejército norteamericano. A su regreso trabajó duro en el teatro y en la entonces naciente televisión. En 1950 la Paramount le dio la oportunidad de debutar en el cine profesional con Ciudad en sombras (Dark city) de William Dieterle. La gran trayectoria de su vida había comenzado.
Heston destacó en melodramas como Pasión bajo la niebla (Ruby Gentry, 1952) del gran King Vidor, westerns como Pony Express de George Marshall u Hoguera de odios (Arrowhead) de Charles M. Warren, amén de ese clásico del cine de aventuras que es Cuando ruge la marabunta (The naked jungle, 1953) de Byron Haskin.

Pero tal vez nunca hubiera logrado el máximo estrellato de no ser por el mítico Cecil B. de Mille, quien le seleccionó siendo apenas conocido en 1952 para El mayor espectáculo del mundo (The greatest show on earth), Oscar a la mejor película, y en 1955 para la monumental Los Diez Mandamientos (The Ten Commandments). Su papel de Moisés en esta gigantesca obra maestra estrenada en 1956, que ha cruzado épocas y generaciones sin perder un ápice de su atractivo, le hubiera garantizado por sí mismo un lugar en la historia.

Dos décadas de gloria
Pero la carrera de Charlton Heston acababa de entrar en su período de gloria: Horizontes de grandeza (The big Country, 1957) de William Wyler; Sed de mal (Touch of evil, 1958), la obra maestra de Orson Welles, que pudo filmarse gracias al empeño personal del actor, Misterio en el barco perdido (The wreck of Mary Deare, 1959) de Michael Anderson, al lado de Gary Cooper; y el punto culminante, la colosal Ben Hur de William Wyler, galardonada con once Oscars en 1959 (entre ellos el del propio Heston) y que es junto a Los Diez Mandamientos y El Cid una de las mejores películas jamás filmadas. Sam Bronston le llamó para la mencionada y fabulosa El Cid (1961), a la que siguió 55 días en Pekín (55 days at Peking) de Nicholas Ray.

Con su rostro pétreo, su mirada penetrante y un carisma a flor de piel, Heston –modelado en el teatro de Shakespeare y en los grandes clásicos a los que volvía de vez en cuando sobre las tablas– era el intérprete ideal para el cine épico.

Y junto a su galería de Moisés, Judah ben Hur o Rodrigo Díaz de Vivar, compuso excelentes creaciones: Miguel Ángel en El tormento y el éxtasis (The agony and the ecstasy, 1965) de Carol Reed; San Juan Bautista: La historia más grande jamás contada (The greatest story ever told, 1966) de George Stevens; Richelieu: Los tres mosqueteros de Richard Lester; Enrique VIII: El príncipe y el mendigo de Richard Fleischer; o Santo Tomás Moro: El poder del triunfo, dirigida por él mismo.

En la década de los sesenta fue el artífice de la puesta en marcha de obras maestras como El señor de la guerra (The war Lord, 1966) de Franklin J. Schaffner, Mayor Dundee (1965) de Sam Peckinpah y Will Penny (1967) de Tom Gries, una de sus mejores interpretaciones, como un vaquero rudo y analfabeto.

Pero su nueva inyección de gloria llegó con la mítica El planeta de los simios (Planet of the apes, 1968) de Franklin J. Schaffner, cuya escena final ante la Estatua de la Libertad es una de las imágenes del siglo XX.
 
Y en el nuevo género de la ciencia-ficción: El último hombre vivo (The omega man, 1970) de Boris Sagal, Cuando el destino nos alcance (Soylent Green, 1973) de Richard Fleischer… a los que siguieron historias de catástrofes como la popular Terremoto (Earthquake, 1974) de Mark Robson o bélicas como La batalla de Midway (Midway, 1976) de Jack Smight.

Los últimos años
Charlton Heston, gran amante de España (como recoge en sus memorias), hablaba español con cierta pericia y junto a su época con Bronston, rodó en España en régimen de coproducción la entrañable La selva blanca (1972) de Ken Annakin, y su primera película como director, la magnífica y muy personal adaptación de Shakespeare Marco Antonio y Cleopatra (Anthony and Cleopatra, 1972).

El teatro, la televisión (la serie Los Colby o Camino de Santiago en 1999, producción española de Antena 3) o una nueva película como director (Duelo en las profundidades, [Mother Lode], 1982) jalonan su trayectoria, que en la última época va ligada a su propia productora, la Aggamennon Films. Con ella y con su hijo Fraser como socio pone en marcha una interesante serie de películas que fueron distribuidas en televisión por cable (algunas además se estrenaron en cine): La isla del tesoro (Treasure island) de Fraser Heston en 1989, El poder del triunfo (su propia versión de Un hombre para la eternidad) dirigida por el propio Heston en 1988 y Compromiso sangriento (Crucifer of blood) de Fraser, donde encarna a Sherlock Holmes, en 1990.

No faltaron ilustres cameos en sus ultimas apariciones como Mentiras arriesgadas de James Cameron, con Schwarzenegger, su colaboración en el Hamlet de Kenneth Brannagh, o la nueva versión de El planeta de los simios dirigida por Tim Burton. Y una película postrera aún sin estrenar, la producción independiente Rue Alguem 555 (2002) de Egidio Eronico, donde da vida a Josef Mengele.

Claros compromisos públicos
Charlton Heston tiene dos hijos, el ya mencionado Fraser, nacido en 1955 (y que fue el Moisés bebe en la película de De Mille) y Holly Ann, adoptada, nacida en 1961.
Junto a su labor artística, Heston, uno de los actores más cultos de Hollywood, se involucró en multitud de actividades sociales, culturales y políticas. Estuvo al lado de su amigo Martin Luther King en la marcha por los derechos civiles, presidió el sindicato de actores y desde 1999 a 2003 fue el presidente de la Asociación Nacional del Rifle, que defiende la segunda enmienda de la Constitución americana (el derecho a llevar armas).

Charlton Heston escribió dos libros de memorias y dos excelentes ensayos sobre pensamiento conservador: To be man: Letters to my grandson y The courage to be free. Durante muchos años apoyó a los candidatos presidenciales demócratas (aunque en el resto de elecciones legislativas votaba indistintamente republicanos y demócratas)... hasta 1972, año en el que la deriva izquierdista de George McGovern le llevó a votar a Richard Nixon. A partir de ahí Heston fue un firme apoyo en las campañas de Ronald Reagan, George H. Bush o George W. Bush.


Charlton Heston representa en la historia del cine –y en la propia imaginería del siglo XX– la imagen del héroe clásico, del hombre esforzado con capacidad de liderazgo que podía conducir al pueblo de Israel en Los Diez Mandamientos o a sus fieles ejércitos en El Cid. Pero era asimismo un extraordinario actor, no siempre reconocido, y un hombre con el valor suficiente como para expresar su pensamiento, aunque fuera políticamente incorrecto. Junto a John Wayne y Gary Cooper fue el más grande de todos.

O mejor dicho, lo sigue siendo, porque sus películas, como las leyendas, permanecerán en la actualidad, al menos mientras siga existiendo el cine.

*Ramón Menéndez Pidal con Anthony Mann y Charlton Hestobn, durante el rodaje de El Cid.

  

EL MAR DE CLARA JANÉS Y CHILLIDA

EL MAR DE CLARA JANÉS Y CHILLIDA

Clara Janés le propuso a Eduardo Chillida realizar un libro juntos. Lo culminaron, tras 19 años, en 1998 y se titulo La indetenible quietud, que reedita ahora Siruela, con esa belleza y buen gusto que caracteriza al sello que dirige la elegante e inteligente Silvia Meucci, tan fascinada por la novela negra. 

Uno de los poemas que más me gusta del libro es éste: 

No hay hilo que descifre
el laberinto del mar,
que no es trayecto el mar,
que esbozo es de lo invisible el mar,
condensaciones, tendencias;
que siempre es pasado el mar,
origen, materia madre,
sin forma, sin sombra, el mar;
que es deseo puro el mar,
pura posibilidad.  

[Y aquí lo dejo colgado. Estaré fuera todo el sábado: me voy a Benasque y dormiré allí, y quizá pasee por el campo…]

*La foto es de Julia Fullerton-Batten.  

FRISO SENSUAL DE DAVE RUDIN

FRISO SENSUAL DE DAVE RUDIN

FAROS EN LA NOCHE: FAROS DE AMOR

FAROS EN LA NOCHE: FAROS DE AMOR

Un faro llama a la noche,
sin ella no es nada:
un grito silencioso al cielo.
Puedo demorarme en tu cuerpo,
hacer de él un sarmiento encendido
que ilumine todo tu deseo.
Mis manos se abandonan a tu piel
y pueden reanudar tus sueños
como si nunca nos abordará el día.
Como faros se rinden ante ti
y te besan con su caliente anhelo
en el añil indescifrable de un nuevo abril.
 

Fernando Sarría 

[Mi libro Golpes de mar (Destino, 2006) está lleno de faros en casi todos sus cuentos. Faros reales, faros soñados, faros que a veces tienen un farero como el viejo Buxán, que encarna la memoria mítica del mar. El poeta Fernando Sarría -que publicará en breve su primer poemario en Eclipsados, el sello del incansable Ignacio Escuín Borao, poeta, editor e impresor, que ayer participaba en un ciclo poético en Córdoba-, ha colgado este bello poema en su blog. Ayer leyó, con un montón de amigos, algunos de sus poemas en La Campana de los Perdidos, ese santuario de soñadores. Copio este texto y lo traigo aquí, como modesto homenaje al amigo escritor y rapsoda y a los mares de mi imaginación y de mi añoranza.]


*La foto corresponde al faro de Saint Mathieu en Francia. Y lo he tomado de una espléndida página de faros de la bitácora La Pecera: http://lapecera.ath.cx., que ofrece un faro cada día, a cual más bello.

UN DOMINGO DE DOLIENTE MELANCOLÍA*

UN DOMINGO DE DOLIENTE MELANCOLÍA*

Dos palabras de un domingo de lluvia

Era domingo de siesta y lluvia. El sacerdote Joaquín Zamora evocó la figura de Miguel de Unamuno: recordó que cada día, durante sus paseos, se asomaba a un pozo artesiano y pronunciaba la palabra “Eternidad”. El eco le devolvía, desde el fondo, la palabra multiplicada como si fuera un poema de Juan Ramón Jiménez. Esa cita me pareció el momento más feliz del elogio fúnebre de Pepe Escriche: más bello aún que el sonido del himno de San Lorenzo con gaita, tan intenso como el cariño unánime y perlado de lágrimas que había despertado aquel hombre vitalista, más discreto que bravucón, que se había afanado en colocar, con otros, a Huesca en el mapa de todos los vientos de la cultura. Era domingo de lluvia y de crepúsculo prematuro. En el café contiguo al Casino había una atmósfera densa de abatimiento, de pérdida inconsolable: Ángel Garcés te apretaba la mano mientras la ansiedad y la desesperación pugnaban por igual dentro de sí. Él, casi tanto como Huesca, casi tanto como el cine, es el gran huérfano de Pepe y de esa obra maestra suya, difícilmente superable, que es el Festival de Cine.

         Era domingo de doliente melancolía y de lluvia. Antes de regresar a casa, llamé a Fernando García Mongay, que había cosechado un nuevo éxito en el Congreso de Periodismo Digital. Me dijo que a las siete abrirían en el Matadero la muestra “En serio” de Samantha Appleton, una mujer extraordinaria y bella que fue ayudante de James Natchwey y que trabaja para “The New Yorker” y “Time Magazine”. Sostiene: “Al igual que la historia, el buen periodismo no surge de la nada. Está arraigado en su tiempo y su lugar, pero no es ajeno al contexto”. Aún no eran las siete; de repente, vi que había otra de las salas del Matadero abierta y pensé que debía tratarse de la exposición de la pintora Clotilde Vautier (1939-1968), una artista que murió a los 28 años a consecuencia de un aborto clandestino.

         El tema fundamental es el universo íntimo de las mujeres. Clotilde pinta sus cuerpos desnudos, sus rostros, crea una atmósfera de recogimiento y desinhibición. Son mujeres que sueñan, mujeres que se bañan, mujeres que se ovillan entre sus piernas y sus propios senos, mujeres que fuman, mujeres que descansan sin pudor alguno. La pintora dejó alrededor de 90 lienzos y 150 dibujos, y se cuelga una selección importante: se ve que hay una pintora, cercana en ocasiones a Modigliani, cercana al Matisse más sobrio, muy francesa y expresionista, que usa las variaciones tonales del ocre. En los cinco años anteriores a su muerte, Clotilde pasó por periodos de escasez y de angustia, pero de una gran fertilidad creativa. Sus amigas posaban para ella, sabían que una mujer talentosa y honda las veía y les arrebataba, brochazo a brochazo, las comisuras del alma.

         Dieron las siete, y abrieron la sala de Samantha Appleton. “En serio” es una muestra que plantea varias cosas importantes: de entrada, la importancia real y simbólica de la bandera de Estados Unidos, que está en todas partes y que a todos representa; pero además, Samantha reflexiona visualmente sobre las elecciones primarias en el país y sobre otro hecho: en la política norteamericana, en los mítines de Hillary, McCain y Obama (el más carismático: hay algo en é que recuerda a Kennedy) “el poder del pueblo se puede palpar”. La muestra también es una evidencia de la infausta política exterior de Bush y revela un hecho insólito entre nosotros: Obama o Hillary van a buscar sus votos a pie de calle, a lugares como Almúdevar, Boltaña o Alquézar. En la muestra, me quedé con una foto de un ciudadano que oye a Obama y lleva una pegatina con la palabra “Hope”. Esperanza. La palabra preferida de Rafael Azcona. Salí a la calle, y me dije: Eternidad y esperanza. Dos palabras para Pepe Escriche en aquel domingo de dolor y lluvia.