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Antón Castro

TONI CATANY O EL ESPÍRITU DEL MEDITERRÁNEO

TONI CATANY O EL ESPÍRITU DEL MEDITERRÁNEO

 Toni Catany ofrece una antológica de su obra, desarrollada a lo largo de 40 años, en la salas de la Diputación de Huesca bajo el título “El artista en su paraíso”. Las fotos respiran belleza y la épica salada del Mediterráneo y sus mitos.

Catany o el espíritu del Mediterráneo 

He pasado algunos de los mejores momentos de mi vida, como visitante de exposiciones, en Huesca. Especialmente en las salas de la Diputación. Ésta puede parecer una confesión interesada y acaso innecesaria, pero es escrupulosamente cierta. Quizá sea la revelación del paleto que ha viajado poco más allá de sus narices. Llegué al arte demasiado tarde, y ahí, cerca del violento y colorista mural “Elegía”, vi a grandes artistas (Brossa, Viola, Ramón Acín, Félix Lafuente, Viola, Isidro Ferrer, Carrera Blecua, pongamos por caso), y vi a algunos de los mejores fotógrafos del mundo: desde los pioneros y Robert Capa hasta nuestros días. Hace unos días, volví a ese espacio casi mágico para mí, tan entrañable, de piedra fecundada en el tiempo. Habíamos concertado una cita con el fotógrafo del Mediterráneo Toni Catany (Mallorca, 1942), Premio Nacional de Fotografía en 2001 y seleccionado por la revista “Life” entre los 100 mejores fotógrafos del mundo. Ahí es nada.

Catany ya desde niño sintió una especial atracción por las revistas ilustradas, por los álbumes, por esas imágenes coloreadas que mostraban viajes, instantáneas de familia, lances fascinantes de la vida. Pronto pidió una cámara, y un tío recién llegado de Colombia le trajo un aparatoso cajón Kodak, ideal para los retratos. Por aquellos días, se marchó a Barcelona a estudiar químicas. Realizó un curso por correspondencia, empezó a colaborar con el gran reportero Dimas Mas –compañero de otro fotógrafo que vive ahora en el abatimiento más absoluto: Horacio Seguí-, y colaboró en “La Vanguardia” y en la revista “Destino”. A finales de los años 60 realizó su primera mirada hacia las Baleares menores, y contó con un guía y un compañero de excepción: el ya famosillo escritor Baltasar Porcel. En esas fechas, Catany realizaba una fotografía próxima al documento social tipo Mario de Biasi y Mario Giacomelli, si pensamos en Italia, tipo el primer Carlos Saura, Ramón Massats e incluso Ortiz Echagüe, si pensamos en España.

Desde entonces, Catany ha desarrollado una obra singular, de gran belleza formal, marcada por un insaciable apetito de perfección o de excelencia, y una carga emotiva indiscutible. Y todo ello, más o menos resumido en sus series capitales, se recoge en la muestra antológica “Toni Catany. El artista en su paraíso”, un proyecto concedido por Pierre Borhan.
La muestra recoge una imagen inolvidable, portical en su trayectoria: la de Ibiza de 1967, con una mujer centenaria, su hija y un joven rapado, que bien podría ser uno de los niños de los cuentos de “Cabezas rapadas” de Jesús Fernández Santos. Borhan ha seleccionado piezas de sus famosos calotipos, iniciados hacia 1976 (Catany es un artesano de la fotografía, un amanuense de la técnica, un poeta de la sugerencia, un investigador formal); las series de sus naturalezas muertas, en blanco y negro y en color; esos viajes alrededor del Mediterráneo, sus monumentos, sus ruinas y una atmósfera salobre de leyenda e historia; los desnudos masculinos, caracterizados por el movimiento y la sensualidad. Otras dos de las aportaciones fundamentales de la muestra son sus retratos, realizados en Polaroid, que poseen una fuerza inusitada, y esa amplia serie de travesías por el Magreb y Oriente. Catany la resuelve con un color muy trabajado, compone piezas de gran hermosura que plantean un bello enigma: son fotos que parecen soñadas o irreales, fotos robadas al delirio, pero que en el fondo solo revelan la capacidad de mirar del artista, de mirar y de ver en las luces intensas del mediodía o en los desvaídos fuegos del crepúsculo. Ahí Catany logra lo que desea: atrapa una imagen existente, casi paradójica, que parece un espejismo y que plantea un viejo axioma: la realidad, incluso en fotografía, supera a la ficción. 

[Pepe Melero se ha trasladado, en una renovada luna de miel con Yolanda y con el Cantábrico, a Santander. Escribió, leyó y adquirió Heraldo. Cuando no sería su sorpresa cuando vio que le habían dado la edición de Huesca, donde aparecía mi colaboración de todos lo viernes.]

RETRATO DE ESCRITORES.3 / CLARICE LISPECTOR

RETRATO DE ESCRITORES.3 / CLARICE LISPECTOR

El lunes, camino del concierto de Cecilia Bartoli, compré  Clarice. Una vida que se cuenta. Biografía literaria de Clarice Lispector (Adriana Hidalgo editora, 2007), que es desde entonces uno de mis libros de compañía. Clarice nació en Ucrania en 1920 y falleció en 1977. Se casó en 1943 con diplomático, tuvo dos hijos y se separó en 1959. Vivió en Maceió, Recife, Nápoles (dos años), Estados Unidos y Brasil, sobre todo Brasil. Colaboró en prensa (trabajó en los años cuarenta para la Agéncia Nacional y para la empresa A Noite, colaboró por extenso con Jornal de Brasil), fue retratada por Giorgio de Chirico en un viaje a Roma y realizó una obra literaria muy peculiar y dolorosa: una introspección compleja de un alma de mujer. Ella fue hermosa, enigmática, lejana, fue inalcanzable, hipersensible, rabiosa, lúcida, intensa. Complicada y visionaria. Solía escribir con su máquina Olimpia sobre las piernas. El libro de Nádia Batella Gotlib mezcla la vida y la obra, y las funde constantemente: interpreta la vida de  a la luz de su obra, desvela claves y obsesiones de la obra a través de su existencia. 

 

Clarice escribió: “Escribir es intentar comprender, es intentar reproducir lo irreproducible, es sentir hasta el final el sentimiento que de otro modo permanecería vago y sofocante. Escribir es también bendecir una vida que no fue bendecida”. Añadiría: “Nací para escribir. (…) Cada libro mío es una estrella penosa y feliz. A esa capacidad de renovarme por completo a medida que pasa el tiempo la llamo vivir y escribir”.

*Foto de Clarice Lispector tomada en Nápoles entre 1944 y 1946. Es el motivo de portada del libro de Nádia Battella. 

 

POEMAS DE VICENTE PASCUAL RODRIGO

POEMAS DE VICENTE PASCUAL RODRIGO

[Vicente Pascual Rodrigo vive aquí al lado, en Utebo. Trabaja despaciosamente en varias direcciones: pinta, reflexiona, sueña laberintos espirituales y escribe poemas. De vez en cuando, si tiene fuerzas, sale a pasear con Ana. Con Ana Marquina: su compañera, su cómplice, el sosiego y la sabiduría lentísima del amor. Desde el balcón de su casa se ve el lecho del Ebro que avanza entre montañas, y los pájaros rasgan el cielo, los pájaros ingresan en la paleta de fuegos y rosas del aire. Es casi una instantánea japonesa, propia de Hokusai, en Zaragoza, cerca de la torre mudéjar. Es casi una  visión metafísica. Le he pedido a Vicente que me envíe unos poemas de su próximo libro, que aparecerá en Olifante, con prólogo del poeta y crítico de arte José Corredor Matheos. He aquí una selección de poemas de ese hombre sereno, elegante y apasionado que es Vicente, un hombre que se alza un día y otro día y otro más, con sed de más vida, contra las sombras del tiempo.]

 ¡Venid,
guerreros, amantes y letrados!
Calentaos en mi hoguera,
que hace frío en esta noche
y quizás no haya mañana.

………………………………………. 

Miro al río,
y el cauce que veo
dicen que se muda.
Y el agua que lleva,
que ayer era otra.
No sé qué es un río.
¿Y quién mira al río,
si el cuerpo que arrastro
es siempre cambiante
y la vida en que hoy vive
ayer aún no era?

…………………………………………. 

Id por el mundo soñando
y si os parece triunfando,
que yo aquí duermo ignorando.

 …………………………………………. 

Por el yermo en el que ando
doy las gracias, doy las gracias.
Es muy seco, es sólo polvo,
siempre finge que está muerto.
Qué bien huele ese tomillo,
cómo huele. 

……………………………………….  

Miraba el vacío, oía el silencio,
sentía la nada.Y si aquí sólo era ausencia
allí es fresca presencia. 

……………………………………  


En la vida nada encuentro
y en la muerte todo añoro.
Mas no hay vida si esta ignora
que es en muerte donde vive, 
que es en ella que culmina. 
Es por ello que deseo
el vivir mi propia muerte
con los ojos bien abiertos. 
Y es que la vida y la muerte,
y también mi bienamada,
son lo mismo, yo eso creo. 

……………………………………….. 

Y cuando venga la muerte
me dirá: ya está.
Le diré: ¿ya está?
Y me dirá: ya está.

*Pruno. Una pintura japonesa del siglo XVIII.


 

HISTORIA, Y RECTIFICACIÓN, DE UN LIBRETO DE LORCA

HISTORIA, Y RECTIFICACIÓN, DE UN LIBRETO DE LORCA

[Diego Marín, editor, poeta y periodista, me hace llegar una carta sobre el hallazgo del libreto de Lorca, que en realidad ya fue dado a conocer en 1992 por dos investigadores riojanos: Juan Aguilera e Isabel Lizarraga. Diego me remite a un artículo que aparece en el diario La rioja, firmado por él y por Miguel Lorenci. Éste es el texto. Como se ve también hoy en Artes & Letras de Heraldo de Aragón, García Lorca es un manantial inagotable.] 

EL MINISTERIO DE CULTURA ANUNCIA COMO HALLAZGO UN LIBRETO
DE LORCA QUE DESCUBRIERON INVESTIGADORES RIOJANOS EN 1992
   

Diego MARÍN / Miguel LORENCI

La Subdirección General de los Archivos Estatales dio ayer a conocer, en un comunicado, la identificación de «un original de Federico García Lorca del año 1935: el libreto en tres actos de la adaptación de la obra La dama boba de Lope de Vega, en el Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares. El hallazgo del libreto, que «fue enviado por Lorca para solicitar la autorización gubernativa a la Dirección General de Seguridad», había sido posible «gracias a la campaña de digitalización de fondos documentales».

Hasta aquí, ningún problema. Con una salvedad: que la noticia provocó hilaridad en La Rioja. Y es que hace 16 años, en 1992, dos investigadores riojanos, Juan Aguilera e Isabel Lizarraga, ya habían hallado el citado libreto. Tras conocer la noticia a través de Diario LA RIOJA, Aguilera confesó: «Me sorprende que esto sea una primicia porque nosotros dimos con él en 1992 y se pueden encontrar múltiples referencias a ese texto en la bibliografía lorquiana. Entonces envié un estudio sobre el mismo a la Fundación García Lorca, en cuyo Boletín fue reseñado en 1994 por Andrew A. Anderson, uno de los mayores expertos internacionales sobre Lorca».


Juan Aguilera e Isabel Lizarraga, además de marido y mujer, son profesores de Lengua Castellana y Literatura del IES Cosme García y Escultor Daniel, respectivamente, y en 1992 investigaban el teatro del siglo XX en el Archivo de la Administración, sobre todo centrándose en la figura del director de escena Cipriano de Rivas Cherif.


El Ministerio rectifica

De hecho, tras tener constancia por este periódico de que el citado hallazgo no era tal, el Ministerio de Cultura tuvo que rectificar, una vez que la noticia ya había sido divulgada. En un comunicado, reconoció que su supuesto hallazgo ya había sido anunciado antes por los citados expertos riojanos «que habían manejado y documentado la pieza», descubierta en su día en la caja número 5.780 del citado archivo.

Antes de verse obligado a corregir la información, Rogelio Blanco, director general de Archivos y Bibliotecas, aseguraba a la agencia Colpisa que la obra, que está siendo sometida a un proceso de digitalización, «no va a dejar de darnos sorpresas muy agradables». El Ministerio lleva a cabo una campaña de descripción y digitalización de fondos con el fin de que los ciudadanos puedan acceder a los archivos en el Portal de Archivos Españoles/PARES, en la siguiente dirección: http://pares.mcu.es.

La retratación ministerial ponía fin a unas horas de cierta inquietud y sorpresa por parte de Aguilera y Lizarraga, quienes recordaban que en su momento ya intentaron publicar su trabajo sobre la adaptación lorquiana de la obra de Lope. «Habíamos propuesto la publicación del documento de Lorca con nuestro estudio a la Universidad de Granada, que no contestó; posteriormente, lo presentamos al Servicio de Publicaciones de la Universidad de La Rioja, que lo publicó finalmente en el 2001», advertía Aguilera.

Para la presentación del libro
Federico García Lorca y el teatro clásico. La versión escénica de La dama boba (Universidad de La Rioja, 2001), que tuvo lugar 27 de noviembre del 2001 en el Edificio Quintiliano de la UR, se contó con la presencia de Manuel Fernández Montesinos, sobrino de Lorca y director de la Fundación del escritor granadino, quien declaró entonces en Logroño que el trabajo de los expertos riojanos había logrado cubrir «un pequeño trozo que estaba todavía por definir» en la obra de su tío.


En ese momento, Aguilera, que ha sido profesor asociado de la UR, al igual que Lizarraga, reconoció que el descubrimiento del texto fue casual, mientras investigaba para su tesis doctoral, pero le concedía cierta importancia, ya que la pieza permanecía «inédita y olvidada». «La obra, con la adaptación mecanografiada de Lorca, fue representada por primera vez en Buenos Aires, en 1934, con la actriz Eva Franco como protagonista», explica ahora el profesor logroñés. «Fue un éxito rotundo y por eso al año siguiente se solicita el texto a Lorca para los actos del tricentenario de la muerte de Lope».

Entonces la obra fue dirigida por Rivas Cherif y protagonizada por Margarita Xirgu, «que eran el centro de nuestra investigación», rememora Aguilera. Ya en 1936 la obra también se representó en Logroño, con éxito de público y crítica local. Hasta la publicada por la Universidad de La Rioja, la Fundación García Lorca no había registrado edición alguna de la obra desde su estreno en Argentina en 1934. Luego fue representada en el Retiro de Madrid y en el Teatro Español de Madrid, en agosto de 1935. Todos estos datos también son recogidos por Aguilera e Lizarraga en su publicación, donde añaden: «Poco después de concluido el nuestro, apareció un magnífico estudio sobre esta desconocida adaptación, obra de la hispanista francesa Jacqueline Pocas-Sabbah», publicado también en 1993 en la revista especializada Mélanges.

 

*En la foto del diario La Rioja aparecen Juan Aguilera, Isabel Lizarraga y el sobrino de Lorca Manuel Fernández. . 

RETRATOS DE ESCRITORES. 2 / JAMES JOYCE

RETRATOS DE ESCRITORES. 2 / JAMES JOYCE

Hace ya algunas semanas que llevo intentando iniciar una serie de retratos de escritores. Empecé con una foto de niño de Fernando Pessoa. Y sigo aquí hoy con este retrato de James Joyce, realizado por Berenice Abbot en 1926. Es el mejor daguerrotipo del autor de Dublineses, a quien le hizo estupendas fotos en un color inicial Gisele Freund.

PD.Chesús Yuste, el enamorado de Irlanda y de Innisfree, ha dejado esta bella nota, que traigo al escritorio: [Por cierto, hace unos años, pude visitar en Dublín el "James Joyce Centre", una casa georgiana, al norte de O'Connell street, convertida en un museo joyceano. La gracia está en que uno de los sobrinos de Joyce, a quien tuve el placer de conocer allí, enseña la casa (libros, retratos... hasta la auténtica puerta de la vivienda donde residía el ficticio Leopold Bloom). Eso sí, el sobrino, perfectamente vestido como su tío en un verdadero salto del tiempo. Visita recomendable.]

PEDRO LAÍN ENTRALGO CUMPLE UN SIGLO

PEDRO LAÍN ENTRALGO CUMPLE UN SIGLO

Pedro Laín Entralgo nació en Urrea de Gaén (Teruel) en 1908, donde su padre era médico. Allí tuvo una infancia paradisíaca: se internaba en las huertas, bajaba a pescar al río Martín y de vez en cuando se subía a una especie de alerón de los escasos coches que aparecían por la población y cometía sus primeras travesuras. De su padre se ha dicho que practicaba no sólo la Medicina, sino que era un buen conocedor de la hipnosis, que realizaba medio en serio, medio en broma, en una casa cerca del río y entre los huertos. Aquellos también fueron días de fiestas campestres, de revelación de un mundo lleno de encanto, y de pájaros, y de cañaverales y de sargantanas.

Más tarde, Laín estudiaría Bachillerato en Soria, en Teruel, en Zaragoza y en Pamplona. Zaragoza le impresionó: vivía cerca del palacio de la Audiencia, y le gustaban los lujosos cafés, los cines y  los tranvías eléctricos, que parecían adelantar el porvenir. Más tarde estudió Ciencias Químicas y Medicina en Valencia y realizó estudios de psiquiatría en Viena, hacia 1932.

Pedro Laín Entralgo se sentía hijo histórico de aquella Edad de Plata de las letras y las ciencias anterior a la Guerra Civil. Había nacido y crecido en ese periodo en que Benito Pérez Galdós se despedía del mundo, Juan Ramón Jiménez despertaba al insuperable poeta que llevaba dentro y los científicos -sus paisanos Julio Palacios, el hombre que se atrevió a refutar a Albert Einstein, Miguel Antonio Catalán, su admirado profesor Rocasolano, Blas Cabrera, Rey Pastor, Olóriz o el propio Ramón y Cajal, a quien no llegó a conocer y al que estudiaría en Estudios y apuntes de Ramón y Cajal en 1945, entre otros- rivalizaban con la Generación del 98 y con la creciente genialidad e impacto de la Generación del 27, que empezaba a descollar con figuras como García Lorca, Vicente Aleixandre, Rafael Alberti, Luis Cernuda o su amigo Dámaso Alonso. Pedro Laín asistía a la tertulia de un exigente y burlón Valle-Inclán en La Granja del Henar y admiraba a maestros como José Ortega y Gasset o Xabier Zubiri, con quien visitaría Zaragoza en 1949.

Se doctoró en Valencia en Ciencias Químicas y Medicina, conoció por entonces a la que sería su mujer Milagro Martínez, que estudiaba Químicas; pronto se inclinó por ésta última disciplina, aunque ejerció muy poco tiempo. Carecía de auténtica vocación clínica, le apasionaban los fundamentos, la filosofía, el concepto de la curación, hasta el punto de que uno de sus libros más amados era La curación por la palabra en la Antigüedad clásica (1958).
El estallido de la Guerra Civil le condujo al bando nacional (lo contrario que su hermano José, que se exiliaría en Rusia), y se afilió en Falange. En 1938 fue designado jefe del Servicio Nacional de Propaganda, transformada luego en Editora Nacional. Escribía en los periódicos del nuevo régimen, como Arriba España, participó en la fundación de la revista Escorial con Antonio Marichalar y Luis Rosales, el autor de Abril o La casa encendida que no pudo impedir el asesinato de Lorca, integró años después el denominado Grupo de Burgos (con intelectuales de la talla de Torrente Ballester, Antonio Tovar, Luis Felipe Vivanco, Dionisio Ridruejo, tan vindicado ahora por Jordi Gracia, etc.) y poco a poco, tras ser rector de la Universidad de Madrid, durante el lustro 1951-1956, se centró en sus labores intelectuales. “No sufrí exilio interior, pero sí desconsideración del régimen”, aclaró.
 

Su obra abraza tres grandes asuntos: la historia de la Medicina, a la que sistematizó y abrió caminos insólitos de conocimiento y de interpretación (sus textos preferidos eran La historia clínica, 1950, y La Medicina hipocrática, 1970), el problema de España -sostuvo que España debía ser una armonía de contrastes; lo  dijo incluso poco antes de morir en Urrea de Gaén, cuando vino a recibir un homenaje y firmó un acto de conciliación sentimental antes del adiós-, y el destino del hombre. Respecto al problema de España, abogaba por la convivencia en paz de ideologías diferentes, decía que el país tiene un problema económico nacido de las enormes desigualdades sociales (declaró en 1990: “España vive bajo el ilusorio imperio del becerro de oro: jamás el mundo de las finanzas lo había copado todo como hace ahora con escandalosa impunidad”) y advertía de la conflictividad regional, que cada día se complica más. Para impartir sus lecciones y sus pensamientos, leyó y analizó figuras como Marañón, Unamuno, Servet, Fray Luis de Granada, Sánchez Albornoz o el ya citado Cajal, y se zambulló en la Historia con sensibilidad y afinación, con tormentosa voluntad de esclarecimiento. Y, como académico y ex director de la Real Academia Española (cargo que ocupó entre 1982 y 1987, antes de Manuel Alvar y Fernando Lázaro Carreter), lamentaba la hostilidad contra la lengua común, que le parecía una muestra de la casi improbable tarea de gobernar España.

Aficionado al teatro, y aun dramaturgo más que ocasional (recibió el Premio Nacional, nada menos, y fue crítico teatral varios años en La Gaceta ilustrada), y periodista constante, le gustaba expandir sus ideas: difundir su obsesión por entender la vida humana y sus infinitas paradojas. Recordaba que el intelectual debe dar razón de sí porque aspira a la intervención pública, y debe hacerlo máxime si hay mudanza en su ideología o en sus actitudes. Él se sintió obligado o inclinado a hacerlo en un libro autobiográfico que es una confesión y un exorcismo: Descargo de conciencia (Barral Editores, 1976; Alianza Editorial, 1989). Resumió Pedro Laín Entralgo: “No tengo remordimientos. Me equivoqué. Vi que estaba allí contra mis tendencias naturales, y con el paso del tiempo esta reflexión se me hizo evidente. Escribí el libro con el consiguiente logro de libertad personal”.

Mostró siempre su preocupación filosófica por el hombre en todas sus dimensiones: el hombre como ser individual y ser histórico, el hombre como portador de enfermedad, el hombre ante su propio cuerpo, el hombre frente la vejez y el enigma inefable de la muerte. El fin le sorprendió trabajando: soñaba un libro de meditaciones acerca del trágico instante del adiós. La dialéctica fue su mejor arma de combate.

Curiosamente, a pesar de su nacimiento en Urrea de Gaén (Teruel), donde están enterrados sus padres, ha dado la sensación de estar un poco lejos de Aragón. Con Urrea tuvo sus diferencias: le costó olvidar que la casa familiar había sido saqueada por nacionales y republicanos, y que habían roto la placa de recuerdo en la que había sido su casa. En realidad, Laín Entralgo, que era un hombre de perfil sombrío y a la vez sobrio, ha dado muestras de interés por el territorio: escribió con gran tino y sentido interpretativo del escultor Pablo Serrano, fue capaz de aproximarse a la obra de Miguel Labordeta, y la leyó con goce y hondura, y escribió una y otra vez de Gracián, de Goya, de Cajal.

Lo más hermoso de su vida, además de su obra intensa y extensa o la lista casi inacabable de premios, entre ellos el Premio Aragón, es que al final, en concreo a partir del homenaje de 1996 (lo nombraron Hijo Predilecto) recuperó los lazos más íntimos que había perdido con el Bajo Aragón: regresó a su pueblo y volvió a ser Pedrito, volvió a recuperar la memoria familiar, recordó los lagartos del insoportable verano, las aventuras, a su padre, y además su trayectoria ya forma parte del tesoro cultural de la comarca como se demuestra número a número desde la revista “Rujiar” de Híjar. Falleció en el año 2001. 

[*En los últimos días han escrito varios artículos sobre Pedro Laín Entralgo, Juan Domínguez Lasierra, Nuria Casas y Fernando Solsona en Heraldo de Aragón; Ángel Tomás, Antonio Villanueva y Teresa Jordán en Diario de Teruel, y, entre otros, Javier Gracia en El País.]

**Foto del Grupo de Burgos: Luis Felipe Vivanco, Luis Rosales, Rodrigo Uría, Dionisio Ridruejo, Pedro Laín Entralgo, Gonzalo Torrente Ballester y Antonio Tovar. 

LUIS GARCÍA MONTERO: UN POEMA DE AMOR

LUIS GARCÍA MONTERO: UN POEMA DE AMOR

TÚ ME LLAMAS, AMOR...

Tú me llamas, amor, yo cojo un taxi,
cruzo la desmedida realidad
de febrero por verte,
el mundo transitorio que me ofrece
un asiento de atrás,
su refugiada bóveda de sueños,
luces intermitentes como conversaciones,
letreros encendidos en la brisa,
que no son el destino,
pero que están escritos encima de nosotros.

Ya sé que tus palabras no tendrán
ese tono lujoso, que los aires
inquietos de tu pelo
guardarán la nostalgia artificial
del sótano sin luz donde me esperas,
y que, por fin, mañana
al despertarte,
entre olvidos a medias y detalles
sacados de contexto,
tendrás piedad o miedo de ti misma,
vergüenza o dignidad, incertidumbre
y acaso el lujurioso malestar,
el golpe que nos dejan
las historias contadas una noche de insomnio.

Pero también sabemos que sería
peor y más costoso
llevárselas a casa, no esconder su cadáver
en el humo de un bar.

Yo vengo sin idiomas desde mi soledad,
y sin idiomas voy hacia la tuya.
No hay nada que decir,
                                              pero supongo
que hablaremos desnudos sobre esto,
algo después, quitándole importancia,
avivando los ritmos del pasado,
las cosas que están lejos
y que ya no nos duelen.
  

*Retrato de la cantante de ópera María Malibran (París, 1808-Manchester, 1836).

MAÑANA, BORRADORES: O'CAROLAN, CASTÁN, ARANDA, CATANY...

MAÑANA, BORRADORES: O'CAROLAN, CASTÁN, ARANDA, CATANY...

El grupo O’Carolan presenta mañana su nuevo disco, “El reloj secreto”, en el programa Borradores. Miguel Ángel Fraile (flautas), Chema Arcarazo (guitarras), Pilar Gonzalvo (arpa) y Susana Arregui (violín y nikel arpa) tocan dos temas y cuentan la trayectoria de un grupo que ha tomado al arpista ciego Tourlough O’Carolan como su referencia fundamental. También visitan el plató Carmen Arbués (decoradora y maquilladora) y François Poirier (fotógrafoy operador de cámara), que acaban de publicar el libro “De un lado a otro”: una nueva visión sobre el embarazo a través del body art y del arte contemporáneo, del que se ofrece un extenso reportaje. Carmen y François se han instalado en Murillo de Gállego y alternan su trabajo editorial y artístico con la intensa colaboración en el cine francés.  

Y el narrador Quim Aranda, designado Nuevo Talento Fnac, habla de su primera novela, “El avión de madera que logró dar media vuelta al mundo” (Candada), que narra la emigración de una familia andaluza Cataluña, más tarde a Argentina y finalmente a Estados Unidos. El libro tiene varias recurrencias: el avión de madera del título y el tango “Volver”, que es casi una metáfora de la vida del protagonista Marcelo Rojo, un mensajero aéreo que tiene miedo a volar. 

Borradores ofrece un extenso reportaje sobre la exposición en las salas de la Diputación de Huesca de Toni Catany: “El artista en su paraíso”, un artista que recibió el Premio Nacional de Fotografía en 2001; conversa con Carlos Castán, que acaba de reeditar su libro de relatos, “Museo de la soledad” (Tropo Editores), en el que aparece otro Antonio Machado (distinto al sevillano) que falleció en 1936 en Huesca. Borradores visita La Casa del Libro, que explica la línea que va a seguir y recomienda una serie de lecturas. Además, se recuerda la vida y la obra de Alain Robbe-Grillet, y se recomienda el disco “Maria Malibran” de Cecilia Bartoli, que actuaba esta semana en Auditorio de Zaragoza.

 

*La foto es de Stromboli, película de Rosellini que dio nombre a un programa en el que trabajó durante dos años Quim Aranda.