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Antón Castro

MAPI RIVERA.4

MAPI RIVERA.4

MAPI RIVERA. 2

MAPI RIVERA. 2

MAPI RIVERA: DEL AGUA, DE LA TIERRA Y DE LA IMAGEN

MAPI RIVERA: DEL AGUA, DE LA TIERRA Y DE LA IMAGEN

[Esta semana, en el Cuarto Espacio de la Diputación Provincial de Zaragoza se inaugura la exposición “El agua y la tierra originales. La sostenibilidad de la imagen”, un proyecto de la actriz oscense Mapi Rivera, que ha realizado en estrecha colaboración con Ramón Casanova y Jorge Egea. Mapi me envía el texto explicativo de la muestra, y algunas fotos que cuelgo aquí.] 

EL AGUA Y LA TIERRA ORIGINALES.
LA SOSTENIBILIDAD DE LA IMAGEN
Ramón Casanova . Jorge Egea . Mapi Rivera          

El proyecto “El agua y la tierra originales. La sostenibilidad de la imagen”, resultado de la Beca de Creación Norte 2007, recoge el trabajo conjunto de tres creadores que desarrollan su poética personal en los ámbitos de la acción creativa, el modelado y la fotografía. En esta ocasión estas tres trayectorias confluyen en un proyecto único que reflexiona acerca de la generación de la forma y la imagen desde sus fundamentos. Para ello se parte del agua y la tierra como elementos primordiales y de la luz como energía creativa que los anima.

Con el fin de poder llevar a cabo esta reflexión plástica sus vías poéticas se entrelazan creando una simbiosis por la cual cada uno de ellos profundiza en lo más esencial de su vía creativa. El arte como vía inteligente de transformación, hermana tres actitudes aparentemente disociadas, pero íntimamente ligadas en lo fundamental.

El cuerpo –bios-, el modelado del barro –plastikos- y la fotografía –photos- son los medios (vehículos) que interactúan y sustentan la creación de la imagen luminosa. El cuerpo recoge la luz, la cámara fotográfica recoge a su vez la luz que este refleja, y la energía sobre el barro lo modela “a su imagen y semejanza”.  

Bios
Imagen del cuerpo
El cuerpo humano late con el pulso de energía de su origen y se conforma de elementos básicos, principalmente de agua. El cuerpo femenino, a su vez, es capaz de engendrar y  continuar la vida, como quien reproduce hasta el infinito el primer gesto creador. El microcosmos es la cámara obscura que guarda, como un rastro o como una huella, el misterio de la creación. En las acciones realizadas, el cuerpo humano femenino interactúa con los elementos originales. El cuerpo, como si de una imagen se tratara, entra en el vacío del gran útero o cámara para regenerarse, después la atraviesa como quien atraviesa la matriz cósmica, para nacer a la luz y gracias a la luz.

Nace como imagen modelada e impresa mediante el barro, y nace como imagen de luz captada mediante la fotografía.   

Plastikos
Imagen modelada
Imagen impresa sobre el barro.Agua y Tierra conforman este barro, que a su vez también es capaz de engendrar y continuar la vida, desde una esfera no biológica, la esfera plástica del modelado (del griego plastiké).

La tierra húmeda, tierra fértil, madre y matriz - de donde también nace el humus y lo humano, el Adán (“tierra roja”) arquetípico -, permite dar forma, hacer nacer la forma con el contacto de nuestras manos: amasando, excavando, arrastrando, modelando...

Se recupera el sentido de una tierra original sobre la que imprimimos, fijamos, a través de huellas, de concavidades y convexidades, la energía que da lugar a la formación de la imagen. 

Photos
Imagen de luz
La luz es el origen, es acto seminal, es la potencia en el germen. La sombra es el sustento, la substancia elemental que se arremolina en torno al impulso expansivo del origen y lo registra como forma, como constancia.La imagen es contacto entre intensidades. Una leve ausencia de luz basta para mostrar un destello, un reflejo, una señal. La imagen es evidencia de un encuentro y mantiene en sí el misterio de la materialización de la luz, así como también de la vivificación de la materia hasta convertirse en forma luminosa.La materia primera, la primordial, la que nace del primer tacto, es el agua, la emoción por el hallazgo: la lágrima, que es lente y amplia, concentra, proyecta.                             

UN POEMA DE GUSTAVO PEAGUDA

UN POEMA DE GUSTAVO PEAGUDA

[O poeta e amigo de Ourense Gustavo Peaguda escríbeme nesta tarde invernal e doce, recorda o mestre Basilio Losada e envíame este poema.] 

Estimado Antón:
 
En una tarde soleada del mes de enero en  Compostela comprendí definitivamente que es un creador. Esto ocurrió cuando estaba viendo  un DVD de un concierto de Miles Davis en la isla de Wight. Este en respuesta a una pregunta de los organizadores dijo que llamaran a su musica "call it anything".
 
En esta tarde soleada del mes de febrero en Ourense comprendí que es un poema tras la lectura de unos versos de Hugo Mujica que dicen "Un poema, cada poema, // es la creación de su propia ley".
 
Así que a lo que te envío a continuación, llámalo como quieras: 

 

OS TROMPETISTAS DA NADA                 
“Todo lo mas perfecto de tus poemas es nada”                                                     
Jose Asuncion Silva


Os trompetistas da nada
viaxan polo tempo inútil
a procura do verso con melodía.
Saben eles que o poema sempre é afogado
polos poetas que viven en voz baixa nas augas puras do Leteo?

 

*Foto de Miles Davis.   

UN CUENTO DE GEMMA PELLICER

UN CUENTO DE GEMMA PELLICER

Acabo de descubrir, gracias a Fernando Valls, que vuelve por unos meses a  Barcelona, el blog Sueños en la memoria (http://megasoyyo.blogspot.com), de la escritora Gemma Pellicer, un blog que se ha ido inclinando hacia el relato corto, hacia el microrrelato. Lo visito y encuentro espléndidas piezas como éstas, dedicada a mi buen amigo Juan Eduardo Zúñiga, que vive cerca del Retiro y cuyo padre acogió como mancebo de botica a Ramón José Sender.    

EL DESMEMORIADO / 3
A Juan Eduardo Zúñiga

El pobre infeliz no recordaba ni una sola línea del maravilloso discurso que debía pronunciar en el salón de actos de una reconocidísima universidad de prestigio. Falto de tiempo, optó por salir al escenario, sonreír amablemente a quienes presumía que eran las autoridades académicas competentes, e improvisar un discurso magnífico que hilaría de principio a fin sin que le temblara la voz, en buena medida gracias a su dilata experiencia de escritor, amén de sus innumerables recursos de viejo zorro.


Apreciadas señoras y señores; ilustres autoridades académicas, señaló convencido, estoy encantado de encontrarme aquí esta noche, sin duda feliz, frente a tan insigne público. Aunque no sea exagerado afirmar que poseo una memoria prodigiosa, no quisiera esta vez aburrirles con relatos fatigosos de recuerdos lejanos, por todos conocidos. Por el contrario, nada me satisfaría más que poder contar con el testimonio erudito y fundamentado de los profesores pertenecientes a esta ilustre casa, por lo que quisiera invitar, desde un principio, a los miembros académicos sentados en la primera fila a que suban al estrado y me brinden su inestimable compañía, sabia y grata por igual. Será para mí un placer conversar con ellos de forma distendida sobre cuantos asuntos crean convenientes. Espero que esta noche tan deliciosa como festiva les resulte de merecido provecho. O, cuando menos, ojalá esta charla improvisada sea, para ustedes, digna de recuerdo.



Estimado público, en breves minutos daremos comienzo al acto sin más preámbulos, una vez nos hayamos acomodado como es debido...

 

*En la foto de Gisele Freund, James Joyce y Silvia Beach.  

EN LA MUERTE DE LA PINTORA MARÍA PILAR BURGES

EN LA MUERTE DE LA PINTORA MARÍA PILAR BURGES

[Ayer fallecía en su ciudad, Zaragoza, la pintora María Pilar Burges. La entrevisté en 2006, en dos tandas; la entrevisté apareció el 17 de diciembre de ese año en la serie "Clásicos y modernos". Ya entonces se fatigaba mucho. Ha seguido escribiéndome; hace poco me mandó dos grandes fotos de su visita a Fayón con motivo de los últimos frescos. Me mandaba “dos ampliaciones en color de 30 x 42. (…) Esos frescos son el ‘florón’ de una anciana pintora. Tengo mucho que decir sobre ellos –precisamente en el siglo XXI. A ver si hablamos frente a mis obras. Ya te contaré”. Por atrás añadía otros datos. Quería publicar su tesis doctoral, pensaba si tenía fuerzas para emprender la tarea de hacer una antológica (le insistí varias veces, hablé con Carmen Bartolomé de Cajalón, con su sobrina Mary Burges y con Jaime Esaín acerca de ello)  y quería volver a escribir teatro. Cuelgo aquí la entrevista, que ha sido el material más directo para recomponer su existencia en la necrológica que aparecerá mañana en Heraldo.] 

“PINTAR HA SIDO UNA AVENTURA:SIEMPRE HE PINTADO DE VEDAD” 

María Pilar Burges Aznar (Zaragoza, 4.02.1928) encarna el espíritu de creación. La pintura ha sido su oficio y su delirio. Su padre, Juan Antonio Burges, ya le guardaba sus dibujos de niña, y uno de los mayores sofocones de su infancia nació de una escena de película: había amontonado un montón de cuartillas, de tarjetas y de papeles de publicidad en el balcón de la casa de la calle Roda, hoy Santa Isabel, y de golpe se levantó un golpe de cierzo que se llevó los dibujos, los esbozos, las manchas por los aires. María Pilar Burges se deshizo en lágrimas: “Siempre he sido muy realista, como mi padre. Me di cuenta de que perdía todo aquel material para siempre”. Su padre tuvo un gesto de sabiduría y de “sincera compasión”. Le dijo: “No te preocupes. Harás muchos más y mejores que éstos”.  

-Con un padre así cualquiera, ¿no?
-Heredó la representación de Martini Rossi de mi  abuelo, al que conocían como “el hombre de Martini en Zaragoza”. Mi abuelo paterno vivía en una espléndida casa con jardín, es posible que le tocase la lotería, y debía tener un antepasado inglés o escocés, el bisabuelo o tatarabuelo Ivo, que se llamaba Burgess. Mi padre heredó su trabajo: era un hombre formidable, jamás pegaba a un niño, había sido boy scout de la rama más inglesa. Fue uno de los fundadores del Iberia, conservo por ahí el acta de fundación escrita por dos caras que se redactó en unos bancos de la plaza del Pilar, y además era protector de boxeadores, financió en algún momento a José Oto, que venía bastante por mi casa. Mi padre y yo éramos ambos muy discutidores y muy lectores. Él tenía más experiencia que yo, pero rara vez le daba razón. 

-¿Llegaban a enfadarse?
-A veces. Recuerdo que, en una ocasión, discutimos tanto que yo me enfadé y tiré del mantel y arrojé toda la vajilla de la mesa. Vi cómo se le ponían blancos sus claros ojos azules, y yo también me quedé horrorizada. Mi madre dijo: “No habléis hasta que no hayáis tomado el primer plato”. Fue durante la Guerra Civil, que no fue lo peor: lo terrible vino luego con la posguerra porque no quedaba absolutamente nada. 

-¿Cómo influyeron sus padres en su vocación?
-Fuimos cinco hermanos. Dos se murieron pronto. Yo recuerdo que mi padre me llevó a oír al jotero navarro Raimundo Lana y a ver los ballets del marqués de Cuevas. Cuando reproduje unos fragmentos  de “El lago de los cisnes”, creo que con bastante exactitud, mi padre se quedó obnubilado. Allí aprendí o intuí algo decisivo: el movimiento en el espacio, que no sólo afecta a un bailarín o a un actor, sino a un pintor. Mi madre era una gran lectora también, había tenido una modesta formación en piano y francés, pero lo que le gustaba era la lectura. Leyó a Simone de Beauvoir en francés y una vez me dijo: “Creo que así habría escrito yo”. Era una magnífica anfitriona: hablaba de aviación y parecía que hubiera volado. 

-Sigamos.
-Estudié con las monjas de Santa Ana, y llevaba aquel uniforme negro con cinturón rojo. A los catorce o quince años conocí al ilustrador y dibujante Manuel Bayo Marín. Le enseñé algunos de  los dibujos que había hecho en 20 minutos. Me dijo: “Cuando cada dibujo de éstos te cueste una semana ya serás pintora”. Tenía su estudio en la calle Pabostría; me enseñó el trabajo con la herramienta y el cuidado académico, y a enseñó a rotular y a tener sentido del espacio para la composición. 

-He leído que estudió con Joaquina Zamora.
-Fue siempre muy amable conmigo. Estuve con ella alrededor de tres años, y cuando opositó para obtener una plaza de profesora me dejó en su puesto. Fue ella quien me dio la idea de enseñar, y sé que le gustaba mi manera de estar en el estudio, mi ambición, las ganas que tenía de aprovechar el tiempo. Me decía: “No todo es habilidad manual”. Por entonces iba a escuchar los ensayos de la pianista Pilar Bayona a Radio Zaragoza. Tenía muchas ganas de aprender. 

-Creo que también conoció a Francisco Marín Bagüés.
-En varios momentos. Recuerdo una ocasión que me lo encontré en la calle y cogimos un buen capazo. Yo estaba a punto de marchar a Roma y él me dio una peseta para que la tirase en la fontana de Trevi. Yo quería ampliar mis estudios y marcharme a Madrid o Barcelona. Para reunir un poco de dinero empecé a dar clases de Matemáticas, Latín y Química, y además iba a perfeccionar mi técnica artística al Museo de Zaragoza... 

-¿Qué hacía allí?
-Copiaba, me aprovechaba de todas las figuras. Joaquina Zamora me había dicho que yo dibujaba muy bien, pero que tenía una resistencia innata a pintar, al color. Allí me convertí en una buena copista. Contaba con la complicidad del conserje señor Enrique, que era muy amable. 

-¿No andaba por allí el propio Marín Bagüés?
-Sí, claro. Lo veía mucho en el Museo, donde tenía su estudio. Había retratado a Feliciana, la hija del conserje. Era un hombre prudente, discreto. Cuando tomaba confianza, resultaba un hombre maravilloso. Él estuvo en algunos jurados que me dieron algunas de mis becas. 

-Con una, la “Francisco Pradilla” de la Diputación de Zaragoza, partió a la Escuela San Jorge de Barcelona.
-Probé inicialmente en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, que a mí no me atraía porque había visto una exposición y todos sus pintores me parecían iguales. Me presenté a las pruebas y me encontré con un montón de gente mayor que yo que necesitaba la titulación para dar clases. En realidad, me alegré. Yo hacía cartelitos de rotulación para los escaparates de zapatería. Me decía Joaquina Zamora: “Qué bien te salen los zapatos”. Al final me salí con la mía: me fui a estudiar a Barcelona en septiembre de 1951.  

-¿Qué aprendió allí?
-Las mujeres éramos una quinta parte, y eso para mí era ideal. Los hombres siempre me han gustado como colegas, como creadores, como compañía. Trasnochábamos mucho e íbamos a todos los  espectáculos del Liceo que podíamos; nos colocábamos en la denominada “cazuela”. A mí siempre me han interesado mucho la ópera y el teatro, y he trabajado mucho en figurinismo. En Barcelona aprendí a valorar el color, la irisación de los colores madreperla del cielo de Barcelona, donde el aire es húmedo. Allí encontré las vibraciones intermedias de color. 

-¿Quiénes fueron sus  amigos?
-Muchos. ¿Querrá creer que tuve la oportunidad de conocer y de tratar a José Mallorquín, yo leía y disfrutaba con sus “mejicanadas”? Un día me hizo un cargo muy curioso: quería que le dibujase 180 dibujos de trajes regionales, muy bien documentados, para hacer cajas de cerillas. Se trataba de un trabajo muy laborioso y exacto. Busqué a pintores como José Gumí y Ramón Lluis para que me ayudasen. Con Gumí se estableció una camaradería especial, una complicidad. Todos nuestros compañeros de entonces estaban convencidos de que Gumí y yo nos casaríamos pero no fue así. Aprendí las técnicas del arte mural con Francisco Labarta y Miguel Ferré. 

-¿No hizo por entonces el mural de Fayón?
-Sí. Leí un anuncio, alrededor de 1954 o así, en HERALDO. Era un anuncio del Obispado de Lérida para la ermita del Pilar de estilo neogótico. El arquitecto era Rodríguez Mijares, tenía fama y era muy bueno. Preparé un proyecto sin consultar con nadie, lo mandé y ganó. Lo hicimos con mis compañeros. Y hace muy poco dirigí desde aquí otro proyecto para dos nuevos frescos con Juan Baldellou, aunque esta vez no pude estar a pie de obra. 

-De Barcelona se fue a Roma.
-Ya había estado en otras ocasiones. Para mí la pintura ha sido una aventura en la te podías estozolar o desgraciar porque siempre he pintado de verdad, pintaba toda yo, entregada y de cuerpo entero. He sido una profesional. Soy pintora por realización y he querido aprender, investigar, conocer las técnicas. Hice muchas cosas: trabajé en publicidad, fui dibujante de envases, figurinista, me asocié con una modista. Creo que he sido uno de los pintores más vendidos en Zaragoza y desde Zaragoza. Represento a una generación y eso también es porque hice todos los pasos. Me entendí muy bien con el arquitecto Santiago Lagunas, con el dramaturgo José Giménez Aznar, tuve una academia, la Escuela de Artes Aplicadas Burges, desde 1957 a 1971, y he intentado vivir de acuerdo a una frase de Borges, que tengo ahí colgada: “No hay otra virtud que ser valiente”. No sé si le he respondido a su pregunta... 

-Se ha definido muy bien. Estábamos en Roma, con una pensión de perfeccionamiento del Gobierno de Italia...
-Fue increíble. Tengo cientos de fotos. Vivíamos en un régimen de pensionado en los pabellones para jefes que se habían utilizado en las Olimpiadas de Roma-1960. Era una ciudad de arquitectura moderna con aparcamientos, teatro, cine, piscinas, jardines, y yo tenía un taller muy grande. A mí me llamaban “España”, aunque había otras chicas. Había gente de 72 países. Los edificios eran de grandes cristales, y de repente veías toda Roma, con sus luces, con sus edificios, con su monumentalidad. Expuse algunas obras inspiradas en “Poeta en Nueva York” y en las casidas de García Lorca, del “Diván del Tamarit”. En aquella estancia maravillosa coincidí con el doctor Fernando Solsona, que estaba pensionado en radiología. 

-También ha estado vinculada con París.
-Estuve muchas veces, a lo mejor por temporadas de un mes. Hubo épocas en que no podía comprarme una cerveza. Acudí a las funciones de Marcel Marceau. Era una gran andarina: salía muy temprano de casa, hacía entre doce o catorce kilómetros. Me gustaban la ciudad, la comida, el arte. Allí descubrí toda la tradición decimonónica, y allí tuve un anfitrión especial como Fernando de Nadal, que había pertenecido a la Tertulia del Niké. ¿Puedo decirle una cosa? -

Desde luego.
-Creo que hemos hablado mucho del pasado. Yo he hecho de todo en la pintura: retratos, me parece que he tenido la interioridad necesaria para captar el alma de los retratados. Quizá mi mejor época sea la del hiperrealismo situacional, y siempre me he sentido ilustradora, de lápiz y grafito. 

-¿Y ahora, cómo se ve?
-A  mí me deslumbra el presente una y otra vez. Y lo que realmente me preocupa es el futuro. Estoy feliz, sorprendida, y ahora me he dado cuenta de que tenía demasiadas cosas que hacer. Querría publicar mi tesis de Bellas Artes sobre el proceso creador, poner el  ascensor de mi casa en uso, hacer radio por teléfono, escribir una o varias obras de teatro todavía, y hacer un buen salto de la “pescadilla” en una piscina de gran profundidad, mejor en agua termal. 

*Esa foto tan pequeña es de la ermita del Pilar de Fayón.La obra de María Pilar Burges, por desgracia, no está digitalizada ni catalogada.

MURIÓ JOSEP PALAU I FA BRE

MURIÓ JOSEP PALAU I FA BRE

[Miguel Ángel Delgado, de Galaxia Gutenberg y Círculo de Lectores, envía esta nota. Acaba de fallecer Joseph Palau i Fabre, un gran conocedor de la obra de Picasso, poeta y activista indesmayable del arte.] 

EN LA MUERTE DE JOSEP PALAU I FABRE(1917-2008

La muerte de Josep Palau i Fabre supone la desaparición de una de las figuras de referencia de la cultura catalana y española. Para Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, además, representa la pérdida de una figura que, en los últimos años, había depositado su confianza en nuestro sello para la publicación, primero, de la edición bilingüe de su libro capital Poemas del Alquimista (2002), preparada por él mismo y con prefacio de Juan Goytisolo; de los dos volúmenes de su Obra literària completa (Poesia, teatre i contes, y Assaigs, articles i memòries, 2005) en edición del autor, y del libro Picasso i els seus amics catalans (2006). Previamente, en 1993, Círculo ya había publicado una edición de sus Contes de capçalera.

Como extensión de esta confianza, y con motivo del homenaje que diversas instituciones (Teatro Español, Institut Ramon Llull, Generalitat de Catalunya, Fundació Palau, Centre Cultural Blanquerna y Círculo de Lectores) le están brindando estos días en Madrid coincidiendo con el montaje que el Español alberga de su obra Don Juan, príncipe de las tinieblas, el Centro Cultural de Círculo de Lectores (O'Donnell, 10) muestras estos días la exposición Josep Palau i Fabre, el Alquimista que, comisariada por Julià Guillamon, propone un recorrido por su biografía y su obra (la juventud barcelonesa, los años de la bohemia en París, la relación con Artaud y Picasso y la génesis del Don Juan, la obra que culmina su ideario de pasión y libertad). La muestra se clausurará el próximo 10 de marzo con un recital a cargo de Toti Soler y Cinta Massip.

*Foto de Palau i Fabre con algunos de los músicos que interpretaron sus poemas.  

ENRIQUE VILLAGRASA: TRES POEMAS EN PROSA

ENRIQUE VILLAGRASA: TRES POEMAS EN PROSA

Amo la vida, mi vida que sólo sueña lo que no ha sido: mi futuro no lo
acierto, ni recuerdo mi pasado siquiera y en el presente tan sólo
duermo: de casa al trabajo, del trabajo a casa; y así, un día tras
otro. Pero quiero ser y ser contigo, espero, puedo esperar y ser, ser
por la poesía. El viento de tu sonrisa anuncia, me anuncia, un sitio y
tu lejanía me proyecta hacia ti soñándote, viéndote a mi lado. Terminé
tu soneto ayer, al atardecer. Ahora, lo miro con todo detalle.
¡Recongrojos, falta el estrambote!



Las cerezas caen en los cestos de los amantes. Es junio. Entrada anda
la noche en quietud clandestina. El verano ya no es llanto de ausencia
y de voces con sombra anda coronado. Trae versos en lágrimas de jade.
Por fin, el lucero ilumina radiante el alba y queda preñada la página.
El gesto la inunda y enaltece. La palabra es en ella. Ya la zarza
nunca será fuego y el silencio roto, abrasado queda, por el verbo y su
brisa. De nada sirven las luchas con el ángel, ni las higueras
malditas de las escrituras.


Cuando tú dejes de ser tú yo seré menos yo. Doblan lentas las voces.
Estériles arpegios se repiten por ti. El rasgueo del alba duplica
raudo su eco. No puedes verla. Te recreas en el olor de las sábanas.
Marcha ella en un taxi. Llueve esta mañana, su otra casa espera.
Regresas a tu papel, a escribir. Diríase que llevas en tus manos sus
palabras. Has perdido un paisaje, nunca representarás ni el amor ni el
dolor. Coge una botella de sombras y compra esta noche pasiones, para
encender sus ojos.
 

[Enrique Villagrasa, el poeta de Burbáguena con morada en Tarragona, acaba de publicar Paisajes (Baile de sol, 2007). Me envía tres piezas de su poemario, escrito en prosa poética. La foto corresponde a August Sander.]