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Antón Castro

A GOLPES DE PICO: LA MUERTE Y LA NIEVE*

A GOLPES DE PICO: LA MUERTE Y LA NIEVE*

Andrea Maria Schenkel vivió de joven en un pequeño pueblo de Baviera e intuyó, más allá de la paz y el sosiego, un clima enfermizo, una tensión soterrada, una violencia que parecía aliarse con el rencor. Regresó un tiempo después y la gente  la acogió como una  reaparecida de la familia: le contaba historias de toda índole, le hacía confidencias casi impúdicas e inesperadas. Años antes su propia abuela, como si le narrase un cuento de miedo o la instalase deliberadamente en una pesadilla de E. T. A. Hoffmann, le hablaba de Tannöd, ese lugar casi impronunciable en el que casi 80 años atrás se había producido un crimen horrible: los cinco miembros de una familia y su sirvienta habían sido asesinados de una manera terrible. A golpes de pico. Sin compasión alguna, ni siquiera con los niños. Andrea Maria Schenkel decidió retomar esa historia, que evoca espantosos recuerdos e imágenes en Alemania, y contarla de nuevo. Entre otras cosas, ese relato macabro tenía un final sin aclarar: nunca se había sabido quién había sido el monstruoso criminal. 

“Tannöd, el lugar del crimen” (Destino, 2008; 166 páginas), traducida con eficacia por Carles Andreu, es un auténtico acontecimiento literario en Alemania. La publicó un sello minúsculo, ha vendido alrededor de 600.000 ejemplares y además es la primera novela de Schenkel, ha sido galardonada en abundancia y la lleva al cine el productor de “La vida de los otros”. Schenkel tenía mucho que contar, pero eligió un procedimiento netamente periodístico, de reportaje. Usa de cuando en cuando una neutra tercera persona que explica algunas claves de contexto y aclara pequeños enigmas, y luego da la voz a distintas personas, que estuvieron cerca del crimen y de la familia por distintos motivos: porque habían sido sirvientas de los Danner, la familia asesinada, porque eran amigos o familiares de algunas criadas, porque son profesores de la pequeña Anna Maria, o porque son el alcalde y el sacerdote, o los vecinos campesinos. E incluso hay un testimonio de un montador que acude a la casa a reparar una máquina agrícola y nota la soledad, el vacío aterrador, la ausencia de los Danner, y no llega a percatarse de que ya se ha producido el espeluznante homicidio.

Con ese método de la cámara fría, o del micrófono que recoge testimonios, avanza la narración. Y, sobre todo, conocemos mejor dos elementos fundamentales: la vida rural en la inmediata posguerra, tras el periodo nazi, y conocemos a una familia oscura y mezquina, que apenas se relaciona con los demás y que, cuando lo hace, suele mostrarse más bien desalmada. El patriarca Danner no tiene compasión ni con los vagabundos. No es que pretenda Schenkel justificar el crimen, ni mucho menos. La familia asesinada en 1928 también era así. Los testimonios también crean un halo de misterio, de terror, de incomunicación, de autoridad casi insoportable e incluso de incesto.

“A mí Barbara me caía bien y no sé nada de las historias que se cuentan de ella, no son de mi incumbencia. Si tuviera que hacer caso de todo lo que me cuenta la gente, figúrese, no me quedaría tiempo para nada más. Podría escribir libros, libros enteros, pero no es asunto mío”, dice uno de los personajes.
Barbara es la hija del viejo Danner, que ha perdido el interés por su esposa (ésta se ha refugiado en un cerril catolicismo), y es la madre de los niños, atribuidos a distintos padres: uno al huido Vincenz y otro, probablemente, al campesino Hauer. Sobre Barbara, y sus amoríos y su ambición y su falta de escrúpulos, se concentran los rumores maliciosos, aunque también se sabe que los Danner tienen mucho dinero en casa, oculto en algún lugar. Esa certeza es la que lleva a entrar en “el caserón de la muerte” al buscavidas Mich, que asiste a los obscenos y grotescos rituales de la familia.Schenkel ha prescindido de detectives, investigadores o policías. Esa cámara fría, ese micrófono glacial oye las voces. Y todo funciona a la perfección. Todo progresa adecuadamente, con limpidez, con una penetrante carga psicológica, con una evocación que se desgaja del paisaje, de la nieve, de la soledad de los páramos, del olvido. Se ha comparado esta novela con “A sangre  fría” de Truman Capote: la relación se ciñe al crimen, a la bárbara resolución final (a golpes de pico, incluido el bebé que está en la cuna), y el uso del procedimiento periodístico.

El texto de Schenkel es más breve, apenas 160 páginas y no vincula explícitamente a ningún personaje con los asesinos, o con el asesino (asunto fundamental en “A sangre fría”), aunque la escritora alemana también parece conjeturar un criminal.


“Tannöd, el lugar del crimen” es una excelente novela de género, con una original (o cuando menos no abundante) metodología narrativa, que posee tensión, emoción, espanto, y te deja con el corazón asustado y en vilo. Incorpora las plegarias de misa que son, en el fondo, las plegarias del pueblo que más que llorar a los difuntos llora por la incertidumbre de su propio futuro.

*Este artículo apareció el pasado jueves en el suplemento "Artes & Letras" de Heraldo de Aragón. Retrato de Andrea Maria Schenkel.

JOYAS DE PIEDRA JUNTO AL CURSO DEL GÁLLEGO

JOYAS DE PIEDRA JUNTO AL CURSO DEL GÁLLEGO

José Antonio Duce es uno de esos aragoneses poliédricos que lleva el entusiasmo por montura. El entusiasmo, la pasión por el territorio y sus paletas de luz, y una cámara de fotos pegada al ojo. Una cámara de  fotos, o dos o tres, pero antes también realizó mucho cine: fue operador de cámara en diversos lugares del mundo y director de “Culpable para un delito”, aquella película con Hans  Meyer y Perla Cristal, entre otros, que convertía a Zaragoza en una neblinosa ciudad con puerto de mar, metro y algún que otro crimen. José Antonio Duce es un enamorado de Huesca desde hace muchos años. Le contaban maravillas de sus gentes, de sus paisajes y de su patrimonio muchos amigos, y entre ellos un fotógrafo como Joaquín Gil Marraco, embrujado por lugares como las iglesias de San Pedro de Lárrede, San Bartolomé de Gavín o San Juan de Busa, a las que captó en un blanco y negro evocador en 1922.

Casi medio siglo después, en 1968, José Antonio Duce tomó su cámara, sus ojos asombrados de ver, y atrapó esas iglesias mozárabes de Serrablo, que han hecho correr ríos de tinta y de polémicas en torno a su origen. ¿Son mozárabes, seguro, o solo románicas...? Por cierto, Duce contó con dos embajadores del arte en aquella expedición inicial: el historiador y sacerdote Antonio Durán Gudiol, que fue uno de los primeros en intentar que se recuperasen aquellas joyas de antaño, de los siglos X y XI, y el delineante y dibujante Julio Gavín. Dos señores que si no hubieran existido habría que haberlos inventado. De la mano de ambos, y de otras ilusiones, nació la Asociación Amigos de Serrablo, que tanto se afana en divulgar, proteger y restaurar estas alhajas de la arquitectura que, tal vez, “procedan de arquitectos mozárabes dependientes del valí de Huesca, tal como apunta Durán Gudiol, o de anteriores pobladores de cultura visigoda o carolingia”, según anota el propio Duce en el espectacular libro titulado “Las iglesias de Serrablo” (publicado con varias instituciones), en el que él mismo ha tomado muchas, muchas fotos, y a la par ha coordinado a un puñado de profesionales como José Luis Cintora, Javier Ara, José Luis Capablo, María del Socorro Liesa, Víctor Mamblona y José Garcés, que es el responsable de los textos.

El homenaje a Durán Gudiol y a Gavín es explícito: Amigos de Serrablo considera que las conjeturas de Durán son las correctas. Garcés, después de recordar el viaje de Rafael Sánchez Ventura y Joaquín Gil Marraco en 1922, dice: “Para don Antonio la iglesia mozárabe serrablesa viene a ser una síntesis de  las corrientes culturales del viejo Aragón altomedieval, puesta al servicio  de  la antigua liturgia hispánica. Hereda del mozarabismo la concepción de la nave; adopta de la arquitectura carolingia la traza y decoración del ábside semicircular; y asume del arte musulmán la ventana ajimezada, el alfiz, la torre campanario y, posiblemente, el friso de baquetones”. Y de Gavín se incorporan sus espléndidos dibujos que captaban algo que era “la manifestación pura y simple de sus sentimientos” (señaló Fernando Alvira); a Julio Gavín, por cierto, se le debe una iniciativa tan hermosa como la creación del Museo de Larrés y un detalle de su infinita elegancia: jamás quiso que hubiera allí dibujos suyos.        

El libro consta de tres partes: los viajes de José Antonio Duce a las  iglesias de Serrablo, que son auténticos poemas de piedra y belleza, refugios de fe  contra la tormenta, edificios de insólita beldad en medio de una naturaleza indómita y exuberante. A veces, como un alargado especto de algodón, se despereza la niebla en una atmósfera rezagada de silencio. Los fotógrafos se fijan en todo: el panorama general, los detalles, la textura de la piedra, los baquetones, la energía y el misterio de los interiores, la onírica caligrafía del celaje. La segunda parte del libro ofrece una selección de los dibujos de Gavín, que soñó con este libro en vida, y en la tercera se captan las vistas de las iglesias románicas posteriores. He aquí una propuesta extraordinaria: un libro repleto de historia, de singularidad y hermosura, y de vida en el tiempo, en el arte y en la naturaleza, junto al curso del río Gállego.
 

*Este es el artículo que aparecía hoy en las páginas de opinión de Heraldo de Huesca. La foto es de José Antonio Duce, tomada en San Pedro de Lárrede.

PHILIP ROTH: UNA VISIÓN DEL AMOR

PHILIP ROTH: UNA VISIÓN DEL AMOR

[Leo párrafos de la última novela de Philip Roth, “Sale el espectro”, publicada por Mondadori. El autor intercala unos diálogos entre dos personajes, el hombre maduro, y la joven. Él está deslumbrado por ella, y ella lo ama a su manera, aunque está casada. Sin embargo, hay un instante en que él le pide a ella que le cuente sus amores, y le cuenta esto de un anterior amante:] 

ÉL
Entonces adoración no significa que sólo esté  enamorado de ti, sino también de tu vida. 

ELLA
Sí, mi biografía le tiene maravillado. Palabras rapsódicas de amor son todo lo que oigo. Cuando me visto o me desvisto es como estar detrás de una ventana por la que él mira con la cara pegada. 

ÉL
Las curvas no son menos hipnóticas que el balancín. 

ELLA

Cuanto estoy en el dormitorio, iluminada desde atrás, no deja de entonar alabanzas sobre mi silueta. Cuando estoy sin nada más que las bragas en la cocina, preparando el café de la mañana, y él se me acerca por atrás para tomarme los pechos y lamerme las orejas, recita a Keats: “Hay un suspiro que dice sí y un suspiro que dice no // y un suspiro que dice  ¡no puedo soportarlo! // Oh, ¿qué puede hacerse, nos quedamos o huimos? / ¡Oh, cortemos la dulce manzana y compartámosla!”.

*Foto de Lee Miller, vista por Man Ray.

ICO0NOGRAFÍA DEL BESO / 5.

ICO0NOGRAFÍA DEL BESO / 5.

Esta tarde, en el descanso del Máster  de  Heraldo, me pasé por Antígona. Compré varios libros de Carlos García-Alix, el nuevo disco de O`Carolan (actuarán en Borradores el próximo 21 de febrero) y un volumen de diez fotógrafos en homenaje a Amelie Nothomb. Julia Millán tiene una bonita colección de fotos casi secretas. Vista mi afición a los besos, me ha enviado esta obra del maravilloso Juan Manuel Díaz Burgos (Cartagena, 1951), un auténtico maestro, conocido por libros como La Habana: visita interior, El Perú de Vargas Llosa, Historias de la playa, El deseo, etc. Julia me escaneó este beso de 2005 en La Habana y me lo mandó por correo. Es una foto preciosa. Díaz Burgos es un magnífico retratista y un experto en crear  ambientes y sombras con una luz que tiene algo de irreal, de  cuento.

PAULINA LAVISTA Y SALVADOR ELIZONDO*

PAULINA LAVISTA Y SALVADOR ELIZONDO*

Me acosté anoche con varios libros en la mano:

“España” (DVD), de Manuel Vilas, que  es un libro como los suyos anteriores, “Magia” y “Zeta”, novelas híbridas, hechas de elementos muy heterogéneos y a menudo obsesivos (Kafka, Fidel Castro, Zaragoza, la música rock, etc.), que proponen un discurso abrupto, imaginativo y transgresor, muy en la línea de la narración collage en la que tan bien se mueve el autor de “Resurrección”. Tiene momentos especialmente brillantes, de una atmósfera especial, de una inusitada evocación urbana.
 

Otro libro que he hojeado es “Tu nombre. Palabras de amor” (Almuzara) de Jordi Nadal, que es un libro de prosa poética, de pensamientos, de autoayuda, un libro en dos partes, o dos relatos sin demasiado argumento en un único libro, con una escritura en corto, ajustada y rotunda, llena de sensibilidad y de poesía. Los títulos de los capítulos son muy sugerentes: “Autopista de noche”, “Me ilumino de inmenso” (citando a Ungaretti), “El abrazo del sol”, o “Conducir de noche con música coral”; el texto –que tiene algo de antídoto contra la prisa, de talismán contra el vértigo de vivir  sin amor- no se ajusta del todo a ese epígrafe luego. Es un libro para lectores reflexivos,  a los que les gusten las frases que tienen casi una fórmula oculta o visible para vivir mejor. “Crecer era recibir un día la bofetada del silencio y de la soledad”. Álex Rovira, el coautor de “El laberinto de la felicidad”, escribe: “El libro más conmovedor que he leído en mucho tiempo”. 

También leí algunos artículos y reseñas de la revista “Letras libres”. Por pura casualidad en el artículo de Paulina Lavista, fotógrafa y esposa del escritor mexicano Salvador Elizondo, que escribió más de 30.000 páginas de diarios desde 1945 hasta su muerte en 2006. Ella se enamoró de él cuando contaba doce años, lo vio con una esposa y con una amante, y finalmente unieron sus vidas hacia 1968. Paulina no leyó los diarios hasta después de muerto Salvador Elizondo, descubrió algunas infidelidades (es muy elegante al decirlo: “Me llevé, debo admitir, sorpresas por cierta infidelidades con mujeres, que hoy miro más con objetividad que con resentimiento, pues entiendo que le eran irresistibles y que es mejor enterarme ahora que entonces pues entonces andaba yo tomando fotografías por el mundo y nunca me enteré de nada. La verdad sea dicha, nunca faltó una noche a casa”), y descubrió sobre todo la pulsión de un narrador auténtico. El retrato de Elizondo es emocionante, tan emocionante como lo debió ser la vida de ambos, cuyos secretos se alzan entre las páginas con una inusitada fuerza. 

*Paulina Lavista  (México DF, 1945) es fotógrafa y se ha especializado en realizar estupendas fotos de desnudos. La foto que cuelgo aquí es un retrato de Ofelia Medina, tomado en 1974, en un descanso del espectáculo “Mambo del sax”. Conocía muy poco a Paulina y a su marido, y ahora siento una gran curiosidad.

**Salvador Elizondo fue traductor de Joyce (con Proust el escritor que más le marcó), Georges Bataille y Thomas de Quincey, entre otros. Realizó una película Apocalypse 1900, “una obra de  arte secreta” y es autor de títulos como Farabeuf, El hipogeo secreto y Teoría del infierno en 1965. En un homenaje que se le hizo hace poco, uno de los ponentes lo comparó con Borges y lo definió como una de las sensibilidades más asombrosas de la historia de México”.

***No he podido colgar el post, que escribí esta mañana porque no ha funcionado en todo el día el sistema.

BORRADORES: E. GASTÓN, SERRANO, VILADRICH, AYUSO...

BORRADORES: E. GASTÓN, SERRANO, VILADRICH, AYUSO...

 El grupo Monte Solo -compuesto por Pepe Gastón y Arturo Hortas, a la guitarra, y las  voces de Marisé Aguilar y Araceli Cereceda-, canta mañana dos temas de su repertorio en el programa Borradores: “Origen” y “Agua y camino” del poeta José Antonio Rey del Corral. El poeta y ex Justicia de Aragón Emilio Gastón comenta su vinculación con el grupo y presenta su último poemario: “La Subordania”, un extenso poema épico redactado en cheso, del que lee un melodioso fragmento. 

También visitan el programa dos jóvenes escritores: Miguel Ángel Ordovás, que publica el libro de relatos “Vísperas de nada” (Certeza) y Miguel Serrano Larraz, autor del poemario “La sección rítmica”, sobre el mundo del jazz, y de la novela “Un breve adelanto de las memorias de Manuel Troyano” (Eclipsados), donde crea un personaje pícaro que intenta iniciarse en la literatura con un espíritu transgresor. La gestora cultural Beatriz Lucea explica el proyecto Centro de Arte Contemporáneo Pablo Serrano que se inaugura este domingo en Crivillén durante la celebración del centenario del nacimiento del escultor. 

Además, Borradores ofrece un extenso reportaje sobre la exposición del pintor Miguel Viladrich de la mano de las dos comisarias Concha Lomba y Chus Tudelilla. También acude al Centro Joaquín Roncal para realizar un reportajes obre la I Muestra de Títeres de Aragón y conversa con el titiritero Paco Paricio y con el escritor y especialista en marionetas Adolfo Ayuso. Y, entre otros asuntos, ofrece un reportaje con las actrices María García, Paula Soldevilla y Consuelo Trujillo de la compañía Magga, que presenta esta semana en el Teatro del Mercado la obra “Dirección Gritadero”, del dramaturgo francés Guy Foissy.

*Foto de Man Ray, sobre una creación de Óscar Domínguez. la carretilla cubiera de tela, con una modelo que un vestido largo de noche  de  Vionnet. Fue realizada en 1937.

FOTOS INOLVIDABLES. 12 / GEORGE HOYNINGEN HUENE

FOTOS INOLVIDABLES.  12 / GEORGE HOYNINGEN HUENE

[Una de las mujeres más fascinantes del surrealismo fue Lee Miller, amante de Man Ray, amante ocasional de Picasso también y luego esposa de Roland Penrose. Por pura casualidad, hallé esta preciosa foto de Lee Miller, tomada por George Hoyningen Huene. Y casi a la par, doy con este estupendo artículo de Victoria Combalía, máxima especialista universal en Dora Maar probablemente, y autora de una estupenda monografía sobre las mujeres artistas. Dora Maar y la bellísima Lee Miller, entre ellas. El texto apareció en El País. ]

 

 

 

LEE MILLER Y DORA MAAR

 

Por Victoria Combalía

 

Lee Miller no fue propiamente una amante de Picasso como sostiene su hijo, Tony Penrose, sino una gran amiga que debió de acostarse en varias ocasiones con él (un amante es alguien del cual esperas que llame o escriba, alguien por quien incluso cambias tus planes). A Picasso le gustaban todas y sin duda debió de gustarle Lee, una mujer completamente desinhibida en el plano sexual. Lee había sido violada a los siete años por su tío y sus padres la llevaron al psiquiatra, quien, para paliar su trauma, le inculcó que amor y sexo son cosas distintas, haciendo de ella, como se hubiera dicho en la década de 1970, una gran liberada.A Picasso le gustaban todas y, sin duda, debió de gustarle Lee Miller, una mujer completamente desinhibida en el plano sexual.

Si Dora Maar supo que Picasso había hecho el amor con Lee debió de sufrir, dado su amor por el pintor y su carácter propenso a las escenas y la iraLa vida de Lee Miller fue completamente novelesca y hasta el próximo 16 de septiembre la bella exposición Lee Miller: Picasso en privado -bien montada y bien seleccionada- le rinde homenaje en el Museo Picasso de Barcelona.Lo más impactante de toda la muestra son, sin duda, los soberbios retratos que Picasso hizo de Lee Miller, en su mayoría (no todos, a pesar de lo que digan las cartelas) vestida de arlesiana. Lee era muy guapa, aunque su único -y pequeño- defecto fisico es que tenía los dientes muy separados, un rasgo que el pintor no dejó de resaltar en los óleos y que la comisaria Katherine Slusher comenta con el gracioso apelativo de "la sonrisa desdentada de Miller".

Parece extraño, en cambio, que Slusher, por dos veces, se equivoque y afirme que el mecenas y coleccionista Joan Prats, amigo de Miró, tuvo una galería de arte, cuando se sabe que Joan Prats era sombrerero, amigo de Miró y que la galería que lleva su nombre -en honor a él- es propiedad de la familia Muga; un error éste que no hubiera tenido que pasar desapercibido a los responsables del museo.Siguiendo con estos óleos magníficos, Picasso utiliza en ellos una genial manera de representar los ojos: pinta los de perfil como delicados pajaritos cuyos picos son las pestañas, un hallazgo formal que repetirá en numerosas ocasiones.Mientras redacto este artículo me envía un correo electrónico mi amiga Colita, excelente fotógrafa, preguntándome sobre las relaciones entre Dora Maar y Lee Miller. Buena pregunta, pues sabemos que Dora Maar inició una tormentosa y apasionada relación con Picasso en verano de l936.

Entre los documentos que pude consultar en el Museo Picasso de París está el periódico Marianne del 8 de julio de l936 con el nombre Dora Maar escrito 10 veces por Picasso junto a la expresión "Dora mía" y el bello dibujo de una paloma. No hay duda de que Picasso se enamoró de la inteligente e izquierdista Dora, así como de su rostro (algo habitual en él; se enamoraba de rostros interesantes para pintar) y es por ello por lo que le había pedido un retrato fotográfico; Dora se lo llevó, junto con una notita escrita a mano, en la primavera de l936. Así que podemos situar pues sus primeros encuentros sexuales entre julio y agosto, ya que en una carta (inédita hasta ahora) de la fotógrafa del 3 de agosto ella le escribe: "Mais je vous en supplie venez demain car j'irai y attendre votre bon plaisir" ('Le ruego que venga mañana porque esperaré su capricho').

Los mensajes amorosos se suceden por ambas partes, pero enseguida, al cabo de unos meses, percibimos el tono dramático y angustiado de las cartas de Dora, presumiblemente al descubrir que su nuevo amante es un gran mujeriego y que debía de amenazar con dejarla si ella le hacía escenas de celos: "pardonnez moi ces scènes", le sigue escribiendo ella, que aún lo llamaba de usted en la correspondencia, "ne les prennez pas au sérieux il faut en rire je tacherai de me corriger" ('Perdóneme esas escenas; no se lo tome en serio, mejor reír, y trataré de corregirme') (carta, inédita, fechada el 18 de abril de l937). Sin duda, entre las misivas apasionadas de Picasso de julio de l936 y la posición de víctima en que ella misma se coloca al año siguiente han transcurrido ya numerosas coucheries ('asuntos de cama') y flirteos varios por parte de Picasso. En el mismo l936 con la bella Alice Rahon, y más tarde -aunque nunca probado- con Nush Éluard.

En el verano de 1936, cuando Picasso fue a Mougins a finales de agosto, Dora lo siguió. Aquel fue uno de los tres veranos pasados en el hotelito Vaste Horizon y calificados como "de la familia feliz", aunque no debió de ser igual de feliz para todos. En l936 estaban allí Roland Penrose, aún casado con Valentine; Man Ray y su novia Ady Fidelin; Paul Eluard y Nush; el matrimonio Zervos, y el poeta Rene Char.Al año siguiente, Roland Penrose volvió a Mougins, esta vez acompañado por su nuevo amor, Lee Miller. Siempre se ha dicho que los amigos del Vaste Horizon intercambiaban las parejas y Tony Penrose me hizo un día un diagrama con los intercambios que él creía que se hicieron; en los archivos del Centro Pompidou, me comentó recientemente, hay fotografías de Eluard en posiciones sexualmente explícitas con Ady Fidelin (la novia de Man Ray).

Esto último es más que verosímil -además de la prueba fotográfica casi concluyente- pero, en cambio, la monogamia de Dora con Picasso está muy clara y sus celos, también. El propio Penrose alude a ello con humor en su biografía de Picasso, al hablar del mono que por casualidad encontraron en aquellos parajes y que "se convirtió en un compañero tan absorbente que Dora acabó por tener celos de él" (Picasso, Flammarion, página 368). Tampoco me cabe la menor duda de que si Dora supo o vislumbró que su amante había hecho el amor con Lee debió de sufrir lo suyo, dado su amor incondicional por Picasso y su carácter propenso a las escenas y la ira. En un grupo en donde se preconizaba la libertad sexual y donde casi todos la practicaban, Dora hubo de tragar mucho sufrimiento: en mi opinión, éste es el origen de su apodo de "la mujer que llora". Una prueba más "material" y explícita que ninguna otra del enfado de Dora en aquellas vacaciones es la fotografía en la que se ve a los Cuttoli, Ady Fidelin y Man Ray, Picasso y Dora en unas escaleras (Man Ray tomó la foto y corrió a sentarse para aparecer en ella): Dora, con una chaqueta bordada preciosa, está más que seria, ofendida, y el rostro de Picasso se ha volatilizado: Dora lo recortó en un ataque de rabia.Sin embargo, fotógrafa profesional como era, no dudó en fotografiar y dejarse retratar por las amigas de Picasso que coquetearon con él: a Nush Eluard, Dora le hizo algunos de sus mejores retratos y Lee le hizo a ella un retrato magnífico, en su casa de la Rue de Savoie. En la imagen -que puede verse en la exposición- Lee Miller destaca la belleza austera, trágica y monacal de Dora, su rígida postura frente a los retratos que Picasso hiciera de ella y la única compañía de un gato.

En la década de 1950, Dora Maar visitó tres veces a los Penrose en Gran Bretaña, pero en la década de 1970, cuando éstos la llamaron en dos ocasiones a su paso por París, ella ya no les contestó. Como me dijo en l994, "ya no tenía nada que decirme con aquellos surrealistas de izquierdas".

ENTREVISTA DE IRENE SANCHO

ENTREVISTA DE IRENE SANCHO

IRENE SANCHO CONVERSA CON ANTÓN CASTRO 

- ¿Por qué decidiste ser escritor?
-En realidad, no sé si me decidí ser escritor en algún instante. Había algo que me arrastraba. En 1982 entré a trabajar en un bingo, aprendí a escribir a máquina en una de aquellas inmensas Olivetti de carro grande y empecé a escribir mis primeros relatos y mis primeros poemas, con mi primer hijo de meses en brazos. Entonces, me obsesionaba el mar que había dejado en Galicia, me obsesionaba el paisaje de mi infancia y adolescencia, y también aquel mundo vinculado a las historias, al cine, a la memoria, a mis primeros amores más o menos imaginarios. Galicia, entonces, era un territorio mítico para mí, y todo lo que escribí eran intentos de rescatar historias del mar con un barniz céltico. Así empecé. Y escribía en los papeles de envolver los cartones: las estrías del papel eran como líneas de pauta, y allí, y en servilletas de celulosa de los bares, nacieron mis primeros borradores. La literatura me permitía vivir otras vidas, me permitía volver a vivir mi infancia, me permitía sentirme marinero, vagabundo y enamorado. 

- ¿En qué te inspiras para escribir tus obras?
-En casi todo. En lo que leo, en lo que sueño, en lo que me cuentan, en las personas que conozco, en los periódicos. Siempre estoy con la antena puesta: allí donde percibo que puede haber una historia, allí me dirijo. Mi obra, en el fondo, nace de la realidad. La realidad me ha dado mis mejores libros. La frase no es mía, pero creo firmemente en ella: “La realidad siempre supera a la fantasía”. Las historias más fantásticas e irreales que he oído están en la realidad y no en los sueños. El escritor es un observador que no debe perder jamás la curiosidad por los seres vivos. 

- ¿Qué te gusta más, la actividad de escritor de relatos y novelas o la de periodista?
-Con el periodismo he disfrutado muchísimo. Y disfruto. Si soy algo, se lo debo al periodismo. El periodismo es el arte de la verdad, de la fidelidad, de intentar conocer las cosas y de contar cómo son. La literatura es otra forma de ver, pero en este caso subjetiva. El escritor, con sus relatos y sus novelas, con mayor o menor fortuna, crea un mundo y recrea el mundo a su antojo. El periodismo y la escritura son una forma de aventura. Miro hacia atrás y veo que he hecho grandes aventuras para contar una historia y encontrarme con un personaje. Luego, he visto que ahí había una maravillosa historia de ficción, personajes, hechos, atmósferas. 

- Aunque eres gallego, has escrito mucho sobre Aragón, ¿qué obras has escrito sobre nuestra tierra?
-Muchas. Más de la mitad de mi obra está inspirada en Aragón: alrededor de diez o doce libros. Te citaría mi primer libro de relatos, “Los pasajeros del estío” (Olifante, 1990), una colección de cuentos que sucede en Camarena de la Sierra (Teruel), “El testamento de amor de Patricio Julve” (Destino, 1995  y 2000), que transcurre en el Maestrazgo turolense a lo largo de 150 años, “Los seres imposibles” (Destino, 1998), que propone una colección de cuentos de trasfondo legendario y onírico en todo Aragón, etc. Hay otros tres libros sobre Aragón que son muy queridos por mí: “Aragoneses ilustres, ilustrados e iluminados” (DGA,1992), probablemente mi mejor libro (o uno de los más queridos), “Arquitecturas imaginarias de Aragón” (Ibercaja,  1994), que tiene algo de poemario y de viaje, y por supuesto “Vidas de cine” (Ibercaja, 2004), un libro de conversaciones con cineastas aragoneses. Tampoco hay que presumir, pero también he escrito un “Bestiario aragonés”, que recibió el premio nacional al libro mejor editado de 1992, y el libro institucional “Aragón” (DGA, 2001). 

- De Golpes de mar, ¿cuál es tu cuento favorito? ¿Por qué?
-Quizá el último, “Carta de invierno al más allá”, porque narra una historia familiar, y a mí siempre me han gustado mucho los secretos de familia, sobretodo cuando se percibe la complicidad, la ternura, la pasión por contar historias. Ahí se cuenta la historia de una familia de cuatro hijos, cuyo padre, que se dedica a la captura de percebes, se ahoga en el mar. La madre espera su vuelta y los hijos le mandan todos los fines de semana una botella con cartas, recuerdos, confidencias, etc. Aunque mi favorito quizá sea “Una lección de fotografía”, donde vinculo Aragón y Galicia a través dos fotógrafos: el gallego Seara de Castro y su maestro el aragonés Patricio Julve. 

- ¿En qué consiste tu trabajo en el periódico "Heraldo de Aragón"?
-Soy el coordinador del suplemento literario “Artes & Letras”. Elijo contenidos, portadas, edito, escribo, y además colaboro asiduamente en cultura y en opinión, ahora algo menos que en otros momentos. Durante un año y un par de meses hice una sección de entrevistas “Clásicos y modernos”, que fue una preciosa experiencia para mí. En “Artes & Letras” trabajo con muchos colaboradores y ellos son muy importantes para mí. 

- He oído que haces un programa en la televisión aragonesa (Borradores), ¿de qué trata?
-Es un programa cultural de una hora con actuaciones musicales en directo. Entrevisto a los músicos, recibimos a artistas, escritores, pintores, actores, arquitectos, etc., y además ofrecemos distintos reportajes de todas las actividades culturales. A mí personalmente me gustan mucho las visitas a las bibliotecas. Es un programa realizado desde el respeto, la pasión por entretener y la ausencia  de complejos. Borradores es un proyecto plural en el que participan varias chicas: Teresa Lázaro (realizadora), Ana Catalá (redactora), Yolanda Liesa (ayudante de realización), César Quílez y Mamen Delpón (producción)... Existe una gran complicidad en el equipo y llevamos casi cien programas. Borradores se emite los jueves hacia las 0.30 y se redifunde los viernes a las 2.30 de la mañana, aunque ese horario no es estable. 

- Estuve visitando la exposición del Real Zaragoza, ¿qué destacarías como director de esa exposición?
-Yo creo que era una exposición emocionante, una exposición pensada para todos los públicos, incluso para aquellos a los que no les gustase el fútbol. Hicimos una apuesta por las nuevas tecnologías (el montaje en 3D, los audiovisuales, la cortina de niebla, las proyecciones...),  por la fotografía, por la cartelería, por los grandes montajes y también por los pequeños objetos. Se trataba también de inscribir al club en una ciudad, en un territorio, y de darle el protagonismo decisivo a la afición que es fundamental para el fúbol. Intenté  otra cosa más: para mucha gente el Real Zaragoza es el equipo del alma y, además, es un equipo importante por sus títulos. Nueve, nacionales y europeos. Y por supuesto quisimos que participase mucha gente: fotógrafos,  pintores, diseñadores, ilustradores, dibujantes de cómic, realizadores  de vídeo, escritores... Colaboró mucha gente con intensidad: Videar, Esfera, Letra, Decoday, coleccionistas, y por supuesto el Real Zaragoza... La lista de gratitud es infinita.

 -Por último, ¿qué aficiones tienes?
-Me interesa la vida, la gente, estar con los amigos.  Pasear e ir al cine con mis hijos.  Pero mis grandes aficiones son la fotografía y los libros de fotografía,  el arte y las publicaciones de arte, oír la radio en el coche y dar vueltas y más vueltas mientras habla la gente, y, sobre todo, contar historias. Contar y oír historias. 

*Antón Castro (Santa Mariña de Lañas, Arteixo, 1959) es periodista y escritor. Coordina el suplemento “Artes & Letras” de Heraldo de Aragón y dirige y presenta el programa  Borradores de Aragón Televisión. Ha sido el comisario de la exposición del Real Zaragoza, “1932-2007. Los años magníficos”, y su último libro publicado ha sido “Golpes de mar” (Destino, 2006), una colección de 18 cuentos en los que ha trabajado durante un cuarto de siglo, desde que empezó a escribir hasta su publicación. Es una auténtica obra en marcha que resume su vida, su sensibilidad y su afición al mar. 

[Hace unos días me remitió esta entrevista la joven estudiante Irene Sancho. Éstas fueron las respuestas; introduzo pequeñísimos matices y subsano algunos olvidos. Me encanta ir a los colegios, conversar con ellos, sentarlos a mi lado durantes las charlas. Tengo algunos sueños truncados, y uno de ellos es el de haber sido profesor. Cuando vine a Zaragoza, recibí una llamada que me decía que tenía una beca para hacer Filología en Santiago de Compostela; inexplicablemente, dije que no. Pero lo cierto es que tampoco me arrepiento. Como me gusta alimentar siempre el blog, cuelgo aquí las respuestas. Utilizo como motivo gráfico esta ilustración de Blanca BK Gimeno, que aparecerá en breve en el libro colectivo “Cuentos a patadas”, que edita el Real Zaragoza.  Es uno de los cuatro que ilustran el relato de Víctor Juan Borroy, un zaragocista acérrimo.]