NORMAN PARKINSON
Una deliciosa foto de Norman Parkinson.
Una deliciosa foto de Norman Parkinson.
Zaragoza es una fiesta inagotable, un arsenal de alegría. La gente va y viene en la ciudad rejuvenecida: dispara la avalancha humana. No sé si estas fiestas son mejores o peores que las de años anteriores: cada Pilar es un axioma. La multitud se entrega, disfruta, pasea, acude a bares y conciertos: se siente el elenco estelar de la gran representación. No se puede ir a todas partes, ni quizá se deba. Y cada uno se mete donde le peta. Hace unos días, al subir a un autobús, oí decir a una señora que había ido el año pasado a ver a Manolito Royo, y que tenía claro que iba a repetir. Y otros han ido a ver la gran exposición de Cano. Una señora dijo: “Me gusta este cuadro, pero ¡cómo lo voy a tener en casa ante mis ojos a todas horas!”. El gran éxito lo ha protagonizado Héroes del Silencio: ha probado que es un grupo sin complejos, de talla universal, que plantea un espectáculo exuberante, del nivel de REM o Los Rolling. Y sus componentes están ahí, con las voces y los cuerpos rotos, entregándose, muriéndose por las canciones y por su público, que corea casi todos los temas. Bunbury, Cardiel, los Valdivia (en este caso Juan y Gonzalo) y Andreu no dejaron lugar a la nostalgia: están vivos, encendidos, poseen fuerza, energía. Conmueven. Creen en su oficio. A otro nivel, me ha deslumbrado María Dolores Pradera. Cantó mejor que nunca, descansada, con el tono exacto y acariciante, y con esa presencia de diosa de imprecisa edad. María Dolores, divertida e irónica, diría luego: “Soy frágil”. Independencia es un escenario imposible. Hacerse oír es una gesta. Violadores del Verso lo intentaron y lograron a medias. Y eso ya fue un triunfo.
*En la foto de José Antonio Melendo, Joaquín Cardiel y Enrique Bunbury.
Aragón Televisión ya está realizando estupendos programas y está creando, día a día, grandes profesionales de la televisión: Nacho Rubio, Mirtha Orallo, Fernando Ruiz, Pablo Carreras, Natalia Robres, Sara Comín, Pilar Bellé, David Marqueta, Pedro Hernández, Inma Otal, David Marqueta... La lista es cada vez más extensa, es cada vez más interminable. Y se me quedan muchos, muchísimos nombres en el tintero. Entre ellos, figura Luis Alegre, el presentador y director de “El reservado”, sin duda una de las grandes estrellas de Aragón en todo lo que toca. El otro día, un amigo me decía que si no existiera habría que inventarlo. Luis entrevista mañana a Manuel Pizarro, ese turolense ejemplar, utópico y a la vez posibilista, ese tipo que cuida al perro, los campos de Tronchón, su biblioteca y a sus amigos, con los que se reúne de cuando en cuando, más allá de las diez de la noche, en un restaurante. Y allí, entre risas que van y vienen, cuenta historias sin parar. Y se ríe a carcajadas.Mañana por la noche, Luis Alegre volverá a sacar lo mejor de él, lo más próximo, su cariño creciente por Teruel.
Copio aquí el texto de Luis para la presentación del programa, que envía María José Mozota.
Manuel Pizarro desvela su lado más íntimo en "El reservado"
El lunes 15 de octubre “El reservado”, el programa que presenta y dirige Luis Alegre en Aragón Televisión, contará con la presencia de Manuel Pizarro, tal vez el aragonés con más poder e influencia en el mundo económico de las últimas décadas.
Manuel Pizarro es abogado del Estado, notario y agente de Cambio y Bolsa. Nació en Teruel en 1951. Entre otras cosas, ha sido presidente de Ibercaja y de la compañía eléctrica Endesa, de cuyos accionistas se despidió en la Junta Extraordinaria celebrada el 25 de septiembre. Ha recibido todo tipo de distinciones a lo largo de su brillante trayectoria. La última de ellas, el premio a los Valores Humanos y Desarrollo del Conocimiento que le concedió el periódico Heraldo de Aragón el pasado 20 de septiembre.
Durante la charla con Luis Alegre, Manuel Pizarro, en un tono insólitamente cálido y relajado, recuerda su infancia y su juventud en Teruel. Habla del frío de Teruel, de sus padres y de su abuelo y, con gran emoción, de su hermano Amador, cuya prematura muerte en accidente de tráfico marcó su manera de ver la vida. Pizarro también evoca el ambiente moral y cultural de los 60, deteniéndose especialmente en la recreación del fantástico grupo que coincidió alrededor del Instituto Ibáñez Martín y el Colegio Menor San Pablo, que incluía a gente tan brillante y diversa como José Antonio Labordeta, Federico Jiménez Losantos, Joaquín Carbonell, Eloy Fernández Clemente, Carmen Magallón, Eduardo Valdivia, Gonzalo Tena o José Sanchís Sinisterra. Pizarro también cuenta sus peripecias en la universidad zaragozana de finales 60, en su marcha a Madrid e insinúa las dificultades que siempre ha tenido que superar para salir adelante y alcanzar sus objetivos profesionales, algo que, según el, ha caracterizado siempre a los aragoneses.
“En Aragón nunca nada ha sido fácil”, señala en un momento de la charla. También reflexiona sobre la amistad y habla de sus destacados amigos, a menudo de perfiles antagónicos: Jesús de Polanco, José María Aznar, Jiménez Losantos o su antiguo profesor José Antonio Labordeta, a quien le rinde homenaje leyendo la letra de su canción “Aragón”.
“El reservado” se emite el lunes a las 00:15 horas.
Hace algunos años, cuando sustituí durante unos pocos años a Trinidad Ruiz-Marcellán en la dirección de Olifante, publiqué dos libros de Jesús Jiménez Domínguez (Zaragoza, 1970): se trataba de Diario de la anemia y Fermentaciones, próximos a la contención y al silencio metafísico de Antonio Gamoneda. Jesús Jiménez es también un magnífico cuentista: ha ganado numerosos galardones, y tiene algo de escritor secreto. Ahora, en DVD, el sello de Sergio Gaspar, acaba de aparecer un espléndido libro: Fundido en negro, distinguido con el premio Hermanos Argensola de Barbastro, 2007. Se trata de un libro de pérdidas y evocaciones, de aroma culturalista, un libro del placer y de la sombra, de viajes y de máscaras constantes. Llama la atención la imaginación del escritor, la capacidad de otorgar la voz a tantos artistas: desde Persy B. Shelley hasta Rilke o Syd Barret o Alejandra Pizarnik. Es un libro de itinerarios íntimos, de miradas, de confrontación con numerosos autores y maestros: el citado Rilke, Pessoa, Keats, Rimbaud, los poetas chinos... El libro se lee de un tirón. Tiene un aire narrativo constante. Y muchos versos deslumbrantes.
Copio aquí algunos de los textos de Jesús Jiménez, a quien apenas veo.
ÚLTIMA MIRADA A LA ISLA DE KIRRIN
Vivir consiste en ir perdiendo cosas:
el timón del aire en los cabellos, los amores,
los recuerdos, los remos de los días felices.
Al decirles adiós con la mano dejamos
en el aire la cáscara de la despedida,
vemos pasar sin nadie las bicicletas
camino del óxido, ardiendo sin sonido.
Otros inviernos han cegado las linternas,
apagado los prismáticos y nos hallamos más lejos.
La cerveza del jengibre la bebió el sol del ocaso
y el pastel de carne, como a la infancia,
se lo han comido las moscas.
HASSASIN
La mano que acuesta la piedra
sabe que las caricias borran los cuerpos,
que el deseo enrolla sus caminos sin haberlos recorrido.
También la sed escribe en cuadernos sin páginas.
Vestidos de abismo, hacemos del humo un único pijama:
todo cuanto soñamos hoy, mañana será cenicero.
Noche es el hombre del árbol más grande sobre la tierra.
Su sombra infinita está hecha de todas las cenizas.
Entre sus ramas más altas engordan nuestros asesinos.
*El retrato es de Irving Penn, y se titula "Picasso Jr."
Naomi Watts es la protagonista de una más que correcta y violenta película de David Cronenberg, “Promesas del Este”. Pasea en una deslumbrante moto de época que habría pertenecido a su padre, un ruso, en la ficción. Sobre ella, más que sobre Viggo Mortensen o Vincent Cassel, recae el peso de una película de espías y mafia rusa.
EL ESCRITOR IMPOSIBLE
Lo que más le gustaba en el mundo era escribir. O quizá oír el gemido del viento, sentir ese latigazo del aire y escribir luego. Las palabras eran como seres vivos, como lagartijas o como salamandras negras que brotaban de su pluma. Para él escribir era como pintar o fundar un mundo intacto, y a medida que inundaba el papel percibía una fuerza interior, una certidumbre de fuego. Al terminar, una vez que había invocado gentes, paisajes y pájaros, matices de la vida, el texto se volvía contra él: le producía espanto. Y al final el miedo se tornaba remordimiento. Decía que ya nunca podría salir a la calle o hablar con los paisanos, que llevaba años sin poder conciliar el sueño, que era incapaz de abandonarse al placer o a la pereza. ¿Qué iban a pensar de sus escritos, cómo iba a justificar los adjetivos, la ironía, la sed de más sílabas o la violencia de su pensamiento? Un día declaró que se sentía culpable de impotencia: las palabras nunca alcanzarán a cifrar la perfección que sueño, la belleza que pretendo, la realidad que me inventa, dijo. Desde entonces ya no vive: se ha quedado inmóvil y mudo ante su ventana, ajeno al río de tinta y de salamandras negras que le ha invadido la casa. Se ha quedado inmóvil y mudo mientras el látigo del viento le platea las sienes. Una mañana cualquiera, lo sabe, aparecerá convertido en un monstruo o en uno de esos seres imposibles que tanto ha soñado.
*Este texto cerraba mi libro "Los seres imposibles"(Destino, 1998). La foto es de Emmanuel Sougez, al
que acaba de publicar Prensas Universitarias en la colección Cuarto Oscuro que dirige Antonio Ansón.
Matías Uribe recibe en su casa a un equipo de “Borradores”, y les hablará de la historia de Héroes del Silencio en dos partes: primero analiza la trayectoria del grupo y luego muestra su espléndida colección de objetos, revistas, discos, todos los materiales que usó para redactar “Héroes del silencio. El sueño de un destino”, que acaba de publicar “Heraldo de Aragón”. El programa, además, recibe además al grupo Distintas Razones, que toca dos temas: “Loco amor” y “Roma”; al escritor Julio José Ordovás, que publica “Papel usado” (Eclipsados). Y ofrece reportajes sobre la muestra de México D. F., la película “Mataharis” de Iciar Bollaín y la biblioteca de Delicias.
Esta noche a las 0.00 horas en Aragón Televisión.
Hace algunas semanas, Sonia R. Fides (Madrid, 1969) me envío su primer poemario: Mirar y ser mirada (X Premio de Poesía, “Nicolás del Hierro”, 2006. Colección Yedra), “un paseo por las miradas carnales, por la audacia sutil de las palabras, por bisílabos espejos, por el frescor puntiagudo de un hallazgo”.
Esta mañana me he asomado al libro de nuevo, y copio este poema:
A las tres menos cuarto todavía eras pecado.
Después todo cambió.Dios estaba echándose la siesta.
De tres a cinco entran en coma algunos de los pecados capitales.
No te des prisa,
para ti mi cuerpo se ajusta siempre a los horarios insulares.
*La foto es de Sophie Touverim.