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Antón Castro

Artistas

CALVOMOÑACO DE AMOR

CALVOMOÑACO DE AMOR

Me dijiste: A veces sueño que te vuelves hiedra o laurel, selva espesa, corazón salvaje de retama. A veces sueño que sales al bosque y caminas con los ciervos, con los huraños jabalíes, con las alimañas que se ocultan tras la senda tenebrosa de los pinos. Te dije: Es verdad. Hay una hora del día o de la noche, no lo sé, confundo la luz del sol y el temblor apagado de la luna, en que salgo por el mundo. Sin rumbo incierto. Con mi canción en los labios. Andrajosa, con el pelo revuelto y sin poemas en los bolsillos. Y al final llego al bosque, y me tiendo bajo el ramaje. Coloco el oído sobre la tierra húmeda y espero que ocurra algo. Deseo oír tus pasos a lo lejos, ansío oír tu canto de amor que se esparce entre la noche y la niebla del sueño. Me dijiste: A veces imagino que te encuentro junto al río lento del tiempo. Te dije: Me refugio bajo las lágrimas de los sauces y espero. Te digo: Ven. Avanza. Mi cuerpo se debilita con la música del agua.

 

*Alberto Calvo ‘Supermaño’ me ha mandado a mí, y al fotógrafo Manuel Martín Mormeneo, un nuevo dibujo, una aguada. Me ha sugerido esto. Podría decirse que es un poema de amor. Un poema del Día de San Valentín.

 

CALVOMOÑACO / 24. MODIGLIANI

CALVOMOÑACO / 24. MODIGLIANI

Me he perdido entre tú y yo. No sé quién soy. Me miro en el espejo y me pregunto: ¿seré yo, Kikí del Moncayo, la ninfa de los bosques, la mujer errabunda de tantas noches a la intemperie? ¿O seré él, ese hombre que lleva las manos manchadas de tinta y me persigue por plazas y callejas, ahí donde se enfría el aire? Me he perdido fuera de mí y muy lejos de ti. Ya no lo sé. Camino. Me asomo a los portales donde los enamorados se han dado el último beso. Entro en los teatros, en los cines, en los conciertos de madrugada. Un día fui actriz, bailarina, rapsoda de voz aguardentosa que rompía los versos de amor, ¿recuerdas? Siempre hay alguien que, entre el torbellino del  humo, alza su mano, agranda sus ojos y se acerca. Seguro, desesperado, no sé, me vierte en el oído su aliento de humo: “Sosiega, loca. A ti te busco y en mi te encontrarás”. Me pregunto de nuevo: Kiki del Moncayo, ¿sigues ahí, en el centro del espejismo?

El fotógrafo Manuel Martín Mormeneo ha recibido esta mañana nuevos dibujos de Alberto Calvo ‘Supermaño’, ese estupendo creador de damas y de colores. Mormeneo se sentó en el ordenador y pensó en Kikí del Moncayo, de la que alguna vez Alberto le ha dicho que suele verla en sueños, en la ribera del Queiles, en su propio estudio, como una aparición…

HOMENAJE A KATIA ACÍN EN HUESCA

HOMENAJE A KATIA ACÍN EN HUESCA

Exposición Katia Acín en Huesca, por Mercè Ibarz

Ha llegado el momento de la obra plástica de Katia Acín, y aquí está. En una gran exposición en las salas de la Diputación de Huesca.

Ha llegado el momento de la obra plástica de Katia Acín, y aquí está. En una gran exposición en las salas de la Diputación de Huesca, a cargo de quienes mejor conocen su gestación y desarrollo, Alicia Vela y Antònia Vilà, profesoras de Katia Acín en la facultad de Bellas Artes de la Universidad de Barcelona y ellas mismas artistas. La emoción que recorre a quienes conocíamos algo del trabajo de Katia Acín es enorme. Si queremos tanto a la persona, ahora empezamos a amar una obra que más y más enarbola su autonomía artística. Sí, Katia fue una mujer extraordinaria, pero, amigas, amigos, ahora podremos saber hasta qué punto: hasta el final de su vida más íntima.  Transcurridos cinco años de su muerte, nada nos habrá de distraer ante sus dibujos y grabados.


Estas obras son la reparación, grave y jubilosa a la vez, de una adolescencia desesperada. Una vida íntima cuyos ecos la artista decidió afrontar a partir de los 65 años, restableciendo el diálogo con su padre, Ramón Acín, que había empezado a instruirla en las prácticas del arte. Aquí están estas obras de redención y piedad artísticas, a mi modo de ver bien distintas de la práctica terapéutica del arte e incluso del arte como sublimación de lo que sea: la obra de Katia Acín es algo más. Es una obra digna del legado de Ramón Acín y, a la vez, es una obra del todo singular.


Entre tantas de sus obras, los cinco grabados de la serie Gran mujer, de 1995, reclaman con insistencia mi atención. Cierto que los museos de arte contemporáneo han dejado fuera de sus colecciones el grabado, incluso el dibujo, pero ahí habrán de estar un día estos penetrantes autorretratos de resistencia grabada en el cuerpo ya viejo de una mujer del siglo XX. No dudo en afirmar que están entre lo mejor de lo mejor.

Mercè Ibarz

(Este texto pertenece al catálogo de la muestra que han comisariado Alicia Vela y Antonia Vilá)


20 de febrero a 11 de abril de 2010

Sala de exposiciones de la Diputación de Huesca
Porches de Galicia, 4. Huesca
Horario: Lunes a viernes de 18:00 a 21:00 horas.
Sábados y domingos de 12:00 a 14:00 horas y de 18:00 a 21:00 horas.

ALBERTO GIACOMETTI

ALBERTO GIACOMETTI

Han sido muchos los fotógrafos que han retratado a Alberto Giacometti. Casi siempre en su taller, como un espectro humano entre sus estilizados espectros de bronce. Richard Avedon, Cartier-Bresson, Ernst Scheidegger, Gordon Parks, etc. Casi siempre se le ve reconcentrado, con su apariencia árabe de criatura de ‘Las mil y una noches’. Giacometti era hijo y sobrino de pintores, y pronto se inclinó hacia el arte. Se trasladó a Ginebra y luego a París, donde estudió con un socio aventajado de Rodin, Antoine Bourdelle, cuya obra vimos hace dos décadas en el Museo Pablo Gargallo; poco después veríamos la de Giacometti en Ibercaja. Inicialmente, le interesó el cubismo, pero luego abrazó el surrealismo y se dejó retratar con aquel grupo de rebeldes que defendían las turbulencias y la libertad de los sueños, incluido Buñuel. En un arrebato de terquedad o de audacia, visitó España durante la Guerra Civil. Poco a poco, fue inclinándose hacia una obra muy personal, vinculada al primitivismo africano y a sus propias quimeras. Realizó cabezas, de expresivas miradas, y cuerpos delgados, cimbreantes, interminables, cuerpos frágiles como la vida, obsesivos como el deseo. Parecía un ermitaño andrajoso en su taller con su pitillo perpetuo. A su mujer, Annette Arm, le pedía que posase para él, y ella le enseñaba a diario su mejor desnudo, sus ojos de mar. A la vez, pintaba retratos frontales, rostros y bustos, dibujaba, visitaba bajo la llovizna a su madre. Así hizo ‘El hombre que camina I’, una escultura sobre el desamparo, la vulnerabilidad de existir, que sugiere movimiento, puesta en acción, ansiedad. Esa obra, contra todo pronóstico, se ha convertido en la más cara del mundo: 74.3 millones de euros. ¿Qué pensaría el artista pobre, el austero amigo de los gatos, si abriese la tumba y leyese las primeras páginas de cultura?

CALVOMOÑACO 23

CALVOMOÑACO 23

Se encontraron una tarde cualquiera. Se habían visto alguna vez en los bares, al calor de un vino, pero no se habían hecho caso. Algo especial ocurrió aquel día: había algo de lluvia, gemía el viento. En un escaparate Alberto había visto una caracola marina y entró con una de sus preguntas aviesas: “Ahora que llueve, ¿se oirá mejor el llanto de las sirenas?”.

 Se miraron, se intercambiaron un cigarrillo y el mechero, y compartieron como quien no quiere la cosa una cerveza. O el vino que nunca se habían bebido juntos. Ella dijo que era sonámbula, que vivía en un ático que daba a una torre mudéjar y a un cielo de tejados puntiagudos con palomas. Él dijo que era lector de aforismos, de libros de ciencia y que, de vez en cuando, abría un cuaderno y pintaba: barcos, sirenas, cabezas de mujer, ojos de llovizna como los suyos. Ella insistió: buscó un nombre imposible y un pasado de actriz y de diseñadora de modas. “En verano, cuando la noche se vuelve insoportable de calor, escribo versos con mi desvelo y una tinta verde como iguana”. Él sonrió. Pintó en una servilleta sus manos, sus labios. Sus labios de cereza vencida por el sol y de fumadora empedernida de Pall-Mall. Le dijo: “Así, con la humedad del último sorbo, aún son más bonitos”. Y abrió su cuaderno, una página, dos, tres, hasta seis. Ella quiso protestar, pero él atajó suavemente: “Es verdad. Eres tú, pero ¿cómo iba a saberlo? ¿Quién me iba a decir a mí que los sueños se cumplen una tarde cualquiera en el bar de todos los días?”.

Salieron a la calle. Y quizá fuera entonces cuando se abrazaron por primera vez. Alberto sacó una mano e inventó un paraguas que a ella le pareció demasiado pequeño.

GIACOMETTI EN EL TALLER

GIACOMETTI EN EL TALLER

Anoche empecé un artículo que acabé por interrumpir para 'Cuentos de domingo ". Al final leí una página sobre Alberto Giacometti y empecé a recordar cuánto me ha gustado siempre su obra y el personaje Y también las fotos que le habían hecho distintos fotógrafos. He aquí un pequeño homenaje a Alberto Giacometti, el suizo nacido en Borgonovo, en 1901 y fallecido allí También en 1966. Un homenaje con fotos. La primera hora, espléndida, es de Richard Avedon.

Aquí, retratado por Ugo Mulas.

Esta foto es del sueco Christer Strömholm.

 

Esta instantánea es de Gordon Parks.

Aquí está Giacometti con su esposa y musa Annette Arm, en 1952. No sé de quién es esta foto tan bella.

, Alberto Giacometti, escultor, dibujante y pintor, es el artista más cotizado del mundo del arte. Se que Su escultura "El hombre que camina" ha vendido por 74 millones de euros.

STEVE GIBSON Y ANTONIO CERUELO

STEVE GIBSON Y ANTONIO CERUELO

Hace unos días, Steve Gibson ocupaba, con esta escultura, la portada de ‘Artes & Letras’: es una escultura en cartón del crítico Manuel Pérez-Lizano. La foto se la tomó Antonio Ceruelo.

SANTIAGO ARRANZ EXPONE EN CALI

SANTIAGO ARRANZ EXPONE EN CALI

SANTIAGO  ARRANZ

“El discurso de lo real”

 

La Fundación Hispanoamericana, con el auspicio de la Embajada de España y el Centro Cultural y Educativo Español Reyes Católicos de Bogotá, abre su temporada cultural 2010 con la exposición  “El discurso de lo real”  del artista español Santiago Arranz.

Nacido en Huesca en 1959 y licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Barcelona en 1982, obtiene una beca para estudiar la pintura del Museo del Louvre en 1985 y una segunda beca de la DPH para residir en París, donde continúa investigando en su lenguaje. Su obra profundamente vinculada a la literatura, ha formado parte de numerosos proyectos literario-artísticos como Saturnus, Le monde du Surréalisme, Le cirque, Les cafés literarios, Exlibris, etc. En esta exposición Santiago Arranz vincula proyectos suyos surgidos de la literatura, la escultura o la arquitectura desde 1990 hasta 2009, traduce a nuevas metáforas proyectos anteriores y los confronta a nuevos planteamientos conceptuales ampliando de este modo sus significados.  La ciudad, los signos y el lenguaje son el eje central de sus reflexiones:  la ciudad como isla de la existencia (Las ciudades invisibles) y como maraña de relaciones humanas (La ciudad soñada), los signos, aquellos que expresan el dolor (En la colonia penitenciaria), la apariencia (La forma dentro de la forma), la eternidad (Planetas) y la comunicación (Llaves), el lenguaje en la serie de pictogramas construidos a partir de letras antropomorfas que ahondan en los misterios del mundo simbólico y la cultura creados por el hombre.

La exposición “El Discurso de lo Real” fue presentada en Bogotá con gran éxito a finales del año pasado y gracias a la gestión del Centro Cultural y Educativo Español Reyes Católicos de esa ciudad, podremos apreciarla en la Fundación Hispanoamericana de Cali hasta el mes de febrero.

*Este texto forma parte del catálogo de la muestra. En la foto, Santiago Arranz en su taller de Castejón.