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Antón Castro

Artistas

MURNAU, EL POETA DEL CINE MUDO

MURNAU, EL POETA DEL CINE MUDO

F. W. Murnau, el poeta del cine mudo

 

La tumba del director de ‘Nosferatu’ y ‘Amanecer’ fue profanada y, como a Goya, le han robado su cráneo

 

Friedrich Wilhelm Plumpe, hijo de un fabricante textil, ha pasado a la historia como “el poeta del cine” o “el poeta del silencio”. Es autor, al menos, de dos obras maestras: ‘Nosferatu’ (1922), una interpretación libre de ‘Drácula’, y ‘Amanecer’ (1927), un complejo ejercicio de exquisita sensibilidad, la primera película que hizo en América. Murnau había nacido en Bielefeld (Alemania) en 1888; desde muy joven, destacaría por su curiosidad y su talento. Estudió arte, filosofía y música en la Universidad de Heidelberg y participó como piloto en la I Guerra Mundial; fue herido en Suiza y regresó a casa. Al principio, influenciado por el romanticismo, más o menos tenebroso o fatalista, por el nuevo expresionismo y por el productor y dramaturgo Max Reinhardt, con quien colaboraría, se inclinó por el teatro como actor, aunque no tardaría en debutar en el cine. En 1909 se cambió el apellido: sustituyó Plumpe por Murnau, un pueblo de la alta Baviera que había visitado con uno de sus amigos en bicicleta.

En 1919 filmó ‘El muchacho en azul’ y realizó varias películas antes de ‘Nosferatu’, algunas tan interesantes como ‘El castillo Vogeloed’ y ‘Fantomas’, basada en una novela del Nobel Gerhard Hauptmann, con guion de Thea von Harbou. En 1922, un año muy intenso, se estrenó la historia del vampiro ‘Nosferatu. La sinfonía del horror’, que se rodó en exteriores. Como la productora no logró conseguir los derechos de la novela ‘Drácula’ de Bram Stoker, hizo su propia adaptación y cambió al Conde Drácula por el Conde Orlok. La viuda del escritor lo denunció y fue condenado a destruir la película. Alguna gente tenía copias y, felizmente, la película se conserva. Más tarde filmó ‘El último’ (1924), ‘Tartufo’ (1926) o ‘Fausto’ (1926), con su actor fetiche Emil Jannings. ‘Fausto’ tenía algo de superproducción y era un intento de contar la historia de Goethe del anciano sabio que vende su alma al diablo para conquistar a la bella Margarita. El cine de Murnau poseía una factura técnica indiscutible: pura plasticidad y belleza. Trabajaba como nadie la puesta en escena –admiraba al romántico Friedrich, pero también a Rembrandt y a Goya-, poseía un especial sentido del ritmo y los movimientos de cámara eran innovadores.

Lo reclamaron de Hollywood y allí estrenó ‘Amanecer’ (1927), para muchos uno de los más bellos poemas visuales del cine mudo, de casi tres horas, expresionista, que abordaba la historia de un hombre que tiene el corazón dividido entre dos mujeres. Recibió tres Oscars. Con todo, a W. F. Murnau no le acompañó el éxito en su periplo norteamericano, quizá por ello intentó regresar a su país. Rodó ‘Tabú’ en Tahití, su último y tumultuoso proyecto.

Un 11 de marzo de 1931 perdió la vida en Santa Bárbara, California, en un accidente de coche que conducía un joven filipino de catorce años, al que, según cuenta Kenneth Anger en su ‘Hollywood Babilonia’ (Tusquets), le practicaba sexo oral. Murnau ha vuelto a ser recordado estos días porque alguien profanó su tumba, en el mausoleo número 22 de Stahnsdorf, rompió el ataúd metálico y robó su calavera. Este hecho le vincula con su querido Goya: en 1888, tras la exhumación de sus restos, el cónsul Pereira remitió una nota desde Burdeos donde decía: “Esqueleto de Goya no tiene cráneo”. Aún hoy no se sabe qué fue de él. Quizá sea más fácil saber qué pasó con el cráneo de Murnau.

 

LA ANÉCDOTA

Murnau murió en marzo de 1931 y su cadáver tardó casi un año en volver a su país. Antes fue cuidadosamente embalsamado. El rodaje de su última película fue un tormento. Le escribió a su madre y le dijo: “En ningún sitio me hallo en casa; en ningún país y en ningún lugar, ni cerca de ninguna persona”. La víspera de su adiós, un astrólogo le anticipó que perdería la vida en un accidente.

 

*La foto es de 1920.

 

 

 

ADIÓS A ANTONIO ISASI-ISASMENDI

ADIÓS A ANTONIO ISASI-ISASMENDI

El director Antonio Isasi-Isasmendi (Madrid, 1927) ha fallecido a los 90 años en Ibiza. Responsable de títulos como 'Las Vegas, 500 millones', 'Estambul 65', 'Un verano para matar', 'Rapsodia de sangre' y 'Vamos a contar mentiras', 'El perro' y 'El aire de un crimen', el cineasta cosechó premios como tres medallas del Círculo de Escritores Cinematográficos y un Goya de Honor. En su carrera, de más de seis décadas, también trabajó como guionista, editor y productor.

Isasi-Isasmendi comenzó en la industria del cine como actor de doblaje, poniendo voz a niños en los estudios Voz de España, en Barcelona. Más tarde comenzaría a trabajar como editor, encargándose del montaje de películas como El ángel gris, Canción mortal, Pacto de silencio y En un rincón de España.

Más adelante ocuparía ya la silla de director en títulos como Relato policiaco, La huida, Rapsodia de sangre, Pasión bajo el sol, Diego Corrientes, Sentencia contra una mujer, Vamos a contar mentiras, La mentira tiene cabellos rojos y Tierra de todos, esta última no muy bien recibida por el régimen franquista al humanizar y equiparar a dos combatientes de ambos bandos de la Guerra Civil.

Tras esa primera serie de títulos nacionales, Isasi-Isasmendi abrió sus miras al mercado internacional realizando películas coproducidas con otros países, como La máscara de Scaramouche, Estambul 65, Las Vegas, 500 millones, Un verano para matar y El perro, todas ellas distribuidas a lo largo del mundo con notable éxito de público, admiradas por cineastas como Orson Welles y Quentin Tarantino.

Su último trabajo como director tendría lugar en 1988 con El aire de un crimen, basada en la novela homónima de Juan Benet y candidata al Goya a mejor guion adaptado.

A lo largo de su larga trayectoria Isasi-Isasmendi trabajó con intérpretes de renombre como Lee J. Cobb, Elke Sommer, Karl Malden, Raf Vallone, Jack Palance, Olivia Hussey, Jason Miller, Lea Massari, Gérard Barray, Gary Lockwood, Horst Buchholz, Klaus Kinski, Christopher Mitchum, Fernando Rey, Francisco Rabal, Maribel Verdú, Germán Cobos y Marisa Paredes, entre otros.

Galardonado con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 2007 y la Medalla de Oro de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España en 2009, fue miembro de Honor de esta desde dicho año.

Además de su trabajo en la industria del cine, Isasi-Isasmendi escribió los libros Memorias tras la cámara y Los años grises. En el primero narraba su experiencia en el mundo del cine, y en el segundo describía su infancia en una Barcelona marcada por la Guerra Civil, además de su paso por Ibiza.

 

*Lo tomo de aquí.

ÓSCAR SANMARTÍN EN MONTEMUZO

ÓSCAR SANMARTÍN EN MONTEMUZO

Óscar Sanmartín Vargas -Zaragoza, 1972-, artista, ilustrador y diseñador gráfico con una amplia trayectoria, presenta esta retrospectiva donde, a través de más de 50 obras, entre óleos, ilustraciones y dioramas, nos acerca a su universo creativo, siempre sorprendente, fantástico y misterioso. Su obra, desde el punto de vista temático, conforma un peculiar imaginario en el que se advierten las influencias de la ilustración victoriana, el cine de ciencia ficción o la literatura de Lovecraft y Bradbury, y donde la metáfora visual constituye su epicentro. Como él mismo ha señalado en alguna ocasión "trabajo en el territorio de la metáfora visual y cualquier posibilidad de humanizar un objeto crea una metáfora que para mí es interesante. La asociación de objetos e imágenes me permite expresar ideas a las cuales, quizás, me resultaría más difícil llegar de otro modo". [Nora del catálogo.]

ÓSCAR SANMARTÍN VARGAS. Retrospectiva 1996-2017

Sala de Exposiciones Palacio de Montemuzo

C/ Santiago, 34
Teléfono: 976 721268

Del 4 de Octubre al 19 de Noviembre de 2017


LUIS FELIPE ALEGRE: UN DIÁLOGO

LUIS FELIPE ALEGRE: UN DIÁLOGO

Luis Felipe Alegre (Zaragoza, 1957) es actor y rapsoda, fundador de la compañía El Silbo Vulnerado, que tiene más de 40 años de existencia. Hace unos días le rindieron un homenaje en el ciclo 'La Puerta de los Vientos'. Aquí da algunas claves sobre su visión de la poesía. (La foto es de Vicente Almazán).

 

¿Qué te sientes, en realidad, actor, juglar, rapsoda?

Actor especializado en verso.

-¿Quién y cómo se te contagió la pasión por la palabra, y especialmente por la poesía?

 Un disco de Manuel Dicenta recitando las 'Coplas' de Manrique. Una especie de oralidad moderna.

-¿Qué tiene de particular para ti la poesía, qué te da, qué nos da?

 El nombre exacto de las cosas, como le pedía Juan Ramón Jiménez.

-¿Recuerdas cuándo te embarcaste en este oficio y cómo convenciste a los colegas?

 En general todos participamos de la creencia en el arte como arma para mejorar el mundo y comprendernos a nosotros mismos.

-¿Qué ha querido ser El Silbo Vulnerado a lo largo de los tiempos?

 Una máquina de guerra artística.

-Si tuvieras que hacer una valoración sencilla y global de la lírica española de todos los tiempos, dado que has montado desde Jorge Manrique, Quevedo o Cervantes hasta Lorca, Blas de Otero o Cernuda, ¿qué dirías, cómo es, qué contiene, por qué debes leerla?

 A todos nos gustan las aventuras ¿no? Para Salinas era una aventura hacia lo absoluto; para Homero Aridjis lo era hacia lo desconocido.

-¿Sirve para algo la poesía, es justo que le tengamos miedo?

 Conozco psicólogos que recetan libros de poesía.

-Recuerdo que hace años llevabas en los bolsillos los borradores, o primeras versiones de poetas aragoneses: Ángel Guinda, Rosendo Tello. ¿Cuál ha sido tu vínculo, tu relación con los poetas aragoneses, qué lugar ha ocupado en tu repertorio?

 Un rapsoda debe asentar en su repertorio una buena selección de poemas de su tierra. ¿Sabe? Hicimos un disco con Rosendo Tello hablando y recitando. Aquí no pasó nada, pero en Argentina es muy valorado, lo consideran nuestro mejor trabajo.

-Se ha rendido un homenaje a Leopoldo María Panero… ¿En qué ha cambiado la Zaragoza de ‘Más margen malditos’, en 1988, que montasteis vosotros, a la de hoy?

 Zaragoza, Aragón, tiene un potencial impresionante. El problema es la brecha cultural abierta por la crisis. En nuestra capital puede verse.

-¿Por qué has mirado hacia Guinea y hacia Latinoamérica? ¿Qué buscabas?

 Busco compartir acentos y aprehender cadencias.

-¿Por qué parece que El Silbo Vulnerado esté desaparecido o moribundo? ¿Qué ha significado la crisis para ti?

 La crisis ha puesto en cuarentena todos los gremios artísticos. Y no salimos, eh!

-¿Qué está pasando con la poesía que vuelve a la calle, a las tabernas, a la noche?

 Está muy bien, es un movimiento un tanto endogámico, pero siempre ha sido así. Los del Niké -Miguel Labordeta, Luciano Gracia, Manuel Pinillos, Julio Antonio Gómez, Rey del Corral, Emilio Gastón, José Antonio Labordeta, Fernando Ferreró...- tampoco se salían de su círculo.

-¿A quiénes admiras en este oficio, quiénes son tus espejos, y por qué?

 No distingo entre oficios en este tema de los referentes. Cualquier ciudadano que haga su trabajo con placer es mi espejo. Da igual camarero, taxista o profesor.

-Parece que todo el mundo quiere reconocer tu trabajo: primero el Gobierno de Aragón y ahora Andorra. ¿Cuál es tu mirada sobre tu trabajo, tu propio balance?

 Ahora no tengo tiempo para balancearme.

-¿Te atreverías a quejarte de algo, a denunciar algo, podríamos mejorar la situación del oficio de cómico de algún modo?

 Me quejo de que la enseñanza gratuita no es gratuita. Eso puede suponer que miles de adolescentes acaben en el instituto sin haber pisado un teatro, por ejemplo.

-Recuérdanos tus tres poemas favoritos.

“Yo escucho los cantos de viejas cadencias…” de Antonio Machado, 'Poética' de Rosendo Tello, "Abrir el mar con llaves de ceniza / expresa simplemente lo que dice: / “Abrir el mar con llaves de ceniza ,  y 'La comunidad' de Gil Albert.

 

'LITORAL' ANALIZA LA LOCURA

'LITORAL' ANALIZA LA LOCURA

‘LITORAL’ ANALIZA LA LOCURA

 

Goya, Antonio Saura, Dino Valls y Susana Blasco participan en un cuidado número sobre la dolencia y sus vínculos con el arte y la literatura

ZARAGOZA. La locura es uno de los grandes temas de la creación: el hombre que enloquece, como Don Quijote y que va por el mundo con su insondable lucidez, el artista loco, las descontroladas formas del caos y de la enfermedad que dan lugar a la transgresión, la rebeldía, el inconformismo, la posesión, la paranoia, la destrucción y su reverso, la melancolía, y por supuesto, el amor, que desemboca a menudo en locura de amor. A todo ello, la cuidadísima revista ‘Litoral’, que dirige Lorenzo Saval y que fundaron los poetas e impresores Manuel Altolaguirre y Emilio Prados, publica uno de sus espectaculares monográficos sobre ‘La locura. Arte & literatura’, casi 300 páginas donde conviven la poesía, el ensayo, el relato y los aforismos con cuidadas ilustraciones: óleos, dibujos, grabados, fotografía, collages, etc.

Es precisamente en el terreno de las imágenes donde es importante la presencia de cuatro autores aragoneses. Francisco de Goya -que en cierto modo encarna al artista loco como el Bosco, Gericault, Van Gogh o Bacon, por citar a algunos que aparecen en ‘Litoral’-, ilustra con dos cuadros, ‘El patio de una casa de locos’ (1794) y ‘Casa de locos’ (1812), un fragmento de ‘El pabellón nº 6’ de Antón Chéjov, que aborda uno de los grandes epígrafes del número: los manicomios. Aquí aparecen varios textos de Leopoldo María Panero, uno se titula ‘Los manicomios o la fábrica de la locura’, y Jorge Alemán firma una ‘Evocación de Panero (Presencia de Panero)’.

Antonio Saura fue un maestro no solo en la pintura sino en ilustrar libros. Lo hizo a su modo y fue capaz de ponerle sus líneas ensortijadas a Baltasar Gracián, Camilo José Cela, Carlo Collodi o San Juan de la Cruz. También ilustró los dos volúmenes del Caballero de la Triste Figura. Se reproduce un dibujo de 1987 y se ve, a la perfección, la eficacia y el sentido de síntesis del artista oscense. El Quijote protagoniza en buena medida uno de los artículos más atractivos del conjunto: ‘Melancolía española’, que firma Andrés Trapiello.

El pintor zaragozano Dino Valls explora las psicopatías y los desvíos del alma. Ilustra con su retrato ‘Silentium’ (2014) un artículo de Amalia Rodríguez Monroy sobre ‘El silencio’, donde se habla de la poeta norteamericana Emily Dickinson, “que nos asoma a la intemperie y la soledad del afuera”, y del autor francés Michel Foucault, que escribió: “Todo ser que habla hace uso, al menos en secreto, de la absoluta libertad de estar loco”. En esa misma pieza se incorporan tres collages de la diseñadora y artista zaragozana Susana Blasco de la serie ‘Antihéroes’, que se pudieron ver en el Centro de Historias. Valls, con una de sus piezas más complejas, ‘Dies Irae’ (2012), acompaña el poema ‘Hipocondría’ de Virginia Aguilar, que empieza así: “Conozco muy bien mis males, y por eso / sin número, / sola, me diagnostico / enfermedades muy sofisticadas”.

Se analizan otros temas como el extravío de la razón –donde figuran algunos locos egregios como Robert Walser, Virginia Woolf, Nietzsche, Kafka o Pessoa–, la alteridad, la tempestad de las almas, los soñadores de la razón perdida, las pasiones más desgarradas, el suicidio y la muerte. La locura es tan antigua como el hombre, ya Platón o Aristóteles escribieron de ella. Isaac Newton ofrece una dimensión abierta de esta dolencia tan enigmática: “Puedo calcular el movimiento de los cuerpos celestes, pero no la locura de la gente”.

 

 

*Este artículo apareció en Heraldo de Aragón. La ilustración es de Dino Valls, 'Silentium'.

DIÁLOGO CON JORGE ASÍN, ACTOR

 

Soy muy feliz porque trabajo en lo que quiero y eso, en los tiempos que corren, es una bendición. Yo voy conquistando sueños, así que agacho la cabeza, sonrío y tiro hacia adelante”. Este es el estado de ánimo del actor, guionista y ex cantante de heavy metal Jorge Asín (Zaragoza, 1972), que se ha hecho popular gracias a ‘Oregón Televisión’, a su matrimonio en la ficción con Marisol Aznar y a una ya nada incipiente carrera en el cine. Acaba de participar en ‘Yucatán’ de Daniel Monzón, en ‘La tribu’ de Fernando Colomo y en ‘Los Futbolísimos’ de Miguel Ángel Lamata, y dentro de unos días empieza ‘Miau’, la segunda película de Estaregui.

-¿Recuerda desde cuándo le interesa este oficio?

-Yo he sido un niño del centro. Iba a todos los cines: Don Quijote, el Mola, el Teatro Fleta y los multicines Buñuel, donde me aficioné a los grandes cómicos: desde Woody Allen y Buster Keaton a los hermanos Marx, pero también Harold Lloyd, del que TVE emitió una serie que me interesó mucho.

-Era chico de cines. ¿Lo fue también de teatro?

-Menos. Pero mi padre, que empezó de botones y acabó de jefe de cartera del Banco Central, era muy aficionado al teatro y actuaba con una compañía amateur. Era primo del director de cine José María Forqué, y yo lo saludé de niño en la presentación de un libro sobre él. De mi padre heredé una colección de textos teatrales de Enrique Jardiel Poncela, Tono, Mihura, y los dos nos enganchábamos a ‘Estudio 1’. Recuerdo cuánto me impactó ‘Doce hombres sin piedad’. Desde niño, siempre he querido ser actor.

-Quería ser actor y empezó siendo fontanero. Y trabajó en el hotel Boston.

-Es cierto. He sido muy mal estudiante. Cuando estaba en el instituto, solo aprobé historia y literatura. Mis padres me llevaron a un psicólogo y les recomendó que me dedicase a trabajos manuales. A los 17 empecé a trabajar en el Boston. Trabajé un año. Tenía un compañero, que diseñaba los circuitos y tuberías, y dormía todos los días con aquellos planos. Me impresionaba.

-¿Qué pasó luego?

-Me fui a la mili y volví, primero a la Escuela-Taller de Veruela y luego a la Plaza de Toros, y después me incorporé a mi empresa. Siempre había alguien que te empujaba hacia la escena. Una novia, mientras ejercía de fontanero, me llevó a unos cursos en el Teatro de la Estación. Sería hacia 1996. Y un día, uno de nuestros profesores, el actor Miguel Pardo me dijo si quería trabajar en un grupo de teatro infantil La Carrucha. Dije que sí, claro. Y allí recibí mi primera nómina en el mundo del espectáculo.

-Había oído que también pasó por la Escuela Municipal de Teatro.

-Sí. Me apunté a los 28 años. Tenía dos años de paro, y con el subsidio pude sobrevivir en ese tiempo. Mariano Bartolomé me invitó a hacer monólogos en el Juan Sebastian Bar. Un día un señor mayor nos dijo: “Como no cobráis nada y nos hacéis reír tanto, os hemos comprado unos billetes de lotería”. Y nos tocó. A mí, 6.000 euros, y con aquel dinero pude acabar el tercer curso en la Escuela Municipal de Teatro. La lotería ha sido fundamental en mi vida. Ya lo irá viendo, ja, ja, ja. Poco después, justo cuando Javier Coronas dejó la tele, Marisol Aznar, a quien ya conocía, me dijo si quería probar en ‘Qué viene el lobo’.

-Y conoció a Félix Zapatero.

-Siempre digo que es mi padre artístico. Es un hombre que siempre va más allá: una figura fundamental de la televisión del cine y de la televisión en Aragón. Me hizo la prueba, le gustó y hasta ahora: primero en ‘Qué viene el lobo’, luego en ‘Vaya Comunidad’ y desde hace doce temporadas en ‘Oregón televisión’ con ese equipo extraordinario de actores y amigos con los que reivindico sin complejos el humor y el acento aragonés. Félix Zapatero fue el primero en darse cuenta de que todo Aragón es un plató de cine.

-De golpe dio el salto a la gran pantalla.

-Aragón ha vivido estos años un período importante de apoyo al mundo audiovisual y está dando sus frutos ahora. Empecé con Alejandro Cortés, en ‘Refugios’, donde hice un cameo. Y luego me llamó Ignacio Estaregui para ‘Justi&cia’, aunque la primera gran oportunidad me llegó con ‘Bendita calamidad’ de Gaizka Urresti. Allí era protagonista con Nacho Rubio y aprendí muchísimo del cine. Lo más complicado en el set es saber de dónde vienes y a dónde vas, o que hoy estás rodando una cosa que aún no le ha pasado al personaje… Aprendí muchísimo. Me impresionó Álex Angulo, educado, sabio, todo un caballero. Me dijo. “En esta profesión se empieza desde cero en cada proyecto”. Y lo tengo muy presente.

-¿Cómo dio el salto para trabajar con Daniel Monzón?

-Dos de las grandes directoras de castin de España, Eva Leira, hija de Manuel Carmena, y Yolanda Serrano, zaragozana, me vieron en la película de Gaizka Urresti y se fijaron en mí. Y me llamaron para ‘Villaviciosa de al lado’ de Nacho García Veilla, que giraba en torno a la lotería. Fue una experiencia muy bonita y coral. Me entendí muy bien con el equipo y con García Velilla. Y ellas, Eva Leira y Yolanda Serrano, también fueron claves para que me llamase Monzón. Me vio y le gusté.

-¿Como son la película y su papel?

-La lotería ha sido básica en mi carrera. Esta es la historia de un hombre al que le toca la lotería, el euromillón. Tiene tres hijas, y yo soy el marido de una de ellas. Ha leído que ocho de cada diez agraciados son infelices, y decide, para cambiar la suerte, invitarlas a un crucero. Viajamos en un transatlántico que recorre Francia, Italia, las cosas españolas, etc., y también estamos en Brasil y México… Casi he dado la vuelta al mundo.

-¿Cuál ha sido su relación con Monzón?

-Es una de las mejores personas que he conocido nunca. Es inteligente, lo lleva todo en la cabeza, pero trabajando es divertido, cariñoso, alegre. Yo creo que esta película, que se parece al cine de aventuras de Hollywood de los años 50, va a pegar fuerte. Tiene personajes, acción, viajes, e incluso hay muchos musicales. Lo que más me impresionó de él es que cuando leíamos el guión se reía y se divertía como un niño de ocho años, con gestos, voces, risas constantes. Todos nos partíamos, salvo Luis Tosar, que ya lo conocía. Con un director jasco, duro, esa película no se habría podido hacer.

-¿Y su trabajo en ‘La tribu’ de Fernando Colomo?

-Es más pequeño, de secundario, casi podríamos decir que de figurante con frase. En ‘Miau’, de Estaregui, mi papel será más importante. En ‘La tribu’, de Colomo, soy el marido de Marisol Aznar. La película cuenta la historia de un grupo de madres que llevan a sus hijos a clases de hip hop y deciden apuntarse. Llevo muchos años trabajando con Marisol Aznar, y estoy acostumbrado a todo, posee un talento natural desbordante, pero aquí ha hecho un trabajo impresionante y aquí, además, baila. Colomo es un tipo encantador, sabio y afectuoso.

-¿Alguna sugerencia de futuro?

-Soy un loco de los cómics y soy ‘marvelita’. Ellos suelen recordar la gente que hace posible cada cómic, cada película. Los cineastas deberían hacer lo mismo y poner: “en esta película han trabajado 100, 1000, 2500 personas”, para que nuestros políticos y gestores vean que en caso de que no les interese el arte, el cine es una gran industria.

*La foto es de 'Heraldo'.

'LA PIEL DEL DISCURSO MÉDICO', EN HUESCA

'LA PIEL DEL DISCURSO MÉDICO', EN HUESCA

'LA PIEL DEL DISCURSO MÉDICO'. SEMINARIO Y MUESTRA
Directores: Javier Codesal y Montserrat Rodríguez Garzo
'Caerán las almas de las pieles'
Sala de exposiciones de la Diputación de Huesca. 8 de septiembre al 22 de octubre de 2017.

'La piel del discurso médico'
Seminario Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Sede Pirineos. Salón de actos de la Diputación de Huesca. 21 a 23 de septiembre de 2017.

El proyecto 'La piel del discurso médico' consta de una exposición, un seminario interdisciplinar y una publicación. La exposición se titula, a partir de un verso de Vladímir Maiakovski, 'Caerán las almas de las pieles' y se presentará el 8 de septiembre en la sala de exposiciones de la Diputación Provincial de Huesca. El seminario conserva el título genérico del proyecto, La piel del discurso médico, forma parte del programa de la UIMP. Sede Pirineos
Lo más característico de 'La piel del discurso médico' es este dispositivo doble, discursivo y expositivo, que articula la producción teórica con la presentación de obras de arte para explorar la relación de los lenguajes artísticos con fenómenos y síntomas médicos o psicológicos.
La piel del discurso médico es, pues, una propuesta que atañe tanto al saber médico (dermatológico y psiquiátrico), al psicoanalítico y al que generan la historia del arte y la estética. La hipótesis de partida, pensada con la teoría psicoanalítica, es que el fenómeno psicosomático y la obra de arte comparten ciertos rasgos que, al explorarlos, arrojan luz sobre los dos ámbitos: el del arte y el de la medicina. Eso explica el interés en articular producciones discursivas (científicas, psicoanalíticas y estéticas) que no participan del mismo fundamento (difieren en su finalidad y procedimientos) pero trabajan sobre las mismas manifestaciones somáticas. [Nota y fotos por cortesía de Teresa Luesma.]

Dos obras:
1. 'Días de sida' de Javier Codesal.
2. 'El nido' de Pepe Espaliu. 1993.

UN SIGLO DE ROBERT MITCHUM

UN SIGLO DE ROBERT MITCHUM

Robert Mitchum (Brigdeport, Conneticut, 1917-Santa Barbara, California, 1997) fue uno de los actores más escurridizos e impenetrables de la historia de Hollywood. Y también uno de los más grandes: hierático en apariencia, sobrio, lacónico e ingenioso. Tenía un sentido humor especial; solía decir, como si siempre quisiera quitarse importancia: “Nunca he cambiado, excepto de calcetines y de ropa interior”. Encarnó el buscavidas rebelde e inestable, capaz de recorrer el país en tren, barco o avión para encontrar un lugar en la tierra más que en el cine. En otra ocasión, se retrató así: “Soy capaz de cualquier cosa”. En las películas hizo de todo: se especializó en la películas del oeste, en las series de ‘Hopalong Cassidy’, y dio lo mejor de sí mismo en el cine negro, especialmente en películas como ‘Retorno al pasado’ de Jacques Tourneur y ‘La noche del cazador’ de Charles Laughton; ahí encarnaba a un hombre sombrío, trasunto del demonio, capaz de llevar escrito en los dedos de la manos las palabras ‘hate’ (odio) y ‘love’ (amor) y planear, sin escrúpulo alguno, una pesadilla, una venganza, la semilla del pánico.

Siempre fue rudo, dado a la gresca. Su padre, operario de trenes y astilleros, falleció cuando él tenía dos años. Su madre, de origen noruego, intentaba atemperar su violencia leyéndole poesía y enseñándole a dibujar. Pese a ello, él prefería la reyerta, cruzarse la cara con sus compañeros. Se quedó huérfano pronto y decidió probar suerte: se subió a un tren y realizó diversos trabajos aquí y allá. Fue minero, estibador, portero de viviendas, dependiente de ultramarinos, y boxeador. Intentó ser pugilista profesional. Se suele decir que su rostro inexpresivo y soñoliento, entre desdeñoso y displicente, se le quedó así tras recibir algunos golpes. A los 16 años, en uno de sus viajes a Savannah, Georgia, fue arrestado bajo la acusación de vagabundo. No sería la única vez: en 1948, cuando ya era famoso, le detuvo la policía con marihuana y le encerraron 43 días en prisión en Castaic, Califonia. Robert Mitchum encarnaría al actor más taciturno que soñador, enigmático y enfadado, de palabras justas, arisco, de esos que incomodan un tanto a su interlocutor porque están siempre envueltos en silencio.

Conoció a una joven, Dorothy Spence, con la cual acabaría casándose. Tendrían tres hijos y nunca se separaron, aunque Mitchum, el perfecto antihéroe en la vida y el cine, iba y venía. Mitchum cosechó numerosos elogios de actrices como Joan Collins, Jane Russell o Deborah Kerr, con quien trabajó varias veces, y se dice que vivió romances más o menos episódicos con Ava Gardner y Rita Hayworth, aunque su gran pasión fue Shirley McLaine: trabajaron juntos en ‘Cualquier día en cualquier esquina’ (1962), de Robert Wise, y en ‘Ella y sus maridos’ (1964), de J. Lee Thompson, el director de ‘Retorno al pasado’. La relación puso en peligro la estabilidad conyugal de ambos.

Aconsejado por su hermana, se matriculó en una escuela de teatro, y un cazador de talentos lo recomendó en Hollywood. Su carrera comenzó en 1942, como especialista para montar a caballo; en 1943 intervino en 19 piezas, sobre todo adaptaciones de western. En 1946, fue candidato al Oscar, como mejor actor de reparto, por ‘También éramos seres humanos’, de William Wellman, aunque no ganó. En realidad, Mitchum no venció nunca. Ni con las ya citadas ‘Retorno al pasado’ o ‘La noche del cazador’, ni con ‘Encrucijada de odios’ (1947) de Edward Dmytryk. Ni con algunas de sus grandes películas de los 50 como sus colaboraciones con el gran Otto Preminger, ‘Cara de ángel’ y ‘Río sin retorno’, donde coincidió con Marilyn Monroe, ‘Una aventura en Macao’, de Josef von Sternberg, el pigmalión de XX, o ‘Solo Dios lo sabe’, de John Huston, con quien se entendió a las mil maravillas en algunos de sus vicios: el alcohol y el juego. Howard Hawks lo dirigió en ‘El Dorado’, donde coincidió con John Wayne, y J. Lee Thompson lo dirigió en ‘El cabo del terror’, donde era el antagonista de Gregory Peck, un rencoroso espíritu del mal. E hizo, con David Lean, un papel en ‘La hija de Ryan’. Entre otros títulos importantes se despidió del cine con Jim Jarmusch en ‘Dead Man’. En 1992 recibió el premio Cecil B. de Mille por toda su carrera y al año siguiente el premio Donostia. Dijo: "(…) empiezas a trabajar a las nueve, acabas a las cinco y te pagan los viernes. Si tenemos en cuenta que una de las grandes estrellas de este oficio ha sido Rin-tin-tín, tampoco es para presumir de nada”. Fue entonces cuando, casi por sorpresa, recibió la llamada de Eduardo Vijil, Inés Monreal y Santiago Echandi, de la revista ‘El Híbrido’ de Zaragoza, y respondió. Fue de las pocas veces donde desmintió uno de sus asertos: “Sencillamente oponte”. Esa vez habló con su voz cavernosa. Poco después moriría de cáncer.

 

ECOS DE ‘EL HÍBRIDO’

El monográfico de ‘El Híbrido’, dedicado a Robert Mitchum, fue el segundo número de la revista y marcó una nueva línea de la publicación, que solía tener carácter anual: a partir de entonces publicó monográficos sobre la novela negra o los mares del sur, entre otros asuntos. Eduardo Vijil, uno de los directores de la publicación, contó y recontó muchas veces la entrevista con Mitchum. Encontraron el teléfono de una productora o de su propia casa en una revista y probaron suerte. Llamaron desde Zaragoza y aquel hombre levantisco, de carácter voluble e impredecible, respondió primero con sorpresa y luego con interés. Y se entregó al diálogo. Fue una de las integrantes de la publicación, Inés Monreal, quien dialogó con el protagonista de ‘Adiós, muñeca’ de Dick Richards. Estuvo amable, encantador, de una amabilidad insólita, recorrió su carrera, sus películas y las claves de la interpretación, y pidió que le enviasen la revista. Fue como un milagro.