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Antón Castro

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INMA DE SANTIS: NIÑA DE OJOS DE MAR. UNA ELEGÍA

INMA DE SANTIS: NIÑA DE OJOS DE MAR. UNA ELEGÍA

[La actriz Inma de Santis ha aparecido en varias ocasiones en este blog. Nació en 1959 y falleció de accidente en 1989, poco después de estrenar su primer corto: Eulalia. Hace algún tiempo se creó una página dedicada a su memoria: inmadesantis.blogspot.com, alimentada a diario con pulcritud, elegancia y mitomanía. En ese blog aparece este poema que le dedicó António Marqués-López, un Ferroviario portugués, en la versión original y en la traducción.]

 

À memória de Inma de Santis
A MENINA DE OLHOS DE MAR
António Marqués-López

Foste a beleza duma rosa,
tal qual breve e primorosa,
que à noite está à findar;
foste a luz do firmamento,
cabelos loiros ao vento,
menina de olhos de mar.

Foste rainha dum lindo sonho,
teu olhar foi um céu risonho,
tu vida, um filme à principiar;
foste misto de mel e de alegría,
de perfume e de simpatía,
menina de olhos de mar

Em quanto a sorte invejosa
levou-te a vida corajosa,
já não é possivel chorar.
És pomba de liberdade,
que voa sempre à vontade,
menina de olhos de mar.

(viola e guitarra)
Onde está a felicidade?
só nos deixas-te a saudade,
menina de olhos de mar.

Madrid, 27 de agosto de 2008

Um forte abraço
El Ferroviario Portugués

 

 

A LA MEMORIA DE INMA DE SANTIS
NIÑA DE OJOS DE MAR

Fuiste la belleza de una rosa,
como ella, breve y primorosa,
que en la noche se acaba,
fuiste luz de firmamento,
cabellos rubios al viento,
niña de ojos de mar.

Fuiste reina de un lindo sueño,
tu mirada un cielo risueño,
tu vida, una película empezando,
fuiste mezcla de miel y de alegría,
de perfume y de simpatía,
niña de ojos de mar.

Y mientras la suerte envidiosa
te quitó la vida valiente
ya no puedo llorar.
Eres paloma de libertad,
que vuela a donde quiere,
niña de ojos de mar.

(guitarra)
¿Dónde está la felicidad?
sólo nos dejaste nostalgias,
niña de ojos de mar.

Ferroviario Portugués

 

PEQUEÑO HUECO: ADIÓS AL GATO LUCKY. Por PIPPI TETLEY

PEQUEÑO HUECO: ADIÓS AL GATO LUCKY. Por PIPPI TETLEY

Pequeño Hueco

Hoy ha sido el último día de la vida de Lucky. Ha aparecido muerto ahogado en la piscina (la misma a la que se acerca demasiado en la foto). Sara me ha llamado para darme la noticia. Ha dicho que había gastado sus siete vidas. Yo le he dicho que en inglés los gatos tienen nueve vidas, ella ha dicho que en Francia también. Qué pena que fuera español, ha dicho.

La verdad es que el mundo me parece un poco más vacío sin ese pequeño gato con daños cerebrales y ojos azules del mismo tono del agua en la que ha encontrado su fin. Hice esta foto hace dos semanas, sin saber que sería la última. Mis padres llegan el sábado, y van a conocer a Daniel, mis amigos y su familia, pero también tenía ganas de presentarles a Lucky. Ahora no podré.

Adiós, Lucky. Te echo de menos.


A Little gap

Today was the last day of Lucky’s life. He was found drowned in the swimming pool (the very one he is sitting too close to in the photo). Sara called me to give me the news. She said he had used up his seven lives, I told her that in English cats have nine lives, she said that it is the same in France. What a shame he was Spanish she said.

The truth is I feel the world is a little emptier without this mentally damaged little cat with eyes the same shade of blue as the water in which he met his end. I took this photo two weeks ago, not knowing it was to be the last. My parents arrive on Saturday and as well as meeting Daniel, friends and his family, I also was looking forward to introducing them to Lucky. Now I cannot.

Goodbye Lucky. I miss you.

 

PETISME, RETRATADO POR JOSEMA CARRASCO

PETISME, RETRATADO POR JOSEMA CARRASCO

Interpretación al retrato de Ángel Petisme, realizada por Josema Carrasco.

LINA VILA: RETRATO DE UNA MUJER CON BESTIAS

LINA VILA: RETRATO DE UNA MUJER CON BESTIAS

Lina Vila tuvo una certeza inmediata tras recibir su primera caja de colores. En la cocina, alguien le oyó decir: “De mayor querré estudiar Bellas Artes”. Así lo hizo. Con ese ímpetu que la caracteriza, con una determinación de seda y hierro. Así es Lina casi siempre: seda y hierro. Frágil, acaso de agua y temblores, modelada por dentro y por fuera con tierra sedimentada por la luz y la mudanza de las estaciones, y fuerte e indomable como el hierro: tenacidad, piedra pura, determinación de ser contra viento o marea, o mejor aún, en el centro mismo de la tempestad.

Desde aquella intuición infantil, Lina Vila no ha parado: estudió tal como había soñado en Barcelona, asistió a las clases del acuarelista José Luis Cano Peñarroya, realizó cursos de grabado con Alicia Vela, en un tiempo en que sus artistas preferidos bien podrían ser Toulouse-Lautrec y Goya, en un tiempo en que el arte y las imágenes fluían como un arroyo incesante de ideas, de conceptos, de técnicas, de estremecimientos. En esa travesía de formación, Lina acudió a un curso de postgrado, y las prácticas consistían en ir al zoo de Barcelona a dibujar animales, a copiar contornos, ojos, la atmósfera de reclusión y, sobre todo, la potencia casi sobrecogedora del animal. Quizá entonces también aprendió algo más: aquellos seres salvajes y prisioneros, observados a diario por la mirada estupefacta de tantos visitantes, estaban tan desvalidos como aparentaban. Estaban desvalidos como cualquier ser humano.

La evolución de Lina Vila la llevó a la Casa de Velázquez y a otras experiencias. Siempre ha sido una pintora en el camino, una dibujante en el estudio. Uno de los proyectos que definía ya su personalidad fue La vida y sus sombras, una muestra variada y amplia que era una meditación sobre la memoria, la vejez, su propia abuela Juana, y la conquista de un espacio de intimidad. En una ocasión, me dijo Lina: “Crecí con mi abuela materna, Juana, la vi envejecer, la vi morir. Fue una persona muy especial para mí. Creo que todas las obsesiones de esa muestra venían de ahí. Era ciega. La dibujaba constantemente, cientos de veces incluso. Era mi modelo más constante. Y la conciencia de la finitud me ha llevado a reflexionar sobre el paso del tiempo, la vejez, las herencias inmateriales, los lazos de la memoria”.

Otra muestra que expandía la gran sinfonía del cuerpo doliente, por decirlo así, fue Me llamo rojo, que era la síntesis de sus dos años en la Casa de Velázquez y que se exhibió en 2004 en el monasterio de Veruela. Tenía algo de mirada al frenesí del propio cuerpo con la artesanía de una criatura que exhibe sus cicatrices y que borda, puntada a puntada, su propio corazón. En una ocasión, dijo: “El cuerpo es un gran laboratorio de miedos”. Y en 2006, en el Museo de Albarracín, Lina Vila dio un paso más: encaminó sus pesquisas sobre la relación entre el cuerpo y la naturaleza, el cuerpo y la flora arborescente, el cuerpo y la tierra, y así tejía, como Frida Kahlo tal vez, su propio mapa de los sentimientos, el torbellino orgánico de sus emociones. Aquella muestra de Albarracín tenía un apéndice fundamental: unas piezas minúsculas, rebosantes de color, que se alzaban sobre una maleta de madera y que representaban algo que le obsesiona a Lina Vila: el dolor. Que le obsesiona, o que se le escapa como una sierpe o una corriente de aire, y llega al centro nuclear de su producción. El dolor explícito, el dolor sugerido, el dolor que envuelve la existencia y se pega al cuerpo, el dolor que zarandea una y otra vez con la furia del escorpión.

         Quizá hasta entonces los animales habían tenido una presencia particular en la obra de Lina Vila. Y de golpe, como quien se zambulle en los bestiarios mediales, como quien redescubre aquellas alimañas en cautividad del zoo, la artista empezó a pintar animales: animales con ella, animales junto a un cuerpo que era el suyo, animales en plena naturaleza, una veces invernal y casi metafísica, otras veces de exuberante primavera. Todo ese trabajo, ese gran ejercicio plástico de variaciones sobre un tema o de oscilaciones del rojo carmín y sus heridas, cristalizó en dos muestras: Animales conmigo, que se vio este mismo año en la galería de Mario Campos, y en Consejos de madre, más amplia aún, que se colgó poco después en el Espaciovalverde de Madrid. De entrada, hay que decir algo: el universo de Lina Vila se ensanchó con una fuerza enorme y con una espléndida y variada iconografía que tenía en el dominio del dibujo uno de sus repentinos destellos. De esa copiosa e intensa labor derivó otra pequeña colección de piezas para una colectiva en Aragonesa del Arte. Lina Vila ha dicho una y otra vez que esa obra había nacido de un período convulso, de una etapa de crisis: crisis consigo mismo en primer lugar, crisis de amor y creación, crisis con el otro, crisis con el mundo, crisis con los padres, Pedro Vila y María García, que tanto le han influido, y que siempre han estado ahí, literalmente fascinados por su quehacer en continuo crecimiento.

Los animales son los otros. La bestia es el otro: el adversario, el cómplice, el amigo que se aleja, el amante del que una se aleja. Aunque Lina ha dicho que los animales no deben verse en una clave simbólica, es obvio que ella es la criatura vulnerable, la sacerdotisa, que se reúne con ellos en el corazón del bosque. Que indaga en sí misma y en ellos, que busca respuestas, que persigue sombras en la nieve, que halla sombras en la enramada. Los animales, por lo regular, bellamente dibujados, están coloreados con ese característico rojo carmín de Lina, y ella, su cuerpo menos nítido, como contorneado tras un ademán de veladura, se ha representado en blanco, gris o levemente pintada de rosa. Los animales se arriman al precipicio, contemplan un paisaje casi desolado, esperan en la fronda, acechan, miran a esa mujer –ángel, sacerdotisa, amazona de tinieblas o desolada ninfa del valle- que parece ejecutar una rara terapia del alma. Lina Vila, más que nunca tal vez, hace arte del cuerpo y de su desnudo más integral, hace arte de la vida y sus puñales, y se muestra como lo que es: vulnerable, indefensa, diana cazadora en la selva de la sangre y la luz, como un animal salvaje que olisquea la tarde, la espesura, el refugio matricial. Como un animal salvaje, inyectado de ternuras, que convive con los cuervos, las águilas y los buitres, con los alces y los ciervos, los lobos y los zorros, los guepardos y los simios, la cabra…

Animales conmigo también era, y es aquí, en Cariñena, tierra legendaria de vinos, la narración de los animales que Lina lleva dentro. El ciervo alude, y cito el Diccionario de símbolos de Juan Eduardo Cirlot, “al Árbol de la Vida, por la semejanza de la cornamenta con sus ramas arbóreas. También es símbolo de la renovación y crecimiento cíclicos”. Cirlot resalta su aspecto físico por “su belleza, su gracia, su agilidad”, y además es un animal claramente místico. Lina bien podría haber leído esta cita sobre el buitre: “…en la India, (…) el buitre aparece como símbolo de las fuerzas espirituales protectoras que sustituyen a los padres, siendo emblema de abnegación y consejo espiritual”.

Encuentro en el Diccionario de zoología en el mundo clásico, que preparó Fulgencio Martínez Saura, esta glosa de Plinio a propósito del zorro: “Según Plinio, en los países extranjeros dicen que el zorro interviene en los presagios, siendo un animal de tal sagacidad que en Tracia, durante el invierno, solo se cruzan los ríos helados por los lugares en que lo hacen estos animales, para ello, ponen su oreja sobre la superficie helada y detectan si la corriente está muy cerca o por el contrario está bajo una espesa capa de hielo, en cuyo caso se atreven a cruzar el río”. Y la traigo aquí por connivencia o proximidad con algo que presiento que está en estas obras: un aura glacial, una gelidez emotiva, un extrañamiento constante, una pugna por ser contra la escarcha de los elementos, contra los carámbanos del desamparo.

         Lina Vila habla de sus asuntos más permanentes: el sufrimiento, el dolor, la vecindad de la muerte, la imaginación y la fantasía, el cuerpo, el amor y la vida, la vida, sobre todo, que se derrama incontenible, intensa y misteriosa como una huella de felino. Si existe una pintura de sentimientos, está aquí y es ésta: la de Lina Vila, esa mujer a la intemperie de seda y hierro que se atreve a cruzar, entre bestias, el fuego y la nieve.

         Como un animal salvaje. Lina Vila. Museo del vino de Cariñena. Desde el 31 de agosto al 5 de octubre. La muestra y el catálogo rinden homenaje a Pedro Vila, padre de la artista que ha fallecido recientemente de cáncer. Pedro, empresario, poeta secreto y mecenas de mil y un proyectos, era un enamorado del Museo del Vino de Cariñena, era el que más le gustaba porque ahí, con sus piezas, veía la historia de un vida junto a los viñedos, a una vida entre sarmientos.

 

LA COLECCIÓN DE ARTE DE ANTÓN CASTRO, A MUXÍA

LA COLECCIÓN DE ARTE DE ANTÓN CASTRO, A MUXÍA

[Uno de mis dobles favoritos es Antón Castro, Antón Castro Fernández (mi verdadero nombre, según el Libro de familia de mis padres, es Antonio Rodríguez Castro), profesor, crítico, investigador y coleccionista de arte. El 24 de agosto, en vísperas de mi 49 cumpleaños, el periódico de mi niñez y adolescencia La Voz de Galicia publicaba esta noticia, que ahora ha recogido el completísimo portal www.arteinformado.com. Nunca he visto a Antón Castro, mi homónimo, hablamos dos o tres veces por teléfono, fuimos confundidos por vez primera en Venecia en el año 1989 o 1990, y estuvimos a punto de conocernos en Milán. Me habría hecho mucha ilusión presentar allí Golpes de mar (Destino, 2006), un libro de relatos que contiene algunas piezas que suceden en su pueblo, en su villa marinera de Muxía, entre ellos uno de mis favoritos del conjunto: “Una lección de fotografía”. Habría sido bonito y desconcertante haber vivido nuestra duplicidad en Italia de nuevo… Felizmente, varios aragoneses sí estuvieron en el Cervantes de Milán, cuando Antón Castro ejercía de director: Ismael Grasa y Félix Romeo. Hace poco, cuando Demetrio Peperoni organizó la exposición de Arte Español en Palermo, de la que mi paisano debió ser un asesor muy directo, vi que él a veces nos confundía. Copio este texto sobre la colección de Antón Castro y su generosidad. ]

 

LA COLECCIÓN DE ARTE DE ANTÓN CASTRO

SE EXHIBIRÁ PERMANENTEMENTE EN MUXÍA

 

 

A partir de la colección de arte donada por el crítico y comisario de exposiciones Antón Castro Fernández (Muxía, 1952) al Concello de Muxía (A Coruña), este municipio de la Costa de la Muerte con 6.000 residentes, ha anunciado que, en un plazo de un año -se habla de ponerlo en marcha en el segundo semestre de 2009- contará con un Centro de Cultura Contemporánea, un edificio en el que se ubicarán los fondos no precisados de la colección donada, además de organizarse exposiciones temporales y actividades relacionadas con el arte contemporáneo. Un centro que será financiado por Turismo, organismo dependiente de la Consellería de Industria, que correrá con los gastos de construcción del nuevo edificio, que ascenderán a algo más de 300.000 Euros.

Antón Castro, autor de una veintena de libros, es actualmente subdirector general de Patrimonio del Ministerio de Cultura y antes fue director del Instituto Cervantes en Milán. Doctor en Historia del Arte, ha ejercido la crítica de arte y la docencia en la Universidad de Vigo, además de haber comisariado más de 60 exposiciones.

Hace ahora cuatro años, la Casa da Cultura de Muxía ofreció una exposición de artistas gallegos del siglo XX propiedad del coleccionista, entre los que podían verse obras de artistas como Laxeiro, Colmeiro, Ana de Matos o Freixanes. Señalaba entonces a La Voz de Galicia que coleccionaba obras "desde hace más de 25 años, pero no todas son compradas. Algunas son regalos de los propios pintores. También tengo una colección de autores internacionales". A la pregunta de por qué eligió Muxía para exponer su colección, Castro contestó: "Nací allí, y espero que algún día se construya un Instituto de Arte".

Cuenta ahora La Voz de Galicia que "entre las obras donadas destacan las de la generación gallega de los años 80, conocida como Atlántica. También habrá artistas españoles como Antonio Saura y Luis Gordillo, entre otros, pero el muxián destaca sobre todo el espacio destinado a la realización de exposiciones temporales y actividades, que espera que cuente con programación como mínimo cuatro o cinco meses al año".

*Esta foto de Antón Castro pertenece a los archivos de La Voz de Galicia y es de 2004.

 

LE CORBUSIER, EN EL BURDEL Y EN EL ESTUDIO

LE CORBUSIER, EN EL BURDEL Y EN EL ESTUDIO

Phaidon publica una inmensa biografía de Le Corbusier, el gran arquitecto que tomó en brazos a Fernando García Mercadal, donde refiere, entre otras cosas, que era cliente asiduo de los burdeles parisinos donde dibujaba en su cuaderno escenas sexuales de mujeres que se masturbaban. A veces, pintaba así, desnudo, con esa inmensa cicatriz, en la Costa Azul.

ALBERTO CALVO, SUPERMAÑO, EN MUEL

ALBERTO CALVO, SUPERMAÑO, EN MUEL

He escrito en varias ocasiones de Alberto Calvo, Supermaño, un tipo que anda por ahí con un sinfín de ideas en una carpeta: ideas o pájaros en la cabeza. Pinta damas, hace sus historietas, anota libros, escribe, dibuja, habla solo y siempre está en el camino: en el vídeo, en el dibujo, en el delirio. Ahora acaba de estar unos días trabajando en Muel y me ha mandado una pequeña selección de sus trabajos: caras, meninas, platos. Cuelgo aquí una que me ha gustado mucho: color, trazo, luz, desinhibición, amor por la belleza y también, sospecho, amor por Picasso.

 

Alberto Calvo en Muel: toda una noticia.

LINA INAUGURA MAÑANA DOMINGO EN CARIÑENA

LINA INAUGURA MAÑANA DOMINGO EN CARIÑENA

LINA VILA, EN EL MUSEO DEL VINO DE LA D.O.  CARIÑENA

 

(Sábado, 30 de agosto de 2008).- Lina Vila, pintora zaragozana de reconocida trayectoria, expondrá  sus obras en el Museo del Vino de Cariñena a partir de mañana domingo 31 de agosto. La inauguración tendrá lugar a las 13,00 horas.

 

         La exposición lleva el título “Como un animal salvaje” y en ella “Lina Vila habla de sus asuntos más permanentes: el sufrimiento, el dolor, la vecindad de la muerte, la imaginación y la fantasía, el cuerpo, el amor y la vida, la vida, sobre todo, que se derrama incontenible, intensa y misteriosa como una huella de felino. Si existe una pintura de sentimientos, está aquí y es ésta: la de Lina Vila, esa mujer a la intemperie de seda y hierro que se atreve a cruzar, entre bestias, el fuego y la nieve”, reza el catálogo de la exposición.

 

Lina Vila nació en Zaragoza en 1970. Se licenció en Bellas Artes en la Facultad San Jorge de la Universidad de Barcelona. Fue becaria de la Casa de Velázquez de Madrid y fue seleccionada para el programa de "Arte Joven en itinerancia", promovido por Ibercaja y Gobierno de Aragón.

 

Desde 1995 ha sido protagonista de más de una docena de exposiciones individuales, y ha sido requerida por los comisarios de importantes colectivas como la titulada "Relatos/Erzählugen" que viajó a Alemania, o la más reciente "Interzonas 2006", recorrido por el arte último europeo que pudo verse en el Palacio de Sástago de la Diputación Provincial de Zaragoza.

 

         Su ya extenso trabajo ha sido definido por numerosos analistas como, por ejemplo, el escritor y periodista Antón Castro, quien ha descrito así la obra de Vila: “Lina es una de las artistas más personales de este momento en Aragón. Es una creadora que emplea un lirismo desapacible, una belleza con fisuras y cicatrices: indaga en sí misma, en el color, en la mancha, en el blanco y el rojo, en la tierra, en los sueños”.

 

La muestra se puede visitar en el Museo del Vino hasta el  5 de octubre. Es una de las muchas exposiciones temporales que organiza la Denominación de Origen de Cariñena en su sede, una antigua bodega de 1918 rehabilitada para albergar las dependencias del Consejo Regulador y una completa muestra de la historia de la viticultura en la zona y de la D.O., que celebra en la actualidad su 75 aniversario.

 

 

Horario de visitas:

Martes a viernes: de 10 a 14 h. y de 16 a 19 h.

Sábados : de 11 a 14 h. y de 17 a 20 h.

Domingos: de 11 a 14h. 

*La nota corresponde a la agencia Maaszoom y a su redactor Viriato Monterde.