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Antón Castro

Artistas

IRIS LÁZARO CLAUSURA SU EXPOSICIÓN EN LA LONJA

ENTREVISTA. Iris Lázaro. Pintora

 

“Los cuadros tienen vida

propia y dialogan contigo”

 

La pintora Iris Lázaro expone en la Lonja 40 años de trabajo: ‘Retrospectiva, 1977-2016’. Realismo y magia, paisaje y elegía. La exposición se clausura mañana día 31 de diciembre de 2016.

 

Antón CASTRO

La exposición 'Retrospectiva 1977-2016' de Iris Lázaro se inauguró el jueves 6 de octubre en la Lonja. Un montón de cartas que le dirigen sus admiradores ya se amontonan sobre la mesa; en una de ellas, manuscrita sobre un folio, se lee: “Su pintura es belleza en estado puro”. Si hay algo que a Iris no le gusta nada es teorizar sobre su pintura. Explicarse. Es una artista intuitiva que no ha hecho planes, que no se planteado retos, que se ha dejado ir a golpe de obsesiones y de tempestades íntimas. Llevaba tres lustros sin exponer en Zaragoza: lo había hecho a finales de los 90 en Cajalón con éxito y en 2001 en el Banco Zaragoza. Luego, entre 2006 y 2007 presentó una ambiciosa exposición en Soria, patrocinada por Caja Duero, que se trasladó por diversas ciudades: Valladolid, Salamanca... “Quería que vieran mi obra mis paisanos”, dice.

Todo empieza en Trébago, en Soria, donde nació en 1952. Tenía una pasión natural por el dibujo, por los trazos, por el clima más o menos mágico o especial de su universo familiar: su padre era campesino, curioso, tenía ganas de aprender, redactó un diario apasionante y le enseñaba los secretos de la naturaleza, los ribazos, las arboledas, restos arqueológicos, le contaba cuentos y le cantaba. A ella y a su hermana Berta, “que eligió la física y la química, pero también es traductora. Le apasionan las Humanidades”. Iris mira ahora, imaginariamente, hacia su madre: era modista, elaboraba sus propios patrones; y con otra tía, cosían y trabajaban para fuera, pero además hacían la ropa de casa. Quizá de verla, aquí y allá, con la tiza, las tijeras, los patrones, con el bordador, derive la pasión por los vestidos que mostrará la artista durante unos años. “Mis padres eran suaves, cariñosos, sociables, muy comunicativos. A veces me pregunto, ¿de dónde habré salido yo?”, dice desde esa mezcla de timidez y silencio que la caracteriza. Miramos, en el catálogo, el cuadro que les hizo en 1995. “Era un cuadro para ellos, para la casa familiar. Y allí estuvo, mientras vivieron, y ahí sigue. Ahora que no están me doy cuenta de que es un cuadro para mí”. Quizá sea la obra que más admiración esté despertando en la Lonja, y ya es decir.

“No sé si en Trébago empezó todo. Era mi pueblo. Mi mundo. Ni mejor ni peor que otros. Teníamos un río, el Manzano, que nacía allí, y también había un río de lavar: en aquellas piedras de losa, cuando no había nadie, cogía piedrecillas negras, azules, tizas o areniscas del fondo y pintaba en aquellas rocas donde luego lavaban las mujeres. Imagino que lo haría cuando no había lavanderas -dice-. También recuerdo algo que decían mis padres. Si querían que yo estuviese quieta, que me olvidase de dar guerra, solo tenían que darme un montón de periódicos y un lápiz con mina por las dos caras. Era mi divertimento favorito. No me enteraba del paso del tiempo”, dice.

-¿Y luego, qué paso luego? 

-En 1972 vine a estudiar a la Escuela de Bellas Artes de Zaragoza. Quería hacer una carrera rápida y elegí decoración. Allí entré en contacto con Eduardo Laborda, que ya era pintor, y me interesó la pintura. No tardamos en salir y luego nos casarnos. Creo que fue durante la Semana Santa de 1972 cuando llevé un lienzo a casa e hice un bodegón. Un bodegón clásico: con botella de cristal, con candelabro, imagino que con telas. Espero que se haya perdido para siempre. Me gustó hacerlo.

-¿Nacía ahí la pintora? 

-Probablemente. Se fueron encadenando los cuadros. Hice más y me presenté a varios premios: gané algunos, me seleccionaban para exponer, hacía individuales, me daban un poco de dinero y, poco a poco, sin un plan trazado iba creciendo. Los premios te daban confianza. Te abrían ventanas. Entonces me interesaba todo: ya hacía una pintura realista, gente que se asomaba en los escaparates, gente en los pasos de cebra, hacía paisajes de Trébago también, pero era una pintura más suelta, más expresionista en cierto modo. Y de ahí fui pasando a los vestidos: pintaba maniquíes, telas, anoraks; pintaba a las personas huecas, invisibles, si puede decirse así, con algún rasgo surrealista. Me gustaba aquel misterio. En el fondo, ni el misterio ni la inquietud me han abandonado jamás. Solía partir de fotografías y luego también de las telas, que yo tenía en casa. Y también salí a pintar del natural.

-Y de ahí pasó a los bancos y sus inscripciones.

-Fue un tema que llegó un poco por azar. Un día vi un banco de cerámica en el Canal, cerca del Cabezo Buenavista, y me interesó. Con aquellas letras rotas, interrumpidas, que producían incluso confusión en su significado, con letras que se desmandaban para aquí y para allá, quebradas, y que a veces estaban ocultas por la naturaleza. Esos bancos y esas letras de publicidad también remiten a un mundo en extinción. Supongo que debo aceptar que hago una pintura elegíaca, de la pérdida, de un mundo que desaparece.

-¿Es usted melancólica?

-Creo que no. No sé muy bien lo que es la melancolía. La pintura es lo que más me gusta en el mundo. Me hace feliz, me siento en plenitud ante el lienzo, pero también tengo que pelear duramente con él. Lucho a brazo partido. La pintura es mi pasión, es mi refugio, y es el escenario de una pugna, pero aún así la prefiero a cualquier otra cosa.

-¿La naturaleza se le fue imponiendo?

-Sin duda. De ahí, con el transcurso del tiempo, pasé a los huertos, a las flores, al universo de mi infancia en Trébago, a los días de nieve. A ese mundo fronterizo. Tampoco me lo planteé de modo consciente. Vino a mí. A veces no sabes bien si las cosas te vienen, sin son obsesiones, o se te imponen.

-Los paisajes de Soria son fríos, ásperos, nebulosos y también desolados. Y usted usa colores fríos. ¿Debemos pensar que hace una pintura fría…?

-Creo que no. Creo que soy una mujer y una pintora apasionada que utiliza colores fríos, pero con muchas gamas. En mis cuadros blancos, de nieves, hay muchos colores, variados, distintos. En mi obra hay muchos matices. Intento dominar la técnica para olvidarme de ella, pero no para hacer la pintura de un niño, como suelen decir algunos artistas contemporáneos. Yo no soy ese tipo de artista. Me interesa el color y lo trabajo. Le doy tiempo a mi obra en el lienzo.

-Más que trabajarlo, parece destilarlo, parece volverse onírico e inaprensible. ¿Manda siempre el artista en el cuadro?

-No. En absoluto. A veces el cuadro manda sobre el pintor desde el principio. Se vuelve indómito: dice cosas, te lleva por donde quiere, es exigente. Y veces te ordena más hacia el final. Sé que esto parece extraño, pero es así. Los cuadros tienen vida propia y dialogan contigo.

-¿Existen esos árboles descarnados que pinta, ese ámbito de desamparo?

-Sí, claro que sí. Creo que empezaron a interesarme de una manera muy particular a raíz de una colección de grabados que hice con dibujos a carbón. Creo que dejo testimonio de un mundo que desaparece: esos árboles que muestran sus raíces al sol, esos bosques de árboles que parecen cadáveres deshuesados existen, esas raíces están ahí. Forman parte de mi memoria. De lo que llevo muchos años viendo. Son gigantes. Ante ellos me siento diminuta. Todo ese paisaje está ah e intento darle forma. Son cuerpos misteriosos, deteriorados, decrépitos, que acusan el paso del tiempo.

-Su exposición en la Lonja se cierra con el mar. ¿Por qué?

-Porque me fascina desde siempre. He hecho como media docena de piezas. Son cuadros sin horizonte, parece que te piden que los mires de frente, como si no tuvieras escapatoria. Del mar me gustado todo: el oleaje, la música, la espuma, ese movimiento incesante, el horizonte, los cielos.

 

-Bueno, en realidad se cierra con el retrato de sus padres, fechado en 1995.

-Son ellos, claro. Les tomé fotos y posaron para mí. Vuelve a ser el mundo de Trébago, con las paredes de piedra, con las neblinas, cerca de nuestra casa. He pintado pocos retratos. Y también siento, como algunos visitantes, que es una obra especial dentro de la exposición y para mí.

-Usted hace una defensa de la pintura clásica.

-¿Por qué lo dice? Trabajo al óleo, sobre tela de grano fino, me gustan mucho las calidades, el detalle, los matices, la sutileza. Uso una pintura un poco diluida y quiero crear una atmósfera. Y me siento realista. No hiperrealista.

-Más más bien sería una realista del sueño, podría decirse. ¿A qué pintores admira?

-A muchos. Entre los clásicos a Rembrandt y Velázquez. Me encanta como pintor José Hernández, lo admiro mucho. Recuerdo su exposición de los años 80 en la Lonja: era extraordinaria. Me emocionó. Y Antonio López. ¿Mujeres? Isabel Quintanilla, especialmente. Ya le digo, muchos.

-¿Qué significa Zaragoza para usted?

-Soy de Trébago y de Zaragoza. Zaragoza es la ciudad que me acogió, que me abrió sus puertas y que me ha permitido realizarme. Es mi ciudad. Y estoy muy contenta, como lo estoy con esta muestra. No tengo expectativas ni estoy sobrecogida. No me planteo esas cosas. Disfruto. Y estoy feliz, agradecida y orgullosa de estar en la Lonja. Sin más.

 

*La foto de la pintora es de José Miguel Marco, de Heraldo.

 

 

EL VIAJE ESPAÑOL DE ANNEMARIE SCHWARZENBACH Y MARIANNE BRESLAUER

EL VIAJE ESPAÑOL DE ANNEMARIE SCHWARZENBACH Y MARIANNE BRESLAUER

El ángel de la modernidad que pasó por Huesca en coche

La escritora, viajera y arqueóloga suiza, que murió tras una caída de bicicleta, viajó a Huesca en 1933 con la fotógrafa Marianne Breslauer en su Mercedes Mannheim

 

PIES DE FOTO MARIANNE BRESLAUER / MNAC

Annemarie Schwarzenbach con su automóvil y un pastor con sus ovejas en los Pirineos. Mayo de 1933.

 

La escritora y viajera se detiene a hablar -¿en qué lengua?- con unos niños gitanos en los Pirineos. 1933.

 

 

Antón CASTRO

Roger Martin du Gard dijo que Annemarie Schwarzenbach tenía “un bello rostro de ángel inconsolable”. Thomas Mann la retrató como “un ángel devastado”. Nació en Zúrich en 1908 y murió, a consecuencia de una caída de bicicleta, en Sils im Engadin / Segl (Suiza) en 1942. Tenía 34 años y parecía haber vivido su propia existencia y dos o tres o cuatro más. Se había doctorado en Historia, escribió crónicas de sus viajes y novelas, realizó labores de arqueóloga, periodista y fotógrafa. Se casó con el diplomático Claude Carac y amó a varias mujeres, entre ellas a Erika Mann, hija del citado Nobel de Literatura, y fue amada por la escritora Carson McCullers. Annemarie Schwarzenbach está de moda en España: fue objeto de una biografía en Circe, Minúscula ha publicado algunos de sus libros y ahora La Línea del Horizonte ha rescatado ‘El valle feliz’. Lo que quizá fuese menos conocido es que esta mujer deslumbrante, que pedía “dejadme sufrir”, estuvo en Huesca el 21 de mayo de 1933.

Estos días, en el Museo Nacional d’Art de Catalunya, en Barcelona, se exhibe una exposición de la fotógrafa alemana Marianne Breslauer (Berlín, 1909-Zúrich, 2001), donde se recogen más de un centenar de fotos datadas entre 1927 y 1938, que ha comisariado Mercedes Valdivieso, autora del catálogo. La muestra consta de fotos de reportaje -de París, de Berlín, de diversos lugares de Grecia-, varios retratos, entre ellos de Pablo Picasso o Man Ray (con quien colaboró un tiempo), y uno de Annemarie, datado en Berlín en 1932, el año en que se conocieron; en sus memorias, Breslauer dijo: “Todavía recuerdo muy bien el impacto que me produjo cuando la vi por primera vez. Annemarie era –y esto lo tengo que repetir una y otra vez– el ser más bello que había visto jamás. Más tarde conocí también a Greta Garbo, cuyos rasgos faciales parecían quizá todavía más perfectos, pero Annemarie era una persona de la que a primera vista no se podía decir si era hombre o mujer”. En la muestra lo que más llama la atención son las fotos del viaje que hizo con la escritora y viajera suiza por España. Duró dos semanas, desde el 14 de mayo, en que llegaron a Gerona, hasta el 27, que partieron desde Pamplona en dirección a Lourdes.

Pamplona fue decisiva en esta odisea y era uno de los polos de atracción. Ambas tenían en la cabeza la novela ‘Fiesta’ de Ernest Hemingway, que se había vertido al alemán hacía poco tiempo. También existía otra razón: conocían ‘Un libro sobre los Pirineos’ (1927) de Kurt Tucholsky. En cierto modo copiaron parte de su itinerario y recorrieron, en un impresionante Mercedes Mannheim, que conducía casi siempre Annemarie, Gerona, Barcelona, San Sebastián, Andorra, Huesca, Pamplona, etc. Según se ve en las fotos tomadas en el monasterio de San Cugat del Vallès, Annemarie parecía confeccionar un diario en un cuaderno, donde iba tomando notas de casi todo.

A ninguna de las dos les interesaron mucho los monumentos, aunque estuvieron en Montserrat, y en cambio sí los paisajes (Breslauer captó el paso del coche por los desfiladeros) y la vida cotidiana de la gente: niños, colegialas, jóvenes en el puerto, bañistas y un grupo de gitanillos que hacen pensar en algunas obras de Ricardo Compairé.

Las fotos más oscenses de la muestra son la de Annemarie, con su buzo claro, al lado de su coche y un pastor con su rebaño. Todo un exotismo y diálogo entre modernidad y tradición. Otra es de unos niños que se acercan a hablar con ella en el coche. ¿En qué lengua lo harían? Schwarzenbach los retrata “como criaturas desamparadas, sucias, envueltas y ocultas con extraños andrajos, con cabellos rizados y miradas tristes y graves, impropias de unos niños”. Hay una tercera foto de una construcción típica del Altoaragón con su característica chimenea. No se alude a Huesca explícitamente, sino genéricamente a los Pirineos. La escritora, un tanto desolada por lo que veía, expresó un deseo: “Con la República seguro que cambiarán las cosas”.

 

*Annemarie Schwarzenbach en el objetivo de Marianne Breslauer en los Pirineos, cerca de Huesca.

 

LAS VÍCTIMAS RECUPERAN EL ALMA

LAS VÍCTIMAS RECUPERAN EL ALMA

[Texto de Víctor M. Juan Borroy, escritor y pedagogo, que leyó el pasado martes en la presentación del libro, en dos volúmenes, ’Todos los nombres. Víctimas y victimarios (Huesdca 1936-1945)’, el trabajo de casi toda una vida donde las víctimas "han recuperado el alma".]

 

 

Un monumento a las víctimas

 

Víctor Juan

 

Víctor Pardo y Raúl Mateo (2016),

Todos los nombres. Víctimas y victimarios (Huesca 1936-1945).

 

 

Todos somos conscientes de que hoy, aquí y ahora, estamos viviendo un momento histórico. Gracias a Raúl Mateo Otal y a Víctor Pardo Lancina estamos participando en este salón de actos de la Diputación Provincial de Huesca de un momento que siempre será recordado. Vamos a poner palabras donde durante décadas solo ha habido silencio y olvido. Vamos a transitar por caminos desconocidos, intuidos por muchos de nosotros, y ahora perfectamente delimitados por Todos los nombres. Víctimas y victimarios (Huesca, 1936-1945), una precisa cartografía del horror y de la memoria, de la miseria del ser humano y también de la dignidad que de vez en cuando nos caracteriza.

Raúl y Víctor son sobradamente conocidos en la ciudad, pero voy a permitirme decir dos cosas de ellos. Víctor y Raúl son dos ángeles buenos que velan en la ciudad por la conciencia de todos. No les guían más intereses que la verdad y la justicia. Y eso, en los tiempos que corren, ya es revolucionario. Estos proyectos en los que con frecuencia se embarcan les hacen perder dinero, invertir en quimeras el tiempo que les roban a sus familias, a sus amigos y a sus aficiones. Incluso es posible que estos trabajos les hagan ganar enemigos. Ellos saben –como escribía Ramón Acín- que quizá alguna puerta se les cerrará o que alguien les negará el saludo. Pero su compromiso está por encima de todas estas circunstancias.

Raúl y Víctor trabajan lejos de la academia y de sus servidumbres. Esto entraña ciertas dificultades, pero asegura que no tienen intereses al margen de la propia investigación, que sus trabajos no son un medio para conseguir otra cosa sino que son un fin en sí mismos.

Raúl y Víctor son ciudadanos, ciudadanos valientes. Ellos, con la colaboración de otras personas, han hecho de Huesca una ciudad más hermosa. Se hermoseó la ciudad cuando se le retiraron a Francisco Franco los honores que el ayuntamiento de Huesca le había concedido en los primeros años cincuenta. Por eso el dictador ya no es ni hijo adoptivo ni alcalde perpetuo de la ciudad. Lo de recuperar los regalos que en aquella ocasión se le hicieron (un escudo de oro y diamantes valorado en 16.500 pesetas de las de 1952 y un pergamino) ya es arena de otro costal. Víctor y Raúl trabajaron para hacer realidad en 2004 el homenaje a Ramón Acín y a Conchita Monrás o, más recientemente, el «Memorial a los fusilados en Huesca», el proyecto que recuerda en las tapias del cementerio el nombre de los 548 seres humanos que fueron asesinados. Si en cada ciudad hubiera media docena de personas como Raúl y Víctor, aunque nos conformaríamos con que hubiera tan solo una, tendríamos un país más justo y más decente.

Raúl y Víctor han trabajado en la redacción de Todos los nombres escrupulosamente, es decir, con honradez y rectitud, con exactitud y esmero. Han trabajado sin desmayo. Le han dedicado a este libro el tiempo, la ilusión y la inteligencia que un proyecto de tal envergadura les pedía. Por eso su dedicación me recuerda el espíritu con el que trabajó María Moliner en la elaboración de su Diccionario de uso del español y que ella misma resumía en la presentación de la primera edición con estas palabras:

«Por fin, he aquí una confesión: la autora siente la necesidad de declarar que ha trabajado honradamente; que, conscientemente, no ha descuidado nada; que, incluso en los detalles nimios en los cuales, sin menoscabo aparente, se podía haber cortado por lo sano, ha dedicado a resolver la dificultad que presentaban un esfuerzo y un tiempo desproporcionados con su interés, por obediencia al imperativo irresistible de la escrupulosidad; y que, en fin, esta obra, a la que, por su ambición, dadas su novedad y complejidad, le está negada como a la que más la perfección, se aproxima a ella tanto como las fuerzas de su autora lo han permitido».

Este libro no habla del pasado. Somos lo que hemos sido. El pasado no está detrás de nosotros. El pasado lo tenemos siempre ante nosotros. Somos estos nombres y la injusticia del silencio, y el dolor y ahora también somos la luz que proyecta este libro. En 1992, cincuenta y seis años después del inicio de la Guerra Civil, diecisiete años después de la muerte del general Franco, Julián Casanova coordinó al grupo de investigadores de la Universidad de Zaragoza que publicó El pasado oculto, una gran base de datos sobre los asesinados en Aragón. Tuvimos que esperar mucho tiempo para poder escribir la relación de los otros muertos, los nombres que no figuraron en monolitos o en las fachadas de las iglesias. Aún hoy es necesario escribir sus nombres y alimentar la memoria. Muy cerca de Huesca, en Lasieso, encontramos un ejemplo evidente de estos agujeros negros por los que desaparecieron los nombres y la historia de los perdedores. En el frontal de la fachada de la antigua escuela puede leerse «Escuela Nacional Mixta…» y hay un nombre borrado. Alguien picó la piedra. Afortunadamente, sabemos que falta el nombre de Ildefonso Beltrán Pueyo, el inspector de escuelas y diputado por el Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936.

Ante el recuerdo de las víctimas, ante la constatación del horror,  es imposible no preguntarse cómo fuimos capaces de estas atrocidades, cómo la gente común pudo tolerar que se asesinara impunemente a sus vecinos, a sus compañeros de trabajo, a sus familiares y a sus amigos… Cómo pudieron seguir viviendo conociendo a los asesinos… En No se fusila en domingo, las magníficas memorias del médico Pablo Uriel en las que cuenta cómo vivió la guerra civil en Zaragoza y Belchite encontramos la respuesta. En la gente se instaló un pensamiento perverso, deshumanizador: no son como nosotros –se repetían–, son malos, merecen morir. Este pensamiento está reflejado en la actitud de una monja joven, la hermana María, dulce en el trato con los enfermos, persona a la que Pablo Uriel conocía desde antes del inicio de la guerra y a la que consideraba una mujer bondadosa.

«La hermana María entró como una tromba. Su hermoso rostro expresaba una emoción exaltada.

-¡Ay, Dios mío! Acabo de pasar por la sala de disección; por lo menos hay doscientos muertos. ¡Es horrible! Y hasta hay mujeres y niños.

Al comprobar que todos la mirábamos, asombrados y silenciosos, se ruborizó, bajó la vista y dijo unas palabras que no se me olvidarán nunca:

-¡Dios mío! ¡Cuánta gente mala hay en el mundo!» (Uriel, 2005, 208-209).

 

Víctor y Raúl humanizan en este libro a las víctimas. Sabemos que tenían madre, amigos, tenían proyectos, se enamoraban, a veces estaban tristes y se sentían solos, peleaban por sus sueños. Eran exactamente igual que nosotros. Tenían una vida exactamente igual que la nuestra, transitaban por las mismas calles por las que nosotros paseamos, las calles en las que juegan nuestros hijos, por las que caminamos con prisa cuando vamos a trabajar, las calles por las que deambulamos distraídamente mientras conversamos con nuestros amigos… Hasta que no se asume que los protagonistas de la historia son exactamente igual que nosotros, es imposible entender nada.

Todos los nombres es un libro de luz y de paz.

Este libro nos devuelve el alma de las víctimas, no en su sentido metafísico sino en su sentido etimológico. El alma es la palabra sagrada. Y no hay palabra más sagrada que el propio nombre. De ahí que el nombre sea lo primero que se le arrebata a los vencidos. En los campos de exterminio a las personas se les robaba el nombre y se les otorgaba un número. Con la pérdida del nombre se evita el recuerdo, se les priva de la memoria. Eso es lo que los vencedores pretenden: borrar a los enemigos de la historia. También a los hijos de los represaliados les robaron el nombre: Katia Titania Acín, Libertad Acracia Bosque, Libertad Claver, Germinal Ubico, Humanidad Hernández…

Margalit en su libro Ética del recuerdo inicia el capítulo titulado «Recuerda el nombre» resumiendo un pasaje de Pentecots, una obra de teatro que narra la historia de un grupo de niños que van hacinados en un tren de ganado, camino del campo de concentración. Estaban tan desesperadamente hambrientos que se comieron los cartones que llevaban atados al cuello, los cartones en los que estaba escrito su nombre. Nosotros sabemos que estos niños murieron dos veces. Murieron en las cámaras de gas, murieron de hambre, de agotamiento o a causa de los golpes recibidos. Y también murió su memoria porque nadie pudo recordar su nombre. Escribir sus nombres, todos los nombres, como han hecho Raúl y Víctor es devolver el alma a las víctimas. Por eso, Todos los nombres es un libro que nos hace mejores. Y también hace mejores incluso a quienes nos niegan el derecho a la memoria, incluso a quienes no condenan los asesinatos porque creen que estos asuntos no le interesan a nadie y que no hay que revolver en la historia.

El verano pasado estuve unos días en Berlín. Me conmovió enormemente descubrir que, en el suelo, junto a la puerta de algunas casas de la ciudad vieja –lamentablemente en demasiadas casas– hay unos adoquines dorados en los que puede leerse el nombre de las personas que fueron arrancadas de sus hogares por ser judíos, gitanos, homosexuales, comunistas... No importa la razón porque no hay razón que justifique el asesinato… Junto al nombre también puede leerse el año y el lugar de su nacimiento, el año en el que fueron deportados, el nombre del campo de exterminio en el que fueron asesinados. Estos adoquines son stolpersteine, es decir, piedras con las que se tropieza. Estos monumentos individuales son una idea del artista alemán Gunter Demnig que pensó que en vez de levantar un gran monumento en recuerdo de las víctimas del holocausto sería mejor llenar las calles de ciudades de Alemania, de Polonia, de Hungría o de España… de todas las ciudades que perdieron a algunos de sus hijos en el holocausto nazi, de pequeños monumentos, de adoquines de 10 x 10 x 10 centímetros, recubiertos en una de sus caras por una chapa de latón en la que se escribe el nombre de las víctimas. Aquí vivió... y a continuación se lee el nombre de mujeres, niños, jóvenes, ancianos, médicos, profesores, comerciantes, estudiantes, obreros… personas de toda condición. Estas piedras sobresalen unos milímetros del resto del empedrado de las aceras de manera que son piedras con las que se puede tropezar, obligando al caminante a inclinarse para descubrir el nombre de los asesinados en los campos de concentración. Las stolpersteine se fabrican artesanalmente, una a una, como la antítesis de cómo se produjeron aquellas muertes. El exterminio tuvo un carácter industrial, pero la memoria se construye artesanalmente, letra a letra, palabra tras palabra. Cada Stolperstein es un monumento en forma de adoquín. Les cuento hoy todo esto porque Todos los nombres también es un monumento a las víctimas. Cada voz, cada entrada de este diccionario, es un monumento a uno de aquellos hombres, a una de aquellas mujeres que pagaron con su vida su derecho a tener ideas. Al sostener en mis manos Todos los nombres enseguida pensé en las stolpersteine porque este también es un libro con el que tropezará nuestra conciencia. Un libro de dolor y de dignidad, de memoria y de reconocimiento. Les invito a que cuando coloquen este libro en sus bibliotecas, lo hagan de forma que el lomo de los dos volúmenes sobresalga del resto. Un centímetro, o quizá medio centímetro, será suficiente. De esta forma, cuando nos acerquemos a las estanterías de nuestra biblioteca, nuestros dedos y nuestros ojos tropezarán con Todos los nombres. Y cada vez que leamos en el lomo Todos los nombres. Víctimas y victimarios (Huesca 1936-1945) estaremos recordando y homenajeando a las víctimas que gracias a este libro han recuperado el alma.

 

Huesca, 20 de diciembre de 2016

'TURIA' RECUERDA A RAMÓN ACÍN

'TURIA' RECUERDA A RAMÓN ACÍN

CLARA USÓN PRESENTARÁ LA REVISTA

EN HUESCA EL PRÓXIMO 22 DE NOVIEMBRE

[Nota de Raúl Carlos Maícas y de la propia revista.] La revista TURIA, que será presentada por la escritora Clara Usón en la Diputación de Huesca el próximo martes 22 de noviembre a las 20 horas, publica un espectacular monográfico en homenaje a Ramón Acín. Con motivo de cumplirse este año el 80 aniversario de su muerte, y desde la convicción de que sin memoria no hay cultura posible, TURIA ha creído necesario realizar una amplia labor de análisis y divulgación de la obra de un personaje único e irrepetible.

 

A través de 150 páginas de textos inéditos, un total de 14 autores ofrecen una aproximación plural, rigurosa y atractiva a “un hombre de escandalosa ejemplaridad cuyo único defecto fue su bondad”, según lo describiera su coetáneo y  destacado intelectual republicano Rafael Sánchez Ventura. Y es que, en ese eterno debate entre el arte y la vida, son pocos los que como Acín se empeñaron “en hacer de cada vida una obra de arte y de cada arte una vida”, en palabras de su amigo Felipe Alaiz.

 

Sin duda, la condición de creador multifacético y comprometido de Ramón Acín, su humanismo y su perfil libertario, hacen de él un creador singular en el panorama español del siglo XX y convierten a su legado en un patrimonio ético y estético, literario y artístico, merecedor de una mayor y permanente difusión global en español. Una tarea de fomento, de redescubrimiento de la obra de Acín entre el lector de habla hispana, a la que TURIA puede y quiere contribuir.

 

No en vano, y como bien subraya Carlos Mas Arrondo en el artículo introductorio del monográfico, “cuando en agosto de 1936 lo asesinan, se le declara ‘el extremista más peligroso de Huesca’. Había sido más que espectador pasivo, un ciudadano que participaba desde la opinión y la acción en multitud de campos de la vida local y nacional. Alcanzó algo más inquietante que el poder, la influencia”.

 

Fundada en 1983, TURIA conseguido convertirse en una de las publicaciones periódicas culturales de referencia y ha situado a Teruel en el mapa literario en español, gracias a su difusión nacional e internacional por suscripción. En sus páginas han publicado más de mil autores de diversas procedencias estéticas e ideológicas, lo que da idea de la riqueza y pluralidad de sus contenidos. Como reconocimiento a su labor, la revista obtuvo en 2002 el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.

 

Clara Usón (Barcelona, 1961) es una de escritoras más valiosas del panorama literario español actual. Ahora, con su intervención en Huesca como presentadora de la revista cultural TURIA, respaldará con su presencia en esa filosofía de trabajo que viene caracterizando la trayectoria de TURIA: ser capaz de reunir en sus páginas lo universal y lo local.

De manera periódica, la revista ha dado cabida a textos inéditos suyos o ha reseñado varios de sus libros. En este nuevo número, TURIA publica su testimonio narrativo titulado “Abuelito, ¿qué hiciste en la guerra?”.  Un trabajo literario de Clara Usón que la vincula con sus raíces familiares oscenses.

ES LA HORA DE RAMÓN ACÍN

Ramón Acín (Huesca, 1888-1936) es un ejemplo de artista total y de ciudadano comprometido. Su vida fue breve pero intensa y muy fructífera: “Ramón es un señero creador de la vanguardia española que desea estetizar la vida para hacerla más habitable y humana. Simultáneamente comprende que es imposible que la belleza tenga lugar en un mundo injusto y por ello pretenderá la revolución social y el cambio pedagógico para que la estética ocupe plaza y pueda celebrarse”, se nos dirá en TURIA.

 

Algunos han calificado a Ramón Acín como el “García Lorca aragonés” tanto por su desbordante creatividad como por su trágica muerte al inicio de la guerra civil española. Recordemos, en ese sentido, que ambos fueron asesinados por los rebeldes al gobierno legítimo de la República en agosto de 1936.

 

Tras un largo periodo de forzoso olvido, la actual etapa democrática ha ido recuperando progresivamente para la cultura española la enorme dimensión de lo que hizo y cómo lo hizo. Una tarea de redescubrimiento a la que TURIA se suma ahora. Porque aquel ser poliédrico llamado Ramón Acín siempre mereció la pena y ha llegado la hora de recrear su vida y su obra, de conocerla a fondo, de leer sus textos y de visualizar sus trabajos gráficos.

 

Además, este abanderado del arte de vanguardia desde la periferia, llevado por su afán pedagógico llegó a inventar una mesa-caballete declarada de utilidad para la enseñanza del dibujo, promovió el que los escolares de la época se realizaran sus propios libros e impartió clases en su propia casa a niños de familias con escaso poder adquisitivo, complementando su labor docente en la Escuela de Magisterio.

 

No olvidemos tampoco que fue el libertario y pacifista Ramón Acín quien financió, con el importe del premio “gordo” de la Lotería de Navidad que en 1932 cayó en Huesca, la película “Tierra sin pan” de su amigo Luis Buñuel. Lo había conocido en París y en los créditos de aquel célebre filme documental aparecerá como ayudante de dirección.

 

El monográfico de TURIA sobre Ramón Acín ha sido coordinado por José Domingo Dueñas y Víctor Pardo Lancina, reconocidos expertos en su obra. Lo integran los siguientes trabajos inéditos: “Entre el arte y la vida: El caso de Ramón Acín”, de Carlos Mas Arrondo; “El compromiso poético de Ramón Acín”, de Concha Lomba Serrano; “Ramón Acín o la creación plena: el artista en sus escritos”, de Jose Domingo Dueñas; “Pedagogía libertaria”, de Víctor Pardo Lancina; “Ramón Acín, (sobre todo) dibujante e ilustrador”, de Fernando Alvira Banzo, “El profesor Acín en su contexto socioeducativo, 1914-1936”, de Juan Mainer; “La Fundación Ramón y Katia Acín”, de Ramón García-Bragado; “Fortuna crítica de Ramón Acín”, de Manuel García Guatas; “Sol y Katia Acín en el laberinto”, de Ismael Grasa; “’Tú eres antes que todo’. La correspondencia entre Ramón Acín y Conchita Monrás”, de Víctor Juan; “Ramón Acín y el aragonesismo”, de Antonio Peiró Arroyo y “Ramón Acín y la Asociación provincial de periodistas de Huesca”, de Julio Alvira Banzo.

 

También se reproduce un fragmento del texto que, sobre el célebre monumento aciniano de ‘Las Pajaritas’ de Huesca, elaborara el pintor Antonio Saura en 1988.  Con esta iniciativa, TURIA quiere rendir tributo de gratitud y reconocimiento a la malograda galerista y crítica de arte oscense María Jesús Buil. Un desgraciado accidente de circulación acabó con su vida y la de su compañero Ángel Ramírez el pasado mes de septiembre cuando tenía previsto elaborar un artículo para el monográfico Acín titulado “El discreto encanto de Las Pajaritas”.

 

Cierran el cartapacio de TURIA sobre Ramón Acín dos trabajos elaborados por Emilio Casanova Gil: una antología de textos bajo el título de “Palabra de Acín” y una pormenorizada biocronología.

TURIA es una revista de periodicidad cuatrimestral que tiene una edición en papel y otra digital (web y Facebook). Está publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputación de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Aragón. Este número dedicado a Ramón Acín ha sido posible gracias al apoyo de la Diputación de Huesca y ha contado con el mecenazgo de la empresa Aragonesa de Servicios Públicos.

 

UN TEXTO DE RAMÓN ACÍN: “ASÍ SOY YO”

 

En la breve antología de textos de Ramón Acín que ha elaborado Emilio Casanova, se incluye este fechado 1913 y que transcribimos por su interés como autorretrato:

 

“Odio todas las cosas, que las cosas todas tienen su lado odioso; las amo a todas, que todas tienen algo que las hace amables. Por eso mi lápiz y mi pluma (los dos torpes, de principiante) se mojan en dos colores: uno rosa, como las mejillas de las adolescentes; el otro negro rojizo, como el color de los ataúdes a medio pudrir y las gangrenosas heridas de puñalada. Si alguna vez hubiese de dibujarme un ex-libris, sería éste: una chulona tocando unas castañuelas, y bailando sobre el agujereado cráneo de un uncido.

 

El término medio en todo, donde están los horteras, los prácticos, los adaptados, me asquea; si alguna vez dejase de ser revolucionario, con la puntera de la bota metido en la anarquía, sería para irme a un monte, a vivir en una ermita y llamar, como el místico, al agua “hermana agua”, y al lobo “hermano lobo”. Soy español, y como si no fuese bastante esto para estar orgulloso, soy aragonés”. 

 

 

 

 

LOS 7 PECADOS DE LaMOV

LOS 7 PECADOS DE LaMOV

LaMov es puro vicio

 

La compañía de danza representa en el Teatro Principal ‘7 Pecados capitales’, uno de sus trabajos más arriesgados, con coreógrafos de siete países

 

PIE DE FOTO. Manuel Ballestín

Un instante de la pieza ‘Lujuria’, con coreografía del italiano Alessio Attanasio.

 

Antón CASTRO

LaMov ha venido a ocupar un vacío en la danza en Zaragoza y lo hace, día tras día, espectáculo a espectáculo, con ambición, con riesgo, con pasión y profesionalidad. Y no solo en Zaragoza ha hallado en su sitio, sino cada vez más en todo el país. Ahora propone en el Teatro Principal, tras el estreno en la Feria de Teatro y Danza de Huesca, uno de sus espectáculos más colectivos o corales: ‘7 Pecados capitales’, en el que participan ocho coreógrafos de siete países. A pesar de que cada uno de ellos –Caterina Varela (Cuba) y Alexis Fernández-La Macana (España) trabajan a dúo en ‘Avaricia’– realiza su particular puesta en escena, un concepto, un desarrollo y diversos pasos de baile, podría decirse que hay distintos elementos que le dan unidad a la obra, como ese bailarina vestida de negro con que se inicia la obra, en ‘Soberbia’, y con la que se cierra, como una diosa cansada, en ‘Pereza’. Además hay un ámbito, un mundo onírico o alucinado, un inventario de pasiones y sentimientos, que tienden al frenesí, a la desmesura, al desgarro, pero también a la suavidad, a la terneza. O incluso a la convulsión, más o menos teatral, como sucede en la pieza más humorística del espectáculo: esa ‘Avaricia’ que arranca con dos bailarines que soplan un globo oscuro, ahora tú, ahora yo, hasta que ocurre lo que el público espera. En la evolución de la pieza, sin música, se suceden las voces de los bailarines, ese grito de ‘más, más, más’, que enfatiza la codicia.

Víctor Jiménez trabaja con mimo y con hondura. Le gusta integrar propuestas, poemas corporales, una cierta filosofía de la creación. Por eso en LaMov hay tanta interpretación y gestualidad como ballet en el sentido más académico: hay lirismo y latido, contención y exuberancia de emociones, hay magia y un discurso exigente de fondo. De ‘7 pecados capitales’ destacan la solvencia, la intensidad y la convicción. Destacan la fantasía general y el uso de la imaginación. Sin obviar la plasticidad, la ligereza o la capacidad de componer figuras, existe una pulsión sobre los vicios y las debilidades humanas, una invitación a explorar las sugerencias, los límites y los instintos de la vida.

En ‘Soberbia’ destaca una coreografía que usa el paso a dos y las posibilidades de la sombra sobre un fondo de pintura más o menos geométrica, que da mucho juego y que se vuelve a utilizar en otra ocasión. El ruso Kirill Radev es clásico y moderno, con personalidad. La ‘Ira’ de Francisco Lorenzo (Argentina) ofrece una atmósfera airada, que se apoya en una mesa y en un juego de libros, que alcanzará una inesperada y dramática culminación. El griego Kiriakos Kosmidis se acerca a la ‘Gula’ con la misma mesa, de partida, y mezcla la ligereza, la sensualidad y un vestuario divertido con ecos y colorido mediterráneos, que quizá no excluya una alegórica forma de canibalismo. Víctor Jiménez se apoya en el teatro y concibe una pieza sobre la ‘Envidia’ donde los bailarines proclaman, uno a uno, en medio de sus movimientos o de su delirio, su pecado de un modo que tiene algo de catarsis o de revelación colectiva. “Soy envidiosa”, se oye como una confesión o un aullido de mala conciencia.

Ya hemos hablado de ‘Avaricia’, una coreografía muy trabajada. Quizá la más espectacular, subyugante o puramente carnal sea ‘Lujuria’ de Alessio Attanasio (Italia), en la que irrumpe una bailarina y luego tres parejas que rebosan sensualidad, fuego, deseo. Se abrazan en un anillo corporal de hermosura y erotismo, algo muy presente en diversos instantes, expuesto con sutileza. ‘Pereza’, de Sharon Fridman (Israel), arranca con una carrera frenética, ¿se mueven los danzantes en el interior de un sueño?, y desarrolla luego un relato sobre el cuerpo vencido, sobre la derrota, hilvanado con entrega y ritmo hasta la lasitud final.

Hay muchos elementos que subrayar en la obra: la cuidada escenografía de J. A. Andrés Lacasta y Manuel Pellicer, la sugerente iluminación de Luis Perdiguero, las músicas siempre perturbadoras y, por supuesto, el trabajo equilibrado, brillante y generoso de los nueve bailarines, que siguen creciendo: María Sordo, Elena Gil, Mattia Furlan, R. Rodríguez, Laura López, Lucía Muñoz, Paula Rodríguez, David Serrano y Oier López. El público premió la propuesta de ayer sábado con muchos aplausos.

 

LA FICHA

‘7 Pecados Capitales’. LaMov. Dirección: Víctor Jiménez. Coreografías: Kirill Radev, Francisco Lorenzo, Kiriakos Kosmidis, Víctor Jiménez, Caterina Varela y Alexis Fernández-La Macana, Alessio Attanasio y Sharon Fridman. Bailarines: María Sordo, Elena Gil, Mattia Furlan, R. Rodríguez, Laura López, Lucía Muñoz, Paula Rodríguez, David Serrano y Oier López. Teatro Principal. 

HOWELL CONANT: GRACE KELLY

 

Una selección de retratos de Grace Kelly, realizados por el norteamericano Howell Conant (1916 – 1999), su mejor fotógrafo y un gran amigo. La empezó a retratar en 1955 y se hizo famoso por sus obras sobre ella, aunque también retrató a otras actrices como Audrey Hepburn, por poner un ejemplo; y aquí la vemos en ’Desayuno con diamantes’. 

BOB CARLOS CLARKE: RACHEL WEISZ

BOB CARLOS CLARKE: RACHEL WEISZ

 

Retrato de la actriz Rachel Weisz, en 1993, obra del fotógrafo Bob Carlos Clarke (1950-2006) que se halla en el National Portrait Gallery de Londres. 


Read more: http://www.dailymail.co.uk/tvshowbiz/article-2392536/Rachel-Weisz-turns-heads-Bob-Carlos-Clarke-image-National-Portrait-Gallery.html#ixzz4NheqzxVU 

LA ALMUNIA, SE RUEDA 28 Y 29

LA ALMUNIA, SE RUEDA 28 Y 29

LA ALMUNIA, SE RUEDA. Del mudo al sonoro. Una recreación histórica de cine, forma parte del proyecto global La Almunia de Cine, que impulsa el Ayuntamiento de La Almunia de doña Godina (Zaragoza) en colaboración con la delegación de Turismo de la Diputación Provincial de Zaragoza, a través del cine y su relación con el turismo.

 

La Almunia es cuna de grandes cineastas como Florián Rey Adolfo Aznar y de compositores de bandas sonoras de cine como Rafael Martínez del Castillo, que realizaron parte de su creación más significativa durante la II República (final de los años 20 hasta mediados de los años 30), una época denominada la Edad de Oro del Cine Español, donde el cine sonoro irrumpe con fuerza cambiando conceptos narrativos y técnicos en el séptimo arte.

 

La Almunia, Se Rueda propone un viaje al Cine dentro del Cine a través de la recreación teatralizada de un rodaje en España que permite evocar este momento histórico y su contexto social. La Almunia se incorpora así a la red de localidades de recreación histórica, pero siendo pionera en España al narrar un hecho cinematográfico.

 

La Almunia invita a visitantes, turistas y amantes del séptimo arte a participar activamente y disfrutar los días28 y 29 de octubre del programa de la recreación, en el que ha colaborado el vecindario, los comercios, la hostelería recreando la gastronomía del cine de Florián Rey y Nobleza Baturra, las asociaciones y un larga lista de participantes del lugar, movidos por la ilusión, el entusiasmo y el trabajo.

 

El sábado 29 se recrearán algunas de las escenas más emblemáticas de Nobleza baturra (1935, Florián Rey) en diversos emplazamientos de la localidad, interpretadas por vecinos del lugar y los alrededores. También se habilitarán unos sets “de cine” donde se podrá disfrutar de diferentes actuaciones de teatro y música, mientras los niños del taller de cine registran todo el evento para la posteridad. Previamente, el viernes 28 por la tarde, se proyectará la película de Florián Rey en el Salón Blanco de La Almunia.

 

Además La Almunia realizará un viaje en el tiempo y vestirá sus principales calles y comercios del ambiente de esos años 30, recuperando nombres y emplazamientos ambientados para tal fin. Y todos los almunienses y visitantes que lo deseen formarán parte de esta gran fiesta, vistiéndose adecuados a la época.

 

Sigue todas nuestras novedades en http://www.laalmunia.es/

 

En este pdf se puede ver todo el programa, que empieza con una conferencia inaugural de Vicky Calavia y José María Pemán.

 

 

file:///D:/Users/Usuario/Downloads/PROGRAMA%20LA%20ALMUNIA%20SE%20RUEDA.pdf