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Antón Castro

Artistas

BRASSAI: MATISSE Y SU MODELO

BRASSAI: MATISSE Y SU MODELO

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¿Qué pensarían Matisse y Brassaï? Yo habría jurado que era una foto artística de una actividad cotidiana de un pintor.

ANDRÉ DE DIENES: ANITA Y MARILYN

André de Dienes fue un fotógrafo húngaro que hizo fotos a una jovencísima Marilyn Monroe, a la que volvió a retratar años después. Es un maestro del desnudo, en cierto modo anticipa aspectos de Helmut Newton y continúa con el trabajo de Edward Weston. No conocía algunos de sus retratos más arriesgados, como este de la actriz sueca Anita Ekberg, famosa por ’La Dolce Vita’ de Federico Fellini. Abajo una serie de contactos de Marilyn.

IRIS LÁZARO: UNA ENTREVISTA

IRIS LÁZARO: UNA ENTREVISTA

 

Ayer en heraldo.es publicaba esta entrevista con la pintora Iris Lázaro, "maestra de la pintura figurativa española", tal como se le definió en la inauguración de su ’Retrospectiva 1977-2016’ en la Lonja de Zaragoza. La foto es de José Miguel Marco, que suele decir que "Iris Lázaro pinta el realismo de los sueños".

http://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2016/10/15/los-cuadros-tienen-vida-propia-dialogan-contigo-1113330-1361024.html

 

LA ENTREVISTA. Iris Lázaro. Pintora

 

“Los cuadros tienen vida

propia y dialogan contigo”

 

La pintora Iris Lázaro expone en la Lonja 40 años de trabajo: ‘Retrospectiva, 1977-2016’. Realismo y magia, paisaje y elegía 

 

Antón CASTRO

La exposición ’Retrospectiva 1977-2016’ de Iris Lázaro se inauguró el jueves 6 de octubre en la Lonja. Un montón de cartas que le dirigen sus admiradores ya se amontonan sobre la mesa; en una de ellas, manuscrita sobre un folio, se lee: “Su pintura es belleza en estado puro”. Si hay algo que a Iris no le gusta nada es teorizar sobre su pintura. Explicarse. Es una artista intuitiva que no ha hecho planes, que no se planteado retos, que se ha dejado ir a golpe de obsesiones y de tempestades íntimas. Llevaba tres lustros sin exponer en Zaragoza: lo había hecho a finales de los 90 en Cajalón con éxito y en 2001 en el Banco Zaragoza. Luego, entre 2006 y 2007 presentó una ambiciosa exposición en Soria, patrocinada por Caja Duero, que se trasladó por diversas ciudades: Valladolid, Salamanca... “Quería que vieran mi obra mis paisanos”, dice. 

Todo empieza en Trébago, en Soria, donde nació en 1952. Tenía una pasión natural por el dibujo, por los trazos, por el clima más o menos mágico o especial de su universo familiar: su padre era campesino, curioso, tenía ganas de aprender, redactó un diario apasionante y le enseñaba los secretos de la naturaleza, los ribazos, las arboledas, restos arqueológicos, le contaba cuentos y le cantaba. A ella y a su hermana Berta, “que eligió la física y la química, pero también es traductora. Le apasionan las Humanidades”. Iris mira ahora, imaginariamente, hacia su madre: era modista, elaboraba sus propios patrones; y con otra tía, cosían y trabajaban para fuera, pero además hacían la ropa de casa. Quizá de verla, aquí y allá, con la tiza, las tijeras, los patrones, con el bordador, derive la pasión por los vestidos que mostrará la artista durante unos años. “Mis padres eran suaves, cariñosos, sociables, muy comunicativos. A veces me pregunto, ¿de dónde habré salido yo?”, dice desde esa mezcla de timidez y silencio que la caracteriza. Miramos, en el catálogo, el cuadro que les hizo en 1995. “Era un cuadro para ellos, para la casa familiar. Y allí estuvo, mientras vivieron, y ahí sigue. Ahora que no están me doy cuenta de que es un cuadro para mí”. Quizá sea la obra que más admiración esté despertando en la Lonja, y ya es decir. 

“No sé si en Trébago empezó todo. Era mi pueblo. Mi mundo. Ni mejor ni peor que otros. Teníamos un río, el Manzano, que nacía allí, y también había un río de lavar: en aquellas piedras de losa, cuando no había nadie, cogía piedrecillas negras, azules, tizas o areniscas del fondo y pintaba en aquellas rocas donde luego lavaban las mujeres. Imagino que lo haría cuando no había lavanderas -dice-. También recuerdo algo que decían mis padres. Si querían que yo estuviese quieta, que me olvidase de dar guerra, solo tenían que darme un montón de periódicos y un lápiz con mina por las dos caras. Era mi divertimento favorito. No me enteraba del paso del tiempo”, dice. 

-¿Y luego, qué paso luego? 

-En 1972 vine a estudiar a la Escuela de Bellas Artes de Zaragoza. Quería hacer una carrera rápida y elegí decoración. Allí entré en contacto con Eduardo Laborda, que ya era pintor, y me interesó la pintura. No tardamos en salir y luego nos casarnos. Creo que fue durante la Semana Santa de 1972 cuando llevé un lienzo a casa e hice un bodegón. Un bodegón clásico: con botella de cristal, con candelabro, imagino que con telas. Espero que se haya perdido para siempre. Me gustó hacerlo. 

-¿Nacía ahí la pintora?

-Probablemente. Se fueron encadenando los cuadros. Hice más y me presenté a varios premios: gané algunos, me seleccionaban para exponer, hacía individuales, me daban un poco de dinero y, poco a poco, sin un plan trazado iba creciendo. Los premios te daban confianza. Te abrían ventanas. Entonces me interesaba todo: ya hacía una pintura realista, gente que se asomaba en los escaparates, gente en los pasos de cebra, hacía paisajes de Trébago también, pero era una pintura más suelta, más expresionista en cierto modo. Y de ahí fui pasando a los vestidos: pintaba maniquíes, telas, anoraks; pintaba a las personas huecas, invisibles, si puede decirse así, con algún rasgo surrealista. Me gustaba aquel misterio. En el fondo, ni el misterio ni la inquietud me han abandonado jamás. Solía partir de fotografías y luego también de las telas, que yo tenía en casa. Y también salí a pintar del natural.

-Y de ahí pasó a los bancos y sus inscripciones.

-Fue un tema que llegó un poco por azar. Un día vi un banco de cerámica en el Canal, cerca del Cabezo Buenavista, y me interesó. Con aquellas letras rotas, interrumpidas, que producían incluso confusión en su significado, con letras que se desmandaban para aquí y para allá, quebradas, y que a veces estaban ocultas por la naturaleza. Esos bancos y esas letras de publicidad también remiten a un mundo en extinción. Supongo que debo aceptar que hago una pintura elegíaca, de la pérdida, de un mundo que desaparece.

-¿Es usted melancólica?

-Creo que no. No sé muy bien lo que es la melancolía. La pintura es lo que más me gusta en el mundo. Me hace feliz, me siento en plenitud ante el lienzo, pero también tengo que pelear duramente con él. Lucho a brazo partido. La pintura es mi pasión, es mi refugio, y es el escenario de una pugna, pero aún así la prefiero a cualquier otra cosa.

-¿La naturaleza se le fue imponiendo?

-Sin duda. De ahí, con el transcurso del tiempo, pasé a los huertos, a las flores, al universo de mi infancia en Trébago, a los días de nieve. A ese mundo fronterizo. Tampoco me lo planteé de modo consciente. Vino a mí. A veces no sabes bien si las cosas te vienen, sin son obsesiones, o se te imponen.

-Los paisajes de Soria son fríos, ásperos, nebulosos y también desolados. Y usted usa colores fríos. ¿Debemos pensar que hace una pintura fría…?

-Creo que no. Creo que soy una mujer y una pintora apasionada que utiliza colores fríos, pero con muchas gamas. En mis cuadros blancos, de nieves, hay muchos colores, variados, distintos. En mi obra hay muchos matices. Intento dominar la técnica para olvidarme de ella, pero no para hacer la pintura de un niño, como suelen decir algunos artistas contemporáneos. Yo no soy ese tipo de artista. Me interesa el color y lo trabajo. Le doy tiempo a mi obra en el lienzo.

-Más que trabajarlo, parece destilarlo, parece volverse onírico e inaprensible. ¿Manda siempre el artista en el cuadro?

-No. En absoluto. A veces el cuadro manda sobre el pintor desde el principio. Se vuelve indómito: dice cosas, te lleva por donde quiere, es exigente. Y veces te ordena más hacia el final. Sé que esto parece extraño, pero es así. Los cuadros tienen vida propia y dialogan contigo.

-¿Existen esos árboles descarnados que pinta, ese ámbito de desamparo?

-Sí, claro que sí. Creo que empezaron a interesarme de una manera muy particular a raíz de una colección de grabados que hice con dibujos a carbón. Creo que dejo testimonio de un mundo que desaparece: esos árboles que muestran sus raíces al sol, esos bosques de árboles que parecen cadáveres deshuesados existen, esas raíces están ahí. Forman parte de mi memoria. De lo que llevo muchos años viendo. Son gigantes. Ante ellos me siento diminuta. Todo ese paisaje está ah e intento darle forma. Son cuerpos misteriosos, deteriorados, decrépitos, que acusan el paso del tiempo.

-Su exposición en la Lonja se cierra con el mar. ¿Por qué?

-Porque me fascina desde siempre. He hecho como media docena de piezas. Son cuadros sin horizonte, parece que te piden que los mires de frente, como si no tuvieras escapatoria. Del mar me gustado todo: el oleaje, la música, la espuma, ese movimiento incesante, el horizonte, los cielos.

 

-Bueno, en realidad se cierra con el retrato de sus padres, fechado en 1995.

-Son ellos, claro. Les tomé fotos y posaron para mí. Vuelve a ser el mundo de Trébago, con las paredes de piedra, con las neblinas, cerca de nuestra casa. He pintado pocos retratos. Y también siento, como algunos visitantes, que es una obra especial dentro de la exposición y para mí.

-Usted hace una defensa de la pintura clásica.

-¿Por qué lo dice? Trabajo al óleo, sobre tela de grano fino, me gustan mucho las calidades, el detalle, los matices, la sutileza. Uso una pintura un poco diluida y quiero crear una atmósfera. Y me siento realista. No hiperrealista.

-Más más bien sería una realista del sueño, podría decirse. ¿A qué pintores admira?

-A muchos. Entre los clásicos a Rembrandt y Velázquez. Me encanta como pintor José Hernández, lo admiro mucho. Recuerdo su exposición de los años 80 en la Lonja: era extraordinaria. Me emocionó. Y Antonio López. ¿Mujeres? Isabel Quintanilla, especialmente. Ya le digo, muchos.

-¿Qué significa Zaragoza para usted?

-Soy de Trébago y de Zaragoza. Zaragoza es la ciudad que me acogió, que me abrió sus puertas y que me ha permitido realizarme. Es mi ciudad. Y estoy muy contenta, como lo estoy con esta muestra. No tengo expectativas ni estoy sobrecogida. No me planteo esas cosas. Disfruto. Y estoy feliz, agradecida y orgullosa de estar en la Lonja. Sin más.

JONÁS TRUEBA Y 'LA RECONQUISTA'

JONÁS TRUEBA Y 'LA RECONQUISTA'

Jonás Trueba es un cineasta muy personal. Trabaja con un gran sentido de la libertad y del riesgo. Realiza un cine muy poético e inteligente, lleno de claves y símbolos, centrado esencialmente en el amor y sus vaivenes: sus instantes, gestos, detalles, latidos, cambios de ánimo, ese itinerario caprichoso de las emociones y de los recuerdos.  Acaba de estrenarse ‘La reconquista’, su cuarta película, que consta de dos historias: el reencuentro de una pareja, quince años después, y una vuelta atrás, cuando eran adolescentes, y se hicieron novios. El nexo de unión es el paso del tiempo, una carta (un asunto que aparece una y otra vez en las películas de Jonás) y es, también, el deseo de recomponer el pasado, de revivirlo y de hallar en él claves de la vida de hoy, secretos del corazón, mapas de futuro.

-1. Jonás, como recordaba Carlos Reviriego en el semanal ‘Ahora’, adora los espacios, las atmósferas, el poder de la calle. Trabaja como pocos la arquitectura. Sus personajes hablan en cualquier sitio: hablan o ríen o gesticulan nerviosamente –como si las palabras no alcanzasen a decir lo que dicen los ojos, el deseo, la alegría, el escalofrío de volver a ver a quien quizá no hayas olvidado jamás… Es importante ver cómo maneja los edificios, el trazado de un jardín, una calle empinada, cómo trabaja con la cámara y la puesta en escena esos matices.

-2. Jonás dirige a los actores de una manera personalísima. Itsaso Arana y Francesco Carril empiezan a hablar en un restaurante chino y la cámara ofrece uno de esos planos cortos llenos de fuerza, de levísimos detalles, de abrupta dulzura, de desconcierto. La cámara se detiene más en quien escucha que en quien habla y tarda tres o cuatro minutos en ofrecer un plano general. Los actores viven una aventura extraña y mágica que empieza en los ojos, en la textura de la piel, en la claridad que se vierte sobre el rostro, en los murmullos o en la dificultad de decir.

-3. A Jonás le interesan mucho las librerías de viejo, las estanterías, las sorpresas, los poetas y los poemas… Hay a veces una mirada teatral, casi discursiva, llena de precisión y embeleso. Si los autores pueden ser auténticos, o aspiran a la verdad, el realizador lo tiene claro: sus actores brillan en la imperfección, en la incertidumbre, en esa sensación lograda de parecer que no saben qué pasa, qué les ocurre, qué ansían, en una cierta imposibilidad de decir cómo es el temblor que siente en el estómago.

-4. Se vio en ‘Los exiliados románticos’ o incluso en ‘Todas las canciones hablan de mí’, la música es más que un motivo esencial. Puede ser el subrayado, la plantilla de trabajo, la cartografía. Puede ser el ámbito esencial: la partitura del guión no escrito. Y aquí, si antes lo fue Miren Iza en la cinta anterior, lo es Rafael Berrio: personaje y cantante y actor, padre de esa joven Manuela, que regresa de Buenos Aires y que es como una cazadora solitaria: cada noche busca un amante. O eso dice. Jonás graba un miniconcierto con naturalidad y con esa seguridad que muestra en cuanto hace. Trabaja a favor de sus ideas no siguiendo la pauta establecida. Jonás Trueba se arriesga. Y prefiere, antes que el humor, que existe, el juego de espejos, el abismo de la identidad, un aroma gozoso de sensualidad y de lirismo y de magia cotidiana, la exploración de una pasión que descansa en la palabra, en la cabeza, más que en el cuerpo. Rafael Berrio está a la altura con su percepción del simulacro (al que alude en su canción) o del trampantojo.

-5. El baile. Jonás tiene vocación de felicidad, le gusta el ritmo, se inclina por el aparente desconcierto o el azar, y graba un baile espléndido, que levanta la película.

-6. La segunda historia es un viaje hacia atrás, desde la emoción recuperada. Y la historia es bellísima de nuevo. Tiene otro candor, la revelación del primer amor, la suavidad irreductible de que dos sean uno, ajenos al mundo, y de que vivan un lapso excepcional, de trabajada sutileza y de un erotismo gozoso, apenas entrevisto, resuelto con un beso largo. ¿Qué pasa cuando besamos, apasionadamente, con esa entrega, con ese torbellino de incitaciones, imágenes y preguntas que bailan en nuestra cabeza?

-7. Jonás Trueba hace un cine atemporal y de ahora mismo, lleno de poesía, de audacia, de emociones, sin enfatizar el drama. Un cine de belleza. No es un cine para todos los públicos, pero tampoco es un cine que excluya a nadie. Es cine: eterno, delicado, lleno de extravíos y de humanidad. Todos somos –o podemos ser o hemos sido o seremos- alguno de sus personajes. El amor nos envuelve todo el tiempo, nos envuelve y nos arrebata, y a la vez sigue siendo el enigma más estimulante y necesario para seguir viviendo. Y para seguir viendo películas.

 

-‘La reconquista’ de Jonás Trueba, que se presentó en el Festival de Cine de San Sebastián, se proyecta en muchos cines de España y en la sala 11 de Aragonia. El autor participa el miércoles en ‘La buena estrella’, el ciclo que coordina Luis Alegre en la Universidad de Zaragoza.

*en la foto, Aura Garrido, que interviene en la primera historia.

CARBONELL UNE A GARDEL Y A LORCA

CARBONELL UNE A GARDEL Y A LORCA

UN TANGO PARA FEDERICO

Joaquín Carbonell (Voces del Mercado)

[Joaquín Carbonell, tras rendir homenaje a Luis Buñuel en su anterior novela, 'El artista', mezcla ahora a Gardel y a Lorca, en Buenos Aires, en 1933. He aqueí una autoentrevista que explica las claves del libro.]

 

 

P.- ¿Cómo nació Un tango para Federico?

R.- El día en que escuché en la radio la noticia de que Federico García Lorca y Carlos Gardel se habían encontrado casualmente en una calle de Buenos Aires. No se agregó nada más. Me pareció muy curioso. Estuve un tiempo dando vueltas a esta anécdota hasta que decidí emprender la escritura de un texto para un documental. Esto sería sobre 2009.

 

P.- ¿Se realizó ese documental?
R.- No. Llegó a interesar a una productora y a un realizador, pero la caída en la crisis económica enfrió el proyecto. En mi cabeza seguía bullendo el asunto, sin encontrar  una forma de  desenlace. Un día pensé que aquello podía ser una novela. Escribí un amplio esbozo, pero se cruzó por medio el proyecto de El Artista y lo abandoné para editar esa nueva obra. Ahora ya le toca.

 

P.- ¿Qué le atrajo de esa anécdota?
R.- Que participaran dos de los más destacados creadores latinos, las dos mayores personalidades de la época, y que no hubiera trascendido nada. No hay un artículo amplio, unas declaraciones de algunos de sus testigos. Y lo más asombroso: ni Lorca ni Gardel contaron nunca que se habían conocido. Y eso es lo extraño, porque compartieron toda una velada en casa de Carlos Gardel.

 

P.- ¿Qué tiene de ensayo la novela?

R.- Es una novela, eso tiene que quedar claro. Un artefacto ideado para mentir, para evocar falsas realidades. Pero dadas las circunstancias del relato, la historia novelada se nutre de muchos datos ciertos. He trabajado mucho en la investigación, en el conocimiento de los protagonistas que intervinieron en esa fiesta que organizó Gardel en su casa. He indagado minuciosamente los pasos que dieron Gardel y Lorca los días previos a encontrarse. Y he tenido que documentarme sobre ese Buenos Aires de 1933 que conoció Lorca.

 

P.- ¿Qué hacía en Buenos Aires García Lorca?

R.- Había acudido invitado por una asociación cultural para dar unas conferencias;  y de paso coincidía con la representación 100 de sus Bodas de sangre, en el teatro Avenida. Era un viaje muy atractivo, muy apetitoso para Federico, que le encantaba conocer nuevas gentes y ciudades. Llegó a Buenos Aires el 13 de octubre de 1933 con el propósito de regresar a España en Navidad. Pero obtuvo tanta repercusión su presencia que retrasó su regreso hasta marzo. En Buenos Aires se codeó con lo más selecto de la intelectualidad argentina y latina. Intimó con Pablo Neruda, que estaba allí como embajador cultural chileno. Se hizo muy amigo del periodista Pablo Suero, todo un personaje, un tipo descomunal. Conoció y trató a Borges, con el que no congenió en absoluto. Se codeó con otros protagonistas como Norah Lange, Victoria Ocampo o César Tiempo. Pero el verdadero acontecimiento estelar fue su encuentro con Carlos Gardel, que organizó una parranda en su casa con varios invitados, y donde se cantaron tangos y coplas.

 

P.- ¿Un tango para Federico supone, entonces, una novela que trata de descubrir unos hechos históricos?

R.- Es eso, sin duda. Y en la novela se da respuesta a una pregunta que nunca obtuvo contestación: ¿Qué sucedió esa noche en casa de Gardel, que nadie quiso comentar? Pero el verdadero propósito de Un tango para Federico no es desvelar ese enigma. La intriga forma el cascarón del libro, la envoltura y la excusa. La novela me sirve para trazar el retrato y la evolución de su protagonista, Pedro Sariñena, que acude en 1983 a investigar esos sucesos de cara a un documental.

 

P.- ¿En qué sentido?

R.- En el sentido de asistir a la evolución y madurez de este personaje. Pedro Sariñena es un periodista de Jaca (Huesca), que trabaja en El Periódico de Cataluña y que forma parte de esa cadena de montaje informativo que son los medios de comunicación. Un redactor de la Sección de Cultura, pero que apenas siente curiosidad por ese ámbito. Es un mero currante.  Este viaje a Buenos Aires le sirve para descubrir una ciudad fascinante y un tiempo histórico –1933—donde las gentes del arte, la poesía, la música, el cine, eran auténticas estrellas de su tiempo. La contemplación de todo eso le conmueve, le cambia la vida y sus prioridades. Crece y madura. Y constata que Lorca y Gardel, desde la lejanía, han ayudado a transformar su personalidad, a convertirle en un ser humano mucho más sensible. Si a ello le añadimos que Pedro encuentra una joven inquietante y muy atractiva, casi está redondeado el proceso. Sin embargo aún le queda un viaje a su infancia; turbulento, insólito, completamente asombroso para el lector. Con esos mimbres se ha confeccionado una cesta muy compleja y rica que yo la titulo Un tango para Federico.

 

HISTORIA DE PEGGY GUGGENHEIM

HISTORIA DE PEGGY GUGGENHEIM

La mujer que amaba a los artistas

 

Historia de una galerista que se casó con Max Ernst, descubrió a Jackson Pollock y construyó su santuario del arte en Venecia: Peggy Guggenheim (1898-1979)

 

Antón CASTRO

“Sentí que toda la luz de mi vida se apagaba”, dijo Margueritte Guggenheim (Nueva York, 1898 –Padua, Italia, 1979) en un momento en que se le encadenaban  varias circunstancias adversas en el seno de su familia de locos y extraños, como dice Francine Prose en su libro: ‘Peggy Guggenheim. El escándalo de la modernidad’ (Turner. Traducción de Julio Fajardo): su padre, Benjamin, hombre de negocios, murió en el Titanic, su madre estaba un tanto trastornada y repetía hasta tres veces cada frase, su hermana murió en el parto y tenía un tío excéntrico que mascaba hielo y carbón y acabaría suicidándose. Se probó en la consulta de un dentista y también en una librería de vanguardia. Aprovechó para formarse, para interesarse por algunos aspectos del arte y la cultura; al fin y al cabo era sobrina de Solomon R. Guggenheim. Hacia 1920 recibió una herencia de 2.5 millones de dólares y pensó que era el momento de emprender su primera aventura. Era una mujer más resultona que bella y un tanto acomplejada por dos razones: la nariz ganchuda de su familia y su procedencia judía. Tenía una personalidad ambivalente: era tímida y descarada, rebelde y caprichosa. No tardaría en descubrir otra facultad o impulso: la voracidad amorosa. Peggy Guggenheim –ella misma lo reveló en sus ‘Confesiones de una adicta al arte’- tuvo alrededor de 400 amantes, y la mayoría fueron artistas.

París era una fiesta, sin duda, de creación, de bohemia, de sueños y de alcohol. Ahí empezó a fraguar su leyenda: se instaló en la ciudad, se divertía, acudía a algunos estudios y a la par viajaba y frecuentaba a jóvenes artistas y creadores: Tristan Tzara y los dadaístas, Man Ray y James Joyce, a los que visitó en Normandía, Ezra Pound, con quien estuvo en Rapallo, o la mismísima Isadora Duncan, que albergó el sueño de que le financiase algunos espectáculos; no lo hizo pero le presentó a mucha gente famosa. No podemos dejar al margen a quien fue quizá su mejor consejero y tal vez amante, Marcel Duchamp; la educó, le dio consejos, fue el responsable de “mi incursión en el mundo del arte moderno”.

Casi antes de descubrir que el arte iba a ser su mejor plataforma entró en contacto con Laurence Vial, con quien se casó y con quien tuvo dos hijos: Sindbad y Pegeen; perturbada y alcohólica moriría joven. La vida con Vial no fue fácil: la maltrató a menudo, le pegaba y la empujaba por la calle. En 1929, tras seis años de convivencia tormentosa, se separaron. Entró en su vida el escritor inglés John Holms, que también tenía sus rarezas y sus arrebatos de cólera, pero cumplió el papel de amante, de amigo y de preceptor. Francine Prose dice: “Soportaba el daño físico y psicológico, humillando a los hombres, controlándolos con su dependencia económica”. Holms murió joven de un infarto. Sucesivamente ocuparon su corazón el escritor Samuel Beckett, con quien vivió 13 meses con una pasión esencialmente sexual y etílica, o los pintores Yves Tanguy y Max Ernst, que le despertó la locura del deseo y los celos, porque el atractivo Ernst, de ojos azules, estaba con ella por dinero y había perdido la cabeza por la pintora y escritora Leonora Carrington.

En esta incesante peripecia de arte, alcohol y amor, Peggy creó la Guggenheim Jeune en Londres en 1938, y duró algo más de un año. Aprovechó para presentar a los británicos el arte moderno y, sobre todo el surrealismo: Brancusi, Arp, Léger, Man Ray, Braque, Matisse, Picasso, Tanguy; más tarde, se trasladó a París y allí desarrolló su idea genial. Tras el estallido de la II Guerra Mundial adquirió, a bajos precios, cuadros a los artistas en sus talleres, como si cultivase el lema: “Un cuadro cada día”. Cuando se aproximaban los nazis a París, por sugerencia del pintor Fernande Léger, ofreció su espléndida colección para que se la guardasen en el Louvre; no aceptaron y ocultó los cuadros en un granero en Vichy. Fue entonces, en 1940, cuando conoció a Max Ernst, su segundo esposo. Al final, los embarcó en dirección a Estados Unidos y sería allí donde crearía la galería The Art of This Century, cuyo gran descubrimiento fue Jackson Pollock. Al principio no lo interesó su pintura caótica ni confiaba en él, aunque quizá le hiciese sospechar que un artista tan distinto como Piet Mondrian, de rigurosa geometría, dijese que le resultaba emocionante. Se convirtió en toda una figura, en su amante y le encargó el mural de su casa de Manhattan.

En 1947 decidió trasladarse a Venecia y en 1951 abrió a la gente el Palazzo Venier dei Leoni, que era su santuario, su galería viva y casi un centro de peregrinación. Confesó que cuando la dejó el sexo –aún tuvo otro romance con el joven poeta ‘beat’ Gregory Corso- lo que más emoción le producía era deslizarse en góndola por la laguna. Bueno, eso, y acaso repetir una y otra vez su frase más célebre: “Yo no soy una coleccionista de arte, soy un museo”.

CONGRESO DE ARTE, CIUDAD Y CRÍTICA ARTÍSTICA, EN ETOPIA

CONGRESO DE ARTE, CIUDAD Y CRÍTICA ARTÍSTICA, EN ETOPIA

 

24 Y 25 DE SEPTIEMBRE: CONGRESO DE ARTE EN ETOPIA
Este fin de semana, el sábado y el domingo, en Etopia, se celebra el Congreso "En los márgenes de la ciudad, del arte y de la crítica’. Aqií se puede ver el programa.

www.aecaspain.es/index.php/icrongreso-2/436-congreso-internacional-arte-urbano-y-audiovisual

OBJETIVOS Y BLOQUES TEMÁTICOS
El objetivo principal que se persigue con este evento es refl exionar en torno a las manifestaciones artísticas que podemos considerar en los márgenes, entendiendo como tales aquellas menos convencionales y canónicas, en particular, todas aquellas que pueden englobarse bajo el paraguas del arte urbano y las manifestaciones audiovisuales.
El congreso se dividirá en tres grandes bloques temáticos:
• Un primer bloque en el que podrá contemplarse la diversidad de umbrales urbanos, atendiendo al papel de las manifestaciones artísticas generadas (espacialmente hablando) en las periferias de las ciudades, fuera de los centros y cascos históricos o en lugares a los que habitualmente la crítica más convencional no ha prestado su atención.
• En segundo lugar se prestará atención a las propias manifestaciones artísticas en los márgenes del canon dominante, teniendo en cuenta algunas técnicas y prácticas no convencionales como el street art, la performance, el videoarte, el videojuego, el cómic, el cartel, la publicidad, etc.
• Un tercer bloque dedicado al estudio del papel, trascendencia y repercusión de la crítica del arte en los márgenes, reflexión en torno a la figura del crítico de arte, fenómenos como influencia de la crítica del arte en la promoción de la innovación artística, así como la visión por parte de la crítica de los artistas “en los márgenes”, discusiones críticas en los medios, la trascendencia de la crítica en la generación de la opinión pública siempre en el campo del arte urbano y el audiovisual.
*Inauguran el congreso Jesús Pedro Lorente y Desirée Orús.A las nueve de la mañana Lo clausuro yo el domingo, hacia la una, con una ponencia sobre la divulgación y la crítica de arte en las redes sociales.
**La ilustración es una foto muy sugerente de Antonio Campo.
 

 

PÉREZ LATORRE, EN LA ALJAFERÍA

PÉREZ LATORRE, EN LA ALJAFERÍA

 

JOSÉ MANUEL PÉREZ LATORRE, HOY, EN LA ALJAFERÍA

Esta tarde, miércoles, 21, a las 20.00 horas, en el ciclo de ’Conversaciones en la Aljafería’, Miguel Mena y Manuel García Guatas conversarán con el arquitecto y pintor José Manuel Pérez Latorre. Es el responsable de la remodelación del Teatro Principal, del Auditorio, del IAACC Pablo Serrano, del Cubo del Pilar. Es un gran coleccionista de arte y de libros: posee primeras ediciones de Pedro Salinas y ES un lector constante de Jaime Gil de Biedma. ’De vita beata’ es uno de sus poemas favoritos.

DE VITA BEATA
En un viejo país ineficiente,
algo así como España
entre dos guerras civiles,
en un pueblo junto al mar,
poseer una casa y poca hacienda
y memoria ninguna. No leer,
no sufrir, no escribir,
no pagar cuentas, y vivir como
un noble arruinado entre
las ruinas de mi inteligencia.

Jaime Gil de Biedma.
*La foto es de Heraldo de Aragón.
[Hace algunos Pilares, le hice esta entrevista a José Manuel Pérez Latorre sobre el Pilar, la fiesta, la tradición, etc.]

 

DÍAS DE FIESTA

 

José Manuel Pérez Latorre (Zaragoza, 1947) es arquitecto. Entre otros edificios, ha hecho el Auditorio y el Museo Serrano y su ampliación.

 

“El Pilar es el tiempo de andar

sin rumbo, de un lugar a otro”

 

Antón CASTRO / Zaragoza

 

¿Qué significa el Pilar para usted?

Todas las cosas en la ciudad de Zaragoza se producen entre el Pilar y el Pilar, de tal forma que nosotros como zaragozanos tenemos que compaginar el tiempo del calendario general con aquel que corresponde con el calendario pilarista, entre el 12 de octubre y el 12 de octubre. Las fiestas son la catarsis local que hace que todo tenga como plazo el Pilar y como plazo de comienzo el final del Pilar. Así que estas fiestas no son más que un paréntesis que sirve para encadenar el tiempo de la ciudad.

 

¿Qué es lo que más le gusta o le disgusta?

Se produce todo a la vez. Me gusta el ver las calles llenas de gentes, llenas de espectáculos y elementos que llaman la atención. Y a la vez experimento disgusto por lo poco placentero de ese transcurrir de masas y de cosas diversas.

 

¿A qué recuerdos están asociados estos días?

Al Rosario de Cristal. Me parece uno de los elementos más mágicos que un niño en aquella España gris de la posguerra podía asociar a la magia, a la fantasía y a la luz. Era la noche en la que se te permitía ver y observar. Quizás por eso, por el recuerdo de ese espectáculo, cada vez que lo vuelvo a ver despierta en mí las fantasías de la infancia.

 

¿Cuáles son sus espectáculos favoritos?

 Pasear y la Comparsa de Gigantes y Cabezudos.

 

¿Cuál es su lugar predilecto?

La ciudad para el Pilar diluye sus plazas, sus esquinas, sus calles; Zaragoza diluye sus lugares en un solo lugar, que es el continuo de la ciudad. Por lo tanto no puede haber un lugar predilecto porque desaparece bajo el caminar de la gente.

 

¿El Pilar es tiempo de charangas, de Gigantes y Cabezudos, de circo, de teatro, de grandes conciertos, de aventuras amorosas...?

Más que el Pilar, yo diría que son los tiempos que corresponden a la manera de estar en la vida en las fiestas. El paso de las charangas que, como sonido inunda y deshace la ciudad, querría ser un elemento mucho más popular. Los gigantes y cabezudos que transitan por el espacio y el tiempo de la historia, retrayéndonos a los orígenes, a las mojigangas y a otras expresiones populares. El circo que, a pesar de las grandes películas con efectos especiales llenas de elementos sorprendentes, todavía confía en la visión directa del equilibrista, del trapecista, del domador, de los animales, etc. etc. El teatro que suplanta a la televisión, al cine y que devuelve una relación entre actor y espectador; está bien que se produzca en tiempos de catarsis, donde la capacidad de entrega es mucho mayor que en un tiempo normal. Los grandes conciertos están para mí lejanos en este tiempo y, con la edad, ya se me ha pasado el tiempo de aventuras amorosas...

 

Si tuviera que contarle a un foráneo las claves de las fiestas del Pilas, ¿qué le diría?

Que se olviden del mundo, que recuerden por un momento aquel cuento de Edgar Allan Poe, ‘El hombre de la multitud’, y que no tracen ningún plan. En las fiestas del Pilar se trata fundamentalmente de andar sin rumbo de un lugar para otro.

 

¿Cuál es su debilidad gastronómica? ¿Es de tapeo de bar en bar?

Si acompañas a gente de fuera es posible que trates de introducirla en los muchos sabores que el mundo de las tapas puede proporcionar a Zaragoza, pero si estás solo o estás en familia, ese tiempo del tapeo es continuo en Zaragoza a lo largo del año.

 

¿Qué le dice la Ofrenda?

 La Ofrenda tiene dos partes. Una, que es el cubrimiento floral de la estructura metálica que acaba convirtiéndose en una arquitectura que soporta la imagen de la Virgen. Hecha solo de base de flores, yo diría que es un caso único en esa aptitud central de la plaza, que ocupa y se erige en el espectáculo más ritual. La segunda parte es cómo se ha hecho de la Ofrenda una excusa para sacar los trajes históricos anteriores al funcionalismo y por momentos revivir glorias pasadas.

 

¿Cómo se vive el Pilar desde la arquitectura y la pintura?

El Pilar, como arquitectura en las fiestas del Pilar, es donde ésta se muestra más eficaz. El edificio barroco, construido en forma de plaza mayor cubierta y con cuatro puertas, permite un movimiento ágil y rápido que hace que el templo sea siempre un continuo trasiego. En estos días, la hermosa capilla de Ventura Rodríguez hace de elemento fundamental de la visita, dada la cantidad de gente que hay. Los Goyas, los Bayeus, Velázquez, Stoltz, etc., quedan como grafismos protectores del visitante allá en silencio en las cúpulas.

 

¿Qué pasa entre usted y la jota?

La jota, en su fuerte vibración, es más un sonido que llega al alma cuando estás en el extranjero y te hace reconocerte en ella.

¿Recomendaría algún edificio para estos días?

 El Pilar.

 

¿Quién ha sido el gran personaje de sus ‘Pilares’?

Creo que ya le he contestado: el Rosario de Cristal.