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Antón Castro

Artistas

DORA MAAR: MUSA Y ARTISTA

DORA MAAR: MUSA Y ARTISTA

 

DORA MAAR VISTA POR BRASSAÏ

Estos días, entre múltiples razones, Dora Maar ha aparecido varias veces en mis conversaciones, en mis búsquedas, etc. Hace poco hablaba de ella, en la Casa de la Mujer, Lina Vila; hace poco, con motivo de la película ’33 días’, sobre el ‘Guernica’, de Carlos Saura, oí hablar al director. Siempre me ha fascinada esa mujer, que llegó a la vida de Picasso cuando se despedía de Olga Koklova y de Marie-Therese Walter. Había sido amante de Bataille, tenía una cierta leyenda de devoraba hombres o de gran experta en las artes amatorias y era ya una estupenda fotógrafa: de desnudo, de atmósferas, de diversas experimentaciones. Aquí la vemos retratada en su estudio y ante sus cuadros por Brassaï.

 

 

 

DORA MAAR, MODELO DE EMMANUEL SOUGEZ

Dora Maar fue musa de muchos fotógrafos: de Picasso, desde luego (él tuvo un affaire con Lee Miller, con Nush Eluard y ella probablemente le montó sus habituales escenas de celos), de Brassaï, de Man Ray o de Emmanuel Sougez. Esta foto está fechada en 1934 y es una de mis favoritas de esta mujer que nació en 1907 y que murió en 1997: residió entre los 3 y los nueve años en Buenos Aires y lo fue casi todo: pintora, fotógrafa, escenógrafa, escultora...

 

DORA MAAR Y LOS 33 DÍAS DEL ‘GUERNICA’ DE PICASSO

Dora Maar siguió muy de cerca el proceso de ejecución del cuadro ‘Guernica’. Dicen que Picasso empleó 33 días de 1937 y que ella documentó todo el proceso, fotos que se conservan en parte en el Museo Reina Sofía. He aquí una de las fotos: Picasso pinta. Dora Maar amó con locura a Picasso; fue reemplazada en su corazón por Françoise Gilot, y luego se retiró con una frase en los labios y los pinceles entre las manos: “Después de Picasso solo Dios”.

RECUERDO DEL PINTOR GUILLERMO

Guillermo Pérez Baylo: el pintor que fue cónsul*

 

Guillermo Pérez Baylo (Zaragoza, 1911-Tarragona, 2000) era hijo del jefe de ventas de la Azucarera y, aunque su padre quería que fuera cónsul, las notas sólo le llegaron para entrar en la Escuela de Comercio, que dejó casi inmediatamente. Quería ser pintor o músico. Y su padre pidió consejo al escultor Honorio García Condoy y al pintor Martín Durbán: le sugirieron que se adentrara en el aún desconocido mundo de la publicidad. Guillermo aprendió en el estudio del fotógrafo Juan Mora Insa, estudiando el catálogo de fotos de Arte Aragonés; luego continuó su aprendizaje en Barcelona, con Borrás Abella, y en el Museo del Prado, en las salas de Goya, durante su servicio militar. Pero ya en los años 30 Guillermo se convirtió en el gran cartelista de Zaragoza: las fiestas del Pilar, la feria de muestras, las portadas de Heraldo de Aragón le dieron popularidad. En 1994, en una entrevista publicada en El Periódico de Aragón, decía que “el secreto de un buen cartel depende de la época y de las modas en ocasiones. Pero tiene que ser como un anuncio, es como un chillido para llamar la atención. Debe tener manchas grandes para que se vea a lo lejos y desde la distancia se perciba lo que representa. Los símbolos deben ser claros y contundentes”. Afortunadamente, Don Darío Gazapo, jefe del Estado Mayor y fundador del No-Do, lo acogió bajo su protección durante la Guerra Civil y Guillermo se pasó los años de la contienda retratando a las mujeres de los oficiales e incluso lo enviaron a Salamanca para retratar a Franco: “Pedirle que se pusiese así o asá y tenerlo quieto, impresiona mucho”, recordaba Guillermo en la misma entrevista, que mantuvo con Antón Castro.

Después de la guerra, Guillermo se casó con Dolores Lahuerta. El matrimonio fue a Barcelona a pasar unos días, en principio, pero acabaron estableciéndose allí. Llegaban encargos, premios, y Guillermo abrió un estudio en el Paseo de Gracia desde el que trabajó con tesón y sin descanso: hacía carteles para la Semana Ciclista, para las fiestas del Pilar; fue director artístico de la revista Siluetas; hacía carteles para películas como ‘Marnie la ladrona’ de Alfred Hitchcock y mantuvo una estrecha y constante relación con el Centro Aragonés de Barcelona haciendo carteles, retratos, paisajes, específicamente los paisajes, arquitectónicos y naturales, más emblemáticos de Aragón. Manuel García Guatas, en un artículo en el que repasa la colección artística de la Universidad de Zaragoza, dice de Guillermo que “fue ante todo un experto dibujante, tanto para ilustraciones y encargos publicitarios como para retratos, y esa calidad y la de saber interpretarlos al óleo sin modelo, a partir de fotografías antiguas, constituye su mérito principal”.

En 1984 expuso sus ‘Rostros aragoneses’ en la Diputación Provincial de Zaragoza, realizó retratos a rectores y catedráticos, entre otros, retrató a Guillermo Fatás, para la Universidad de Zaragoza, y realizó una serie en la que plasmó los castillos de la Corona de Aragón, incluyendo los territorios que había en Italia. En 1993 el Centro Aragonés de Barcelona le organizó una gran exposición retrospectiva de lo más significativo de su producción. En 1989, la Peña ‘El Moquero’ le rindió homenaje y el pintor y poeta Vicente Rincón escribió un perfil sobre Guillermo, en el que dice: “sea lo que sea, Guillermo plasma con sensible habilidad / el remanso de un río al pie de una fortaleza medieval, / la andariega luna sobre las casas dormidas de una aldea, / y hasta logra captar el silencio armonioso del alba. / ¡Qué duda cabe de que Guillermo es un artista único, / incomparable, recio y sincero en todo aquello que pinta!”.

La gratitud y el cariño de Guillermo por el Centro se plasmaron de diversas maneras: en la sala Costa y otras dependencias, donde pintó cascos urbanos, iglesias y castillos de los principales lugares de Aragón y donde realizó dibujos a carboncillo de temas aragoneses. Pero además realizaba un retrato a lápiz de cada pregonero de las fiestas del Pilar, diseñó las medallas del Centro y entregó una parte importante de su biblioteca, la mayoría libros sobre Goya, a la biblioteca del Centro.

Guillermo Pérez Baylo, que firmaba simplemente como Guillermo, era un apasionado de Aragón, de la belleza y de las mujeres. En 1990 declaraba que “a mí me hubiera gustado ser un pintor de lleno, haberme dedicado más.” Sin embargo, llegó a pintar más de seiscientos retratos, entre ellos, los de Joaquín Costa, Pilar Bayona, Miguel Fleta, Pedro Laín Entralgo, Luis Buñuel, Ildefonso Manuel Gil, Pilar Lorengar, Ángel Canellas, la Reina Sofía, etc. Su vida encerraba episodios novelescos, como el de una joven a la que conoció en Sobradiel, le habían destinado allí durante el servicio militar, y con la que mantuvo una relación “muy casta y muy bella”. Al licenciarse, dejó el pueblo y olvidó a la muchacha, quien, al parecer, murió de desamor. El propio Guillermo se enteró de su muerte años después y, quizá por remordimiento, visitó su tumba en la que se leía “Ilustrísima”; “Aquella joven no sólo era rica, sino de noble cuna, creo que condesa o algo así”, recordaba Guillermo años después. Decía que su epitafio ideal sería “Aquí yace un artista aragonés que siempre buscó la belleza”. En la primavera de 1997 realizó una gran antológica de su obra en el palacio de Sástago, bajo el comisariado de Josefa Clavería. Guillermo Pérez Baylo murió en Tarragona en el año 2000.

Guillermo acabó por cumplir el deseo de su padre: pincel o aerógrafo en mano, con sus carteles, paisajes y retratos, con sus rótulos y su generosidad se convirtió, desde el edificio de la calle Costa, en el cónsul de Aragón en Barcelona.

 

*Este texto figura en el libro de la historia del Centro Aragonés de Barcelona que publiqué en 2011. Lo encuentro en mi fondo de armario y me parece oportuno traerlo aquí. El viernes 16 de marzo, viernes, en ese espacio, Ángel Guinda presentará 'Caja de lava' y yo 'El paseo en bicicleta', en un acto que organiza Olifante.

EN DEFENSA DEL CDAN Y TERESA LUESMA

EN DEFENSA DEL CDAN Y TERESA LUESMA

COMUNICADO:

EN DEFENSA DEL CENTRO DE ARTE

Y NATURALEZA DE HUESCA (CDAN)

 

Las asociaciones profesionales de las artes visuales contemporáneas del Estado español consideran que la destitución de Teresa Luesma como directora del CDAN y el nombramiento, sin mediar concurso ni un proyecto de gestión para el centro, de Antonio González Tolón para sustituirla, pone de relieve las actuaciones sin criterio que el Gobierno de Aragón está llevando a cabo en los últimos meses en los centros de arte contemporáneo de la Comunidad Autónoma. Actuaciones cuyos objetivos no siempre son explícitos.

 

Es necesario tener en cuenta que la Ley de la Función Pública de Aragón exige que los directores de museos y centros de arte sean funcionarios, lo que hace pensar en una puesta al día de esta Ley para adecuar las características de esas plazas a los requerimientos de las actuales formas de gestión de los centros de arte. Pero, en ausencia de esa modificación de la Ley, las características del CDAN, dependiente de una fundación de la que forman parte el Gobierno de Aragón, la Diputación de Huesca y el Ayuntamiento de Huesca, junto a una parte importante de patronos privados, hubiese sido la oportunidad para poner en práctica una forma de elección de un nuevo director adecuada, tanto al Código de Buenas Prácticas como a las exigencias de la continuidad de la trayectoria del Centro de Arte y Naturaleza. No ha sido así, y se ha nombrado, sin otra justificación, a un gestor cultural sin ninguna experiencia en el arte contemporáneo. Y de que podría haberse hecho de otra manera da fe el que el nuevo director no es funcionario.

 

Este tipo de nombramiento de un director, sin proyecto explícito, revela la falta de modelo que el actual Departamento de Cultura del Gobierno de Aragón, responsable máximo de esta decisión, tiene para el CDAN; o, en caso de tenerlo, lo oculta y todo indica que puede desvirtuar lo que hasta ahora ha sido el Centro de Arte y Naturaleza, que ha conseguido ocupar un lugar en el ámbito del arte contemporáneo a partir de una necesaria especialización, de un trabajo colectivo que bajo la dirección de Teresa Luesma ha conseguido crear conocimiento –fin último de un centro de arte- y de una adecuación a las características del territorio en que se ubica.

 

Es preocupante, además, la forma en que se ha nombrado al nuevo director ya que, al final, pone en riesgo la continuidad del CDAN, rompiendo así una trayectoria estimable y colocándolo en un punto sin futuro. Los ajustes económicos no deben aprovecharse para relegar proyectos que se han demostrado sostenibles y con una clara vocación de futuro, ni mucho menos para abandonar la práctica del pensamiento crítico, tan necesaria en el ámbito del arte actual; porque, a falta de ideas, el camino del futuro se dirige fatalmente hacia el pasado. Y puede ser el caso del CDAN, además, sin posibilidad de retorno.

 

 

Asociación de Directores de Arte Contemporáneo de España (ADACE)

 

Consejo de Críticos y Comisarios de Artes Visuales de España

 

Consorcio de Galerías de Arte Contemporáneo

 

Unión de Asociaciones de Artistas Visuales

 

Federación de Agentes Artísticos Independientes

 

*Esta foto de Teresa Luesma es de Javier Blasco de Heraldo de Aragón.

FÉLIX ROMEO, VISTO POR LINA VILA

"FÉLIX ROMEO QUERÍA VIVIR EN ABSOLUTA LIBERTAD"

-“Quería entenderlo todo en la vida. Tenía un ansia incansable por saber”

-“Lo que da rabia es que un extasiado constante como él haya tenido tan poca vida”

  

La pintora Lina Vila, seis meses después de la muerte del escritor, recuerda sus cuatro años de convivencia, su personalidad y su pasión por Zaragoza y por el mundo, y cuenta cómo se gestó ‘Noche de los enamorados’ (Mondadori), su novela póstuma.

 

  

Lina Vila trabaja en su estudio de San Mateo de Gállego entre arbustos y flores, el canto de los pájaros y los canales de riego. Allí vivió los últimos cuatro años con el escritor Félix Romeo Pescador (Zaragoza, 1968-Madrid, 2011). Es la primera vez que habla de él, de su carácter, de sus años de convivencia y de la vitalidad de un hombre incansable que, en su finca, se convirtió en un pequeño alquimista de las pequeñas cosas: cocinaba, hacía pan, improvisaba menús, observaba los almendros, las higueras o las distintas luces del cielo. Lina Vila también vivió muy de cerca la redacción de su novela ‘Noche de los enamorados’ (Mondadori), que se presenta mañana en el Teatro Principal. “Félix y yo ya nos conocíamos. Yo admiraba su faceta de discutidor: aquella facilidad y vehemencia que tenía para defender sus ideas. Me fascinaba no el hecho de que discutiera, sino que defendiera con valentía lo que pensaba, sin miedo al qué dirán, con libertad, con pasión y lejos de pudores. Félix siempre estaba aprendiendo. Poseía una gran curiosidad. Le interesaba todo: libros, arte, política cultural, hasta la inseminación de cerdos. Tenemos un gran amigo en Ejea que se dedica a eso, y Félix siempre le preguntaba cosas”.

¿Era fácil asumir su papel de discutidor o no?

Félix podía discutir por todo. Y en ocasiones, cuando las cosas llegaban a un extremo tenso, podía levantarse de la mesa. Lo hizo alguna vez; luego mandaba un correo o un sms de cariño y de cierto sentido de culpa. Fue siempre un ser que defendía con entusiasmo y convicción lo que creía. Él siempre decía que lo más difícil es ser libre y él quería vivir en absoluta libertad. Félix era muy inteligente y eso también le hacía ser exigente con los demás. No siempre estaba dispuesto a hacer concesiones a la estupidez, pero en el fondo, incluso en esos instantes, era un rudo tierno.

Sin embargo, en muchas ocasiones, en él también aparecía la trastienda: el miedo, la inseguridad...

Es cierto. Por ejemplo, Félix tenía pánico a los hospitales, a la enfermedad, a los médicos. No era miedo a la muerte, exactamente. Su madre tuvo que pasar por el hospital, y eso le inquietaba mucho. Tenía pesadillas con los hospitales.

¿Qué le enseñó?

Era una de esas personas que te descubren mil mundos. Aprendías a tirarte a la piscina. Era como un buzo que se zambulle en el agua un poco a ciegas y encuentra tesoros todo el rato. Su teoría era que todo te puede enseñar y abrirte caminos. Un libro le llevaba a muchos libros, un pintor a muchos cuadros y pintores. Ibas con él por cualquier sitio, y te decía, mira ese cielo, mira esa torre iluminaba, fíjate en los árboles, contempla el vuelo de ese pájaro. Y te animaba siempre: a mí y a muchos. Creía en el talento. Desde que empezó a venir a San Mateo de Gállego, le interesaban hasta las nueces. Se aprovechaba del silencio, le gustaba estar ahí solo, cerca del avellano y del almendro.

¿Era un vitalista, entonces?

Sin duda. Últimamente he conocido mejor a su padre, Félix Romeo, también. Y tengo la sensación de que son idénticos: personas con una gran entereza y sensibilidad muy preocupadas por los demás. Ves a su padre y entiendes mejor a Félix: tienen fortaleza, decisión y voluntad. Y hay algo más que les une: casi nunca hablan de sí mismos.

Félix usaba un término para explicar sus bajones: “estoy melancólico”. ¿Qué quería decir exactamente?

Se daba tanto a los demás, generaba tantas ideas y proyectos, ponía tanta pasión en cosas que eran para todos que cuando no salían o caían en un saco roto se ponía melancólico. A veces le costaba entender por qué algunas cosas que desarrollaba no salían. Pero no era quejoso en absoluto, ni triste. Creo que la tristeza y Félix eran incompatibles.

¿Qué le disgustaba?

La cerrazón de algunos responsables políticos. Y la queja. Incluso cuando había una cosa mala, algo que no funcionaba, te daba diez cosas buenas. A él le gustaba mucho este mundo en libertad: decía que no podemos menospreciar nuestras conquistas y privilegios. Aquí podemos hablar, manifestarnos, podemos besarnos por las calles, incluso las mujeres, decía con humor, ja, ja. Siempre encontraba razones que contrarrestasen los malos momentos, y al final casi no te fijabas en ellos.

 

Uno de los descubrimientos de Félix en sus últimos años fue su padre: Pedro Vila.

Cuando Félix vino a casa y vio los materiales de mi padre, que falleció de cáncer, se quedó fascinado. Hizo como solía hacer cuando iba a la casa de alguien: miraba los libros, los cuadros, escudriñaba los rincones, etc. Aquí descubrió sus escritos, sus poemas, su pasión por Aragón y la cerámica, proyectos que había apoyado, como el vídeo ‘La sabina’. Le gustó mucho una idea que tuvo mi padre de plantar sabinas en Villamayor. Félix tenía un ansia incansable por saber y tocarlo todo y tenía una memoria de elefante. No he conocido nada igual.

Hablemos de otra pasión suya que compartieron: los viajes.

Siempre he sido muy viajera. Eso se lo debo a mis padres, que nos llevaban de aquí para allá siempre para conocer mejor Aragón. Félix no conducía y me llamaba “mi choferesa”. Lo que más le gustaba era salir de España: estaba un poco agotado de nuestro país. Le aburría la queja y el victimismo, le aburrían la bipolaridad política, el terrorismo... Le encantaba ir a Francia.

¿Dónde?

A muchas ciudades. Lyon le encantaba, una ciudad europea, burguesa, con un gran poso cultural y mucho dinero. Le encantaba ir de librerías y de galerías, y ver el cine en versión original. Y Niza, que era una ciudad llena de evocaciones literarias y artísticas, porque allí habían vivido Picasso, Matisse y Chagall. Marsella no le gustó tanto. Y también le gustaron Burdeos y París, claro. Recuerdo que en París fuimos a ver una exposición de Louise Bourgeois...

¿Y qué pasó?

Era curioso: siempre me había dicho que no entendía su arte. Félix no era feminista, pero sí era un gran defensor de la mujer: en los últimos años, quizá por un poco de contagio (a mí me interesa mucho el arte de mujer), se apasionó por la creación de las mujeres. Recuerdo que más de una vez me leyó en la cama ‘La ciudad de las mujeres’ de Cristina Pizán. Al final, Bourgeois le interesó mucho y me propuso que fuéramos a verla a Nueva York. Falleció poco antes, en 2010. También hemos ido a Milán, a Roma y a Venecia. Y a Lisboa...

¿No era Lisboa una de sus ciudades favoritas?

Sin duda. Yo tengo allí una prima y hemos ido mucho. A él le encantaba ir de pequeñas galerías, que a veces no tenían más de cuatro metros cuadrados. Con lo que veía, hacía proyectos, pero luego se topaba con las exigencias, en Zaragoza, de una legislación que no trabajaba a favor de los ciudadanos. Su teoría era que no eran necesarios grandes espacios para el arte, sino cosas pequeñas bien cuidadas.

¿Cómo vivía Félix esta ciudad?

Era una de las razones de su vida. Siempre pensaba en proyectos para ella: ahí están La Harinera de San José, el proyecto Noreste, un desarrollo que había hecho para cambiar el MICAZ de Ibercaja y su política e artes plásticas, que pasaba por exponer de otro modo a Goya, invitar grandes artistas e impartir talleres didácticos. Entre los libros en los que trabajaba hay cuentos de animales y de brujas, dos novelas empezadas, un diccionario de Zaragoza, quería crear un cine de versión original. Siempre pensaba cosas para mejorar la cultura de la ciudad.

¿Cómo se gestó su novela póstuma ‘Noche de los enamorados’?

A mí me parece que aquí está el escritor más sólido y más cuajado. El escritor que Félix quería ser. Este libro lo trabajó muchísimo: se documentó, recuerdo que tanto en San Mateo como en su casa de Conde de Aranda recreamos el crimen: yo hacía de María Isabel y él de Dulong. Quería entenderlo todo en la vida.

¿Estaba Félix obsesionado por el crimen?

Le daba pánico la violencia. Había escrito de escritores asesinos y delincuentes, tenía un proyecto de autores suicidas, pero a él le horrorizaba la violencia, y en particular la violencia de género. En ‘Noche de los enamorados’ lo que hace, entre otras cosas, es una investigación policial y se pregunta cómo un crimen tan espantoso había podido tener ese castigo.

¿Cómo han sido estos seis meses de ausencia para usted?

Durísimos. Tengo la sensación de que estoy viviendo una pesadilla y que no salgo de ella, pero eso es la vida: la vida es una pesadilla que hay que ver despierta. ¡Félix tenía tantas cosas por hacer! Lo que da rabia es que un extasiado constante como él haya tenido tan poca vida.

 

 

LA COCINA DE LA CREACIÓN

 

A CUATRO MANOS

 

Lina Vila dice que su pintura es esencialmente autobiográfica, que es una pintora intuitiva, que pinta lo que “le sale de sus tripas”, sus obsesiones, sus animales. Desde la inesperada partida de Félix Romeo –además de ‘Noche de los enamorados’, Mondadori publica el libro de artículo ‘¡Viva Félix Romeo!’ y Anagrama rescata en bolsillo sus dos primeras novelas: ‘Dibujos animados’ y ‘Discothèque’- apenas ha podido pintar: se siente agarrotada, insegura.

Recuerda que Félix no creía en la vida interior; a él le gustaban las personas, los amigos, salir, las tertulias nocturnas, y eso también era el alimento de su trabajo. “Escribía mucho. Demasiadas reseñas. Trabajaba de noche. Impartía muchos talleres y deja muchos proyectos en sus cuadernos de notas. Había barajado una revista de arte, con sus corresponsales en Madrid, Barcelona, Huesca. Y todo está anotado. En los últimos tiempos, además de dos novelas, una inspirada en la torre familiar y una historia de amor, habíamos empezado a trabajar en un proyecto muy bonito: se llama ‘La cocina de los escritores’. Leía libros de distintos escritores, de Colette, de Andrea Camilleri o de Donna Leon, entre otros muchos, buscaba escenas de comida y preparaba él mismo la receta y los platos; cuando los había preparado me pedía que los fotografiara. También quería hacer un libro de viajes por Aragón: íbamos por aquí y por allá, y me pedía que tirase fotos”.

Félix le dejó otro vívido recuerdo: defendía las cosas hechas, los proyectos que se culminaban. Y siempre “estaba animando. Animando. Animando. Decía que un artista debe dar siempre lo mejor de sí mismo: exponga en el Reina Sofía o en un bar de su ciudad. Y él era muy exigente con lo que escribía. Y decía que le habría gustado ser como Fernando Beltrán: nombrar las cosas, suministrar ideas, inventar sueños. Como escritor admiraba especialmente el oficio, el talento y la carrera de Pisón”.

 

 

 

JESSIE MANN: MODELO Y PINTORA

LEN PRINCE: LA NUEVA JESSIE MANN, LA PINTORA Y MODELO

Hace algunos años, Jessie Mann fue retratada por su madre Sally Mann, una extraordinaria fotógrafa, que hizo un álbum familiar con sus tres hijos desnudos. Fue acusada de pornografía infantil: eran retratos de una delicadeza extraordinaria, en los que se rendía homenaje a la pintura y meditaba sobre la fuerza de los rostros y la ambigüedad de la inocencia. Ahora, Jessie Mann se ha convertido en modelo y una estupenda pintora. Como modelo fotográfico ha posado mucho para el fotógrafo Len Prince, que también ha retratado a Penélope Cruz o Drew Barrymore, por poner ejemplos concretos. Sus trabajos sobre Jessie Mann son muy curiosos: ahí está el desnudo, la fuerza del cuerpo, la insinuación erótica, la provocación, el talento de actriz. He aquí una de las fotos de Jessie Mann, realizada por Len Prince.

Len Prince, a la manera de Man Ray.

Jessie Mann como pintora matérica.

JORGE GAY EXPONE EN BILBAO

JORGE GAY EXPONE EN BILBAO
LA NIEBLA DE LOS SUEÑOS. JORGE GAY EN BILBAO

El pintor Jorge Gay expone en Bilbao, en la galería de Juan Manuel Lumbreras desde el miércoles 23 al 30 de marzo. Jorge me envía tres textos escritos por él sobre la muestra.

1

La exposición consta de 18 pinturas y 17 dibujos al carbón y técnica mixta, con medidas que oscilan entre 255 x 300 cm y 33 x 41.cm
Estas obras son continuación de la exposición realizada en Madrid titulada 'Los ojos del corazón' y dedicada a todos cuantos a lo largo de la historia, emprendieron un largo viaje para ir al encuentro de algo. Una metáfora que expresa la búsqueda que a lo largo del tiempo hicieron los músicos, los pintores o los poetas…Un recuerdo a todos los que llevaban su interior cargado de pasado y soñaban con hacerlo futuro. A cuantos pensaron que la belleza reside en los ojos que la contemplan y se sentían capaces de encontrarla y definirla de nuevo. El fruto recogido en ese viaje eran los peces: si en esa travesía nuestros ojos quedaron agotados, cansados o ciegos, hagamos como Tobías, frotémoslos con la hiel de esos peces para poder volver a ver, recuperar la ilusión y seguir la búsqueda.
'La niebla de los siglos', exposición que se inaugura en Bilbao, muestra la continuación de ese camino, con el deseo de afirmar que más allá del cansancio, más allá de los ojos agotados del corazón, la pintura sigue viva y sirve todavía como gesto expresivo; una actitud con la que siempre podremos explicarnos el mundo.
El pintor se acerca a la realidad entresacando los hilos que la tejen. Con ellos levanta el andamio donde sujetar el anhelo que sueñan sus ojos. La pintura no es una manera de mirar, la pintura construye. Igual que el músico detiene el tiempo, lo ordena y da forma al sonido, el pintor con esa trama de hilos elegidos, armoniza la nueva mirada y vuelve a construir el mundo.
Pintar es andar hacia la luz. La luz que me envolvía y me cegaba el verano de 1959 cuando por primera vez se me descubría la pintura.

2

1959


Nada hay más deslumbrante que el verano ni más fascinante que sus horas y sus días largos. Nada que embelese más que la caída lenta de sus soles.
De entre las brasas de ese incendio salisteis. Veníais de tiempos remotos, con el balanceo musical del pasado, cruzando la niebla de los siglos. Erais cuerpos ganados a la nada y usurpados al caos.
Os construyó Angélico, Cimabué o el Giotto. Crecisteis en Venecia, en París, en la Sevilla ambigua o en el Berlín helado. Sois la pasión, la impávida belleza turbadora, el fruto del origen que vive en la inocencia, la verdad innombrable de la emoción.
Sois seres cincelados en oro. No vivís el momento: os hicieron para la eternidad.
Llegasteis a mí el verano de 1959, cuando se achicharraban los campos y las cigarras cantaban al fuego.
Como fuego de verano invade la pintura.

3

LA NIEBLA DE LOS SIGLOS


Te veo en las ventanas de la luz,
en los párpados negros de los días,
entre la niebla densa de los siglos,
en la ardiente tiniebla
y la sombra del fuego.

Te veo cuando asoman
tus ojos y me llaman
desde el rincón humilde de tu vuelo.
Sigo viva, me dices,
en Lascaux, en Fayun
y en los muros de Arezzo.
Sigo viva también,
como un sueño colgada,
en los museos oxidados del mundo.

Vamos juntos, te digo,
del destello de tus huesos me alimento.
Aún te escucho cuando vienes a mí
y me invade tu brisa inalterada.

Sigue viva, os digo.


Jorge Gay
Zaragoza, enero 2012

PILAR DELGADO EN LA MEMORIA

PILAR DELGADO EN LA MEMORIA

 

PILAR DELGADO: MEMORIA DE UNA GRAN

ACTRIZ QUINCE AÑOS DESPUÉS

Mañana exactamente se cumplen quince años de la muerte de la gran actriz y mujer de teatro Pilar Delgado. Fue la directora de compañías como La Taguara, que tuvo varios éxitos, especialmente 'Aragón para todos'; la compañía fue una escuela de teatro, una factoría de actores: se me ocurren, así a bote pronto, Gabriel Latorre, Agustín Miguel, Rufino Rodenas. Posteriormente, se incorporó al Teatro de la Ribera, y realizó espléndidas piezas junto a actrices como Pilar Laveaga, Pilar Doce, y tantas y tantas otras. La recordamos en muchas funciones: pienso en 'Bodas de sangre', en algunas piezas de Brecht, en 'Electra' o en aquella inolvidable función para los sentidos, casi alada, que fueron 'Las soledades' de Góngora, un espectáculo extraordinario, de gran plasticidad, que dirigió Mariano Anós. La primera vez que vi a Pilar Laveaga fue a finales de los 70 en el Casino Mercantil, y más tarde, poco después, en la presentación de un libro de poesía en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Zaragoza. Mi mejor recuerdo de ella fue una entrevista larga, de un par de horas por lo menos, en el hotel Zaragoza Royal: trajo sus fotos, sus recuerdos, su memoria iluminada (recordó sus años en la radio y en la televisión, su trabajo en una serie sobre Joaquín Costa) y trajo la serenidad y la fragilidad de una mujer tocada por el cáncer. Fue la esposa de Alfonso Zapater y la madre, entre otros vástagos, de uno de mis grandes amigos: el periodista y escritor Pedro Zapater Delgado.

EL ARTE DE ROBERTO MIRANDA

EL ARTE DE ROBERTO MIRANDA

Roberto Miranda, periodista durante años de ‘El día de Aragón’ y de ‘El Periódico de Aragón’, siempre ha sido un espíritu inquieto: ingenioso, apasionado de la filosofía y del lenguaje, un buscador de lo esencial. Le interesaban por igual José Hierro o Albert Einstein, los trazos de Tàpies o la filosofía de Heidegger. Y las vidas rurales o la historia de un campo de fútbol que ha perdido el córner. Tras su reciente jubilación, Roberto ha hecho varias cosas: ha escrito de imágenes fotográficas, de arquitectura. Y, desde hace algunos meses, asiste a clases de dibujo y pintura: hace obra figurativa, pero sobre todo abstracción. Aprende, experimenta, siente. Roberto Miranda, que ha escrito libros con Mariano Gistaín y Joaquín Carbonell, es un puro sinvivir y, como se ve aquí, un discípulo entusiasta de Mondrian, de Malevich, de tantos otros: un defensor de la curiosidad.