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Antón Castro

Deportistas

UN ONCE DEL GARRAPINILLOS

UN ONCE DEL GARRAPINILLOS

 

RETRATO DE EQUIPO: EL GARRAPINILLOS DE PRIMERA REGIONAL
Equipo de inicio del Garrapinillos de Primera Regional, en el campo de San Lorenzo. De pie y de izquierda a derecha: David Mateo, Jorge Beltrán, Dani Pequerul, Rafa, Eloy Mateo y Luis. Abajo: Eduardo 'Pirri', Óscar Cambra, Javier Lacabe (capitán), Diego Rodríguez y Quique Alcubierre. Aloma Rodríguez, fotógrafa y escritora, vino a pasar el fin de semana a Zaragoza e hizo un extenso reportaje de casi todos los jugadores que iré colgando aquí o en el blog del equipo. El Garrapinillos venció por 4-3 al San Juan de Mozarrifar en un choque noble, intenso y muy reñido.

VICTORIA DEL GARRAPINILLOS, 4-3

VICTORIA DEL GARRAPINILLOS, 4-3

IV CRÓNICA. GARRAPINILLOS, 4 – SAN JUAN, 3

El Garrapinillos regresaba al campo de San Lorenzo. Y lo hacía con mucha ilusión, con mucho ánimo. Ha sido una semana intensa de entrenamientos y de preparación física bajo la dirección de Jesús Ángel. Llegaba el San Juan de Mozarrifar, que había cosechado una derrota y dos empates. Llegaba con dos puntos. Nosotros teníamos un magnífico sabor de boca del partido con el Santa Isabel y queríamos ratificar el buen juego, la concentración, algunos hallazgos tácticos que deseábamos que fueran algo más que experimentos específicos de un choque. Hacía mucho calor. Se regó un poco el campo, durante el calentamiento; el árbitro, muy meticuloso, advirtió de la severidad de sus normas: solo cinco en el banquillo, con petos, y el delegado. Y el entrenador. Y ni una protesta.

El balón se echó a correr. Las fotógrafas hicieron el retrato de grupo: nuestro primer retrato de la temporada. Formamos como la semana anterior, era la primera vez que repetíamos equipo: Luis; David Mateo, Jorge Beltrán, Dani Pequerul, Rafa; Enrique Alcubierre, Javier Lacabe (capitán), Diego Rodríguez; Óscar Cambra, Eduardo Pirri y Eloy Mateo. Se quedaron en la reserva: Alberto Luna, Alberto Rubio, Jorge Rodríguez, Enrique Romero y Jesús Ángel. El San Juan de Mozarrifar empezó algo peor, generamos varias ocasiones, pero ellos se hicieron pronto el mando del partido sin un dominio contumaz: al Garrapinillos le costaba mucho mantener el centro del campo. Ellos hacían acopio de balones, iban mejor de cabeza, parecían tener más hombres en la medular. Y en una jugada al contragolpe, con fallo nuestro incluido, se pusieron por delante. Durante todo el partido íbamos a estar un poco fallones: medíamos mal el salto, estábamos imprecisos en la salida del balón, a Lacabe le costaba entrar en juego, tendía a meterse entre los centrales (lo había para buscar el balón e iniciar el ataque), y a Diego y a Quique Alcubierre. Sin embargo, poco a poco nos fuimos haciendo con el partido y marcamos tres goles: Óscar, Eloy, con la derecha, y Pirri, con su peculiar sentido del remate. Así concluyó la primera parte.

Nos fuimos al vestuario tranquilos, aunque no demasiado convencidos del juego. Era mejor el resultado que la calidad del fútbol. No habíamos juego bien, pero habíamos sido efectivos. San Juan nunca dio nada por perdido. Y la prueba fue que logró ponerse 3-3 en la segunda parte: fallamos en pequeños detalles, perdimos la espalda y nos entraron por las bandas. Dos goles, no demasiado brillantes, pero dos goles. La tarde se puso vibrante. Hoy los revulsivos no funcionaban: ni Jorge Rodríguez, que buscó sus centros, lanzó buenos córners y faltas medidas, ni el regreso de Enrique Romero, que no había sido convocado hasta ahora, aunque se le ve con muchas ganas. Esta va a ser una buena temporada para él. Y Óscar Cambra volvió a pelearse con el larguero; aún así fabricó espléndidas jugadas que culminó en tiros con la derecha y con la izquierda que se fueron arriba por poco.

El que sí iba a ser revulsivo era Alberto Rubio. Fue el quinto cambio en lugar de Rafa; Enrique Romero retrasó su posición. Y cuando faltaban apenas dos minutos, Diego Rodríguez cogió un balón, se internó en el área, desbordó a dos o tres, e hizo el pase de la muerte: allí apareció Alberto Rubio, con el catorce a la espalda, que se anticipó a los defensas y al arquero. 4-3 para los locales: 4-3 para los rojillos de San Lorenzo. El Garrapinillos ganaba con mucho sacrificio, con mucho esfuerzo y con algo de fortuna.

El equipo no ha estado tan bien como el domingo pasado. Le faltó control, serenidad, mayor dominio del balón, precisión en los pases, y le sobraron errores defensivos: pérdida de colocación, disputas tibias de balón que se acaba llevando el rival, falta de concentración e intensidad, le sobró un poco de pasividad. Eso no quiere decir que sea solo impericia de la defensa: los demás tienen que robar, defender, fajarse. Con todo, ha habido signos positivos: el equipo mostró capacidad de reacción, sentido de la pelea, ambición de victoria; Óscar Cambra ha jugado probablemente su mejor partido; Diego Rodríguez sigue teniendo una velocidad secreta que no pierde ni cuando el partido está muriendo, Eloy, medio lesionado, marcó un golazo, Eduardo Pirri las busca todas por alto, Jorge Beltrán tuvo momentos muy buenos, Alberto Luna está cada vez mejor, Alcubierre trabajó a destajo como siempre, y hay, hay sed de victoria. La suerte, en esta ocasión, jugó de nuestro lado.

 *El capitán y hoy, de nuevo, medio centro Javier Lacabe en una foto de Aloma Rodríguez del año pasado.

III CRÓNICA: VICTORIA DEL GARRAPINILLOS EN SANTA ISABEL

III CRÓNICA: VICTORIA DEL GARRAPINILLOS EN SANTA ISABEL

 

III Crónica. SANTA ISABEL, 1-GARRAPINILLOS, 2

El Garrapinillos de Primera Regional jugaba esta mañana a las once y media en el campo de Santa Isabel, un equipo que había ganado sus dos primeros partidos. Iba de líder con, entre otros, el Movera y el Perdiguera. Esta semana el equipo, a las órdenes del preparador físico Jesús Ángel, había trabajado muchísimo y algunos jugadores arrastraban molestias: Daniel Pequerul y Jorge Beltrán, atrás, Eduardo Pirri, arriba, y Óscar Cambra, que sigue peleando así con sus molestias de tobillo: parece que más que un tobillo tenga unas castañuelas. Eso sí: el jugador, un extremo profundo de excelente disparo y buen centro, está muy motivado: le cuesta correr, pero trabaja, remata, combina y es siempre un peligro, una amenaza.

El Garrapinillos ha vencido 1-2 en un choque de gran intensidad, que ha jugado con concentración, disciplina, buen sentido táctico y ambición. Quizá haya sido nuestro partido más completo. Sufrido, fajado desde el inicio, con profundidad por ambas bandas. Hicimos un leve cambio táctico: ausente Fran, que se había ido a Motorland, tenía un compromiso previo, Javier Lacabe, el capitán y nuestro central o libre habitual, subió al lugar del medio centro: era el enlace con los defensas Beltrán y Pequerul, y la primera referencia de creación en alianza con Quique Alcubierre, que firmaría su mejor partido, y con Diego Rodríguez, que volvió a vaciarse desde el minuto uno y a generar mucho juego y desborde. Y además, ha debutado Luis en la meta y ha regresado Eloy Mateo, un jugador exquisito que arrastraba dos partidos de castigo de la campaña anterior.

Formamos así: Luis; Mateo, Jorge Beltrán, Dani Pequerul, Rafa; Alcubierre, Lacabe, Diego; Óscar Cambra, Pirri y Eloy. Luego entrarían Jorge Rodríguez, Jesús Ángel, Alberto Rubio y Alberto Luna. En la primera parte se jugó con mucha tensión: los dos equipos concentrados al máximo y con mayor dominio del Garrapinillos; los dos equipos crearon ocasiones, aunque al Garrapinillos le anularon un precioso (y creo que absolutamente legal) de Eloy, que remató un centro en parábola de Óscar. No estaba en fuera de juego porque el balón rebasó al central y retrocedió levemente hacia la posición algo más retrasada de Eloy. La primera parte fue magnífica por las dos partes: bonita, trabajada, intensa, valga el tópico, de poder a poder. En el vestuario creíamos que podíamos y debíamos ganar.

Y así empezó a fraguarse la victoria. Jorge Rodríguez reemplazó a un disminuido Pirri: realizó una espléndida jugada a contrapié y sirvió un balón preciso a Eloy. Gol. Unos minutos más tarde, empató el Santa Isabel. El Garrapinillos no le perdió la cara al choque: siguió peleando, buscando la victoria, se defendió de las acometidas locales, se hizo fuerte por arriba en los balones cruzados desde las bandas o desde el córner. A raíz de una falta que lanzó Eloy, el lateral Rafa se adelantó levemente y remató con claridad. Rafa aún estuvo a punto de marcar de nuevo: el Garrapinillos había generado ocasiones de gol, había rematado a los palos y seguía ahí, resistiendo, con tensión y orden, desdoblándose en un juego de fuegos cruzados de defensa y ataque. Al final, victoria por 1-2.

Si el resultado es bueno, no ha sido peor en absoluto el comportamiento del equipo. Ha resistido, ha buscado el ataque, ha intentado ser profundo y eficaz. Lacabe, por lesión de Beltrán, regresó a su sitio, y en su lugar jugó Luna, que deberá ir ganando en fortaleza, intensidad y algo más de coraje. Alberto Rubio sigue trabajando bien por las bandas: es tan menudo como vehemente, a veces tiene alma de vela. Jorge Rodríguez desborda, crea ocasiones, es un jugador importante aunque sale desde el banquillo, etc. De todos los jugadores podría decir muchas cosas: están viviendo el equipo y el fútbol de los domingos con cariño y con pasión. Todo el equipo ha estado entero, comprometido, y ha buscado afanosamente la victoria.

II CRÓNICA DEL GARRAPINILLOS

II CRÓNICA DEL GARRAPINILLOS

 

 

II CRÓNICA: GARRAPINILLOS, 3-VILLANUEVA, 2

Garrapinillos, el barrio próximo al aeropuerto, está de fiestas. Hay vaquillas mañana y tarde. Hay alegría: la gente se reúne en peñas y se congrega luego en las terrazas de los bares con sus atuendos. Por la tarde había partido y se había anunciado con los pasquines y carteles. Había ambiente: el campo empezó a llenarse hacia las cinco, cuando llegaron las reinas de las fiestas. Venía a jugar el Villanueva, un equipo de futbolistas jóvenes. El Garrapinillos, de salida, formó con Sergio Calvo; Dani Pequerul, Jorge Beltrán, Lacabe, Rafa; Diego, Alcubierre, Fran; Óscar Cambra, Pirri y Alberto Rubio. Jugarían los cinco suplentes de hoy: David Mateo, Jesús Ángel, Néstor, Alberto Luna y Pitu.

Al equipo local, de rojo, le costaba entrar en el partido, aunque inicialmente creaba más peligro; poco después, en un contragolpe, se produjo una jugada confusa en el área local: la juez de línea señaló penalti pero el árbitro animó a que siguiese el juego. Y más tarde, el árbitro sí señalaría una pena máxima al Villanueva, que fue al travesaño. El Garrapinillos marcó primero con gol de Pirri. Dominó luego, creó varias jugadas de peligro, de Diego (que se plantó solo ante el portero, y este sacó una mano prodigiosa), de Pirri y de Óscar. Ellos empataron cuando finalizaba la primera parte. En la segunda parte, volvió a marcar Pirri, ellos volvieron a empatar y finalmente, con autoridad, Javier Lacabe, marcó el tanto definitivo del triunfo de penalti. Javier Lacabe, nuestro mejor jugador del curso pasado por elección de sus compañeros, volvió a hacer un partido espléndido, en todas las tareas. Es un auténtico mariscal que posee colocación, un espléndido salto y una buena técnica, y dirige a sus compañeros.

El partido no fue bueno. El equipo rojillo nunca se sintió cómodo. Le costaba adueñarse del balón y triangular. Le costaba armar el juego en el centro del campo, a sus centrocampistas no les era fácil combinar; el peligro, por lo general, nació de los pases en largo, de la apertura a las bandas o de la llegada por el centro más que de una segura construcción del juego. Sinceramente, podía haber pasado cualquier cosa, quizá el Villanueva –que jugó muy deportivamente con chicos muy jóvenes- habría merecido el empate. Los dos equipos trabajaron, con más pundonor e intensidad, con más brega que acierto, pero también con honestidad. De poder a poder.

El campo de San Lorenzo ha sido abonado de nuevo y el césped se había cortado para el balón circulase. Quizá corriese el balón con alguna lentitud, pero al final, en este caso sí, lo más satisfactorio ha sido la victoria (hacía algunos años que el Garrapinillos no ganaba en casa durante sus fiestas de septiembre), el compromiso de todos los jugadores, la pelea y la piña que se ha hecho. La victoria siempre es un estímulo, aunque a ese estímulo el Garrapinillos anhela sumar otro más: el del buen juego. La solidez defensiva, el control en el centro, el juego combinativo y la eficacia en ataque. Una gran noticia es que la semana que viene regresa Eloy, uno de nuestros mejores jugadores. Otra dos buenas noticias: Javier Lacabe ha recuperado su gran nivel y Pirri, que antaño jugó también en la retaguardia, ha recobrado su olfato goleador con dos tantos. En realidad, hay que elogiar la entrega, el esfuerzo, la disciplina y el deseo de vencer del bloque.

A los chicos del equipo les ha tocado el jamón que se sortea todos los domingos.

 

[Esta es una foto de archivo de Jose Antonio Melendo]

LO QUE LEE JORGE SANMARTÍN

LO QUE LEE JORGE SANMARTÍN

 

Fernando Sanmartín me ha mandado una foto preciosa: la de su hijo Jorge Sanmartín, cierre de un equipo de fútbol sala e integrante de la selección aragonesa, que lee, antes de un partido, mi libro 'Los domadores del balón' (editado por Nacho Escuín en Eclipsados), dedicado al Mundial de 2006. A Jorge Sanmartín le dediqué uno de los libros míos que más me gustan: 'Jorge y las sirenas', ilustrado maravillosamente por Alberto Aragón y editado por Marboré. Él es el protagonista absoluto: él, una sirena. Jorge es un niño encantador y feliz que ha contagiado a su padre, apasionado por el ciclismo, la afición al fútbol y al Real Zaragoza.

I CRÓNICA DEL GARRAPINILLOS

I CRÓNICA DEL GARRAPINILLOS

 

 I. EMPIEZA LA LIGA: UTEBO, 3-GARRAPINILLOS, 1

El Garrapinillos ha iniciado hoy la temporada en Utebo. Perdió 3-1. Se adelantó en el marcador con gol de Óscar Ortiz, dominó la primera parte, en la que empató el equipo local en uno de esos balones cruzados al área, volvió a dominar con claridad en los diez primeros minutos de la segunda parte, y acabó perdiendo con claridad en el último tramo de la segunda parte. Los rojillos no pueden estar contentos: el Utebo, vestido de azul y con un equipo joven, no fue mejor, pero acabó siendo más eficaz y fue de más a menos; el Garrapinillos, que dio una buena medida de sus posibilidades mientras tuvo fuelle, falló claras ocasiones en la segunda parte y lo pagó caro. Fue de más a menos. Los cambios, en esta ocasión, no fueron un revulsivo: ausentes por distintas razones (básicamente por expulsiones y tarjetas del año pasado) Pirri, Mateo, Jorge Beltrán, Eloy, Jorge Blasco, Alberto Rubio y Enrique Romero, el equipo no logró resolver  el cansancio de jugadores importantes como Quique Alcubierre, Fran y Óscar Cambra. Más que resolver, no mejoró su aportación mientras tuvieron fuerzas. Ócar Ortiz, nuestro juvenil, tuvo que retirarse del campo tras un encontronazo: parecía más grave, pero por ahora le han vendado la pierna y estará en observación una semana.

El Garrapinillos ha cambiado el esquema este año. Ha recuperado un sistema clásico. El 4-3-3, aunque nuestro ariete, en este caso Diego Rodríguez, actuó de mediapunta e intentó conectar a los medios con los dos delanteros: Óscar Cambra y Óscar Ortiz. No lo logró del todo y jugó mejor en la segunda parte en el centro del campo. El Garrapinillos, que ha estrenado delegado, Félix Cambra (alternará esa función con Manuel Romero), formó así: Sergio Calvo; Jesús Ángel, Dani Pequerul, Javier Lacabe (capitán), Rafa; Néstor, Quique Alcubierre, Fran; Óscar Cambra, Diego Rodríguez y Óscar Ortiz. También jugaron José Antonio Pitu, Alberto Luna, Jorge Rodríguez, Jaime y Luis.

Pese a la derrota, que duele porque el equipo jamás le volvió la cara al choque ni naufragó en ningún instante (aunque pasó de presionador a presionado), el Garrapinillos jugó bien por instantes y mostró algunas de sus constantes: el intento de construir la jugada, la penetración por las bandas, la solidez en el centro con un recuperado Javier Lacabe, otra vez en su sitio de mariscal, el marcaje pegajoso de Dani Pequerul, y el intento de dominar el centro del campo con triangulaciones y sentido de la anticipación.

Queda mucho, mucho por hacer. Sobre todo mejorar la condición física, perfeccionar los pases en corto y las aperturas a la banda y la conducción de balón. Y, por ahora, el Garrapinillos tiene otro problema: tiene llegada por las alas, pero carece de ariete. Con todo, la nota media, algo inferior a un buen Utebo (joven, con recursos y un buen juego aéreo), sería la de un seis para el bloque. El entrenador piensa, eso sí, que esta no ha sido su mejor tarde. Se equivocó en algunos cambios: no tanto en los nombres ni quizá en las posiciones sino en el momento de hacerlos.

El Garrapinillos vuelve a los entrenamientos el martes, esta vez ya en el campo de césped natural de San Lorenzo. Y esta es la semana de fiestas de Garrapinillos. Esperemos que los jugadores mantengan la tensión y el compromiso.

 

*Foto de Archivo de la jornada anterior: Diego, Lacabe, Mateo y Sergio Calvo al fondo en un partido con Los Molinos.

ESPAÑA: LA GRAN VICTORIA

DIARIO DEL MUNDIAL // Óscar Tusquets dice que “todo es comparable”. También los futbolistas de España y Holanda: por eso aquí ofrecemos un retrato minucioso de los veintidós héroes de la final.

 

 

 

Once contra once:

quiénes son

y cómo juegan

 

Casillas-Sketelenburg. Iker Casillas es, en este momento, el mejor arquero del mundo. Sus dos rivales para ese título, Buffon y Julio César, cayeron pronto. Es un portero con grandes reflejos, elástico, concentrado. Empezó un tanto flojo, pero ha ido a más. Paró un penalti decisivo y ha tenido intervenciones espléndidas. Ha recuperado su carisma. Enfrente estará Sketelenburg, que no era el titular: su torneo, pese al gol de Forlán, es solvente. Va bien por arriba y se entiende con sus defensas.

Sergio Ramos-Van der Wiel. Son dos jugadores semejantes. El español posee una condición física admirable y algún que otro pájaro en la cabeza. Contra Alemania se portó como un auténtico extremo, capaz de arriesgar un regate, de disparar a gol y de acompañar el juego de los medios. Van der Wiel forma con Robben una banda muy peligrosa. Será el encargado de parar a Iniesta. Guardiola le ha echado el ojo para dar descanso a Dani Alves.

Piqué-Heitinga. Son los lanzadores de sus equipos desde atrás. Piqué ha sido comparado con Beckenbauer: es rápido, ágil, seguro y saca muy bien el balón. Posee un buen desplazamiento en largo. Heitinga no tiene su nivel, pero es la referencia defensiva de Holanda. Está irreconocible, si lo comparamos con su campaña en el Atlético de Madrid: toca bien el balón y busca a Van Bommel y a Sneijder.

Puyol-Matijsen. El español es un jugador vibrante, contundente, un ejemplo de entrega y de entusiasmo. Recuerda a Paco Gallego. Es el toro del equipo, un hurón de furia. Su gol ante Alemania lo define: Puyol todo corazón. Matijsen es correcto, va bien por alto, tiene experiencia y lleva años consolidado en esa posición. No es fino con la pelota, pero tampoco comete errores. Como Puyol, es expeditivo.

Capdevila-Van Bronckhorst. Experimentados, zurdos natos, con buen disparo, dispuestos a avanzar por el carril. Capdevila es un jugador sobrio, atento, capaz de centrar bien. Gio marcó uno de los goles más hermosos del Mundial. Es el capitán apacible y conciliador que está viviendo una segunda juventud.

Busquets-De Jong. Sergio Busquets ha dado constantes lecciones de veteranía y de colocación. Es el eje defensivo de España en la media. Protege, asiste, posee un estupendo juego en corto y en largo, y ejecuta como nadie la falta táctica. De Jong es un jugador oscuro y sacrificado, limitado de talento y poderoso en el despliegue.

Xabi Alonso-Van Bommel. Son dos jugadores muy distintos. Van Bommel es una referencia permanente: protestón, duro y bregador. Tiene llegada, sobre todo de cabeza. En su paso por España no sedujo a nadie; en Holanda es el recuperador, el jugador que está en todas las grescas. Los árbitros han sido condescendientes con él. Xabi Alonso está haciendo un gran campeonato. Combina bien, trabaja sin descanso y posee un buen toque en corto y en largo, magnífico en sus cambios de juego, y un excelente disparo. Ante Alemania olisqueó el gol varias veces.

Xavi-Sneijder. Los dos mandan. Xavi es el arquitecto de España, el hombre que dicta el ritmo del partido, el artista incesante. Es preciso, elegante y tiene una visión prodigiosa. Es el mejor organizador del juego del planeta: el balón en sus pies siempre está de paseo. El mejor fútbol sale de sus botas. El menudo Sneijder está viviendo el mejor año de su vida: deslumbró en el Inter y asombra en Sudáfrica. Se siente seguro de sí mismo y de su disparo. Es un cerebro muy completo y vertical. Genera constantes ocasiones de gol. Es uno de los grandes peligros de Holanda: su jugador más en forma, el más imprevisible. Es un tigre de peligro e inteligencia.

Pedro-Robben. Robben es imprescindible, es un extremo de los de antes que juega a contrapié. Descoyunta cualquier táctica ajena y tiene mucho gol. Es un puñal de velocidad y gambeteo. Pedro es un jugador con ángel: es trabajador y descarado, posee desmarque y una picardía de barrio. Se ofrece hasta el fin del partido. Ante Alemania jugó muy bien entre líneas. Puro talento con las dos piernas. La pelota está enamorada de él.

Iniesta-Kuyt. Iniesta encarna el malabarismo puro, la inteligencia, el control de balón. Para él nada es imposible. Es nuestro futbolista del aire: el brasileño de Albacete. Kuyt no había demostrado nada, pero se aferró al puesto y ahora es el jugador necesario arriba porque regatea, apoya a sus medios y presiona constantemente a la defensa rival.

Villa-Van Persie. El delantero del Arsenal es un jugador de carácter complejo y rebelde. Sabe a lo que juega: hurga y hoza en la defensa rival, y su cambio de posición resulta desequilibrante. Es técnico y fantasista. Villa es la reencarnación de Quini, el hombre del gol. Es rápido, ambicioso, sale regateando hacia los dos lados, y posee un disparo demoledor. Además, es vivaz y atrevido. Con él en el campo, el resultado nunca es inamovible.

 

 

DIARIO DEL MUNDIAL / 24. LA VICTORIA

 

Andrés Iniesta, entre la épica y el éxtasis

ANDRÉS INIESTA, ENTRE LA ÉPICA Y EL ÉXTASIS

 

España tuvo que pelear lo indecible para superar a una Holanda bien posicionada, correosa y experta en el contragolpe

España se corona en Sudáfrica con una generación deslumbrante que ama la belleza total del mejor fútbol

 

 

Andrés Iniesta, el futbolista del aire, el elegido de los dioses del fútbol, le dio el triunfo a España. Un triunfo agónico, peleado hasta casi el final de la prórroga, una victoria por la mínima, que confirma la calidad y la ambición de una generación deslumbrante que ha llegado más lejos de lo que nadie se podía imaginar: al Olimpo del balompié, primero en Europa y ahora en todo el planeta. Esta selección será recordada por su juego exquisito, por su querencia de balón, por una triangulación precisa y por esa imaginación inagotable que distinguió a la Hungría de Puskas y Bozsik, al Brasil de Pelé, a la Holanda de Cruyff, y a la Francia de Platini y Giresse. Y será recordaba, sobre todo, porque también a la hora de la verdad tuvo sentido épico. España ganó con la grandeza antigua del fútbol.

El partido fue tosco y trabado. España empezó muy bien: generó ocasiones de inmediato y dio la impresión inicial de que este era su partido. Iba a apabullar. Los holandeses, que buscaban la recompensa a tantos años del buen fútbol que trasvasaron al Milan o al Barcelona, y acaso a la propia España, estaban un tanto perplejos. Como desubicados. Como si la salida del rival y su abanico de pases en cortos, hilvanados con una regla de sastre, les metiera el miedo en el cuerpo. Era el momento de enmarañar el partido, y empezaron a hacerlo, especialmente con  ese peón táctico, incansable y duro, que es Van Bommel. Así, a trompicones, con faltas y un juego sucio tan eficaz como taimado, Holanda paró a España e incluso obtuvo una pequeña conquista: una tarjeta a Carles Puyol. España pasó de dominadora absoluta a dominada, o cuando menos perdió la inspiración, se encontró ahíta, falta de ritmo, proclive además al encontronazo. Holanda salía al contragolpe y en el centro del campo proponía un entramado de marrullerías y de marcajes pegajosos. Lo mejor fue el descanso. España se desorientó en los minutos finales de la primera parte: quedó huérfana de brújula y de plan de ataque.

En la segunda parte, el partido siguió la misma lección. España se buscaba a sí misma, buscaba el control del balón, el arrebato de fantasía, y se encontraba con una Holanda bien situada y cada vez más segura. Arriba, Robben abría huecos y practicaba su regate favorito y esa carrera de amagos que se remansaba al borde del área, cerca de la media luna. Desde ahí engatillaba, pero Iker estaba concentrado. Sabía que el título empezaba en él: las lágrimas finales serían la prueba. España siguió a la suya: buscaba la luz y encontraba la oscuridad. El choque era tempestuoso, con desconcertantes alternativas. El gol podía caer de cualquier lado. De repente, Del Bosque hizo dos cambios: uno, quizá sorprendente, Jesús Navas por Pedro (el canario se extravió desde el principio y nunca volvió al camino) y otro más sensato: Cesc por Xabi Alonso, que había buscado el gol desde lejos, como lo buscó Xavi a través de varias faltas o en saques de córner. En una ocasión, Sergio Ramos falló la ocasión más clara: le pareció excesivo copiar el testarazo de Puyol ante Alemania.

La prórroga adquirió los tintes dramáticos de un resultado incierto. El respeto al rival y el miedo a perder se adueñó de los dos equipos. España sería superior en la prórroga: Xavi volvía a mandar, Iniesta se estiraba por todos los sitios con esa clase admirable que sólo él posee. Se convirtió en la pesadilla de los ‘tulipanes’ y en el foco del público. El espectáculo dentro del espectáculo de la final era él. Y en esas discurría el partido, con un pie ya en los penaltis, cuando recibió un pase de Cesc. Un pase inteligente. Ese balón que enciende el volcán de la emoción y del éxtasis. E Iniesta no falló: selló el triunfo de un bloque, de una apuesta, de unos maravillosos años con un gol antológico e inolvidable. El gol del título. El gol del título más grande. El gol inefable del mago, del virtuoso dulce.

 *Estos dos artículos aparecieron en Heraldo de Aragón el once y el doce de julio de 2010. El día del choque y el días después de la victoria.

HA FALLECIDO CARLOS 'LOBO' DIARTE

HA FALLECIDO CARLOS 'LOBO' DIARTE

[Acabo de enterarme de la muerte de Carlos ‘Lobo’ Diarte a consecuencia de un cáncer. Hace muy pocos días, uno de mis periodistas más admirados de deportes, Cayetano Ros, publicaba esta entrevista con él. Carlos Diarte se hizo famoso en El Real Zaragoza, en el equipo que formaba con Nieves o Irazusta; Rico, González, Royo o Blanco; Planas, Violeta; Rubial, García Castany, Diarte, Arrúa y Soto (o Juanjo o Simarro). Luego pasó al Valencia y también jugó en el Betis, entre otros equipos. Era un formidable jugador de área. Como digo, la entrevista pertenece a Cayetano Ros y a las páginas de ‘El País’, que celebra mañana sus primeros 35 años. ]

Diarte, retratado por Tania Castro para ’El País’.

Por Cayetano ROS. El país

Poderoso delantero de la Liga en los años setenta -jugó en el Zaragoza, el Valencia, el Salamanca y el Betis-, Carlos Lobo Diarte (Asunción, Paraguay, 1954) se refugia ahora en la escritura mientras trata de combatir un cáncer.

Pregunta. ¿Qué tipo de poesía le sale ahora?

Respuesta. Más melancólica. Tengo más tiempo para pensar. Es una pasión que estoy desarrollando.

P. ¿Se ha vuelto introvertido?

R. Sí, soy muy introvertido. Si no me riegas, no me sacas de la raíz. La soledad puede ser tan buena como perversa. Al final, aunque tu familia te acompañe, estás solo. Lo sensible te exprime. Cuanto más solitario, más esparces tus sentimientos.

P. ¿Qué expresa?

R. Lo más bonito es escribir a la belleza, que está en todas partes. Tengo 187 obras registradas en la propiedad intelectual de Valencia: poemas cortos y narraciones. Me gusta mucho la Generación del 27: Cernuda, Aleixandre... Leo a Ángel González, Josefina Pla y los microrrelatos de Augusto Roa Bastos. La inspiración te silba. Cada día escucho mejor.

P. ¿El fútbol tuvo mala fama?

R. Es un lápiz corto intelectual, pero siempre hubo jugadores preparados como Valdano, Pirri... Deberían coger esa estela porque ayuda mucho. Los clubes de Europa exigen formación.

P. ¿Pudo estudiar?

R. Para estudiar uno siempre encuentra tiempo. Terminé el Bachillerato. Fui uno de los mejores estudiantes. Mi madre era severa en eso y se lo agradezco. Una hermana es matemática, otra psicóloga, otro...

P. ¿Cuántos hermanos tiene?

R. Soy el menor de ocho. Mis padres se separaron cuando yo tenía dos años. Nos crió mi madre. La vida era muy dura. Todos trabajábamos en cualquier cosa: albañiles, panaderos... Paraguay venía de la guerra de la Triple Alianza, contra Brasil, Argentina y Uruguay, y de otra contra Bolivia. De un millón de habitantes nos quedamos en 300.000. El 70% eran mujeres: las residentas.

P. ¿Por qué le llaman Lobo?

R. Por la zancada rápida y larga. Me lo puso Mario Ribarola, del Olimpia. "Este parece un lobo", dijo. A los 16 años debuté en el Olimpia, el club más laureado de Paraguay, cuatro veces campeón de América. Fue una pequeña hazaña porque yo era un crío. Tenía velocidad, regate, iba bien por arriba... A los 17 años jugué con Paraguay en Maracaná contra el Brasil de Pelé, Jairzinho, Gerson, Tostao, Rivelino... Conservo la camiseta. Siempre llevé el 9. Me gusta el fútbol en bloque y vertical, como ese Brasil del 70 o el del 82.

P. ¿Cómo era el fútbol de los setenta en España?

R. Había jugadores muy agresivos; en el Granada, Fernández, Aguirre Suárez y Montero Castillo. Fernández me decía: "Tranquilo, paisano, no te haremos daño", pero no me fiaba. Yo a los 11 años ya jugaba con mayores y allí te daban bofetones y patadas. El fútbol paraguayo y el uruguayo son los más duros. Solo me lesioné una vez aquí, en España, y dos en Paraguay. En mi mejor momento en el Valencia, Jaén, del Sevilla, me rompió los ligamentos de una rodilla con una plancha. Llevaba 11 goles en siete partidos. Tarzán Migueli también imponía mucho.

Gol de Diarte al Sevilla con el Real Zaragoza.

 

P. ¿Cómo llegó al Zaragoza?

R. Avelino Chaves me vio jugar en la selección y me eligió como sucesor de Felipe Santiago Campos; anteriormente vino Arrúa. También estaban Soto y Ocampo. Nos llamaban los Zaraguayos. El 9 de enero de 1974 llegué a Zaragoza, que pagó siete millones de pesetas. Sufrí el frío del Moncayo y la dureza de los entrenamientos. Pero pude salir adelante. Cobraba 35.000 pesetas al mes y una ficha de 750.000, que ya era dinero. Luis Cid Carriega, el entrenador, me ayudó mucho.

P. ¿Fue muy juerguista?

R. Mi norma era salir el lunes y descansar el resto: así tuve 18 años a gran nivel. Hay tres factores que debe dosificar un futbolista: salida, sueño y sexo. Tenía muchas fans, pero si te das a los placeres... Me casé pronto, me separé, me volví a casar y tengo cuatro hijos de los que estoy orgulloso.

P. ¿Probó las drogas?

R. Jamás. Un entrenador nos ofrecía pastillas, pero nunca acepté ni un agua antes del partido. Mi debilidad fue una buena comida y un buen vino con unos amigos. Una buena carne, aunque para mí sea ahora prohibitivo.

P. ¿Qué pintaba en la Nochevieja de 1976 en TVE?

R. Me gusta cantar y componer. Valerio Lazarov y Augusto Algueró nos invitaron a Becerra, en paz descanse, y a mí a cantar. Aprendí solo a tocar la guitarra.

P. En el Valencia formó una delantera fabulosa.

R. Nos faltó un director, un Claramunt. En casa ganábamos 5 a 0. Fuera, bajábamos porque el localismo imponía. Rep, Kempes y yo, Valdez de reserva. Rep desbordaba con regate largo; Kempes era potencia de tiro y conducción; yo podía jugar en el área, si el rival se cerraba, o a la contra. Me fui al Salamanca y coincidí con Juanito, Corominas, D’Alessandro y fuimos séptimos. Después, dos años en el Betis con Biosca, Cardeñosa, Morán... Jugamos la UEFA y la gente disfrutó.

P. ¿Su mejor gol?

R. Uno con el Betis al Athletic: arranqué en el medio del campo, le tiré un sombrero a un jugador, avancé en zig zag, llegué al central Goiko y la metí por la escuadra. Y el otro, de cabeza, desde fuera del área, con el Olimpia al River. Ya no hay cabeceadores. El último maestro fue Ayala. Antes estaban Santillana, Zamorano... Yo llegué a saltar dos metros. El cabeceo se ha perdido, se juega a ras de suelo.

P. ¿Su etapa de entrenador?

R. Entrenaba a la selección de Guinea cuando me llegó este mal: dolores en la espalda, se me hinchó un ojo. Me detectaron un tumor ilíaco y en la vértebra. Lo más duro son las sesiones de quimioterapia y el después. Cuando mejor estás, te golpea. Es duro luchar contra esta enfermedad.  

P. ¿Ve mucho fútbol?

R. Sí, lo tengo pegado a los talones y de ahí me sube al corazón. Tengo debilidad por Iniesta.

P. Si ve un balón rodando...

R. Voy a entrenar con mis hijos, de 19 y 21 años, a las canchitas de al lado de casa.