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Antón Castro

Deportistas

GARRAPINILLOS 1- PICASSO 2

GARRAPINILLOS 1- PICASSO 2

GARRAPINILOS, 1 (Óscar)- PICASSO, 2

 

¡TENÍA QUE PASAR!

Sabía que tendría que pasar. Llevábamos once partidos invictos: nueve victorias y dos empates. Tras la laboriosa victoria ante El Salvador, probablemente el mejor conjunto de la categoría, nos visitaba hoy el Picasso. Otro buen equipo, de los de arriba. Se había caído, por lesión, Jorge Blasco. La verdad es que hoy no las tenía todas conmigo: hicimos un par de cambios. Alberto Luna tomó el relevo de Jorge y Alberto Rubio sustituyó a Jorge Rodríguez. La primera fue una sustitución forzosa; la segunda, una oportunidad de salida para Alberto, que ha entrenado muy bien todas estas semanas, y un descanso para Jorge, que tenía pequeños problemas de pubis. Formamos de salida así: Luis; David Mateo, Jorge Lacabe, Jorge Beltrán, Dani Pequerul; Diego Rodríguez, Alberto Luna, Fran Moreno; Óscar Cambra, Eloy Mateo y Alberto Rubio. Entrarían a lo largo del partido Eduardo García Pirri, Kike Alcubierre, Jaime, Jorge Rodríguez y José Antonio Mochales ‘Pitu’.

Al Garrapinillos le costó entrar en el partido. Los azules del Picasso, muy bien situados, empezaron dominando. Además, pronto tuvimos un contratiempo muy importante: el capitán Javier Lacabe, nuestro cierre, tuvo que retirarse por lesión a los cinco minutos. Y de ese dominio nació su primer tanto. Los nuestros se estiraban y se estiraban, intentaban triangular en el centro y forzaron varias ocasiones de gol a las que respondían también los del Picasso; de repente, tras detener un contragolpe, Alberto Luna se hace con un balón en el centro del campo, ve la buena posición de Óscar, y le envía un balón medido: Oscar avanza por la izquierda y bate al portero.

En la segunda el Garrapinillos empezaba a adueñarse del choque. Ellos jugaban con seriedad, con dos jugadores: el cuatro, un veterano con calidad y un delantero centro, al que parecían llamarle ‘Canario’, realmente peligroso. Escurridizo, veloz, con buen control de balón. Los rojillos avanzaban y generaban ocasiones: el centro del campo con Diego, Luna y Fran empezaba a hacerse con el choque. Pero se produjo una tangana, y de ella salió David Mateo con la segunda amarilla. Nos quedamos con diez. Y poco después, en un otro lance en el que Fran fue objeto de falta, le soltó una tarascada a su adversario: roja directa. Con todo el Garrapinillos siguió peleando por la victoria. Siguió fajándose con internadas constantes de Óscar y de Diego, sobre todo, con los disparos y los córners de Jorge Rodríguez, pero hoy no era el día de nuestros goles, ni el de Eloy, poco afortunado de cara al gol. En un contragolpe, el Picasso marcó su segundo gol. Y aún buscamos el empate: de córner, de falta, al contragolpe, con ese componente de pasión y heroísmo de domingo vespertino. El Picasso también generó nuevas ocasiones, y el tiempo fue pasando pasando, en medio de la niebla, y acabó obteniendo la victoria por 1-2.

El Garrapinillos perdió su segundo partido. Tenía que pasar, pero lo cierto es que nunca debimos perder: lo hicimos, además de los méritos del rival, que aprovechó nuestra inferioridad numérica, por esos calentones que no conducen a ningún sitio. Ahora, el Garrapinillos tiene tres expulsados: Jesús Ángel, David Mateo y Fran Moreno, y varios lesionados: Javier Lacabe y Jorge Blasco, entre otros. Pero habrá que seguir. Todos pierden: también perdió el Madrid, eso sí, lo hizo con once jugadores, ante un equipo que jugó con sus armas.

Pese al varapalo, seguimos líderes con tres puntos sobre el A Mesa Puesta Anento, que ha vencido al Movera, y cinco sobre El Salvador, que ha empatado fuera. Nadie lo tiene fácil.

 

*Diego Rodríguez en una foto de Josean Melendo.

SÓCRATES O EL TALÓN DE DIOS

 

SÓCRATES

Hay futbolistas raros que flotan sobre el césped. Se mueven, zigzaguean aquí, amagan allá, bajan el balón y reptan con elegancia animal; hay un instante en que diríamos que parecen levitar. Que fundan un orden nuevo, una placidez, un deslumbramiento. Y eso ocurría con Sócrates, el centrocampista de cuerpo casi gigante, 1.92, y de pie breve, apenas un 37, que acaba de fallecer a los 57 años. El futbolista que se parecía un poco a su ídolo Che Guevara y que se reunió en el desierto con el atrabiliario Gadafi, cuando el tirano parecía un rebelde antisistema. Si lo veías, con sus pasos grandes de zancuda, sospechabas que era lento. Era tan esbelto  que pensabas que iba a ser quebradizo, vulnerable a cualquier patada o empujón. Incluso tenía algo de hippie extraviado en un estadio: con aquel pelo ensortijado, con aquella cinta que reclamaba libertad y justicia como si fuera un Mesías de los pobres.

En sus días de gloria, los futbolistas llevaban un pantalón minúsculo y ajustado: hasta por eso reclamaba la atención el jugador del Corinthians. El doctor Sócrates poseía buen porte y nada hacía pensar que fuera un gladiador. Sócrates se buscaba a sí mismo y se encontraba en los demás. En el juego colectivo, en la arrancada, en el contragolpe, en el pase preciso, en aquella elegancia que empezaba por su actitud: siempre tenía la cabeza erguida. Se encontraba con los otros, con aquella media inolvidable que formaba con Falçao, Toninho Cerezo y Zico, empujados desde atrás por Junior; arriba los esperaba a todos el cañonero Eder. Sócrates era, con Zico, el líder del Brasil de 1982, que perdió ante Italia por 3-2: aquel equipo estaba llamado a hacer historia, pero le venció su excesiva facilidad, una cierta indolencia y la soberbia, y la pegada trasalpina, por supuesto. Rossi, con tres goles, lo mandó a casa y destrozó la leyenda futura de aquel conjunto, donde brillaba Sócrates.

Brillaban los demás, y brillaban mucho, pero Sócrates era especial: era un mago, un malabarista, un jugador táctico si era necesario, buen cabeceador y, ante todo, un centrocampista imprevisible. Desconcertante. De seda y de hierro, delicado y fajador. Siempre sabía lo que había que hacer. En 1986, en el Mundial de Maradona en México, Sócrates volvía a ser el mariscal del ‘jogo bonito’ de Brasil, pero también cayó cuando empezaba a librarse la batalla del título ante Francia en los penaltis.

Sócrates trajo al fútbol algo nuevo: el compromiso social, la defensa del paria, la exaltación de la libertad y de la república. Y dejó, y para ser centrocampista no es nada desdeñable, más de 200 goles. Nadie en la historia del fútbol ha golpeado de tacón como él: marcaba hasta penaltis. Si Maradona fue “la mano de Dios” y mucho más en el altiplano mexicano en 1986, Sócrates, el doctor Sócrates de balones, estrategias y almas de espectadores a la deriva, deberá pasar a la historia como ‘El tacón de Dios’. O, simplemente, ‘Talón de Dios’.

 

*Este texto, con leves cambios, apareció el martes en heraldo.es.

GARRAPINILLOS, 1- MOVERA, 1

GARRAPINILLOS, 1- MOVERA, 1

Era un partido entre amigos y a la vez era un partido a cara de perro. El Movera fue de líder durante algunas semanas en Primera Regional y parecía uno de los gallitos de la categoría: cuatro ex jugadores del Garrapinillos juegan ahí, los hermanos Ángel y José Cambra, Fernando Larrosa, que parece vivir una segunda juventud, y Roberto, un medio centro fino, de toque, con buena dirección, pero también contundente, veterano y peleón. No se amilana y si hay que hacer una falta táctica, o algo más, ahí está. El Garrapinillos había empatado con diez en un campo difícil como el de Huracán, y esperaba este partido: era uno de los dos aplazados que podía modificar nuestra ventaja en la clasificación.

Ha sido un día especial: un día de luz primaveral. El campo estaba muy bien. Y en el partido pronto se vio que iba a estar reñido. Ellos, a pesar de sus dos buenos medios centros, juegan a la inglesa, sin apenas transiciones. Pronto firmaron una excelente jugada al contragolpe, que no halló rematador. Poco a poco, el Garrapinillos fue tomándole el pulso al partido y empezó a penetrar por las bandas, sobre todo por el costado izquierdo. Tras una jugada por la izquierda, el árbitro pitó una falta a nuestro favor, Jorge Rodríguez la sacó muy rápido y Óscar aprovechó para marcar de cabeza. Los rojillos siguieron atacando, pero la primera parte terminó así. 1-0. Y mucha intensidad, nervio, tensión de área a área; el Garrapinillos intentaba contener a José Cambra, su jugador más peligroso, que igualaría en la segunda parte tras una espléndida jugada por la izquierda que culminó con un centro muy preciso.

Los amarillos atacaron en pelotazos largos, intentaron desbordar por el centro con algún peligro, pero no inquietaron a Luis. El Garrapinillos siguió atacando y generando ocasiones: internada de Óscar, trallazo de Eloy, remate en la boca de gol de Pirri de cabeza, posibilidad de remate de Romero... El empate nos supo a poco, pero ha sido ante un buen rival. Nos reafirma en lo alto de la clasificación con tres puntos sobre el segundo, El Salvador, con quien nos enfrentamos este jueves a las once y media. Será, sin duda, un partido difícil. Muy difícil. El Garrapinillos había ganado ocho partidos consecutivos y ha empatado los dos últimos. Esta va a ser una liga muy dura. Todos los rivales son fuertes, y eso se ha visto hoy.

Hemos formado así: Luis; Mateo, Lacabe, Beltrán, Pirri; Diego, Alberto Luna, Fran; Óscar, Eloy y Jorge Rodríguez. También jugaron Enrique Romero, Kike Alcubierre, Alberto Rubio, Jaime y Pitu, que volvía tras su lesión de varios meses. Curiosamente, antes del choque hoy recordamos al Milan de Arrigo Sacchi, de finales de los 80 y principios de los 90 como emblema y símbolo de la idea de equipo y del fútbol total. Nos ha faltado brillantez, sobre todo en la segunda mitad, pero con todo el equipo ha trabajado mucho; muchísimo. Y se hizo acreedor a la victoria. Quizá esta vez el entrenador no estuviera afortunado del todo con los cambios, pero una norma no escrita es que en el Garrapinillos intentamos que jueguen todos. Recibimos cuatro tarjetas amarillas: Alberto Luna, Javier Lacabe, Jorge Rodríguez y Eloy Mateo.

 

*En la foto de Aloma, Óscar Cambra, de espaldas, y Diego Rodríguez.

HURACÁN, 1-GARRAPINILLOS, 1

HURACÁN, 1-GARRAPINILLOS, 1

Ayer por la mañana el Garrapinillos se ha enfrentado al Huracán de María de Huerva. El equipo amarillo y negro llegaba tras haber ganado con brillantez en el campo de Santa Isabel, uno de los gallitos de la categoría: 0-5. Nada menos. Antes del choque, en un campo más bien reducido, no demasiado ancho, se oían los comentarios de los locales: “A muerte, eh. A muerte”. Son frases que se escuchan en cualquier vestuario: son los comentarios de ánimo, la petición de intensidad. El equipo que no andaba muy bien en la tabla quería prolongar el buen partido del fin de semana pasado.


El Garrapinillos venía a mantener su liderato; a última hora, se cayeron Eduardo Pirri y Fran, por lesión e indisposición respectivamente. De salida formamos así: Luis; David Mateo, Javier Lacabe, Jorge Blasco, Dani Pekerul; Diego Rodríguez, Jorge Blasco, Alberto Luna; Óscar Cambra, Eloy Mateo y Jorge Rodríguez. Esperaron su turno, Enrique Romero, Alberto Rubio, Jaime y Jesús Ángel, que disfrutaron de minutos, y Sergio Calvo, el portero suplente.


El partido empezó con un ritmo intenso: el equipo local se adueñó del campo a fuerza de balones largos. El Huracán realiza un juego muy inglés, sin transiciones. Poco a poco, el Garrapinillos estiró sus líneas y generó algunas jugadas de ataque; sin embargo, en un avance por la izquierda, David Mateo pugnó por un balón fuera el área, derribó a su adversario casi un metro fuera del área y el árbitro señaló penalti. Luis estuvo a punto de atrapar el balón. El Huracán se adelantaba. A partir de ahí el Garrapinillos empezó a jugar mejor, a controlar mejor los espacios, se asociaron sus jugadores, y en otro avance, el colegiado señaló penalti. Jorge Blasco empató el choque.

 

La segunda parte fue muy intensa: el Garrapinillos dominó en un primer término, generó varias ocasiones de gol, el Huracán respondió siempre, hasta que Jorge Blasco fue expulsado por doble amarilla. Y a partir de ahí, hubo reajuste de líneas, y el Garrapinillos tuvo que defenderse como pudo. Casi heroicamente, con un Luis soberbio y milagroso; si en la primera había tenido dos intervenciones casi inverosímiles, en la segunda, siguió en esa tónica. El Huracán, con más ganas y empuje que finura, buscó con ahínco la victoria y remató un balón muy limpio al palo: pareció gol, pero el poste repelió el esférico hacia las manos del arquero. Los rojillos siguieron estirándose con un jugador menos, hubo varios avances de Enrique, Diego y Alberto Rubio, sin demasiado éxito. Y al final, tras cuatro o cinco minutos de prolongación y de agonía, el resultado final no se movió: Huracán, 1-Garrapinillos, 1. No era lo que habíamos soñado, pero ganar en María de Huerva no resulta fácil, y menos si juegas con diez durante más de 25 minutos.


Este ha sido un partido más épico que otra cosa: de batalla, de intercambio, de fajadores. Intenso, trabado, con muchas interrupciones. Y muy emocionante porque el marcador fue incierto. Al Garrapinillos le ha costado mantener el resultado: esta vez, tras un intenso trabajo de contención, el primer empate sabe un poco a victoria. Podría haberse perdido. Y el domingo, ya en casa, jugamos nuestro primer partido aplazado contra el Movera, en el que juegan tres estupendos jugadores de Garrapinillos: Fernando Larrosa ‘Caspolino’, y los hermanos José y Ángel Cambra. Un equipo peligroso.

[Esta foto de David Mateo, nuestro lateral derecho, es de José Antonio Melendo.]

 

GARRAPINILLOS, 3- ARENAS, 0

 

El Garrapinillos, por distintas razones, llevaba dos fines de semana sin jugar: primero se suspendió el partido ante el Movera y la semana pasada ante El Salvador. El equipo se había aupado a la cabeza de la clasificación tras su victoria ante El Burgo y ante el Anento. Hoy nos enfrentábamos al legendario Arenas, el equipo en el jugó Tomás Hernández ‘Moreno’, el de la delantera del Barcelona que cantó Serrat (Basora, César, Kubala, Moreno y Manchón), con el que habíamos jugado en pretemporada un vibrante partido que acabó 4-4. Recuerdo que el cineasta Antonio Artero siempre se confesaba, con un punto de nostalgia, del antiguo Arenas. El Garrapinillos tenía algunas bajas: a las ya consabidas de Néstor, Rafa, Pitu, se sumaron otras ausencias: Quique Romero, Kike Alcubierre y Jaime. El equipo no ha repetido formación en ninguno de sus partidos y hoy tampoco. Formó con: Sergio Calvo; David Mateo, Jorge Beltrán, Javier Lacabe, Dani Pekerul; Diego Rodríguez, Jorge Blasco, Fran Moreno; Óscar Cambra, Eloy Mateo y Jorge Rodríguez. En el banquillo, esperando su turno, estaban Alberto Luna, Alberto Rubio, Eduardo García ‘Pirri’, Jesús Ángel y Luisito. Jugaron todos.

El Arenas pareció entrar mejor en el choque y generó una de esas jugadas al contragolpe que deciden una tarde: la salvó Sergio Calvo, nuestro arquero, y a partir de ahí el Garrapinillos empezó a jugar con comodidad y dominio. Abrió el juego a las bandas, combinó en el centro y pronto entraron en juego Eloy, Óscar y Jorge arriba. El equipo ganó muchos enteros cuando Jorge Beltrán tomó el centro del campo y disputó todos los balones por arriba. Los disputó, los ganó casi siempre y distribuyó todo lo que pudo. En una de las mejores jugadas de la tarde, con todo el bloque concentrado, David Mateo profundizó por la banda y centró para que marcase su hermano Eloy. Poco después, Óscar engancha un balón cerca de la media luna, desborda hacia la izquierda, burla con nitidez a tres rivales y le cruza el balón al arquero. Era el 2-0. Y el Garrapinillos enhebraba un buen balompié: de toque, de velocidad, de complicidad.

En la segunda parte, el equipo salió frío. Un tanto descentrado. A Jorge Blasco, hoy capitán (celebraba, además, sus 29 años), se le agotó el gas: en su lugar entró Alberto que iba a marcarse un gran partido en el eje del centro del campo. Alberto Rubio entró por Jorge Rodríguez, que también había hecho un buen partido... Ellos atacaban con más empuje que con peligrosidad; con todo Sergio realizó dos o tres paradas de mérito. La entrada de Luna, más fresco, le dio nuevo impulso al equipo, Óscar seguía generando ocasiones, igual que Eloy, y finalmente sería Diego quien sentenciaría con un tercer tanto. Al final, el Garrapinillos volvió a hacerse dueño del choque, sobre todo al contragolpe, y pudo aumentar la diferencia. Conclusión: Garrapinillos, 3 (Eloy, Óscar y Diego)-Arenas, 0.

Fue un partido redondo. Sobre todo en la primera parte, donde los rojillos alcanzaron lo que buscaban: solidez, intensidad, desmarque y buenas combinaciones. Y el equipo sigue ahí, trabajando domingo a domingo, con entusiasmo y con seriedad.

Al final, el cielo se volvió a cárdeno. Espeso. Como si escondiese detrás, en su corazón oculto, un gran temporal. No fue así: quedó una tarde estupenda, salpicada por lágrimas de llovizna. Curiosamente, a los jugadores del Garrapinilos les tocó, en el sorteo, el jamón. De ahí, algunos nos fuimos a votar.

 

*La ilustración es de Josema Carrasco.

VICTORIA DEL GARRAPINILOS 6-3

VICTORIA DEL GARRAPINILOS 6-3

GARRAPINILLOS 6- EL BURGO 3

 

[El Garrapinillos vence a El Burgo de Ebro y se coloca líder en solitario, con dos puntos de ventaja, tras la derrota del Anento A Mesa Puesta y la derrota del Movera. El equipo rojillo logra su sexta victoria consecutiva.]

José Antonio Melendo, el fotógrafo, me anunció que iba a venir a hacerle fotos al Garrapinillos. Jugábamos contra uno de los equipos fuertes de la categoría: El Burgo. De poderío físico, con buenas cifras: dos victorias, tres empates y una derrota. En total nueve puntos. Durante la semana hemos tenido, como suele ocurrir con la llegada del mal tiempo, algunos resfriados. Anoche, cuando teníamos que descartar a un jugador, el centrocampista Alberto Luna me llamó para decirme que no podía jugar.

La tarde exhibía un abanico de luces: el sol aparecía y desaparecía, y con él una luz especial, a veces tamizada, a veces casi invernal. Cuando apareció José Antonio, me dijo: “Tenemos una buena luz para la fotografía”. Y para el fútbol, pensé yo. Estrenaba objetivos y creo que una cámara nueva. Me enseñó, mientras calentaban los chicos, las fotos que hace a modelos despampanantes en hoteles de Zaragoza y Huesca. Con su picardía lenta, susurró: “Algunas son menores de edad, pero están realmente bonitas y posan muy bien”. El campo estaba estupendo: en su apogeo, recién cortado el césped y con algún que otro presagio: en las porterías ya asoman las calvas, en el centro se multiplican los primeros baches, pero en las bandas está bien, como una alfombra doméstica, no como La Romareda que es maravillosa. Al final, tras solventar algunas dudas, jugamos así: Sergio Calvo; David Mateo, Jorge Beltrán, Jorge Blasco, Dani Pequerul; Diego Rodríguez, Kike Alcubierre, Enrique Romero; Óscar Cambra, Eduardo Pirri y Eloy Mateo. Quedaron en el banquillo, y dispusieron de minutos, Jorge Rodríguez, Fran, Jaime, Jesús Ángel y Alberto Rubio. Este año montamos un sistema sencillo y clásico: el 1-4-3-3. Exige mucho trabajo a los medios, mucha pelea, mucho control de balón y mucha creación, pero también logramos ser más peligrosos arriba, marcamos más goles.

El Garrapinillos se plantó pronto en el campo y tomó las riendas del choque. El Burgo realizó algunas escaramuzas de ataque, sin demasiado peligro, buscando sobre todo su extremo izquierdo. Arriba tenía delanteros peleones. Hoy, por el centro, Jorge Beltrán y Jorge Blasco fueron dos torres; Mateo fijó su posición en el lateral derecho y Dani Pequerul se iba arriba con cierta generosidad, o quizá con alguna despreocupación, pero logró ir remontando. Poco a poco empezaron a llegar los goles. Marcaron Óscar Cambra, Jorge Blasco y Eloy Mateo en dos ocasiones. Con ese resultado nos fuimos al descanso. Todo había funcionado a la perfección: el equipo había controlado el centro del campo (estuvieron a gran nivel, otra vez, todos, Diego, que no para, Alcubierre, que se fue entonando y acabó madurando su posición de eje, Quique Romero, luego Fran...), había entrado por las alas y por el centro. Y había jugado como se sueña: con calidad, con tensión y con eficacia. Con sacrificio y con constancia.

En la segunda parte, Mateo dejó su sitio a Jaime, que es un jugador que crece día a día; no es un defensa, pero es polivalente y tiene una buena salida de balón. Y Fran relevó a un enfriado Enrique Romero, que cada día va a más: dispone de más minutos y posee una enorme clase. Y luego entró Jorge Rodríguez por Pirri, que lo intentó todo, pero no logró marcar. En la segunda parte, el Garrapinillos siguió jugando a su ritmo, desbordando al contragolpe, tiró peligrosos saques de esquina, Fran falló un cabezazo a bocajarro, Blasco un remate con el pie, pero también El Burgo se vino arriba: en la segunda parte se colocó 1-4; marcó Eloy el quinto y ellos redujeron distancias con su segundo tanto; Jorge Rodríguez marcó un espléndido gol desde la derecha (miró al cielo, elevó las manos y pensó en Félix Romeo, con quien ha comido tantos fines de semana, con quien ha discutido tan menudo de fútbol), y El Burgo redondeó su tentativa de remontada con su tercer tanto. Al final, Garrapinillos 6 (con tantos de Eloy Mateo, tres, Óscar, Jorge Blasco y Jorge Rodríguez), El Burgo 3. El partido fue realmente bonito: los ‘rojos’ de San Lorenzo no bajaron la guardia: siguieron buscando el gol y un claro triunfo hasta el final del choque.

Da gusto ver tantos goles, algunos maravillosos (un golazo de falta de Eloy, por ejemplo, el gol de Jorge Rodríguez al final, etc.) y da más gusto aún ver al equipo serio, compacto, imaginativo en muchos momentos, y con ambición de victoria. Da mucho gusto ganar así con tanto público en el campo; entre ellos, algunos componentes del grupo Voyeur o el pintor Lalo Cruces. Para el final, si no mienten los resultados que nos han ido diciendo, tras la derrota del Movera y del Anento A Mesa Puesta, el azar de los domingos reservaba una agradable sorpresa: el Garrapinillos se coloca líder, con dos puntos de ventaja sobre el segundo (Anento) y tres puntos sobre el tercero (Movera). Lo mejor, más allá de lo que dice la tabla de la clasificación, es la ilusión del colectivo, de los veintidós jugadores, y de la afición. El campo de San Lorenzo disfruta con su equipo, con este equipo de Primera Regional, y con todos los demás de categorías inferiores, ocho más, creo.

José Antonio Melendo hizo muchas, muchas fotos. “Capté todos los goles del Garrapinillos y también los que recibió el Garrapinillos”, dijo con su bondadosa sonrisa. El domingo, otro choque apasionante fuera de casa: Anento-Garrapinillos. Eso sí, regresa Javier Lacabe, que hoy estaba excluido por acumulación de tarjetas.

 

*En la foto de Archivo de Aloma Rodríguez, Diego Rodríguez pelea por un balón cerca de Óscar Cambra.

SAN MATEO, 1-GARRAPINILLOS, 3

SAN MATEO, 1-GARRAPINILLOS, 3

Como decía aquel Vujadin Boskov ya inolvidable “fútbol es fútbol”. Claro que sí. Pero a veces en un partido se amontonan pequeños detalles, recuerdos, gestos. El Garrapinillos jugaba en San Mateo: allí, el año pasado, cuando nos jugábamos el descenso, contamos con un espectador de excepción: Félix Romeo. Ganamos 2-3 con mucho esfuerzo, y al terminar nos fuimos a la casa que compartía con Lina Vila, donde completamos una tarde muy bonita. Para mí el de hoy era un partido muy especial: íbamos bien, queríamos recordar a nuestro amigo (a la vez jugaba el Real Zaragoza, que acabaría venciendo por 2-0), y le recordamos antes del partido: leíamos fragmentos de su prólogo de ‘Cuentos a patadas’ y también leímos un texto de Víctor Juan Borroy sobre ‘El gol de Nayim’.

De entrada, el Garrapinillos formó con: Luis; Mateo, Jorge Beltrán, Javi Lacabe, Pequerul; Alberto Luna, Kike Alcubierre, Diego; Jorge Rodríguez, Pirri y Eloy. En el banco esperaban Óscar, Jorge Blasco, Néstor, Alberto Rubio y Jesús Ángel. De entrada, el Garrapinillos se hizo dueño del choque: mandó, generó ocasiones, lanzó varios córners, provocó dos jugadas que bien podrían haber acabado en penalti (en una de ellas, las más clara, el árbitro le sacó tarjeta a Jorge Rodríguez, tras un derribo que pareció bastante claro. El menudo exterior volvió a desbordar, a triangular y a lanzar muy buenos saques de esquinas), y acabamos la primera parte sin goles. El San Mateo, un equipo joven, peleón y honesto, apenas había generado otro peligro que lanzamientos largos, pero no había trenzado jugada alguna. En la primera parte, construyeron una muralla y se defendieron con nobleza bajo la dirección de su capitán, el número diez que acudió a socorrer a los defensas y jugó durante muchos minutos como un defensa escoba, más que como medio centro que parecía su demarcación.

En la segunda parte, el Garrapinillos pareció tomar el mando en los cinco primeros minutos, aunque pronto estiró sus líneas el equipo blanquiazul, logró más profundidad y atacó con vehemencia e intención al contragolpe. En una de esas jugadas infaustas, Luis, nuestro arquero, recogió el balón, y se le escapó. Gol: el mundo se venía abajo en una inesperada tarde de sol y dudas. El San Mateo se colocaba por delante, y parecía más entero. Más seguro de sus fuerzas. Contaba con el respaldo de su público. Y generó algunas ocasiones nuevas. Incluso reclamó un penalti: uno de esos contactos donde el delantero sale a trompicones. El Garrapinillos, con Jorge Blasco en el campo y lanzado al ataque con su considerable envergadura, empató. También entrado Óscar, que sigue pugnando por recomponer su tobillo. San Mateo seguía trabajando y marrando algunas oportunidades clarísimas; al menos dos. Y en ésas estaba el partido, vibrante, de área a área, tenso e intenso, cuando a la salida de una falta, acosó Eloy y un defensa local metió el balón en propia meta. Y cuando avanzaba inexorablemente el tiempo, Diego Rodríguez realizó una de sus jugadas habituales, desbordó a varios contrarios y cedió a Alberto Rubio, que firmó un espléndido gol. Era el 1-3. Cuando mejor había jugado el Garrapinillos no marcó, fue eficaz luego, cuando se habían torcido las cosas.

La respuesta del equipo fue correcta. Más eficaz que bella. Fuimos de más a menos y, con el marcador en contra, fuimos capaces de remontar. Hubo algunos fogonazos de suerte: el San Mateo tuvo dos goles clarísimos con el uno a cero, uno de los nuestros sacó el balón de la línea. No hay nada que reprochar a nadie: el rendimiento ha sido sólido por parte de todos. No hemos jugado con brillantez en la segunda, con las transiciones que ensayamos en los entrenamientos, con el juego fluido que buscamos, pero hemos tenido constancia, sentido de la oportunidad, fortuna, ambición, voluntad de triunfo. Me hacía mucha ilusión vencer. Era una forma de recordar al amigo que siempre, anduviera por donde anduviera, me escribía: “¿Cómo han quedado los críos?”, decía Félix. Cuando se daba cuenta de que ya no eran tan críos, rectificaba: “Amiguito, que no nos has contado cómo ha quedado el Garrapinillos...” Hoy, con Félix como talismán de nuevo, el Garrapinillos ha ganado su quinto partido consecutivo. Él pensaba que el fútbol de los domingos trabajaba por la felicidad. Y hoy su Real Zaragoza también ganó con goles del portugués Helder Postiga.

Son los pequeños detalles que, a menudo, se ocultan en la maraña de emociones invisibles de un partido de fútbol. Como quería Félix, alguno quiso ser Nino Arrúa y Carlos Diarte. O aquel Nayim, ‘el elegido’, que batió a Seaman una noche de París de la que todos, todos, tenemos el recuerdo.

 

*En la foto de Aloma Rodríguez, vemos a Eloy Mateo a punto de batir al arquero de San Juan de Mozarrifar con la derecha.

GARRAPINILLOS 3-PERDIGUERA 1

GARRAPINILLOS 3-PERDIGUERA 1

CUARTA VICTORIA DEL GARRAPINILLOS, ANTE EL PERDIGUERA 3-1

 Garrapinillos jugaba por segunda jornada consecutiva en el campo de San Lorenzo. En esta ocasión recibía al Perdiguera, uno de los equipos más fuertes de la categoría, al menos con fama de conjunto sólido. Se guardó un minuto de silencio por el fallecimiento de Álvaro, padre de Raquel, nuestra taquillera, integrante de la directiva y mujer que realiza un sinfín de tareas en el equipo. Era una tarde de sol, una luminosa y caliente tarde que nos traía algún que otro desvelo: esta semana fueron las fiestas de Casetas y algunos las disfrutaron a tope.

Teníamos varias bajas, de diversa índole. Al final, armamos un equipo con cinco o seis jugadores que apenas habían jugado de titulares: Sergio Calvo; Jaime, Javier Lacabe, Jorge Beltrán, Pequerul; Alejandro Luna, Diego Rodríguez, Enrique Romero; Jorge Rodríguez, Jorge Blasco y Alberto Rubio. La media era completa inédita, y los tres delanteros aún no habían jugado juntos este año. En el último instante, por una pubalgia, Rafa tuvo que dejar su puesto de lateral zurdo. En el banquillo quedaron: Pitu, David Mateo, Fran, Néstor y Óscar Cambra, este tocado en su tobillo derecho. También se quedaron fuera Eloy, Pirri, Quique Alcubierre, Jesús Ángel (que está haciendo una importante labor como preparador físico y como jugador) y Luis, entre otros.

El Garrapinillos regó un poco el campo para que corriera más el balón. Le costó cogerle gusto al partido, pero acabó haciéndolo. El Perdiguera es un equipo sólido y trabajador, quizá algo débil en defensa, su capitán y central estuvo muy bien por encima del resto de compañeros de zaga, así como el número veintidós, que era la referencia del bloque en el centro del campo. Se adelantó el Garrapinillos con gol de Jorge Rodríguez, un gol raro donde se produjo un leve desencuentro entre el central y el arquero y donde hubo un gesto de astucia y de atrevimiento de nuestro delantero, señalado por la fortuna.

El Perdiguera no le perdía la cara al partido: con balones largos y aperturas a las alas ponía intensidad a la tarde. En un fallo defensivo, derivado de un mal bote del balón, los monegrinos aprovecharon para empatar. E incluso generaron dos o tres claras jugadas de pelibro. El Garrapinillos se vio sorprendido, especialmente al contragolpe. Y así nos fuimos al descanso: con empate.

En la segunda parte, el Perdiguera trianguló bien durante unos instantes, pero pronto iban a cambiar las tornas: la entrada de Óscar Cambra fue determinante: marcaría dos goles y serviría otro a Diego Rodríguez, que no acertó a enviar al fondo de la red. El Garrapinillos creó más ocasiones, imprimió un ritmo más vertiginoso, robó balones y se amarró a las internadas de Óscar, el despliegue de Diego R., los córners de Jorge R. y la seriedad de la media y la solvencia de la retaguardia. Jaime entró por vez primera de inicio y cumplió con creces, a pesar de jugar de lateral derecho cuando su puesto natural es el de volante derecho; Jorge Beltrán y Dani Pequerul mejoraron su rendimiento a medida que avanzaba el equipo. Javier Lacabe siempre es Lacabe: una referencia, da consistencia a la zaga y tiene calidad y sentido del pase para iniciar la jugada. La media se fue entonando cada vez más: Fran reemplazó a Enrique Romero, que se sacrificó al principio en tareas defensivas y se lanzó luego al ataque, Luna estuvo muy serio y sólido en su primer partido como titular y además completo, y Diego volvió a vaciarse, desde el puesto de medio centro y luego desde el interior derecho.

Arriba, volvió Jorge Blasco (uno de nuestros veteranos, veteranos jóvenes), que no había debutado en la Liga, y Jorge R. y Alberto R. trabajaron mucho y crearon diversas ocasiones. Imprimieron velocidad, desborde y ese entusiasmo invencible de los pequeños. Y el portero Sergio Calvo, que llevaba dos semanas sin jugar por las rotaciones, ha estado a un buen nivel.

El Garrapinillos mejoró de largo el partido de la semana pasada ante el San Juan, y sigue ahí sumando puntos. Lleva cuatro victorias consecutivas. Doce puntos y mira hacia arriba. El partido de hoy, por otra parte, arroja un saldo muy interesante: todos los jugadores pueden jugar sin que se resienta el conjunto, todos los jugadores están entrenando con mucha seriedad para disputar partidos intensos, trabados y emocionantes.