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Antón Castro

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'SIEMPRE LEO'. POR JORGE RODRÍGUEZ

'SIEMPRE LEO'. POR JORGE RODRÍGUEZ

[Anoche, cuando llegué a casa, mi hijo Jorge me dijo que había escrito un artículo sobre su ídolo Lionel Messi. Aquí está. Durante mucho tiempo, algunos años atrás, Jorge y su hermano Diego y Miguel ángel Gayoso, que trabajará este verano en Aragón Radio con Carlos Espatolero, mantuvieron un animado blog.]

SIEMPRE LEO

Por Jorge RODRÍGUEZ GASCÓN. 18 años

Como casi siempre Guardiola tiene razón. Messi hace que el Barça dé el salto de calidad que necesita. Es quien bebe del tarro de las esencias de Xavi e Iniesta, recoge los frutos del trabajo de Busquets y Mascherano, se nutre de la salida de balón de Piqué y se complementa con Alves del mismo modo que se asocia con Villa y Pedro. La final de la Champions es un ejemplo más y el argentino se corona como el mejor jugador del momento y se arrima a los mejores de la historia, y con 23 años. Su asignatura pendiente sigue siendo Argentina, pero creo que esa laguna esta por corregir y se debe a que no hay Xavis o Iniestas argentinos sino Verones y Banegas.

Para mí Messi siempre ha sido especial. Desde su primer gol en Liga contra el Albacete a pase de Ronaldinho, otro de mis ídolos, en este caso caído; me fijé en él y supe que algún día sería lo que es hoy. Lo vi en directo en La Romareda un día que el Zaragoza venció por 3-1 en la Copa del Rey, apeando al Barça de los cuartos. Cogía la pelota y encaraba con el balón pegado a la zurda, asumía demasiadas responsabilidades en el regate y se excedía en ocasiones, pero era realmente difícil quitársela y solía conseguir aquello que se proponía. Ahora eso lo ha mejorado, se asocia permanentemente y él decide cuando cambiar el ritmo. Y cuando lo hace, es realmente difícil pararlo, díganselo a Albiol y a Sergio Ramos en la semifinal de Champions, en el segundo gol, donde el argentino fue mucho más decisivo que Stark, el colegiado culpable de la eliminación para Mou.

El día que Messi comenzó a ser grande, también Mourinho habló, como casi siempre. Fue en Stamford Bridge el 22 de enero de 2006. Leo fue el mejor de su equipo y provocó la ira del rival con sus gambetas y una dura entrada de Del Horno, que se saldó con la expulsión del vizcaíno. Aquella noche Messi se consagró como el futbolista que hoy en día es, la pulga se hizo grande y fue capaz de toserle en la nuca a John Terry, Paulo Ferreira y Ricardo Carvalho, defensores experimentados pero que claudicaron ante la gambeta de Messi. Y así ha ocurrido casi con todo aquel que ha osado defenderle. Ese día mi padre me dijo: “Dirás lo que quieras de Ronaldo (así acostumbraba a llamar a Ronaldinho, en semifallo) pero bien se ve que el bueno es Messi”. No le faltaba razón, como a Guardiola.

Messi no tendrá un merecidísimo descanso sino que afrontará el reto de intentar conquistar la Copa América en su país, y callar así las bocas que anuncian que Messi no es el mismo con la albiceleste que vestido con la zamarra blaugrana. Para eso necesitan de un Messi implicado y decisivo, que sepa llevar el peso de la selección, que tire del carro (esa expresión que fue la sepultura de Raúl en la selección y por la que Messi deberá demostrar su fútbol).

Pero no nos equivoquemos, Messi tiene que estar al nivel de Messi del mismo modo que los demás integrantes de la selección tienen que demostrar su capacidad futbolística, seguramente si la albiceleste no gana, será Leo quien reciba las críticas pero eso no deja de ser un acto injusto (del mismo modo que lo es responsabilizar únicamente a Leo de las victorias del Barcelona).  Argentina sabe que con el mejor Messi puede conquistar la Copa América ante su público, pero precisa el balón constantemente, asociarse con Banega y Pastore, sentir que no necesita decidir el partido cada vez que agarra la pelota sino cuando él lo considere. Sólo así se verá el mejor Messi. El del Barça, el que lleva 3 Champions conquistadas. El que hace historia cada vez que se calza las botas y sale a jugar. Al que Pep quiere siempre feliz para sacar su talento a relucir, y ya saben, Pep rara vez se equivoca.

ALFREDO EVANGELISTA Y SUS AMIGOS

  

 

MEMORIA DE ALFREDO EVANGELISTA, EL PEQUEÑO CLAY <http://antoncastro.blogia.com/2005/121601-memoria-de-alfredo-evangelista-el-pequeno-clay.php>

 

Hace más de cinco años publiqué un artículo sobre Alfredo Evangelista, al que acaba de grabar Antonio Cardiel para un proyecto sobre boxeadores en el que está trabajando. Antonio Cardiel trabaja en un libro que verá pronto la luz, con portada de Eduardo Arroyo, nada menos, y en un documental. Pues bien, a raíz de ese artículo sobre Evangelista, cuyo enlace pongo arriba, se está produciendo un bonito diálogo de familiares, de amigos, de parientes perdidos. Casi todos los días se produce ese diálogo. Cartas, cariños que van y vienen, recuerdos. Hoy mismo, Kerry ha escrito esto [sic]:

“OMAR, un gusto escribirme contigo. Tu fuiste a la Escuela 89 porque ibas de mañana, yo fui a la 118 porque lo hacia en la tarde y cambiaba de numero. Que recuerdos la Escuela de Algarrobo. Me acuerdo de la Escuelita, del Lulo y el Cebolla. Me acuerdo del castillo del parque Borras, del Kiosco de Carlitos en la parada del ómnibus de la escuela, de la Panadería de la esquina, de la Farmacia Miñor, de Quintas, de la Tiendita Star, del mercadito Municipal, que mi madre me mandaba a las 07 de la mañana a hacer cola para retirar la leche. Paaah, que recuerdos. Referente a Alfredo hace mucho tiempo que quiero saber de el y no e podido contactarme, por lo que tengo entendido esta bien, pero el no se ve, no se si esta en Uruguay o donde. Un gusto OMAR y a las ordenes”.

 

*Como se ve, la foto pertenece al archivo en internet de 'Todocoleccion'.

MONTECARLO, 3 - GARRAPINILLOS, 1

MONTECARLO, 3 - GARRAPINILLOS, 1

El Garrapinillos de Primera Regional jugó ayer en el campo José Luis Violeta del Montecarlo. Perdimos 3-1 en un partido intenso, donde se impuso la calidad y la fuerza física del rival. El Montecarlo es un equipo muy sólido, trabajado en todas sus líneas, con jugadores muy jóvenes, entre los 18 y los 21 años, que se enriquecen con el apoyo de un par de veteranos. Y juega a un buen nivel: posee una buena mecánica de pases, combinaciones y de paciencia. Ayer, además, el Montecarlo contaba con todo el bloque, algo que no nos ocurrió a nosotros: teníamos sancionados a Mateo y Said; estaban lesionados Ito, Quique Romero y Alberto, cinco jugadores muy importantes para el bloque, sin contar a Mario Martín, que este año se está pasando más de media temporada en blanco, ni a Álex Velilla, que estaba fuera. Además, ayer, Eloy (que había marcado por partida doble ante el Picasso y es una referencia constante en ataque) no pudo participar de entrada: salió, muy tocado, los últimos veinte minutos y revolucionó la delantera.

No es una excusa. Lo teníamos claro: salimos a ganar, pero nos faltó un poco de pegada arriba y nos sobraron los despistes defensivos: en un error en la permuta de los centrales y en dos fallos de marcaje marcó Montecarlo. Pudo haberlo hecho en un par de jugadas más elaboradas, sobre todo en el primer tiempo, que detuvo muy bien Sergio Calvo. Luego, Jorge Rodríguez realizó la mejor jugada del partido, burló a cinco o seis contrarios y con el arquero batido remató a la base del poste. Habría sido el 2-1 cuando finalizaba el partido: el azar o los dioses del fútbol no fueron generosos con el mejor detalle de la tarde con el jugador más joven y más pequeño sobre el campo: era el juvenil que habíamos pasado esa tarde al primer equipo. Y en la segunda parte, nos anularon un gol por fuera de juego, muy riguroso. Los jugadores del Garrapinillos creían que no lo había sido, decían en la caseta. Nada que objetar al choque ni al resultado: ellos estuvieron un poco por arriba, no demasiado a mi juicio, con la tranquilidad que da un resultado a favor y ese punto físico superior, y ganaron justamente. Eso sí: el Garrapinillos siempre buscó la posesión del balón, buscó el buen juego. Y el partido, cuando se puso cuesta arriba, también tuvo el valor de un ensayo sobre lo que pueden hacer en el Garrapinillos del futuro los hermanos Diego y Jorge Rodríguez Gascón.

Nosotros hicimos un buen partido, hecha la salvedad de algunos despistes defensivos, aunque nos faltó conectar más la línea de centrocampistas, conectar y desplegar hacia arriba, y nos faltó una mejor llegada de las alas. Formamos así: Sergio Calvo; Jesús Ángel, Javier Lacabe, Jorge Blasco, Eduardo Pirri; Quique Alcubierre, Diego Rodríguez; Francho Garza, Jorge Rodríguez, Alex García; Rubén. También jugaron el arquero Gayoso, Diego Royo y el citado Eloy. No ha sido un buen resultado para nosotros, interrumpe la buena racha que llevábamos, tres victorias en los tres últimos choques, pero seguiremos trabajando. Nos quedan cinco partidos. Ha cambiado el espíritu del conjunto, se ha renovado el clima de camaradería y se ha intensificado el compromiso, pero aún nos quedan muchas cosas que pulir para salir de la zona baja, tan peligrosa.

[En la foto de Aloma Rodríguez, Javier Lacabe, uno de nuestros capitanes (el otro es Jorge Blasco), que ayer también jugó tocado y realizó un buen partido. La temporada de Javier es estupenda: manda, corrige, resuelve el uno contra uno, y este año ha asumido mayor protagonismo en el equipo. Hace algo que sabe hacer muy bien: salir con el balón jugado, lanzar las faltas desde nuestro campo y colocar una y otra vez a sus compañeros. Es un modelo de jugador de equipo con una calidad espectacular. Posee y reparte confianza.]

PERICO FERNÁNDEZ: UN DIÁLOGO

Perico Fernández, en una foto de David Barreiros.

 

“Cuando estás arriba

crees que te quiere

todo el mundo”

 

El púgil, ex campeón de Europa y del Mundo de los pesos superligeros, sobrevive a su pasado de leyenda en una pensión gracias a su vocación de pintor y es objeto de un poemario de Octavio Gómez Milián y Juan Luis Saldaña

 

SUMARIOS

-“Ahora vivo en una fonda, pago quince euros por día y tengo que vender muchos cuadros para sobrevivir”

-“¿Pintar? Necesitaba distraerme, espantar la soledad, divertirme. He pintado siempre”

-“Pintar me relaja mucho, me gusta, me divierte y es la mejor manera que tengo para pasar el tiempo”

-“En el primer asalto Furuyama me rompió una costilla. Tóqueme. Aún la llevo desencajada”

-“He sido muy golfo. He fumado y fumo mucho, lo he bebido casi todo, y ahora lo estoy pagando”

 

 

ENTREVISTA

A Pedro Fernández (Zaragoza, 1952) no le sobra nada. Ni siquiera memoria. Para disculparse de la cabeza borradora del tiempo, dice: “Es que tengo azúcar en la sangre y se me van las cosas, los nombres y las fechas”. Quizá le sobre un cierto aire de desamparo y de perplejidad: los avatares de la vida le han dejado un tanto noqueado y con una mirada intensa, de asombro constante y de un candor que se alza desde sus ojos de agua. Conversamos en el restaurante El Mangrullo, donde su dueño Rogelio lo recibe, lo protege, “y me da de comer cuando no tengo nada, me ofrece sus mejores carnes. Es una persona maravillosa”. Perico siempre va de aquí para allá con sus cosas: los cada vez más desdibujados recuerdos del doble campeón del mundo de los pesos superligeros, algunas sombras del ayer –no siempre recuerda los nombres de sus mujeres, de las madres de sus cinco hijos-, su cajetilla de cigarrillos y sus cuadros: cuadros taurinos que suele hacer con pintura acrílica con un leve dibujo del toro y el torero y el estallido del rojo de la capa o del capote. Si algunas veces pudo parecer furioso, ahora Pedro Fernández -el Perico Fernández que venció a Kid Tano, a Tony Ortiz, a Lion Furuyama y a Joao Henrique, entre otros muchos, en las más de cien peleas que realizó- es un hombre apacible y tierno, con sentido del humor y una leve sonrisa de niño. Dicen de él –lo han dicho Mariano Gistaín y José Antonio Ciria en ‘La vida en un puño’; lo decía Alberto Maestro en ‘En esta esquina… Perico Fernández’- que siempre ha tenido alma de chiquillo, pícaro, indomable y sentimental: a veces había que buscarlo jugando con los niños, oyendo sus historias, contándoles sus noches de gloria. Para los escritores Octavio Gómez Milián y Juan Luis Saldaña en su plaquette ‘Perico Fernández que estás en los cielos’ (Libros del (a) Imperdible’ (2011), también es un icono pop, un rebelde, un ídolo que grabó un disco. Dice con humor: “Fue un single. Por una cara cantaba una canción de amor y por la otra pedía disculpas por haber cantado tan mal”.

Pedro, ¿le habría gustado conocer a sus padres?

No los conocí y tampoco quise saber nada de ellos. Nunca tuve curiosidad. Esa es para mí una historia dolorosa. Yo fui un niño de hospicio…

¿Qué prefiere decir: hospicio u Hogar Pignatelli?

Yo siempre hablo de hospicio. En un hospicio crecí: en Calatayud y en Zaragoza. Es muy duro ver cómo todos tus compañeros reciben visitas de familias que les traen lo que a ti te gusta, chocolate, pasteles, galletas, un cuento, y a ti no viene a verte nadie. Mis compañeros a veces me daban.

¿Tenía buenos amigos allí dentro?

Supongo que sí. Años después me he reencontrado con gente como el sastre José Calvo, un gran profesional. La vida allí no fue fácil: estudiaba poco y lo que más hacíamos era jugar al fútbol, que me gustaba mucho. Recibí bastantes palos. Poco después me dio por meterme en el boxeo.

¿Cómo le dio por ahí?

Les pegaba a todos, si hacía falta. Tenía cualidades.

¿Era el matón del lugar?

No, hombre, no. Era el más fuerte, el más flamenco. Sabía pelear y no tenía miedo. Si se metían con algún amigo, allí estaba yo para defenderlo. Y de eso allí se dieron cuenta. Un día, uno de los trabajadores de la ebanistería del hospicio, Manuel Lozano, me sugirió que a lo mejor era mi camino.

¿Y qué hizo?

De vez en cuando salíamos del centro. Y me fui a la calle Cánovas, al local de la Federación Aragonesa de Boxeo. Me gustó aquel ambiente. Era un refugio a los golpes que recibía con un palo de escoba. Recuerdo que me hice amateur y que cobré por algunos combates 200 pesetas. Le hablo de finales de los 60. Y eso me hacía mucha ilusión.

Allí tuvo su primer preparador: Juanito de la Parte, ¿no?

Ya no recuerdo todos los nombres.

¿Cómo entró en contacto con Martín Miranda?

Él venía a ver a los chavales jóvenes y era un enamorado del boxeo. Tenía un gimnasio con sus hermanos. Y un día me dijo si quería ir con él. Me daba consejos, intentaba enseñarme, aunque yo no siempre le hacía caso. ¿Qué podía enseñarme a mí, si yo ya sabía boxear?

Bueno, él había sido boxeador y era un estudioso del pugilismo.

Él era promotor de boxeo y no siempre jugó limpio conmigo, pero ya se murió hace algunos años y no quiero hablar mal de él. Me metió en casa con sus hijos, a los que quiero. Quería que entrenase y yo a veces no entrenaba, no me gustaba nada correr, y hacía cosas que no debía. Yo era así, terco, no quería que nadie me dijera lo que tenía que hacer. Yo estaba golpeando el saco o dándole al ‘puching ball’ y él me corregía. “Así no, Pedro, así…” Me volvía y le respondía de malas maneras: “¡Me vas tú enseñar a mí o qué!”.

Con todo, Martín Miranda fue decisivo en su carrera. En apenas año y medio pasó de ser campeón de España a campeón del mundo.

Visto desde aquí, resulta fácil, pero fue durísimo. Ni yo mismo me lo creía. Pero también sufrí lo mío: tuve peleas muy fuertes, rivales duros…

Por ejemplo, aquel cordobés batallador e incansable, Tony Ortiz, al que ganó el campeonato de Europa en abril de 1974.

Sí, claro. Él había dicho que me iba a ganar de calle. Luego no fue así, pero le digo una cosa: no recuerdo casi nada de aquel combate. En realidad, el combate más terrible que hice fue contra el brasileño Joao Henrique, en Barcelona, en la defensa del título del mundo. Era un boxeador muy bueno, un estilista. Sus golpes me hacían mucho daño. Estaba un poco desesperado, y salí a por él: quería cazarlo, lo hice en el noveno salto y lo mandé a la lona. Yo tenía una mano derecha mortal, un terrible golpe de crochet. Me felicitó en brasileño y me dijo que tenía mucho porvenir y una gran pegada.

Nos hemos dejado atrás el combate más importante de su vida: el 21 de septiembre de 1974, apenas dos meses después de proclamarse campeón de Europa ante Ortiz, peleó con Lion Furuyama en Roma.

Era un japonés durísimo. Aquello fue un milagro. En el primer asalto me rompió una costilla. Tóqueme, tóqueme aquí, por favor. Aún la llevo desencajada tantos años después. Yo me habría retirado: sentía un dolor insoportable, y se lo dije a Martín Miranda y a José Couto. Iba a abandonar. No podía ni quería boxear. Me dijeron que de ninguna manera debería hacerlo. Resistí. Resistí. Y aún no sé cómo lo hice, le metí una buena mano en el séptimo asalto y gané a los puntos.

¿Cómo vivía aquel ambiente, cómo vivió aquella noche?

Qué le puedo decir. Imagínese: había pasado del hospicio, castigado por las monjas, ya sabe que también me echaron luego por una pelea, a campeón del mundo. Había pasado del taller de pintura y de ebanistería a lo más alto. Y además había cobrado un millón de pesetas. Todos eran amigos y admiradores de Perico, hasta Franco.

¿Fue esa su mejor bolsa?

No, no. La mejor fue la de la segunda defensa del título en Bangkok, ante Saensak Muangsurin. Me pagaron cinco millones.

Esa pelea marcó un antes y un después en su trayectoria. Fue en abril de 1975. ¿Qué pasó?

No lo tengo nada claro. Míreme, mire cómo muevo los brazos todavía. Bueno, pues entonces, nada de nada. No podía moverme. Yo creo que me habían dado algo en la comida o en la bebida, porque ni podía moverme. Fue ‘la puta calor’ y algo más. Esa pelea para mí sigue siendo un misterio. El único que conoce el secreto es Martín Miranda. Y se lo llevó con él para siempre.

¿Recuerda cuándo empezó a pintar?

Yo había sido en el hospicio pintor de brocha gorda. Y en las concentraciones –en Torrelodones, en las instalaciones con lago de Jesús Gil y Gil, en Barcelona, en los hoteles…- me ponía a pintar. Necesitaba distraerme, espantar la soledad, divertirme. He pintado siempre: al principio pintaba de fotos, luego hice abstracción, luego he hecho muchas pinturas de toros. Siempre me han gustado los toros y los toreros, y aún los sigo haciendo. ¿Le digo una cosa?

Por supuesto.

No tengo nada. Ni aspiro a nada. Cuando estás arriba te lo crees todo: crees que te quiere todo el mundo. Rechacé una portería a un alcalde de Zaragoza. No quiero un piso en propiedad ni en alquiler, pero me gustaría que me dejaran un sitio para ir a pintar todos los días. Solo ambiciono eso: un espacio, un taller. Ahora vivo en una fonda, pago quince euros por día y tengo que vender muchos cuadros para sobrevivir. Hay días que solo tengo para un bocadillo, pero eso no me importa. ¿Es necesario que le cuente esto? Pintar me relaja mucho, me gusta, me divierte y es la mejor manera que tengo para pasar el tiempo.

¿Cree que hoy haría las cosas de otra manera?

Me he equivocado en muchas cosas. Hacía lo que me daba la gana, no me fiaba de nadie. He sido muy golfo. He fumado y fumo mucho, lo he bebido casi todo, y ahora lo estoy pagando. He tenido varias mujeres, y dejé a la única que me quiso de veras: Rosalía Núñez Tena. Me había cansado de ella. No sé por qué, porque era un golfo, un sinvergüenza. Nadie ha querido al hombre, al ciudadano Pedro y no al campeón, como ella. Un día me paró por la calle y me dijo: “Pedro, esa chica que va por ahí es tu hija y ese es tu nieto”. Ni lo sabía. He tenido cuatro mujeres y tengo cinco hijos.

Pedro, ¿cómo sueña su futuro, está bien en Zaragoza?

Me encuentro muy solo. Y no me gusta la soledad. Me gusta y no me gusta la ciudad. A veces pienso: “¡Con lo que yo he sido: ahora todo es lamentable! ¿Qué amigos tengo ahora?”. A veces me consuelo a mí mismo y me digo: “Menos mal que he perdido memoria”.

 

 

DESPIECE

 

Un campeón sin miedo y demasiado terrenal

 

Perico Fernández parece un personaje de García Márquez o de Ignacio Aldecoa. Cuando estaba en la cima del mundo, merced a su derecha tremenda y a su boxeo de guardia norteamericana y buena esquiva, era un auténtico ídolo: igual departía con Franco en El Pardo que  efectuaba un saque de honor del Real Zaragoza y se abrazaba con Pelé, o agotaba las noches bohemias con Carlos Diarte o Saturnino Arrúa, las figuras de los ‘zaraguayos’. Y conversaba con José María García, con Mando Ramos -aquel púgil que se enfrentó en tres ocasiones a Pedro Carrasco-, con Alfredo Evangelista o con Pepe Legrá. Perico peleó hasta a los 33 años (en 1984 batalló ante Gianfranco Rosi por la corona europea sin éxito), tras haber sido varias veces campeón de España, campeón de Europa de superligeros y ligeros, y campeón mundial de los superligeros.

La vida de Pedro Fernández Castillejos está llena de anécdotas y de autoafirmación. Una de sus frases preferidas era: “Soy como soy. No puedo cambiar, y hay que aceptarme”. Confiesa que ha tenido muchas relaciones, pero que “jamás me he acostado con mujeres famosas, de esas que salen en las revistas del corazón. He salido muchas noches con los futbolistas Arrúa y Diarte, y bebía con ellos, pero poco más. No he estado en la cárcel: tantas cosas malas no habré hecho. He fracasado en el amor, y no supe distinguir a quien me amaba a mí y a quien quería estar con el campeón del mundo”. Asoman otros amigos, como Benito Escriche, tan hermanado en la vida y en el pugilismo. Y la pintura siempre es su norte: regaló muchos cuadros cuando era el mejor y luego, arruinado tras cuatro separaciones, ha vendido lo que ha podido. Este jueves, en el Teatro Principal, Perico Fernández, el hombre a quien Bunbury dedicó el disco ‘Flamingos’, vuelve a estar bajo los focos: Octavio Gómez Milián y Juan Luis Saldaña presentarán su poemario ‘Perico Fernández que estás en los cielos’. Ahora, el campeón tampoco tiene miedo y también está sobre la tierra.

 

 

DOBLE DUELO DE FÚTBOL Y EMOCIÓN ENTRE GARRAPINILLOS Y ZUERA

DOBLE DUELO DE FÚTBOL Y EMOCIÓN ENTRE GARRAPINILLOS Y ZUERA

El Garrapinillos de juveniles y de modestos se jugaban dos importantes partidos este fin de semana. El equipo juvenil, que dirige Manu, se jugaba el ascenso automático ante el Zuera, y perdió 1-2 en un partido intenso y vibrante donde el mejor juego local se vio en la primera parte. Con ese resultado el Garrapinillos ha perdido sus opciones; solo queda un partido y ya es casi imposible el ascenso; con todo ha sido una estupenda campaña; ayer faltó mayor profundidad, más fortaleza en el centro del campo y que Jorge y Óscar interviniesen más en el juego. Y esta tarde, el Garrapinillos de Primera Regional se enfrentaba al Zuera de la misma categoría; los rojillos de San Lorenzo se pusieron por delante, 2-0; empató el Zuera en la segunda parte, y bien avanzado el segundo período Diego adelantó definitivamente al Garrapinillos. Si los zuferienses habían fallado una ocasión clarísima, al final fallamos nosotros hasta tres ocasiones claras: Said, Alberto y Diego. Todo el equipo ha estado a un altísimo nivel, el Zuera es un equipo correoso y experimentado, y Diego firmó uno de sus mejores partidos: marcó el segundo y el tercer gol y se vació; el primero fue de Ito, que se retiró lesionado, tras haber realizado 40 minutos estupendos. El Garrapinillos formó con Sergio Calvo; Mateo, Lacabe, Pirri; Enrique Alcubierre, Ito; Francho, Diego y Said; Jorge Blasco y Eloy. También jugaron Enrique Romero, Alberto, Óscar y Alex Velilla. En cinco partidos, hemos obtenido diez puntos y el equipo abandona la zona de descenso; rebasa  a Ranillas, Zuera y Los Molinos, aunque el margen de puntos es tan escaso que todo puede suceder. Quedan siete partidos y habrá que seguir luchando sin descanso; el equipo ha mejorado en mentalidad, capacidad de lucha, entrena mejor y hay una ilusión renovada. El preparador físico Jesús Ángel sigue dando lo mejor de sí mismo para mantener el buen tono de preparación del conjunto. [La foto es de Aloma Rodríguez, y en ella se ve al gran capitán Javier Lacabe, que es un central espléndid; hoy ha vuelto a estar impecable.]

LA VOZ DE GALICIA: UNHA ENTREVISTA CON XESÚS FRAGA

LA VOZ DE GALICIA: UNHA ENTREVISTA CON XESÚS FRAGA

[O pasado mércores, o escritor e xornalista Xesús Fraga publicaba en ‘La Voz de Galicia’ unha entrevista conmigo co gallo da aparición de ‘El paseo en bicicleta’ (Olifante), o libro  que se apresenta esta tarde en el Teatro Principal. ]

 

LITERATURA

Antón Castro: «Eu contradigo o tópico,

porque tiven moita sorte coa miña sogra»

 

O autor galego, afincado en Zaragoza, publica senllos libros sobre «o gran inimigo» e a bicicleta

 

XESÚS FRAGA / La Voz de Galicia

Influído quizais pola variedade que imprime o xornalismo, o seu oficio dende hai anos, a obra literaria de Antón Castro (Santa Mariña de Lañas, Arteixo, A Coruña, 1959) é igualmente un mostrario das máis variadas temáticas, mais sempre participada por unha ollada moi persoal. Un bo exemplo son os dous libros que veñen de confluír nos andeis de novidades: o poemario ‘El paseo en bicicleta’ (Olifante) e o volume colectivo ‘Suegras’ (Nuevos Rumbos).

-No subtítulo deste libro cualifícanse as sogras como o «gran inimigo», pero en cambio o retrato que fai vostede da súa non pode ser máis admirativo.

-Si, eu debo de ser o caso máis raro e o que contradí o tópico. Eu cheguei a Zaragoza no ano 78 e coñezo a miña sogra dende o 80, e creo que a súa é unha verdadeira vida de santa. Xa sei que parece esaxerado, pero é a realidade. Tiven a sorte de ter unha sogra que sen agobiarte é como unha segunda nai. É certo que literariamente non dá tanto xogo, porque non hai conflito, pero é que non podía escribir sobre ela doutro xeito.

-No poema que lle dedica percorre toda a súa vida e así consegue retratar os grandes acontecementos do século na biografía dunha soa persoa.

-Eu marchei moi novo da miña casa, con 18 anos, sen madurez, sen case entender aos meus pais. Así que asistín á vida dos meus pais a través dos ollos dos meus sogros e aí estaban a Guerra Civil, os maquis, a posguerra... foron como un espello no que me miraba.

-En «El paseo en bicicleta» (Olifante, 2011) fala dunha paixón que xa lle vén dende a infancia.

-Ter unha bicicleta é un soño que tiven xa de neno, cando lla pedía aos meus pais pero non ma compraban porque dicían que me ía matar nela. Agora vivo no campo e grazas á bici descubrín os matices dunha paisaxe moi suxerente. Es máis consciente da natureza, do que te rodea, xa que dende a bici es quen de percibir moitos aspectos da vida. Este é un libro que nace da propia vida.

-¿Cidades como Amsterdam lle transmiten unha impresión moi civilizada precisamente pola profusión de bicicletas?

-A primeira vez que visitei Amsterdam quedei marabillado. Tiñas unha percepción do tempo diferente: había un aquel de acougo, sosegado, de tranquilidade. Eu adoito circular a vinte ou trinta quilómetros por hora e iso che permite ter a sensación de que dominas a paisaxe, de que absorbes a luz.

-Por volver ao seu desexo insatisfeito da infancia de ter unha bicicleta, ¿vostede vive como pai cos seus fillos o que non puido vivir como fillo cos seus?

-Cando vivín en Urrea de Gaén saía moito en bici co meu fillo maior, Daniel. Había unhas subidas fantásticas, pero logo había que baixalas e eu sempre baixei moi mal. E si, estaba facendo o que me gustaría ter feito co meu pai, pero como esa experiencia non a puiden ter, a puiden vivir co meu fillo.

 

*La foto es de Julio Foster.

PERICO FERNÁNDEZ: EL CAMPEÓN INOLVIDABLE O TANTAS VECES PEDRO

Pedro Fernández, nuestro Perico, el doble campeón del mundo de boxeo de los superligeros, se sienta en un rincón y mira y oye. Escucha los poemas, el sonido de la guitarra, el canto de Atahualpa Yupanqui en la voz de Raúl Terán. Pedro aún vive con el estupor de un niño asustadizo que buscaba el aire, la luz, y se encontraba la orfandad y el vacío. Pedro escucha los versos, las historias en la noche del Mangrullo, ese lugar donde Argentina reaparece a diario con un aroma de tango y los paraísos de la nostalgia armada. Luego, durante la cena, Pedro sigue observando: le interesa todo, las anécdotas, las miradas, los comentarios, aunque cuando aparece el boxeo –y con él algunos nombres: Clay, Joe Louis, que era su favorito, Firpo, Nicolino Loche, Carlos Monzón, o Pedro Carrasco, “a mí no me habría ganado”, dice-, se le suelta la lengua y la felicidad: recuerda a Lion Furuyama, su pelea magistral ante Joao Henrique, un combate con ‘Dum Dum’ Pachecho, en el que los dos fueron descalificados por falta de combatividad. Pedro habla de sus cuadros: abstractos o figurativos, tocados por el color o sombríos, cuadros taurinos, que son su gran pasión. Ahora le acaban de dedicar un nuevo libro –que se suma al de Ciria & Gistaín, al de Alberto Maestro, al disco ‘Flamingo’ de Bunbury-: ‘Perico Fernández que estás en los cielos’, que firman Juan Luis Saldaña y Octavio Gómez Milián, en Los Libros del(a) Imperdible, en el que le dan voz y leyenda, y glosan, en primera persona, su vida, sus sueños y sus naufragios. Estamos en el año de Gabriel Celaya y de Álvaro Cunqueiro, pero este es un buen libro para celebrar el Día de la Poesía y la ternura a la deriva de Pedro Fernández, el campeón inolvidable.

 *Este texto apareció ayer en Heraldo de Aragón en mi sección 'Cuentos de domingo'. A su derecha, se ve la cabeza de Benito Escriche, uno de sus grandes amigos.

ISINBAYEVA GANA EN MOSCÚ CON 4.81

Yelena Isinbayeva ha retornado esta tarde a la competición y ha ganado, bajo techo, en Moscú con una marca de 4.81. Una de sus rivales, su compatriota Feofanova (ex campeona del mundo: yo siempre espero lo mejor de ella), solo saltó 4.61. 'La zarina del aire' falló tres intentos sobre 4.91. Le restó importancia a su marca ganadora: recordó que llevaba un año sin competir y aseguró que pronto volverá a ser la que fue. Yelena Isinbayeva tiene ahora 28 años y aspira a su tercera medalla olímpica en Londres 2012.