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Antón Castro

Deportistas

VICTORIA POR LA MÍNIMA Y FRACTURA DE PERONÉ DE DIEGO

VICTORIA POR LA MÍNIMA Y FRACTURA DE PERONÉ DE DIEGO

Jugábamos, en el campo de San Lorenzo de Garrapinillos, otro partido importante. Desde la derrota con Marianistas sólo habíamos conocido las formas del infortunio, hecha la salvedad del choque con el Zuera, que igualamos en el último instante de penalti. Perdimos de malos modos con La Puebla de Alfindén y caímos más bien estrepitosamente en los últimos minutos con San Mateo de Gállego. El primero equipo que nos venció en la primera vuelta había sido Pina de Ebro, que ha hecho una buena campaña, que la está haciendo. Esperábamos este choque con temor y con esperanza. En la comida familiar, Diego dijo que esperaba cualquier resultado salvo la victoria, que la veía muy difícil. En nuestra cabeza había un detalle psicológico que nos hacía mella: nos ganaron por su veloz juego arriba, nos rompieron en la segunda parte al contragolpe por velocidad, y nosotros acusamos no solo la palidez defensiva sino la ausencia de Pirri, nuestro delantero centro cuando todo iba bien. Pirri es nuestro máximo goleador: lleva 17 goles.

 

Solo teníamos trece jugadores disponibles, y formamos así: Stalin; Diogo, Pirri, Alex Velilla, Jorge David; Miguel, Diego, Mario, Jorge; Alex Navarro y Adrián Serna, que reaparecía tras muchos partidos en el dique seco por lesión. De suplentes, contamos con Jaime (iba a salir de titular pero sufrió un pinchazo) y Juan. El partido fue intenso desde el primer minuto: intenso, deslavazado y sin un ritmo continuado. Ellos empezaron tomando el mando, levemente, con sus jugadores fornidos, altísimos; los delanteros amenazaban, se les veían modos, pero apenas entraron en juego. Tuvieron, no obstante, una oportunidad clara que dio en el palo, pero pronto pasamos a dominar sin la necesaria mordiente. Era una tarde ventosa. Nos costó imponer nuestro juego, pero poco a poco lo fuimos logrando con trabajo, con ambición, con buenas combinaciones y mejor trato del balón que el rival. La línea defensiva se mostró rocosa y segura en todos sus flancos; el arquero Stalin jugaba su mejor partido (ahora ya nos han confirmado que Gayoso probablemente no podrá jugar más este año por su fisura en un dedo y por el premioso periodo de recuperación), y los demás se manejaban con esfuerzo, con compromiso. Alex Navarro realizaba su tarde más completa (le favorece su altura y una cierta sensación de que toma soluciones impredecibles), pugnaba por doquier, generaba incertidumbre en sus marcadores. En la primera parte acabamos cero a cero. Podía pasar cualquier cosa, pero yo ya sabía algo: el Pina no era tan fiero como lo habíamos pintado. Podíamos, debíamos vencer. Llegó el gol: sacó Jorge Rodríguez desde la derecha con ese efecto tan demoledor que le da y marcó Mario Calvera.

 

Perdimos a Adrián Serna, que sufría en los gemelos y en el pecho. Y poco después saltó la gran alarma: Diego disputó con excesiva suavidad un balón con su voluminoso capitán y recibió un impacto tremendo. ¡Crack! Tuvo que retirarse de inmediato: no podía andar, y ahora está en la Clínica Montpellier con su madre. Aguantamos, generamos alguna ocasión, nos defendimos y, al final, logramos lo que tanto anhelábamos: una victoria de nuevo. Queríamos deshacer el maleficio, volver a comportarnos como un equipo que pelea todo lo que puede, que intentar ser ordenado. Queríamos recobrar la confianza y demostrarnos que podemos… Así, además, rebasamos al Pina de Ebro en tres puntos y volvemos a estar por ahí, cerca del segundo puesto, que es nuestro objetivo para ascender.

 

Fue un partido trabado, sin  brillantez, que se resolvió del lado del equipo que anheló algo más el triunfo. Fue una victoria del bloque. A ningún jugador se le puede poner objeción alguna. Los defensas estuvieron en su sitio, Pirri solventó su tarea con entrega, compromiso, actitud y buenos modales. E intentó cabecear varios córners peligrosísimos. Ahora tenemos 35 puntos. Y la próxima semana, con un montón de bajas de nuevo, sospecho que la de Diego, nuestro pulmón, nos enfrentamos al Movera. (En la foto, Diego a trompicones burla a un contrario).

PD. Ya está confirmado. Diego Rodríguez, nuestro mediocentro, ha sufrido fractura de peroné y tiene para varios meses. Quizá diga adiós a la temporada y también a su etapa de juveniles.

EL GARRAPINILLOS: TROPEZÓN INESPERADO, 1-4, EN CASA

EL GARRAPINILLOS: TROPEZÓN INESPERADO, 1-4, EN CASA

GARRAPINILLOS, 1- SAN MATEO, 4

Campo de San Lorenzo.

En pocos días, bastante funestos, el Garrapinillos juvenil ha iniciado un importante bajón, cuando no descalabro espero que pasajero. El pasado sábado tocamos fondo por motivos propios y ajenos: un arbitraje pésimo, sin mano izquierda, ante La Puebla de Alfindén, y nuestra impulsividad; las dos cosas, mezcladas y amasadas, han arrojado un resultado catastrófico. Perdimos a cuatro jugadores (toda la línea defensiva, casi: Diego Cali, Alfredo, Marcos y Aitor) y, en los últimos instantes, un partido que habíamos aguantando con 1-0 a favor por un definitivo 1-2, que se solventó en torno al minuto 89 poco antes de la invasión del campo de San Lorenzo. Esta ha sido una semana de agitación, de disputas en los despachos, de actas y contractas. Y todo en vano: a Marcos, por devolver una patada sin balón (tras recibir un feroz impacto de tacos metálicos en la espinilla), le han castigado con cuatro partidos; lo mismo a Alfredo, que insultó gravemente al árbitro; lo mismo a Diego Cali, que lanzó al aire un manotazo, y éste dijo que había sido un intento de agresión, y dos a Aitor, que fue expulsado por dos amarillas y despidió al árbitro al grito de “eres un payaso”.

 

Hoy contábamos tan solo con doce jugadores, dos de ellos, cancerberos para enfrentarnos al San Mateo, con el que íbamos igualados a puntos. Nos pareció que debíamos dar una oportunidad a Stalin, que había entrenado con entusiasmo y con absoluta generosidad bajo las órdenes del gran preparador de porteros Pedro. Juan lo había hecho muy bien en todos los partidos anteriores. Salimos al campo con un equipo raro: Stalin; Jaime, Alex Velilla, Pirri y Alex Fernández; Miguel, Mario, Diego, Diogo; Alex Navarro y Jorge. En la primera parte, el partido fue de poder a poder, con mayor dominio de ellos en el primer tramo. A consecuencia de ellos, marcaron dos goles en sendos balones cruzados al área. El Garrapinillos nunca entró del todo en el partido. Los entradores del San Mateo pronto recordaron a los suyos que el pulmón de nuestro equipo es Diego Rodríguez, y le pusieron un muro en un calculado marcaje por zona. Los demás tampoco acababan de entrar en juego, aunque la defensa, hecha la salvedad de las dos ocasiones materializadas, no había sufrido muchos apuros. Con todo, nos fuimos al descanso 1-2, y Alex Navarro estuvo a punto de igualar con un cabezazo al palo tras un fallo de la retaguardia blanquiazul. El árbitro dirigía el choque con corrección y el clima fue, en todo momento, de exquisita deportividad.

En la segunda parte, realizamos algunos cambios tácticos. Stalin; Diogo, Alex Velilla, Jaime, Alex Fernández; Miguel, Diego, Mario, Jorgte; Alex Navarro y Pirri. El más determinante fue que Pirri, nuestro goleador, pasó de central a su posición natural este año: ariete. Generó varias jugadas, Jorge estuvo a punto de marcar en un par de ocasiones, en dos vaselinas a contrapié. En un saque largo, nuestros centrales, Jaime ahora y Alex, se tragaron el bote del balón y el delantero contrario apuntilló el marcador: 1-3. Cuando moría el partido, se produjo el único fallo claro del arquero Stalin y sentenciaron el partido: 1-4. Y no solo eso: nos superaron en nuestro gol average privado. En su campo habíamos ganado 4-2, a pesar de habernos quedado con nueve jugadores.

 

El partido nos dejó una sensación muy amarga. Acariciamos el empate, dominamos los primeros veinte minutos de la segunda parte pero nos faltó punch, juego, combinación, potencia, personalidad, sensación de dominio. Salimos derrotados antes del duelo en un choque que tenía algo de duelo por los expulsados. Y lo peor no es solo eso: nos queda una sensación de incertidumbre y de caos. A mí especialmente. Una de las claves de nuestros buenos resultados –nueve partidos ganados consecutivamente, ocho de ellos oficiales- era la solidez de la retaguardia. Hoy, en momentos puntuales, naufragamos, pero sobre todo naufragamos en juego, en bisoñez, en carácter, en resistencia y en ambición. No hubo nada de lo que solemos exigirnos: pelea, orden y talento.

 

Sólo nos queda seguir ahí: recobrar el entusiasmo, mejorar nuestros entrenamientos, disfrutar más con el balón y enderezar el rumbo con personalidad y sacrificio, con buenos pases y determinación. Si no lo hacemos así, la Liga habrá terminado para nosotros y el sueño elaborado en una primera vuelta magnífica.

No debemos decir, por nada del mundo aún, adiós a todo eso...

(En la foto, Pirri, que hoy jugó de central y de delantero centro. Le hago caso a mi admirado y querido Javier Quiñonez y modificó el titular.)

RAFAEL NADAL VENCE Y HACE LLORAR A ROGER FEDERER

RAFAEL NADAL VENCE Y HACE LLORAR A ROGER FEDERER

He visto hoy gran parte de la final del Open de Australia. Iba con Rafael Nadal, como casi siempre. Soy un incondicional de su tenis: siempre me deja perplejo de dónde saca algunos golpes inverosímiles. Trallazos de furia y precisión. Rafael Nadal no es tan buen jugador como Roger Federer: ni es tan elegante, ni saca tan bien, ni posee esa demoledora armonía del suizo, que a veces, como no se cansan de repetir los cronistas, no parece humano. Sin embargo, lejos del mecánico Pete Sampras, a quien superará en breve (lo superará con sangre, sudor y más lágrimas. Roger nos ha salido llorón), Federer es pura belleza, ritmo, facilidad. Roza la perfección, hace posible lo imposible, y siempre tiene respuestas. Rafael Nadal le vence porque corre más que él, porque asume riesgos y no se amilana, le devuelve el tanto seguro, por decirlo así, y parece tener una ligera ventaja psicológica sobre él. El partido de hoy ha sido de nuevo excepcional, con momentos preciosos: un tanto que parecía ganado, rematado después y aún corroborado en un tercer impacto, ha exigido cuatro o cinco golpes demoledores más. Al final, en cinco sets, venció Rafael Nadal que logra a los 22 años un puesto entre los grandes de la historia: ya ha conquistado seis torneos de Grand Slam. Se dice pronto, pero bajo el reinado del probablemente el jugador más exquisito de la historia (aunque yo prefiera a John McEnroe todavía), tantos títulos son muchos, muchísimos. Hoy El País publica un precioso reportaje de Juan Ríos que añado aquí para recordar que los tenistas también lloran. Cuando ganan y cuando pierden. Rafael Nadal ganó así: 7-5, 3-6, 7-6, 3-6 y 6-2.

 

JUAN RÍOS / El País

Las lágrimas de Federer empañaron de dramatismo la celebración del primer Grand Slam australiano para la historia del tenis español. La tensión del momento, el vértigo de ver que toda una etapa de leyenda se resquebrajaba por los raquetazos de Rafael Nadal, pudieron hoy con el suizo, el mejor tenista de la historia. Le superaron. Derrotado dentro de la pista, Federer se vació ante el público de la Rod Laver Arena en el momento de su discurso. Vaciló ante el micrófono, y en el momento de hacer síntesis, la emoción no le permitió murmurar más que cinco palabras. "Dios, esto me está matando". En su mano, la bandeja plateada le devolvía, como una metáfora, la imagen distorsionada de un tenista honorable que luchó, falló, gritó de alegría y de rabia y sucumbió ante el empuje de un mallorquín incansable de 22 años.

El trofeo le acreditaba como subcampeón del Abierto de Australia 2009 y le arrebataba de un plumazo el sueño de igualar a su ídolo, Pete Sampras. El suizo tiene 13 grandes, el estadounidense 14, y Rafa todo el empeño en que no consiga emular a al tenista que estuvo seis años en lo más alto del ranking mundial. Ahora sólo queda una superficie en la que Nadal no ha escrito su nombre: el Abierto de Estados Unidos.

Al no poder pronunciarse, miró hacia atrás y se encontró con Rafa. El de Manacor le había destronado en uno (otro) de sus feudos; era su sucesor y su verdugo, pero también su amigo. Las lágrimas no dejaban de brotar. La fuerza del momento compungió incluso al público, que respondió aclamando a su ídolo. A partir de ahora, jugar en Australia seguirá siendo como jugar en casa, pero hacerlo en la Rod Laver será hacerlo en terreno Nadal.

Detrás del suizo esperaba Rafa. Paciente, contenido, humilde, con la mirada siempre baja, reverencial ante quien ha sido su mayor enemigo en la pista, el español esperó su turno antes de despedirse del público. La alegría de ganar su primer Abierto en Melbourne, de abrir el palmarés español en tierras australianas y extender su leyenda, aún joven, se chocaron de frente con el rostro compungido de su rival. Guardó silencio, pero no pudo disimular su nerviosismo cuando subió al estrado. Las lágrimas del campeón le conmovieron, y se quedó sin palabras. Dijo "hola", y poco más. Federer seguía teniendo el protagonismo.

"Roger, siento lo de hoy. De veras sé cómo te sientes. Es muy fuerte, pero recuerda que tú eres uno de los mejores de la historia. Espero jugar muchos más partidos contigo", continuó luego. Nadal trataba de consolar a su rival, pero no logró sino arrancarle más lágrimas. El público lo agradeció y aplaudió al español, que cerró su discurso con palabras de cariño a su familia, su entrenador, su equipo médico y todos los allí presentes. Si había emociones, las disimuló. Quizá las guardaba para el vestuario. Quizá a solas también haya llorado Nadal.

(La foto de Rafael Nadal es de Reuters. Me ha pasado una cosa muy bonita: he visto parte del partido con el poeta y narrador gallego, afincado en Madrid, Manuel Pereira).

 

EL GARRAPINILLOS EMPATÓ EN EL DESCUENTO: 3-3

EL GARRAPINILLOS EMPATÓ EN EL DESCUENTO: 3-3

GARRAPINILLOS, 3-ZUERA, 3 (Tantos locales: Pirri, 2; y Mario, de penalti).

Tengo que empezar la crónica del partido Garrapinillos-Zuera casi donde dejé el del pasado domingo: el Marianistas ganó tras el último segundo, y hoy, nosotros, los rojillos del Garrapinillos, empatamos de penalti, no sé si después del último segundo, o poco antes de que se acabasen los tres minutos de descuento. El magnífico arquero zufariense le hizo penalti a Adrián Serna y Mario Calvera, de un disparo potente y esquinado, igualó un partido que se puso cuesta arriba desde el primer minuto. Poco más se llevaría, o quizá aún no se habrían cumplido los 60 segundos del choque, cuando el portero rival lanzó de puerta, desde fuera el área, Marcos falló en la recepción del balón, el delantero rival se anticipó al arquero Juan y marcó. Durante cinco o seis minutos, el Garrapinillos tomó el dominio del partido, fabricó varias ocasiones claras, pero no logró empatar.

 

El campo estaba en mal estado. Para ellos y para nosotros, pero daba la sensación de que a nosotros nos afectaba más su inestabilidad. O por lo menos nos mostramos más inestables. Antes de los diez primeros minutos, un disparo lejano del Zuera fue repelido por Juan, la defensa no acudió al rechace, el portero quizá pudiera hacer algo más para proteger su propio desvío, pero otro delantero contrario se adueñó de la indecisión y puso el marcador 0-2. Así fue como acabó el primer tiempo. El Garrapinillos quiso y no pudo: fabricó ocasiones por las bandas y por el centro, Pirri erró varios balones, igual que Jorge y Diego, y el Zuera fue tomándole aún más la medida al partido y a nuestra débil defensa hoy: contragolpeó con mucho peligro y acarició, casi tanto como nosotros, el tercer gol. Felizmente no se produjo. Estábamos poco precisos en el marcaje por los costados, había inseguridad por el centro, inseguridad, zozobra y resbalones continuos, la media no contenía el juego del adversario (no fue el mejor partido ni de Jorge ni de Diego; Mario se cansó de lanzar faltas a la olla y acarició el travesaño en una falta), pero el susto –que ya era abundante, casi mayúsculo- no fue a mayores.

 

Ajustamos algo las líneas en la segunda parte. Intentamos corregir algunos errores el marcaje y recordamos que necesitamos el balón. Que teníamos que apurar la recuperación, triangular con precisión, asociarnos en corto. Apelamos a nuestra coordenada: combate, pelea o brega; orden y talento. No nos sobraba de nada de ello. Y en la mejor jugada del partido, que inició Diego, y en la que participó casi toda la delantera, Alex Fernández centró con precisión para que Pirri marcase su tanto 16. Aún nos quedaba un mundo de fútbol. Más de 35 minutos. Cuando parecía que íbamos a igualar, el Zuera ensanchó su ventaja. Pero aún logramos reducir la diferencia al 2-3, de nuevo Pirri marcó. Ellos estuvieron a punto de sentenciar en un fallo del arquero Stalin, que sustituyó a Juan, pero su jugada acabó en el palo, algo que parecía más difícil que marcar. La suerte ahí acudió a nuestro lado, y volvió a favorecernos cuando moría el partido en forma de penalti en un lance entre Serna (que quizá arrancase en fuera de juego) y el espléndido portero, que jugó como un veterano. Fue, por otra parte, su mejor líbero, su mejor central y, si me apuran (y con ello no quiero desdeñar al conjunto contrario en absoluto ni a sus medios, que pararon a los nuestros bastante bien), su mejor centrocampista de empuje. A Mario no le tembló la pierna. Disparó a la derecha del portero, seco y duro, con la máxima superficie de empeine como exige el canon, y gol. El arquero intuyó el lugar y se tiró muy bien, pero el disparo era imposible de atajar.

 

El Garrapinillos tuvo el premio al coraje, al esfuerzo, a la convicción, cosechó el galardón a esa oscura fe de no dar el partido por perdido nunca. No se desmoronó anímicamente, aunque no brilló. La suerte, y esa constancia ciega, arregló el desaguisado. El Zuera es un equipo serio y trabajador, sólido en todas sus líneas, no se vino abajo nunca, ni siquiera cuando parecía estábamos en un tris del empate. Sus jugadores vieron que hoy teníamos un problema: la mayoría de jugadores no llevan tacos de aluminio, y el campo estaba especialmente difícil, un tanto impracticable por el centro. Y eso lo acusamos. El campo esta tarde fue el segundo adversario: tras el rival, el Zuera, el campo de San Lorenzo. El partido acabó con expulsión del arquero y con gran enojo del entrenador. Lo puedo comprender perfectamente. A nosotros nos pasó el otro día en un partido importantísimo ante el líder.

 

Nosotros no encontramos hoy el sitio de manera sostenida. Hubo destellos, buenas jugadas, combinación, pero el tono general fue más bien irregular, de un aprobado justo. Solo nos podemos sentir satisfechos, y levemente orgullosos, de la honestidad de nuestro trabajo, pero no de nuestro fútbol.

Formamos con: Juan; Alex Velilla, Alfredo, Marcos, Aitor;  Diego Rodríguez, Mario; Diogo, Jorge Rodríguez, Alex Fernández; Pirri. También jugaron el portero Stalin (que debutó y permaneció bajo el marco 25 minutos, más o menos), Jaime, Alex Navarro, Jorge David y Adrián Serna. Diogo, el interior portugués, otro (no Diego Cali, que estaba enfermo), también debutaba hoy y realizó un buen partido en el juego de ataque; por ahora le falta sentido táctico, pero su debú ha sido más que correcto.

 

El partido de hoy era el último de la primera vuelta. Creo que quedamos terceros, por detrás del Pina de Ebro, segundo, y del Marianistas, primero, holgadamente destacado. Nuestro balance podría haber sido algo mejor: hemos ganado diez partidos (ocho de ellos de manera consecutiva), hemos empatado dos y hemos perdido tres. En total llevamos 32 puntos. El próximo sábado o domingo, nos enfrentamos a La Puebla de Alfindén.

(En la foto de archivo de José Antonio Melendo, Mario Calvera, el capitán, lanza una falta ante el Marianistas).

EL GARRAPINILLOS PERDIÓ 3-2 TRAS EL ÚLTIMO SEGUNDO

EL GARRAPINILLOS PERDIÓ 3-2 TRAS EL ÚLTIMO SEGUNDO

 

Miguel Ángel Gayoso, con una fisura en el dedo meñique, buscó un titular para el partido de esta mañana en el campo de Marianistas: “Victoria con sufrimiento y suerte del Marianistas”. Nosotros dimos la cara hasta varios segundos después del último: el árbitro, un muchacho joven, muy joven, prolongó el tiempo y el Marianistas, líder en solitario, marcó un gol inesperado. Era el 3-2 definitivo; unos segundos antes, el colegiado había anunciado la última jugada: el equipo local sacó una falta al borde de la medialuna que no rebasó la barrera, iniciamos el contrapolge, con Diego y Jorge y Alfredo, que perdió el balón. Y así, cuando todo estaba concluido prácticamente, los blancos ganaron con un gol de zurda que nuestro arquero Juan –que se estrenaba y había estado espléndido- no logró atajar.

El Marianistas, que había sufrido muchísimo, tanto como nosotros sin duda, se encontró ahí con el golpe del líder que se escapa en solitario para ser campeón.

Hasta ahí el partido fue intenso, vibrante, jugado de poder a poder, con mucho trabajo por ambas partes, y con un tiempo para cada equipo. El primero tiempo fue para nosotros: vencíamos por 1-2 en el descanso, tras los goles de Alex Velilla y de Pirri, que ya lleva 15 tantos en la liga; y luego, empataron de penalti, para mi gusto muy riguroso: Aitor llegó justo al balón y lo tocó, y en ese contacto también intervino el extremo derecho del rival que cayó el suelo. Juan nada pudo hacer. Y desde ese instante se cruzaron las alternativas: Eduardo Pirri tuvo tres remates nítidos, especialmente un cabezazo a saque de Mario Calvera, y ellos también tuvieron varias jugadas claras, más claras aún. Pero hay que decir que ellos estuvieron mejor en la segunda parte, especialmente con más fondo físico en los últimos minutos.

Formamos de partida así: Juan; Alex Velilla, Marcos, Alfredo, Aitor; Diego Rodríguez, Mario; Diego Cali, Jorge Rodríguez, Alex Fernández; y Pirri. Luego intervinieron en el juego, Jorge (peruano), recién incorporado; Jaime y Alex. El arquero Stalin no llegó a debutar, y el interior Miguel Garcés, que había jugado un estupendo partido el pasado sábado con dos tantos, no compareció.

Marianistas es un equipo correoso, compacto, que no pierde el sitio ni se pone nervioso cuando va con el marcador en contra. Es un conjunto físicamente imponente, bien estructurado, y con buenas individualidades en todas las líneas. Destacan sus centrales, sus dos medios centros, que intentaron apagar a Diego Rodríguez y mitigar los culebreos de Jorge, y uno de sus delanteros, el siete, pero todo el conjunto es bueno. Son trabajadores, se asocian, pelean hasta el último instante y tienen conciencia de equipo: bregan, pasan, cambian el juego constantemente y son conscientes de su poderío físico.

Sin embargo, hoy se encontrarán con la horma de su zapato. El Garrapinillos jugó con seriedad y sin complejos: quiso el balón, buscó la portería contraria y no se desencajó en ningún instante. Y así, poco a poco, fue haciéndose con el partido: marcó el 0-1, volvió adelantase con 1-2, y finalmente, cuando había cedido un poco más al empuje del rival aunque sin naufragar, sucumbió, tras haber hecho una defensa numantina, con el tiempo vencido ampliamente, aunque el árbitro dijese lo contrario. Nos perjudicó en tres lances específicos, sin duda, pero pese a todo el arbitraje ha sido más o menos correcto.

El Marianistas puede ser un justo vencedor, como lo habríamos sido nosotros, como habría sido justo, más justo tal vez, el empate. Con el empate para nosotros aún habría Liga y posibilidad de alcanzar el liderato; ahora, a ocho puntos, parece que lo más sensato es pensar que tendremos que luchar sin descanso por la segunda plaza y por lograr los puntos que dan acceso al ascenso directo. Ahora, a falta de saber que ha ocurrido hoy, ya nos habrá igualado Pina de Ebro en la segunda plaza, en caso de que haya ganado. O de que ganase ayer, que no lo sé todavía.

 

El Garrapinillos regresó dolido. Desespera perder cuando ya sabes que todo ha concluido. El partido fue excepcional: de batalla, de pura épica de domingo calmo y luminoso, de una bella y trabada intensidad. Un padre del equipo rival dijo: “Así da gusto. El Garrapinillos es el primer equipo que le planta cara seriamente. Si no es así hasta resulta aburrido venir al campo”. Con todo, Marianistas había perdido aquí un partido en los últimos instantes.

 

*Escena que veo desde la ventana, mientas escribo la nota: Sale Diego Rodríguez, el ocho, de casa con la cabeza gacha, con una especie de melancolía, con una sensación de pérdida. Quiero pensar que le ha dolido profundamente perder así. Ha jugado bien, con menos brillo que otras veces, hasta desfondarse, pero hoy se ha enfrentado a los dos mejores medios centros, con él, creo, de su serie. Y ellos tienen más envergadura física. Entre los dos, lograron minar su resistencia, sus avances y sus cambios de ritmo. Hoy el partido, incluso a él, se le ha hecho largo. 

[Foto de archivo del choque Garrapinillos-Juventud. Vaselina de Jorge]

LA VIDA EN UN CUENTO / 8 [EL ARQUERO STALIN]

LA VIDA EN UN CUENTO / 8 [EL ARQUERO STALIN]

Hace unos días, Miguel Ángel Gayoso, el único arquero del Garrapinillos juvenil, sufrió un golpe en un dedo durante un partido universitario. No le hizo demasiado caso, aunque notaba el dolor y notaba, sobre todo, cómo el meñique adquiría una deslavazada forma. Esta misma semana se intensificó el dolor y acudió al médico. Tenía el dedo rotor por varios sitios y debía guardar reposo, como mínimo, durante cinco o seis semana. Este domingo jugamos un partido importante, ante el líder. Compungido, Miguel Ángel Gayoso comunicó a su entrenador que no podría jugar y que se planteaba, muy seriamente, retirarse del fútbol. Estudia periodismo y querría ser reportero deportivo lo antes posible.

El entrenador habló con el presidente. Éste acudió a una bolsa de contactos de jóvenes de futbolistas y a algunos amigos. Ayer mismo le dijo a su entrenador que había conseguido un arquero juvenil, ecuatoriano, que llevaba algunos meses sin jugar pero que tenía experiencia y diecisiete años.

“Eso sí: te dejo que me digas cien o doscientos nombres y no aciertas el suyo”. El entrenador dijo algunos: Wenceslao, Ladislao, Leoncio, Rosalío… El presidente afirmó, desde el otro lado del hilo, sin temblarle la voz: “Se llama Stalin”.

Anoche, Stalin se puso bajo los palos del Garrapinillos en el entrenamiento. Había lloviznado suavemente y se quedó una noche cárdena y apacible. [La foto es de Gordon Banks].

EL ONCE TITULAR DE AYER DEL GARRAPINILLOS

EL ONCE TITULAR DE AYER DEL GARRAPINILLOS

Éste es el equipo del Garrapinillos juvenil que salió hoy al campo. Arriba, de izquierda a derecha: Alfredo, Alex Velilla, Pirri, Marcos, Gayoso. Abajo, Jorge, Aitor, Alex Fernández, Miguel y Diego. La foto es de Aloma y de David Barreiros.

 

EL GARRAPINILLOS JUVENIL VENCIÓ 10-1 AL MIRALBUENO

EL GARRAPINILLOS JUVENIL VENCIÓ 10-1 AL MIRALBUENO

Nos dolió perder el pasado sábado con El Salvador B. No jugamos bien, pero además cuando teníamos el partido un poco en el bolsillo fallamos estrepitosamente, arriba y abajo. De alguna manera, hoy nos habíamos conjurado todos para ganar al Miralbueno, un equipo joven con juveniles del primer año prácticamente. Antes de salir (contábamos con la ausencia de Adrián Serna, tocado en una rodilla), hablamos de dedicarle la victoria a Modesto Calvera, padre de Mario Calvera, el capitán, que fue operado ayer.

 

Formamos de inicio con Gayoso; Alex Velilla, Marcos, Alfredo, Aitor; Diego Rodríguez, Mario; Miguel, Jorge y Alex Fernández; y Pirri. Jugaron luego Alex Navarro, Jaime, Diego Cali y Juan. Pronto se vio que éramos superiores: marcamos de inmediato por medio de Alex Fernández y Alfredo, a un saque de córner de Jorge, que se hinchó de servir centros letales desde el saque de esquina. En la primera parte ganábamos 7-0, y en la segunda apuramos hasta un definitivo 10-1. Dentro de un buen tono general, al que se sumó la escasa resistencia del Miralbueno, hay que destacar el gran primer tiempo de Miguel y de Alex Fernández, y los buenos movimientos de Eduardo Pirri. Al final los goleadores fueron: Alex Fernández, 2, Pirri, 2, Miguel, 2, Jorge Rodríguez, Diego Rodríguez, Alfredo y Alex Navarro. Se disfrutó de principio a final y el partido constituyó un buen entrenamiento para el partido del sábado ante los líderes destacados, Marianistas, que han tomado ventaja después del traspiés del pasado sábado. Hubo momentos de estupendas jugadas y también de fallos clamorosos. Esta semana volveremos a coger los entrenamientos con entusiasmo. Por cierto, Pirri ya lleva catorce goles.

*En la foto de David Barreiros /Aloma Rguez. Gascón, Miguel Garcés intenta remata a gol, y obtiene el tanto.