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Antón Castro

Escritores

'ELLA', UN POEMA DE 'SEDUCCIÓN

'ELLA', UN POEMA DE 'SEDUCCIÓN

’ELLA / 2’: UN POEMA DE MI LIBRO ’SEDUCCIÓN’
Hace algo más de un mes aparecía mi nuevo libro, ’Seducción’ (Olifante, 2014), un poemario de amor, amistad y diversos homenajes. Entre los textos de la primera parte del libro, ’Una historia de amor’, aparece este texto. La foto es de Miranda van Dijk. Hoy estaré en la Feria del Libro, en la caseta de Olifante, a las 18.30.

ELLA / 2

Me dijiste: A veces sueño que te vuelves hiedra o laurel, selva espesa, corazón salvaje de retama. A veces sueño que sales al bosque y caminas con los ciervos, con los huraños jabalíes, con las alimañas que se ocultan tras la senda tenebrosa de los pinos. Te dije: Es verdad. Hay una hora del día o de la noche, no lo sé, confundo la luz del sol y el temblor apagado de la luna, en que salgo por el mundo. Sin rumbo cierto. Con mi canción en los labios. Andrajosa, con el pelo revuelto y sin poemas en los bolsillos. Y al final llego al bosque, y me tiendo bajo el ramaje. Coloco el oído sobre la tierra húmeda y espero que ocurra algo. Deseo oír tus pasos a lo lejos, ansío oír tu canto de amor que se esparce entre la noche y la niebla del sueño. Me dijiste: A veces imagino que te encuentro junto al río lento del tiempo. Te dije: Me refugio bajo las lágrimas de los sauces y espero. Te digo: Ven. Avanza. Mi cuerpo se debilita con la música del agua.

 

’Seducción’. Antón Castro. Prólogo de José Luis Melero. Solapa de Fernando Sanmartín. Olifante. Zaragoza, 2014. 96 páginas.

MAFALDA, POR GUILLERMO BUSUTIL

MAFALDA, POR GUILLERMO BUSUTIL

[Guillermo Busutil, autor de 'Noticias del frente', regresa de un viaje de placer de Roma, acompañado de su fotógrafa preferida, y rinde homenaje a Mafalda.]

LA NIÑA DE LA CALLE CHILE

 

 

Guillermo BUSUTIL

http://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2014/06/01/nina-calle-chile/681488.html

 

Mafalda es una excelente quina para digerir y depurar la realidad. Al principio sabe a corteza amarga, igual que todas las certezas, pero enseguida tiene el regusto de una sonrisa inteligente y después te deja una actitud reconstituyente. A Quino, Joaquín Salvador Lavado, le deberemos siempre su medicina infantil para adultos. El dibujo más redicho y preguntón que le provoca dolor de cabeza a la política de lo cotidiano. No hay una sola Mafalda, de todas las que Quino ha dibujado, que no tenga cara de inocencia atolondrada mientras propina un puntapié de filosofía en la espinilla de lo real y sus contradicciones. Un golpe agudo que desequilibra cualquier certeza y aparente seguridad. Sobre todo a los adultos de su familia. También a los miles de lectores que durante años, y todavía hoy, seguimos manteniendo actuales sus historietas, su pequeña existencia enmarcada en blanco y negro en esas libretas apaisadas de sus ediciones: un frasco de papel con pastillas para despertar el pensamiento. No hay una sola gragea que no encienda por dentro un alivio, una corriente de energía entre el corazón y la cabeza. "Como siempre: lo urgente no deja tiempo para lo Importante". "Comienza el día con una sonrisa y verás lo divertido que es ir por ahí desentonando con todo el mundo". "Sería lindo despertar un día y encontrarse con que la vida de uno depende de uno". "¿Por dónde hay que empujar este país para llevarlo adelante?". Ninguna cae en saco roto. Toda son efectivas. Mafalda ansiolítico, analgésico. Quina vitaminada.

Siempre quise ser un dibujo a lápiz para pertenecer a su pandilla. Y tener una viñeta cerca o estar los dos en la misma. Igual que Felipe. El enamorado soñador con su angustia por no saber cómo construirse una identidad. Seguro que hubiésemos sido buenos amigos a pesar de la rivalidad por la misma niña que lee y escucha las noticias, que desdeña lo frívolo y lo material e imagina su futuro de influyente intérprete de la ONU. Una mujer independiente a la que su hija nunca tendría que preguntarle: "Mamá, ¿qué te gustaría ser si vivieras?", igual que hizo ella con la suya. Tampoco me habría importado que Quino me hubiese puesto a hablar con Guille y Miguelito. A las chicas le gustan los tipos con buena mano con los más pequeños. La primera vez que leí una de sus utopías pesimistas entendí que los dos compartíamos rebeldía y la tendencia por las preguntas que incomodan. Supe entonces que jamás dejaría de querer a Mafalda. Nunca la traicioné con Carlitos Brown. Me parecía un pequeño Hamlet de colegio mayor. Sin el desparpajo de Felipe, incapaz de cuestionarse "¿por qué justo a mi tenía que tocarme ser yo?". Guardo todas sus historias al alcance de la memoria y de vez en cuando me asomo a guiñarle una sonrisa a la pequeña inteligente, irónica, inconformista, contestataria y sensible. Mafalda soñando con un mundo más digno, justo y respetuoso con los derechos humanos. La heroína iracunda que rechaza las hipocresías humanas, las rendiciones de los adultos, las injusticias y que mantiene vivo su derecho a seguir siendo una niña que no quiere hacerse cargo del universo adulterado por los padres. Así definió una vez Umberto Eco a la protagonista de los dibujos de Joaquin Salvador Lavado, el tipo que se inspiraba en los noticieros de los años sesenta para que Quino, su alter ego, hiciese que su deslenguada protagonista opinara sobre la guerra de Vietnam, el asesinato de Kennedy, la carrera espacial y el psicoanálisis. "¿Y no será que en este mundo hay cada vez más gente y menos personas?". Como me hubiese gustado ser un dibujo a su lado para escuchar su voz y andar con ella por los alrededores del barrio de San Telmo, en Buenos Aires. O esperarla en la esquina de la calle Chile 371, en cuyo quinto piso cumplirá cincuenta años el próximo septiembre.

Hace tiempo que no sale de su casa. Quino se cansó de llevarla de su mano al papel en blanco donde equilibraba con perfecto arte lo que pensaba, lo que contaba y lo que dibujaba. Existencial, socrático, irónico, breve como el lenguaje de su Mafalda. Cualquiera diría que un día la creó para el anuncio publicitario de un electrodoméstico, cuyo encargó se averió por el camino, y que terminaría convirtiéndose en un icono filosófico. Una Pepito grillo con falda y lazo rojo coronando su negra caballera. La dejó apagada el día que sintió que la cabeza no le daba para más frescura y originalidad afiladas. La última tira como ilustrador la dibujó en 2006. Cuando la vista se le nublaba antes de llegar al papel en blanco. Quino tiene 81 años. Es un tipo humilde y sensible. Todavía está extrañado de que le hayan concedido el Premio Príncipe de Asturias de la Comunicación. La primera vez que lo conceden a un dibujante. "No me esperaba este premio", ha dicho a los periodistas. "Me sorprende que con los dibujantes que ha tenido España me toque a mí esto. He tenido la suerte de haber conocido a Antonio Mingote, a Perich, a Summers, a Chummy-Chummez?". Después confesó: "A los premios, como dijo no me acuerdo quién, uno llega cansado". Está bien que un humorista gráfico haya sido galardonado. Admiro esa capacidad que tienen para emparejar el drama y la crítica con una reflexión curvada en sonrisa. La fuerza que llega a tener un trazo, una nube, una frase dentro del mismo recuadro.

Es curioso. Ha pasado el tiempo. Pero al volver sobre sus historietas compruebo la vigencia de sus preguntas y de sus respuestas, la actualidad de su actitud. Inconformista, lúcida, sensible, contestaría. Hace tiempo, el suyo, de bajar a la calle. Seguro que encuentro a Mafalda.

*Guillermo Busutil es escritor y periodista
www.guillermobusutil.com

 

RUSSELL, POR YOUSUF KARSH

RUSSELL, POR YOUSUF KARSH

Un retrato del escritor y filósofo Bertrand Russell, firmada por Yousuf Karsh en 1949. Un retrato desde la sombra, o con sombras, de dos maestros: el retratado y el retratista.

ELENA MEDEL, HOY, EN ANTÍGONA

ELENA MEDEL, HOY, EN ANTÍGONA

ELENA MEDEL PRESENTA ’CHATTERTON’ EN ANTÍGONA
Esta tarde, a las 20.00 horas en la librería Antígona, se presenta el libro ’Chatterton’ de Elena Medel: el libro fue premio Loewe joven y ha recibido muchos elogios, igual que el ganador senior ’Los desengaños’ de Antonio Lucas. Al poeta y narrador Fernando Sanmartín le encantó el libro de la poeta cordobesa y será él el presentador de un libro personal, hermoso, con algunos textos realmente espléndidos, singulares. Por ejemplo, el que da título al conjunto, inspirado en en poeta y visionario Thomas Chatterton. Cuelgo aquí un texto de Elena:

UN CUERVO EN LA VENTANA DE RAYMOND CARVER

para Erika

Nadie se posa en el alféizar -son veintiocho años
de espacio adolescente-,
pero qué ocurriría si el pájaro sobre el que he leído
en todos los poemas
se colara por el patio de luces y asomara
por el alféizar de mis veintiocho años,

un pájaro
mi habitación adolescente.

Y qué ocurriría si yo escribiese aún
-si me preguntan, respondo que ya no-
y un pájaro cualquiera, ninguno de los pájaros sobre
los que haya leído en todos los poemas,
un cuervo o una de las palomas negras que asoman en la oficina,
interrumpiese en la escritura
como el que se posó en la ventana de Carver.

¿Ganaría su lugar en el poema?
¿Dejaría de ser pájaro?

Alza el vuelo. Ya no hay
habitación en el alféizar.

 

CHATTERTON

Mentí durante diecisiete años. Mentí después

en todos mis poemas. He mentido durante los diez

años siguientes. Acércate, soy

como tú. Escucha cómo late mi corazón

perverso: mudanzas en platitos

de papilla de mamá. Aliméntame,

compréndeme, yo vestía unas ropas que nunca fueron mías,

yo escribía en un idioma ajeno, pequeña, tonta,

qué mal memoricé: con mis poemas levanté un imperio.

Pero todo acabó. ¿Quién soy ahora?

Engañaste durante diecisiete años; antes de los míos

comencé yo a mentir. Un abanico con telas del Oriente

para mi hermana. Para mi madre araña compraré moldes de costura.

Tabaco que recubra los pulmones de mi padre. ¿Quién soy realmente

ahora? He soñado contigo algunas noches.

Te prometo que si salgo visitaré tu tumba. Ahora sí que

no miento. Ahora sí que no.

 

 

De ’Chatterton’
Elena Medel
Premio Loewe a la Creación Joven 2013
Visor, 2014

ESCRIBIR A CUATRO MANOS

Sentados los dos frente al ordenador, a cuatro manos, literalmente, narrábamos en voz alta lo que había que poner mientras lo escribíamos al mismo tiempo, volando las voces y las manos sobre el teclado. Cuando se escribe a cuatro manos hay dos cabezas, pero en un momento dado llegan a funcionar como una sola", dice Roberto Malo, a propósito del libro 'Tanga y el gran leopardo' (Comanegra, 2009) que redactó al alimón con Francisco Javier Mateos.

Mariano Gistaín y María Pilar Clau señalan que ellos han escrito sus tres libros conjuntos -'Lo mejor de Zaragoza' (2009) y 'Agua y cielo' (Mira, 2010) y 'Amor y nervios' (Internet. 2010)- con imaginación "y una sola alma. Es una experiencia maravillosa".

José Antonio Adell, pareja literaria de Celedonio García en casi 30 libros y más de 800 artículos, dice que "escribir un libro de este modo es similar a los que interpretan música a cuatro manos. La obra es una, aunque los autores son dos. Es imposible escribir un libro así si no existe una buena armonía y, en nuestro caso, una relación de amistad de años. A nosotros, como llevamos tantos años juntos, a veces nos confunden. A mí me llaman Celedonio. En un pueblo nos dijeron que habíamos durado más tiempo juntos que Martes y Trece y que Cruz y Raya".

La literatura aragonesa ha producido numerosas parejas literarias en los últimos años: además de los ya citados, debemos recordar a Magdalena Lasala y Ángeles de Irisarri; José Damián Dieste y Ángel Delgado; Javier Aguirre y José de Uña, que redactaron 'Nuevas leyendas del monasterio de Piedra' (Mira); Roberto Miranda, que ha formado tándem con Mariano Gistaín y Joaquín Carbonell; Luis Bazán y Jorge Cortés, autores de 'Aquellas miradas' (Certeza, 2010); Javier Coronas y José Antonio Videgaín; e incluso Miguel Mena, Eva Hinojosa, Mikel Alcázar y Antonio Domínguez, que son una doble pareja: los cuatro firman 'Toponimia nimia' (Eclipsados, 2010), un divertimento que ha nacido de una sección de 'A vivir Aragón' que dirige y conduce Miguel Mena.

Un caso muy particular de la escritura a cuatro manos es Fernando Lalana, que ha formado equipo con Luis Antonio Puente y con el cineasta Pedro Olea en la redacción del guión 'Morirás en Chafarinas'; con José María Almárcegui, su colaborador más habitual, y con José Antonio Videgaín en sus dos últimos títulos.

"He publicado dos libros con Luis Antonio Puente, 'Érase una vez una guerra' y 'Almogávar sin querer', donde las relaciones fueron tensas y complicadas, si puede decirse eso entre dos grandes amigos que no han dejado de serlo. Y colaboro con José María Almárcegui, que me lo pone muy fácil. Es un hombre muy flexible, apasionado por los años 60 y oyente casi obsesivo de la radio francesa, donde suele arrancar muchas peripecias", relata Lalana.

Reparto de tareas

Sobre su forma de trabajo con Almárcegui, Lalana cuenta que "primero él me dice que tiene un argumento y unos personajes. Nos reunimos, discutimos, desarrollamos verbalmente las situaciones y yo, al final, le digo: 'Ahora ya te puedes ir a casa. Lo que falta lo hago yo".

Ese procedimiento se parece mucho al empleado por José Damián Dieste y Ángel Delgado, autores de dos libros: 'La crónica oculta de Jaime I' (Edhasa, 2008) y 'El Rey Monje' (Edhasa, 2010, reedición de la novela publicada en 1999). Delgado suele realizar la labor de documentación, la comparte con Dieste y este redacta el libro, que es revisado por ambos. "Yo tengo la inclinación a utilizar muchas palabras, y Ángel me contiene un poco. Nos entendemos perfectamente", comenta Dieste.

José Antonio Adell explica el proceso que utiliza con Celedonio García: "Primero nos reunimos para ver cómo lo planteamos. Luego viene la búsqueda de información: archivos, hemeroteca, bibliografía y tradición oral. Después se realiza un índice de contenidos y se distribuye el material recogido. A partir de ahí viene la redacción, que se realiza dividiendo los contenidos".

Con sentido del humor

A las reuniones y llamadas por teléfono, se ha sumado el correo electrónico e incluso el sms. Videgaín y Coronas, autores de 'No me cuentes cuentos' (Temas de Hoy, 2003) y 'Entrevistas post-mortem o no' (Temas de Hoy, 2009), han completado sus libros así, mientras iban y venían de los platós de televisión a los estudios de radio, sin perder el sentido del humor ni los recuerdos de cuando comenzaban en las emisoras locales con sus personajes estrafalarios.

Roberto Miranda ha escrito con Mariano Gistaín 'El entierro de Líster' (Xordica) y con Joaquín Carbonell tres libros: 'Proyecto de Estatuto de Aragón. Plan B', 'Gran Enciclopedia de Aragón Preta' y 'Aragón a la brasa'. "Básicamente se trata de sintonizar. De buscar un tono en la misma longitud de onda y frecuencia del compañero. En mi caso, sólo ha funcionado con el humor", asegura Miranda. Y agrega que "Mariano Gistaín y yo pasamos meses riéndonos juntos (buscando el tono), antes de lanzarnos a escribir al unísono columnas, reportajes estrafalarios, el suplemento 'La Noche' y, al final, una novela. Con Carbonell, igual. Pasamos muchos ratos mañaneros intercambiando ironías y sátiras antes de encontrar la frecuencia adecuada".

El escritor y periodista confiesa que "en los dos casos recuerdo que yo soltaba la primera andanada y el otro salía por otro lado que me sorprendía. Pero nada que ver con la leyenda de que previamente nos emborrachábamos o tontadas parecidas. Siempre escribimos los libros a las nueve de la mañana con la mente muy clara, antes de ir a trabajar".

Eva Hinojosa, por su parte, resume así la experiencia de 'Toponimia nimia' (Eclipsados, 2010), un libro escrito a ocho manos y que parece heredero de las greguerías de Ramón Gómez de la Serna: "Fue una tarea divertidísima. Previamente cada uno recopiló las que creía que eran sus mejores toponimias. Por fin encontramos un día para reunirnos los cuatro, que era una tarea harto difícil. Miguel Mena cedió el salón de su casa y aportó jamón y vino para hacer más amena la jornada. Uno por uno fuimos leyendo en voz alta nuestras toponimias y decidiendo si las incluíamos o no. La preocupación de todos era adaptar con naturalidad las toponimias de la versión oral radiofónica a la escrita. Fuimos unos jueces muy severos, severísimos, con nosotros mismos. Pero a medida que el vino iba haciendo efecto, relajamos nuestras exigencias y dejamos a la toponimia fluir. En dos reuniones zanjamos el tema". Con idéntico humor, agrega la escritora y periodista: "Así que puedo asegurar que a ocho manos, y con dos zurdos, se escribe mucho mejor".

Magdalena Lasala pasó de la poesía a la narrativa con 'Moras y cristianas' (Emecé, 1998), que firmaba con Ángeles de Irisarri. "Moras y cristianas' no fue escrito a cuatro manos... Aquí cada autora hizo su parte, independientemente y sin relación literaria entre los trabajos de cada cual", dice Lasala. Algo semejante le ocurrió luego a Irisarri con Toti Martínez de Lezea en el volumen 'Perlas para un collar' (Grijalbo, 2009).

 

*Recupero este texto que es de 2010.

LUZ RODRÍGUEZ: PALABRAS PARA ELLA

El próximo día 1 de junio, en Huesca, se presenta el nuevo poemario -ilustrado- de Luz Rodríguez. Me pidió unas líneas y aquí están. La foto, como veis, es del músico Antonio Gil, compañero de Luz.

 

EL DESCAMPADO DE LA NOCHE

 

Antón CASTRO

 

Si algo define a Luz Rodríguez (Luarca, Asturias, 1961) es su pasión por la literatura. Una pasión intensa y a la vez despaciosa. En Huesca es una de esas figuras que siempre aparece y que se hace necesaria: en presentaciones, en tertulias, en recitales, allí donde la poesía asoma, allí donde la escritura estalla con sus metáforas o con sus inadvertidos gestos. Siempre está ahí, con su suavidad, con ese brillo de inteligencia y complicidad en la mirada, y también con sus secretos: sus notas, sus plaquettes, la nómina reciente de sus lecturas, su curiosidad. Luz Rodríguez escribe desde hace años con sosiego, desde un temblor de lentitud y de ritmo propio. Parece que destilase las palabras una a una, como un sorbo de noche: los sustantivos, los adjetivos, la luz y el embrujo de cada frase, la latitud de los desnudos del alma.

Luz se maneja en varios registros: ultima un libro de relatos, ha publicado poesía, por ejemplo Bullicio de desamor, que también habría sido un título adecuado para este poemario, frecuenta la literatura infantil y suele decir que en su incesante actividad abraza tres disciplinas: la filosofía, la psicología y la literatura. Imparte talleres de escritura, estudia a las mujeres escritoras o lo que también se llamaría la mirada de mujer (Katherine Mansfield, Anaïs Nin, Virginia Woolf, Clarice Lispector, Sylvia Plath o Anne Sexton serían algunas de sus devociones) y le gusta recitar su poesía: lo hace sola, con una personal puesta en escena, o en compañía del pianista y compositor Antonio Gil. A veces, en ese instante en que sale a fumar en la medianoche de una calleja oscense, da rienda suelta a las confidencias; declara que le interesan los poetas del silencio, Antonio Gamoneda por ejemplo, José Ángel Valente, la energía tumultuosa de Manuel Vilas, la lírica esculpida de Paco Grasa, por ejemplo, y se percibe que es una poeta que busca, que medita, que lee mucho y que carece de prisa. “En silencio acusaré la nostalgia de toda mortificación / mientras anhelo el ruido noble del deseo”, anota. Domina la ansiedad porque sabe que la buena poesía exige el paso de los días: la belleza se fermenta y se aquilata con tiempo y en la mudanza de las estaciones. Luz Rodríguez no es exactamente una poeta vertiginosa o intuitiva: el poema nace de la experiencia, de la intimidad, y poco a poco, como un edificio que se consolida en el aire y en la imaginación, alcanza su textura y su tersura óptimas. La exactitud de su armazón.

El pez de la despedida es un libro unitario, de un tema capital que desarrolla una espiral de diversos asuntos o argumentos. Tiene algo de cuaderno de música que desarbola sus melodías en torno al amor, o quizá a la sombra del desamor. En un espléndido poema, donde se asocia la casa con el islote donde todo se desploma, se dice: “Es una mujer despojada. / Una mujer que ya no se me parece”. En ese territorio de la decepción y de la ruptura, o del desaire, la protagonista del libro parece una extranjera de sí misma; la pasión quebrada la ha dejado exhausta, yerma, irreconocible en todos los espejos, en el hilván de la memoria y en la presencia del olvido, que empuja de manera inexorable. “Esta soledad ondea para parir otra /camuflada”, escribe.

El pez de la despedida sería, en ese sentido, la crónica de un adiós: “Pronto soñaré con otro amor que no me golpee la piel / contra el verdín del viento”. Y a la par, la protagonista dice que “pronto te llevarás el fardo moribundo de mis ojos” Es un libro con su atmósfera especial, con su tensión, con una estructura sólida que arranca con una cita de Roberto Juarroz; el poeta argentino comparte protagonismo con Goethe, con Rimbaud, con Virginia Woolf y con Rainer Maria Rilke; si buscamos otros asideros o referencias, hemos de decir que Luz Rodríguez le dedica una espléndido poema a Gustav Klimt, uno de los mejores: ‘No lo llames paraíso’, donde el universo de Klimt se opondría al de Poussin, y también evoca el universo de Turner.

He citado ‘No lo llames paraíso’ –la convivencia deja de ser un edén-, pero dentro de un tono personalísimo, elaborado con mimo y con beldad, hay otros poemas que se instalan en el mito, en el simbolismo y se alejan de la anécdota. Pienso en ‘Canción del mar’, en ‘Entendimiento’ (quizá uno de los textos que mejor explica el sabor de una derrota, el extrañamiento de la fractura, “la vana operación / de acuchillar el fuego”), en ‘Cordero de dios’, que constituye el cierre y contiene una descripción del amor y alude al título del volumen: “El amor / ese pez de bronceada piel / que le sobra a todo verso”.

El amor un tema eterno. Quizá sea el tema literario más universal porque es el más humano. Todos amamos y necesitamos que nos amen. Humana también es la muerte y anda por aquí en algún instante. Pero lo más importante de Luz Rodríguez es su contención, su sentido alegórico, su elegancia, la elección de un vocabulario concreto, la conquista de una voz...

La conquista de una voz supone muchas cosas: un modo de enfrentarse al lenguaje, un uso específico de las metáforas, un paseo por la fugacidad de la vida y una selección de los materiales, aquí se introduce un bestiario muy libre; supone, sobre todo, honestidad, entrega, una percepción de los sentimientos, una poética de la tempestad (“Me hiere más de lo habitual / esta tormenta”), una expresión trabajada en todos sus detalles y en su hermosa destilación. He aquí otro ejemplo, en el poema ‘Guarida’: “Tampoco me viste nunca / recorrer el pasillo de la casa /como una oveja que se despeña / por el sumidero de una boa recostada. // ¿No me oías? // Ni amortiguada / en el vientre del reptil / era tan débil mi voz”. Quizá sea la composición más enigmática del libro y a la vez una de las más despojadas: hay un momento en los amantes dejan de oírse y acaban huyendo “al descampado de la noche”.

 

'TÚPAC AMARU': SENDER EN NAVONA

'TÚPAC AMARU': SENDER EN NAVONA

 

Estos días está ya llegando a las librerías la novedad de nuestra colección Ficciones: TÚPAC AMARU, de Ramón J. Sender. Es la historia novelada de José Gabriel Túpac Amaru, el caudillo indígena que lideró la rebelión contra la dominación española en América, en el siglo XVIII.
Incluimos en esta edición un epílogo de Lorenzo Silva.

Ramón J. Sender (Chalamera, Huesca, 1901 - San Diego, EE.UU., 1982), escritor y periodista, fue uno de los grandes escritores españoles del siglo XX. Publicó artículos en diarios como 'El Sol'; luchó en la guerra de Marruecos (experiencia que lo llevó a escribir su novela "Imán"), luchó también en la Guerra Civil del bando de la República, estuvo exiliado en México y, en 1942, se instaló en Estados Unidos, donde ejerció de profesor de literatura en la Universidad de Nuevo México.
Ganó el premio Planeta en 1969 con la novela "En la vida de Ignacio Morell".
Otras obras suyas son: "Ariadna" (1957), "Réquiem por un campesino español" (1953) y "Crónica del alba" (tres volúmenes, 1963/1967).

 

LORENZO SILVA

De la pertinencia de las novelas históricas de Sender,

quizá sea esta Túpac Amaru la más acabada y persuasiva

muestra. Y todo ello, servido con la prosa natural, el rigor

documental e intelectual y la sabiduría narrativa de uno de

los más grandes novelistas españoles del siglo XX.

 

ENRIQUE DE HÉRIZ

Hemos olvidado a Ramón J. Sender justo cuando su voz y

su conciencia parecen más necesarias que nunca.

 

ARTURO PÉREZ-REVERTE

Gracias a él comprendí mejor la atroz realidad de ser español.

Le debo muchos ratos de feliz lectura a ese oscense que

tuvo la desgracia de nacer aquí, de ser exiliado de izquierdas

para unos e ir demasiado a su aire para otros, díscolo

y aragonés, malquerido al fin y ninguneado por casi todos.

FERRER LERÍN: UN DIÁLOGO A PROPÓSITO DE 'MANSA CHATARRA'

FERRER LERÍN: UN DIÁLOGO A PROPÓSITO DE 'MANSA CHATARRA'

 

Francisco Ferrer Lerín está en un gran momento. Ha sido objeto de monográficos, se recupera su obra y estos días, además, en una edición impecable, el sello Jekyll & Jill ha publicado ‘Mansa chatarra’, una antología de sus textos –cuentos, microcuentos, poemas en prosa, juegos de palabras, invenciones, bestiarios...-, a los que ha incorporado una veintena de textos inéditos. Ferrer Lerín, con su gentileza habitual, contesta a este puñado de preguntas.

 

Dices: “Ferrer Lerín cree que sueña”. ¿Sueñas o no sueñas?

Sueño mucho, quiero decir que recuerdo muchos sueños porque me despierto muchas veces durante la noche, y es sabido que lo que llamamos “sueños” no son más que la memoria de los mismos. En cuanto a si creo que sueño despierto, cada vez menos. Y en cuanto a si los sueños, la memoria de los sueños, es un sueño, es la vigilia o es la realidad desde la que ahora escribo, tengo dudas. 

 

¿Qué sucede en tus sueños y qué no te pasa nunca?

Sucede lo que sucede en la parte de la vida que no consideramos sueños; los sueños son la vida misma, con algunas pequeñas ventajas como el don de lenguas, la capacidad de volar braceando y la extrema velocidad en el cálculo aritmético.

 

Si les tuvieras que poner adjetivos, ¿qué dirías? Son atroces, eróticos, mortales, inquietantes, líquidos...

Hay de todo, como en la vida misma, como ya he dicho antes. La atrocidad se ejemplifica en la búsqueda despiadada del coche aparcado ya no sé dónde en la ciudad extraña. El erotismo, mejor la sexualidad, aflora cuando se acumula demasiada esperma. ¿Mortales?; no sé en qué sentido va la pregunta, quizá si se trata de contabilizar muertes sí se podría hablar de sueños ampliamente mortíferos, ese placer por aligerar el planeta. Inquietantes, muchos mucho. Líquidos, ¿qué es esto?; desde luego nunca he soñado con el mar, ese medio extraño; me reconozco como terrestre, eso sí con agua limpia para beber y lavarme ya que soy abstemio y de esmerada higiene.   

 

¿Qué diferencia hay para ti, y en tus textos, entre sueño y ensoñación?

Los sueños ya los he definido. La ensoñación suena a arrobamiento, a embobamiento; por ahí no van mis tiros.

 

¿Qué te ocurre con las palabras: qué te dan, qué les das, qué puedes hacer con ellas?

Las palabras son la razón por la cual sigo vivo, me refiero a vivo pensante. Con ellas intento construir mi universo y construir mis poemas, que no son otra cosa que la nueva colocación de las palabras, que la doma del lenguaje hasta sus últimas consecuencias. 

 

¿Qué es lo más bello y lo más terrible de un sueño?

Siempre el despertar, ya que permite recordarlo (la memoria del sueño que es el sueño) y al mismo conduce a perderlo.

 

-¿Qué lugar ocupan el amor, la voluptuosidad y el deseo en tus cuentos, oníricos o no?

Estamos hablando de Mansa chatarra un libro en el que la selección de los textos se hace siguiendo un criterio; que tengan como denominador común su carácter onírico. Dicho esto, el porcentaje de pasión amorosa será el mismo que el que aparece en mis sueños; va menguando con el paso de los años dando el relevo a otras pasiones menos apreciadas en la sección de Sociedad de la Hoja Diocesana.

 

¿Es el sueño el lugar ideal para seducir a una cuñada, por ejemplo?

La seducción o el intento de seducción de una cuñada en sueños es una actividad que fue relativamente frecuente hace unos años y que me ha dado después, al trasladarla al papel, algunos quebraderos de cabeza ya que para mí quedaba claro qué cuñada era la de los sueños pero resulta que fueron varias las cuñadas (me di cuenta que no sólo contaban las cuñadas sino también las concuñadas) que creyeron reconocerse en los diversos lances.

 

-¿En qué se diferencia la espalda de una mujer casada de una soltera?

La espalda de una mujer (joven) casada es más sabia, flexible y risueña que la de una mujer (joven) soltera. Aunque esta aseveración tiene lugar en un relato escrito hace cincuenta años, cuando las espaldas marcaban el rumbo de las relaciones internacionales.

 

-Insistes varias veces en la mujer que amas. O la que aman algunos de tus personajes. ¿Qué debe tener, cómo debe ser, existe o es una quimera?

Los personajes no son tales sino que son simples apariencias del autor. O sea que soy yo siempre el que realiza estas declaraciones de principios. Serían cosas de la infancia y adolescencia, de cuando uno se enamoraba y olvidaba con suma facilidad; aquello tan cursi de amar el amor.

 

Repites al menos dos veces: “Debí equivocarme a menudo”. ¿Es retórica o tienes esa sensación?

Así como en la pregunta anterior me olvidé de añadir que la formulación también podía ser meramente retórica, aquí el equivocarme a menudo es una constatación firme; nada de lo que me rodea es unívocamente cierto, en los sueños y fuera de ellos. 

 

¿Desde cuándo te inquietan o te apasionan los monstruos?

Quizá desde la infancia he tenido afición por estas simpáticas criaturas. Los libros sobre teratología humana de la biblioteca de mi abuelo Ivo contribuyeron sin duda a forjar esta tendencia. En la entomología, además, surgen formas poco acordes con nuestra manera convencional de tratar el canon de belleza; y yo amo los insectos.

 

¿Cómo son, qué hacen, de dónde vienen? [Los tuyos, claro]

Los monstruos, por regla general, los llevamos en la sangre y si se me apura, en la cabeza. Claro, las personas atentas y educadas tenemos  más posibilidades de descubrirlos y, si la curiosidad es mutua, podemos convivir con ellos abriendo líneas de negocio que nos lleven a la concupiscencia.

 

¿Has conocido alguna vez cabras que atormentan a los mineros?

Pasé largas temporadas en Mequinenza. Allí conocí a un profesor de la universidad de Lovaina dedicado al amaestramiento de cabras hechiceras, útiles semovientes que ayudaban en la extracción del carbón emitiendo raros balidos que quebraban la roca; otra cosa es que esa actitud, más propia de las sirenas, engatusara a algunos obreros que dejaron hogar y faena huyendo con las cabras hacia comarcas catalanas.

 

¿Cuál es la clave de tus cuentos o microrrelatos: el extrañamiento, el estupor, la facultad de saltar al más allá, la inclinación a “despertar en cama extraña”?

Descubrir la clave es labor de exegetas. Yo puedo decir que el modelo de mis textos en prosa más recientes es el que sintetiza mi escritura: carencia de aditivos, brevedad, ritmo nervioso. Que se sustente en el mundo de los sueños permite, desde luego, dar esos saltos y sorprenderme a mí mismo con ellos.

 

¿Cómo conviven la realidad y la ficción, la erudición y la cotidianidad, el amor y el horror? ¿Usas una fórmula secreta?

Tiendo últimamente a no dar nombres, a no acudir a las citas pero es inevitable reconocer que Jorge Luis Borges ha sido el mejor en esos campos. Nadie como él ha mezclado erudición con ficción de modo que no sólo no resultara excesivo sino que resultara necesario. Mi fórmula la desconozco; como tantas cosas, brota al ponerme a escribir, no necesitando para arrancar más que una leve historia soñada u oída en el tranvía, incluso a veces vale un palabra aislada pronunciada fuera de contexto por algún devoto.   

 

¿Tienes la sensación de que el escritor oculto Ferrer Lerín ya no existe?

No sé qué quiere decir exactamente “escritor oculto”; ¿el que no publica, el que publica poco y mal, el que publica pero no participa de la liturgia literaria? En los dos primeros apartados ya no consto, en el tercero consto a medias.

 

¿En qué sigues siendo transgresor?

Antes ya he comentado cómo creo que ha de producirse el hecho poético; mediante la ilación forzada de palabras y sintagmas, mediante la obtención de resultados sorprendentes surgidos de la experimentación en el laboratorio lingüístico; no sé si todo ello es un trabajo transgresor, lo que sí sé es que sus frutos son bastante diferentes a los que se obtienen con los métodos de toda la vida.

 

Kafka, Tomeo, Borges, Perucho, Perec, Cristóbal Serra. ¿Te sientes cercano a alguno?

Borges, ante todo; después Kafka.

 

¿Tienes la sensación de que este es un libro nuevo, con su propio empaque y personalidad, o un libro de retazos, una antología?

Es un libro nuevo no sólo por el enfoque que le ha dado el profesor de la universidad de Valencia José Luis Falcó al seleccionar textos de marcado carácter onírico, no diferenciando, además, lo que tradicionalmente se conoce como prosa y verso, sino que muchos de los textos éditos recogidos actúan de hecho como inéditos, dado el tiempo transcurrido desde que fueron publicados, en ediciones hoy inencontrables.

 

¿Crees que tus libros pueden leerse en clave contemporánea, que sirven para explicar la crisis, los problemas de identidad, el desconcierto existencial?

No creo. Contemporáneos está claro que sí son. Ahora si alguien busca resolver esos trillados dilemas hará bien en buscar otro tipo de géneros literarios como los manuales de autoestima y las tertulias televisivas.

 

Última cuestión: ¿cómo te llevas con los géneros, dónde te sientes más cómodo: prosa poética, poema en prosa, microcuento, relato clásico, poema...?

Me siento cómodo escribiendo poemas paleográficos de señalado aspecto experimental y, desde que comencé a utilizar mi blog como mesa de operaciones (2019), me siento cómodo redactando informes y sentidas historias, oníricas o no, de breve extensión y bonita sintaxis.

*La fotografía de Ferrer Lerín es de Vicente Almazán, el señor Pasaba por aquí.