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Antón Castro

Escritores

PEIO H. RIAÑO, I PREMIO JOSÉ LUIS GUTIÉRREZ DE PERIODISMO CULTURAL

PEIO H. RIAÑO, I PREMIO JOSÉ LUIS GUTIÉRREZ DE PERIODISMO CULTURAL

El escritor y periodista Peio H. Riaño, responsable de Cultura de ‘El público’ y ahora de ‘Elconfidencial.es’, colaborador asiduo de ‘La Vanguardia’, ha sido el ganador del I Premio de Periodismo Cultural ‘José Luis Gutiérrez’, galardón dotado con 3.000 euros. El fallo se hizo público el pasado miércoles en la Feria del Libro de Madrid; Peio, uno de los renovadores del periodismo cultural entre las nuevas generaciones, ejerce una información crítica y rigurosa, comprometida y apasionada, que intenta darle una vuelta de tuerca a la realidad y que no excluye un elemento de creación. El premio lo convoca la revista ‘Leer’ y cuenta, entre otras instituciones, con la colaboración de ‘Ámbito Cultural’.

*La foto de Peio H. Riaño es de Ricardo Torres.

ELENA BLANCO: UN DIÁLOGO

ELENA BLANCO: UN DIÁLOGO

ELENA BLANCO. Fotógrafa, 33 años. Jefa de prensa de Seix Barral. Expone ‘La mirada del escritor’ en Los Portadores de Sueños

  

  

“A un retrato le pido que transmita

  

  

Elena Blanco Benito, de 33 años, es fotógrafa y jefa de prensa de Seix Barral. Esta tarde inaugura una exposición, ‘La mirada del escritor’, en la librería Los Portadores de Sueños. En ella figuran autores como Juanjo Millás, Enrique Vila-Matas, Ignacio Martínez de Pisón, Elvira Lindo o Eduardo Mendoza.

¿Cuál es su historia personal con la fotografía?

Me regalaron la primera cámara con ocho años y desde entonces he hecho fotos, siempre me ha gustado mucho. Desde hace cuatro o cinco años ha pasado de ser un hobby a convertirse en algo cada vez más importante para mí, es una actividad que me apasiona. Seguramente en la relación con la fotografía me ha influido mi padre; siempre estaba filmando y haciendo fotos desde que era pequeña, así que para mí siempre ha sido algo natural, y ahora lo valoro mucho. Tengo amigos que apenas tienen fotos de cuando eran pequeños.

¿Cómo empezó a hacer fotos a escritores? ¿Qué pasó por su cabeza?

Llevo diez años trabajando en la editorial Seix Barral, me considero muy afortunada por estar en contacto con libros y escritores desde hace tanto tiempo porque la literatura es una de mis pasiones. Desde el inicio he ido haciendo fotos cuando estaba de promoción con autores, a modo de diario visual personal. En algún momento empecé a hacer retratos, fue un proceso natural. Ahora me he convertido en la “fotógrafa oficial” de la editorial y estoy encantada, es un honor para mí.

 Cuando va a hacer un retrato, ¿tiene una idea preconcebida, se guía por la intuición?

Carezco de una formación clásica o técnica como fotógrafa, así que sobretodo me dejo guiar por la intuición y la improvisación. A algunos de los escritores los conozco desde hace años, y sus retratos están hechos desde la admiración, con mucho cariño y respeto  siempre.

 ¿Quiénes son sus referentes, los artistas a los que admira?

Conozco y admiro el trabajo de grandes fotógrafos especializados en escritores como Daniel Mordzinski, Lisbeth Salas, Vasco Szinetar… Me gustan mucho sus fotos, como las de tantos otros, pero no tengo referentes concretos a la hora de disparar.

¿En qué son especiales los escritores?

Los escritores comparten sus historias y su manera de ver el mundo, y eso nos acompaña y forma parte de nuestra experiencia como lectores, lo incorporamos a nuestras vidas. Están muy expuestos a pesar de que su trabajo es muy solitario.

¿Podríamos decir que sus retratos son narrativos, psicológicos o solo espontáneos?

Son espontáneos aunque no lo parezca, porque están hechos sobre la marcha durante un momento libre en medio de una agenda de entrevistas. En los últimos meses me han comentado con frecuencia que parecen retratos “psicológicos”.

 Hay personajes que parecen inquietantes. Pienso en Juan José Millás, por ejemplo. ¿Se dan casos de incomodidad, de tensión?

Siempre estoy cómoda con ellos, al final es una relación de trabajo natural y fluida. Una relación natural. Eso no quita que en alguna ocasión al conocerlos por primera vez estuviera expectante porque tengo la suerte de trabajar con autores que admiro y sigo desde hace mucho tiempo. Pienso en cuando conocí a Juan José Millás, Enrique Vila-Matas, Elvira Lindo, Antonio Muñoz Molina, Eduardo Mendoza…

¿Cuál ha sido la foto más difícil y por qué?

Algunos autores son más tímidos a la hora de dejarse retratar, pienso en Juan Bonilla o Isaac Rosa, pero eso nunca me ha parecido difícil.

 ¿Quién es el más seductor, aquel al que le gusta posar, que tiene alma de modelo?

En general a los escritores (al menos con los que yo he trabajado) no les gustan especialmente las fotos, pero se sienten cómodos porque llevan años “sufriéndolas”. Hasta ahora no me he encontrado con ninguno que tenga “alma de modelo”. Pero, por ejemplo, Enrique Vila-Matas o Elvira Lindo muestran una complicidad especial en relación con la fotografía.

 

¿Se reflejan los libros o la escritura del autor en tus retratos?

Como lectora sus libros me influyen y también la relación que tenga con el autor, eso condiciona mi mirada; desde luego. Siempre trato de reflejar la complicidad y empatía que tengo con la persona que está al otro lado de la cámara. A un retrato le pido que me transmita, que el retratado me comunique algo.

 ¿Cuál ha sido la reacción de ellos luego, cuando se han visto?

A todos les ha gustado el resultado. En algunos casos como Janne Teller o Enrique Vila-Matas están usando esas fotos en la promoción de sus libros, incluso de otras editoriales. Es un honor. Enrique Vila-Matas es el autor que más veces he retratado, desde que nos conocimos en un viaje a Dublín con la promoción de su novela ‘Dublinesca’. Siempre hay complicidad en mayor o menor medida.

¿Cree que hay distinto en un retrato de escritor del de otra persona?

La diferencia no reside en el retrato, sino en la mirada del espectador, porque en el caso de los escritores uno tiene una relación con ellos por el hecho de ser su lector.

¿Cómo se plantea el futuro, qué sueños tiene?

Uff...!  Me gustaría seguir trabajando cerca de escritores pero también tener más tiempo para curiosear, aprender y empaparme de fotografía. Tengo varios proyectos en mente y muchas ganas e ilusión para llevarlos adelante, solo me falta tiempo. Y por supuesto seguir disfrutando de las cosas buenas de la vida, mis amigos, formar una familia…

 

*Esta entrevista se publicaba ayer en heraldo.es

-La foto de Pisón la tomo de aquí

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-5a0b150543b3b9c75e1810da31c54c1a.jpg

 

MÁS ALLÁ DEL DESIERTO / 4. DIARIO CULTURAL

[Una nueva entrega de este inventario de actros culturales, de nombres, de libros, de exposiciones, de viajes y de sorpresas. Apenas una pequeña parte de cuanto hay... Acaba de ser publicado en heraldo.es]

http://www.heraldo.es/noticias/ocio_cultura/cultura/2014/06/08/de_portico_sol_acin_aurora_egido_292651_308.html

 

 

MÁS ALLÁ DEL DESIERTO / 4. DIARIO CULTURAL

 

 

De ‘Pórtico’ y Sol Acín a Aurora Egido

 

 

SÁBADO, 31 de mayo

Siempre hay un aragonés al acecho que vuelve. Bosco Esteruelas, periodista durante muchos años en ‘El País’ y refugiado en Extremadura, presenta en la Feria del Libro de Zaragoza su último libro: los cuentos de ‘La chica de Tzuki’. Bosco ha hecho de la literatura la razón de su vida y cuenta en Zaragoza con un gran cómplice: el profesor y novelista José Luis Corral. Este, que levanta pasiones con su monografía de ‘La Corona de Aragón’ (Doce Robles), también es uno de los grandes amigos de Alfonso Mateo Sagasta, un narrador de aire juncal que publica ‘El reino de los hombres sin amor’ (Grijalbo), una de esas novelas que parece exhibir los vicios del pasado a la par que intentan probar que la especulación inmobiliaria y la corrupción se remontan, por los menos, a los tiempos de Felipe III. De la historia no se aprende casi nada: todo se vuelve a repetir cíclicamente, afirma Mateo Sagasta.

Quizá por ello también apareció la lluvia: una lluvia torrencial que siempre tiene una cita pendiente con la Feria del Libro. José Verón Gormaz, Premio de las Letras de Aragonesas de 2013, ha intentado encerrar su escepticismo y su humor, al modo de Catulo y su antepasado Marcial, en su libro ‘Sala de los espejos’ (Olifante).

 

DOMINGO, 1 de junio

Me hace mucha ilusión ver, me dicen que treinta y cinco años después, a la librería Pórtico en la Feria. Me encuentro con los hermanos Alcrudo y ojeo su deslumbrante puesto: siempre distinto, una exaltación de las Humanidades en todo su vasto dominio. Compro una antología poética de Sophia de Mello Breyner Andersen y me encanta ver una fotobiografía de Juan Ramón Jiménez, ese poeta que retorna cíclicamente. Este año, el año del centenario de ‘Platero y yo’, lo ha vuelto a hacer con un libro excepcional: ‘Vida’ (Pre-Textos). ¿Cuántas vidas, cuántas palabras, cuántos poemas y libros puede atesorar un poeta de difícil carácter y una sensibilidad tan extremada?

Veo a Mario de los Santos y su novela ‘La gota contra la primavera’ (Edhasa). Cuenta la historia de un partido de fútbol, entre dos pueblos, Serín y Tagur. Los dos conjuntos, que tenían viejas cuentas pendientes, se enzarzan y la guardia civil interviene. Y entonces sucede lo inesperado en una noche donde hasta los niños se asoman al pánico y quizá al heroísmo. Lo cuenta Manuel, que aprovecha para recordar su existencia, un amor que le redime y para ir y venir por los meandros del tiempo a su antojo, en un relato sorprendente. De buen novelista.

 

LUNES, 2 de junio

Javier Lacruz Navas también tiene vidas secretas. Varias. O quizá algunos dobles –psiquiatras, historiadores del arte, enfermos de los datos y los papeles ocultos,  mensajeros que investigan para él en Praga o París-, por eso es capaz de redactar un libro tan completo y complejo como su biografía de Manuel Viola (Editorial Cierzo). Lo presenta en el Teatro Principal, con guitarrista y cantante flamenco, rinde homenaje al gran galerista Víctor Bailo en el centenario de su nacimiento y se hunde, cómodo y locuaz, en un sofá-diván. El libro pesa más de tres kilos y está lleno de imágenes, de cartas, de textos de hemeroteca: Manuel Viola (1916-1987) es un errabundo, un superviviente, un artista torrencial y abstracto que parece haber vivido distintas existencias de novela.

 

MARTES, 3 de junio

Eloy Fernández Clemente, ese señor que reinventó Aragón desde Teruel con José Antonio Labordeta, habla en Ibercaja de la Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País. Manuel Pizarro le retrata con un cariño absoluto. El cofundador de ‘Andalán’ y memorialista se siente cómodo ante un escenario abarrotado y lleno de amigos, y habla como una enciclopedia abierta. Alguien resume así el acto: “Impresionante Eloy. No se ha dejado a nadie”.

A la misma hora, José Antonio Adell y Celedonio García presentan en Ámbito su libro ‘Bandoleros’ (Ediciones de la Torre). Si antes habían publicado dos volúmenes de bandidos aragoneses, ahora se centran en bandoleros de todas las comunidades autónomas. Hablan de Pepa a Loba, de Mamed Casanova ‘Toribio’, del ‘Pernales’, de José María Tempranillo, de Luis Candelas, “el primer bandido urbano”, del achaparrado Mariano Gavín, alias ‘Bandido Cucaracha’, que se hizo fuerte en las tierras monegrinas; hablan del ‘Bondades’ de Fraga o de ‘Pregoné’ de Mequinenza. Y recuerdan que acaban de estar en Ronda y Grazalema, donde los han recibido casi como si fueran futbolistas que acaban de ganar una Champions. Allí los bandidos están impregnados de literatura: son carne de leyenda, como si aún anduviesen por la serranía empeñados en defender a los pobres.

 

MIERCOLES, 4 de junio

Huesca celebra su Feria del Libro en la íntima plaza de López Allué, cerca del establecimiento ‘La Confianza’, que tiene unos bellos techos pintados por León Abadías y expande un olor ambiguo donde se mezclan el chocolate y el bacalao. Allí se presentaba un libro espléndido y revelador: ‘Hora temprana. Cartas y poemas’ (Larumbe) de Sol Acín (1925-1998), la hija menor de Ramón Acín y Conchita Monrás, que fue profesora de francés y poeta de un único libro: ‘En ese cielo oscuro’ (Ámbito, 1979).

Sol Acín a finales de los años 40 tuvo una gran amiga, Maria Kusche, historiadora del arte: se escribían, se intercambiaban poemas, viajaban juntas, coincidieron en Madrid. Hace algunos años, cuando se abrió la Fundación Ramón y Katia Acín, María se enteró y les escribió a sus coordinadores para poner a su disposición las cartas que conservaba de Sol y muchos poemas que le había remitido. Todo eso y un breve epistolario que mantuvo Sol con Miguel Labordeta se han recogido en este volumen, al que se ha añadido, además, la lírica ya conocida de la autora.

El libro, que ha preparado con lucidez y cariño Ismael Grasa, es una pequeña joya que ensancha la obra de Sol, matiza su personalidad y ajusta su lugar en la lírica española. “La de Sol Acín es una poesía muy depurada y reflexiva. Hay un momento en que se describe a sí misma como ‘violentamente introvertida’, lo que valdría también para su poesía. Utiliza un lenguaje propio de la tradición de la mística castellana, a la que da un sesgo moderno que le venía de sus lecturas de la poesía francesa, y de autores como Rilke, Whitman o Miguel Hernández”, explica Ismael Grasa.

 

JUEVES, 5 de junio

En el Centro de Historias, Esther Lafuente presenta su libro ‘Guía para entender la música moderna. Un recorrido didáctico por los estilos musicales de nuestro tiempo’ (Doce Robles), con el grupo Dos Pasos, del que fue y es percusionista. La acompañan el consejero Jerónimo Blasco y dos apasionados de la música: Patricia Godes, prologuista, que dice que un libro así no existía en la música española, y Juanjo Blasco Panamá, que explica la magia de las canciones. Lo hace con contención y sutileza y conmueve al público. Esther, profesora de música, cuenta que el libro nace de su obsesión por las fichas y la pedagogía. Poco a poco le fue saliendo un trabajo sistematizado sobre los géneros musicales, más de una veintena.

Cada capítulo explica en qué consiste el folk, el rock, el pop, el jazz, pongamos por caso, selecciona cinco artistas, aborda los antecedentes, y además hay otras propuestas: críticos, músicos, técnicos de sonido o profesores eligen sus temas preferidos; también hay una selección de películas sobre cada estilo. Así, con amenidad e ingenio, se redondea un volumen que es útil, didáctico y quizá un viaje aleatorio pero fascinante por las canciones, los cantantes, las bandas, los álbumes.

En el Centro de Historias hay muchas cosas que ver. Por ejemplo, la muestra ‘Testigos de las revoluciones árabes’ de fotografía, con la presencia de Diego Ibarra (Zaragoza, 1982), Maysun (Zaragoza, 1980), Guillem Valle (Barcelona, 1983), Alfonso Moral (Valladolid, 1977), Manu Brabo (Zaragoza, 1981) y Ricardo García Vilanova (San Cugat del Vallés, Barcelona, 1972). Todo un espectáculo de las paradojas y el dolor de la libertad. Y en el Espacio Tránsito, la diseñadora y artista Susana Blasco muestra ‘Antihéroes’: un trabajo muy original donde se mezclan viejas fotografías con objetos; crea una pieza nueva, inquietante, sugerente, llena de poesía. ‘Antihéroes’ muestra la foto original y los objetos, en una vitrina, y se cuelga en la pared el collage final. Una magnífica exposición: uno de esos proyectos que habla de la sensibilidad, del ingenio, de la voluntad de crear algo donde intervienen el tiempo, el azar, la vida cotidiana, los objetos y el talento.

En Los Portadores de Sueños, la periodista de HERALDO Paula Figols presenta su primera novela: ‘El refugio de las golondrinas’ (Anorak), un relato coral que sucede en una plaza del Casco Antiguo y que gira en torno a la vida de cinco personajes. Paula confiesa algunas de sus pasiones: Georges Perec, Mario Benedetti y Carmen Martín Gaite. El libro, que crece y crece y atrapa cada vez más, revela amor a los seres humanos, sed de aventura, indefensión, búsqueda, incertidumbre y el compromiso de una mujer idealista y rebelde. “Al salir por la puerta del periódico he sentido una gran liberación. Ahora estoy un poco asustada. Voy a comprar un billete de avión para Managua. ¿Nos vemos en León dentro de quince días?”, dice un personaje, María, que quizá se parezca a la propia Paula Figols.

 

VIERNES, 6 de junio

Cita, en el Paraninfo, con José María Serrano y José Luis Melero. Ahí sigue una exposición estupenda y variada: ‘Pintoras en España, 1859-1926. De María Luisa de la Riva a Maruja Mallo’. Me encanta ver los cuadros de María Luisa de la Riva, pintora de flores, de racimos, de luces, de granadas, pintora delicadísima y fuerte. Aún quedan días. Es una muestra coral que exalta los valores eternos de la pintura.

Por la tarde, viajo a la Feria de Huesca con el bibliófilo Pepe Melero, que acaba de hacerse con un paquete de cartas autógrafas de Castelar o de Valle-Inclán, entre otros. Melero sigue alimentando de oro en paño al fetichista que es. Allí vemos una preciosa exposición en la Diputación de Huesca de Alberto Carneiro y Fernando Casás: arte de la naturaleza, conceptual y sensual, pasión por las formas libres, pasión por las cosas del campo. Carneiro, tan vinculado con Huesca desde hace años, es un escultor maravilloso: hay varios troncos de árbol, con raíces y ramas, que parecen filigranas del sueño, trampantojos de los duendes. En el fondo, una exposición tan cautivadora produce una cierta melancolía: era un proyecto para el CDAN y para la programación que había concebido para él Teresa Luesma.

Ángela Abós presenta su libro ‘La mirada del esparvel’ (Instituto de Estudios Altoaragoneses). Irene Abad explica la colección y retrata a esta mujer cálida, enamorada de la cultura, de la canción, de la gastronomía, de la memoria del ayer, de la política y de la enseñanza. El libro ahonda en su autobiografía, en su trayectoria pública, en sus convicciones democráticas y socialistas, y en sus maestros y amigos: Lázaro Carreter, Tomás Buesa, Laín Entralgo, Antonio Saura. En su intervención realizó una defensa apasionada del periodismo: a lo largo de treinta años, a razón de uno o dos artículos, ha publicado en casi todos los medios aragoneses.  

 

SÁBADO, 7 de junio

Compro un libro delicioso: ‘Democracia y pintura mural en Zaragoza, 1984-1995)’ de María Luisa Grau Tello, que publica Rolde. Un paseo por la pintura moderna que se ha ido incorporando a la ciudad. Una maravilla menuda para los ojos y para la memoria. Los hermanos Pascual Rodrigo, Jorge Gay, Pedro Giralt, José Luis Cano, Santiago Arranz, Eduardo Salavera, Pascual Blanco, José Manuel Broto, Ángel Aransay..., etc., son algunos de los protagonistas.

Transcribo y edito una larga entrevista con Aurora Egido, que pronunciará su discurso de ingreso en la RAE mañana domingo 8 de junio. Vincula a Gracián con Borges, Pessoa y Joyce, y dice que tras haber trabajado casi un año en torno al autor de ‘El Criticón’, “me ha sorprendido la modernidad de Gracián. Cuando lo lees parece que estás dentro de un retrato de la España actual, o de la Europa actual”.

 

-Sophia de Mello Breyner Andersen. https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-0389ffb3ddfdc2f368ee12e30ace0347.jpg

-Ramón Acín y Concha Monrás con sus hijas Katia y Sol.

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ÁNGELA ABÓS: EN LA FERIA DE HUESCA

[Esta tarde, en Huesca, se presenta el nuevo libro de Ángela Abós: ’La mirada del esparvel’ (Instituto de Estudios Altoaragoneses), donde recoge una selección de sus artículos de treinta años en diversos medios aragoneses. Este es el prólogo que lleva el libro. Ángela siempre es una afectuosa y entrañable que ha asumido cargos importantes. Su gran pasión es, sin duda, la literatura.]

 

EL VIAJE HACIA LA LIBERTAD

 

Antón CASTRO

 

Ángela Abós (Benasque, 1934) es una mujer entusiasta y laboriosa. Por muchas razones: por su intensa biografía, por la asimilación de una cultura rica y matizada, por su pasión por la política y la democracia, por su sentido de la amistad y porque exhibe, casi por igual, entusiasmo, lucidez y sinceridad. La mirada del esparvel es un libro emocionante: el de una mujer de la montaña que conoció el trasiego de mercancías entre Benasque y Francia bajo la nieve, y que se alimentó de las paradojas de la existencia, que empiezan en su propia familia.

Este es un libro de alguien con raíces: en la cultura, en los libros, en la educación, en el debate ciudadano. Hace algún tiempo en una entrevista para Heraldo de Aragón me decía: “Mi vida ha sido completamente insólita desde pequeña. Es la verdad. Y yo he intentado responderle siempre con un imperativo ético. La ética es un impulso individual, es una tendencia, y es una forma de estar en el mundo. Nos pasamos la vida intentando conjugar nuestros sentimientos y nuestras inclinaciones con lo colectivo, con la vocación de servicio. Y eso me ha pasado siempre”.

Reconoce el magisterio de los otros –desde Lázaro Carreter, Alonso Zamora Vicente o Laín Entralgo, pongamos por caso, a Tomás Buesa o Pablo Neruda, tan lejano y tan suyo a la vez- y a la vez, despaciosamente, con un verbo matizado y hermoso, nos da una lección tras otra. La primera lección, ese texto dedicado a la revista Triunfo, en la hora del adiós, es una vindicación de la memoria y de un viaje convulso y esperanzador que ha hecho con mucha gente. El libro es la crónica de una travesía hacia la libertad y a veces reaparecen, como fantasmas olvidados, nombres que fueron decisivos en la aventura. Algo más adelante firma un artículo que se titula ‘Aragón exporta sentido común’: es fácil y ajustado decir que Ángela Abós también exporta sensatez, contagia convicción y atrevimiento. Defiende el Parlamento, incluso “el aragonés” dice con alguna ironía, e invita a conocerlo porque solo se ama de veras lo que se conoce. Y la vida parlamentaria, en la Aljafería, en Madrid o en cualquier comunidad española, es un estandarte de pluralidad y de imprescindible debate.  Sabe muy bien de lo que habla: a su condición de profesora con leyenda, como suelen decir algunos de sus alumnos como el periodista Jesús Frago, suma su condición de novelista y de mujer que ha asumido importantes y variadas responsabilidades en Madrid, en el ministerio de Educación, y en Aragón, en el Gobierno de Aragón, entre otras instituciones.

Mientras se zambulle en libros que lee, y de los que extrae algunas enseñanzas como le sucede con El bucle melancólico de Jon Juaristi, mientras contempla con esperanza las elecciones vascas, pongamos por caso, va dejando aquí y allá huellas de su biografía, cantos rodados que sedimentan en el fondo del río y a la par siguen su curso hacia el porvenir más vibrante. La mirada del esparvel es una apología de la convivencia, de la diversidad, de la tolerancia, de la sensibilidad y de la complejidad. No hay nada más burdo y estéril que la ausencia de matices. Así, igual que glosa la biografía de Pilar Miró, que elaboró Diego Galán, puede hablar de ‘El camino de Francia’, una historia coral de calado familiar e íntimo, una pieza que se complementa con ‘Francia en el corazón’. Alguien recuerda: «¡Qué bien se vive allí! Van más adelantados en todo. Se nota en las casas, en el comercio, en las escuelas y en lo educados que son, aunque para el dinero sean tan suyos».

Eso sí, partidaria de los placeres esenciales y de las urgencias del cuerpo, recuerda que el sexo existe y que de su laberinto de incitaciones nacemos todos. Esta introducción alude de manera explícita a la primera parte del volumen: ‘Cultura y sociedad’, la más importante quizá porque encierra dos términos en los que cree ciegamente.

Ángela también habla del deporte y de los deportistas, y recuerda que fue nadadora y que tuvo un equipo local, jacetano, en el que hacía sus pinitos esta mujer a la que algunos alumnos veían como si fuera Juliette Gréco. Cultivaba el misterio del conocimiento y entendía que el mundo es un hontanar de caminos hacia la sensibilidad. También aborda la educación y la mujer, claro, pero hay otra sección, que se anticipa al cierre, la política, que es realmente emocionante. Es un autorretrato oblicuo de Ángela Abós: su colección de amigos, de figuras más o menos famosas que han moldeado su personalidad. Por ejemplo, en un conjunto de afectos, de recuentos y de análisis, confiesa sus debilidades. Dice: “Soy de los pocos que le aguantan a Federico Jiménez Losantos, como hacía José Antonio Labordeta, casi todo. Casi, pero no todo; a veces se pasa un huevo y otras veces los dos, y cuando eso sucede nos hiere de verdad. Nos conocimos hace tiempo en Zaragoza, en una cafetería del paseo Sagasta que ya no existe. Me lo presentaron como compañero militante del PSA y alguien me comentó que andaba medio enamorado de aquella chica navarra que no sé si también militaba con nosotros y que luego se nos fue con Alberto Moravia. ¡Qué años aquellos!”. Por lo que aquí se cuenta, también Federico Jiménez Losantos sucumbió al hechizo de Carmen Llera.

Ahí, en ‘Nombres propios’, habla de de Antonio Saura, con el que coincidió en varias ocasiones (declara, ya de paso, su amor por los calvos), de Gabriel Celaya, del político Carlos Piquer, que tuvo un final extraño y doloroso y a Ángela le produjo una desazón muy amarga, de Tomás Buesa, de Fernando Lázaro Carreter o de Miguel Hernández, entre otros. Y al hacerlo deja correr otra certidumbre, que se impone en este volumen: ella, Ángela Abós, lectora de poesía, enamorada de la copla y de la gastronomía, soñadora sin fin entre cuentos hasta el fin de la noche, es, ha sido y será una humanista metida en las pequeñas y grandes cosas de la vida.

DANIEL GASCÓN: SALE EL REY

[El escritor y traductor Daniel Gascón (Zaragoza, 1981), publica hoy en el blog de 'Letras Libres', cuya edición española dirige Ramón González Férriz, esta reflexión sobre la abdicación del Rey Juan Carlos.]

SALE EL REY

 

Por Daniel GASCÓN 

 

http://www.letraslibres.com/blogs/blog-de-la-redaccion/sale-el-rey

Cuando Juan Carlos de Borbón llegó al trono a la muerte del dictador Francisco Franco, muchos lo llamaban “Juan Carlos el Breve”. Esta semana ha abdicado la corona que ha ostentado durante casi 39 años. Heredó el trono de un país autoritario, atrasado, católico, centralista y militarista. Su sucesor será el Jefe de Estado de una democracia agitada, pero también avanzada, descentralizada, plural e integrada en Europa, con una sociedad vibrante, tolerante y abierta, y problemas que son comparables a los de los países de su entorno. En la tarea del rey ha habido errores claros y elementos discutibles, pero el conjunto es positivo. El mérito es todavía mayor si tenemos en cuenta que hablamos de una familia que prácticamente solo está compuesta por ovejas negras.

El monarca impulsó de forma decisiva el desmantelamiento de las instituciones del régimen anterior y la transformación de España en una democracia moderna. Su reinado constituye el periodo más largo de estabilidad, libertad y prosperidad de la historia de España. El viaje protagonizado por la ciudadanía española ha tenido graves turbulencias, como el terrorismo, un intento de golpe de Estado o el sufrimiento económico de los últimos cinco años. El rey alentó la desactivación de las estructuras políticas del franquismo, un proceso donde tuvo por aliados fundamentales a personas como Torcuato Fernández-Miranda y Adolfo Suárez, y donde contó con la complicidad esencial de las fuerzas de la izquierda. Se legitimó en la Constitución de 1978, aprobada en referéndum. Otro momento clave llegó el 23 de febrero de 1981, cuando apareció en Televisión Española para detener el golpe de Estado reclamando el regreso de los militares sublevados a sus cuarteles. En ese instante decisivo el monarca se puso del lado de la legalidad democrática.

Uno de sus grandes aciertos fue –como ha recordado Soledad Gallego Díaz– mantener la neutralidad política que requería su cargo. Tras la legitimación simbólica del 23F, fue una especie de embajador de lujo, que facilitó las relaciones de España con los países de América Latina, con Estados Unidos y con otras naciones. Conquistó apoyos inesperados: había gente que se declaraba contraria a la monarquía pero “juancarlista”. En eso se mezclaban la sensatez pragmática y cierto encanto folclórico. El rey era un garante de la democracia, un hombre que no hacía pronunciamientos políticos y, además, un tipo simpático: campechano, deportista y levemente tarambana, supo seducir a sus teóricos adversarios.

Tanto él como la Casa Real compartieron los defectos de una democracia cerrada y poco transparente. La crisis y sus propios errores acabaron pasándole factura. Lo más grave ha sido el caso Nóos, un escándalo de corrupción que afecta a su yerno y a su hija, la infanta Cristina. Cuando ese asunto ocupaba los periódicos de un país cada vez más sensible a la sensación de impunidad de los poderosos, el monarca tuvo un accidente de caza en África. Cada nuevo detalle del caso apuntaba a un episodio actualizado de La escopeta nacional. Al rey lo acompañaba una princesa alemana, estaba matando elefantes, todo lo pagaba un magnate saudí. Insólitamente, don Juan Carlos pidió perdón.

Durante años los españoles vimos el ajetreo de la monarquía británica con cierta perplejidad: a su lado, nuestra familia parecía discreta, austera en lujos, estupideces y adulterios. En los últimos tiempos, las cosas cambiaron. Los escándalos atenuaron en parte un ridículo pacto de silencio vigente en la prensa española con respecto a la Familia Real. Es una buena noticia y también lo es una abdicación que muchos reclamaban pero pocos esperaban. El evidente declive físico del monarca coincidía con una grave pérdida de prestigio y popularidad. También es posible que ahora, justo después del aviso de unas elecciones europeas donde los dos partidos mayoritarios han perdido cinco millones de votos, sea más sencillo gestionar la sucesión, que es una novedad y que no tenía un itinerario legal preciso, en un ejemplo de procrastrinación que hace de la indecisión de Hamlet una nimiedad.

En nuestro tiempo, la monarquía recuerda a un tipo que espera el autobús vestido de reno a primera hora de la mañana, cuando hace horas que terminó la fiesta de disfraces y todo el mundo empieza una jornada normal. Es una excentricidad anacrónica que estimula algunos negocios y da material a las revistas. Con todo, algunos de los países más desarrollados del mundo son monarquías parlamentarias. Aunque una república parece una forma más razonable de gobernar, no hay una relación clara entre calidad democrática y república o monarquía. En las democracias hay instituciones que los ciudadanos no eligen directamente. Eso se hace por distintas razones: una de ellas, sensata en un sistema incipiente y tentativo, era la aspiración a cierta neutralidad. Estos días se ha reclamado un referéndum entre monarquía y república. Por desgracia, la reivindicación de un sistema republicano adopta muchas veces una forma ideológica que ve –pasmosamente– la Segunda República como una Edad de Oro, mientras que la Transición, que tuvo defectos pero ha permitido un periodo de convivencia y libertad inédito en nuestra historia, se presenta como un rotten compromise. La experiencia reciente muestra que es complicado hacer una reforma sencilla: un cambio en la legislación laboral, la liberalización de los taxis, quitar el acento en los demostrativos. Parece que hay quien piensa que realizar una alteración más drástica es mucho más simple: la mesa está coja y la puerta cierra mal, así que vamos a demoler la casa. No obstante, sin la ayuda de Robert Zemeckis, no podemos regresar a 1932 ni conseguir que la legalidad republicana  gane la Guerra Civil. Pero los numerosos cambios que necesita este país tienen que ver con el presente y no con el pasado.

En unos meses han fallecido Santiago Carrillo y Adolfo Suárez, y ahora el rey deja la escena.  “Una nueva generación reclama su papel protagonista”, dijo don Juan Carlos en una de las frases más citadas de su discurso de abdicación. Felipe de Borbón, el próximo rey de España, tiene la imagen de un monarca moderno y preparado. La situación es menos excepcional que la que afrontó su padre, pero tiene muchos desafíos por delante: el separatismo en Cataluña, la asfixia económica y laboral, cierto clima de indignación y cinismo, un mayor distanciamiento con la monarquía, especialmente entre los jóvenes. Quizá la abdicación sea la única forma de supervivencia de una institución inverosímil que, como demostró su padre, a veces puede resultar útil.

 

*La foto del Rey Juan Carlos la tomo de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-e1c5e23b466e37838dcfc81e77ff56a6.jpg

 

PAULA FIGOLS DEBUTA EN LA NOVELA

PAULA FIGOLS DEBUTA EN LA NOVELA

Paula Figols (Zaragoza, 1977), periodista de HERALDO y bloguera, lleva muchos años escribiendo. Sobre todo relatos: con algunos de ellos ganó premios como un walkman o un vídeo “para mi primer piso de soltera, cuando me independicé. Hacía cosas breves, pero la literatura siempre ha formado parte de mi vida y de mis sueños”. Hace tres años, tras haber sido madre, decidió abrir un blog: 'Cuadernos de todo', en homenaje a una de sus escritoras favoritas, Carmen Martín Gaite. “Ese blog me ha ayudado mucho: es, y ha sido, una gran experiencia. Es como un arsenal y un cajón sin fondo de mis cosas: relatos, fragmentos de un diario, notas de lectura, pequeñas anécdotas. En cierto modo, me ha dado confianza para mostrarme un poco más”.  

Con todo, Paula Figols iba tomando notas para un libro futuro, al que llamó 'Proyecto plaza'. Notas de personajes, de estados de ánimos, de pequeñas historias, y no solo eso: fascinada por una plaza del Casco Histórico, decidió observarla con mirada de escritor y con ojos de fotógrafa. Tomó muchas fotos, inundó sus cuadernos y su ordenador y así, poco a poco, logró encontrar un hilván para componer una novela: 'El refugio de las golondrinas', que publica el sello Anorak y que se presenta hoy en Los Portadores de Sueños.

La novela cuenta la vida de cinco personajes durante un año: desde el 14 de septiembre, que es la fecha de nacimiento de Mario Benedetti, hasta el siguiente septiembre. Para mí los años empiezan con el curso, en otoño, y quería que fuese un año porque tiene algo de elemento cerrado y redondo, con sus fugas, como lo tiene una plaza, que es un centro de reunión, un refugio y también una metáfora del mundo. He tenido muchos libros en la cabeza, pero especialmente uno de Georges Pérez: 'Tentativa de agotar un lugar parisino'”.

En esa plaza, a diario, se asoman cinco personajes: Rafael, prejubilado y separado, que intenta redimirse a través de la fotografía; María, una joven periodista que trabaja de becaria y que siente nostalgia de su hermana, que está haciendo un viaje en bicicleta por Latinoamérica, como ocurrió con su propia hermana. Paula Figols ataja: “El libro no es autobiográfico en absoluto, pero sí tiene muchas cosas mías o cosas que sucedieron durante la redacción del libro. Intento que haya un constante equilibrio entre realidad y ficción”. Dimitri y Martin son dos músicos callejeros rumanos que sobreviven como pueden: “de ellos no se sabe mucho, pero yo soy una novelista que siempre quiero estar cerca de mis criaturas. Lo más difícil de este oficio es hacer hablar a los personajes con naturalidad; aquí lo intento”. Y el quinto personaje es Helena, que acaba de ser madre. “Rara vez lees libros donde se habla de los problemas de la maternidad: de la soledad que te sobreviene, de las dudas, y yo he intentado abordar eso”.

Paula Figols, madre de tres niñas (Lara, Vega y Luna) y deportista, es hiperactiva. Y es una mujer comprometida y sensible, con una mirada social y un idealismo que no se resiente. “Me preocupan los demás: en mi vida diaria, en mi condición de periodista y en mis textos literarios. Estoy con los de abajo”. Su novela combina la inmovilidad de la vida íntima con los sueños del viaje y hay una asimilación de un bagaje cultural que enriquece el libro. “Somos lo que soñamos, lo que leemos, somos el cine que vemos, las canciones que oímos, los amigos que tenemos”, concluye la escritora.

 

*Un amplio resumen de este texto aparece hoy en las páginas de Cultura de Heraldo de Aragón. La foto es de Carme Ripollés.

ISMAEL GRASA EXPLICA A SOL ACÍN

Ayer, miércoles, a las 19 horas, en la Feria del Libro de Huesca se presentaba el libro ’Hora temprana. Poemas y cartas’ de Sol Acín, con prólogo de María Kusche e introducción de Ismael. Se trata de un libro emocionante y bello que da una nueva dimensión de la hija menor de Ramón Acín y Conchita Monrás. Le hice algunas preguntas a Ismael ayer y aquí están, al completo. El libro lo publica el Instituto de Estudios Altoaragoneses, las PUZ y la Fundación Acín. En el acto hubo un lleno absoluto.

-¿Cómo ves tú a Sol Acín, después de haber rastreado en sus círculos familiares, de amistad y de creación? ¿Cómo la definirías?

-Diría que como poeta, y como ser humano, fue una persona que no se protegió a sí misma, y que buscó cierta clase de sosiego y de autenticidad. Desde fuera puede resultar una figura algo extraña o enigmática, pero después de hablar mucho con sus amigas, y de leer sus cartas, uno descubre en ella una calidez profunda. Sencillamente sucedió que se desentendió muy pronto de hacer “carrera literaria”. No es raro entre poetas: escriben durante algunos años y luego dan un giro a sus vidas. 

 

-¿Qué tipo de poesía escribe Sol, según tu perspectiva?

Es una poesía muy depurada y reflexiva. Hay un momento en que Sol Acín se describe a sí misma como “violentamente introvertida”, lo que valdría también para su poesía. Utiliza un lenguaje propio de la tradición de la mística castellana, a la que da un sesgo moderno que le venía de sus lecturas de la poesía francesa, y de autores como Rilke, Whitman o Miguel Hernández.

 

-¿Qué aporta esta poesía, alguna ya conocida, a su obra, en qué medida crecería como escritora?

En el libro que hemos publicado para la colección Larumbe se puede percibir, carta a carta y poema a poema, cómo se va gestando el mundo poético que daría lugar a la única obra publicada en vida por Sol Acín, En ese cielo oscuro. Hay también documentos que resultan simpáticos y muy significativos, como la crónica de una conferencia de Dalí que hace Sol a su amiga Maria Kusche en aquella España de los años cincuenta. 

 

-¿Qué le aportó la amistad y la correspondencia con Miguel Labordeta?

 La correspondencia con Miguel Labordeta, a comienzos de esos años cincuenta, se corresponde con el momento en que Sol Acín parece dudar sobre si incorporarse al mundo real de los poetas, con sus editoriales y sus publicaciones. Ella acaba de irse a vivir a Alemania, mientras que Miguel trabaja en el colegio familiar de Zaragoza. Son dos poetas jóvenes que se describen a sí mismos en sus cartas. A ella le molestan algunas bromas de Miguel y sus desdoblamientos irónicos, pero acaba venciendo entre ellos, sin llegar a verse, un sentimiento intenso de amistad y de camaradería. 


*Las fotos de Sol y de su hermana Katia, la segunda, son de la Fundación Acín.

EL CORAZÓN OCULTO DE SOL ACÍN

El corazón oculto de Sol Acín

 

Hay poetas de un único libro que parece que hayan escrito la vida entera. Día tras día. De noche, entre clase y clase, tras un viaje o en mitad de las pesadillas. Y una de esas voces, particular y casi espectral, por decirlo a la manera de Ángel Guinda, fue Sol Acín Monrás (Huesca, 1925- 1998). Fuerte a su modo, vulnerable y malherida por el destino, contraria a la trivialidad y temerosa de que alguien pudiera escarbar en los rincones oscuros de su corazón, firmó ‘En ese cielo oscuro’ (Ámbito, 1979), que reeditó luego, en 2006, la Fundación Ramón y Katia Acín (FRKA), que ahora dinamiza Emilio Casanova. Hija de Ramón Acín y de Conchita Monrás, dos años menor que su hermana Katia -que sería profesora de historia y, ya jubilada, grabadora y escultora-, Sol tuvo una infancia feliz: percibió que en su casa se vivía un clima especial de libertad y de pasión por la cultura. La madre era suave y cariñosa, y tocaba el piano por las noches; en la explanada del Hortal, en su casa de la Ena, ella y su hermana tenían la sensación de vivir en el edén. El padre, en apariencia algo más distante y lleno de tareas, les contaba y les hacía cuentos, e incluso les mandaba preciosas cartas desde la cárcel con palomas.

La niñez de Sol fue sinónimo de felicidad. Hasta que sobrevinieron “la furia y la barbarie”. Sol parecía algo visionaria. En una tarde infinita de 1988, me dijo: “Creo que yo captaba inconscientemente una dimensión más o menos trágica que estaba fuera de mi casa”. Una noche, al marcharse unos amigos que habían estado charlando con sus padres, ella sin que mediara nada se echó a llorar como una Magdalena. La madre le preguntó por qué lloraba. “Porque te matarán”, le contestó.

Sol Acín también recordó cómo se llevaron a sus padres: Ramón sería fusilado ese mismo día del 6 de agosto de 1936; a su madre la matarían el 23. “Era por la tarde, yo estaba sentada en una reja del piso con la ventana abierta, porque hacía calor, mirando hacia la calle de las Cortes y entonces vi una serie de falangistas que se iban colocando a poca distancia en la calle. Y delante de mí había un soldado que manipulaba el cerrojo del fusil. Un instante después oímos voces en la escalera, y escucho ‘Ramón, Ramón’ por parte de mi madre. (...) Fue la última vez que los vi”. Sol y Katia se fueron con sus tíos Santos Acín y Rosa Solana a Jaca hasta el final de la Guerra Civil. Luego regresaron a Huesca, se matricularon en el Instituto Ramón y Cajal y les inventaron una nueva vida.

Sol Acín estudiaría en Barcelona y en Madrid, donde se licenció en Lenguas Románicas en 1952. Vivía en la Residencia de Señoritas de la calle Fortuny, que había fundado María de Maeztu y que era equivalente a la Residencia de Estudiantes. Allí coincidió con Emilia Moliner, sobrina de María Moliner, que le descubrió la poesía de Walt Whitman. Entre finales de los 40 y 1955 estableció una relación de amistad con la joven historiadora del arte María Kusche, de origen alemán pero nacida en Málaga, con quien mantendrá una copiosa correspondencia de cartas y poemas, que acaba de estudiar el escritor y profesor Ismael Grasa y que publicará en el volumen ‘Hora temprana’ (Larumbe), al que ha incorporado también las cartas de Sol Acín a Miguel Labordeta, que la llamó a ella y a Carmen Sender “sacerdotisas de la poesía”.

La historia de esta correspondencia –María logró dar con la Fundación Acín casi medio siglo después- ha permitido enriquecer la obra de Sol Acín con poemas de juventud. Después de estudiar en Madrid, Sol Acín se marchó a París y posteriormente quiso estudiar artes gráficas en Múnich. Conoció al músico y profesional de televisión Klaus Lindemann. Se casaron en Colonia, tuvieron dos hijos, Sergio y Ana, y se separaron a mediados de los 60. Sol Acín regresó a España: trabajó como profesora de francés dos años en San Sebastián, otros dos en Huesca y finalmente se instaló en Zaragoza e impartió clases en la Universidad Laboral hasta que se jubiló. En medio está la edición de ‘En ese cielo oscuro’ (Ámbito, 1979), el libro que ilumina las sombras de toda una vida, poesía cristalina y a la vez simbólica, confesional y bella, sobre la intimidad y el dolor. Dice: “Metida en mi pequeña cavidad // de sombra inquieta y ascendencia leve // busco el secreto caminar oculto”.

 

LAS ANÉCDOTAS

 

La lectora. Sol Acín era una gran lectora: le gustaban Walt Whitman, Hölderlin, Juan Ramón Jiménez, Rilke y Octavio Paz. Le apasionaba la música. El dolor iba por dentro: “De mi prisión quisiera // sacarme, destruir la permanencia // sin nombre que bascula. // Perdí la llave, se olvidó la muerte // de colocar en mí su cerradura”.

El padre. Meses atrás, en el Museo de Huesca, se exhibió la muestra ‘Ramón Acín, geometría del hombre sin aristas’. Su comisario Víctor Pardo la explicaba así: “La exposición pretende, desde un planteamiento pedagógico y divulgativo, dar a conocer las facetas más relevantes de la vida de Ramón Acín, que son, en definitiva, las de la propia historia de España durante tres décadas de acontecimientos culturales, sociales y políticos de extraordinaria importancia e influencia capital en el devenir del siglo XX”.

La Fundación. La Fundación Ramón y Katia Acín (http://www.fundacionacin.org) sigue actualizando su página web, a través de Emilio Casanova que incorpora materiales y textos, y además trabaja con Carlos Mas en la preparación de todos los textos que publicó Ramón Acín en prensa. En la muestra, entre otras proyecciones, se ofrecerá algunos vídeos de Casanova como ‘Las corridas de toros en 1970’ y ‘Guerra a la guerra’.

 

 

[Recupero aquí este texto que publiqué el pasado verano. Mañana en Huesca se presenta el libro de Ismael Grasa, que es realmente espléndido. Por el prólogo de María Tusche, por la meticulosa introducción de Ismael y por el contenido: los poemas de Sol, sus cartas, su profunda humanidad.]