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Antón Castro

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CENTENARIO DE OCTAVIO PAZ. ACTOS

CENTENARIO DE OCTAVIO PAZ. ACTOS

 

P r o g r a m a  d e  a c t o s

 

 

La presente relación de actividades pretende ser una aproximación a cada una de las facetas del universo Octavio Paz: su obra poética y su legado intelectual, la experiencia literaria y la escucha atenta, la escritura apasionada y el saber enciclopédico, la sensibilidad estética, su relación con poetas y artistas, la reflexión.

 

La poesía fue el centro de la obra de Paz y de su vida intelectual, la de quien ejerce influencia sobre las cosas públicas. Pálido reflejo de esa actitud poética y crítica es este programa, cuyo propósito no es otro que el de demostrar la acuciante vigencia de la lectura del poeta.

 

 

MARZO

 

Lunes, 24 de marzo

Conversaciones en torno a Paz

 

Vocación y destino

Javier Gomá Lanzón y Manuel Borrás

 

Centro de Estudios Mexicanos UNAM-España

Instituto Cervantes, Madrid, 19:30 horas

 

 

Martes, 25 de marzo

Exposición

 

Memoria de Octavio Paz

Biblioteca Nacional de España, Madrid

 

La exposición reunirá cartas cruzadas entre Jorge Guillén y Octavio Paz, así como grabados del libro de artista que Paz realizó con Gunther Gerzso, el pintor húngaro-alemán residente en México, provenientes de los fondos de la propia BNE.

 

 

Jueves, 27 de marzo

Presentación

 

Número especial de la revista Cuadernos Hispanoamericanos

Juan Malpartida, Orlando González Esteva, Juan Arnau

 

Biblioteca Nacional de España, Madrid, 19 horas

 

 

 

 

Jueves, 27 de marzo

Concierto

 

Pels mars de l’amor

Lucía Salas

 

Monasterio de Pedralbes, Barcelona, 19 horas

 

Dentro de su programa lírico, la soprano mexicana Lucía Salas interpreta dentro su programa lírico el poema de Octavio Paz Olvido, con música de Salvador Moreno.

 

 

 

ABRIL

 

Sábado, 12 de abril

Conferencia

 

Octavio Paz. Piedra angular de las letras mexicanas

Pere Gimferrer

 

Cidade da Cultura de Galicia, Santiago de Compostela, 12 horas

 

Esta conferencia se inscribe en el programa Nexos de acercamiento a la cultura

contemporánea a través de las letras, patrocinado por la Fundación Gaiás.

 

 

Lunes, 21 de abril

Proyección

 

Yo, la peor de todas

Casa de América, Madrid, 19 horas

 

Proyección de la película argentina dirigida por María Luisa Bemberg en 1990 y cuyo guión está basado en Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, el monumental ensayo histórico y literario de Paz sobre la poeta novohispana.

 

 

Miércoles, 23 de abril

Diálogo

 

Tres miradas sobre Octavio Paz

Jordi Doce, Julio Trujillo, Luis Antonio de Villena.

 

Casa de América, Madrid, 19 horas

 

 

 

Exposición (pendiente de cerrar fecha)

 

Cercanías de Octavio Paz

Fotografías de Miguel Ángel Merodio

 

Biblioteca del Instituto de México en España, Madrid

 

A lo largo de veinticinco años el fotógrafo mexicano no solo ha dejado constancia visual de múltiples actos en los que Octavio Paz intervino, sino de quienes lo acompañaron en sus iniciativas y que continúan con su legado literario y crítico.

 

 

 

MAYO

 

 

Lunes, 12 de mayo

Diálogo

 

Los hijos del limo. Las poéticas de Octavio Paz

Enrique Fierro, Juan Malpartida, Andrés Sánchez Robayna

 

Residencia de Estudiantes, Madrid, 12 horas

 

 

Lectura de poesía

 

José Manuel Caballero Bonald, Antonio Colinas, Enrique Fierro, Antonio Gamoneda, Clara Janés, Juan Antonio Masoliver, Ida Vitale.

 

Alfonso Alegre, Miguel Casado, Olvido García Valdés, Juan Malpartida, César Antonio Molina, Vicente Molina Foix, Carlos Piera, Pedro Provencio, Andrés Sánchez Robayna, Jaime Siles, Jenaro Talens, Luis Antonio de Villena

 

Residencia de Estudiantes, Madrid, 19 horas

 

 

Lunes, 26 de mayo

Conversaciones en torno a Paz

 

Las palabras son puentes. Poesía española e hispanomericana

Eduardo Milán y Juan Antonio Masoliver Ródenas

 

Centro de Estudios Mexicanos UNAM-España

Instituto Cervantes, Madrid, 19:30 horas

 

 

 

 

Martes, 27 de mayo

Homenaje

 

Jorge Edwards, Felipe González, Enrique Krauze y Mario Vargas Llosa

 

Promovido por el Senado de la República

Casa de América, Madrid

 

 

Presentación (pendiente de cerrar fecha)

           

            Octavio Paz, ciudadano del mundo

            Presentación de Itinerario crítico. Antología de textos políticos de Octavio Paz,

de Armando González Torres

 

Promovido por el Senado de la República

Biblioteca Nacional de España, Madrid

 

 

Jueves, 29 de mayo

Documental y conferencia

 

Enrique Krauze

Casa Amèrica Catalunya, Barcelona

 

 

 

JUNIO

 

Martes, 3 de junio

Conversaciones en torno a Paz

 

Un escritor incómodo

Basilio Baltasar, Juan Manuel Bonet y Alberto Ruy Sánchez

 

Centro de Estudios Mexicanos UNAM-España

Instituto Cervantes, Madrid, 19:30 horas

 

 

Jueves, 5 de junio  

Espectáculo escénico

 

Blanco

Montaje de Frederic Amat

 

Casa del Lector, Madrid

 

Lectura escenificada en montaje de Frederic Amat. Este montaje también se llevará al Instituto Aragonés de Arte y Cultura Contemporánea de Zaragoza.

 

 

Sábado, 7 de junio  

Lectura de poesía

 

Aurelio Asiain, María Baranda, Tulio Demicheli, Jordi Doce, José Luis Gómez Toré, Tedi López Mills, Julio Hubard, Aurelio Major, Víctor Hugo Piña Williams, Esther Ramón, Ada Salas, Sandra Santana, Juan Soros, Jorge Valdés Díaz-Vélez, Álvaro Valverde

 

Feria del Libro de Madrid

 

 

Lunes, 9 de junio

Conversaciones en torno a Paz

 

Signos de amistad: Octavio Paz y Julio Cortázar

Víctor García de la Concha y Gonzalo Celorio

 

Centro de Estudios Mexicanos UNAM-España

Instituto Cervantes, Madrid, 19:30 horas

 

 

Miércoles, 25 de junio

Conversaciones en torno a Paz

 

La eterna vivacidad

Pere Gimferrer y Hugo Hiriart

 

Centro de Estudios Mexicanos UNAM-España

Instituto Cervantes, Madrid, 19:30

 

 

Miércoles, 25 de junio

Lectura dramatizada

 

Lectura dramatizada poemas de Octavio Paz, bajo la dirección de Alfredo Alonso

 

Casa Amèrica Catalunya, Barcelona

 

 

Presentación (pendiente de cerrar fecha)

 

Presentación colectiva de los libros publicados por el Fondo de Cultura Económica y/o por la Dirección General de Publicaciones del Conaculta con motivo del centenario.

 

 

 

JULIO Y AGOSTO

 

 

Seminario de verano

 

Octavio Paz y los premios Cervantes

Universidad de Alcalá de Henares

 

 

Exposición

 

Escritura indeleble del incendio

Biblioteca de Catalunya, Barcelona

 

Exposición con fotografías, libros, cartas y manuscritos procedentes de fondos privados y públicos de los artistas y escritores catalanes que mantuvieron relación con Octavio Paz (Tàpies, Brossa, Miró, Amat, Castellet, Gimferrer, etc.).

 

 

La ciudad se viste de Paz

 

Reencuentro con Paz

Fragmentos de la obra del poeta serán dispuestos estratégicamente en el mobiliario urbano de Madrid.

 

Promovido por el Senado de la República

 

 

 

SEPTIEMBRE

 

Martes, 9 de septiembre

Conversaciones en torno a Paz

 

Crítica a la falsa crítica

José Luis Pardo y Juliana González

 

Centro de Estudios Mexicanos UNAM-España

            Instituto Cervantes, Madrid

 

 

29 y 30 de septiembre

Encuentro de editores iberoamericanos

 

En este encuentro internacional, participan algunos editores de la obra de Octavio Paz en México y Estados Unidos

 

Casa del Lector, Madrid

 

 

30 de septiembre

Conferencia audiovisual

 

Octavio Paz y París

Alain-Paul Mallard

 

Casa Amèrica Catalunya, Barcelona, 19:30 horas

 

 

Conferencia  (pendiente de cerrar fecha)

 

            Luis María Anson

            Real Academia Española, Madrid

 

 

OCTUBRE

 

 

Martes, 14 de octubre

Exposición y lectura de poesía

 

Exposición proveniente de los propios fondos de la galería

Lectura en catalán y castellano con poetas de la ciudad

           

Círculo del Arte, Barcelona

 

 

Conferencia (pendiente de cerrar fecha)

 

Tener razón antes de tiempo

Juan Villoro

 

Casa Amèrica Catalunya, Barcelona, 19:30 horas

 

 

Diálogo (pendiente de cerrar fecha)

 

Poesía y pintura

Bernard Noël, Andrés Sánchez Robayna, Alfonso Alegre

Fundación Antoni Tàpies, Barcelona

 

 

 

 

 

 

 

 

NOVIEMBRE

 

 

Martes, 4 de noviembre

Conversaciones en torno a Paz

 

Solo a dos voces

Julián Ríos y Christopher Domínguez Michael

 

Centro de Estudios Mexicanos UNAM-España

Instituto Cervantes, Madrid, 19:30 horas

ANTONIO LUCAS: UN POEMA

ANTONIO LUCAS: UN POEMA

 ANTONIO LUCAS: UN POEMA DE ’LOS DESENGAÑOS’ (VISOR)
Antonio Lucas, que rinde hoy doble homenaje a Leopoldo María Panero en ’El Mundo’, acaba de publicar un nuevo poemario (Visor): ’Los desengaños’, galardonado con el premio Loewe de 2013. La fotografía de Antonio Lucas es de Begoña Rivas, una espléndida y clásica retratista. El libro saldrá inmediatamente a la calle. He aquí una primera entrega del libro: el texto que cierra el volumen. 

FUERA DE SITIO


Imagina que el tiempo sólo es lo que amas:
unas pocas palabras, unos seres exactos,
unas horas muy lisas, una playa (quizá)
donde el daño no acecha.

Imagina la vida como no lo es ahora,
no quiero decir como algo perfecto, 
sino un resplandor, cierto abril de muy lejos,
un tributo al azar sin otro destino
que el confín fugitivo de un eco sin rostro. 
Y después cualquier cosa. 

Con qué precisión va la edad hilvanando el espino.
Y qué extraña la urgencia de ir en pie hasta la ola,
celebrar lentamente que aniquile mi huella,
mi escritura de hombre, mi certeza de surco,
ser la alta misión de lo que nunca concluye
como no cierra el mar su recado en la orilla.

Pero no es estar quieto la razón ni la meta,
sino un querer más pequeño, una conquista más clara:
ver la vida llegar de su noche a tu noche
en un cuerpo ajeno,
pronunciar su silencio,
abrazar su alambrada,
desear su vacío,
delirar sin camino, sin mapa, sin fuego,
hasta el tiempo sin tiempo
del país que no haremos.


ANTONIO LUCAS Madrid 7/3/2013

JUAN JACINTO MUÑOZ RENGEL: DOS MICRORRELATOS

JUAN JACINTO MUÑOZ RENGEL: DOS MICRORRELATOS

Juan Jacinto Muñoz Rengel es narrador. Cuentista y novelista y teórico del relato breve: de los autores, de los cuentos, de las éticas y de las estéticas de la narración corta. Gentilmente, me envía estos dos microcuentos.

 

EL DOBLE

 

Hace diez días, vi a un hombre idéntico a mí tomando un café y leyendo el periódico junto a la cristalera de una cafetería. Tenía buen aspecto, y eso me hizo sentir cierto orgullo. Como llevaba prisa, no pude detenerme a observarlo, y ni mucho menos entrar allí a desayunar. La tarde del lunes de esta misma semana lo volví a ver. Estaba sentado en una terraza, en una mesa llena de libros, y rodeado de personas que prestaban devota atención a todo lo que decía. El sol acariciaba la mitad de su cara, e iluminaba media sonrisa radiante. Esta mañana, el café que me he tomado de pie en la cocina no me ha sabido a nada, y hace días que advierto que el espejo me refleja con cada vez menos intensidad. En las páginas centrales del periódico, me he encontrado de nuevo con él. Le han concedido no sé qué premio. Ya casi no me quedan dudas: el doble soy yo.

 

 

IMPRONTA

Mi última novia imaginaria apareció en mi vida cuando yo tenía doce años. Siguió conmigo en el instituto, y también en la universidad, donde compartíamos campus y, al fin, habitación y cama en el colegio mayor. Contrajimos matrimonio antes de cumplir los treinta. No tuvimos hijos, claro. Pero para mí significó una impagable compañía que me hizo más fácil adentrarme en las crudas décadas de una madurez solitaria. Hace apenas dos semanas quedé viudo. Un conductor borracho; ni siquiera la vio.

Desde entonces la gente no ha dejado de darme el pésame. Mi madre, para mi asombro, me llamó para preguntarme si quería que se viniera unos días a la ciudad. Era tan joven todavía, me dice la señora del segundo, agarrándome las manos. El periódico local publicó una breve nota del suceso, con una fotografía. Ahora acaba de llegarme una carta de condolencia de sus compañeros de facultad, que la recuerdan, y quieren hacerle un homenaje.

 

Aquí, en mi blog, puede leerse esta entrevista y otros textos suyos.

http://antoncastro.blogia.com/2013/092703-juan-jacinto-munoz-rengel-habla-de-su-nuevo-libro-de-microcuentos.php

 

MACHADO Y 'CAMPOS DE CASTILLA'

MACHADO Y 'CAMPOS DE CASTILLA'

Antonio Machado: el poemario

del amor, del dolor y del paisaje

 

El corazón abierto de Antonio Machado

 

Cálamo publica una edición ilustrada de ‘Campos de Castilla’, ilustrado por Juan Manuel Díaz-Caneja, que apareció en 1912, el año de la muerte de Leonor, la esposa del poeta [Recupero este texto con motivo de los 75 años de la muerte de Antonio Machado.]

 

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Cálamo publica una edición ilustrada del libro capital de Antonio Machado, con ilustraciones de Juan Manuel Díaz-Caneja

 

Antonio Machado (1875-1939) diría que identificaba la felicidad con sus años en Soria y con el amor a una mujer, Leonor Izquierdo (1894-1912), aquella joven de quince años con la que casó en 1909 y que murió en agosto de 1912. Un año capital para el poeta: la fecha de un dolor insoportable –“Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería. // Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar”-, y la publicación de un poemario capital de la lírica española del siglo XX: ‘Campos de Castilla’, en el que iba mucho más allá de su anterior libro: ‘Soledades, galerías y otros poemas’ (1907).

Se alejaba del intimismo y de la inspiración modernista para abrazar un lenguaje contenido en imágenes, austero en la expresión, hermoso, hondo y sencillo, que ampliaba su mirada: el cantor seguía hablando de sí mismo, de sus instantes de dicha inefable y de su posterior llanto; expresaba la idealización del paisaje castellano, que tenía al Moncayo mágico como centinela de nieve, y a la vez hablaba de la realidad y del destino de España, a través de una serie de asuntos, personajes y elementos, a los que les otorgaba la categoría de símbolo. Desde el olmo viejo al casino provinciano, desde la tarde al camino, desde el Duero, al dios ibero o a los locos. “La poesía es la palabra esencial en el tiempo”, dijo Machado.

O incluso glosaba algunos autores que habían sido fundamentales para él y a la vez compañeros de viaje: Rubén Darío (que le había mandado dinero durante la enfermedad de su esposa), Juan Ramón Jiménez, Ramón María del Valle-Inclán o Miguel de Unamuno. La relación entre Machado y Unamuno fue decisiva en la configuración de ‘Campos de Castilla’, uno de esos hitos decisivos de la Generación del 98: se cruzaron numerosas y jugosas cartas. Fermín Herrero, en una precisa y breve nota de prólogo, dice que hay más cosas en este poemario, como “la reinvención del Romancero con ‘La tierra de Alvargonzález’, las parábolas, los poemas del campo andaluz, los sentenciosos proverbios, los elocuentes elogios, las irónicas estampas provincianas... Y, por encima de todo, Leonor”.

Machado, enamorado de su joven esposa, decía en una atmósfera de espejismo y ternura: “¿No ves, Leonor, los álamos del río / con sus ramajes yertos? / Mira el Moncayo azul y blanco; dame / tu mano y paseemos”. Ya, ante lo irreparable, escribió: “Una noche de verano /-estaba abierto el balcón, / la puerta de mi casa- / la muerte en mi casa entró. (...) Mi niña quedó tranquila, / dolido mi corazón. / ¡Ay, lo que la muerte ha roto / era un hilo entre los dos”. Hace algunos días, distintos poetas, entre ellos varios aragoneses, rindieron homenaje en Soria a Leonor Izquierdo en el primer centenario de su muerte.

El sello Cálamo de Palencia, que dirige José Ángel Zapatero, publica una cuidada edición ilustrada de ‘Campos de Castilla’, con una aportación muy valiosa: las ilustraciones de Juan Manuel Díaz Caneja (1905-1988), un pintor que encarna el alma castellana, “los páramos de asceta” de los que tanto escribió Antonio Machado. Caneja residió en Zaragoza en 1930. Llegó con su padre que era gobernador civil y mantuvo una gran amistad con pintores aragoneses de vanguardia como Manuel Corrales y José Luis González Bernal, con los que compartiría taller, y con otros intelectuales como Gil Bel. No es tanto un trabajo específico para los poemas, que fueron aumentados en 1917 por Machado para una nueva edición tras trasladarse a Baeza, sino una selección de sus cuadros de distintas épocas, desde los años 40 (incluyendo el período de 1948 a 1951, cuando estuvo en las cárceles de Carabanchel y Ocaña por su militancia republicana) hasta su muerte.

El prologuista dice: “No hay un pintor, creo, que transmita con tanta propiedad la emoción espacial, sobria y austera, adusta incluso, que caracteriza el sentido último de ‘Campos de Castilla’ (...) Esa pintura parca, casi esquelética de Caneja, que va también adelgazándose con la edad, como la poética de Machado, hacia la búsqueda de la voz interior a través del paisaje de la Meseta”.

Antonio Machado jamás pudo olvidar a Leonor Izquierdo. Algunos años después, cuando ejercía de profesor en Segovia, entabló amistad con una mujer casada, Pilar de Valderrama (1889-1979), a la que bautizaría Guiomar. Ella, lectora suya, lo había ido a conocer; su marido le había revelado que tenía una relación con otra joven y que se acababa de suicidar. Guiomar y Machado se vieron en varias ocasiones en esa ciudad, pero también en Madrid, sobre todo en el café de las Salesas y en el Franco-Español. Guiomar, que publicaría su autobiografía con carácter póstumo en 1981, escribió que “no podía ofrecerle más que una amistad sincera, un afecto limpio y espiritual, y que de no ser aceptado así por él, no nos volveríamos a ver”. Machado respondió: “Con tal de verte, lo que sea”.

Pilar de Valderrama también estaba vinculada a Zaragoza: su padre era abogado y fue diputado por el Partido Laboral, y gobernador civil de Oviedo, Zaragoza y Alicante.  La niña Pilar, que había nacido en Madrid en 1889, fue pasada por el manto de la Virgen del Pilar a los cuarenta días de su nacimiento. Ella era católica y conservadora y se sentía afín al bando rebelde en la Guerra Civil, igual que le pasó a Manuel Machado, con quien Antonio había firmado obras de teatro a cuatro manos.

Ese también fue otro motivo de desgarro para el poeta que se trasladó a Francia con su inseparable madre y falleció en Collioure en 1939. En el bolsillo del pantalón llevaba unos versos: “Estos días azules y este sol de la infancia”. Allí sigue, rodeado de flores y exvotos. Nadie se ha atrevido a devolver sus restos a “los agrios campos” donde “caía un sol de fuego” de los ‘Campos de Castilla’.

 

FERNANDO SANMARTÍN O MARLOW

FERNANDO SANMARTÍN O MARLOW

Fernando Sanmartín acaba de publicar un nuevo y breve libro: ‘Noticias sobre Zaragoza del capitán Marlow’ (Xordica). Es uno de esos libros personales y transparentes que pueden leerse como  las confidencias de un paseante y de un observador que acude al teatro, a dar un recital, a una presentación, al que le gusta subir a los taxis, oler ciertos perfumes de mujer, recordar a la joven Esperanza (casi un primer amor), ver exposiciones o citarse con una amiga del pasado. Es un libro de amor a la ciudad (Zaragoza, y otras ciudades), a la cultura, a las pequeñas cosas (desde abrir el buzón hasta mandar una postal o escuchar un disco) y de afecto hacia creadores, pintores, viajeros, plazas, hoteles. También hay detalles sutilísimos de humor y de amor a las sombras y a los mitos. Dice en la página 20:

“En el parque he sido peripatético, transparente, joven e impulsivo. Y he vivido momentos inolvidables. El último ha sido hablar por teléfono con Baudelaire, un poeta que está enterrado en el cementerio parisino de Montparnasse. Me reprochó que haya dejado de leerlo. Y tiene razón”.

 

Por ejemplo, cuenta esta historia de piscinas:

“Y también le gusta [nadar] a Agustín Sánchez Vidal, que iba a la piscina de las Palmeras y una alumna suya lo miraba escondida en sus gafas de sol, una alumna con vocación de revés, una alumna hermosa, posmoderna, llena de suspenses, que se enamoró del profesor Sánchez Vidal y compartía con él las caricias del cloro, solo eso, una alumna que me contaba sus deseos, su erotismo, y me hacía confesiones a mí, que nunca fui su profesor, confesiones que no debo confesar".

 

*Dos grandes amigos: José Luis Melero y Fernando Sanmartín, retratados por Lara Albuixech.

ANTONIO MACHADO, PILAR Y EL AMOR

Cuentos de domingo / Antón Castro

 

No sé de amor

 

Estamos en los tiempos del “no sé”. Nadie sabe nada o casi nada. Ni la infanta Cristina, ni Ana Mato, ni la mujer de García Becerril, ni Granados, el hacendado en Suiza. Ni Mariano Rajoy, que ha creado una escuela de pensamiento: la poética del tembleque o marianismo, como ha acuñado José Javier Rueda. Antonio Machado, con su torpe aliño indumentario, siempre se atrevió a decir y a advertir que en España siempre hay alguien o algo que nos parte el corazón. A él se lo partieron las dos Españas y también dos mujeres: la niña-ángel Leonor Izquierdo, que fue su primera esposa y murió pronto en la Soria del paraíso, y luego Pilar de Valderrama, a la que el poeta llamó Guiomar, que también fue el nombre con el que Jorge Manrique bautizó a su amada. Ella era 16 años más joven que el autor de ‘Campos de Castilla’. Era católica y de derechas, había sido pasada por el manto de la Virgen del Pilar a los cuarenta días de su nacimiento, residió en Zaragoza, y se había casado con Rafael Martínez Romarate, iluminador de escena. Escribió dos poemarios y una obra de teatro. Un día se enteró de que su marido había tenido una relación con una joven que se suicidó; eso señaló la ruptura entre ambos y acercó a Pilar a su poeta más admirado: Antonio Machado. Se habían conocido en 1928 en Segovia y vivieron durante ocho años un amor platónico. Machado la deseaba y la soñaba, paseaban de día y de noche, se citaban en el café de Salesas o en el Franco-Español, le envió más de un centenar de cartas y poemas y sintió auténticos celos. Jorge Guillén la definió como una criatura muy sensible; Cansinos Asséns elogió sus “grandes ojos pasionales” de mujer morena que tenía un exceso de ardor. Machado enristró sus mejores palabras: “preciosa, encanto, milagro, maravilla, diosa de mis entrañas”. Su quimera, acaso la última, fue casarse con ella. Pilar de Valderrama, por principios o por temor, no lo siguió a su último destino: Collioure. Allí, cerca de su madre y con toda la añoranza de la tierra, falleció el poeta con una certeza: “Todo amor es una fantasía”. Por eso tal vez, a menudo, resulte tan fácil decir “no sé”.

 

*Este texto aparece hoy en 'Heraldo de Aragón'.

 

He tomado la foto de Machado de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-19a7e5a142db7bc72fb339435b00ce57.jpg

Y la de Pilar de Valderrama de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-d39b99d27d8f93b30e727ac21fc87dae.jpg

 

IRAZOKI: TRES POEMAS EN PROSA

IRAZOKI: TRES POEMAS EN PROSA

[El poeta y narrador y crítico Francisco Javier Irazoki, con una intensa y larga trayectoria a sus espaldas, me envía tres poemas en prosa. La foto es de Barbara Loyer.]

TRES POEMAS EN PROSA DE

FRANCISCO JAVIER IRAZOKI  

   

 AUTORRETRATO

 Lo mejor de mi cara es la lechuza. Vive impasible, subida a unas zarzas blancas. A veces noto el roce de su plumaje amarillo en la frente, o de sus uñas negras que dan cuerda al tiempo en mis arrugas. Me desvela las noches en que caza demasiado, y las mujeres me consolaron al oír su graznido lúgubre cuando volaba. Si me pongo delante de un espejo, no puedo sostenerle la mirada.

 

(Del libro Los hombres intermitentes; editorial Hiperión)

 

                       

                                             *****

 

EJECUCIÓN DE LA INFANCIA

 

 

         Yo era espía en las vacaciones de invierno, y vigilaba a un vecino.

     Cada día, temprano, aquel hombre apuntaba con la escopeta al suelo blanco. Lo hacía casi sin reposo, hasta que se iban las mejores luces y empezaba a escarchar. Sus pasos silenciosos no interrumpían el sueño de las larvas.

    Una mañana como otras él mantuvo su mirada fija en un punto de la superficie y el dedo enroscado en el gatillo del arma, y esperó las palpitaciones subterráneas. Pero mi angustia disipó la escena. La figura del hombre subió descosida entre las ramas de los árboles.

     Desaparecido el cazador, perforé con manos de niño el montoncito de arcilla helada y dejé caer en el agujero mis regalos: orugas y lambrijas, o mariposas que volaban sin rumbo en las galerías de los topos.

      Pasé horas a la escucha del trote de los animales en la madriguera, como acaso ellos aguardaban mis pensamientos y gusanos.

      La realidad disparó mientras yo dormía. Allí estaba, sobre la hierba ensangrentada, el cuerpo abultado y suave del topo. Y sus ojos tapados por el pelo de mi infancia muerta.

     Palpé a solas, largamente, la tierra anochecida que aferraban sus uñas.

 

(Del libro Los hombres intermitentes; editorial Hiperión)

                                                            *****

 

MENÚ DEL CIELO                            

«Vas a morir, vas a morir», me repitió el cura que imponía silencio cuando debíamos acostarnos. Él se paseaba en el dormitorio de techos altos y paredes grises y, aunque ninguna luz estuviese encendida, lo veíamos acecharnos entre las hileras de camas y armarios. Nos despertaba al amanecer, con las mentes sacudidas por el sonido de una esquila, depositaba el desayuno y desaparecía después de anotar en su cuaderno la evolución de nuestras enfermedades.

      Los otros alumnos sanaron, y me quedé solo en la pieza. Mi fiebre no podía darle calor a un espacio tan grande, y me distraje recordando la llegada al seminario. Como cualquier viaje a los pueblos cercanos implicaba entonces una aventura de mapas extranjeros, el coche se perdió en la niebla. «El auto ha sentido la llamada de Dios», advertían mis familiares, y yo protesté sin ser oído por el conductor maldiciente, hasta que divisamos un enorme edificio de hormigón. Ya era viejo antes de estar acabado, con claraboyas nubladas y patios de gravilla suelta.  

        Me integré en una multitud de jóvenes uniformados. Decían la palabra espíritu con aspavientos de hombres ruidosos, sin renunciar a las envidias escolares o disputas deportivas, pero necesité su desorden en los campos de fútbol. También busqué esa compañía en el comedor donde vaciábamos las ollas repletas del rancho que una decena de novicios condimentaba únicamente con su soltería. Los curas se sentaban a una larga mesa con mantel, y cronometrábamos cada tiento que uno de ellos daba al vino, a la espera de otra marca atlética. La transubstanciación fue un buen invento para aquel vampiro tan aficionado a la sangre de Dios.   

       Los fines de semana varios profesores impartían clases de silbido contra un dictador e íbamos al centro del pueblo. Allí nos aguardaban las juventudes ateas, que con sus baldes de agua combatían nuestra mugre medieval y reducían ardores sexuales.

       Un día de invierno, en el recreo, fui empujado, caí de espaldas y quedé tendido junto a la portería de fútbol. El médico vino a tocar el dolor de mi columna vertebral.

      Eran los años en que algunos de aquellos curas bajaron a las fábricas con unas estampas de Karl Marx descubiertas en los evangelios. El que me vigilaba de noche escogió ese camino y esperé su cambio de actitud, pero aún dejaba sobre mi mesilla de enfermo la bandeja con el mismo desayuno: un vaso de leche, dos o tres tostadas y un poco de muerte para untarlas.

 

(Del libro Los hombres intermitentes; editorial Hiperión)

        

 

GONZALO DEL CAMPO ANTOLÍN: TEXTOS

GONZALO DEL CAMPO ANTOLÍN: TEXTOS

TEXTOS DE GONZALO DEL CAMPO ANTOLÍN

Ayer, en Aínsa o L’Ainsa, me encontré con un viejo amigo: escritor, profesor de historia y otras muchas cosas: Gonzalo del Campo Antolín. Sigue escribiendo: cuentos, más de 50 ha redactado, poemas, impresiones, etc. Le he pedido algunas cosas y me envías algunas piezas. Empezamos con "este pequeño homenje al librero de viejo Inocencio Ruiz Lasla, que pertenece a una serie de escritos sobre Zaragoza que he titulado ’Desde el balcón del Alba" y un poema del mismo libro". Gonzalo también me envía esta foto y algunos textos más que irán apareciendo poco a poco.

 

 

LA LIBRERÍA DE DON INOCENCIO

Era un rincón oscuro de una ciudad invadida por la niebla, cuando no por el viento. Una ancha acera de adoquines separando altos edificios, entre los que casi nunca se colaba el sol. En verano, yo buscaba con placer el silencio y la sombra de aquel lugar, desprendido, casi por milagro, del bullicio. Allí, junto al entonces fantasmal pasaje de los Giles, una luz diminuta, como la de un hogar que escarbase la noche, estaba la librería de Inocencio Ruiz.

Era un hombre menudo y sabio, que permanecía quieto, tras su breve mostrador, repleto de libros viejos o usados.

Cuando comencé a frecuentar su humilde tienda, aún entraban en ella libros antiguos y, tal vez Inocencio albergase la esperanza de que su hijo se animase a llevar el negocio.

No era raro ver cubiertas de pergamino, ni cantoneras de cuero con las letras del título en dorado y las primeras páginas decoradas en papel de aguas. Era, por aquel entonces, el único librero con tienda propia, aparte de los vendedores del rastro, que moviese el libro antiguo. Podías preguntarle por cualquiera, porque él te pondría en la pista del cuando y el donde de las ediciones. Llegó a escribir, incluso, una gran bibliografía sobre los libros editados en Zaragoza desde la invención de la imprenta.

De los muchos libros que recuerdo haber visto en los estantes, uno que jamás faltó en cualquier ocasión fue “La Forja de un Rebelde” de Arturo Barea. Quizá por eso, a pesar del aspecto frágil y enfermizo de Inocencio, lo imaginaba como un héroe de la retaguardia antifranquista. Desde aquel agujero abarrotado de libros se me antojaba un maqui de la cultura y más al descubrir ejemplares de Ruedo Ibérico, considerados por entonces panfletos subversivos.

Era un placer prolongar la estancia en aquel pequeño santuario. Detenerse a leer las contraportadas, descubrir la letra manuscrita de antiguos dueños, sentir el crujido de la vieja tarima de madera y aquella campanilla que sonaba al abrirse la puerta, por la que entraba una bocanada de frío y niebla, que obligaba a Inocencio a taparse la boca con su eterna bufanda.

Allí permaneció hasta después de cumplir los setenta, cada vez con más achaques, obligado a no jubilarse para poder mantener a su familia, sin un hijo que se hiciese cargo de aquella librería de la que poco a poco desaparecieron los libros antiguos, los clientes y yo mismo, pues me fui a vivir lejos.

Cuando volví solo quedaba el rótulo de “Libro viejo y de ocasión”, bajo él un espacio vacío y oscuro que hacía definitivamente inhóspito aquel desangelado rincón de una ciudad habitada por la niebla y el viento

 

 

 

 

BLUES DE LA CALLE  DEL “SEPULCRO”

 

 

Hay, payo, desnudeces

que irritan al alma,

hambres que no se curan

en una hartá.

 

Como hormigas

lamiendo la tierra,

los restos del  harto,

en el plástico verde

de un contenedor

 

De cabeza en la noche,

adoquines de hielo

alumbran al alba,

en la soledad.

 

En el cielo,

la última estrella

refleja en el Ebro

su turbio mirar

 

Es el blues

de los ángeles negros

que cruzan la noche

en puro vagar

bajo los luceros

y las luminarias

vendiendo los sueños

con los churumbeles

cargados al cuello

remando en el cierzo

y en la oscuridad

 

En la esquina los charcos

reflejan su sombra,

y en el puente de piedra

los carros se aguantan

sin machos en su bambolear.

 

Las gaviotas del alba

en su vuelo

extienden las alas

sobre el deambular

 

Los bohemios

en lunas de invierno

escarchas del alba

solo beberán 

 

*La foto de Inocencio Ruiz Lasala la he tomado de aquí...