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Antón Castro

Escritores

ELOY Y SU PENÚLTIMA CLASE

ELOY Y SU PENÚLTIMA CLASE

 

ELOY FERNÁNDEZ CLEMENTE: ADIÓS A LAS AULAS

Eloy Fernández Clemente impartió hoy su última clase en la Facultad de Económicas como profesor de Historia Económica. Habló, para los alumnos de segundo, de la Revolución Rusa, entre otros asuntos, y abordó la trayectoria de Lenin, Stalin, la llegada de Kruschev y de Gorbachov (“más amado y admirado en el extranjero que en su país”), habló del Pacto del Varsovia, etc., y entonó una canto a la Universidad. Dijo que los dos grandes polos de su vida habían sido su familia (Marisa Santiago, su esposa, apareció por allí y se fundió en un abrazo con Juana de Grandes Labordeta, que poco antes la había definido “como la hermana que no he tenido en casa”) y la Universidad. Dijo que la Universidad “te arropa, te ayuda, te acompaña, te deja trabajar y no trabajar. Jamás me he disgustado ni he tenido un problema con nadie, y aquí se trabaja mucho más de lo que se piensa. Muchos sábados y domingos vienes a la Universidad y hay muchas luces encendidas: la gente está trabajando, investigando”. Puesto a analizar la actualidad, dijo que la historia son eslabones, que las cosas cambian, reconoció que de joven fue un “optimista histórico y que ahora soy un poco más pesimista; la historia son idas y vueltas, y es cierto que vivimos un momento especialmente difícil. Ahora se exige más que nunca que ’alguien haga algo’. No puede ser que no se rectifique, que no se hagan cosas”. Elogió a los alumnos y salió a abrazar a compañeros -José María Campo, Luis Germán, Luis Antonio Sáez, Yolanda Polo, Luis Alegre, Maribel Ayuda, Jaime Sanau, Domingo Gallego, María Teresa Aparicio, Antonio Aznar y muchos, muchos más- y amigos -Juana de Grandes, que siempre lo ha querido mucho, Pepe Melero...- que le habían sorprendido en la segunda hora de su clase. Era la sorpresa no anunciada. Eloy Fernández contuvo la emoción y agarró el micrófono con emoción, con fluidez y con pasión. Era la despedida, 40 años después, de un ciudadano ejemplar y de un profesor que se ha entregado con nobleza a su oficio. Eloy Fernández Clemente, nacido en Andorra, Teruel, 1942, ultima el segundo volumen de sus memorias. Esta foto es de Dulce Saura, alumna de Eloy hace ya algunos años.

XUAN BELLO Y SUS NIEVES, EN XORDICA

XUAN BELLO: MEMORIA DE LA NIEVE Y DE SU ESCRITURA

Xuan Bello deslumbró a esta parte del mundo con un libro muy especial como ‘Historia universal de Paniceiros’, uno de esos libros frondosos e híbridos donde todo es posible: se escuchan el lamento de los pinos, la agitación de las mareas, el secreto de los bosques, las fábulas de crímenes, el eco de los fantasmas. Discurría en un espacio un tanto inconcreto que era la región íntima del escritor, con sus autores y sus libros, y quizá una imagen simbólica de Asturias. Xuan Bello no ha dejado ni deja escribir: escribe por necesidad, porque observa la realidad, porque contempla el otoño y la nieve que llega (“nieva en mi memoria”, dice), porque viaja de aquí para allá o porque se siente, simplemente, un hombre de aldea. Habla de la aldea, de sus moras, de sus pájaros, de los escondites del tiempo perdido que fecunda la memoria. Xordica, en traducción de José Luis Piquero, excelente poeta por otra parte, publica ‘La nieve y otros complementos circunstanciales’ (Zaragoza, 2012. 190 páginas), que es un libro donde cabe todo: el escritor habla de sí, esencialmente. Habla de lo que vive, y eso quiere decir que igual cuenta la mudanza de las estaciones que evoca a una amiga que muere, en un día de lluvia; habla de las cartas de que recibe, de los poemas que lee, ya sean de Rilke, de Yeats o Jon Kortázar, o de los cuentos de Borges o Dino Buzzati; habla de los caminos, reales e imaginarios, que le llevan y le traen; de ahí que padezca “ansia vital del viaje”. Y nos conmina a soñar: “Soñar es la única libertad que lleva una vida (todas  lo son) más bien esclava”. Un libro cálido y placentero que destila talento, lentitud y melancolía.

 

 

 

Foto de Henri Senders.

 

 

 

ISABEL NÚÑEZ, POR ISABEL VERDÚ

[Hace pocas semanas, en el suplemento ‘Artes & Letras’ de Heraldo de Aragón, Isabel Verdú, una zaragozana que reside en Barcelona, que es profesora y enamorada de los cuentos (es estudiosa de Enrique Vila-Matas, entre otros) publicaba esta reseña sobre su último libro: ‘Postales de Barcelona’. Se lo pido, de nuevo, a Isabel y lo publico aquí como otro homenaje a esta mujer que caló en nuestros corazones. Muy sinceramente. Isabel Núñez, Bel, vio este texto y estaba muy feliz. Ojalá encuentre literatura y las palabras necesarias en su nuevo cielo.]

Tomo la foto de aquí:

https://luisveagarcia.blogia.com/upload/20121117121836-inunez.jpg

 

 

ISABEL NÚÑEZ: LA BELLEZA FUGITIVA E INTEMPORAL

 

Por Isabel Verdú. Profesora y crítico literario

 

 La escritura de Isabel Núñez (Figueres, 1957), como ya vimos en  ‘Crucigrama’ (2006) o en ‘La plaza del azufaifo (2008) acostumbra a ser reflexiva, poliédrica, centrada en la observación cotidiana y tamizada por el filtro de una sensibilidad particular. En Mis postales de Barcelona, esta capacidad de mirar se hace más envolvente aún, y ofrece al lector un recorrido sentimental por Barcelona, seleccionando parajes cuya belleza resiste al paso del tiempo y que reflejan la historia personal o colectiva.

La Barcelona de Isabel Núñez está construida sobre la nostalgia por un mundo vivido que está a punto de desaparecer en el torbellino de la contemporaneidad. Núñez opera aquí como una intelectual melancólica, o más bien, como una esteta melancólica, pues se lamenta por el imperio de lo funcional, lo chabacano, que ha asolado la ciudad y aniquilado una gran parte de su encanto, en comparación con Francia, donde “se restaura más y se construye menos”. A través de los relatos sobre el antiguo Zeleste, la Vía Laietana o las Ramblas, reconstruimos una Barcelona que en los años setenta se desplegaba desde el silencio, en los ochenta vivió su eclosión y a partir de las Olimpiadas fue transformándose en una entidad cada vez más adaptada al turismo y alejada de su autenticidad. La nostalgia entonces no procede solo de los cambios que se están operando en la ciudad y de la destrucción de locales emblemáticos como el Zurich o parques y plazas otrora más plácidas. También emana del recuerdo de “lo que fui, de lo que soñaba”: una Barcelona en continuidad con la senda republicana; una Barcelona humanista y europea; una Barcelona abortada, que ya nunca será. A caballo entre el ensayo sobre urbanismo, el dietario literario, el relato autobiográfico, la memoria histórica, el poema en prosa, Mis postales de Barcelona traza un mapa sentimental fascinante a través de dos ejes básicos: el casco antiguo (con puntos de anclaje inolvidables como el Café de la Ópera, las Ramblas o Zurich) y la zona alta donde ha vivido gran parte de su vida (Putxet, Sant Gervasi, Bona Nova). Ello sin olvidar lugares emblemáticos de la Barcelona franquista, como la Modelo o la comisaría de la Vía Laietana, o parajes barceloneses inexcusables tales como el Parc de la Ciutadella o la Estación de Francia, estación que le recuerda a Zweig y Viena.

La mirada de Núñez es la de la poeta, la flâneuse de su propia memoria. Así, la plaza Vila de Madrid, más allá de los rótulos del Decathlon, es transmisora de un instante mágico del pasado, expresado a la manera cortazariana: “como una gota gigante de lluvia cargada de un peso y una intensidad mágica, que tardase mucho en caer de una hoja o del alero de un tejado. O como el ámbar que atrapaba a  hormigas antediluvianas.”  Más allá de lo anecdótico, si algo cautiva en las postales de Núñez es la belleza que sabe apresar a través de la contemplación de sus rincones predilectos; pasando por encima de la fealdad, pone de relieve los árboles frondosos, las molduras de las fachadas antiguas, los rincones solitarios, los lugares propicios donde extasiarse o conversar pausadamente.  “La belleza cura”, sentencia al comparar el encanto del Hospital de Sant Pau respecto al siniestro Hospital Clínic. “La belleza es más poderosa que ninguna ideología” nos susurra, sobrevolando los paisajes de la represión franquista al tiempo que los de la superficialidad contemporánea.

Isabel Núñez invita a recorrer la ciudad, a admirar la belleza, los árboles (los abedules del Turó Parc, los tilos de la Rambla Catalunya), la quietud, y resistir los embates de la fealdad y del circo utilitarista en el que se ha convertido la ciudad. “La modernidad es lo transitorio, lo fugitivo, lo contingente, la mitad del arte, del cual la otra mitad es lo eterno e inmutable”, que decía Baudelaire. Mientras leemos Mis postales de Barcelona, un “forcejeo” agridulce de la autora con su ciudad, sentimos el placer de la belleza fugitiva e intemporal, un instante antes de desaparecer.

 

ISABEL NÚÑEZ Y SU ESPERANZA

ISABEL NÚÑEZ Y SU ESPERANZA

El pasado 21 de octubre, hace ahora casi un mes, Isabel Núñez (1957-2012) dejaba en su espléndido blog esta nota, que tiene mucho de canto de esperanza, antes de su operación, y quizá también de despedida, de recuento, de penúltimo inventario antes del adiós. Moría ayer y deja un recuerdo entrañable como ser humano, como escritora, como traductora, como enamorada e insurrecta de la literatura.

 

http://isabelnunez-zbelnu.blogspot.com.es/

 

ALEA JACTA EST

 

Por Isabel NÚÑEZ

 

Ya hay una fecha y es inminente. Sólo quedan los últimos preparativos y concentrarse para que todo sea favorable y nada detenga lo que tiene que ocurrir. No sabré nada hasta que no despierte de ese quirófano desconocido donde todo se verá. Poco a poco, he ido reconciliándome con la idea de entregarme, de confiar. No ha sido fácil. A veces, todo duele y el dolor me devuelve a la tristeza de mi condición, de lo que me ha ocurrido, de lo que ocurre y de lo que me queda por recorrer. Mi amiga Anne, que me ve como a un personaje de Arthur Rackham, me dice que tengo que acabar de atravesar un bosque intrincado y espinoso y que pronto llegará le jour clair. Muchos amigos me aseguran que están convencidos de que todo irá bien, de que sus intuiciones son certeras. Y yo, ¿qué creo yo? Yo lo creo todo y no creo nada. Tengo pensamientos de muerte y he hecho mis pequeños preparativos en ese sentido, me angustia ser un cuerpo inmovilizado, conectado a tubos, sin capacidad para hacer nada salvo respirar y sentir, sufrir. Y al mismo tiempo no puedo evitar tener todas las esperanzas, incluso creer en lo improbable como JN, creer que todo será inexplicablemente mejor de lo esperado. Nadie sabe.

Dudaba si llevarme el ordenador, y al fin alguien me convenció para que sí lo hiciera. Quién sabe cuándo podré y tendré fuerzas para incorporarme. Aún no he decidido qué libros vendrán conmigo, aparte de Julien Green. 

Rufus se quedará al cuidado de V. y de Tigridia. Él ya lo sabe: a su manera misteriosa, los gatos lo saben todo, o casi todo. Ya fui a ver por última vez al hombre que escucha, esta vez con un sueño que no supe descifrar. Tenía que hacerme, antes de la operación, unas fotos con una escalera de mano abierta y un cubo de pintura, pero en vez de cámara o teléfono, utilizaba una barra de labios negra con un dispositivo que también hacía fotos. Y de pronto pensé: pero con esto no sé si puedo pasarlas al ordenador...
Estos días me han visitado amigos, como siempre, que además se han hecho cargo de trabajos domésticos que para mí son difíciles ahora (antes me avergonzaba de que lo hicieran, ahora sólo siento gratitud, que es una fuente de felicidad). J. lo hace siempre, la otra Bel vino hoy, V. vino a buscar llaves e instrucciones para acompañar a Rufus. Giuseppe no pudo venir, estaba seleccionando cuentos clásicos y contemporáneos para unos editores de libros de texto que no han leído el prólogo maravilloso de Nathaniel Hawthorne. Buscaba un cuento y yo me agaché en mi polvorienta estantería de cuentos clásicos infantiles, pero no pude encontrarlo. Vinieron mis amigos semi-italianos con su manjar delicioso; quieren estar conmigo también el día D, aunque no puedan verme. Y es que esa mañana yo me había despertado mejor, tal vez gracias a una cena o tal vez gracias a unas respiraciones hara, y me sentí la hormiga atómica y empecé a hacer trabajos de Sísifo y acabé volviendo agotada al sofá. Cuando se fueron mis dos amigos, me subió la fiebre.
Hoy, J. me hablaba de su tristeza, de la que no se siente autorizado a hablarme porque intenta siempre alegrarme y parecer contento, de todo lo que tiene que digerir sin apenas darse el derecho a quejarse. Y yo, aunque estaba en esa nube melancólica y dolorida de esta mañana, me he alegrado de que lo dijera porque lo sé desde siempre y otras veces se lo he dicho y creo que es mejor que a veces pueda verbalizarlo también conmigo. Aunque yo apenas pueda hacer otra cosa que escucharle en silencio.
Pero ¿no son los silencios a veces la escucha que yo misma quisiera? Sólo eso, ser escuchada y sentir cómo me vuelven esas palabras, reflexivamente... Esa pequeñez podía ofrecerle yo... y la lluvia.

Escribo. Cuando puedo, cuando tengo fuerzas y estoy sola, escribo. Escribo como Rufus duerme. Escribo ese libro extraño y desestructurado, ahora ya con su working title, lo cual es un alivio para mí: poner nombre a las cosas. Fotografío el cielo, como un arma contra la tristeza, que a veces se adhiere al cuerpo como una costra, como esta mañana, por el dolor, que me devuelve a la dureza de estos tiempos míos. Las nubes forman a veces masas luminosas, extrañas floraciones, tonalidades insospechadas. Hace noches que no veo las estrellas: pacificada y en plena aceptación de lo que vendrá, duermo algo mejor. Me despierto pero no voy a la sala. La primera noche, Rufus, extrañado, saltó sobre mi cama a las cuatro. Ahora ya lo sabe; ha habido un cambio y ya no me espera. 

A veces me siento casi feliz, olvido que no puedo vivir, olvido que no tengo cuerpo, que habito en una jaula dolorosa y puedo soñar, respirar aunque sea con esta respiración mezquina de ahora. Me siguen ocurriendo cosas pequeñas maravillosas, aunque yo no pueda entender la paradoja de todo esto, ni la extraña duplicidad de sensaciones que engendran. Qué importa. Si me curase, si recobrase un cuerpo de mujer, aunque sea con esas nuevas cicatrices, si pudiera, como dijo mi amigo Giuseppe: "Antes de Navidad, bailarás sobre las rocas". Y yo pensé en un paseo maravilloso que dimos por un camino de ronda, Caterina, él y yo, un día en que el viento había barrido el cielo, poco antes de mi desastrosa intervención. "Oh sí", le dije yo, "volveremos a aquel camino y yo bailaré sobre las rocas..." Hay tantas cosas que quisiera hacer para celebrar mi curación, si lo consigo, tantos lugares y tantos amigos con los que reírme y bailar... Sobre todo G., que necesita como yo esa celebración, la merece después de lo vivido, después de que, en abril, un cirujano de espíritu carnicero le abordase en un pasillo de hospital para decirle que su madre no viviría de ninguna manera, era imposible, en un impulso sádico incontenible, que luego se enseñoreó también conmigo y según él, yo debería haber desaparecido del planeta el pasado julio. Hay gente que afirma así su pequeño poder, sus venganzas contra la traición de Electra, quién sabe qué... Ah, Christiane Olivier sabría...

Como decía, anoche me subió la fiebre, por razones que descubrí más tarde. Mi delgadez es tan extrema que el termómetro de mercurio no se me sujetaba bajo el brazo y al fin tuve que recostarme y quedarme quieta para que no se me cayera y rompiera. Pobre calaverita, me digo a veces, cuando sorprendo mi cara demacrada y espectral en el espejo. Aunque mis amigos siguen viéndome esa luz que yo no veo. ¿Pero qué vemos en los otros? ¿Acaso no vemos también el ser del pasado, el que fue en otro tiempo? Si no, ¿cómo podría existir a veces el deseo? También seguimos pensando en nosotros como los que fuimos, sin edad, sin darnos del todo cuenta del tiempo transcurrido. Salvo cuando ocurren mutaciones como la mía, tan salvajes que cada mañana es una sorpresa reconocerme aún en esta guisa. Nada de esto importaría si de verdad yo pudiera, antes de Navidad, bailar sobre las rocas...

Ha empezado a llover con furia, después de tronar y relampaguear y Rufus, que a veces adopta la personalidad de mi padre, teme a las tormentas, aunque le encanta mojarse un poco cuando hay llovizna.
Mi amiga americana me manda estos días una colección de postales en blanco y negro de Nueva York: Walker Evans, Berenice Abbot, Andreas Feininger, Rudy Burkhardt, Arnold Eagle, Leo Brooks..., todos los buenos fotógrafos que fotografiaron la Gran Manzana. Por el reverso, con su letra preciosa y su trazo ágil, un león protector con un dibujo que va cambiando... 

 

ANTONIO G. ITURBE: DIÁLOGO SOBRE 'LA BIBLIOTECARIA DE AUSCHWITZ'

ANTONIO G. ITURBE: DIÁLOGO SOBRE 'LA BIBLIOTECARIA DE AUSCHWITZ'

Antonio G. Iturbe, director de la revista ‘Qué Leer’, también es un narrador de aliento poderoso. Si en otros libros, su literatura parecía más oscura e irónica, con ‘La bibliotecaria de Auschwitz’ (Planeta) da un salto: cuenta una historia sustancialmente real: la narración de Dita, su biblioteca de ocho volúmenes, el barracón 31 donde se daban lecciones de vida contra la muerte... Toni Iturbe responde aquí a unas cuantas preguntas sobre el libro. Y ya de paso, sobre su propia vida: nació en Casetas, Zaragoza, en 1967.

 

 

-¿Qué le debe ‘La bibliotecaria de Auschwitz’ (Planeta, 2012) a Alberto Manguel?

Mucho. La lectura en su libro “La biblioteca de noche” fue la que me mostró que había existido esa pequeña biblioteca clandestina de ocho volúmenes en un recóndito barracón del campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau, en un subcampo llamado coloquialmente Campo Familiar. Una muchacha de 13 años llamada Dita era la encargada de manejar los libros y ejercer de bibliotecaria. Fue el hilo del que tiré para dar con el ovillo. Manguel es uno de los grandes sabios internacionales sobre la historia de la lectura.

 

-¿Por qué te obsesionó tanto el relato de esta biblioteca? ¿Cómo fue la pesquisa? ¿Qué viajes hiciste?

 Es que para mí los libros son  muy importantes. Yo estoy muy agradecido a los libros. Nada hubiera sido igual sin ellos, mi vida habría sido mucho más vulgar. Yo inicio la pesquisa estirando del hilo de la documentación. Manguel cita en su bibliografía el libro donde él ha leído sobre la pequeña biblioteca y voy a por él. Y luego sigo buscando. En Internet no encuentro mucho. Pido a la fundación Yad Vashem del Holocausto en Israel algún libro que me interesa. Y, finalmente, decido viajar a Auschwitz, en Polonia, a ver qué encuentro. Lo cierto es que encontré poca documentación, del Campo Familiar BIIb sólo queda la entrada vallada y dentro una inmensa nada de malas hierbas. Un silencio y un frío que se te mete en los huesos.

-¿Cómo llegas a Dita Adlerova?

Supe de la existencia de una novela llamada ‘The Painted Wall’ escrita por Ota Kraus, ambientada en el Campo Familar. Finalmente, encontré en internet una página web en la que se podía adquirir la novela. Pero no podías pagar con tarjeta VISA sino que debías escribir para solicitarla. Al hacerlo, la persona que me respondió firmaba como Dita Kraus. Le pregunté si no sería ella la Dita que manejaba los libros en barracón 31 del Campo Familiar. Y era ella, con 79 años. Dita Adlerova es su trasunto libresco, la proyección literaria que hago de ella basándome en su vida.

 

-Se la compara a menudo con Ana Frank. ¿Estás de acuerdo?

Lo entiendo como una comparación simbólica. Ambas nacieron el mismo año, pertenecían a familias judías cultas (una en Holanda y otra en Praga) y vieron quebrarse su infancia en el mismo momento, antes de la adolescencia. Ambas llegaron al campo de Berger Belsen con la misma edad, 15 años. Por desgracia, Ana Frank no superó Berger Belsen. Gente muy seria afirma que Sana Frank podría haber llegado a ser una gran escritora. Dita fue siempre, y aún día lo es, una gran lectora.

 

-Una vez que conoces los datos, los personajes, ¿cómo te planteas la novela? ¿Qué tipo de la narración querías hacer?

 Al principio quería hacer un libro de no ficción. Estuve documentándome mucho, escribí cientos de folios, pero no me salía. Yo no soy historiador, la aportación que hacía era casi nula, repetía lo que otros ya habían dicho. Para contar la historia de la biblioteca tiré todos esos folios cargados de datos, tratados internacionales y contexto histórico y empecé a plantearme que debía contar una historia. Porque ocho libros desvencijados en un barracón no eran un material de peso desde el punto de vista de la historia oficial de la Segunda Guerra Mundial, pero en cambio eran una metáfora extraordinaria para hablar de la importancia de la lectura y la enseñanza y rescatar del olvido a la gente del barracón 31, que arriesgó su vida no para fugarse ni para realizar una acción heroica que les valiera una medalla, sino para levantar una escuela que arropara a un montón de niños caídos en el pozo más negro que han conocido los tiempos.

-Uno de los temas que plantea la novela es el de los niños en la guerra, el de los niños y el horror. ¿Qué hacían los niños en Auschwitz-Birkenau, donde hubo tantos españoles, que fue uno de los campos de exterminio más terrible?

 Los niños allí eran una rareza. No eran útiles como mano de obra esclava y, por tanto, se los asesinaba. Había niños en el Campo gitano, donde el doctor Mengele ponía en práctica muchos de sus macabros experimentos. Pero raramente niños judíos. El Campo Familiar fue una excepción que los nazis pusieron en marcha por razones interesadas.  

-¿Cómo era el campo de Terezin, qué diferencias había con el de Auschwitz?

 Terezín era un gueto, no era un campo de exterminio. En Terezín no había asesinatos masivos y las condiciones de vida eran menos extremas. Debían trabajar en los talleres o huertos de manera forzosa, la dieta alimenticia era escasa y debían dormir en camaretas apretadas de escasa salubridad. Pero el ambiente era menos opresivo, existía un Consejo Judío que organizaba la vida en Terezín, eso sí, controlado muy de cerca por la comandancia de la SS. Auschwitz era un campo de campos. Y Auschwitz II–Birkenau era directamente una fábrica de la muerte: su función básica era el exterminio.

-¿Cuáles eran las prohibiciones explícitas que había sobre la existencia de libros en el campo?

 En Auschwitz todo estaba prohibido. Desde el momento en que llegaban los internos al andén del tren, se los despojaba de todo: de su valija, de su ropa, hasta de su pelo. Sus únicas pertenencias eran una cuchara y un plato de metal. Aún así, funcionaba un mercado negro en el que se podía comprar algunas cosas: se podía cambiar un mendrugo de pan por unos cigarrillos, se podía cambiar sexo por un mendrugo de pan… En el barracón 31 lograron conseguir de manera clandestina hasta 8 libros.

-¿Qué pasaba en el barracón 31?

 El B31 fue designado por los nazis como barracón para los niños del Campo Familiar para que no molestasen durante la jornada mientras sus padres trabajaban en los talleres. Nombraron director o kapo del barracón a un interno, judío alemán, llamado Fredy Hirsch. Los niños debían permanecer allí durante la jornada entretenidos, pero le prohibieron que se hablara de religión o de política, prohibieron que se practicara cualquier tipo de enseñanza. La grandeza de Hirsch es que no les hizo caso y organizó de manera clandestina una escuela.

-¿Por qué esos ocho libros, entre ellos Hasek y Dumas y no otros?

 Los 8 libros llegaron de manera azarosa. Llegaron a través de los internos que movían mercancía de estraperlo, generalmente polcaos designados por los nazis para tareas de mantenimiento, reparaciones de barracones, carpinteros… No eligieron esos, fue lo que pudieron conseguir. De los 8 libros pude averiguar los títulos de 5 de ellos. La propia Dita Kraus no recuerda con exactitud los títulos, ella tenía 13 años y han pasado 70 años. De esos 3 títulos que me bailaban, de uno no supe nada. De los otros dos, parece ser que se trataba de un libro en checo y otro en francés. Ahí la potestad del narrador y el milagro de la literatura de recrear las historias: quise imaginar que el libro checo pudo haber sido ‘Las aventuras del bravo soldado Svejk’ y el libro en francés ‘El Conde de Montecristo’, que tenían una significación simbólica muy especial.

-Hay un momento en que se dice: “los libros eran un tesoro, su fragilidad los hacía más valiosos”. ¿Has querido hacer, a través de la ficción, una defensa del libro?

 Absolutamente. Ahora los soportes son variopintos, pero durante siglos, los libros han sido los almacenes de la sabiduría, los baúles de la imaginación. Y hoy, más que nunca, en el soporte que sea, necesitamos seguir contándonos historias, seguir reflexionando y seguir tratando de entender qué demonios hacemos en el mundo.

-En la novela hay muchas cosas turbadoras y terribles. Por ejemplo: la intolerancia con la homosexualidad. ¿Qué pasaba entonces con este asunto?

 Pues pasaba lo que pasa ahora, multiplicado por cinco. Ser diferente siempre ha tenido un coste muy alto. Los nazis no sólo llevaron a los campos de exterminio a judíos y gitanos, también a homosexuales.

-Una de las cosas más inquietantes del libro es la presencia de Joseph Mengele. Siempre se cuentan terribles cosas de él, se cruza con Dita y sus compañeros... ¿Qué hacía allí en realidad, cuáles eran sus intenciones? ¿Es la encarnación del mal absoluto?

Mengele no era el director médico de Auschwitz, era capitán médico de la SS, pero mandaba tanto como si lo fuera. Todos lo temían, incluidos los propios SS.  Su intención era tratar de averiguar maneras de extender la raza aria de la manera más “eficaz” posible y cómo frenar la judía. De ahí que se dedicara a experimentar diferentes modos de esterilización, a cuál más macabro, con mujeres judías. Y que fuera buscando de manera ansiosa parejas de gemelos para experimentar con ellos y ver si podía lograr entender cómo generar partos múltiples: de esa manera las mujeres arias empezaría a dar a luz gemelos, trillizos o cuatrillizos y de ese modo la expansión de la raza aria multiplicaría su velocidad de manera geométrica. Yo creo que es la encarnación más nítida del mal porque es una maldad que no surge de la ignorancia, el fanatismo inconsciente o el arrebato sino que viene de una persona formada, inteligente y culta.

¿Cómo defines a Dita, cómo explicas su evolución, su fuerza?

Dita ve con 9 años cómo los nazis entran en Praga y su infancia cambia. Ella ha de aprender a vivir con las prohibiciones, la bota de los invasores pisoteándolo todo y ha de aprender a ir siempre hacia adelante. Hay personas que tienen una fuerza natural arrolladora, que son como un río, imparables. Dita es una de esas personas. A sus 83 años sigue llena de planes para el futuro.

En el libro hay muchos personajes. Quizá en la extensa primera mitad del libro sea Fredy Hirsch. ¿Cómo lo definirías: era un hombre atormentado con un sueño, quién era en realidad?

 No hay demasiada documentación sobre él, prácticamente ninguna en español. Precisamente por eso he querido rendirle un homenaje, rescatarlo del olvido. Él es un luchador. Su sueño es el de ver a los judíos libres y orgullosos en su tierra prometida de Sión.  Es un hombre orgulloso, un gran instructor de deportes, un líder al que los jóvenes veneran, un atleta, un hombre de una elegancia innata que hace que incluso en medio del fango físico y moral de Auschwitz siempre tenga un porte impecable. Pero sí, Hirsch tenía también un secreto, un talón de Aquiles. Pero eso lo hacía todavía más grande. HIrsch tenía sobre la cabeza más guillotinas pendiendo que sobre cualquiera en Auschwitz, y aun así desobedeció las órdenes de la comandancia nazi y nunca dio un paso atrás.

Se habla mucho de la Resistencia, de los contactos con el exterior. ¿Cuáles eran en realidad?

La Resistencia en Auschwitz podía hacer bien poca cosa. Es cierto que se enteraban mejor de los engranajes de la comandancia del campo, pero poco o nada podían hacer para evitar cualquiera de sus desmanes. En Auschwitz-Birkenau hubo un solo levantamiento, protagonizado por los miembros del Sonderkommando, los internos obligados a trabajar como asistentes de los nazis en las cámaras de gas y crematorios. Fue un conato rápidamente aplastado por los SS de manera sangrienta.

Aún a riesgo de parecer frívolo, ¿cuál es la importancia de la amistad y del amor en el libro? Hay un momento en que alguien dice: “...todo lo fiable que puede ser una persona en Auschwitz”.

 Ahí quería subrayar que una cosa es homenajear a la gente que mostró un valor y una generosidad extraordinarios. Otra cosa es caer en la ingenuidad de crear que cualquier víctima se convierte en un ser admirable. Hubo judíos en Auschwitz que pervirtieron a compañeros para obtener beneficios, que delataron, que robaron el mendrugo de pan a otros internos más débiles aunque eso les supusiera la enfermedad y la muerte. Por eso la amistad, cuando era verdadera, era algo extraordinario: que alguien no mirase de manera egoísta por su propia supervivencia era algo digno de admiración en semejante entorno opresivo. Y el amor, pues ya para nota. Pero hubo amor. Incluso en la mayor de las ruinas, si uno se fija con detenimiento cómo en las grietas crecen algunas flores hermosas.

¿Cómo convive un narrador meses y meses con ese clima de máxima hostilidad, de violencia gratuita, de pánico constante?

 Un narrador es también prisionero de su propia historia. Dejarla a medias sería una derrota, una cobardía, un fracaso. Así que una vez pasada cierta marca, hay que llegar hasta el final. Ya no puedes volverte atrás. Y si hay que convicir con todo eso hasta terminar, pues se convive. Yo sentía que tenía un compromiso moral con Dita Kraus, Fredy Hirsch, Ota Kraus… no contar esa historia hubiera sido una traición.

Se dice: “Los libros lo saben todo”. ¿Cuál es la lección de la novela, cuál sería la lección de Auschwitz tantos años después?

Lección es una palabra muy gorda, un palabro. No me atrevo a tanto. Yo sólo he querido mostrar que los libros, como motores de la imaginación y el conocimiento son muy importantes porque incluso en las situaciones más extremas en las que parece que hay que dejarse de mandangas y tratar de sobrevivir, si sólo estamos pendientes del mendrugo de pan, nos hundimos. Podemos llegar a sobrevivir físicamente, pero como personas desaparecemos y, entonces, los verdugos han ganado. Si dejamos de pensar, si dejamos de soñar… los tiranos han vencido. Hoy, más que nunca, la cultura es un bastión de resistencia contra esos poderosos banqueros y plutócratas rastreros que quieren convertir una sociedad en un rebaño.

-Otro tema: ¿has tenido alguna novela en la cabeza, escritores concretos, las memorias de Primo Levi, de Imre Kertész, de Semprún?

 Leer a Primo Levi es un impacto moral tremendo. He leído mucho estos años sobre el Holocausto, pero quizá de todo lo que he leído, el libro que más me ha hecho entender lo que fue el desmoronamiento de la normalidad fue leer ‘El Diario de Ana Frank’.

 

Otro asunto: ¿qué hace un señor de Casetas en Barcelona?

Yo nací en Casetas, porque además entonces se nacía en casa. Mi padre tuvo que ir a buscar trabajo en la hostelería a Mallorca y se fue hasta Barcelona para coger el barco. Pero en la espera, encontró un empleo en Barcelona y allí que nos fuimos. Así que con seis meses, viajé hasta Barcelona y allí crecí en el barrio del puerto, la Barceloneta. Mis retornos a Zaragoza han sido intermitentes, mucho más frecuentes cuando era pequeño y mucho más distanciados con el paso de los años. Lo que sí tengo de Aragón es una herencia cultural muy rica a través de mis padres, y de mi abuelo que ya no está: los refranes, las expresiones, las comidas, las celebraciones… el día de Santa Águeda se comen farinetas y para Nochebuena, cardos. Y ahora que se acerca Navidad, no falta el guirlache, claro. Que antes costaba encontrar en Cataluña porque no se estila. No saben lo que se pierden. Igual que pasa con las borrajas, que son difíciles de encontrar en Barcelona, pero mi madre siempre acaba encontrando de vez en cuando. En fin, la casa de mis padres es una especie de sucursal de Casetas (y Utebo) en Barcelona.

 

*He tomado las fotos de internet, en diversos dominios.

 

'CARIÑENA': ECOS DE UNA BELLA NOCHE

'CARIÑENA': ECOS DE UNA BELLA NOCHE

UNA NOCHE INOLVIDABLE EN CARIÑENA Y UN REGALO

Ayer, a las 20 horas, Pepe Melero hizo una presentación preciosa de ‘Cariñena’ (Ediciones 94), como también el joven alcalde Sergio, que tiene alma de showman. Una de las cosas más bellas, tras visitar la Casa del Gaitero y el Museo de Marín Bosqued en Aguarón, y ya en el Museo del Vino de Cariñena, fue la presencia de María Antonia Andrés Gasca: había leído la novela ‘Cariñena’ con lápiz, papel, hizo un sinfín de notas y ha redactado un artículo muy bonito y entrañable, y no favorable en todo, ni falta que hace, pero muy afectuoso y lúcido, donde analiza el peso de la cultura en el libro, los personajes, los espacios, la ambiente, y recuerda muchos detalles. Sin duda, un generoso e inesperado esfuerzo de una buena lectora y escritora. Todo el mundo fue muy amable y acogedor. Una noche inolvidable con más un centenar de personas en la sale, entre ellos los alcaldes de Paniza y Longares.

 

*La foto es de Rodney Smith.

ADIÓS A LA ESCRITORA ISABEL NÚÑEZ

ADIÓS A LA ESCRITORA ISABEL NÚÑEZ

Me entero por varios amigos de que acaba de fallecer la escritora, articulista y traductora Isabel Núñez. La conocí en Zaragoza, cuando vino a Antígona a presentar su libro ‘Si un árbol cae. Conversaciones en torno a la guerra de los Balcanes’  (Alba, 2009), que le presentó Félix Romeo. Estuvo en ‘Borradores’, y nos hemos escrito bastante, la última vez hace un mes o así. En mi blog hay un cuento suyo de ‘Algunos hombres... y otras mujeres’ (Menoscuarto): ‘Signos’ Su último libro había sido ‘Postales de Barcelona’, que reseñó Isabel Verdú en ‘Artes & Letras’ de Heraldo. Un abrazo a sus amigos y a su familia. Y todo mi afecto y mi mejor recuerdo para Isabel. Una trabajadora, una mujer de letras, un criatura sensible y apasionada que peleó y peleó ferozmente contra el cáncer.

 

http://antoncastro.blogia.com/2009/112204--signos-un-cuento-de-isabel-nunez.php

HOY, 'CARIÑENA', EN CARIÑENA

"CARIÑENA" DE ANTÓN CASTRO SE PRESENTA

ESTE VIERNES, A LAS 20,00 HORAS,

EN LA CIUDAD QUE INSPIRÓ LA NOVELA

 

En la foto de Heraldo, José Luis Mainar, Antón Castro y Pepe Melero.

 

La cita tendrá lugar en el salón de actos de la Denominación de Origen Protegida y el escritor y bibliófilo José Luis Melero será el encargado de presentar el libro

 

El relato autobiográfico es la segunda novela de la colección de narrativa  de “El vino de las Piedras” editada por el Consejo Regulador

 

Antón Castro, escritor y periodista,  presenta este viernes 16 de noviembre, a las 20,00 horas, en el Salón de Actos del Consejo Regulador de la D.O.P su última novela “Cariñena”. Se trata del segundo relato que forma parte de la colección de narrativa contemporánea de “El Vino de las Piedras”, editada por la Denominación de Origen Protegida Cariñena.  Esta iniciativa comenzó el año pasado con el primer número “Dulces piedras escondidas” de los escritores María Pilar Clau y Mariano Gistaín.  El escritor y bibliófilo José Luis Melero será el encargado de presentar este acto.

 

El pasado 27 de septiembre Antón Castro presentó su nueva novela en el Paraninfo de Zaragoza y ahora ha llegado el momento de hacerlo en la localidad que da nombre a su relato, ante todos los cariñenenses.

 

“Cariñena”, es una obra autobiográfica que a través de 120 páginas y 21 capítulos consigue ahondar en la importancia de la cultura, la amistad, el vino y especialmente la poesía. Antón Castro relata en la novela la experiencia vital de un joven de 19 años, objetor de conciencia y víctima de la incertidumbre, que escapa de su Galicia natal y se va a la vendimia de Cariñena diez días de octubre de 1978. Una vez allí conoce el mundo del vino, los detalles de la historia de Cariñena, de la comarca y duerme en las grutas-bodegas del lugar mientras espera que le den su primer empleo. No sabe nada del arte de vendimiar aunque lleve farcino.

 

El joven, un tanto perplejo y sin saber muy bien donde caerse muerto, tiene un escaso bagaje de experiencias: es lector de poesía, aficionado a la música y al cine de autor. Allí conocerá a un estudiante de Historia y a dos chicas que le hacen soñar con el amor y, quizá, con el sexo.

 

 La novela, de ritmo ágil, está plagada de personajes; entre ellos el viticultor Mainar, enamorado y casado de Palmira: él encarna el conocimiento de la tierra y de los viñedos. Y ejercerá una influencia decisiva en el joven. Otro elemento inesperado es el cierzo: será desencadenante de la acción. A lo largo de toda la obra se refleja la situación social, cultural y política de la España de 1978 y poco a poco se ve como el protagonista va creciendo, encontrando amigos y enamorándose de las viñas, la vid y las tierras cariñenenses.

 

“El libro es una narración lineal, claramente generacional. Habla de la espera, la esperanza y las ilusiones de la Democracia.  Se trata de una novela de amor al paisaje, al territorio, a los celajes imponentes; es un libro de amor a Cariñena y a Zaragoza. Un libro fluido, cuyo interés no decae: está construido con capítulos cortos. El lector se zambulle en un mundo inocente y vertiginoso donde hay muchas cosas, asoma el amor y la amistad”, asegura el autor.

 

  APUESTA POR LA CULTURA

 

La cultura es una apuesta importante para la Denominación de Origen Protegida Cariñena a través de  iniciativas como esta colección de narrativa, las becas de formación para la cultura del vino que otorga desde el año 2008 a todos los alumnos que superan los ciclos en Vitivinicultura y Elaboración de Vinos y Bebidas que se imparten en el instituto cariñenense Joaquín Costa, o la “Ayuda de Investigación en torno a la Cultura del Vino”, una iniciativa conjunta de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza y la D.O.P. Cariñena. Gracias a esta ayuda se han llevado a cabo varios trabajos de investigación que posteriormente han sido editados como publicaciones. Además, el Museo del Vino de la Denominación acoge de forma periódica exposiciones de pintura o fotografía.

 

CASTRO HA PUBLICADO MÁS DE 20 LIBROS

 

Antón Castro ha publicado más de una veintena libros de narrativa y poesía, de entrevistas, biografías, ensayos, de miscelánea. Uno de sus favoritos es “Aragoneses ilustres, ilustrados e iluminados” (Gobierno de Aragón, 1992). Es autor de siete libros de relatos: “Mitologías” (IFC, 1987), “Los pasajeros del estío” (Olifante, 1990) “El testamento de amor de Patricio Julve” (Destino, 1995, 2000), “Vida e morte das baleas” (Espiral Maior, 1997), “Los seres imposibles” (Destino 1998), “Golpes de mar” (Destino, 2006) y “Fotografías veladas” (Xordica, 2008). En 2011, quince años después de su publicación, reeditó en Xordica “El testamento de amor de Patricio Julve”. Y de una novela: “El álbum del solitario” (Destino, 1999).

 

En 2010 publicó el poemario “Vivir del aire” (Olifante); en 2011, aparecía su segundo poemario en verso y prosa, “El paseo en bicicleta” (Olifante), y este mismo año la antología “Versión Original” (Isla de Siltolá). También ha publicado biografías, libros de entrevistas y tres libros de literatura infantil y juvenil. Entre 2006 y 2012 dirigió y presentó el programa cultural  “Borradores”, en Aragón Televisión. De 2000 a 2006 coordinó siete ediciones de los “Encuentros Literarios de Albarracín”. Fue comisario de la exposición de los “75 años del Real Zaragoza”. Coordina actualmente el suplemento “Artes & Letras” de Heraldo de Aragón y colabora en “Por amor al arte” de Aragón Televisión.