Blogia
Antón Castro

Escritores

DOMINGO VILLAR EXPLICA LAS CLAVES DE 'EL ÚLTIMO BARCO'

Domingo Villar: “Explico mejor Galicia gracias a un aragonés”

 

Tras diez años de silencio, el escritor de novela negra vuelve con sus policías Caldas y el zaragozano Estévez en ‘El último barco’

 

 

Domingo Villar (Vigo, 1971) está más feliz que asustado ante la aparición de su tercera novela: ‘El último barco’ (Siruela, 2019. 707 páginas), que vuelve a transcurrir en las costas de Vigo, en Tirán, como sus dos primeras apariciones: ‘Ojos de agua’ y ‘La playa de ahogados’, que llevó al cine Gerardo Herrero en el papel de Leo Caldas, su detective y locutor radiofónico en ‘Patrulla en las ondas’, y Antonio Garrido, como Rafael Estévez, un policía zaragozano que intenta entender la sinuosidades de pensamiento y de mentalidad de los gallegos.

“Es muy estimulante saber que había tanta gente que te estaba esperando y la recepción que está teniendo el libro. Piense en el Real Zaragoza: ¿no es mejor que esté el campo lleno y que intente dar ahí, con todo a favor, lo mejor de sí mismo? Me sucede un poco igual”, dice el escritor.

Domingo Villar ha usado el símil de La Romareda con toda la intención del mundo. Sus vínculos con Aragón son inequívocos: está casado con la turolense Beatriz Lozano, Bea, con quien tiene tres hijos, y por eso Rafa Estévez “me viene muy bien. Me permite explicarle a un forastero cómo somos en Galicia, cómo sentimos y cómo lo celebramos todos con la comida: la alegría y la tristeza, aunque entonces ya no se cante. Explico mejor Galicia gracias a un aragonés que es más frontal y directo y a veces no nos entiende”.

Quizá, en la nueva novela, que presentaba en la librería Cálamo el 21 de marzo, Estévez esté algo más apagado en humor e ironía. “Yo no diría eso -tercia el escritor-. Suceden dos cosas: está un poco asustado porque va a ser padre con su novia y, además, le duele mucho la espalda, y en esas condiciones no es fácil ser gracioso o irónico. Pero yo creo que es un tipo especial, un grandullón compasivo e inteligente. De una gran humanidad. En el fondo, es como un protector de Leo Caldas que ahora necesita ser protegido”.

‘El último barco’ se ha dilatado en el tiempo. Diez años.  “Lo sé. Creo que en 2013 arrojé a la basura, literalmente, la novela. Tenía 400 páginas. Sufrí una doble crisis: por una parte, me parecía que le faltaba emoción, y no quería entregar algo que me conmoviese a mí en primer lugar, y se había muerto mi padre. Todo aquello me trastornó. Volví a empezar, me quedé con algunas páginas, apuntes y detalles, y creo que ahora he hecho el libro que quería”, explica el escritor gallego, que reside en Madrid. El padre del protagonista Leo Caldas, bodeguero, anda siempre por ahí, y el inspector siempre está preocupado por él.

Más que una novela policiaca o negra al uso, Domingo Villar dice que ha “escrito una novela costumbrista de personajes”. Añade: “Yo me reconozco en Manuel Vázquez Montalbán, que da una visión maravillosa de la Transición; en Andrea Camilleri, que cuenta la vida y los secretos de Sicilia. Galicia lo es todo para mí, aunque vivo en Madrid desde 1989. Ahí tengo un lugar ideal para situar mis ficciones, en Vigo, Cangas, Moaña, Tirán: hay puerto de mar, que es el lugar por donde entran y salen tantas mercancías y se dan tantas aventuras, tengo un mar misterioso a veces, encrespado otros, playas multitudinarias y playas solitarias, casi secretas, pero también hay montañas, un paisaje de gran belleza. En ese sentido, me siento privilegiado”. Quizá en esta novela, además de Vázquez Montalbán y Camilleri, se perciben los métodos deductivos de Georges Simenon, esa caligrafía despaciosa de la investigación.

“La novela funciona como a oleadas: hay olas tranquilas y hay olas más furiosas. El ritmo es importante. Escribo simultáneamente en gallego y castellano, sin que haya propiamente una lengua de fondo. En ‘El último barco’ se perciben como dos partes, entrelazadas: una de capítulos más descriptivos, vinculados al paisaje, a la belleza de Galicia, a la evocación del mar, sin olvidarme jamás de la acción; y otra parte donde fluyen los diálogos de la investigación, las preguntas. Esta parte la suelo escribir en castellano, llevo años fuera de Galicia y me sale mejor. Es fundamental oír la lengua cada día. Y la parte más afectiva e íntima la redacto en gallego. Sigo con el libro en función de donde haya dejado la acción el día anterior”. Otra estética: dice que no quiere abrumar al lector, que le deja que piense y que penetre los sueños poco a poco en la cabeza del lector.

‘El último barco’ cuenta el tumulto que se crea cuando el doctor Andrade, padre de Mónica Andrade, la ceramista y profesora de cerámica, pide ayuda porque ella no fue a comer el domingo y no ha dejado mensaje ni coge el teléfono. A partir de ahí entran en acción Leo Caldas y Rafa Estévez, y con ellos otros muchos personajes: sus compañeros de investigación o vinculados con la Escuela de Artes y Oficios de Vigo, donde conviven la cerámica y la fabricación de instrumentos musicales.

Revela Domingo Villar: “Entre los personajes de ficción he usado a dos verdaderos: Rasal y Miguel Vázquez. “Les advertí que, en la ficción, podían estar implicados en un crimen. No les ha importado. Al contrario. Uno de ellos, durante muchos tramos de la novela, es el principal sospechoso de un crimen. Son los primeros en mandarme todos los recortes, opiniones y entrevistas. Están muy felices de ser criaturas de ficción”. Dice que el libro también defiende la necesidad del sosiego, de la placidez. “La lentitud es necesaria para todo en esta vida enloquecida: para soñar, para hacer violas, para investigar o para que un escritor escriba su novela”.

Domingo Villar desliza una última confesión: “Mónica Andrade tarda en aparecer, en caso de que aparezca, claro. Y me gusta que durante muchas páginas, tantos personajes, con sus recuerdos e impresiones, con sus retratos, acaben creando un personaje singular, inquietante, complejo. Creo que, de algún modo, tenía en la cabeza a la Rebeca de Daphne du Maurier”.

Entre los personajes secundarios, con sus enigmas a cuestas, hay un mendigo, “o esmoleiro”, que se llama Napoleón y habla en latín; un fotógrafo enamorado que retrata aves y animales del mar y un dibujante, naturalista, que retrató a Mónica Andrade y firma sus obras con una espiral.

 

ANTONIO ITURBE ESCRIBE DE 'MUJERES SOÑADAS' EN 'LIBRÚJULA'

http://www.librujula.com/actualidad/2396-del-amor-nunca-se-sabe-nada

Antonio Iturbe escribe en 'Librújula' de nuestro libro 'Mujeres soñadas' (Aladrada), 28 fotos de Rafael Navarro y 28 textos de Antón Castro.

Texto: Antonio Iturbe

Se reúnen en este libro de edición magnífica y elegante las fotografías de Rafael Navarro acompañadas de textos de Antón Castro inspirados por las imágenes. Castro es sobre todo poeta, también periodista cultural de larguísimo recorrido, escritor de lo que haga falta, ciclista de fin de semana y admirador de todas las bellas artes. Un Antón Castro que en estas páginas entra en estado de trance al contemplar las mujeres esquivas y sensuales que capta la mirada de Navarro. Dice en el prólogo Fernando Sanmartín que Castro “sin sus pasiones renunciaría a la vida”. Y las mujeres le gustan más que el jamón. Y habla de ellas con la admiración, el respeto y la entrega con que los mortales miran a las diosas.

En Mujeres soñadas se habla mucho de amor: “del amor nunca se sabe nada aunque creamos saberlo todo”. Y, sobre todo, del enamoramiento, de ese estado de trastorno que se puede producir de un instante a otro, de un incendio descomunal que arranca con la chispa de una sola mirada.
Las mujeres de este libro de relatos, tanto en las fotos en blanco y negro de Navarro como en los fogonazos de Antón castro, tienen la volubilidad de los fantasmas pero su suave carnalidad empapa las páginas, como esa Irene que paseaba bajo la lluvia de la alameda. En más de una ocasión siente uno la irrefrenable pulsión de ir a Google a comprobar si son reales o imaginarias porque todas ellas, incluso en su textura escurridiza de amores que se escurren entre los dedos, resultan vivamente veraces, como esa pianista Olimpia Olvés que tiene ademán de bailarina y que lo hipnotiza en el patio de butacas en cada concierto. O Clara, la librera de El Relato Perpetuo. Tal vez sean mujeres verdaderas con los nombres cambiados, o personajes inspirados en personas reales o simplemente sean ficciones verdaderas surgidas de la sensibilidad de Antón castro, que sueña con los ojos abiertos. No importa. Estos relatos tienen su propia verdad interna, su propio contagio de emociones que se nos cuela dentro.

portada mujeres soñadas 1Viajamos en busca de Gloria Petriz, ese eterno amor de adolescencia cuyo rescoldo nunca se apaga. Son mujeres soñadas como esa legendaria Clara Setién que recoge conchas, agua de mar y arena en la playa del Sardinero de la que le había hablado un periodista santanderino con la cabeza llena de corcheas y que creyó entrever una mañana mientras nadaba. Viajamos al pequeño pueblo aragonés de La Muela para una sesión de fotos que resulta más ardiente de lo esperado, a pequeñas localidades alrededor de Zaragoza como la Almunia de doña Godina o Mezalocha, pero también a Oropesa, el Matarraña, La Coruña… Es un libro de lugares mentales y de enamoramientos que se evaporaron. Un libro sobre mujeres pero donde también hay hombres hermosos que admira, como el fotógrafo Alberto García-Alix, Rafael Navarro que presidió la Real Sociedad Fotográfica de Zaragoza, el campeón de motociclismos que murió demasiado pronto Víctor Palomo, el pintor Ignacio Mayayo, el actor Cherma Mazo, el artista Pedro Avellaned o el imprevisible Fernando Arrabal. Y junto al licor de la poesía también está esa sorna galaico-aragonés de Castro, que se filtra en las páginas, como ese canalla seductor llamado Sandro Laporta que igualo ve uno ya visiones pero es un nombre compuesto por dos ex presidentes del Barça que no acabaron bien. Seduce y engaña este Sandro Laporta a Selva Langa, que tiene nombre de heroína de cómic y recita poemas eróticos de Gioconda Belli. Un libro para mirar, para leer y para dejarse llevar.

 

JESÚS RUBIO ABORDA VERUELA A LA MANERA DE MARCEL SCHWOB

JESÚS RUBIO ABORDA VERUELA A LA MANERA DE MARCEL SCHWOB

Jesús Rubio, catedrático de Literatura de la Universidad de Zaragoza, es muchas cosas: especialista en epistolarios, en Valle-Inclán, Gómez de la Serna, Ricardo Baroja, Antonio Machado y, sobre todo, Gustavo Adolfo Bécquer y sufamilia. Es juguetón, con cara de pocos amigos, burlador e irónico, y lo practica casi todo: el ensayo, el cuento, el poema, los géneros periféricos (el aforismo o el microcuento). Ahora acaba de publicar 'Vidas reales e imaginarias en el Monasterio de Veruela' (Los Libros del Gato Negro), que acaba de presentar en Zaragoza.

En esta entrevista en Heraldo.es avanza sus claves. 

 

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2019/04/10/jesjus-rubio-al-monje-jeronimo-tris-lo-mataron-a-palos-en-el-moncayo-1308402.html?utm_source=facebook.com&utm_medium=socialshare&utm_campaign=desktop&fbclid=IwAR1SvbFoaJFvrtWDdTvcoI8wezHJJc7Bm31Cv2JW365D-tTBVeOm8Ae5h9Q

UN DIÁLOGO CON PATRICIA ESTEBAN EN TORNO A 'FONDO DE ARMARIO'

Patricia Esteban Erlés: “La columna es un micrófono”.

 

[La escritora, autora de 'las madres negras', publica una selección de sus columnas quincenales de 'Heraldo de Aragón', de la sección 'Las naturales', que alterna con Aloma Rodríguez: 'Fondo de armario'. El libro lo ha publicado el sello Contraseña y se presentó en pasado martes en el Teatro Principal de Zaragoza.

 

-¿Qué pensaste cuando Picos Laguna te invitó a colaborar?

Me halagó mucho que quisiera contar conmigo, que hubiera pensado en mí para esa cita quincenal que es Las naturales, una columna que aparece en el periódico los domingos, un día que yo misma reservo para el café infinito y la lectura de la prensa. Me hizo mucha ilusión pensar que muchos aragoneses se encontrarían con mis textos ese domingo en que me toca publicar. Al mismo tiempo pensé en la responsabilidad que entraña opinar, mostrarte al hablar de un tema concreto. Procuro dialogar mucho conmigo misma antes de plasmar esa toma de postura por escrito, darle solvencia desde el punto de vista estético y desde luego procurando huir de obviedades si atendemos al contenido. 

 

¿Como entiendes la columna? ¿Qué exigencias, posibilidad y secretos tiene para ti?

 

La columna es un micrófono. Un espacio que suena, que graba mis pensamientos. Creo que es una suerte disponer de ese lugar, de ese foro en el que puedo ordenarme por escrito, recoger quién soy, cómo afronto la relación con el mundo que me rodea, un mundo complejo, que me fascina y me horroriza. Puedo refugiarme en mi columna y contarlo, sin la necesidad de mantener la objetividad de la noticia, manifestando mi emoción cuando hablo de un gesto noble, mi espanto ante el triunfo frecuente del mal. La columna está ahí, puedo ser yo en ella y consuela saber que en muchas ocasiones hay lectores que se ponen de tu lado, que se emocionan o indignan casi a coro contigo. 

 

 

¿Tienes una poética, una idea de la columna?

Admiro mucho a Capote, que inoculó el lenguaje literario en el periodismo y que, desgraciadamente, encontró la idea de lo que debe ser una columna antes que yo. Cito sus palabras: me gustaría que tuviera la credibilidad de los hechos, la inmediatez del cine, la hondura y libertad de la prosa, y la precisión de la poesía. Casi nada. Defiendo como él que cada autor, cada autora, es su estilo. No renuncio a él, a ese ropaje que me define cuando escribo, ni en mis cuentos, ni en la novela, ni en mis columnas. 



¿Se parece en algo a un microrrelato, del que eres una consumada maestra?

 

Para mí desde luego que sí. Concibo mis textos literarios breves y mis columnas como un desafío, como el reto que supone luchar contra el espacio que ambos pueden ocupar.  No puedo escribir un microcuento de tres páginas ni una columna que exceda los 1750 caracteres. Esa limitación tan prosaica, sin embargo, conlleva un beneficio. He aprendido a entrenarme en la búsqueda de estructuras, en el recorte de lo innecesario. Me esfuerzo por analizar los matices que debe poseer un adjetivo antes de colocarlo. Busco la eficacia lingüística y estética obsesivamente. Quiero golpear al lector y que se acaricie la mejilla dañada pensando en lo bonita que ha quedado esa herida.

Además, el concepto de tensión es fundamental en estas dos tipologías. Yo imagino cada texto como un goma negra muy  tensa, de la que alguien tira a ambos lados. Si se suelta por una de las dos partes el texto pierde interés, ritmo. Hay que lograr  que los recupere. 

 

¿La periodicidad quincenal, te da más tiempo o no para trabajarla?

A veces viene bien, otras lo que ocurre es que una noticia que te interesaba, que hubieras elegido como tema para la columna, queda ya lejos para la memoria del lector y hay otras más recientes llamando a la puerta. Procuro ceñirme a cuestiones de estricta actualidad, de ahí que en ocasiones apure hasta los últimos segundoa antes de mandarle a la sufrida Picos el texto. Cuando nada de lo que ocurre me resulta lo suficientemente interesante pienso en mí, en lo que leo, en las series que veo, en mi trabajo como profesora, en canciones o personajes que encierran un significado especial. Son mis homenajes, textos con nombre propio que disfruto mucho escribiendo.  

 

¿Cuál sería el vínculo de tus textos con la actualidad?

 

En determinados temas muy evidente. Me manifiesto sin ambages ante cuestiones como el feminismo, la defensa de los animales, apuesto  por un gobierno que defienda la educación y la sanidad pública... Suelo ceñirme a ejemplos concretos relacionados con estos  temas, nombro a sus protagonistas para que nadie los confunda con una fría cifra estadística, para que cuando se cite la violencia de género, por ejemplo, pensemos en Nagore, que era una chica joven que estaba cumpliendo su sueño de convertirse en enfermera cuando se cruzó en el camino de su agresor, un médico que ha vuelto a ejercer su profesión al salir de  la cárcel. Quiero traer de vuelta a la víctima, que pensemos en ella como en nuestra hermana, en nuestra hija, para que sea imposible reaccionar tibiamente ante la crudeza del caso. A Nagore la recuerdan los suyos como una herida abierta. El olvido no debería cerrar esa herida. 

 

 

¿Tienes columnistas mujeres de referencia?

Sí. Admiro a Leila Guerriero, a Marta Sanz, a Cristina Grande, a Irene Vallejo, entre otras. Me gusta leerlas porque son ellas en sus columnas y no se esconden ni asumen máscaras. Hablan de lo que quieren como quieren, convirtiendo sus textos en auténticos ejercicios literarios, en textos muy libres de ataduras, originales, llenos de reflexiones sobre la memoria personal. 

 

¿Cómo defines tu ‘fondo de armario’? ¿Cómo es?

 

Es un libro lleno de amor por las palabras. El lenguaje es un arma, como puede serlo la ropa. Elegimos prendas que nos protejan de la desnudez, que abriguen cuando sopla el maldito cierzo, que aligeren el bochorno del verano.  El armario nació como mueble en el que se guardaban las armas y creo que ha mantenido ese papel. Las palabras son también cálidas o refrescantes, podemos mostrarnos ante el mundo con ellas. Yo compro con frecuencia prendas de un verdeconcreto  del mismo modo que retorno a ciertos temas, los transito a menudo, bien porque me preocupan especialmente, bien porque simplemente disfruto hablando de ellos. 

 

¿En qué medida sería un autorretrato: ahí se ve tu feminismo, combativo, tu coraje, tu sentido del desafío?

Lo es, sin duda, pero no es un selfie complaciente, no es la foto en la que me obligo a sonreír para la posteridad. Hay fondos, paisajes contra los que no me sale mostrar alegría. No quiero autorretratarme impasible mientras hablo de mujeres asesinadas por sus parejas, silenciadas por la Historia. No me apetece fingir que todo va bien cuando en nuestro país sigue ahorcándose a los galgos de un árbol cuando termina la temporada de caza como si fuera un gesto rutinario, inocuo, que nos habla de una maldad enquistada, de una violencia admitida. No quiero que mi autorretrato se quede al margen de ese mundo que hacemos detestable tan a menudo. En esas fotos que son mis columnas no escondo las emociones que siento al hablar de la injusticia, de la crueldad, de la indiferencia, que es una forma secreta de sadismo. 

 

¿Eres más rebelde en las columnas que en los libros?

No lo creo. Debo ir más al grano, limitar el alcance metafórico que en textos más largos sí me permito sin trabas. Soy rebelde porque creo que debemos aceptar el mal como componente básico del ser humano, ese lado oscuro está, claro que sí, pero debe combatirse denunciándolo, atajándolo, reduciéndolo a su mínima expresión. Si admitimos que se materialice y extienda su poder, si no se actúa de forma personal y social contra él, estaremos perdidos. 

Y también estás tú, claro: la novelista, cuentista y lectora, la apasionada del cine. ¿De qué modo dirías tú?

Todo lo que soy aparece en las columnas porque el arte me ha enseñado que la belleza está en el mundo y disfrutarle  es una buena razón para seguir viva. La literatura y el cine, también la fotografía, aparecen en muchos de mis textos como sustancia vital. No son aficiones: son argumentos irrefutables. Mientras un párrafo de una novela se quede con nosotros, mientras la escena de una película nos cuente quiénes somos, mientras necesitemos escuchar una canción para sentirnos a salvo, habrá esperanza. 

 

-¿Qué cosas especiales te han pasado con tus columnas, te escriben mucho, te aplauden, se quejan?

Muchas agradables. Personas que no conozco me saludan en una tienda, me dicen que hace años que me siguen. Compañeros docentes han convertido mis textos en objeto de comentario de temas candentes en sus aulas.  Una anciana dama me dijo el otro día, al final de una presentación, que aplaude a veces y se ríe mucho con mis ocurrencias, que soy muy tremenda. 

 

¿Cuál es tu columna favorita o tus favoritas?

 

Me gusta mucho la que dediqué a Marilyn Monroe, una breve semblanza biográfica donde intenté contar la ternura que siempre me ha producido una mujer tan despampanante y frágil como ella, la protagonista de una novela muy triste, en realidad. 

 

 

MARIANO GISTAÍN: PURO TALENTO

MARIANO GISTAÍN: PURO TALENTO

Mariano Gistaín publica su novela más ambiciosa y la presenta mañana 29 de marzo en Huesca, en el Palacio de Villahermosa de Ibercaja

Retrato de un visionario con avatar

 

[Se busca persona feliz que quiera morir. Mariano Gistaín. .Limbo Errante. Zaragoza, 2019. 255 páginas.]

Mariano Gistaín (Barbastro, 1958) ha vuelto a la ficción en solitario, a su modo, con un personaje errático, desdibujado por la nada, de 44 años y orillado por el amor y el sexo, que decide casi por accidente, o seducido por la publicidad, someterse a la criogénesis, algo que no es una invención.

Mariano Gistaín, que siempre va por delante y tiene la facultad de anticipar el futuro tecnológico, y quizá empresarial (sería el mejor asesor en materia de nuevas tecnologías y periodismo, pero nadie lo ha puesto a pensar en libertad porque es demasiado independiente), constató ya en 2016 que ese sector dedicado a la congelación de cuerpos era un sector emergente e incluso, y no es ciencia ficción o surrealismo, contaban con una web con diferentes ofertas.

El experimento al que se somete el personaje innominado del libro –acuciado por las urgencias o escalofríos de su «yo digital»– le va a llevando hacia diversas mujeres y pruebas. Él no solo es un solitario, sino también alguien atraído por asuntos muy frecuentes en la Zaragoza en que vive: «Inteligencia artificial, drones, impresión 3D, coches eléctricos, hidrógeno, física cuántica, huertos ecológicos verticales, empatía, lanzaderas para emprendedores, consejos y mentorizaciones, energías limpias, aceleradoras de ‘startups’, inversores…». Este es su mundo.

Su curiosidad es mayor que su escepticismo y subraya: «He acabado por creer todos esos preceptos que forman el espíritu –o la materia– de mi tiempo». Su curiosidad también es superior a su escepticismo: «Confieso que las decisiones, en un 99% de los casos, las toma la vida por mí: el Banco Mundial, la empresa, la familia, la tradición, la moda, la publicidad, Hacienda, el navegador del móvil…»

A este sujeto lo citan en un lugar de la calle Bolonia, el Contenedor Creativo, que está dividido en varios contenedores de barco, donde en teoría le harían la criogenización. Así arranca la novela, y podría decirse que el método o la estrategia es genuinamente «made in Gistaín», pero a partir de ahí empieza una suerte de travesía, aventuras y quizá de zozobras, de este ser que va conociendo muchos cosas: la humillación, la esperanza, el desconcierto, la persecución de Hacienda y el amor. La novela mezcla esos diálogos delirantes, hilvanados con constantes hallazgos y juegos de palabras, con una ternura, sentimental, salvaje y secreta.

El personaje descubre que la empresa, que no tardará en contar con socios mexicanos, ha estado haciendo pruebas con gatitos o con un grupo de pobrones. El protagonista se enfrentará a un sinfín de incidencias. Las mujeres serán quienes le llevarán de prueba en prueba: primero Irene, luego Rossi, más tarde Claudia, o Linda, y Edita, y en las fases de la criopreservación, el primer paso para hacia la inmortalización, la novela se empieza a llenar de tramas y subtramas que avanzan como la sinapsis de Cajal. Aquí todo mancha: hasta la soledad del pensamiento. Aparece una secta de escritores negros y un cuento más o menos enigmático de apenas tres folios que perturba las conciencias y los destinos, y el autor crea una especie de laberinto policiaco y científico donde es tan importante un detective que se llama Luciano Gracia, con un hombre vinculado con la base aérea norteamericana, Santos Palacián, como los cuentos de Jorge Luis Borges o ‘El largo adiós’ de Raymond Chandler.

Identidad y frío

Mariano Gistaín mezcla muchos registros. Uno de sus temas es, siempre, la identidad. Se plantea la dimensión metafísica y existencialista del sujeto, y reflexiona sobre ello una y otra vez, casi a la manera de Javier Tomeo: con un desvío hacia el absurdo y la anticipación. Es un escritor visionario, realista y fantástico. El protagonista es un sujeto a la deriva, a merced de los otros y de esos avatares interiores que lo convierten en una piltrafa (o ya lo era), magullado en un universo ‘matrix’. Es también un libro de afectos, de paisajes, de humor e ingenio permanentes, y un relato de la vanguardia tecnológica, de los avances científicos, y un prodigio de talento y plasticidad.

Mariano Gistaín y sus editores acuñan un término feliz: «Cibercostumbrismo». El estilo mezcla brillantez, erotismo, ironía y lirismo, y deslumbra por su arsenal de recursos y de talento. Nadie escribe en España como Mariano Gistaín. Lean: «Paseamos con Irene. Nos acariciamos despacio, casi sin pulso, como si fuéramos de cristal. Nos vamos excitando lentamente mientras baja el sol por las colinas del fondo y reverbera en los depósitos cromados de las granjas de cerdos que ocupan todos los horizontes. El olor a purines se clava en el cerebro. Te acostumbras y al final ni lo notas, dice Irene, pasando a la fase B, que todavía es preliminar, pero avanzada. Un tractor enorme curva la tarde».

Antón Castro

 

*Este texto aparecía hoy en ’Artes & Letras’ de HERALDO.

CHESÚS BERNAL: RETRATO DE UN HUMANISTA

Chesús, el intelectual, el filólogo, el escritor

 

 

El político escribió del occitano, de Braulio Foz y Buñuel, hizo enrevistas y firmó un ‘Dicconario aragonés’

 

Chesús Bernal (1960-2019) pertenecía no solo a la Chunta, fue una de sus figuras más emblemáticas, pura pasión y resplandor, sino que también fue un activo constante del Rolde de Estudios Aragoneses y del Consello d’a Fabla Aragonesa. Muchos de sus amigos coinciden en su condición de intelectual: poseía una sólida formación que le llevaba hacia la literatura española y francesa, hacia el aragonés y la literatura aragonesa. Era amigo de muchos escritores de antaño y de hogaño, y a lo largo del tiempo mostró su interes por Joaquín Costa y Braulio Foz. Ya en Rolde, en 1981, publicó el artículo ‘La vida de Pedro Saputo’, y al año siguiente aparecía ‘El araragonés residual de Valtorres’, la localdad de la comarca de Calatayud donde había nacido. O más tarde, aludía a la normalización gráfica del occitano.

Se doctoró con un trabajo sobre el occitano. José Domingo Dueñas recuerda que alguna vez “Chesús decía que le estaba costando hacer la tesis, pero al final la leyó. Siempre le atrajo Francia. No llegó a publicar un libro de la tesis al completo, pero sí publicó varios artículos sueltos”. En ‘Rolde’, en los primeros ños 80, redactó un artículo sobre la normalización gráfica del occitano, tal como recuerda Carlos Serrano, secretario y coordinador de la revista. Antes de que la política le devorase, y el sueño de ocupar espacio en las Cortes de Aragón, donde ofreció siempre lecciones de dialéctica, de preparación política y de pasión por los otros, “con más vehemencia que radicalidad”, hizo diversas colaboraciones en torno a la literatura, la filosofía y la lengua. Con José Luis Melero firmó entrevista José Antonio Labordeta, José Bada o el grupo de pop Alta Sociedad, en el que participaba entonces el escritor Javier Sebastián. En los años 80 escribió sobre el Estatuto de Autonomía y la situacion histórica y contemporánea de Aragón, y firmó algunas introducciones o presentaciones de artículos de Agustín Sánchez Vidal sobre Luis Buñuel.

Carlos Serrano en el número 15 de ‘Rolde’, en el que publica un poema en aragonés, ‘Cutiana ibernada’, con poemas de Ignacio Martínez de Pisón y de José Ignacio de Diego. Chesús decía que se poema estaba trducico del libro desconocido ‘Tiempo de anaya’.

A finales de los años 90, un soplo de Cruz Barrio, la bibliotecaria del Centro Aragonés de Barcelona, le hizo saber, a él y a Francho Nagore Laín, de la existencia de un diccionario apócrifo de voces aragoneses. Lograron adquirirlo, intentaron serguir la pista de su recopilaldor anónimo; hallaron una palabra, ‘Petarruego’ (que quiere decir ‘explosión roja’ y que alude a una estrella de la constelación de Orión’, que daría nombre a una colección de Rolde donde se publicará el ‘Diccionario aragonés’, en 1999, con introducción y notas. Carlos Serrano, coordinador de ‘Rolde’, dice: “Veinte años después, hace muy pocos días, en el Paraninfo se presentó en ‘Diccionario de voces aragoneses’ de Josefa Massanés Masnou y se recordó aquel trabajo de Chesús y Francho. En este momento, los dos estaban trabajando en la edición de ‘Razón feita d’amor’ y Chesús estaba muy ilusionado en ese nuevo proyecto”.

‘Razón feita d’amor’, o ‘Razón de amor’, es uno de los poemás más antiguos de lírica de la Península, hecha la salvedad de las jarchas y las cantigas galaico-portuguesas de amigo, de amor y de escarnio y maldecir. El texto, que se conserva en un códice de la Biblioteca Nacional de París, posee numerosas pala bras aragoneses. Lo firma el aragonés Lope de Moros, Moros es una localidad próxima a Valtorres, y si no se sabe con certeza si el creador o un mero copista. Este poema juglaresco tiene 264 versos.

Chesús Bernal ha sido siempre un gran lector. “Siempre me ha gustado leer mucho, rápido y variado. Me encanta leer cuatro o cinco libros a la vez. Ahora, con tanta trabajo, me es más difícil gozar con la lectura”. Pisón, Miguel Mena, Cristina Grande, Ismael Grasa, Julio Llamazares, su amigo del alma José Luis Melero, Javier Tomeo, José Antonio y Miguel Labordeta y Emilio Gastón, entre otros, fueron algunas de sus debilidades. Mimaba su biblioteca y se sentía muy orgulloso de ella. En otra dirección, otra de sus pasiones era el arte aragonés. Le encantaba mostrar los papeles, los óleos, los grabados que había ido atesorando a lo largo de los años: era una forma de sumarse al cab allo de la historia, de la memoria viva y la sensibilidad creadora de Aragón.

 

POEMAS DE RADA PANCHOVSKA

POEMAS DE RADA PANCHOVSKA

RADA PANCHOVSKA

[Búlgara, nacida el 16 de agosto de 1949, es poeta, editora y traductora de poetas aragoneses, españoles y latinoamericanos. Ha estado muy vinculada a la Casa del Traductor de Tarazona, al que suele venir una o dos veces cada años. Por cortesía suya, ofrezco aquí una selección de sus poemas, traducidos al castellano por ella.]

 

 

 

 

DESDE EL BALCÓN

 

                Cuando se nubla la vista

                todo se ve definitivamente claro.

                                               Ángel Guinda

 

En la tienda china de una pequeña

ciudad, abrigada en las faldas pirenaicas,

una mujer árabe velada hasta los talones,

compró para sí misma un teléfono móvil,

con una alegría no disimulada escuchó hasta el fin

las instrucciones de la vendedora

en el idioma extranjero común para ambas,

y lo sujetó bajo el velo/la almalafa al lado de su oreja.

 

Una estudiante ha sido arrastrada en la Tele

lejos de las urnas de un voto no reconocido,

una mujer de edad gritaba en arrebato/abnegación

en medio de la avenida apoderada de trance.

La vecina de enfrente, su cabeza cubierta de un pañuelo,

con dos niñas, todo el tiempo/siempre lava, tiende la ropa,

parece que es feliz a su manera,

no protesta y saluda sonrientemente/alegremente.

 

Una chica y un chico llegaron en taxi

a la estación de autobuses. Mientras pagaba

la chica, el chico encendía un cigarrillo

y después ella corrió para los billetes.

Así es, cada cosa con su tiempo,

los tiempos también cambian.

¡Y en medianoche pasó bajo el balcón

un joven, llevando bajo el brazo un libro!

 

SOLO

 

                Bien lo sé, es mi destino: urdir fantasmas,

                temblorosos perfiles, formas huecas,

                curiosos arabescos que aquí dejo

                sorprendidos, clavados en la hoja.

                Y también estar solo. Estar muy solo.

                                                               Víctor Botas

 

No toda la sinceridad es justa.

Sin un poquitín de mofa se vive difícilmente.

El poeta a menudo se burla del destino

y la soledad se vuelve un iceberg de sueños.

 

Ser solo se sobreentiende por principio.

Solo con todos, simplemente superpoblado.

No sólo le son cercanos, sino son una parte de él.

porque él es el/un ciudadano de toda la tierra.

 

No le es apretada la soledad, le es a medida.

Esclavo de la hoja, él salva del olvido

lo dejado por atrás y lo venidero, pequeño y grande.

Y paga sin cicatear con la vida suya.

 

 

 

RADA PANCHOVSKA - poemas del libro Elegías cósmicas (2018)

 

 

 

 

TODAVÍA

 

Los problemas planetarios están a punto de reemplazar los sociales.

La humanidad se esquiva avergonzadamente de su pasado,

la Tierra madrecita se convierte en una madrastra.

El campo de tiro cósmico que habitamos en el cosmos

impasible, resquebraja la cascara de la civilización,

la cuenta atrás ha empezado. Para un despegue o para un acabamiento,

dime tú, todavía depende todo de cada uno.

 

 

 

 

SOBREVIVENCIA

 

Mientras las capas de hielo del planeta se desploman,

los desiertos avanzan, las fábricas vomitan un humo

del que el aire se asfixia,

 

mientras de los bosques han quedado unos paisajes,

los bienes naturales se hunden más abajo,

las plantas y los animales pierden posibilidades,

 

mientras el harto no cree al hambriento / en tiempos de higos no hay amigos,

los ricos desprecian los pobres o viceversa,

mientras unos pocos lo apilan todo, miles de millones amontonan hijos,

 

el planeta está en sus postrimerías.

 

Estalla en volcanes dormitados,

dibuja flores glaciales sobre los cristales,

 

¿será que ha llegado el tiempo de volvernos a las cavernas

o como los vagamundos cósmicos

fijarnos la mirada en el confín celeste?

 

 

 

 

EL LLAMAMIENTO

 

 

 

¡Oigan!, los políticos,

¡no me toquen el clima!

Es vuestro asunto con su país

que vais a hacer,

pero mientras estáis en este planeta,

habrá que tenérselo en cuenta.

 

Es que La Tierra no es ni nuestra madre, ni madrastra,

y no somos nosotros su preocupación, sino ella a nosotros.

 

Diremos simplemente que ella es un hogar

acogedor por ahora, para todos.

Y nosotros somos unos inquilinos ilimitados

por herencia.

 

Puesto que no habrá quien nos pida cuentas a nosotros,

es preciso firmar un contrato

con nosotros mismos, para seguir viviendo aquí.

Ya que allí de dónde sea que hemos venido,

no podremos volver

algún día.

 

 

 

 

'EL SUEÑO DE LA RAZÓN' DE BERNA GONZÁLEZ HARBOUR

“Las ‘Pinturas Negras’ de Goya son el mejor infierno para activar una mente criminal”



Berna Gonzáles Harbour publica ‘El sueño de la razón’ (Destino), una novela negra sobre el pintor aragonés





Berna González Harbour (Santander, 1965) es una de las damas del crimen en España. Alterna el periodismo en prensa, radio y televisión con la novela negra. Hoy presenta en el Museo del Prado ‘El sueño de la razón’, una novela inquietante de varios delitos que siguen un ritual vinculado a los dibujos y pintura de Francisco de Goya. Uno de los primeros crímenes es el de unos pavos; otro el de un perro semihundido, y otro, el que activa la imaginación de la comisaria María Ruiz -que acaba de volver de Soria, donde ha estado castigada-, es la muerte de un joven: una becaria, Sara Muñoz, Saramú, nacida en Zaragoza y obsesionada con la obra de Goya, tanto que lleva escritos sus lemas o textos en su piel: ‘Volaverunt’, ‘El sueño de la razón produce monstruos’... “’El sueño de la razón’ es una novela dedicada a Goya y recorrida por montones de detalles, algunos más visibles y otros menos, conectados con Goya. Que la becaria sea zaragozana es uno. Goya vino a Madrid y arrancó con pasión y dificultad, como ella”, explica Berna González Harbour.

La novela, en el fondo, es como un laberinto. O una sucesión de laberintos: los personajes recorren casas de okupas como La Dragona, pero también los subterráneos y las alcantarillas de Madrid, y a la vez hay un rastro, nada inocente, de la obra de Goya, desde los cuadros de ‘La pradera de San Isidro’ (1788) y ‘La romería de San Isidro’ (1820-1823) hasta el dibujo ‘¿Por liberal?’ (1810-1881). “Goya para mí es España, el genio que mejor representa lo que podemos ser o frustrar, lo que podemos brillar o ennegrecer, amar u odiar, manchar o admirar. En su obra y en su vida están todas las contradicciones que hoy también han aflorado y estallado en nuestro país”.

Hay novelas de trasfondo goyesco e incluso biografías novelas de la vida del pintor de Fuendetodos, pero nunca se había visto tan claro que su producción pudiese albergar un código secreto para los malvados o los asesinos en serie. Añade la escritora cántabra y subdirectora del diario ‘El País’: “Escribir es crear a partir de la realidad, a partir de deformar los contrastes. Y mi estado de ánimo, el estado de ánimo de mi novela, de mi comisaria María Ruiz y de este país creo que sufre precisamente la distancia entre esos contrastes que Goya nos enseñó. Goya es el mejor telón de fondo posible para una novela negra, la mejor inspiración. Goya es España hoy, no sé cómo no había ocurrido antes. Y las ‘Pinturas Negras’, el mejor infierno para desarrollar o activar una mente criminal”.

Al fin y al cabo, a Goya también le inspiraron el mal y los malvados. Así lo explica la autora: “Son el mal y los malvados de ese tiempo los que precisamente le inspiraron a él a viajar desde las bellas pinturas que hizo para los tapices en sus primeros tiempos hasta las ‘Pinturas Negras’. A lo largo de ese tiempo, cada vez más, fue reflejando los ‘Desastres’, el canibalismo, la muerte, el abuso, el desprecio, la ignorancia”. La novela no es ajena a los ecos de la Inquisición “porque él mismo la sufrió por su ‘Maja desnuda’, porque fue víctima de lo que él y otros de su época intentaban evitar, el oscurantismo, el absolutismo de nuevo”.

En la novela hay muchas más cosas: una fauna de desclasados que la crisis ha descocolado, entre ellos Eloy, que parece un ángel adolescente y enigmático en medio de la inmundicia, y Yago, “un hombre que se obsesiona con el arte hasta el punto de que quiere participar de él a través de la destrucción y no de la creación”. También se habla del impacto de las nuevas tecnologías y del ambiente universitario: “Me interesa el ambiente cainita que se respira a veces en la universidad, la endogamia, la falta de meritocracia. El profesor Salas, experto en Goya, nace de ahí, de intentar plasmar la arbitrariedad en la contratación de una becaria de la que se ha enamorado”.