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Antón Castro

Escritores

SERGIO ROYO: UN DIÁLOGO

SERGIO ROYO: UN DIÁLOGO

[El zaragozano, profesor de inglés, publica su segundo libro, ‘Viviendo en tiempo brutal’ (Pregunta, 2018) y traduce a la poeta norteamericana Lyn Coffin en la antología ’Esta vida verde’ (Pregunta).]

-Si piensas en la literatura, ¿qué imágenes iniciales te vienen a la cabeza?

Una taza de café, una ventana abierta en un piso y una librería con los libros desordenados

-¿Cuál ha sido la importancia del deporte en tu vida?

Me ha ayudado en momentos difíciles y en el día a día hace que me desahogue. No me imagino lejos del deporte, del mismo modo que no me imagino lejos de la literatura.

-¿Cómo has vivido tu adolescencia y la ciudad, que está muy presente en tus relatos?

Creo que hablo mucho de la adolescencia y de la juventud porque la tengo (las tengo) todavía recientes.  Se forja mucho de lo que somos y vas encontrando tu forma de mirar el mundo. En mi caso, la intensidad siempre ha estado ahí. Respecto a la ciudad, soy inevitablemente urbano. Eso hace que tenga muchas lagunas, claro, pero también que me fije en quien camina por la calle, en cómo será su piso, en su día a día laboral en la ciudad. Observo la ciudad como quien se detiene en un paisaje de montaña y exploro lo que me causa.

-¿Cómo dirías que nace el escritor, qué sucedió, cuáles fueron los estímulos más importantes?

Creo que tú no encuentras a la literatura, sino que la literatura te encuentra. Hubo cosas en mi vida que no comprendí, y cuando no comprendes algo, tienes que explorar cómo te sientes. A partir de ahí surgen inquietudes, formas de ver el mundo, y las sacas. En mi caso, la literatura es consecuencia. No sé muy bien de qué.

-Eliges magisterio y eliges ingles. ¿Por qué?

Todavía no lo sé. Suena ambicioso, pero creo que cuando eliges enseñar, es porque te crees que tienes algo que enseñar. Algo distinto. Eso es lo que solía decir. Poder hacer mella en la gente es algo bonito, muy bonito. No es tan distinta la enseñanza de la literatura: buscas llegar. Respecto al inglés, siempre me ha apasionado su ritmo, su expresión, sus letras. Cada día veo series en versión original y combino una lectura en castellano con una en inglés. De momento, no hay otro idioma que me haya gustado lo mismo.

-¿Cómo nació tu primer libro, ‘El dolor del cristal’ (Pregunta, 2016)? Era un libro intimista, un tanto desgarrador, lírico…

De dentro, de muy dentro. Cuando no tienes experiencia para contar historias, lo que cuentas son tus miedos, tus inquietudes más reales. En el último cuento narro el fallecimiento de mi abuelo, le pongo voz a lo que creo que él me habría dicho en su final, cuando ya no podía. Unos días más tarde, en el complejo, imprimí unas treinta copias y desaparecieron al momento. Todo el mundo se emocionaba, reconocía a mi abuelo. Entonces me planteé en serio que tenía que intentar publicar, que, de verdad, podía llegar a la gente.

-¿Por qué adoptaste el género del cuento como expresión?      

Porque el cuento es un fogonazo, una idea brillante, que permite focalizar tus esfuerzos durante un tiempo y después pasar a otra historia. Cuando eres poco constante o no tienes demasiado tiempo, como es mi caso, es el género ideal. Esto implica, por otro lado, que tienes que tener varias ideas buenas y que se sostengan, mientras que en la novela, tal vez, con desarrollar una y ser estructurado, te puede bastar.

-En un sentido estético, ¿cómo entiendes el cuento, cuál sería tu poética, si la tuvieras, quiénes serían tus modelos?

A nivel local, tengo que nombrar a Carlos Castán y Óscar Sipán. Son dos escritores de relato que me apasionan en su concepción de la nostalgia. Expandiendo horizontes, dos de los cuentistas que más me llegan son Raymond Carver y Alice Munro. Creo que los cuatro se fijan en lo cotidiano y en lo que a todos nos inquieta aunque lo hagan desde perspectivas muy distintas. El cuento, para mí, tiene que rasgar.

-¿Para quién se escribe? ¿Se hace desde la sinceridad, de la necesidad o desde la conciencia artística?

En mi caso, la sinceridad y la necesidad son clave. No tanto la conciencia artística, no me siento y digo “estoy creando arte”. Sí que desnudo mis pensamientos, o lo que creo que cualquier persona puede pensar. Soy sincero incluso en la mentira, porque creo que incluso al ser falso y al ocultar, estamos desvelando nuestra forma de entender la vida. Y la necesidad, por supuesto, lo he dicho varias veces, escribir me salva cuando siento que nada más lo puede hacer.

-De repente, das un salto y con ‘Viviendo en tiempo brutal’ (Pregunta, 2018), sales de ti mismo y miras el exterior. ¿Qué pasó, habías crecido, habías madurado?

Creo que mis dos libros publicados, sin duda y literariamente hablando, “Viviendo en tiempo brutal” tiene más calidad. Me parece que soy más inteligente en mi forma de contar las historias y que también exploro más temas. La infidelidad, las dobles caras, el cambio y la incertidumbre, nuestras propias contradicciones. Hay un personaje que dice “sí” cuando quiere decir “no” y viceversa.  Hay más relatos de personajes, más trama, manteniendo la reflexión que creo que es lo que me define como autor. Como persona no lo sé, pero literariamente, creo que “viviendo” es más maduro.

-¿En qué es brutal para ti este tiempo?

Podríamos ir a lo obvio, la situación precaria y las dificultades para la juventud, la esclavitud tecnológica, la poca personalización, los conflictos ideológicos…pero más allá de eso, creo que lo brutal de este tiempo no es distinto a lo “brutal” en tiempos de Baroja: ese “de repente” que te cambia la vida, ese imprevisto que te deja con la palabra brutal en la boca. Por mucho que nos cueste admitirlo, en un segundo puede cambiar todo. Es lo que le pasa a los personajes, por eso ese verso, por eso brutal.

-Ensanchas atmósferas y escenarios, amplías los temas y los personajes… hay una mirada exterior. Y a la vez dices que todo eso no es lo esencial en ti. ¿Qué es lo esencial para Sergio Royo?

Encontrar momentos en los que eres tú mismo, sin tener que pensar nada más. Conectar con lo que quieres conseguir, que no te falten los tuyos, estar de acuerdo con uno mismo. Supongo que sería eso, con todo lo que conlleva que es mucho.

-Se habla mucho de la juventud. Que si está formada, que si no, que si no está comprometida, que si es esclava de las nuevas tecnologías. ¿Cómo ve un joven a los jóvenes?

Es una enorme pregunta. Con recelo, claro, con algo de desconfianza. No sé qué nos lleva a comportarnos como nos comportamos, en redes sociales, en el día a día. Pero creo en el talento y también creo que no todo está perdido: conozco a mucha gente comprometida y que se cuestiona las cosas. Creo que eso es lo primero, cuestionarse el mundo.  A partir de ahí, todo es posible.

¿Temes eso que se repite tanto, que vais a ser mucho más pobres que vuestros padres y vuestros abuelos?

No me lo planteo, de verdad. Hago cada día un ejercicio de vivir el día a día, aunque no lo consiga, y desconozco la situación de generaciones pasadas. Intentaré no serlo, claro, poder vivir bien.

-¿Qué te aporta Zaragoza, cómo la vives?

Durante una época, le cogí manía. Se me quedaba pequeña, no me encontraba. Pero cómo ves la ciudad en la que vives no es más que un reflejo de cómo te ves a ti mismo. Quiero mucho a Zaragoza, sé que sus calles me siguen sorprendiendo, es una ciudad cómoda. La vivo preguntándole “qué me deparas hoy”.

-¿Cómo surgió la idea de traducir a la poeta norteamericana Lynn Coffin en 'Esta tierra verde' (Pregunta)?

Mis editores en Pregunta me lo propusieron.  Yo no la conocía, pero ellos sabían de mis “estudios ingleses”, que me gustaba traducir algún poema por hobby. Surgió como un favor personal, después se convirtió en un proyecto ambicioso.

-¿Cómo defines a esa escritora?

Traduje una antología, con todo lo que eso conlleva. Muchas voces en una, evolución en la obra, diferentes etapas. Pero diría que es una autora ambiciosa y que bebe mucho de las referencias, muy rica intertextualmente. Creo que ese sería un buen resumen.

-¿Qué le aporta a un escritor un trabajo de traducción, cómo has vivido la experiencia?

Escuché en una entrevista que “la traducción es imposible” pero, al mismo tiempo, “todo puede ser traducido”. Traducir es reescribir, es jugar y explorar el lenguaje. En este sentido, creo que traduciendo creces como escritor, como quien entrena sin darse cuenta de que lo está haciendo.

Estamos en vísperas de Reyes. ¿Qué tres libros eligirías y por qué?

Esta pregunta es muy complicada, pero como está tan de moda lo de las listas, diré tres de las lecturas que más he disfrutado en 2018:  ¿Qué vas a hacer con el resto de tu vida?, de Laura Ferrero, “Mudar de piel”, de Marcos Giralt Torrente, y “La pasión”, de Jeanette Winterson. Podría nombrar la última novela de Miguel Ángel Zapata, “arquitectura secreta de la ruinas, “mundo extraño” de José Ovejero… muchos libros que me han gustado por muchas razones. Y, por qué no, ya que tengo este espacio, recomendar “el dolor del cristal” y, especialmente “viviendo en tiempo brutal”, cuya promoción caduca con 2018. Regaladlos, que así conoceréis nuevas voces. Y leed, leed mucho, que nos hace mejores, o al menos nos hace cuestionar lo que somos.

 

*La foto es de José Miguel Marco, jefe de fotografía de HERALDO. 

AITOR GABILONDO: DE LA SERIE 'PATRIA'

AITOR GABILONDO: DE LA SERIE 'PATRIA'

Aitor Gabilondo (San Sebastián, 1974) está de moda. O parece un elegido por los dioses de las series televisivas. Hace no demasiados días se estrenaba ‘Permiso para vivir’, con “un exuberante y carismático José Coronado”, y a la vez trabaja en un proyecto que no le deja vivir: ‘Patria’, la novela de Fernando Aramburu, que se acerca al millón de ejemplares vendidos; la última edición lleva un prólogo del propio Gabilondo, que tiene muchos más proyectos en la cabeza y en el ordenador, y que acaba de crear una nueva productora: Alea Media.

-También, a usted, le han interesado los narcotraficantes. Aún tenemos frescos ‘Fariña’ y ‘Narcos’…

-Es cierto, pero ‘Permiso para vivir’ es bastante distinto. La maldad pura es muy interesante y matizada, aún más. Llegué a este tema un poco por casualidad. Conocí a Manolo Rivas, estuve con él en La Coruña y hablamos un poco de todo: sin ir más lejos del impacto que había tenido en Galicia el narcotráfico y cómo él, en otras épocas de su carrera como periodista, se interesó por el tema.

-Hablará usted de los años 80 y 90. ¿No?

-Sí. Manolo se puso en marcha y le salió un texto estupendo y breve, que acaba de publicar Alfaguara. El relato del narcotraficante que lo ha tenido todo, Nemo Bandeira, y que ahora tiene el mal de Alzheimer. Esa historia da para muchas cosas: es el relato de un hombre que lo tuvo todo, que fue sanguinario por capricho, que sembró la maldad y ahora está postrado, luchando con sus recuerdos y con los recuerdos de su pasado oculto. El personaje te hace pensar en Pinochet, del cual dicen que en los últimos años no recordaba sus fechorías y crímenes.

¿El malvado quiere conservar su memoria?

Sí, claro. Esa fragilidad, esa condición mortal, tan estimulante y terrible, son importantes para un guionista y en ello nos aplicamos. El narcotraficante percibe la pérdida y se rebela. Manolo Rivas me dio libertad para trabajar con su texto. Fue de una gran generosidad.

-Contar con José Coronado es casi un éxito seguro.

-Está maravilloso. Pasa por un período increíble. Es un actor en estado de gracia, pleno de inspiración, de madurez y de talento. ¡Qué fuerza posee! Es un animal de cine, de televisión o de teatro. Mientras rodaba esta serie sufrió el infarto y, en cierto modo, se produjo una especie de paralelismo entre la serie y la vida: el protagonista en la ficción y el Coronado real se encontraban. Da gusto trabajar con él. Aprendes mucho.

-Y ahora ‘Patria’.

-Ya llevo meses trabajando en ellas. Serán ocho guiones de 50 minutos y se rodará en varias localizaciones de Euskadi, entre ellas  San Sebastián, y también barajamos rodar en Zaragoza, ciudad importante para Fernando Aramburu, como se ve en la novela y como él acaba de recordar en ‘El mundo’.

-Aquí estudió, aquí se enamoró de Gabriele, su mujer…

Zaragoza es importante para Fernando Aramburu, así me lo contó, y saldrá aunque no está claro de qué manera. Los guiones están escritos, y aquí Fernando ha sido elegante y rotundo: él no quiere saber nada del guión. Dice que no es su mundo. Es sumamente colaborador y generoso. Me dijo que el cine y la literatura son lenguajes diferentes, y que él no quería intervenir.

-¿Qué le interesó de ‘Patria’?

-De entrada que es una novela que cuenta algo que hemos vivido y hemos sufrido todos. La historia de los protagonistas es la historia del dolor de todos. De muchos. Y también es la historia del miedo, del silencio, de la vergüenza. Ha habido muchas maneras de vivir el dolor y la rabia de ETA, y eso también lo cuenta el libro. Quiero narrar la vida de la gente de la calle y esa escisión brutal que se produjo en la convivencia en Euskadi.

-Usted es el guionista y el productor y ha elegido a dos directores… Pablo Trapero y Félix Viscarret.

-Yo he intentado hacer una buena adaptación de un relato histórico, brillante y valioso, como el de Fernando Aramburu. Tenía clara una cosa: aquí a veces da la sensación de que de la ETA lo sabemos todo, y quería introducir otra mirada, una mirada desde fuera como la de Pablo Trapero, argentino, que se alejase de los tópicos, de los lugares comunes, y que explicase el conflicto a su modo, con una mirada más libre, más desprejuiciada, con otro modo de entender. La historia de ‘Patria’ es un drama local, si se quiere, pero esencialmente es universal.

-Y con él estará Viscarret, biógrafo de Carlos Saura y autor de ‘Bajo las estrellas’, basada en ‘El Trompetista del Utopía’.

-Sí, Viscarret es vasco, donostiarra y harán cada uno cuatro capítulos. Pablo Trapero marcará el tono, el estilo, los planteamientos de cada episodio, y Félix seguirá su estela, con su propia personalidad. Esta es una historia de matices, que ahondará en la percepción de la calle y en la intimidad de las casa y, por supuesto, en la energía de los personajes. Es una historia que exige atención, cuidado en los detalles, sutileza y también coraje. Todos hemos sido víctimas de ETA.

¿Qué se siente usted más guionista o productor?

-A mí lo que me gusta es escribir. Componer guiones, dar vuelo y vida a las historias. Me siento un contador de historias que intenta despertar emociones y narrar acontecimientos que vayan directos al corazón.

-¿Cuál es el secreto de las series?

-No creo que haya uno, pero le diría que las series deber ser historias que cuenten historias, que rezumen autenticidad, verdad, con personajes variados, de diversos tipos, buen ritmo e intensidad. Algo que acabamos de ver con ‘El día de mañana’, la adaptación de Mariano Barroso de la novela del zaragozano Ignacio Martínez de Pisón.

DIÁLOGO CON SERGIO VILA-SANJUÁN

https://www.letraslibres.com/espana-mexico/revista/entrevista-sergio-vila-sanjuan-los-catalanes-no-deberiamos-vernos-instigados-escoger-entre-dos-tradiciones

Una entrevista con Sergilo Vila-Sanjuán.

RODOLFO NOTIVOL RETRATA A PEPE MELERO

Texto de Rodolfo Notivol Gascón en la presentación de "El lector incorregible" en el Aula Magna del Paraninfo de la Universidad de Zaragoza, 12 de noviembre de 2018.

Y este es el texto que leyó Rodolfo Notivol, que, a mi costa, hizo reír a toda el Aula Magna. Gracias, amigo.

 

 

Presentar este libro me ha permitido descubrir a un Pepe Melero distinto, desconocido para mí.

Hace unos días, después de un inocente comentario mío en Facebook en el que hacía referencia a este acto, recibí la siguiente contestación de su parte:

«Te recuerdo que yo hablo el último. Y el que ríe el último…»

Como ustedes comprenderán, tan palmario intento de coacción me dejó desconcertado y me hizo plantearme algunas cosas.

¿Es habitual en Melero extorsionar a los presentadores de sus libros? ¿Es posible que, con su cara de buen chico, de comulgante aplicado, diría yo, Melero nos tenga a todos engañados?

Por supuesto, al principio, me dije que no, que no era posible, que era mi amigo y que le conocía bien.

Pero luego me vino a la cabeza la presentación de otro de sus libros, la de Los libros de la guerra, cuando nuestro querido y añorado J.A. Labordeta soltó aquella frase memorable que bien merecería pasar a los anales de la historia de las presentaciones.

«Si no me hubiera visto obligado a presentarlo —dijo—, yo jamás hubiera leído este libro».

¿Fue solo un arranque de franqueza aragonesa?, me pregunté. ¿O acaso José Antonio había sido ya víctima de las intrigas meleristas y estaba respondiendo a las mismas con su acostumbrada rebeldía?

No supe ni quise contestarme.

Ahíto de preocupación, comencé la lectura de El lector incorregible y a las pocas páginas di con las siguientes líneas:

«En mis lecturas de este verano sobre Joyce —nos dice Melero— me encontré con algunas cosas curiosas. Por ejemplo, con que no le gustaba a Juan Benet, lo que llamó mi atención, pues siempre pensé que los amigos de lo abtruso se sentirían cómodos en la misma cofradía.»

Como pueden imaginar, al acabar de leerlo me temblaban las piernas bajo la mesa ¿Si era capaz de decir semejantes cosas sobre Joyce o Benet, qué no sería capaz de decir sobre este humilde juntaletras?

En fin. Les cuento todo esto para que, si encuentran excesiva la lista de halagos y alabanzas que viene a continuación, sean comprensivos conmigo y tengan en cuenta que estoy sometido a una gran presión.

Empecemos pues:

Pepe Melero es el Woody Allen de las letras aragonesas.

¿Te parece bien así, Pepe?

Y lo es, no solo porque si dices las palabras médico u hospital en su presencia se marea, que también, sino porque, como el director neoyorkino con sus películas, ha logrado que cada dos años sus seguidores esperemos ávidos, ansiosos, hasta con síndrome de abstinencia diría yo, puestos ya a exagerar, una nueva entrega de sus artículos.

¿Y por qué ocurre esto?, se preguntarán.

Pues ocurre porque todos sus libros se parecen, pero todos nos sorprenden.

Porque todos están hechos de pequeños detalles, de esos con los que se hace la buena literatura y con los que se conoce a la buena gente.

Porque cada uno de sus textos es una celebración de la vida que más nos gusta: la ciudadana, la culta, la más libre.

Porque en sus textos la vida pequeña puede siempre con las grandilocuencias.

Porque lo que le gusta de Joyce no es el Ulisses, sino las cartas llenas de cochinadas que escribía a su esposa Nora.

Porque aunque le mire el culo a las hijas de sus amigos es solo en las películas y porque él se debe a su público.

Porque nos enternece que piense que es un buen actor cuando el bueno de verdad es Ismael Grasa.

Porque a este paso antes ganará un Goya que verá al Zaragoza otra vez en primera.

Porque si hubiera un Oscar a la amistad bien entendida él estaría siempre nominado.

Porque, según él, «el valor de los amigos no depende de lo que piensen, sino de cómo y cuánto nos quieran».

Porque cualquiera que leyera sus libros querría ser amigo suyo. Salvo Joyce y Benet, claro.

Porque nos recuerda cómo fantaseaba Félix Romeo con las apasionadas noches zaragozanas de Virginia Woolf y su marido.

Porque sus libros están llenos de celebraciones, de recuperaciones y de homenajes, como los que hace en este libro a José María Matheu, a Fernando Ferreró, a Rosendo Tello, a Juan Antonio Gómez o, sobre todo, a nuestro querido Alfredo Castellón.

Porque, como diría Pich i Pon, algunos de sus textos «nos erizan los pelos del corazón».

Porque es capaz de escribir dos artículos sobre verdugos para el mismo libro y quedarse tan ancho.

Porque es capaz de escribir dos artículos sobre verdugos y aclararnos que todos ellos antes que verdugos fueron delincuentes, lo cual explica muchas cosas.

Porque sabe cómo escribir del Zaragoza actual sin que las lágrimas salpiquen las páginas.

Porque a su Zaragoza en este libro solo le dedica un artículo. Uno menos que a los verdugos. Y eso demuestra que sí, que es un buen zaragocista, pero no el mayor, porque ese soy yo.

Porque, como en aquellos chistes antiguos, es capaz de relacionar a Durruti, a un comisario de policía y a Mi vaca lechera.

Porque le gusta hablar bien de su editor y no comprende que así nunca será en un escritor maldito.

Porque cuenta como nadie lo absurdo y cruel de la guerra.

Porque nos recuerda al tenor Carlos Lizondo y cómo cantaba el Adiós a la vida delante de la tapias del cementerio, frente al pelotón de fusilamiento.

Porque nuestras vidas no hubieran sido las mismas si no nos hubiera descubierto al gran Josep Puyol, el «pedomano», y si no nos hubiera detallado que actuaba con calzones de satén negro, que a veces los cambiaba por un frac, que en su repertorio incluía el pedo del cañonazo y el pedo la modista, y que este último imitaba a la perfección el ruido de la tela al rasgarse y duraba exactamente 10 segundos. Muchas gracias, Pepe. Después de saberlo todos dormiremos más tranquilos.

Porque para él la erudición no es un fin, sino una herramienta que usa para relacionarse con el mundo.

Porque aunque habla de libros y de autores, lo que a él le interesan son la vida y sus misterios.

Porque sus libros demuestran que la literatura y la vida son como el azogue y el espejo, se necesitan la una a la otra.

Porque, cuando escribe, nunca se pone tan estupendo como acabo de hacerlo yo.

Porque en sus libros tienen voz las “sinsombrero” del mundo. Todas esas mujeres a las que, como él dice, algunos quisieron sepultar bajo “pesadas losas de silencio”.

Porque escribe sobre la historia de Zaragoza como si la ciudad hubiera sido su primera novia.

Porque quiere tanto a Zaragoza y a Aragón que le quema la racanería con que, a veces, se comportan con sus hombres más ilustres. ¡Por favor una placa ya en todas las casas zaragozanas de Goya!

Porque le perdono que no haya incluido a Montemolín entre los viejos barrios de Zaragoza.

Porque es compasivo con los humildes e implacable con los petulantes y los pelmazos.

Porque no aguanta a los solemnes.

Porque hay que leer sus textos con gafas de soldador para prevenir las pedradas inesperadas.

Porque utiliza la ironía como un maestro de esgrima, para pegar estocadas. Y es que es muy amigo de Ángel Artal y, claro, todo se pega.

Porque con su trajín de libros antiguos y primeras ediciones nos recuerda que la vida es un continuo que no ha empezado ni acabara en nosotros.

Porque los libros que compra han pasado de mano en mano y como diría Ismael Grasa, respira en ellos «el transcurso de las décadas.»

Porque hay que leer sus libros sin fijarse mucho, con relajación, no vaya a ser cosa que localicemos una errata y le demos un disgusto.

Porque por saber sabe hasta dónde perdió la virginidad Ildefonso Manuel Gil.

Porque algunos amigos quisimos titular el libro El lector empalmado y, afortunamente, él se negó.

Porque, como diría Antón Castro, hay que leer sus textos con un pañuelo cerca para empapar la ternura.

Porque, sí, en el fondo es un tierno y blando y se emociona con la historia de Adelina, aquella lectora casi ciega que le regaló una edición muy especial del Saputo. O con la de Royo Villanova que visitaba la tumba de su mujer cada mañana antes de ir a dar clase.

Porque no le gusta que los limpiabotas le limpien las botas.

Porque aunque le preocupe qué será de su biblioteca cuando él no esté, lo que de verdad le inquieta es el paso del tiempo, como a todos.

Porque aunque le gustaría tener tantos apellidos aragoneses como Moneva, él calza siempre castellanos... y es un hombre abierto, de mundo y cosmopolita.

Porque se codea igual con el Pastor de Andorra y Perico Fernández que con Karen Blixen o Marilyn Monroe.

Porque en sus textos lo mismo aparecen reyes y catedráticos que payasos.

Porque escribe y vive contra la amargura.

Porque nos recuerda, como diría Miguel D´Ors, que la felicidad consiste «en no ser feliz y que no te importe».

Porque cuando escribe sobre sí mismo, en realidad, lo hace sobre todos nosotros.

Porque cree que la risa está infravalorada.

Porque le gusta reírse de sí mismo.

Porque nos gusta que escriba que por un artículo es capaz de jugarse el matrimonio.

Porque todos sabemos que eso no se lo cree ni él harto de moscatel.

Porque le queremos a pesar de lo que hace sufrir en sus escritos a su vicerrectora favorita.

Porque ha hecho de su vicerrectora favorita un personaje gruñón y un tanto tacaño, pero muchos sabemos que sin la de verdad, sin su Yolanda, no sabe ni por dónde salir de un ascensor.

Porque, como buen bibliófilo, aunque a veces leyéndole parezca que está un poco trastornado, no es que lo parezca, sino que lo está, y a él le encanta reconocerlo.

Porque viene de participar en una tertulia llamada «Ojalá se te apolille» y eso demuestra lo que acabo de decir.

Porque Yolanda, Iguácel y Jorge aceptaron vivir con él dentro de una biblioteca y él se lo agradece con una espléndida dedicatoria.

Porque con sus libros ha creado un género propio.

Porque no solo ha creado un género propio con sus libros, sino también con sus presentaciones y esta se parece mucho a una que hizo en este mismo edificio hace un par de años y de la que yo me acuerdo muy bien.

Porque las presentaciones de sus libros dan mucho juego y para mucho rato, pero esta tiene que terminar. Porque si no nuestra vicerrectora favorita nos echará a todos a la calle. Porque espero que todos ustedes salgan corriendo a comprar el libro. Porque Pepe y yo, como buenos masoquistas, tenemos prisa por irnos a ver al Zaragoza y porque, aunque me siguen temblando las piernas y me temo lo peor, siento curiosidad por lo que tenga que decir a continuación.

 

FERIA DEL LIBRO DE TARAZONA

FERIA DEL LIBRO DE TARAZONA

Un total de 43 autores, doce casetas de editoriales, librerías de la ciudad e instituciones y una treintena de actividades componen la programación de la V Feria del Libro de Tarazona organizada por el Ayuntamiento y que se celebrará los días 9, 10 y 11 de noviembre en el Recinto Ferial.

 

La concejala de Cultura Waldesca Navarro y los coordinadores de la feria José Luis Corral y Manuel Martínez Forega han presentado hoy los detalles de la programación llena de presentaciones, firmas de libros, mesas redondas, encuentros literarios, actividades y talleres infantiles y cuentacuentos.

 

En esta edición, el periodista y escritor Antonio Pérez Henares más conocido como Chani será el encargado de inaugurar la feria pronunciando el pregón en un acto que tendrá lugar el viernes a las 18.30 horas.

 

“Nuestro objetivo con esta feria es acercar las letras y la lectura al público y apoyar al sector y al talento creativo, contribuyendo además a hacer ciudad e intentando que se convierta en un fin de semana lleno de actividad para el sector servicios”, ha apuntado la concejala, que ha agradecido también la colaboración de los libreros de la ciudad.

 

Navarro ha destacado “la apuesta que venimos haciendo un año más por este evento que se ha convertido en un referente cultural con un programa de calidad que incluye la participación de numerosos escritores de primera línea”, entre los que destacan Isabel San Sebastián, José Calvo Poyato, Isabel Abenia, Luis Alberto de Cuenca, Francisco Ferrer Lerín o Javier Lostalé, junto con autores locales y escritores jóvenes, a los que se vuelve a apoyar en esta nueva edición.

 

En este sentido, cabe destacar la presencia de los autores locales Alejandro Puche y Jorge Martínez que presentarán el sábado a las 20.30 horas “Dos poetas en el Moncayo”.

 

La feria vuelve a ser un año más escenario de presentaciones en primicia como “La mañana descalza” de Inés de Ramón e Irene Vallejo, y “León Felipe: de la soledad española al definitivo exilio mejicano: 1884-1938” de Manuel Martínez Forega que tendrán lugar el sábado a las 18.00 y a las 20.00 horas respectivamente.

 

Durante la presentación, Corral ha animado “a los turiasonenses asumir como propia esta feria que tiene que ser de todos y para todos, convirtiéndose en un referente cultural”. 

 

Por su parte, Forega ha incidido en la calidad del programa y ha puesto de manifiesto los temas a tratar en las mesas redondas como la del viernes sobre periodismo y literatura y la del sábado sobre la aportación de los “Novísimos” y de la “Generación del lenguaje” a la poesía de fin de siglo.

 

La feria abrirá el viernes en horario de 18.00 a 21.00 horas, el sábado de 11.00 a 14.00 y de 18.00 a 21.00 horas, y el domingo de 11.00 a 14.00 horas.


*Nota de la organización. En la imagen Manuel Martínez Forega, uno de los organizadores con José Luis Corral.

 

UN POEMA PARA ÁNGEL GUINDA

UN POEMA PARA ÁNGEL GUINDA

RETRATO CON PLACER Y LUTO

 

Antón CASTRO

 

Ángel de la luz y de la tiniebla.

Ángel negro, ahijado de Baudelaire y de Ungaretti.

Ángel exiliado en el centro de la soledad,

te recuerdo hecho verso de amor y desesperación:

pasarían los aviones, en medio de la guerra y la angustia,

y seguirías queriendo, te abrirías en canal

para ofrecer estancias a los desesperados, a los vencidos,

a los esclavos del crimen, de la intemperie y del poema.

Te recuerdo como eras, sí: cristal oscuro contra el cielo

en la voz del juglar Luis Felipe Alegre,

al que le habías dado tus últimos borradores

y aquel verso casi procaz que tanto te divertía:

imprímanse, por favor, en vaginas y no en páginas. Diosas jóvenes.

 

Más tarde, te vi, tenaz y enigmático, en un restaurante de pobres,

el Benjamín, donde te hacías el interesante

o te sentías el centro de la fiesta mucho antes de que empezases

a beber como un leñador soviético o un andariego sin destino.

La embriaguez era el estado ideal para capturar metáforas.

Luego, cuando ya eras el profeta de la noche y de las rebeldías,

volví a verte entre la multitud de los rapsodas sin verso propio.

Te pedían, Ángel, condúcenos, llévanos de la mano,

enciéndenos ese latido turbio de tu corazón,

haznos sentir esparto, dentellada, tormenta en los Monegros.

Y un día, habitado de nuevo por el amor,

viniste a mi casa. Hablaste por los codos. De todo: de Salinas,

de Lorca, de Quasimodo, de Cecco Angiolieri, de la noche entera,

de tu alma líquida y abisal, a punto de hundirse en un pozo.

Recuerdo la escena: aquel nuevo amor, aquel suave amor

(tus amores son, esencialmente, uno: el amor volcánico que exiges

y das hasta el temblor de las ideas, la locura y la sinrazón del deseo)

te cogió, te besó, te abrazó y te sacó a los jardines del Edén.

Recuerdo tus ojos de náufrago. Recuerdo tu voz resquebrajada

de terrores y de llanto sin lágrimas. Te ibas lejos.

Te ibas un poco más allá de casa para recuperar lo mejor

de ti mismo: lo que siempre has sido. Un ángel incierto.

Una criatura de bondad irreductible. Pasión de ortigas.

Un relámpago de luz, de sensibilidad y de emoción rabiosa.

El amanuense que ansía hospitales de reposo para su lírica

o catedrales de humo y de piedras tan antiguas como un jadeo.

 

Eras otro y tú mismo. Eras un profeta de silencio.

Un traductor de escarchas con una lengua de puñales en las sienes.

Eras el pensador brillante que ibas a pescar el sol en la noche.

Eras lo que eres cada vez más: un poeta astral. O espectral.

Un fugitivo de las sombras, el niño asombrado que una y mil veces

vuelve a la casa del padre para hallar el tesoro perdido:

aquel rostro de la madre muerta que te llamaba con su voz

de ultratumba, aquel crepitar de la lumbre donde la poesía

se hacía santuario, refugio, tálamo, espejo, corredor de extravíos,

oleaje decisivo, intimidad del grito inaudible.

 

Ángel Manuel Guinda Casales, no despilfarres el don esencial:

en ti la vida se vuelve lascivia, lucidez, alegría, flor de inmortalidad.

En ti la vida es cierzo, melancolía, violencia del sentir.

No te resistas a ser ángel, o Ángel, esclavo del placer y del luto.

 

 

Garrapinillos, 27-28 de diciembre de 2017.

 

*El retrato de Ángel Guinda es de Enrique Cidoncha...


UN DIÁLOGO CON IGNACIO PEYRÓ

Otra entrevista de la contraportada, con grabación de vídeo incluida, con Ignacio Peyró, con motivo de la publicación de su libro 'Comimos y bebimos' en Libros del Asteroide.

 

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2018/10/25/ignacio-peyro-no-gusta-cocina-que-mete-medio-conversacion-1273764-1361024.html

MARCOS GIRALT TORRENTE: UN DIÁLOGO

MARCOS GIRALT TORRENTE: UN DIÁLOGO

Hoy, en la contraportada de Heraldo de Aragón, publico esta entrevista con Marcos Giralt Torrente (Madrid, 1968), que acaba de publicar ’Mudar de piel’, en Anagrama. Nueve cuentos de trasfondo familiar.

 

https://www.heraldo.es/noticias/aragon/zaragoza/2018/11/02/marcos-giralt-torrente-soy-hijo-unico-creo-que-mirado-vida-desde-balcon-1275263-2261126.html