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Antón Castro

Escritores

HA MUERTO MIGUEL MARTÍNEZ-LAGE

HA FALLECIDO EL TRADUCTOR Y ESCRITOR

MIGUEL MARTÍNEZ-LAGE

Esta noche, mi hija Aloma me escribía diciéndome que se había muerto por la noche, y probablemente de infarto, en Vera (Almería) el gran traductor Miguel Martínez-Lage (1961-2011), con quien he coincidido varias veces: en Zaragoza, recuerdo una noche memorable de tertulia y parranda y toda la pasión por la vida que él exhibía siempre (regresó a Tarazona en su coche, un poco chisposo), y por supuesto en Tarazona. Solía acudir, en tiempos de Uriz y de Maite Solana, a la cita anual de los traductores españoles. Cobijó el sueño de dirigir la Casa del Traductor. Se sentía muy feliz en el Moncayo, protegido por la montaña y la leyenda, se sentía un ave nocturna, y en el fondo, viviendo como vivía entonces en Pamplona, se sentía muy cerca de casa.

Recuerdo que me veía bastante con él: no conozco mucho su vida sentimental, pero durante un tiempo vivió una relación muy romántica con una chica de Barcelona, Miguel y ella se citaban en Zaragoza los fines de semana, y eran como dos enamorados de sábado y domingo en una ciudad que cada vez les era menos extraña. Miguel era apasionado, vehemente, enamoradizo y, sobre todo, muy trabajador. Muy trabajador; parecía caótico, pero debía ser todo lo contrario. En 2008 recibió el Premio Nacional de Traducción por su trabajo, monumental de veras, sobre la ‘Vida de Samuel Johnson’ que publicó Acantilado en casi dos mil páginas. En realidad, puede decirse que Miguel Martínez-Lage era como un torrente, un traductor insaciable, curioso: ha traducido a William Faulkner, Martin Amis, Auden, Samuel Beckett (“Rumbo a peor, de Samuel Beckett. Es la traducción más hermosa que he hecho nunca, quizá porque la hice en compañía, con otros cuatro traductores”, le decía a la periodista Nuria Alejos), Saul Bellow, Steinbeck, Stevenson, Evelyn Waugh, Eudora Welty, Coetzee, Joseph Conrad, Don DeLillo, Hemingway, Henry James, George Orwell, Poe, Pound, Steiner o Virginia Woolf, entre otros muchos. Siempre decía que una de sus traducciones más difíciles había sido ‘Absalón Absalón’ de Faulkner, y en 2008 confesó que lleva tres años sin ver la televisión. “La virtud indispensable de un traductor es la invisibilidad, que no se note que un texto está traducido, pero luego es difícil conseguir una cierta consideración social. Afortunadamente, hay editoriales que ponen el nombre del traductor en la portada”, declaró al ‘Diario de Navarra’ en 2008.

Miguel Martínez-Lage era un animal literario, un letraherido, que también escribía y que cobijaba un último afán: quería hacer una carrera personal como escritor.

UNA LECTURA DE MARTÍNEZ DE PISÓN

 

 

El día de mañana. Ignacio Martínez de Pisón. Seix Barral: Biblioteca Breve. Barcelona, 2011. 382 páginas.

 

Pícaro, delator e iluminado

 

Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) es un novelista metódico y talentoso. Y de una constancia imperceptible: se aplica a sus libros sigilosamente, con vehemencia, con una lucidez tranquila y con una especial conciencia del oficio. No quiere deslumbrar a nadie: es un novelista de fondo, realista, natural, el forjador de un estilo casi cinematográfico, tan paciente como invisible. Siempre hace muchas cosas: investiga el misterio y la muerte de José Robles Pazos, escribe guiones como ha hecho en ‘Las trece rosas’ o ‘Chico y Rita’, redacta novelas de excelente factura como ‘Dientes de leche’, ‘El tiempo de las mujeres’ o ‘Carreteras secundarias’. O incluso ordena una antología de cuentos sobre la guerra civil española en ‘Partes de guerra’. Pisón es un parsimonioso pugnaz: obsesivo, perfeccionista, discreto. Al quite y sin obsesión alguna por el desquite. Y es, ante todo, un auténtico novelista, heredero de Pío Baroja y de Sender, de John Cheever y de Patrick Modiano, de Mario Vargas Llosa, por citar algunos ejemplos.

Lleva en Barcelona alrededor de 30 años y ahora ha decidido rendirle un homenaje a una de las ciudades más literarias de España con ‘El día de mañana’, una novela que cuenta la vida de un personaje como Justo Gil Tello que será emigrante a la deriva, superviviente, pícaro, delator e iluminado. A través de una especie de casa con muchas ventanas, de un caleidoscopio del recuerdo, a Justo Gil Tello lo irán dibujando quienes lo conocieron, quienes lo ayudaron, quienes sufrieron algunos de sus desmanes y sus muchas deslealtades o aquellos para quienes apenas era un loco, un enamorado que soñaba, como don Quijote, en construirle una mansión o un refugio a una dama que solo era tal en una de sus más extrañas e imprevisibles quimeras.

Ese Justo Gil Tello, de origen aragonés y procedencia rural, llegó a Barcelona a con una madre enferma, a la que cuidará, a la que lavará, a la que sacará a paseo este inicial buen chico. Aquella era una España sórdida: de mentiras y miedos, de delaciones, de amores urgentes y de queridas a las que se conquistaban con perfidia y flores, y de hambre atrasada. Justo, en medio de una selva de hechos, de personajes (como aquella Ju-Ju, mucho más alta que él, tan sensual, tan rebosante de carne y belleza que le hinchaba la falda), intenta encontrar un camino. Va de trabajillo en trabajillo, de afán en afán, de chapuza en chapuza y secreteo, de estafa en estafa, y poco a poco se convierte en confidente de la policía política del régimen. Pisón cuenta todo eso con una fluidez imperceptible: sus criaturas rezuman verdad, verdad literaria y verdad vital, y colaboran en resolver un pequeño enigma: “¿Cuántas cosas se pueden contar de un personaje?”. Un personaje que vivía “en un constante estar alerta”, un personaje que se va haciendo acreedor a epítetos que no honran a nadie: idiota, paleto, “el peor de los confidentes”, que cobrará 4.000 pesetas al mes, capaz de matricularse en Derecho y de zambullirse en círculos nacionalistas, en las noches de Bocaccio o de leer a Jaime Gil de Biedma.

El procedimiento narrativo de Martínez de Pisón es el del ‘quest’: doce seres, con su propio latido y con su propia biografía, recuerdan a Justo. Entran y salen de su vida y de la novela. En cierto modo, Pisón emplea la estética de la mancha de aceite controlada, el mapa de las emociones. Esos doce seres entran y salen en diálogo con el lector, en diálogo con Barcelona y con una época abonada a la marginalidad, a la miseria, a la represión y a la impostura permanente. Justo Gil Tello es un impostor sin escrúpulos, y quizá se corriese el peligro de que la aventura de ese ser repulsivo y antipático pudiera interesarnos algo menos. Sin embargo, ocurre lo contrario: los personajes que cuentan se alzan una y otra vez, como ocurre con Carme Román -que es una mujer noble que se reinventa a sí misma y encarna la capacidad de aprendizaje, de rebeldía y de evolución de muchos españoles-, con Mateo Moreno, con Elvira Solé, con esa Loreto que decide cambiarse el nombre y ser Chantal, casi una diosa cotidiana a la busca del placer y de la libertad, con el periodista Manel Pérez, que escribe de la ultraderecha catalana, con el joven Noel. Esta es una novela de personaje y personajes, de vida y destino, de contexto social, una novela de una ciudad, y es el retrato de un desalmado que se anuda y desanuda a la fatalidad.

Pisón ha manejado mucha documentación y ha desempolvado muchos periódicos y las crónicas de Xavier Vinader. Y traza una paradójica existencia, dibuja numerosas tramas, recrea episodios y personajes –la protesta de los curas, el encierro de Montserrat, el entierro posterior de Carlos Barral, en un viaje al futuro, la evocación de Gil de Biedma…-, mira de frente al pasado (el franquismo y el principio de la Transición), y se permite numerosos detalles de humor (por ejemplo, aquellos “pedos vaginales” de Fina, una novia fugaz de Justo) y da rienda suelta a una vieja obsesión suya: la asociación de escritores de palíndromos, que llegan a reunirse en Sos del Rey Católico y dejan perlas del tipo “Eva usaba rímel y le miraba suave”.

‘El día de mañana’ es una novela compacta, muy bien hilvanada con sus voces y sus elipsis, dotada de una extraordinaria fluidez, una novela que prueba que Ignacio Martínez de Pisón conoce las respuestas más definitivas de los seres humanos, explora el camino del corazón y lo exhibe, sin retórica, en toda su belleza, en todo su dolor y en toda su complejidad.

 

LITERATURA, HUMOR Y MÚSICA, ESTA MEDIANOCHE EN BORRADORES

Borradores ofrece esta noche, a las 0.45 horas, un programa especial de literatura, en vísperas del Día del Libro, que en esta ocasión se ha adelantado al domingo 17 de abril. Los invitados al plató son el cantante y compositor Raúl Almazán, Copiloto, que publica un nuevo disco: ‘El inicio, el desencanto y el círculo de confianza’, del que interpreta, acompañado por Javier Polo en las percusiones, ‘Ya me conoces’ y ‘Salvar el día’. En la entrevista, Javier Almazán habla del espíritu del disco, de las claves de sus canciones, de su relación con la poesía y con Sylvia Plath, y de su modo de componer y de algunas referencias.

Copiloto visto por Gustaff Room.

Por otra parte, Joaquín Carbonell y Roberto Miranda presentan su nuevo libro: ‘Aragón sin empalmes’ (Voces del mercado), un libro que ahonda en su sentido del humor y en la línea que habían emprendido con otros títulos como ‘Gran Enciclopedia de Aragón preta’ o ‘Aragón a la brasa’. Crean, inventan personajes, glosan hechos, narran, miran Aragón con ironía, entre el absurdo, el surrealismo y la somardería. Roberto Miranda, además, acaba de jubilarse como periodista, oficio que ha ejercido durante treinta años y hace una valoración de su trayectoria.

Roberto Miranda y Joaquín Carbonell.

Por otra parte, Borradores ofrece otros cuatro reportajes y entrevistas. Francisco Ferrer Lerín habla de dos libros: ‘Familias como la mía’ (Tusquets) y el poemario ‘Fámulo’ (Tusquets: Nuevos Textos Sagrados), por el que recibió el premio de la Crítica 2010; Ferrer Lerín se retrata como un raro. Aurora Egido comenta dos estudios: ‘El águila y la tela’ (Olañeta), centrado en la obra lírica de San Juan de la Cruz y Teresa de Jesús, y ‘El político’ de Baltasar Gracián, a propósito de una nueva edición que se ha publicado en Almuzara de Sevilla, de la que ella es coeditora. Luis García Jambrina habla de su segunda novela con Fernando de Rojas, como protagonista: ‘El manuscrito de nieve’ (Alfaguara), que aborda la investigación de varios crímenes encadenados y explora la presencia en Salamanca, en el círculo de Isabel la Católica, de un puñado de mujeres marcadas por el estudio y la erudición. Y para cerrar, el escritor y traductor Daniel Gascón habla de su tercer libro de relatos: ‘La vida cotidiana’, por el que fue elegido Nuevo Talento FNAC. Esta colección de cuentos, publicada por Alfabia, analiza los amores difíciles, el hecho de hacerse mayor, los pequeños detalles y los gestos de la vida.

ADOLFO GARCÍA ORTEGA: 3 POEMAS

Ese escritor (narrador, ensayista y poeta) y editor que es Adolfo García Ortega acaba de publicar un nuevo poemario en Abada. Se titula ‘Nuestra alegría’ y he aquí una selección de tres textos que me remite, con total cortesía y a petición mía, Adolfo,a quien conocí hace algún tiempo durante una visita a Zaragoza, en la librería Antígona.

 

 

NUESTRA ALEGRÍA

 Nunca te he dicho

que cuando bebo champán

soy inmortal, soy inmortal.

 

Nunca te he dicho que es de locos

nuestra alegría, de locos

nuestros besos, inmortales.

 

Nadamos en el mar de la música

que oímos en el champán

de los locos, la alegría inmortal.

 

En el champán de los locos

la alegría suena inmortal

y tu voz loca suena dentro

de mi ser alegre, suena inmortal.

 

Tengo suerte. Una suerte alegre.

Mala inmortal buena suerte

alegre, pero pienso cambiarla,

es en eso en lo que más pienso

a cada hora, hora inmortal.

 

Cambiar mi amor por tu amor.

Beber champán. Alegre, inmortal,

extraño champán que nos cambia.

El cielo sí, de verdad que sí

nos cambia en el champán inmortal.

 

No hay más alegría que la nuestra,

nuestra alegría que nos cambia.

Tú y yo observamos ciertos cambios

cuando bebemos champán.

Sí, hay ciertos cambios

en el cielo inmortal cuando

el alegre champán nos dice locos.

 

Luce el sol, alegría y buena suerte

hasta donde yo recuerdo,

hasta donde tú recuerdas.

¿Recuerdas, champán

loca alegría inmortal?

¿Sabes acaso que eres inmortal,

que yo soy inmortal?

 

Vagamos por el amor como en inmortal

día soleado, como en alegre día loco

impropio de este mundo.

Somos extraños entre los extraños

locos de este mundo inmortal.

 

¿El próximo año qué locura traerá,

y el próximo mes, y el día que viene

detrás de este día, qué locura?

Un día inmortal

y soleado de alegre champán

será suficiente para nuestra alegría.

 

TODO

            

Todo es un regalo y tiene nombre.

A veces una despedida lo envenena sangrientamente,

como el dolor de un labio roto,

como el sabor de un labio roto

en mil pedazos.

Y desespera pensar que todo

—ese todo regalado,

ese todo con nombre—

cabía en ti, de quien sé la piel,

espiritual forma de la luz,

hada,

crepúsculo,

aroma del té,

temprana alegría y alegría temprana,

voz y palabra,

incendio de cada hora,

voz de nuevo y voz nueva,

época sellada,

atrás y adelante,

siempre comienzo y suma,

todo en ti,

toda tú.

 

ANUNCIACIÓN

 

 

A Pere Gimferrer

 

 

 

Mucho he pensado

cuánto tiempo tardan

en llegar a su casa

un ángel que baja

y un ángel que sube.

 

Y

cuánta vida

con sus siglos y desiertos

han de atravesar

para llegar a su casa

un ángel que baja

y un ángel que sube.

 

Y

cuántas huellas

y noticias irreparables

tienen que borrar

antes de llegar a su casa

un ángel que baja

y un ángel que sube.

 

Ellos,

los ángeles de la historia,

los mensajeros de la última palabra,

la que se dice al final

y se dice al principio,

como el latido de la vacilación

al desvestirse.

 

*Las tres fotografía son de Gertrude Kasebier. Una fotógrafa que creaba atmósferas de belleza y refinamiento, próximas a la estética de 'Camera Work'.

SERGI PÁMIES VISITA ZARAGOZA CON 'LA BICICLETA ESTÁTICA'

Esta tarde, a las 20 horas, en la librería Los Portadores de Sueños se presenta un libro de 19 relatos, alguno de ellos inolvidable: ‘Unplugged’, ‘Cien por cien seda natural’, ‘La mujer de mi vida’, ‘Benzodiazepina’, un delicioso juego de espejos sobre el ser y la realidad virtual que comienza así, “He quedado conmigo mismo dentro de dos horas”, o ‘Cuatro noches’, un diálogo del autor con su memoria y con una película, ‘Las noches de Cabiria’ de Federico Fellini. Por supuesto que estoy hablando de ‘La bicicleta estática’ de Sergi Pàmies (Anagrama, 2011. Traducción del catalán del autor), que contará con un lector tan exigente y apasionado como Félix Romeo.

Es un libro breve, de cuentos como suspiros, un libro sobre los naufragios de la madurez, la importancia de los hijos y sus enigmas, un libro sobre el amor y los hechos cotidianos; de golpe, cuando menos te lo esperas, la realidad es como una detonación, un relámpago que incorpora lo maravilloso, la sorpresa, el absurdo o la evocación. E incluso esos proyectos que aplazamos y empezamos una y otra vez como hacer ejercicio en la bicicleta estática. O como desplegar en nuestra imaginación las posibles mujeres de nuestra existencia. No conozco a Sergi Pàmies, leo sus columnas en ‘La Vanguardia’, y siempre me ha parecido un escritor con un talento especial. Finísimo. Sutil. Inspirado. A veces, pienso en él y también pienso en otro magnífico narrador en breve y en largo como Jordi Puntí. Sergi Pàmies visitará en breve el plató de ‘Borradores’.

JULIÁN CASANOVA: UN DIÁLOGO SOBRE 'EUROPA CONTRA EUROPA'

JULIÁN CASANOVA: UN DIÁLOGO SOBRE 'EUROPA CONTRA EUROPA'

[Esta tarde, en la librería Cálamo, en compañía que la escritora Almudena Grandes y el escritor y cantautor Joaquín Carbonell, Julián Casanova (Valdealgorfa, 1956) presentará su nuevo libro: ‘Europa contra Europa, 1914-1945’ (Crítica). Hace unos días publicaba en ‘Artes & Letras’ de Heraldo esta entrevista que ofrece una pequeña visión del libro.]

 

 

 

 

¿Cuál es el espíritu de su libro ‘Europa contra Europa, 1914-1945’ (Crítica, 2011. 260 páginas)?

Salir de España, ampliar el foco de estudio, usar el telescopio, comprender mejor la historia, y el mundo en que vivimos, a través de la comparación, del análisis de las similitudes y diferencias entre los diferentes fenómenos y acontecimientos históricos. Y para hacer eso, he elegido la síntesis, combinando la narración histórica con el ensayo. Pero la narración no sólo es un vehículo para transmitir acontecimientos históricos. Tiene forma y contenido. Para un historiador español, salir de España es un reto, porque estamos formados para estudiar el pequeño mundo que nos rodea.


¿Qué significó para Europa la Primera Guerra Mundial?


Es la auténtica línea divisoria de la historia europea del siglo XX, la ruptura traumática con las políticas entonces dominantes. La guerra es el resultado de disputas imperiales, está ideada para garantizar la supervivencia y continuidad de los imperios, sobre todo el alemán y el austrohúngaro. Y sin embargo, acabo con su estrepitosa derrota y desaparición, cuatro años después. Por el camino se llevó al Imperio ruso y provocó también la conquista bolchevique del poder, el cambio revolucionario más súbito y amenazante que conoció la historia del siglo XX. Se esperaba que fuera corta y duró más de cuatro años. Esperaban que dejara las cosas casi igual y acabó con la vida de más de ocho millones de personas.

De esa primera Guerra salieron dos corrientes antagonistas: el fascismo y el comunismo.


Son dos ideologías que idealizan y ensalzan la violencia como una forma de protesta social frente a la decadente sociedad burguesa. La democracia, que parecía un camino general a seguir tras el armisticio y final de la guerra, acabó acosada, con sociedades civiles débiles frente a los movimientos autoritarios. Pero el viento que sopló con más fuerza, salvo en Rusia, fue el de la contrarrevolución y ese es el que finalmente derribó a todas la repúblicas democráticas y llevó a las democracias a una segunda guerra todavía más destructiva. La crítica a los parlamentos y a la democracia, en suma, ganó terreno tras los desastres de la guerra, el miedo a la revolución y, sobre todo, con el impacto de la crisis económica de 1929.

Habla de la República de Weimar. ¿Qué significó, de veras, en la política europea y en la cultura? ¿Qué supuso su caída y ese «nacimiento de una edad negra»?

La República de Weimar nació de una guerra, tuvo una atormentada vida política y económica, pero, como puso de manifiesto ya hace tiempo Peter Gay, su historia, comparada con el desastre que llego después, es ‘El Dorado’, una auténtica «edad de oro» de la cultura alemana, la modernidad en el arte, en la literatura, en el pensamiento, nombres como Albert Einstein, Thomas Mann, Bertolt Brecht, George Grosz o los artistas de la ‘Bauhaus’. Y para algunos de los padres de la constitución republicana española, la República de Weimar fue un referente. Tuvo una vida más atormentada que la española, por cierto, pero duró el doble, antes de que el autoritarismo y después el nazismo se la tragaran.

¿Cuál fue la importancia real de la revolución bolchevique?


La revolución fue un sueño, que se convirtió pronto en una pesadilla. En realidad, creo muy pronto un Estado muy fuerte, burocratizado, que impidió el desmembramiento de lo que había sido el imperio de los zares. Por mucho que se ponga énfasis en su parte más positiva, de justicia y cambio revolucionario, siempre salen en su historia los cadáveres que fue dejando desde el principio. La historiografía está dividida sobre si eso fue un producto ya presente con Lenin o fue un proceso que contaminó y llevó a sus últimas consecuencias la tiranía de Stalin.


¿Qué tienen en común tres de los grandes personajes del libro: Stalin, Hitler y Mussolini?


Se ha escrito tanto que es difícil decir cosas «nuevas». Pero el historiador tiene que ofrecer siempre pistas para quienes leen desde el presente. Los tres son producto de la Primera Guerra Mundial, subieron de la nada, arrancaron desde fuera del viejo orden monárquico e imperial, propusieron rupturas radicales con el pasado y mucha gente creyó en ellos y les siguió. Son líderes carismáticos, en el sentido weberiano, polos de atracción y vehículos para la política de masas.


¿En qué medida fue la guerra española un ensayo de la guerra internacional que se avecinaba?

Es una guerra internacional en suelo español. Ahí estaban ya todos los protagonistas, pero en un momento en que las democracias trataban todavía de apaciguar a Hitler y el resultado fue el triunfo del fascismo. En España ha pasado a la historia, y a la memoria, fundamentalmente por la tremenda violencia que generó.


¿Esos treinta años fueron un azote contra la democracia, no?

Contra la democracia, contra la sociedad civil democrática y contra millones de ciudadanos que se vieron involucrados sin quererlo. Es una «época de atrocidad moral», como la llama Charles Maier.

*La primera foto pertenece a José Miguel Marco, de Heraldo, y la segunda la tomo de 'Andalán'. 

JOAQUÍN BERGES PUBLICA EN MAYO 'VIVE COMO PUEDAS' (TUSQUETS)

JOAQUÍN BERGES PUBLICA EN MAYO 'VIVE COMO PUEDAS' (TUSQUETS)

El próximo mes de mayo, el escritor aragonés Joaquín Berges, autor de ‘El club de los estrellados’ (Tusquets, 2009) publica su segunda novela en la colección Andanzas, de Tusquets. La novela se titula ‘Vive como puedas’. Joaquín me envía la portada, un fragmento del libro y una nota sobre su trayectoria.

 

             —¿Has notado algo raro en los chicos en estos últimos días?

            —¿A qué te refieres exactamente: a que fuman a escondidas, a que Cris no es virgen o a que Alex lee revistas pornográficas?

            Luis recupera su tono de voz habitual.

            —No, Carmen, estoy hablando en serio —dice—. Ayer vinieron a casa y se conectaron a internet.

            —Lo sé, los mandé yo.

            —Ya. Pues has de saber que estuvieron consultando sitios de la red que enseñan a fabricar pastillas.

            —¿Y dónde es eso? ¿En bayer punto com?

            —Éxtasis, Carmen. Los chicos están aprendiendo a fabricar éxtasis.

           

 

            Luis es un ingeniero especializado en energía eólica. Está casado con Sandra, una naturista convencida que le obliga a llevar una aburrida vida sana. Su primera mujer, Carmen, se ha vuelto a casar con su primo Óscar, un oportunista lleno de ambiciones. Luis odia a su primo. No sólo se ha quedado con su mujer sino que además lo ha ridiculizado en el trabajo, usurpándole el puesto que le correspondía. Los hijos pequeños de Luis le formulan preguntas que no sabe responder y Luis se hace preguntas sobre sus hijos mayores que tampoco parecen tener respuesta. Su madre lo llama todos los días para comunicarle los valores de su tensión arterial. Su vecino Carles le recomienda que se tome la vida con calma, pero Luis no puede hacerlo. Tiene que resolver los conflictos de su hijo pequeño en el colegio, preocuparse de los líos de sus hijos mayores con las drogas de diseño, asumir que sigue enamorado de su primera mujer, aceptar al nuevo novio de su hija mayor y aplaudir las actuaciones de un payaso muy poco convencional que conoce en el hospital. Y todo eso mientras el viento hace girar las palas de los aerogeneradores, como si fueran las saetas de un reloj que descontara el tiempo que le queda de vida. La situación inicial, que parecía de un equilibrio algo inestable, se acaba convirtiendo en una situación de desequilibrio estable llena de enredos hilarantes, continuas sorpresas y vivencias al límite.

           

            Vive como puedas no oculta su guiño a la nada convencional y libertaria familia protagonista de una famosa comedia de Frank Capra de título similar, así como el homenaje al género de las screwball comedies clásicas, traídas al presente. El autor de El club de los estrellados, Premio a la Mejor Ópera Prima en español de 2009, nos propone una descacharrante comedia de situación, con personajes y escenas inolvidables, y donde de nuevo lo cómico alterna con lo profundamente emotivo, marca de la casa.

 

GUILLERMO BUSUTIL HABLA DEL CUENTO Y DE 'VIDAS PROMETIDAS'

Guillermo Busutil (Granada, 1961) es un escritor de libros de cuentos perfectamente unitarios de tono, de tema, de atmósfera, de aliento simbólico. Hace unos días, en compañía del escritor Félix Romeo, presentaba en Los Portadores de Sueños un nuevo volumen: ’Vidas prometidas (Tropo. Zaragoza, 2011), que consta de trece relatos largos y de otros quince, «que funcionan como anuncios publicitarios y a la vez como microrrelatos».


¿A qué se debe esta pasión, casi obsesión, por el cuento?

Nace de mis propios orígenes de escritor: por una parte, como autor nacido en los 60, fue muy importante para nosotros la narrativa latinoamericana del ’boom’, y ahí había muchos cuentistas: Borges, Cortázar, Bioy, Felisberto Hernández, que es anterior y mi favorito, Juan Rulfo. Y por otra parte, están mis raíces rurales.


Explíquese.

Yo nací en Granada, y me crié en el Albaicín y en el pueblo de Víznar, conocido porque en su barranco dicen que fue fusilado García Lorca. Allí, se contaban muchas historias y cuentos: de miedo, de lobos, de ahorcados, de aparecidos tras la tormenta o la lluvia. Mi abuelo tenía un molino de aceite en las afueras del pueblo y allí, probablemente, estuvo Lorca antes de ser asesinado.


Con esos mimbres, tenía que ser escritor. ¿No?


Empecé a escribir desde muy joven. A los ocho años ya escribía relatos, pequeñas novelas del oeste: hacía un ejemplar único y lo vendía en el colegio por diez o quince pesetas. Los compañeros lo compraban a escote.


Eso lo cuenta en el primer cuento, ‘Estrella sin ley’. Ese joven, fascinado con las películas del Oeste, con Giuliano Gemma y con un joven en moto, en una Bultaco, es usted.


Esencialmente soy yo. Y en el cuento -sobre la amistad, el amor, la complicidad y los sueños-, también se rinde otro homenaje al cine y a sus héroes: el joven que se marcha después de haber dado un escarmiento a los malos se parece un poco al Alan Ladd de ’Raíces profundas’.


¿Le marcó el más que probable hecho de que García Lorca estuviese en el molino de su abuelo?


En cierto modo. A los 14 años, cuando llegó el verano, yo iba corriendo al pueblo a encalar la casa con el secreto afán de encontrar un poema inédito, algo de Lorca. Lo que fuera. Y con quince años también me apunté a los trabajos en el río para encontrar vestigios de la Guerra Civil: encontramos un máuser, casquillos de bala... Hay otro cuento autobiográfico en el libro.


¿Cuál? ¿’La siesta de Odiseo’ quizá? ¿La historia del abuelo que le leía las aventuras de Ulises y de Moby Dick a su nieto?

Ese relato es esencialmente real. Yo debía ser un poco bala: había matado dos gallinas y mi abuela me ataba a la pata de la mesa. Una vez, cuando vino un circo, me escapé y me extravié dos horas entre las jaulas de los tigres y los leones, hasta que una trapecista dio conmigo. Mi abuelo me leía después de comer y hasta que bajaba el sol libros extraordinarios: primero viajaba conmigo por el diccionario y luego él me leía a Homero, a Melville y su ’Moby Dick’, a Stevenson y ’La isla del tesoro’. Ahí digo que «el aburrimiento es el pecado más grave».


¿Cuál es el espíritu de sus libros?

Redacto libros de cuentos con una poética común. Y aquí la poética específica es la de las promesas que nos ofrece la vida. También me gusta usar una mirada directa y sensible sobre la compleja realidad contemporánea, y hablo de los hechos infinitos de la realidad, de sus matices. Creo que todo eso se percibe en un libro variado, donde habla de la figura del escritor, de la maestra a la que sorprende el destino, de los secretos de una familia, de la política.

Por cierto llaman la atención dos cosas más: el estilo...

La mía es una prosa contaminada por la poesía, delicada y meticulosa. Mis cuentos tienen sorpresas pero no golpes de efecto. Y a mí me gusta cuidar el lenguaje: la patria del escritor es el lenguaje, que es un protagonista más, y en el fondo un escritor es un ladrón de voces y de vidas humanas que busca el mejor lenguaje.


¿Por qué hay personajes que se apellidan Proust, Gide, Poe?

Me gusta mucho crear personajes, darles una psicología. Los nombres son importantes. Pero, además, este es un libro de homenajes, a los autores que ha citado, pero también a James Joyce.

Guillermo Busutil, en una foto de Kgbpeople. Abajo, la portada de Óscar Sanmartín Vargas, y dos fotos más: una de Giuliano Gemma y otra de Alan Ladd, con el niño, en ’Raíces profundas’. Una de las películas favoritas de Busutil, también mías y de mucha gente.