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Antón Castro

Escritores

SAMUEL ALONSO Y 451

SAMUEL ALONSO Y 451

Samuel Alonso Omeñaca, director de Publicaciones del sello 451, remite esta tarjeta de felicitación.

KRISTIN SCOTT THOMAS Y PHILIPPE CLAUDEL

Kristin Scott Thomas es una de las protagonistas de la película ‘Hace mucho que te quiero’ (2008-2009) del profesor, escritor y realizador Philippe Claudel, que participa en el ciclo ‘Leer juntos’. Claudel es un estupendo novelista, autor de libros como ‘Almas grises’ o ‘La nieta del señor Lihn’, títulos publicados por el sello Salamandra.

Me ha gustado mucho esta foto. Abajo, Philippe Claudel.

ENRIQUE MURILLO OPINA

ENRIQUE MURILLO OPINA

No disparen contra el editor

Corren malos tiempos para los editores. Los de Jack Kerouac y de Raymond Carver han merecido varapalos notables por haber metido mano en la obra de esos autores, haciendo lo que en inglés se llama editing, un término que por ahora no tiene traducción al español. Se les acusa de mancillar con sus sucias manos la sacrosanta versión original de unas obras que, por su culpa, fueron publicadas de una forma bastante distinta a como salieron originalmente  de la máquina de escribir del autor. Una cultura (¿?) que no ha entendido nunca el romanticismo, una sociedad poco dada a relativizar las cosas, y muy entregada a la mitificación, tiende a aplaudir rabiosamente esta clase de condenas. Acepta una historia de malos (los editores) y buenos (los escritores), y reduce la discusión, que podría ser interesante, a un juicio sumarísimo. En España no abundan los editores que trabajan los textos con los autores, y últimamente se llama editor a alguien que, tras consultar la lista de libros más vendidos de la semana en el índice Nielsen, llama al autor que despunta y, sin preguntarse qué escribe, le invita a escuchar una oferta, o un ofertón.

Por esa razón sorprende que Mario Vargas Llosa, al recibir la noticia de la concesión del Premio Nobel de Literatura, tuviera un primer recuerdo de gratitud hacia Carlos Barral, el editor que publicó la primera de sus grandes novelas, La ciudad y los perros. ¿Por qué ese agradecimiento? ¿Se puede saber qué hace un editor? Se dedica a los libros, al parecer, pero no los escribe. De hecho, Carlos Barral escribía libros, y muy buenos. Los suyos son los mejores libros escritos por un editor español en muchísimos decenios, antes y después de su muerte, y dan la medida de su sobresaliente talla intelectual. Espero que Mario Muchnik y Jaime Salinas, que trabajaron con él y han escrito magníficas memorias, coincidan conmigo y no se me ofendan. Pero el trabajo de Barral como editor no consistía en escribir, sino en otra cosa. ¿Qué es lo que Vargas Llosa le agradeció cuarenta años más tarde, cuando supo que le daban el Nobel?

¿A qué se dedica un editor? Básicamente su tarea consistía entonces y consiste ahora en leer y elegir.  Barral reunió a un amplio equipo de colaboradores, gente que leía y discutía con él, con una nómina muy amplia que en diversas épocas incluyó a Jaime Salinas, Jaime Gil de Biedma, Sergio Pitol, Pere Gimferrer y Félix de Azúa. De la mano de este último llegué cierto día de 1969 a participar fugazmente en aquel comité editorial por el que también aparecía la roja llamarada de la melena de Rosa Regás. Fueron un par de meses, media docena de lecturas. Una vez Carlos me pidió que hablara en privado con él de un informe de lectura muy negativo. Me dijo: “sí, tienes razón, no es buena la novela. Pero la publicaré…” Y aludió vagamente a cierto compromiso con alguien cuya militancia política y mala situación económica le hacían merecer algo que le hubiesen negado sus virtudes literarias.

El editor, así pues, elige. Descarta docenas de manuscritos (a veces algunos que son muy valiosos, todos nos equivocamos), y acaba publicando unos pocos. Antes de publicar, sin embargo, hace dos cosas más. Ayudar al autor a llevar su obra a su mayor perfección posible, y crear una forma de publicar que conecte con el lector potencial. He consultado al respecto a Mario Vargas Llosa, que ha tenido la amabilidad de decirme, en medio del ajetreo actual (lanzamiento de la nueva novela, discurso de aceptación del premio), que Carlos Barral era un editor que se implicaba muchísimo, que hacía comentarios muy lúcidos. Realmente leía los manuscritos y daba muchas sugerencias interesantes.”Cuando leyó La ciudad y los perros, recuerdo que me hizo muchos comentarios. Él jamás se desinteresó de la parte literaria.”

Finalmente, el editor publica ese manuscrito, en el sentido más fuerte de la palabra: hacerlo público, batallar por conseguir que ese autor, a veces anónimo, encuentre un lector, muchos lectores a ser posible. En el límite, hasta conseguir que el autor pueda vivir de lo que escribe gracias a los royalties que genera la venta de ejemplares de su obra. Es lo que hizo Carlos Barral con el manuscrito de Mario Vargas Llosa, en este caso remitido por la agente Carmen Balcells, cuando ni Vargas Llosa ni Balcells eran nombres archiconocidos; cuando, en cierto sentido, no eran nadie. Por eso, porque Carlos Barral descubrió su enorme talento cuando no tenía reconocimiento alguno, Vargas Llosa se acordó de su descubridor cuando recibió el aval  definitivo, ese Premio Nobel que tan a menudo se otorga por asuntos poco literarios, pero que en esta ocasión honra una notabilísima potencia literaria. Ese día Vargas Llosa le dio las gracias a quien invirtió el dinero de la editorial para convertir el manuscrito en un libro, quien contribuyó como nadie a fomentar su prestigio y encontrarle lectores. Luego, por supuesto, la calidad de aquella y sucesivas obras, hicieron el resto. No estará de más, sin embargo, añadir aquí que a comienzos de los noventa Juan Cruz, desde la dirección editorial de Alfaguara, puso todo su empeño y unos buenos dineros del Grupo Santillana en la labor de editar dignamente y en un mismo sello, no solo los nuevos libros de Vargas Llosa sino también toda su obra anterior. Gracias a él sobre todo Alfaguara puede enorgullecerse hoy de tener a otro premio Nobel en su catálogo.

Barral había revolucionado la edición en España a través de la empresa de las familias Barral y Seix, entre otras cosas creando la colección Biblioteca Breve, para la que logró un diseño modernísimo (fotos a sangre, siempre en blanco y negro, bella tipografía, esmero artesanal en la producción, catálogo brillante y  puesto al día con lo que entonces la censura permitía publicar). Como un director de orquesta, el editor organiza equipos y los hace funcionar de manera que ese manuscrito casi anónimo se convierta primero en un libro, adquiera luego cierta resonancia, y encuentre finalmente al lector.

Uno de los editores de Carver, Gary Fisketjohn (que tomó el relevo del denostado Gordon Lish), hizo algo parecido con el ahora consagrado Cormac McCarthy. Este grandísimo escritor había vendido en Estados Unidos apenas 5.000 ejemplares de su extraordinario Meridiano de sangre. Fisketjhon contrató su siguiente obra, trabajó con él, y publicó, en el sentido fuerte de la palabra, Aquellos caballos tan lindos y ayudó a McCarthy a ocupar el puesto que ahora ocupa en todo el mundo, con ventas en su país por encima de los 100.000 ejemplares en tapa dura. Por cierto, que Fisketjohn es un editor de los que se pasan encerrados un mes en casa, lejos de la oficina, cada vez que llega un manuscrito de McCarthy (o de Bret Easton Ellis, otro de sus autores), trabajando el texto para que luego lo retome el autor para aprobar o no sus observaciones, y hacer o no algo al respecto.

¿Por qué hay editores, en este sentido, y no parece haber nadie que haga esa función en la pintura? El pintor de caballete es solo el autor de su pintura cuando tiene el pincel en la mano y va aplicando pinceladas a la tela; pero en cuanto da unos pasos atrás y se aleja del lienzo pasa a ser también el espectador del cuadro (sin dejar de ser su autor). Desde ese nuevo punto de vista calibra fácilmente si le pesa mucho el dibujo por la izquierda, si hay demasiado rojo en el ángulo inferior izquierdo, si ha de poner más verde en el centro. La distancia física le permite la distancia analítica. Para el escritor ese desdoblamiento es casi imposible. Para el novelista sobre todo, que maneja enormes masas de texto, no existe la posibilidad de alejarse y, de un vistazo, contemplar la arquitectura de su obra y comprobar dónde están los desequilibrios. Para “ver” la obra en su totalidad ha de hacer algo más que retroceder dos pasos; tiene que invertir muchísimo tiempo en leer la obra entera. Por esta o por otras razones, le resulta muy útil tener otros ojos que le proporcionen esa visión distanciada. Para eso le sirve el editor. Hay escritores, como Javier Marías, que no lo necesitan. Como mucho, aceptan la sugerencia de un amigo respecto al título de su novela, como a Marías le ocurrió con un texto que en su máquina de escribir se llamaba “La novela de Oxford” y que terminó titulándose  “All Souls” como el college de Oxford, Todas las almas, de acuerdo con la sugerencia de Álvaro Pombo. Otros, como Eduardo Mendoza o Terenci Moix, han usado los buenos oficios de Pere Gimferrer, un editor en el sentido más pleno y británico de la expresión. Ni unos ni otros parecen ser los malos de la película.

Enrique Murillo

*Este artículo apareció ayer en las páginas de 'El País'. 

Andy Oram y Juan Pablo Silvestre con Enrique Murillo, de negro, azul y amarillo. Enrique es escritor, traductor y editor de Libros del Lince.

30 AÑOS CON ÁNGEL GUINDA

30 AÑOS CON ÁNGEL GUINDA

Hace más de treinta años, en Zaragoza, había un poeta con leyenda, un poeta desconcertante, visionario, maldito, que departía con sus jóvenes discípulos en el bar Balmoral, que comía en el restaurante Benjamín y que tenía un gato llamado Baudelaire. Ángel Guinda vestía de negro y ya entendía la poesía como una prolongación de la vida, como una morada y como un instrumento útil para transformar el mundo. El rapsoda Luis Felipe Alegre, de El Silbo Vulnerado, aparecía de cuando en cuando por El Ángel Azul con un nuevo manuscrito de Guinda en los bolsillos. Entonces, más que un poeta grave y vitalista a la vez, irónico y lírico, Guinda era un poeta transgresor, casi un pícaro que se asoma al mundo con escepticismo y un fogonazo de sátira. Poco después, El Silbo estrenaría un espectáculo como ‘Más margen, malditos’, con textos de Leopoldo María Panero, Ramón Irigoyen y ‘El almendro amargo’ de Guinda. Aquel espectáculo fue una conmoción. Casi a la par Ángel Guinda sería juzgado por blasfemia, por escribir uno de sus versos de descreído en las paredes del café de la Infanta. Más tarde, como si necesitase refugio de sí mismo, de la ciudad y de las torvas maneras de algunos de entender la libertad de expresión, Ángel Guinda se fue a Madrid: para seguir viviendo, escribiendo y amando con nuevo frenesí. Ha escrito con conciencia e iluminación, con respeto a la tradición y con la mirada puesta en los nuevos caminos. Ha escrito con lucidez y con humor, con chispa y sentido del juego, y con ese sentido dramático que procede de la infancia y de su orfandad mitológica: cuando él nació falleció su madre. Ángel Guinda encarna, entre nosotros, una cierta idea de poeta popular, es entrañable, próximo, apasionado: para él la poesía es el aire. El aire, la luz, el sueño, la crítica y las cosas de cada día.

 

*Ángel Guinda acaba de recibir el Premio de las Letras Aragonesas de 2010. Este artículo apareció ayer en 'Heraldo de Aragón'. Creo que esta foto es de Columna Villarroya.

DE MI PASO POR BARCELONA EL VIERNES

DE MI PASO POR BARCELONA EL VIERNES

Luis Antonio Pérez Cerra, en su blog (lperezcerra.blogspot.com) hace una crónica de la presentación el pasado viernes en Barcelona de ‘Mar de amor’ de José Antonio Labordeta y de ‘Vivir del aire’, mi libro de verso y prosa, aparecido en Olifante. Le agradezco a Luis Antonio su amabilidad y sus múltiples atenciones, así como el cariño que destina esta nota.

 

El pasado viernes tuvo lugar en la Sala Costa del Centro Aragonés de Barcelona la presentación de dos libros: “Mar de amor” de Juan Antonio Labordeta y “Vivir del aire” de Antón Castro.

 .

Antón Castro es un autor de poesía, teatro, relatos cortos y novela, tanto en castellano como en gallego. Nació en Santa Mariña de Lañas, Arteixo, A Coruña y reside en Zaragoza desde 1978. Dirige el suplemento Artes y Letras del “Heraldo de Aragón” y el programa cultural “Borradores”, un espacio de Aragón TV, desde 2006. También es autor de una magnífica  bitácora (1) que recomiendo encarecidamente a los amantes de la cultura y de Aragón.

 

Acompañado de la editora de Olifante, Trinidad Ruiz-Marcellán, y del presidente del Centro Aragonés, Jaciento Bello, Antón Castro comenzó a glosar la figura de Juan Antonio Labordeta haciendo referencia, sobre todo, a su dimensión humana. Hombre polifacético, creador comprometido con la libertad y con las tres provincias de Aragón, además de Cataluña.

 

Licenciado en Historia, JAL se trasladará a Teruel como catedrático del instituto INB "Ibáñez Martín”. En esta ciudad pasará siete años. Teruel ejercerá una grandísima influencia en la vida y obra de este cantoautor y poeta. En la ciudad de los Amantes existía por esta época, entre 1965 y 1970, un importante foco cultural animado por un grupo de jóvenes intelectuales, entre los que cabe mencionar a Eloy Fernández Clemente, Pepe Sanchís Sinisterra y J.A. Rey del Corral, entre otros. Durante los siete años de su estancia en esta pequeña capital del sur de Argón, JAL descubrirá el mundo rural y adquirirá la seguridad y el conocimiento de sus paisajes - Albarracín, la sierra de Javalambre...- y paisanajes que se convertirán en protagonistas de sus canciones y poemas. Siendo un lugar pequeño, Teruel le abrió un horizonte infinito.

 

 

Luego, de nuevo en Zaragoza, JAL fundará “Andalán” de la mano de otros jóvenes intelectuales aragoneses, revista mítica aragonesa, que supuso la recuperación de la conciencia aragonesa frente al ignominioso olvido de Aragón durante cuatro décadas.

 

Las peculiaridades sonoras de su voz y sus relativos conocimientos musicales -decía con cierta sorna que sólo sabia seis acordes y tocaba tres– no le impedirán hacer lo que nadie supo como él, cantar todo para todos.

 

“Mar de amor”, el libro presentado de JAL y prologado por Antón Castro, reúne una selección de 40 canciones del inolvidable trovador, mochilero, ciudadano y diputado. Es un canto de esperanza, donde rinde homenaje a las mujeres de su vida y reivindica el mar y las metáforas marinas. Como muestra del contenido de este libro de tapas azuladas, una canción-poema que da título al mismo:

 

MAR DE AMOR

 

He posado mis manos

en tus hombros

igual que el viento

sobre el mar.

He cubierto de besos

tus rodillas

y de luz tu soledad.

He navegado el iris de tus ojos

como navegan barcos al azar

y he prendido mis labios

a tu rostro

con la fuerza de un huracán.

 

Amor, esperanzadamente amor

amor, lejanamente amor

en qué lado del mar

está tu vida

en qué lado del mar

está la luz.

 

He cruzado la lluvia

de tus pechos

igual que albatros al volar

y he dejado muy suave

en tus cabellos

el sabor de las olas y la sal.

 

He traspasado

el mar de los olvidos

buscando tu figura

en un rincón donde crece

tu frente como alisios

que indican el poniente

para el sol.

 

Amor, esperanzadamente amor

amor lejanamente amor

amor en qué lado del mar

está tu vida

en qué lado del mar

está la luz.

 

 

Tras la enfática y sentida lectura de este y algún otro poema de JAL, Antón Castro, dedica los últimos minutos de su intervención para hacer referencia a su propio libro, “Vivir del aire”. Un librito de 18 poemas sobre la naturaleza, el acto de escribir poesía, la belleza, crímenes, el temor, historias de amor y algunos recuerdos. Libro mestizo, combina el verso con la prosa, refleja lugares y ambientes entrañables, fruto del espíritu observador y sensible de alguien que sale a pasear a pie o en coche y rememora, a partir del entorno, vivencias y añoranzas. “Somos una gran urdimbre de memoria”. Como me pone en una bonita dedicatoria: “este libro de amor, de paisaje, de cine y de la memoria del mundo”...

 

Como bien sabemos todos, la poesía es para leerla y escucharla. Por eso Antón Castró dedicó unos preciosos minutos a recitar algunos de sus textos: “Memoria del crimen”, “Dublín”, “El emigrante”, “Los que duermen” y “Vivir del aire”. Reproduzco este último que da título a su libro:

 

  VIVIR DEL AIRE

 

“Nunca he sabido qué me duele. No he sabido ponerle palabras a este vago estupor de existir y resistir. Intento reinventarme a cada hora. Hago acopio de felicidad: si no la atisbo, la creo, la busco afanosamente en cualquier sitio, en cualquier objeto, en un jirón de nubes negras, en los almendros que muestran sus flores deslumbrantes cuando se despereza marzo. Me fajo como un púgil o un erizo furioso contra el airado descontrol de la soberbia. Sueño que la felicidad que ansío está en todo: en cuanto me ve al pasar, en la cigüeña que despliega sus alas en el torreón, en medio de la corriente, en el pato que anda, vuela y nada en el Canal antes de ocultarse bajo el tronco de un gran abedul. Nunca he sabido qué me duele, pero percibo un agobio dentro, un cosquilleo de rabia, una perplejidad de metales en la lengua y en la sangre. Vivir, a veces, es abandonarse, prescindir de la impostura, despojarse de la ambición y del vértigo: dejarse ir, hacia la inalcanzable montaña de nieve, con las manos en los bolsillos...” (p. 52-53)

 

Antón Castro, en esta que es su cuarta o quinta visita a este Centro Aragonés, nos deja con ganas de seguir escuchándole, pero ha preferido centrarse en JAL en un acto de generosidad que le honra. El público, nutrido, atento y leal, le premia con un merecido aplauso, mientras algunos asistentes hacemos turno para que nos dedique los libros que ha venido a presentar y que, sin duda, van a tener una buena acogida.

 

ÁNGEL GUINDA. PREMIO DE LAS LETRAS ARAGONESAS DE 2010. ENTREVISTA

ÁNGEL GUINDA. PREMIO DE LAS LETRAS ARAGONESAS DE 2010. ENTREVISTA

Ángel Manuel Guinda Casales (Zaragoza, 1948) lo ha hecho casi todo en el universo de la poesía: es esencialmente poeta, lírico, social y metafísico, también es crítico, editor, traductor y profesor. Algunos de sus libros fundamentales son ‘Vida ávida’ o ‘Claustro’, que tienen mucho de ciclos poéticos, ‘Conocimiento del medio’, ‘Biografía de la muerte’, ‘Toda la luz del mundo’ o, el más reciente, ‘Poemas para los demás’, casi todos publicados por el sello Olifante, con el que colabora desde su fundación. Guinda acaba de publicar la antología ‘Yin. Poetas aragonesas, 1960-2010’, donde selecciona a 64 escritoras.

Ayer un amplio jurado, presidido por el viceconsejero de Cultura Juan José Vázquez, lo eelgía Premio de las Letras Aragonesas 2010. El fallo “reconoce el valor de una obra poética importantísima dentro de la historiografía literaria aragonesa, fundada en la poesía española pero expresada con un lenguaje renovador adherido a su compromiso estético y humano”.


¿Qué supone para usted la concesión del Premio de las Letras Aragonesas 2010?

Un gran honor, una total reconciliación con mi tierra y con sus gentes desde la distancia, una enorme alegría y un riquísimo complejo energético para continuar escribiendo, es decir, viviendo y conviviendo.


¿Al obtener este premio cómo evoca su pasión por la poesía?

La poesía se me apareció una tarde de lluvia, sentado en un banco del zaragozano paseo de la Constitución cuando tenía diecisiete años y estudiaba primero de Medicina. Abandoné la carrera porque esta obsesión me impedía concentrarme en los estudios.


¿Cómo han evolucionado las constantes de su obra?

De un aspecto indagador y rupturista he pasado a una profundidad en el decir y a una mayor sencillez en cómo decirlo. La transcendencia contra lo anecdótico.


¿Qué poetas forman parte de su tradición?

Manrique, Quevedo, Bécquer, Gil de Biedma, Ángel González, Cecco Angiolieri, Teixeira de Pascoaes, Ungaretti, Quasimodo, Montale... Y, entre los aragoneses, Miguel Labordeta, Manuel Pinillos, Miguel Luesma, Ildefonso Manuel Gil y Rosendo Tello.


¿Cómo vive Aragón? ¿Cómo le ha marcado en su carrera?

Mientras residí en Zaragoza, con una actitud crítica constructiva. Desde hace 23 años, ya instalado en Madrid, cada vez con más nostalgia y necesidad de regreso a mi tierra, consciente de que la originalidad consiste en el reconocimiento de los propios orígenes.

¿Su labor como editor de poesía (Colección Puyal, revista ‘Malvís’), como crítico, como antólogo, qué le ha aportado?

El enriquecimiento de mi silencio y de mi aprendizaje con otras voces, así como el sentimiento de solidaridad con quienes escriben poesía, especialmente con los más jóvenes e inéditos.


¿Qué ha pretendido hacer con sus manifiestos ‘Poesía y subversión’ o ‘Poesía útil’?

Agitar mi conciencia, activar mi compromiso. Afianzar mi propia cosmovisión ante la palabra, la poesía y el propio poeta, el lector y nuestro tiempo: algo que desarrollé en el ensayo ‘El mundo del poeta, el poeta en el mundo’.


¿Cuál es la función actual de la poesía?

La poesía tiene muchas funciones: estética, expresiva, comunicativa, de conocimiento, catártica... Si la poesía no es capaz de transformar el mundo, debe al menos poetizarlo, espiritualizarlo, rehumanizarlo, liberarlo de la más aplastante realidad adversa.

¿Cuál es el estado de su lírica?

En mi próximo libro, ‘Espectral’, que aparecerá en enero, ahondo en las obsesiones personales, los propios fantasmas, en un intento de huir de un mundo que no me gusta y prepararme para viajar con la imaginación a otro mundo mejor.


¿Sus poemas ‘Cajas’, ‘No’, ‘Bolsas’, del libro ‘Claro interior’, encierran una oposición a la influencia de los poderosos?

Mi poesía, como mi vida, siempre ha intentado repartir la riqueza y compartir la pobreza. Sigo estando con los desheredados y con los perdedores. Los mayores vicios del momento son la avaricia y la insolidaridad.


¿Qué libros suyos le siguen acompañando o, por decirlo de otro modo, son los que salvaría de su trayectoria?

Tal vez ‘Biografá de la muerte’, ‘Toda la luz del mundo’, ‘Claro interior’ y el inédito ‘Espectral’ [aparecerá en enero en Olifante, en la colección La casa del poeta].

 

*Esta entrevista se publicó ayer en 'Heraldo de Aragón'. La foto es de José Miguel Marco.

CON LABORDETA Y OLIFANTE EN BARCELONA

Esta tarde-noche, en el Centro Aragonés de Barcelona, sito en la calle Joaquín Costa, presento dos libros: ‘Mar de amor’ de José Antonio Labordeta, una selección de 40 canciones del inolvidable trovador, ciudadano, hombre de acción cultural y diputado, y mi primer poemario ‘Vivir del aire’, ambos títulos aparecidos ese mismo año en Olifante.

Estaré acompañado de la editora Trinidad Ruiz-Marcellán y de todos aquellos amigos que queráis y podáis estar.

 

Cuelgo aquí la canción-poema que da título al libro de Labordeta:

 

MAR DE AMOR


He posado mis manos
en tus hombros
igual que el viento
sobre el mar.
He cubierto de besos
tus rodillas
y de luz tu soledad.
He navegado el iris de tus ojos
como navegan barcos al azar
y he prendido mis labios
a tu rostro
con la fuerza de un huracán.

Amor, esperanzadamente amor
amor, lejanamente amor
en qué lado del mar
está tu vida
en qué lado del mar
está la luz.

He cruzado la lluvia
de tus pechos
igual que albatros al volar
y he dejado muy suave
en tus cabellos
el sabor de las olas y la sal.

He traspasado
el mar de los olvidos
buscando tu figura
en un rincón donde crece
tu frente como alisios
que indican el poniente
para el sol.

Amor, esperanzadamente amor
amor lejanamente amor
amor en qué lado del mar
está tu vida
en qué lado del mar
está la luz.

LÓPEZ SERRANO PRESENTA SU NUEVO POEMARIO EN ANTÍGONA, A LAS OCHO

LÓPEZ SERRANO PRESENTA SU NUEVO POEMARIO EN ANTÍGONA, A LAS OCHO

Esta tarde, a las 20 horas, en la librería Antígona, Francisco López Serrano presenta su nuevo poemario: 'El último hombre sobre la tierra', que fue galardonado con el premio blas de Otero. Estará acompañado de su editor Juan Pastor, de Devenir, y de Manuel Vilas y Antón Castro. El suyo es un poemario sobre la felicidad, el dolor, la muerte, el sexo (‘La posesión’ es un estupendo poema en prosa), y la búsqueda constante, desde la escritura, de un lugar en el mundo, de una palabra definitiva de redención. El libro alterna el verso y la prosa, el poema aforístico con el poema lírico y con el monólogo gramático en algunas ocasiones. Y hay algunas piezas extraordinarias como ‘La búsqueda’, ‘La llamada’ o la que da título al conjunto, por citar algunos. Hay humor, humor negro y gravedad, más bien, mucha ironía, cierta severidad gracianesca y un uso constante de la paradoja y del juego de palabras y la cita: “Cuando despertó / La muerte seguía ocupando / Su lugar en el mundo”.

 

El último hombre sobre la tierra. Francisco M. López Serrano. Devenir. Librería Antígona, a las 20 horas. Presentan: Juan Pastor, editor de Devenir, Antón Castro y Manuel Vilas. En la foto, Marilyn vista por Tom Keller. Uno de los poemas más intensos del libro es 'La posesión', poesía erótica de alta temperatura.