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Antón Castro

Escritores

LITERATURA INFANTIL EN TARAZONA

LITERATURA INFANTIL EN TARAZONA

Gustavo Puerta: “En la literatura infantil valdría la pena

que viésemos al niño sin incurrir en versiones ñoñas”

 

- El crítico literario participa en el I Encuentro Internacional de Estudio y Debate “Literatura infantil y matices” organizado por Tarazona Monumental, Círculo Hexágono y Pantalia Gestión Cultural

 

- El venezolano afirma que en España el género está concebido para la prescripción escolar y el consumo masivo, en detrimento de la calidad y la expresión artística

 

Helga MARTÍNEZ. Tarazona

 “La literatura infantil no sólo está creada para que los niños lean, principalmente es un canal de comunicación artística. Todos los adultos involucrados, desde el escritor hasta el crítico, pasando por el maestro o el editor, deberían preocuparse por compartir con el menor esta dimensión estética”. Así lo expresó hoy el crítico literario Gustavo Puerta Leisse en Tarazona, donde participa en el I Encuentro Internacional de Estudio y Debate “Literatura infantil y matices”, organizado por Tarazona Monumental, Círculo Hexágono y Pantalia Gestión Cultural.

 

Para que ese mensaje llegue al público infantil, el venezolano apuesta por “cultivar las relaciones horizontales”: “Parece que los adultos nos comunicamos de manera vertical con los niños. Sabemos lo que es bueno para el lector infantil y lo que éste tiene que aprender de la lectura, pero no nos preocupamos por establecer una relación literaria que, por un lado, responda a la necesidad de crear y comunicarnos y, por otro, respete la capacidad interpretativa del menor. Por eso, hay que renunciar a los enfoques paternalistas, valdría la pena que viésemos al niño sin incurrir en versiones estereotipadas ni ñoñas”.

 

Puerta, que durante ocho años fue crítico de El Cultural del diario El Mundo y actualmente dirige las secciones de Educación y Literatura infantil y juvenil en la revista Educación y Biblioteca, opina que en España este género está concebido para la prescripción escolar y el consumo masivo. “Por eso –apostilla-, sus objetivos son principalmente pedagógicos y comerciales, dictados por el maestro y por los departamentos de ventas. Los grandes ausentes del mercado actual son los creadores independientes, que conciben al niño como un lector sensible, crítico e inteligente”.

 

“Con este panorama –prosigue-, no hay mucho lugar para una reflexión que cuestione los niveles de la calidad de este tipo de publicaciones. Y hay que tener en cuenta que estamos hablando del sector que, tras el libro de texto, más volumen de publicación genera en las editoriales españolas, cercano al 15% y con 11.700 novedades al año”.

 

Por eso, lo que busca el I Encuentro Internacional de Estudio y Debate “Literatura infantil y matices” es crear el ambiente necesario para la discusión y el debate del que se extraigan nuevas formas de expresión. Para ello, se ha establecido una forma de exposición totalmente novedosa: cada ponente no se limita a leer su estudio, sino que las actas ya están publicadas para que todos los participantes tengan por escrito las conferencias con el objetivo de establecer un diálogo desde el que se saquen nuevas conclusiones.

 

Las jornadas se prolongarán hasta el sábado 3 de octubre y en ellas, además de Puerta, participarán Rosa Tabernero, Grassa Toro, Sergio Lairla, Olalla Hernández, Arianna Squilloni, Ana G. Lartitegui y Marcela Carranza.

*La ilustración es de Ana González Lartitegui. Él no es Gustavo Puerta, es uno de los promotores del encuentro: Sergio Lairla.

 

 

NOTAS A LOS DOS ANTERIORES POST

NOTAS A LOS DOS ANTERIORES POST

*El artículo de abajo corresponde a la periodista de Heraldo de Aragón, Rebeca Cartagena Lomero. Y apareció hoy en la edición del diario.

 

** Esta ilustración de Juan Manuel de Prada es de IÑAKI CERRAJERÍA (Jose Ignacio Zarrajería García) Vitoria-Gasteiz, 1957

 

Tomó esta biografía de su blog:


Realizó estudios de Bellas Artes en las Facultades de Sevilla y Bilbao entre los años 1976 y 1981. Desde 1980 compagina su trabajo de pintor con el de ilustrador gráfico para diversos medios de comunicación. Desde 1989 es colaborador en EL CORREO, donde todos los días, tanto en la edición de Álava como en la de Miranda publica una tira, LA ILUSTRACIÓN , una forma de ver la actualidad entre la ironía y la sonrisa, así como otros dibujos en las secciones deportiva y de opinión.

JONÁS TRUEBA CONCLUYE EL RODAJE DE 'TODAS LAS CANCIONES HABLAN DE MÍ'

JONÁS TRUEBA CONCLUYE EL RODAJE DE 'TODAS LAS CANCIONES HABLAN DE MÍ'

 

El zaragozano Daniel Gascón, coautor del primer largo de Jonás Trueba

 

El hijo del cineasta Fernando Trueba dirige ahora en Madrid 'Todas las canciones hablan de mí', que escribió junto al aragonés y que protagonizan Oriol Vila y Bárbara Lennie

 

 

Rebeca CARTAGENA /  Zaragoza

El zaragozano Daniel Gascón y el madrileño Jonás Trueba (hijo del famoso cineasta Fernando Trueba) son amigos desde hace muchos años. Nacidos ambos en 1981, pergeñaron juntos cortos como 'Acné' y 'Cero en conciencia', y juntos han dado un paso adelante con el largometraje 'Todas las canciones hablan de mí', que han coescrito y que ahora dirige Jonás.

 "Es la historia de un chico que rompe con su pareja. Cuando uno rompe, a veces tiene la sensación de que todas las canciones hablan de lo que a él le pasa. Creo que es una sensación bastante común, que a casi todos nos ha ocurrido alguna vez, y por eso hemos puesto ese título", detalla Daniel Gascón.

El filme, que comenzó su rodaje en agosto en la Ciudad de la Luz de Alicante, "es una comedia que narra los meses de después de la ruptura y, en 'flash backs', cómo era la relación", describe el aragonés, que como escritor ha publicado libros como 'La edad del pavo', 'El fumador pasivo' o el ensayo 'Parábolas y monstruos de Javier Tomeo'.

Gascón, que estos días se encuentra en Madrid -donde Trueba y el resto del equipo continúan con la filmación- aparecerá en el filme, pero solo como extra. "He estado por ahí de figurante en un bar", confiesa el zaragozano.

Actores y autobiografía

"He visto buena parte de lo que han rodado ya, y estoy muy contento", asegura Gascón, que destaca las interpretaciones de los dos protagonistas: Oriol Vila (visto en 'El séptimo día' de Carlos Saura) y Bárbara Lennie (candidata a un Goya por 'Obaba' y vista en 'Las 13 rosas' y 'Amar en tiempos revueltos'). "Están estupendos, y me parece que dan muchos matices y riqueza a los personajes", comenta el aragonés. "Oriol le va muy bien a su personaje, y Bárbara es una actriz muy completa y con un sentido del humor que no se veía tanto en sus películas anteriores".

 Gascón confiesa que el guión refleja en parte experiencias propias de sus autores. "Hay cosas autobiográficas que empleas, pero las cambias un poco. Yo lo hago quizá porque las películas que a mí me gustan tienen algo de uno mismo", argumenta. El haber elegido como género la comedia obedece a que "si no pones humor, con el tiempo todo se va a quedar más ridículo y acartonado". Gascón califica de "muy divertido" el proceso de gestación de este guión. "Lo hemos escrito a caballo entre Zaragoza y Madrid. Uno se sentaba al ordenador y el otro paseaba por la habitación, e íbamos diciendo diálogos. A veces nos pasaba como a los protagonistas de 'Seinfeld', que se sientan a pensar y se quedan dormidos", bromea el zaragozano, que señala que la visita que hicieron en Zaragoza a Antígona y Los Portadores de Sueños determinó que el tío del protagonista sea librero.

 Acabado el guión, toda la responsabilidad ha quedado en manos de Jonás, que ha asumido la dirección tras haber coescrito con su padre, Fernando Trueba, 'El baile de la Victoria', que será la candidata española al Óscar.

 El joven cineasta comenta que cuando estaban escribiendo 'Todas las canciones hablan de mí' él "no lo veía como una comedia", pero, durante el rodaje, "lo que surge es cómico y con los actores está tomando un tono muy divertido".

Trueba explica que su forma de filmar no es precisamente cartesiana. "Me gusta rodar con cierta libertad, que la película, con todos sus riegos, viva mucho del momento. Algunos días es maravilloso, todo se alía contigo y parece que captas eso que más o menos habías puesto ahí. Otras veces, la realidad te machaca", confiesa. Pero si algo ha aprendido viendo desde niño a su padre tras la cámara es a ser positivo: "Rodando surgen problemas, tensiones, agobios... y a pesar de todo él sabe mantener un nivel de disfrute muy alto. De lo muchísimo que he aprendido con él, eso es lo que más me ha ayudado".

 

Aunque ya había hecho guiones para otros directores, es el primero que Jonás hace para sí mismo. Y asegura que "quería hacerlo con Dani porque no solo es un amigo y lo admiro porque escribe estupendamente, sino también porque me sirve de espejo que me devuelve una imagen que no es exactamente la mía". Aclara que Daniel "sabe lo que me gusta y lo que quiero", pero también le ayuda a veces "a ver que una idea que se te ha ocurrido puede no ser tan genial como creías", dice.

 

Él querría que el filme fuera "un antídoto contra la infelicidad que nos produce estar pensando constantemente que merecemos algo mejor, rechazando las cosas buenas que nos rodean".

 

XORDICA: ENTREVISTAS DE PRADA

XORDICA: ENTREVISTAS DE PRADA

Todo nuevo libro de Juan Manuel de Prada es siempre un acontecimiento. Este, sin embargo, son diecisiete acontecimientos, diecisiete extraordinarias entrevistas que Juan Manuel de Prada realizó entre 1996 y 1999 a algunos de los más grandes escritores españoles con el añadido de José Saramago. Unos pocos de esos entrevistados –Cela, Buero Vallejo, Fernán-Gómez, Ynduráin y el bohemio Adares–, ya no están entre nosotros, por lo que sus entrevistas son ya documentos históricos de primer orden. Los demás –Pérez-Reverte, Ana María Matute, Saramago, Francisco Rico, Luis Alberto de Cuenca, Muñoz Molina, Francisco Nieva, el propio Anson y Gimferrer– quizás vuelvan algún día a ser entrevistador por Prada, que no renuncia “a coger otra vez el magnetófono y hacer una segunda salida como entrevistador”. Todos conocíamos al Juan Manuel de Prada novelista, biógrafo y articulista. Faltaba su gran libro de entrevistas literarias, ese que demostrara –como si fuera preciso– su pasión por la literatura desde el principio de los tiempos.

Ya lo tenemos. Penúltimas resistencias figurará para siempre entre lo más destacado de la bibliografía de Juan Manuel de Prada.

 

 

JUAN MANUEL DE PRADA.

(Baracaldo, 1970)

Vivió su infancia y adolescencia en Zamora. Sus dos primeros libros, Coños y El silencio del patinador (1995) sorprendieron a la crítica por su poderosa imaginación y su audaz uso del lenguaje. A su primera novela, Las máscaras del héroe (1996) –Premio Ojo Crítico de Narrativa de RNE–, le siguió La tempestad (1997) –Premio Planeta–, novela que le procuró una gran proyección internacional al ser seleccionado por la revista The New Yorker como uno de los seis escritores europeos más prometedores. Posteriormente publicó Las esquinas del aire (2000) y Desgarrados y excéntricos (2001). La vida invisible (2003) se alzó con el Premio Nacional de Narrativa. El séptimo velo (2007) obtuvo el Premio Biblioteca Breve que concede la editorial Seix Barral.

 

Su labor como articulista ha sido distinguida también con algunos de los premios más relevantes, como el González-Ruano o el Mariano de Cavia. Su última obra publicada, La nueva tiranía (2009), es una recopilación de sus artículos de prensa.

 

xordica editorial, S. L.

apartado de correos 1536 – 50.080 Zaragoza

telf. 608 033 949 – 976 180 295

xordica@xordica.com

www.xordica.com

 

*Este texto corresponde al gabinete de comunicación de Xordica.

 

*La ilustración es de IÑAKI CERRAJERÍA (Jose Ignacio Zarrajería García) Vitoria-Gasteiz, 1957

 

Tomó esta biografía de su blog:


Realizó estudios de Bellas Artes en las Facultades de Sevilla y Bilbao entre los años 1976 y 1981. Desde 1980 compagina su trabajo de pintor con el de ilustrador gráfico para diversos medios de comunicación. Desde 1989 es colaborador en EL CORREO, donde todos los días, tanto en la edición de Álava como en la de Miranda publica una tira, LA ILUSTRACIÓN , una forma de ver la actualidad entre la ironía y la sonrisa, así como otros dibujos en las secciones deportiva y de opinión.

JOAQUÍN BERGES ABRE WEB

JOAQUÍN BERGES ABRE WEB

El escritor Joaquín Berges, autor de ‘El club de los estrellados’, ha creado una página web con todo su mundo literario. Hace unos días, en ‘Babelia’, recibía una excelente crítica de J. E. Ayala Dip, un gran especialista en narrativa española y latinoamericana.

 

El enlace, que ya aparece aquí, es www.joaquinberges.com. La foto es de Laia Navarro Mellado.

DANIEL GASCÓN: DOS MICROCUENTOS

DANIEL GASCÓN: DOS MICROCUENTOS

Daniel Gascón ha publicado dos deliciosos cuentos en su blog. Los copio aquí, con la nota introductoria.

 

Anteayer, la telecabina de Zaragoza se quedó parada durante una hora. David Marqueta me ha pedido un microcuento sobre el incidente para Hoy por hoy Zaragoza en Radio Zaragoza-Cadena Ser. He escrito dos; los he leído en el programa:

1.

Sara era la mujer de mi vida y yo lo había planeado todo hacía meses. Un domingo de septiembre le propuse ver Zaragoza desde la telecabina al atardecer. De paso, quería pedirle que se casara conmigo. Había hecho el viaje un par de veces para ensayar, había pensado las frases, y había comprado un anillo muy caro y una botella de champán. La telecabina había avanzado ya bastantes metros. Creo que me mareé por los nervios, no supe decir las frases que había preparado, y saqué el anillo. Sara me miró con una expresión de sorpresa, y yo le pregunté si quería casarse conmigo. Ella se echó a reír y dijo que no. Le pregunté por qué, y ella me dijo que no lo tomara como algo personal. En ese momento, la telecabina se quedó parada, bastantes metros por encima del río. Sara y yo nos reímos a la vez y saqué el champán. El sol se reflejaba en el anillo y pensé que tenía un rato para intentar convencerla.

 

2.

Lo reconocí por el sombrero. Hacía menos de doce horas lo había visto en el concierto del Príncipe Felipe. Y ahora lo tenía a mi lado, en la telecabina, y recordé lo que había pensado en el concierto: las canciones de Leonard Cohen tienen respuestas para todas las preguntas de la vida. Cuando la telecabina arrancó, Leonard Cohen se quitó el sombrero, y dijo hola. Yo quería felicitarle por el concierto, decirle que lo admiraba y preguntarle por el amor y el deseo y el sentido de la vida. También quería preguntarle cómo había conseguido que lo amaran tantas mujeres. Pero no sabía por dónde empezar, y de vez en cuando lo miraba, como un idiota. En ese momento, la telecabina hizo un ruido extraño y se paró, unos cuantos metros por encima del río. Yo estaba asustado, y me imaginé que acababa en un pozo del Ebro, ahogado junto a mi cantante favorito. Le pregunté: “Señor Cohen, ¿cuál es el sentido de la vida?”. Él se puso el sombrero, sonrió brevemente, y me dijo: “Te lo contaré cuando lleguemos a la Torre de la Canción. O al suelo”.

*La foto es de Miss Aniela.

ROLANDO MIX TORO: UN RECUERDO

ROLANDO MIX TORO: UN RECUERDO

RETRATO DE ROLANDO MIX TORO

 

Ocurre a menudo: existe gente con la que nunca has hablado, ni lo vas a hacer quizá, que han sido decisivas en tu vida. Gente que pasa. Gente que toma el café de las doce en el bar de la esquina. Gente que lee el periódico, que acaricia las páginas de un poema, hombrones que se te antojan gigantes, de rostro atezado y una sonrisa amplia, de oreja a oreja, como paisanos milenarios, y que no sabes por qué habitan tus sueños y tus pesadillas. O la naturaleza urbana que recorres para ir a comprar el pan.

Supe de Rolando Mix Toro mucho antes de lo que él se imagina: Luis Felipe Alegre, en el bar Aragón y en El Ángel Azul, me hablaba del poeta chileno y de su rabiosa humanidad. En un primer retrato, Luis Felipe lo situaba en Santiago, próximo a Salvador Allende, y buen conocedor de los grandes poetas, desde Gabriela Mistral a Enrique Lihn, desde Pablo Neruda a Nicanor Parra. Me revelaba algunas historias entrañables, su generosidad “de desheredado latinoché” de infinito corazón, su solidaridad profunda con la que había sido compañera de sus días durante un tiempo, y me decía también que en aquel hombre “gigantesco y envalentonado” había algo de “héroe inadvertido de la poesía”. Luis Felipe Alegre sentenciaba: “Me gustan los poetas así. Hermanos de sangre de Blas de Otero, de Gabriel Celaya, de Neruda. Admiro y quiero a Rolando Mix Toro”.

No puedo recordar cuándo hablamos por primera vez. Lo veía pasar por la calle Lorente y Bretón, sobre todo, lo veía asistir a conferencias y debates de poesía. Allí andaba siempre Rolando Mix Toro, con versos bajo el brazo, dispuesto a henchir una tertulia de palabras cálidas, de risas estruendosas, de la memoria arterial y andina de América. Tenía algo de vate sentimental que se atrevía a ser contundente: proclamaba su fe en Salvador Allende, su complicidad con Víctor Jara, anunciaba sin violencia el tamaño de su esperanza. Mientras, publicaba poemas, libros, traducía, sobrevivía sin aspavientos en medio de la ira del cierzo, en medio del vendaval del desierto.

Hablamos. Y de hablar por primera vez, pasamos a vernos a menudo. Pasamos a platicar en confianza. Pronto me di cuenta de que Rolando Mix Toro había tenido una infancia especial: era uno de los doce hijos de AntonioMix Martínez, escritor social, maestro de escuela y pintor de desiertos y altiplanos, y de Ana Ángela Toro, una mujer que gastaba la vida entre los dolores de un nuevo parto y su pasión por la guitarra y el piano. Rolando Mix Toro residía en pleno desierto, en Pozo Almonte, Iquique, donde había nacido en 1931. Se levantaba por la mañana y sus ojos contemplaban la cordillera de la costa y los Andes altivos: un paisaje y el otro se estiraban más allá de las minas de salitre, los abombados desiertos y sus dunas. Al muchachito lo cautivó desde muy pronto la sonoridad de las palabras. Y en ellas se zambulló como se zambullía en el mar: adquirió un virtuosismo especial con el lenguaje, una capacidad para recitar e inventar poemas, una imaginación invencible. Poco después, también estudiaría forja. Y luego, ya en Santiago de Chile realizaría mil actividades: fue librero, periodista, activista político, los nazis quemaron alguna vez su librería, y selló su amistad con Neruda, Parra, Lihn y tantos otros, selló para siempre su comunión con la literatura.

En uno de los viajes que Juan Rulfo realizó a Chile se hicieron amigos. Dibujaron en el silencio la conjura de los camaradas; eso sí, Rulfo estaba rodeado siempre de silencio y de timidez. Y quizá de mala conciencia: sentía pánico de no estar a la altura de sus dos primeros libros y por eso no se atrevía a escribir. Algún tiempo después, el Partido Socialista de Allende lo reclamó para que se hiciera cargo, como jefe de librería, de PLA (Prensa Latinoamericana). Y luego, con todo tipo de persecuciones e insidias, llegó el golpe militar de Augusto Pinochet, pocos después de la muerte de Neruda. Hubo de exiliarse, hubo de recomenzar otra biografía personal en la República Democrática Alemana (RDA); en la Universidad Karl Marx de Leipzig estudió Traducción e Interpretación. Allí lo conocieron el alcalde de Zaragoza Ramón Sainz de Varanda y el jefe de policía Primitivo Cardenal. Lo tentaron, y Rolando Mix Toro se trasladó a Zaragoza. Y aquí vive, rodeado de amigos, en el bálsamo de amor y poesía que ha fundado junto a Juanita, su compañera.

Rolando Mix Toro ha escrito mucho. Y ha publicado diversos poemarios. Tras la palabra es un libro sobre la escritura y la vida: sobre el oficio de hacer versos, la memoria y la vida, para ser algo más precisos. Tras la palabra es uno de sus proyectos que Rolando Mix Toro gesta con dedicación y con adivinación. Es un libro-río. Para él la poesía es aliento y alimento de creación, una forma de fecundar el mundo y una forma de ser fecundado por la belleza, el pensamiento y la intensidad. Rolando Mix Toro es, ante todo, un engendrador de verbos e imágenes, capaz de decir que “las palabras son terribles”, de subrayar “el texto desvaharado del tiempo”, de precisar que “no es exactamente igual // lo sentido que lo expresado”. En una composición, que se titula ‘Leyéndome’, dice: “Alguna vez me harás tu confidente // mientras lees mi poema”.  En otros lugares, mediante sutiles metáforas, habla de sus afanes, de su vocación, del proceso casi alquímico de la escritura poética. Habla del “surco de los sueños”, dice que “la letra imprime el aire”, busca “la memoria y sus rastros”, siente “la llamada de la oscuridad”, y se percata con absoluta nitidez de que “soy un espectador con teatro propio”.

Tras la palabra es una búsqueda a ciegas de la claridad, es el intento de encerrar en un diccionario de imágenes, de recuerdos y de ideas el fulgor de una existencia apasionada y convulsa, la melodía de una voz, los interrogantes de existir, las caricias, el acto mismo de decir y sus énfasis. Tras la palabra es como una espiral inacabable de un verso que echa a rodar y se inflama y se expande con sus códigos secretos, y sale a tumba abierta –“con la elocuencia del frenesí”, tal como dice Rolando Mix Toro- en pos de un lector, o de un amor, o del viento que recoge todas sus voces y las arrastra en su silbo. Hay un instante en que Rolando Mix  Toro dice que “no cuenta para ninguna cuenta”. Nada más lejos de la verdad: el poeta cuenta y canta, el poeta se desvive por los otros, por su amada y por sí mismo. ¿Y acaso no es esa la mejor canción? En Tras la palabra, dentro y fuera, arriba y abajo, en el corazón incendiado de las sílabas y las imágenes, está él. Y tiembla, y gime, y canta furiosamente a la felicidad, a la memoria de cuanto fue, a la imperiosa necesidad de la poesía, que es “la síntesis de las vivencias que se han acumulado y que se quieren expresar”.

 

*Este es el prólogo al libro ‘Tras la palabra’ (DPZ, 2009), el último poemario de Rolando Mix Toro, que le publicó Mariano Berges. Colocó aquí esta foto de Juan Rulfo, a quien tanto admiraba Rolando Mix Toro.

 

 

ANOCHE FALLECÍA ROLANDO MIX TORO

ANOCHE FALLECÍA ROLANDO MIX TORO

*Esta mañana, me ha llamado José Ramón Marcuello Calvín, escritor y periodista, para comunicarme que ha fallecido Rolando Mix Toro, el poeta chileno, el amigo entrañable, en compañero dulce de Juanita. Rolando Mix solía llamarme muchas mañanas para contarme cosas o preguntarme algo o interceder por algún amigo. Me llamó a principios de semana, creo que el pasado lunes, me dijo que seguía escribiendo poesía, que soñaba con redactar sus memorias de poeta y me preguntó cómo estaba. Ha sido objeto de diversos homenajes: era un hombre entusiasta y alegre que rezumaba cariño. Quería y era querido. Recupero aquí uno de los retratos-entrevistas que le hice en una contraportada de 'Heraldo de Aragón'. Y le mando un abrazo infinito a su gente, a Juanita. Zaragoza sin él es un poco menos Zaragoza: Rolando quería a la ciudad muy entrañablemente.

Rolando Mix Toro será incinerado. Mañana, a las 12.15 se celebrará una despedida de amigos en el cementerio de Torrero, en la capilla número 2. Juanita trasladará luego sus cenizas a Chile. Iban a ir juntos a su país en breve.

 

 

EN PROPIA VOZ


“Nada soy ni nada tengo salvo sensibilidad y curiosidad intelectual. Allende confió en mí para un cargo de agricultura en Atacama. Asistí a los bombardeos. Huí a Argentina y a Alemania Democrática Alemana. He publicado ‘El espejo y tú’ y ‘La mar de amor’. Toda la gente tiene algo de poeta: hablamos con metáforas. Nací en 1931”.



EL HOMBRE, EL POETA, LA AVENTURA DE VIVIR



El lugar donde uno ha nacido configura un carácter. Si además es el desierto más desierto del mundo, y no existe vida ni para las bacterias, ese páramo lunar forzosamente ha de esculpir una sensibilidad a flor de piel. Rolando Mix abrió los ojos en Pozo Almonte, en Iquique, en uno de esos lugares donde la naturaleza expulsa al hombre, salvo que existan minas de nitrato de sodio. En ese caso, el ser humano accede a vivir y a ver llegar el agua en camiones Brokway. “Una tierra tan dura crea un hombre especial: un tipo que debe vivir, luchar y trabajar en condiciones inmisericordes se convierte en duro y sentimental”. En ese ámbito las disputas y reivindicaciones sociales estaban a la orden del día. En el norte inhóspito el hombre tenía que ver cosas donde nada hay, fabricarse un universo propio, una imagen. El espectáculo del paisaje era conmovedor: planicies y más planicies se alisaban hasta donde llegaba la vista. Por el este, lejanos, se erguían los Andes; por el oeste, la cordillera de la costa. Y en medio estaban las minas del salitre, las poblaciones con casas adyacentes, lo que se llama la Oficina Salitrera.



Su padre, Norberto Mix Martínez, era un escritor social reconocido, director de escuela y pintor de paisajes desérticos que vendía a los ingleses. Su madre, Ana Ángela Toro, era ama de casa y tocaba el piano y la guitarra. Cada uno de sus hermanos también dominaba un instrumento. Llegó a tener hasta doce. Su padre era funcionario del Gobierno, y los dueños del salitre (ingleses, franceses, americanos o españoles) le tenían respeto por su dimensión intelectual y lo repudiaban por sus ideas. Al parecer existía una norma no escrita e insólita: “Lo dejaban estar en la escuela mientras mi madre estuviese encinta, y así su vida se consumió entre partos y abortos. Si había embarazos mi padre tenía trabajo”. Los había.

El joven solía marcharse a la orilla del mar y se ponía a decir cosas al compás de las olas. “Era poeta sin saberlo. Y en la escuela tenía gran facilidad para la literatura. Cuando estudiábamos a los clásicos, el profesor me decía: ‘Rolando. Sal e invéntate algo’. Y me inventaba poemas a la manera clásica”. Ya tenía clara una cosa: no quería ser escritor ni intelectual como su padre ni un acérrimo defensor de los trabajadores. Sabía que su progenitor se carteaba con Joaquín Dicenta, que había conversado dos veces con Blasco Ibáñez o que se había escrito con una ancianísima Concepción Arenal, pero siempre lo veía metido en líos. En cuanto pudo, tras realizar un curso de forja, se marchó a Santiago de Chile en 1948. Dejaba atrás su pasión por la natación, “hacía muchos kilómetros mar adentro”. Trabajó de dependiente en la librería Matus y después ingresó en la cooperativa Codilibro, que tenía su base en Buenos Aires, y distribuía libros de 40 editoriales. “El libro jugó un papel esencial en Latinoamérica. Yo era vendedor y lector”.



Al cabo de unos años lo llamó el Partido Socialista para que se hiciera cargo, como jefe de librería, de PLA (Prensa Latinoamericana). Por el establecimiento pasaban los políticos, los analistas, los autores, e incluso pasó en un viaje a Chile el narrador Juan Rulfo. “Nos hicimos muy buenos amigos. Hablamos de la fascinación del desierto y le hablé de los fuegos fatuos que se veían tras los cementerios”. Pero también asistía a tertulias con Pablo Neruda, dirigía la revista poética “Orfeo” y platicaba con Nicanor Parra, Nicolás Guillén o el poeta Enrique Lihn. “Nos llamaban los hermanitos del diablo. Tenía que soportar los incendios de mi local provocados por los nazis de Chile”. Poco después de que fuera elegido presidente de la República, Salvador Allende le ofreció un puesto en el Instituto de Desarrollo Agropecuario de Atacama.



El golpe de Estado de Pinochet de 1973 le cogió en la capital. Había ido a una convención y le acababan de llamar para decirle que su tercera mujer sería operada el once de septiembre en Santiago, dos días después: se había quedado sin voz. Se hospedó en un hotel y al levantarse detectó una gran algarabía. El país estaba conmocionado. De repente, oyó: “Rolando. Tenemos la orden de matarlos a ustedes”. Era un viejo amigo policía y detective con el cual había trabajado en sus tiempos de reportero de sucesos. Insistió el otro: “En honor de los viejos tiempos, no diré nada, pero si te cogen, dejaré que te maten”. Gracias a un cura jesuita, Rolando logró llegar a la Embajada Argentina y pudo huir del país. Se trasladó a Leipzig, a la Universidad Karl Marx, donde estudió Traducción e Interpretación. Residió en la República Democrática Alemana durante una década, hasta que Ramón Sáinz de Varanda y el jefe de policía Primitivo Cardenal fueron a estudiar los sistemas de seguridad de incendios del país. El alcalde le pidió que se viniese a Zaragoza y le prometió un empleo. Mientras vivió Sáinz de Varanda, Rolando Mix Toro se sintió querido y respetado.

Luego, todo se complicó. Pero esa es otra melodía en la que no quiere ahondar. “Zaragoza es una maravilla. Me encanta. Nuestras ciudades tienen 200 años, pero ustedes pueden tocar los restos musulmanes, las huellas de Roma o tienen calles como Predicadores”. Ahora, jubilado de tercera, desea aprovechar el tiempo para literatura, para la poesía. “Para nosotros literatura y política son indivisibles. Es la misma unidad. La poesía es el antípoda de la evasión: es la síntesis de las vivencias que se han acumulado y se quieren expresar”.


Se levanta y sale a caminar por las calles. Es la discreción que pasa.

*Carlos González Sanz /Carlos Bozalongo le ha dedicado dos textos en su blog y esta foto. De ahí la tomo.