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Antón Castro

Escritores

EL MONCAYO RECORDARÁ A MIGUEL HERNÁNDEZ EN AGOSTO

EL  MONCAYO RECORDARÁ A MIGUEL HERNÁNDEZ EN AGOSTO

*El VIII Festival Internacional de Poesía Moncayo, que organizan Trinidad Ruiz-Marcellán y Marcelo Reyes, tendrá este año como protagonista a Miguel Hernández, del que en 2010 se cumple el centenario de su nacimiento en Orihuela, Alicante, en cuya casa estuve hace muy poco tiempo, en una visita a mi cuñada Isabel Gascón y a mi cuñado José Antonio Ortuño. El Festival se celebrará en Tarazona, Litago y el monasterio de Veruela. Cuenta con presencias novedades, como esa conferencia de Agustín Sánchez Vidal, y con numerosos colaboradores de Olifante que cumple ahora 30 años como Ángel Guinda, el poeta por excelencia del sello, Manuel Forega, Miguel Mena, Alime Hüme, la narradora Luisa Gómez Gascón o Luigi Máraez, entre otros. Olifante ha sabido convertir el Moncayo en territorio de poesía contemporánea, en un espacio de cita estival.

 

PROGRAMA

El rayo incesante de Miguel Hernández

Miguel Hernández contempla el Moncayo cien años después de haber nacido. El poeta que se dejó llevar, arrastrar y esparcir por esos vientos fértiles del pueblo llenos de autenticidad, sencillez y sabiduría natural, llega a nuestros campos, a nuestras casas y a nuestras conciencias para quedarse y recordarnos que el amor, la solidaridad y la poesía son útiles, mucho más en tiempos de crisis.

Con agradecido reconocimiento, le abrimos de par en par nuestro corazón para sembrar en él su talento poético, sensibilidad, compromiso y acción revolucionaria.

Trinidad Ruiz Marcellán

Olifante. Ediciones de Poesía

21 Agosto, Tarazona

19.00 h :: Conservatorio de Música

  • Intervención de Dña. Julia Pascual, Concejala de Cultura del Ayuntamiento de Tarazona.
  • Conferencia a cargo del poeta Ángel Guinda sobre "Utilidad de la poesía en tiempos de crisis".
  • Proyección de textos de Miguel Hernández y Arte de las Tierras del Moncayo, de Ana Alcaraz.
  • Lectura de poemas de Miguel Hernández a cargo de los poetas: Taller Literario de Luisa Gómez.
  • Actuación de la cantante Angi Ruiz Forés y la pianista Ana Segura.
  • BookCrossing

27 de Agosto, Litago

19.00 h :: Ayuntamiento

  • Inauguración.
  • La pregonera Teresa Gallego anuncia el inicio del Festival.
  • Bienvenida del Sr. Alcalde D. Pedro Herrero.
  • Palabras del Ilustre Sr. D. Pedro Feliciano Tabuenca, Diputado Delegado del Monasterio de Veruela.
  • Charla a cargo del poeta Ángel Guinda sobre Miguel Hernández.
  • Actuación de la bailarina Isabel Pérez.
  • Interpretación de El Acebo del Moncayo y A Borina Moncaína.

28 de agosto, Monasterio de Veruela

  • Todo el día: Book Crossing en el Monasterio 

11.00 h :: Museo  del Vino

 18.30 h :: Iglesia

Presenta: Miguel Mena

  • Danza aérea con Emmaluna.
  • Presentación de la edición del Festival y lectura de poemas de poetas invitados*.
  • Concierto de Púa por Noelia Pellicer, acompañada al piano por Oier Arce Sancho.
  • Lectura de poemas de Miguel Hernández en diferentes idiomas.
  • Intervención musical del Grupo de Cámara del Conservatorio de Música de Tarazona ( Teresa Gil, Patricia  Villada y Kike Reyes).
  • Intervención de Agustín Sánchez Vidal, Catedrático de la Universidad de Zaragoza.
  • Actuación de la pianista  turca,  Âlime Hüma.

 19.30 h :: Iglesia

·         Actuación de El Silbo Vulnerado.

·          

·          

*Lectura: Pilar Castro, Sofía Salvador, Claire Dupois, Susana Gómez Redondo, Victoria Puig, Arantza Semprúm,  Luisa Gómez, Guadalupe Aznar, Mª José Andreu, Mª Victoria Diez, Mercedes Maizal, Milagros Morales, Robertson Cáceres,  Ana Alcaraz, Javier Alfaro, José Manuel Aznar, Reyes y Guillén, David Francisco y Luigi Maráez.

Homenaje a Miguel Hernández

 

Colección Papeles de Trasmoz, con poemas de:

  • Brenda Ascoz
  • Casimiro de Brito
  • Gonzalo Escarpa
  • Cesc Fortuny i Fabré
  • Dolan Mor
  • Marian Raméntol

 

  • *Este es el famoso retrato que Antonio Buero-Vallejo le realizó en la cárcel. 

 

 

HA MUERTO FRANK McCOURT

HA MUERTO FRANK McCOURT

Fallece el escritor Frank McCourt,

autor de Las cenizas de Ángela

 

Por Maite CUADROS

Resumir en unas líneas lo que significa Frank McCourt para Ediciones Maeva es una tarea difícil y complicada.

La historia de la publicación en España de Las cenizas de Ángela comienza en septiembre de 1996 cuando leímos una crítica en The New York Times sobre el libro, era un caso muy curioso. Frank McCourt había estado trabajando durante más de treinta años como profesor de escritura creativa y aunque siempre estaba tomando notas en un cuaderno y dedicaba todos sus veranos a un eterno borrador sobre sus memorias en Irlanda, no fue capaz de encontrar su propia voz, directa, natural y honesta, y escribir ese conmovedor libro que es Las cenizas de Ángela, hasta que se retiró, cumplidos los sesenta y cinco años.

Cuando Sandra Bruna, entonces en la agencia Mercedes Casanovas me envió el libro, inmediatamente nos enamoramos de él. A partir de ese momento, los acontecimientos se precipitaron: en abril de 1997 Frank McCourt recibió el premio Pulitzer y en los meses siguientes el Premio Nacional de los Críticos, el de The Angeles Times y el Abby. En octubre de 1997 por fin llegó el momento de la publicación en España de Las cenizas de Ángela. Aunque el éxito en Estados Unidos había sido increíble, nos imaginábamos que no resultaría demasiado fácil convencer a nuestros lectores (como así fue al principio) de la fascinante atracción de unas durísimas memorias sobre una familia irlandesa. Había que intentar transmitir la profunda humanidad y humor que latían en cada una de sus páginas.

La edición española de Las cenizas de Ángela fue acogida con enorme simpatía por la mayoría de las librerías, pero pocos estaban convencidos de sus posibilidades de venta. Sin embargo, lentamente, la ternura, el sentido del humor y la honestidad de Frank McCourt fueron atrapando a los lectores y a lo largo de los meses siguientes presenciamos cómo se convirtió en uno de los libros más vendidos del año. Muy pronto todo el mundo se regalaba y se prestaba ejemplares de Las cenizas de Ángela; los lectores lloraban y reían con la odisea de supervivencia de los McCourt.

Las cenizas de Ángela ha sido publicado en 27 países, traducido a 17 lenguas y se han vendido 17 millones de ejemplares en todo el mundo, pero España ha sido el país en el que más éxito ha tenido después de Estados Unidos. La eterna sonrisa y la amable ironía del autor calaron profundamente entre los lectores españoles durante sus tres visitas a nuestro país. Recuerdo con especial fuerza el día de su presentación de Lo es, su tercer libro, en la FNAC en julio del 2000, tras el terrible atentado de la calle Carmen. El director de la FNAC le pidió a Frank que reabriera 'simbólicamente' la puerta después de permanecer cerrado tres días. Una vez más, su sonrisa consiguió hacernos olvidar el motivo del acto.

A pesar del enorme éxito de sus libros, todos publicados en Maeva (Las cenizas de Ángela, El profesor, Lo es y Ángela y el niño Jesús) Frank ha continuado siendo el mismo hombre humilde y cariñoso que había sido toda su vida. Era imposible resistirse a su generosidad y simpatía.

En una ocasión confesó en una entrevista que si en su familia no hubieran tenido sentido del humor se habrían muerto. Durante su infancia se animaba pensando que algún día se reiría de sus desdichas. Pero, como él mismo reconocía, nunca pudo imaginar la repercusión mundial de sus libros ni la felicidad de los quince últimos años de su vida.

Maite Cuadros

Ediciones Maeva

 

*Laura Russo, de prensa de Maeva, me envía este artículo de Maite Cuadros, editora del sello Maeva, donde glosa la vida y la obra y la personalidad de Frank McCourt, que acaba de fallecer.

 

ÁNGEL OLGOSO Y SUS RELATOS

ÁNGEL OLGOSO Y SUS RELATOS

Antonio Serrano Cueto escribe de ‘Los demonios del lugar’ de uno de los grandes cuentistas españoles: Ángel Olgoso.

 

 

Acabo de terminar la lectura de Los demonios del lugar (Almuzara, 2007), el libro de relatos con que Ángel Olgoso ganó el I Premio Internacional de Terror Villa de Maracena. De Olgoso sólo conocía algunos relatos sueltos, pero había leído elogios por doquiera, los más cercanos por boca de mi amiga, la escritora Ángeles Prieto Barba. Ha sido una lectura endemoniada, como prometía el título del libro, porque desde el principio se me han llevado los diablos a ese lugar y no me han permitido descanso entre cuento y cuento. Gigantes que miman y enamoran a sus presas, difuntos que reciben con los ojos abiertos la primera paletada de tierra sobre su tumba, seres deformes que reniegan de su condición de deshechos de la naturaleza, demonios que pueblan las tormentas, rayos que fustigan el cuerpo de un niño como una maldición ingénita, el tiempo detenido en un ascensor, cráneos que ruedan por la pista de una bolera, un preso que intenta comprender el complejo espacio geométrico de su celda, un solo rostro que se quita numerosas máscaras superpuestas en una fiesta de carnaval, las manos cercenadas de un herrero que siguen forjando espadas en el secreto de la noche, un viajero que descubre en una cabaña que el mundo se sostuvo y sostiene en palafitos... Poe, Kafka, Borges, Cortázar...Todo un disfrute para los amantes del cuento fantástico, con el mérito añadido de una escritura espléndida, plagada de imágenes de atinado impacto visual, jalonada de adjetivaciones que se van sucediendo en una cadena de disposición milimétrica en la que poco o nada sobra. No siempre el género del relato fantástico se acompaña, como aquí, de un lenguaje rico y pulcro, de un estilo depurado que hace las delicias del lector que busca algo más que un oscuro portento en un cruce de caminos o una metamorfosis kafkiana frente a los fantasmas de un espejo. Estos demonios que he leído son seductores, tanto, que me apresuro a abrir otras puertas del universo literario de Olgoso.

 

MUJERES DESNUDAS BAJO

IMPERMEABLES MOJADOS

 

 

Ángel OLGOSO

Por primera vez Irina no acudió a nuestra cita de los

miércoles en la habitación treinta y cinco del hotel Basilea.

Inexplicablemente, no me avisó ni respondió luego a

mis llamadas. No acertaba a comprender por qué ella

—siempre tan puntual, tan cuidadosa, casi protocolaria—

había escamoteado ese encuentro. Durante días me

detuve a considerar la posibilidad de una enfermedad, de

un accidente, de una trampa, de una absurda venganza a la

que no hallaba sentido, tal vez significaba un preámbulo de

renuncia y separación. Este hecho imprevisible, doloroso,

me angustió hasta el punto de sentirme vacío, expulsado

de mi propia vida —la genuina, la que se fraguaba con la

dulzura de lo ilícito, con el palpitante ritual de nuestras

infi delidades— y arrojado de nuevo al insidioso adocenamiento

de mi vida cotidiana. Creía inarrebatables nuestra

absoluta intimidad, nuestro lenguaje confi dencial espolvoreando

los oídos, el corazón, los teléfonos, los muebles,

las esquinas, nuestro deseo itinerante que se saciaba etapa

a etapa desde hacía meses, nuestra ternura y gestos aprendidos

que sabíamos hijos del puro instinto y la vorágine,

nuestros cuatro días al mes de lluvia tibia, de sacudidas

de placer desbordante. Recé a dioses estrambóticos para

que la devolvieran a mi lado. Sentía una furiosa nostalgia

de su limpia melena color terracota, de sus labios un poco

belfos pero jugosos, de las grandes ciruelas escarchadas de

sus pezones, de su andar pausado, de la elegancia de sus

gestos amalgamada con la de su ropa.

Es el miércoles siguiente y espero a Irina en el anonimato

de la habitación treinta y cinco. Durante un tiempo

que presumo muy largo, con pasos circulares y un ramo de

zinnias en la mano, no abordo razones ni tomo determinación

alguna, sólo espero. Cuando Irina llama a la puerta

—habrá olvidado la llave— la hago pasar, absolviéndola

tácitamente, y beso su boca entreabierta y la abrazo y me

refugio en su cuerpo como un ciervo herido que buscara

menta para restañar sus desgarraduras. En la cama revuelta,

bajo la estampa de los mamelucos abriendo fuego con sus

espingardas, desbocado sobre Irina, creo percibir nuevamente

a sus recovecos abriéndose como nenúfares en un

lago de piel.

Pero hoy Irina parece envuelta en un velo de distancia

que no sé a qué atribuir. A un tiempo ávida y abstraída,

reducida al mutismo, de ademanes mecánicos y desabridos

y ojos dolientes. Con cada empellón, con cada espoleo,

siento como si nos bañásemos en un oscuro río, braceando

más y más profundo. No gime, no borbotea murmullos

de amor, apenas se oye su respiración. Y su desnudez,

que de ordinario tiene algo de nutria húmeda y lustrosa,

ofrece el aspecto de los cañaverales marchitos y la luna de

invierno. Una sensación extraña va ascendiendo desde el

fondo de mi mente entre ecos y golpeteos que resuenan en

mis sentidos, persuadiéndolos, intoxicándolos lentamente

de estupor y miedo. En la trabazón de nuestros cuerpos, la

presencia de Irina, su tacto, resultan irreales como nuestra

propia voz cuando nos llega a través de los huesos del

cráneo o por mediación de una máquina. Ella, de alguna

manera transubstanciada, no intenta en ningún momento

esconder la afl icción que asoma a sus ojos mora pálido,

esa especie de cicatriz de cualquier modo inocultable, ese

augurio irreversible, ese vislumbre aterrador. Me demoro

besando su cabello extendido, que esta tarde no es sino

una diadema de élitros de escarabajo, y cuando acaricio

sus mejillas —sin atreverme a desviar la mirada— obtengo

repentinamente evidencia de la rara y viscosa frialdad de

su piel, de su cualidad cerúlea, cadavérica.

 

De ‘Los demonios del lugar’. Ángel Olgoso. Almuzara, 2007. La foto es de August Sander.

 

CARLOS ARDOHAIN: UN POEMA SOBRE DE CHIRICO

CARLOS ARDOHAIN: UN POEMA SOBRE DE CHIRICO

EL PINTOR

 

Giorgio el misterioso

antes de transformarse

en Giorgio el oscuro

arrojó las claves del silencio

en la tela vistió los maniquíes

del dolor que provoca

la ausencia del deseo

contradiciendo a Buda

antes de contradecirse

a sí mismo buscando ser

clásico en su anacronismo

en cualquier plaza vacía

subrayada por el humo del tren

hay enigmas eternos

que se deslizan huyendo

por el declive vertiginoso

que separa la luz de la sombra

por la arista que hiere de soledad

a los objetos y al hombre

que no está.

 

CARLOS ARDOHAIN

 

*Esta mañana al abrir el correo me encuentro con este mensaje: con este poema dedicado al pintor metafísico, luego clasicista, Giorgio de Chirico, que pasó de una pintura que revolucionó su tiempo y mezcló surrealismo y metafísica, hacia un arte más vinculado con el pasado grecolatino, de atmósferas más académicas. Carlos Ardohain tiene un estupendo blog dedicado sobre todo a la poesía. http://tancarloscomoyo.blogia.com.

BRENDA ASCOZ: UN POEMA DE 'ECORCHÉ'

BRENDA ASCOZ: UN POEMA DE 'ECORCHÉ'

Hace algunas semanas, la escritora Brenda Ascoz (Torrejón de Ardoz, Madrid, 1974) publica su segundo poemario. El primero fue ‘En Ajeno’ (Chorrito de plata, 2007), y ahora es ‘Ecorché’ (Eclipsados, el sello que dirige Ignacio Escuín), un libro sobre el cuerpo y el otro, la simetría, la mirada desde la ventana, algunas experiencias amorosas e isleñas, el desarraigo y la búsqueda incesante de un lugar en el mundo, en la noche y en los sueños. Uno de los textos que más me han gustado es este:

 

En un exilio voluntario.

Una isla es el mejor

lugar para hacerlo.

Exiliarse en la bruma de una apuesta

por la reinvención de la memoria.

Aquí, ¿la luna es la misma?

no lo es

la luz que filtra, no

las nubes que la abrazan.

Los ojos que se pierden en ella, no,

no son los mismos.

 

Mudar de paisaje, cerrar los oídos,

ignorar las voces que, obsesivas,

nos atacan sin tregua.

Exiliarse abrir las pupilas

que otros vientos

nos modelen la mirada.

 

*Esta foto veraniega es de Julia Fullerton-Batten.

 

FRED VARGAS: UN DIÁLOGO CON SOLEDAD ALCAIDE EN GIJÓN

FRED VARGAS: UN DIÁLOGO CON SOLEDAD ALCAIDE EN GIJÓN

Soledad ALCAIDE / Gijón. [El País. Edición de hoy]

Fred Vargas está en Gijón. La estrella invitada de la Semana Negra es esta escritora francesa un poco extravagante, que no se prodiga en público, que apenas concede entrevistas y que anda siempre muy ocupada. Su vida se divide entre su actividad política -lleva años abanderando la inocencia de su amigo Cesare Battisti, encarcelado en Brasil pendiente de su extradición a Italia por un crimen que dice que no cometió-, y su actividad profesional como arqueozoóloga.

"Todos mis amigos me habían hablado de la Semana Negra, pero hace cinco años que no voy a ferias de libros. He estado tan metida en mi investigación sobre la gripe A que no tenía la cabeza para hablar de mis historias literarias", explica esta escritora, menuda, tímida, que no aparenta los 57 años que tiene. Además, confiesa, hasta hace muy poco tenía terror a los aviones. Y ha sido precisamente su actividad política la que le ha obligado a superarla. "He volado 44 veces a Brasil", asegura.

Luego está Paco Ignacio Taibo II. El escritor mexicano, originario de Gijón, es el director de la Semana Negra, pero casualmente es el referente literario de Battisti. La persona por la que se lanzó a la escritura. "Le he pedido a Taibo que me escriba una nota para llevársela a la cárcel", cuenta Vargas. "Será muy importante para él llevarle unas líneas de la persona que lo ha hecho escritor".

La otra razón por la que Vargas ha elegido Gijón es la idiosincrasia de la Semana Negra, un encuentro literario ecléctico donde se sucede la charla con la lectura de poemas, la presentación de libros y, por las noches, la juerga entre escritores. "Me horripila firmar libros por una cuestión de timidez", afirma la novelista. "No me importa hacer un debate delante de mucha gente, pero delante de una persona que no conozco me pongo roja, me dan ganas de huir", insiste. "Y de la Semana Negra me habían hablado tanto... Tenía ganas de ver el lado festivo".

Mientras da cuenta de unas croquetas de foie, la especialidad del restaurante Ciudadela, donde Manuel Vázquez Montalbán venía a comer cuando visitaba la feria literaria, hecho que no le ha pasado inadvertido, Vargas insiste en su timidez enfermiza. Hasta el punto de que, dice, se alegra de que los escritores no sean a menudo reconocidos en la calle. Y cuenta que, unos minutos antes de la comida, una mujer la paró: "¿Es usted Fred Vargas?", le dijo. "Normalmente, no", contestó ella.

A la hora de elegir la comida, no se atreve a probar el vino y pide un plato ligero: Carne con verduras y patatas asadas. Porque la noche anterior fue a cenar con sus editoras y Taibo. "Cenamos, bebimos, cantamos... Nos acostamos muy tarde", cuenta. Así que pide cola light.

Mientras llegan los platos, Vargas, que tiene unas manos finas, huesudas, con un sencillo anillo, hace dibujos para explicar sus afirmaciones y mira directamente a los ojos. Es metódica, como buena investigadora. Habla despacio y, de vez en cuando la interrumpe su amigo Edmond Boudoin, dibujante de cómics, con el que ha escrito una novela gráfica al alimón, y que la conoce perfectamente. Él es el culpable de que Vargas publicara -"Me presentó a mi editorial", explica ella- y una de las personas que la convenció para ir a Gijón. La conoce bien y sólo la interrumpe para precisar por qué hace las cosas.

El encuentro de Vargas con la novela negra fue un poco por rebeldía a su padre. "Mi trayectoria como lectora ha tenido cierta decadencia, porque mi padre, que era un surrealista, me hizo leer de pequeña a los grandes clásicos, toda la literatura del siglo XVII al XIX. Me puso la cabeza como un bombo con la gran literatura, porque denostaba la novela policiaca", relata. Así que ella la leyó a escondidas.

"Al principio, los ingleses. No reniego de Agatha Christie ni, sobre todo, de Sherlock Holmes", dice. Luego su hermana gemela, Jo -culpable de que adoptara el seudónimo de Vargas, porque ella, que es pintora, comenzó a utilizarlo antes, como homenaje al personaje de Ava Gardner en La condesa descalza, María Vargas-, la introdujo en los autores americanos. Y vieron juntas el cine negro de Hollywood. Su hermana es una referencia vital. Tanto que aprovecha para enviarle un sms de camino a la sesión de fotos en el puerto marítimo de Gijón.

Vargas defiende constantemente el género negro. Asegura que es la literatura "más arcaica", pues tiene la misma estructura que las grandes epopeyas clásicas. "Pero en la tradición francesa, si haces una novela ligera, para distraer, eso no se considera literatura", se queja. La escritora francesa también defiende la técnica. Sostiene que su flaqueza es la falta de imaginación y que siempre escribe la misma novela. "Libro tras libro, objetivamente, hay una historia, pero detrás no cuento nada. Tengo la impresión de que no escribo historias mías, sino que me limito a transcribir las de otros. No pretendo dar un mensaje", afirma. Y reconoce su incapacidad para trasladar a la literatura su activismo político. "No sé por qué, pero no me sale", afirma.

Fred Vargas publica en octubre Un lugar incierto (Siruela), su última novela en España. En ella aparece de nuevo el comisario Adamsberg y recupera el mito del vampiro clásico. "No es por provocación, pero no me molesta hacer novelas leídas por todas las categorías sociales, que sean fáciles de leer. Es que procuro hacerlas más fáciles. Me gusta que mis novelas sean populares", defiende.

 

*Cada día me interesa más la novela policíaca, la novela negra. ‘El País’ publica esta estupenda entrevista de Soledad Alcaide con la escritora francesa Fred Vargas. De inmediato me voy a zambullir en su nueva novela. La foto es de Daniel Mordzinski, el gran fotógrafo de los escritores.

VALÉRIE MRÉJEN: 'MI ABUELO'

VALÉRIE MRÉJEN: 'MI ABUELO'

Se me había pasado ‘Mi abuelo’ (Periférica, Cáceres) de Valérie Mréjen, la autora de ‘El agrio’. Esta noche no he podido dormir demasiado bien y lo he leído de un tirón: una historia familiar, escrita como el ‘Yo me acuerdo’ de Georges Perec. La autora, con escasos trazos, va conformando un auténtico friso familiar, un álbum de secretos y de detalles, de pequeñas peripecias de amor y desamor, gestos, las comidas familiares, los amantes contingentes, la compleja maraña de relaciones entre los tíos y tías, los abuelos y sus amores, los padres y sus amantes, los hermanos y sus juegos, las rarezas, la tentación incestuosa.

Hay momentos maravillosos. Y todo, con esos destellos, con esas frases de dos o tres líneas, va ahormándose en un espléndido retrato de familiar, en el que es tan poderoso lo que se ve, lo que se dice, como lo que se intuye, como lo que se imagino, lo puramente entrevisto.

 

Me ha gustado especialmente esta revelación:

“Había un olor especial a tierra mojada o a maleza que yo identificaba con el olor a orugas aplastadas. En cuanto me llega a la nariz, puntualizaba: ‘Huele a oruga aplastada”.

 

Y esta anécdota:

“Antes de abrir una agencia inmobiliaria con escaparate a la calle, mi padre tenía su despacho en la calle de la Victoire.

En el mismo piso vivía una prostituta. La mujer de uno de los clientes de la prostituta había pintado con rotulador las paredes del hueco de la escalera. Ponía ‘la puta en el segundo’, ‘la puta es aquí’, con flechas que indicaban el recorrido”.

 

Estas frases revelan también cómo está escrito el libro: como un breviario, como un manual de fogonazos breves, como recuerdos impresionistas (“Mi padre nos pellizcaba a mejilla dando un tironcito, y se llevaba la punta de los dedos a los labios”).

Pese a todo, creo que me ha gustado más ‘El agrio’.

*La foto es de Mclain D. Swift.

NOTAS DE LECTURA

NOTAS DE LECTURA

El agrio

Valérie Mréjen. Traducción de Sonia Hernández. Periférica. Cáceres, 2009. 90 páginas.

 

He aquí un libro delicioso y no precisamente feliz. Con un ritmo vertiginoso y fragmentario, la escritora francesa, nacida en París en 1969, cuenta la historia de amor de una joven hacia un tipo extraño, entre arrogante y excéntrico. Con aparente distanciamiento, habla de sus sueños respecto a él, de las traiciones, de los silencios y de la vana tentativa de ser correspondida por alguien que lleva una Leica, que rueda raras películas, que parece estar siempre en otra parte, con otra mujer, viajando a ver ‘La joven de la perla’, encerrado en un cine o dispuesto a discutir y pensar sobre lo cotidiano. En cuanto se llega al final, se desea volver al principio. Es estupendo.

 

En las montañas de Holanda

Cees Nooteboom. Trad. de Felip Lorda. Siruela. Madrid, 2009. 152 páginas.

El once de agosto de 1984, Cees Nooteboom ponía punto y final a esta novela que tiene como narrador al inspector de carreteras, de Zaragoza, Alfonso Tiburón de Mendoza. Es él, que ha estudiado en Delft, quien cuenta la historia de Kay y Lucía, dos artistas de circo que podrían haber salido del relato ‘La Reina de las Nieves’ de Andersen. A él lo secuestran y ella emprende un viaje de búsqueda que es, ante todo, una reflexión sobre la literatura, los cuentos de hadas, el mito, las odiseas de la vida y la idea de la perfección absoluta del amor que viven los bellos jóvenes, quebrada de golpe por un inesperado suceso. Tiburón de Mendoza, apasionado por Platón, tiene un deseo: ser escritor. Y aquí, palabra a palabra, historia a historia, edifica todo un universo literario de ilusionismo y aventura.

 

Mil caballos

Robierto Piumini. Traducción de Helena Lozano. Siruela. Madrid, 2009. 144 páginas

 

Este es un espléndido libro para niños de todas las edades. Para todos los lectores. Es un tratado sobre la imaginación, forjado con historias de caballos. Aquí se cuenta la historia de cómo Neptuno cambia de color la piel de un équido: de negro a blanco; de cómo Alejandro doma a un caballo intratable, Bucéfalo, que lo acompañará en sus batallas; de cómo un caballo salvaje pintado ante la fachada de una casa cobra vida y huye hacia el llano, o de cómo el niño autista Diego halla consuelo y solaz a lomos de Ascuas. También se habla del unicornio, una suerte de animal sagrado, del caballo de Troya, etc. Este es un volumen mágico, repleto de sueños, de leyenda y de auténtica poesía.

 

Marcos Mostaza tres

Daniel Nesquens. Dibujos de Claudia Ranucci. Anaya, 2009. 110 páginas.

 

Tercera entrega de esta serie protagonizada por el joven Marcos, zaragocista hasta la médula. En esta ocasión, el relato arranca con la antigua fascinación de los molinillos de café de su madre. Pronto nos enteramos de acaba de caer del cielo un tornillo, no se sabe si es de un cohete, de un avión o del Discovery, de que Hanif ha escrito dos líneas de una historia de ciencia ficción, que lleva por título provisional ‘Lechuga 222’, o de que Lenin, el azote del vecindario, vuelve a las suyas. Nesquens hace dialogar a sus personajes, se fija en los pequeños detalles, vuelve a usar el email para enriquecer el curso de la historia. En sus historias siempre asoma el barniz surrealista de lo cotidiano.

*La foto es de Miss Aniela.